Las once reglas magistrales de Bill Gates para los jóvenes

http://www.libremercado.com/2015-10-29/las-once-reglas-magistrales-de-bill-gates-para-los-jovenes-1276560214/

– Regla uno: “La vida no es justa, acostúmbrate a ello”.

– Regla dos: “Al mundo no le importará tu autoestima. El mundo esperará que logres algo, independientemente de que te sientas bien o no contigo mismo”.

– Regla tres: “No ganarás más de 3.000 euros mensuales nada más salir de la universidad y no serás vicepresidente hasta que con tu esfuerzo te hayas ganado ambos logros”.

– Regla cuatro: “Si piensas que tu profesor es duro, espera a que tengas un jefe. Ese sí que no tendrá vocación de enseñanza ni la paciencia requerida”.

– Regla cinco: “Dedicarse a freír hamburguesas no te quita la dignidad. Tus abuelos tenían una palabra diferente para describirlo: lo llamaban oportunidad”.

– Regla seis: “Si metes la pata, no es culpa de tus padres, así que no te lamentes por tus errores; aprende de ellos”.

– Regla siete: “Antes de que nacieras, tus padres no eran tan aburridos como lo son ahora. Ellos empezaron a serlo al pagar tus cuentas, limpiar tu ropa y escucharte hablar acerca de tus problemas. Así que antes de emprender tu lucha por las selvas vírgenes contaminadas por la generación de tus padres, inicia el camino limpiando las cosas de tu propia vida, empezando por tu habitación”.

– Regla ocho: “En el colegio puede haberse eliminado la diferencia entre ganadores y perdedores, pero en la vida real no. En algunas escuelas ya no se pierden años lectivos y te dan las respuestas que necesitas para resolver correctamente un examen y facilidades para que tus responsabilidades sean cada vez menores. Eso no tiene nada que ver con la vida real”.

– Regla nueve: “La vida no se divide en semestres. No tendrás vacaciones de verano largas en lugares lejanos y muy pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo. Todo esto tendrás que hacerlo en tu tiempo libre”.

– Regla diez: “La televisión no es la vida diaria. En la vida cotidiana, la gente de verdad tiene que salir del café de la película para irse a trabajar”.

– Regla once: “Sé amable con los nerds (los más aplicados de tu clase). Existen muchas posibilidades de que termines trabajando para uno de ellos”.

 

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ESPECIAL REGRESO AL FUTURO ¡Bienvenido al futuro, Marty!

Este miércoles es el día en el que, según Regreso al futuro II, Marty McFly y Doc Brown llegan al presente desde el año 1985. Si así fuese, los personajes se encontrarían con un futuro algo diferente al imaginado por Zemeckis hace tres décadas

El 21 de octubre de 2015 es una fecha muy especial, un día memorable para cualquier cinéfilo y un símbolo para toda una generación pop criada en la explosión publicitaria y audiovisual de los años 80. El 21 de octubre de 2015 es el día en el que Marty McFly llega al presente —su futuro— desde 1985. Sin embargo, los acontecimientos han tomado un rumbo diferente al que se mostraba en la saga Regreso al futuro, así que el joven encarnado por un veinteañero Michael J. Fox se va a encontrar con un panorama que poco tiene que ver con lo que los espectadores vieron en la segunda entrega de la saga (única de la trilogía en la que aparece el año 2015).

Para empezar, Marty descubrirá que los coches aún no se han despegado del suelo. A diferencia de lo que aseguraba Doc Brown, en este futuro sí se necesitan carreteras. Por otro lado, aunque el microondas hace maravillas y la comida rápida está por todas partes, nadie ha inventado aún un electrodoméstico capaz de cocinar una pizza deshidratada en tan sólo un segundo. Los solteros tienen que seguir recurriendo a métodos menos sofisticados para alimentarse y sobrevivir.

Además, si a McFly le da por entrar a un bar, no será atendido por monitores robotizados. Por suerte para las cifras del paro, los camareros siguen siendo personas de carne y hueso. Otra predicción afortunadamente errónea es la progresiva desaparición del fax. En Regreso al futuro II, el yo futuro del protagonista era despedido por esta vía y, de hecho, parecía haber muchos faxes en su casa. Hoy, los bosques de la Tierra agradecen en silencio la más que probable extinción de esta tecnología, por mucho que las teleoperadoras se empeñen en usarlo cuando un cliente se quiere dar de baja.

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En nuestro 2015, no hay correas que paseen solas a los perros, ni clínicas de rejuvenecimiento (Doc se quita las arrugas como si fuesen una máscara) ni vehículos que, como el DeLorean, funcionen con basura como combustible… ¿o sí? Lo cierto es que la cirugía plástica, aunque en ocasiones tenga menos criterio estético que el doctor Victor Frankenstein, a veces obra maravillas (recordemos que Cher tiene 69 años). Además, la energía obtenida mediante la biodegradación de la materia orgánica, elbiogás, es una realidad.

Incluso las ideas más futuristas de Regreso al futuro II quizá no nos lo parezcan tanto dentro de unos años. En Japón ya es posible toparse conrobots en cafeterías y restaurantes. Los coches voladores no atestan las grandes urbes pero ya existen multitud de prototipos. Tecnológicamente es una idea totalmente viable.

Algo similar ocurre con los populares aeropatines. El año pasado se hizo viral un vídeo de un supuesto monopatín flotante. No era real, pero el invento no es ningún disparate. De hecho, la compañía Hendo Hover ya ha desarrollado un modelo bastante avanzado. Pretendía ponerlo a la venta el 21 de octubre, aunque al final parece que todo ha quedado en un mero reclamo comercial.

La marca de automóviles Lexus también anunció el desarrollo de un monopatín volador por gravitación magnética a partir de un superconductor refrigerado con nitrógeno líquido, pero aún no parece que vaya a ver la luz. Los fans tendrán que seguir esperando, pero al menos saben que la aparición del primer aeropatín comercial sólo es cuestión de tiempo.

Donde sí acertó de lleno la cinta de Robert Zemeckis fue en la popularización de las videollamadas. En la película, Marty McFly hablaba con su jefe a través de una gran pantalla plana. Lo que en aquel mundo catódico del siglo XX en el que todavía no habían desaparecido los teléfonos de ruleta parecía un recurso fantástico de la ciencia ficción, hoy nos parece una realidad de lo más cotidiana. Durante la secuncia de la videollamada también se aprecia un adelanto de las redes sociales ya que, junto al nombre del interlocutor, se muestran datos como su cargo o sus gustos.

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En esa mismas escena dentro de la casa de Marty, se ve a su hijo con unas gafas de realidad virtual similares a muchas que hoy comienzan a hacerse populares como Oculus Rift y Samsung VR. También se ve a la hija del protagonista con otras gafas tipo Google Glass.

Regreso al futuro II también atinó bastante con el uso de las huellas dactilares para activar determinados dispositivos (quizá aún no puertas pero sí teléfonos móviles), los videojuegos que no necesitan controladores (como sucede hoy con Kinect y sistemas similares), la multipantalla (poco útil pero real) y el desarrollo de la tecnología holográfica, que en la película puede verse en la icónica escena del cartel promocional de Tiburón 19 y que actualmente es el centro de muchos proyectos.

Las marcas ponen su granito de arena

Aún no existe ropa que se seque sola, pero sí se está trabajando en tejidos que no se mojan ni se manchan. Tampoco existen las zapatillas deportivas autoajustables con robocordones, pero sí es verdad que los wereables o prendas inteligentes son tendencia. Además, aprovechando el 30 aniversario de la saga, algunas marcas están ayudando a hacer realidad algunos de estos sueños futuristas con oportunas campañas. Una de ellas es Nike, que ya en 2011 lanzó un modelo de zapatillas similar al usado por Marty McFly en la película, las Nike Mag, aunque no eran autoajustables (algo que se usó como broma en el anuncio de dichas deportivas). La compañía ha prometido que este año verán la luz unas Nike mucho más fieles a las de la película.

La marca de refrescos Pepsi tampoco ha querido perder la oportunidad de homenajear y obtener una buena cantidad de publicidad gratuita gracias a la Pepsi Perfect, la variedad que aparecía en el 2015 de Regreso al futuro II. La empresa ha lanzado una edición limitada para EE UU de 6.500 botellas iguales a las que se ven en la película. Son Pepsi normales, sólo cambia el recipiente. Cada botella se vende por 20,15 dólares (unos 18 euros), aunque 1.500 unidadesentregaron gratuitamente en la Comic Con, que se celebró en Nueva York del 8 al 11 de octubre.

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La productora Universal también ha querido aportar su granito de arena con un tráiler falso de la citada Tiburón 19, un sencillo vídeo cargado de humor y amor a la serie B.

La tanda de conmemoraciones la completa el actor Christopher Lloyd, que se vuelve a meter en la piel del científico Emmet Brown para protagonizar Brown salva el mundo, corto que acompaña la edición especial 30 aniversario de la trilogía.

Al final, lo que sí parece realmente lejano, por mucho que insista la ciencia ficción, son los propios viajes en el tiempo. Da igual el método y herramienta utilizada (un coches, una cabina telefónica, una máquina, una red de puertas, una tostadora…), los únicos viajes en el tiempo que a día de hoy nos permite la ciencia son hacia el futuro y sin posibilidad de retorno.

http://www.gonzoo.com/creadores/story/bienvenido-al-futuro-marty-3459/

Tras siete años de relación, le confiesa a su novia que ‘Amélie’ le parece una “puta mierda”

“Lo he hecho, lo… lo he hecho”, repetía esta mañana entre lágrimas de emoción y con cierta incredulidad Javier Escobedo Soria, de 44 años. Mientras tanto, en la rueda de prensa que ha ofrecido para medios y simpatizantes, cientos de hombres le vitoreaban y aplaudían un gesto tan valiente como el de Javier: confesarle por fin a su novia que la película Amélie le parece “una puta mierda”, según sus propias palabras.

“Durante años preferí vivir en la mentira. Ha sido durísimo”, explica. Según dice, él y su pareja veían el film cada dos o tres meses y él se “moría de asco” en cada ocasión en la que “esa retrasada mental con el pelo a tazón” aparecía en pantalla. Escobedo asegura que no tenía el valor suficiente para decirle a su pareja, Montse, de 38 años, que la película le produce “vómitos de bilis”.

Al ser preguntado sobre el por qué de todos esos años de silencio, se ha sincerado: “Es una losa con la que cargan muchos hombres, aunque no lo reconozcan. Empiezas a salir con tu chica, te dice que esa es su película favorita… Pues, a ver, ¿qué le vas a decir? Pues que a ti también te encanta”. Según explica, el siguiente paso natural es adquirir un póster para el salón, hacerse con la edición especial en Bluray y llevar el CD de la banda sonora en el coche. “Y al final te metes en un callejón sin salida”, dice el hombre.

Entre sollozos, ha explicado que para él la ayuda de su familia y amigos ha sido esencial. “Ellos fueron los que me animaron a dar el paso de decírselo. Me veían muy desmejorado, más delgado, triste… Sin sus palabras de apoyo estoy seguro de que no habría sido capaz”, confiesa. Por esa misma razón, Javier ya ha dado los primeros pasos para crear la ONG Afectados por Amelie. “Se trata de crear un centro donde ayudar y dar consejos a novios que, como yo, no soportan la película y se encuentran perdidos, sin saber qué hacer”.

Aun así, Javier reconoce que aún hay mucho trabajo por hacer en este terreno. “No es sólo Amélie: también hay que encontrar las vías para decirle a tu novia que no soportas el póster de ‘Desayuno con diamantes’ que ha puesto en el salón o que no piensas volver a desayunar en la taza de ‘Pretty Woman’”

Por otro lado, Montse, la novia de Javier, ha sido atendida de urgencia por un cuadro de ansiedad al conocer la noticia y los médicos no descartan ingresarla en un centro psiquiátrico para tratar los trastornos que haya podido causar un shock semejante.

“Por lo demás, yo creo que se lo ha tomado bastante bien”, ha asegurado Javier

http://www.elmundotoday.com/2015/10/tras-siete-anos-de-relacion-le-confiesa-a-su-novia-que-amelie-le-parece-una-puta-mierda/

La mentira de Einstein y su teoría

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Así es. Ya el año pasado alguien puso encima de la mesa, con pruebas, que todas la teorías de Einstein habían sido creadas por otros, pero fue a Einstein, un tonto útil, a quien se le reconocieron. Ahora, son muchos los científicos los que abiertamente además alzan la voz contra su teoría de la Relatividad, demostrando que era FALSA:

“Apenas el año pasado, en 2014, la Teoría de la Relatividad fue despedazada, tras 110 años de impostura. Hasta ahora, miles de científicos han confiado en ella a ciegas. Otros miles la han enseñado en las aulas universitarias como los teólogos enseñan el Misterio de la Santísima Trinidad. Aún hace pocos meses hube de soportar la indignación de algunos amigos durante una cena, por plantear abiertamente el sencillo camino hacia la falsación experimental de la teoría.

¿Cómo es posible que se haya gastado tanto dinero en una dirección que se mostraba incompatible con la Ciencia con mayúsculas, con la Teoría Cuántica, con los últimos descubrimientos en Cosmología o con el sentido común? Porque alguna explicación ha de tener el asunto.

Aún ahora habrá quien embista contra este articulito y me tilde de ignorante. Pero ya no será un científico, sino algún aficionado a esos libritos de divulgación científica en los que la única fórmula que figura es la tristemente famosa E=mc².

A día de hoy, la Relatividad es una forma de fe religiosa. No está permitido dudar siquiera de ella, lo mismo que no está permitido dudar de otros cuentos. Ha habido cientos de científicos que se han opuesto razonablemente a la Relatividad y han perdido el prestigio y, a veces, la carrera. Han pasado a ser frikis, cuando lo único que trataban de hacer era no perder de vista el método científico, que existe desde mucho antes que Einstein decidiera obviarlo.

La propìa historia de Einstein no es precisamente edificante. Un mal estudiante que fue rechazado en la Politécnica de Zurich. Así que se puso a trabajar como auxiliar en una casa de patentes hasta bastante después de publicar su plagiado trabajo sobre el espacio-tiempo en Annalen der Physik. Nadie le hizo caso. Diversos científicos habían publicado la Teoría antes que él. Ni siquiera la fórmula E=mc² es suya, sino de un científico italiano. Pero no me parece lo mejor cargar contra Einstein, a quien la mayoría de sus pares consideraba un idiota.

Einstein algo débil mental –justo lo opuesto en lo que lo transformó la propaganda–, no sabía Matemáticas e ignoraba el Método Científico, que consiste en observar, describir matemáticamente lo observado y contrastarlo experimentalmente. Hay cientos de teorías que se falsan así y los científicos se ponen a otra cosa. Pero, en un momento determinado, el poder se interesó por su Teoría. Por algún motivo. Luego lo razonaremos, tenemos tiempo.

De golpe, Einstein consiguió el éxito y se convirtió en una estrella. Logró la residencia en EEUU como profesor de Princeton y se puso de moda. Muy pocos científicos entendían su Teoría. No porque fueran tontos, como quieren hacernos creer, sino porque la teoría era matemática y físicamente incoherente. De su documento de 1905 se deduce por meras sustituciones aritméticas que 1=0, por ejemplo.

Muy pronto, Fizeau demostró que la luz no es invariante. Mediciones científicas demostraron que el experimento de Michelson y Morley había sido mal interpretado, Pero hasta que no hemos dispuesto de satélites en órbita, no hemos podido desechar la teoría falsa más longeva de la Historia de la ciencia moderna.

La Teoría de la Relatividad se basa en dos postulados o axiomas que se dan por ciertos:

1. Que la velocidad de la luz en el vacío, en ausencia de materia, es un invariante para cualquier observador inercial.

2. Que c es la velocidad máxima universal. Nada puede ir más deprisa.

La teoría estructurada sobre esos dos postulados obliga, a cambio, a que el espacio-tiempo se deforme, que los relojes vayan más despacio y que las longitudes se acorten. Las paradojas o inconsistencias lógicas abundan, lo que es imposible en Ciencia. Todo ello debiera bastar para demostrar que la teoría es falsa. Pero no ha sido así. Como dijo Platón, “libres son aquellos que no temen llegar hasta el fin de sus pensamientos y deducciones“. Pero eso, que es válido para filosofar, no lo es en ciencia. La ciencia obedece a un método riguroso. Sin embargo, ninguna teoría ha sido defendida con más denuedo, ante las pruebas de su falsedad, que la Relatividad de Einstein, muchas veces evidenciando que los defensores no entendían la propia teoría. Las religiones tienen eso, poca lógica en la Tierra y mucha en el Cielo.

Pero este cuento se acabó:

Decenas de miles de mediciones de la velocidad de la luz en línea recta entre satélites, sin reflexiones especulares, han demostrado inequívocamente que la luz y la velocidad de la fuente emisora se suman o se restan, obedientes a la aritmética newtoniana. Lo que ya era sabido por los ingenieros de tales aparatos, que hacían caso omiso de la Relatividad para ajustar relojes y longitudes. La velocidad de la luz, pues, no es invariante. Diré, de paso, que la luz tiene masa, aunque despreciable. Por otra parte, más de 4.000 medidas de velocidad de neutrinos emitidos por el CERN demuestran que existen paírtculas mucho más rápidas que la luz. Pero los sicarios de la balbuceante, confusa y mendaz Teoría de la Relatividad tienen respuesta para todo: “Si una partícula va más rápido que la luz, o el experimento está mal hecho o, como sigue sometida a los Mandamientos de la Relatividad, lo que le pasa es que viaja hacia atrás en el tiempo”. Y se quedan tan tranquilos, cobrando cada mes su paguita de funcionarios. Y abiertamente se especula con que las ondas gravitatorias podrían viajar 200 billones de veces más rápido que la luz. Luego la velocidad de la luz no es ningún máximo. Algunos científicos han comenzado a desarrollar “teorías compatibles con la Relatividad” que hablan descaradamente de velocidades superlumínicas y que son compatibles más bien con la Física de Newton adaptada a la tecnología moderna –lo que solo es una manera de decir la verdad sin perder las subvenciones, que dependen de que la fórmula E=mc² siga siendo válida.

Pero disponemos de satélites desde hace más de cincuenta años. Y aunque las mediciones de la velocidad de la luz en un línea recta es reciente, el efecto Sagnac se utiliza desde hace mucho para detectar el movimiento relativo. ¿Cómo no se ha derrumbado la Relatividad durante todo este tiempo? ¿A qué mantenerla, a riesgo de que la Ciencia no avance por el camino correcto?

Pues todo tiene su explicación…

El éxito de Einstein sobrevino precisamente gracias a la fórmula E=mc², que robó al italiano Olinto De Pretto, sin citarlo siquiera, aunque este la publicara años antes. Lo mismo hizo con Poincaré, Lorentz y Maxwell, pues las publicaciones de Einstein no reconocían nada a nadie, como si todo fuera creación suya desde la misma nada. Ni a Robert Brown, cuyo descubrimiento del movimiento Browniano plagió también. Ni siquiera acreditó al húngaro von Lenard, por cuyas observaciones del efecto fotoeléctrico le concedieron el Premio Nobel… a Einstein. Lo que demuestra, una vez más, que no era un científico serio, sino una especie de gurú al frente de una confesión religiosa.

La fórmula E=mc², mal interpretada por Einstein –que no dejó de reconocer sus reticencias al respecto, no fuera a ser una parida total– , y peor por los militares, no significa que la masa contenga una energía que entrega según esa proporción, sino que cuantifica la energía necesaria para lograr que un móvil de masa m adquiera la velocidad de la luz en el vacío. De hecho, en las reacciones nucleares, sólo una pequeña fracción de la masa se convierte en energía, como sucede en los reactores nucleares y hasta en el propio Sol, gracias a lo cual la fusión de todas su masa no lo hace estallar, sino que tras formar helio, prosigue imparable hasta los metales pesados. No toda la masa se puede convertir en energía, eso sería un milagro, es decir, un imposible. Pero los militares lo que vieron fue la posibilidad de conseguir un arma capaz de destruir a cualquier enemigo, sus ciudades, sus ejércitos, con unas cuantas bombas atómicas. La idea era demasiado atractiva para no apoyarla. El propio Einstein fue el mayor impulsor de la creación de la bomba, aunque no participó en el Proyecto Manhattan por razón de su relación carnal con una joven conocida por el FBI como espía de la URSS.

Durante la Segunda Guerra Mundial, nadie se esforzó más que Alemania en conseguir la bomba. Pero abandonaron el proyecto. Si los mejores científicos del mundo abandonaron, tuvo que ser por algo. Los mismos científicos que fueron capaces lograr misiles intercontinentales autodirigidos antes de la era de la electrónica, o hacer gasolina sin petróleo, mientras EEUU seguía bombardeando ciudades con miles de toneladas de explosivos incendiarios y ensuciando el estado de Texas de negro… si Alemania no lo logró, digo, es que la bomba era un camino sin salida. La fórmula, correctamente interpretada con unas mínimas nociones de cómo se supone que es el átomo, lo pequeños que son los núcleos para que les acierten los neutrones ciegos, sin carga que los dirija, antes de escapar por la superficie del material fisionable, bastaron para dedicar los recursos del Reich a otras armas menos quiméricas.

Pero EEUU, guiado por el Sionismo, verdadero cerebro y financiador de la guerra, maestro en el arte de la manipulación mediática y del engaño, hizo lo que debía hacer: propaganda. Y tomó a una docena de exiliados alemanes e italianos por razones religiosas y los hizo famosos como “dream team” del Proyecto Manhattan. Fue una jugada maestra de los medios sionistas. EEUU invirtió mucho dinero en el proyecto porque ya se sabe que los americanos son gente crédula. Al final de la guerra, sin haber conseguido hacer estallar espontáneamente una “masa crítica” de material fisible, no porque no lo intentaran, sino porque es imposible en razón de la falsedad de la fórmula empleada; y con los comunistas a punto de atacar Japón –Nigata está separada de Vladivostok por un brazo de mar de 820 kilómetros de ancho–, decidieron gastar algunos millones más en propaganda. Dos ciudades de papel fueron volatilizadas bien lejos de los soviéticos, al sur, con cientos de bombas incendiarias. Hiroshima y Nagasaki no fueron arrasadas por Little Boy y Fat Man, porque quedaron en pie los edificios de hormigón cerca de los epicentros y las radiaciones brillaron por su ausencia. Las fotos de Tokio, devastada por las bombas incendiarias, son idénticas a las de Hiroshima o Nagasaki.

Pero ¡espera!: ahí tenemos una razón de peso para que una farsa como la Teoría de la Relatividad se mantenga, aplastando la Ciencia y lo que sea. ¿Y si la bomba no existiera? ¿Y si E=mc² fuera simplemente un eslogan, como ese de la chispa de la vida? ¿Y si el Club Atómico fuera el Club de la Comedia?

En fin, como alarde tecnológico diré que la bomba de masa subcrítica esférica es una aberración física. Pretender que por compresión centrípeta, la masa se convierta en crítica y estalle es absolutamente imposible. ¿Y nadie ha pensado que la tal masa subcrítica se calentaría en su contenedor dentro de su silo, como lo hace el combustible nuclear, hasta el punto de fundir la bomba? Lo diré más claro: es muy improbable que las B61 contengan dos paquetes de 30 kilos de uranio enriquecido sin calentarse hasta fundirse.

En fin, que la bomba atómica no exista no puedo asegurarlo, porque las pruebas atómicas no han estado sometidas a experimentación con observadores científicos libres de censura militar. Pero lo que sí aseguro es que la Teoría de la Relatividad es absolutamente falsa, desde sus postulados axiomáticos hasta sus últimas consecuencias. ¡Doy las gracias a los físicos experimentales honestos y a los ingenieros por su labor!

Por cierto, el el 25 de noviembre de 2015 se conmemora el centenario de la publicación de la Relatividad General de Einstein… y una horda de gurús mediáticos exhibirá su servilismo al Imperio Nuclear. Mientras, nuestros móviles con GPS seguirán falsando permanentemente la falaz teoría.”

 

¿PARA QUÉ SIRVE UN MATEMÁTICO?

¿Qué salidas profesionales tiene un matemático? Seguro que si preguntamos en nuestro entorno, nos contestarán: La enseñanza y la investigación.

Es evidente que la enseñanza y la investigación son salidas profesionales para una persona que estudia matemáticas, pero ¿acaso no hay más salidas?

Matematicas

Según el INE en un estudio realizado en el año 2014, la carrera de Matemáticas y Estadística es la que menos paro tiene con un 5,7%.   Pensemos en un país cuya tasa de desempleo fuera del 5,5% ¿Qué pensaríais? Seguramente un economista diría que se acerca al pleno empleo, pues se considera por convenio pleno empleo cuando la tasa de paro baja del 5,5%.

Según un estudio realizado por la Real Sociedad Matemática Española (RSME) el paro entre los titulados en matemáticas o estadística después de 5 años es sólo del 1,8%. Es decir, que un licenciado en matemáticas o estadística, prácticamente tiene trabajo en menos de 5 años tras acabar sus estudios.

Pero, si la tasa de paro de la carrera de matemáticas y de Estadística es del 5,5%, ¿dónde trabajan los matemáticos de este país?

Es evidente que ni la enseñanza ni la investigación pueden absorber todos los matemáticos que las Universidades van titulando anualmente. Entonces la pregunta que cabe hacerse es obvia: ¿a dónde van a parar todos?

La respuesta es que están, estamos, por todas partes. Pero para explicar esto vayamos por partes.

Según un estudio de la Real Sociedad Española de Matemáticas (RSME) el 38,3% de los matemáticos acaba en la docencia, el 16,4% en los Bancos/Cajas/Finanzas, 14,5% acaban en la Administración Pública el 7% se dedica a la Informática, el 6,6% trabaja en una Consultoría y el 5,1% en Ciencia y tecnología.

Por tanto, como estamos comprobando, aunque hay una gran cantidad de matemáticos que se dedican profesionalmente a la docencia, éstos sólo representan el 38,3% de los mismos.

Las grandes empresas como pueden ser Zara, Mercadona o Eroski, se dieron cuenta que para los pedidos a domicilio, hay que optimizar los recorridos y para ello tienen en sus plantillas a matemáticos que se encargan de realizar los estudios de tránsito y recorrido óptimo de los viajeros para minimizar los costes.

Actualmente, en Barcelona, han contratado al matemático Miguel Salicrú para diseñar los horarios de la red de autobuses. Él junto con un equipo de afines, realizan el seguimiento de la puntualidad del metro. Éstos matemáticos han diseñado una fórmula para conseguir que se mejore el servicio de transporte público de la ciudad condal en función de la utilización por parte de los usuarios y, para ello, han tenido en cuenta una gran cantidad de variables como el tráfico o el momento del día en que se circule.

Si cambiamos de sector, y nos vamos al sector bancario tenemos que existen equipos de matemáticos trabajando en las sedes centrales de los bancos para realizar modelos de predicción de riesgos.

Las matemáticas pueden aportar a la sociedad no sólo el tratamiento de datos y la teoría de grafos como únicas herramientas sino la modelización, la creación de estructuras de modelos numéricos que permitan reproducir una realidad y que puedan ir variando condiciones y haciendo simulaciones a modo de laboratorio de pruebas previo a su puesta en marcha real.

Como estamos viendo los licenciados en matemáticas o estadística tienen una gran variedad de trabajos que pueden realizar y para los que están cualificados pero ¿qué salario ofrecen las empresas privadas a estos titulados?

Según la RSME el salario medio de entre los 2 y los 5 años de antigüedad laboral, se sitúa en la franja de los 20.000-25.000€. Entre los 5 y los 10 años de antigüedad aumenta hasta situarse en la franja de 30.000-35.000 euros y a partir de los 10 años de antigüedad existe una gran cantidad de personas que cobran de 35.000 euros en adelante con un alto porcentaje superando los 50.000 euros.

Cuando un alumno de bachillerato comienza a plantearse qué estudiar una vez finalizada la etapa del Instituto, son varias las variables que maneja para tal elección. Sin duda la primera de ellas es la afinidad con la carrera, pero también es una variable importante las salidas profesionales de la misma. Hoy día con estos datos no cabe duda que Matemáticas y Estadística son carreras que tienen un gran futuro.

Autor: Francisco Morante Quirantes

¿Para qué sirve un matemático?

Así funciona el reloj astronómico de Praga: una tecnología analógica fascinante

http://www.xataka.com/historia-tecnologica/asi-funciona-el-reloj-astronomico-de-praga-una-tecnologia-analogica-fascinante

Orloj Astronomicaldial

Si viajas a Praga, es una visita obligada. El reloj astronómico de la ciudad es una de las principales atracciones turísticas detrás y no es para menos. Tiene una historia (y leyenda) fascinante que bien podría dar para una novela o una película. Fue puesto en marcha en 1410 por Jan Ruze y desde entonces ha estado marcando la hora durante 605 años.

Su historia, como decía, tiene muchos detalles increíbles: cegaron al maestro constructor para que no pudiera volver a crear un reloj así, hay quienes creen que se trata de un amuleto que mantiene a salvo la ciudad… Hoy dejamos todo eso aparcado para centrarnos en su funcionamiento porque pasan los años y esta pieza de tecnología sigue siendo fascinante para cualquier amante de los relojes y los sistemas analógicos.

Un reloj capaz de mostrar el tiempo de muchas formas

El reloj astronómico de Praga tiene el diseño de un astrolabio y en su diseño de tres partes es capaz de marcar cinco momentos del tiempo al mismo tiempo. En la parte superior, entre dos persianas, tenemos un teatro de marionetas con doce apóstoles. Cada uno de ellos sale cada 60 minutos para indicar qué hora es. Las figuras son más modernas que el reloj y datan del siglo XIX.

En la parte inferior tenemos un calendario con ilustraciones de los meses y las estacionesindicando además cuál es el santo de cada día del año. Ambas partes son preciosas y tienen un interés artístico muy grande pero la joya de este reloj se encuentra en el cuerpo central. La pieza diseñada originalmente en 1410.

Este reloj es capaz de indicar la hora de cinco formas diferentes y su sistema de piezas mecánico es uno de los más curiosos. Por un lado tenemos el sol dorado que se mueve alrededor del círculo zodiacal haciendo un movimiento elíptico. Esta pieza es capaz de mostrarnos tres horas al mismo tiempo: la posición de la mano dorada en los números romanos indica la hora en Praga. Cuando la mano pasa por las líneas doradas indica las horas en forma de horas de desiguales y por último en el anillo exterior señala las horas después del amanecer según la hora de Bohemia.

Esfera Interior

Esta es la esfera interior del reloj. Se puede apreciar la separación en doce horas en el interior y también en el exterior. La aguja además se compone de dos manos: la exterior y a la interior.

En segundo lugar es capaz de señalar el tiempo entre el amanecer y el atardecer en un sistema dividido en doce “horas”. Este sistema se encuentra en la distancia que hay entre el Sol y el centro de la esfera. La medición varía según el tiempo del año porque los días no son doce horas de luz y doce de noche. En verano los primeros son más largos mientras que en invierno ocurre al contrario. Por eso las comillas para hablar de horas en esta pieza del reloj central.

En tercer lugar, en el borde exterior del reloj, tenemos los números escritos con la tipografía schwabacher en color dorado y son responsables de indicar las horas como se hacía en Bohemia y empieza a marcar a la 1 del anochecer. Los anillos se van moviendo a lo largo del año para que coincidan con el tiempo solar.

Luego tenemos el anillo zodiacal que se encarga de indicar la localización del sol en la eclíptica, la línea curva por donde se “desplaza” la Tierra alrededor del Sol. Si sois aficionados al zodiaco veréis que los signos están en orden inverso a las agujas del reloj pero esta disposición tiene una razón.

Esfera Zodiaco

Este es el anillo zodiacal cuyo orden se explica en la utilización del Polo Norte como base del plano elíptico. Es muy común en relojes astronómicos. Atencín también a esa segunda aguja con una estrella en la punta. Su movimiento depende del disco que mueve el anillo zodiacal.

El orden de este anillo se debe al uso de una proyección estereográfica del plano eclíptico donde se usa el Polo Norte como base. Puede parecer extraña pero esta disposición está en otros relojes astronómicos también.

Por último tenemos una esfera lunar que muestra las fases de nuestro satélite natural. El movimiento es parecido al reloj principal pero es mucho más rápido. Como veis, todo el protagonismo de este reloj astronómico está en este cuerpo central y no, todavía no hemos acabado porque hay unas cuantas singularidades más.

Aquí tenéis el reloj completo en movimiento.

El reloj se compone de un disco estacionario en el centro y dos discos rotatorios que funcionan con independencia: el anillo zodiacal y el borde exterior con escrito con tipografía schwabacher. A su vez, tiene tres agujas: la mano, el sol que se mueve por ella de arriba a abajo que actúa como segunda mano y en tercer lugar una con punta de estrella que está conectada al anillo zodiacal.

Un sistema en apariencia sencillo pero que en su día fue todo un prodigio técnico. Por último cabe destacar que el sistema mecánico es tan lento que resulta imposible apreciar con el ojo el movimiento de las partes en tiempo real. Por fortuna existen modelos computacionales como este oincluso un documento en Excel donde podemos hacer diferentes pruebas para ver mejor cómo se mueve y funciona uno de los relojes más antiguos y fascinantes de Europa.

Otra historia sobre el cómic en España

Me encantan los cómics españoles. Los antiguos claro. Los de Bruguera. Fue con ellos con los que aprendí de verdad a leer y me interesé por la lectura en aquellas tardes interminables de los 80 y principios de los 90. No desaprovechaba ninguna ocasión para leer cómics: en la peluquería, en casa de la abuela,… Pocos podía comprarme yo con mi paga nula y la ignorancia que se respiraba en mi casa donde al simple hecho de leer un tebeo se lo catalogaba como “estudiar” (con toda la connotación negativa que podéis imaginar). Fue después, ya de adulto, cuando empecé a interesarme por la historia de Bruguera y sus dibujantes en el siglo XX, y su desaparición en los 80, dando lugar a ediciones B.

La historia que traigo hoy es sobre Vázquez, uno de los grandes que recomiendo leer a quien no lo conozca (muy de moda ahora por Anacleto) y al mismo tiempo profundiza sobre el fin de Bruguera:

“¡Vamonos al bingo!”: La joya perdida del cómic español

“¡Vamonos al bingo!”: La joya perdida del cómic español

Tratándose de un genio como Manuel Vázquez, decir “el mejor” puede ser exagerado… pero, en este caso, no mucho. En su tebeo más inclasificable, el maestro le sacó partido a una ludopatía galopante para crear una de sus mejores obras. Es decir: una de las mejores obras del cómic español, que sigue desaparecida a fecha de hoy.

Aquí donde lo ven, servidor nunca ha entrado a una sala de bingo. Su contacto con el juego del bombo, las bolitas y los cartones llenos de números se limita, siendo generosos, a la versión del mismo que venía incluida en los Juegos Reunidos Geyper, y lo máximo que llegó entonces a apostar en una partida fueron garbanzos. Y, sin embargo, lo sabe casi todo sobre el bingo, o al menos sobre cómo eran el juego y sus jugadores hace unos años: cómo se juega, las gentes que lo juegan, las particularidades de sus locales y, sobre todo, que la jugada consistente en hacer línea y bingo en el mismo cartón se llama “milagro”.  ¿A qué puede deberse semejante prodigio? Pues a uno de los mejores tebeos (tebeos españoles, y tebeos en general) que ha leído en su vida: su título es ¡Vámonos al bingo! y lo firmó un señor llamado Manuel Vázquez Gallego. Más conocido para todos nosotros por su primer apellido: Vázquez. 

Seguramente, salvo que se sea muy proclive al autor de Anacleto: Agente secreto y de Las hermanas Gilda, entre otras historietas inmortales, el título de ¡Vámonos al bingo! sonará muy poco, por no decir nada. Hablamos de una obra nacida en 1982, cuando la editorial Bruguera había comenzado a venirse abajo y sus grandes firmas pululaban desesperadas en busca de nuevos hogares. Una obra, además, de difícil clasificación, con un tema que huele de lejos a caspa y ranciedumbre (lo cual, por supuesto, es uno de sus mayores encantos) y que ha quedado algo perdida en el marasmo de una producción como la de Vázquez, tan inabarcable y tan irregular (a veces) que es irremediable dejarse cabos sueltos en ella.

Momento de plenitud existencial.

Sin embargo, una lectura del tebeo arroja conclusiones asombrosas: no sólo se trata de un trabajo de espléndida madurez, con el autor funcionando a pleno rendimiento y mostrando sus múltiples habilidades página va, página viene. También se trata de un cómic pionero en el que Vázquez refina una de sus grandes armas, la autobiografía de pega, y se equipara a otros titanes como Chester Brown, Harvey Pekar o el mismísimo Crumb en eso de contar anécdotas personales, y chungas, con gracejo sin igual. Y, para colmo, estamos hablando de una sátira sobre la ludopatía y sus consecuencias… que apareció en publicaciones, supuestamente, para niños. Juzguen ustedes mismos si ¡Vámonos al bingo! no se merece, aunque sólo sea por esto, un lugar destacado dentro de la bibliografía del maestro. Para demostrarlo, y para que ustedes se rían en el proceso, le dedicamos este reportaje.

¿Pajares y Esteso? ¡Aficionados!

En un análisis como este, el contexto es algo que hay que aplicar con cuidado: si es demasiado, ahoga el conjunto como una salsa demasiado espesa. Pero, en su justa medida, enriquece el sabor del plato y convierte lo sabroso en exquisito. Algo que se aplica muy bien en lo que respecta a ¡Vámonos al bingo!: de por sí, el tebeo es gracioso hasta decir basta, y puede disfrutarse sin saber acerca de sus circunstancias. Desconociendo, por ejemplo que el juego de azar fue legalizado en España en 1977, tras haber estado prohibido durante el Franquismo. Algo que propició la erección de lugares tan míticos como el Casino de Torrelodones… y que también llenó de bingos la geografía nacional. Gravado por la nueva normativa con un tipo impositivo bastante bajo, el juego de las bolitas resultaba barato de mantener y administrar. Además, poseía un aire ‘familiar’, casi inofensivo, que le ayudaba a captar víctimas a tutiplén. Es debido a este contexto que Mariano Ozores obtiene uno de los grandes taquillazos del cine español con Los bingueros en 1979, poniendo a Fernando Esteso Andrés Pajares a tachar cartones como locos. 

En 1982, Burguera se desplomaba, y sus dibujantes (como Vázquez) huían de una casa que les había tratado a latigazos.

Saltemos unos años en el tiempo, cual unos Paul Atreides con rotulador: estamos en 1982, y Bruguera ha entrado en suspensión de pagos. Así se confirma una debacle que lleva fraguándose desde los 70, cuando la editorial puso todo el peso de su producción de cómics sobre las castigadas cervicales de Francisco Ibáñez e incubó una política de expansión desaforada e insostenible (¿recuerdan lo de “Barcelona – Bogotá – Buenos Aires – Caracas – México”?) que la llevará a derrumbarse justo un año después de arrojar el balance más positivo de su historia, con 10.000 millones de pesetas de beneficios. Estaba claro que los poderes de Mortadelo y Filemón (y, en menor medida, los Zipi y Zape de un Escobar muy ancianito ya) no bastaban para salvar de la bancarrota a la casa del gato negro. Algo que se tradujo en fugas de talentos, partiendo despendolados de un sello que, por lo demás, siempre les había tratado a latigazo limpio.

Talmente como nosotros viendo las métricas de la web.

Esas partículas emitidas por una Bruguera en descomposición serán muchas, y se merecen un artículo propio (que nosotros publicaremos en un futuro, claro). Pero, entre ellas, la revista JAuJA ocupa un lugar especial: extremadamente efímero, con sólo doce números publicados, este quincenal contenía, sin ir más lejos, algunos clásicos de la tira de prensa estadounidense, como el Shoe de Jeff McNelly Miss Peach, de Mell Lazarus, rebautizados respectivamente como Los Picos Los Pepinillos. Además, y como no podía ser de otra manera, reunía en sus páginas a varios talentos de Bruguera, más o menos veteranos. Allí estaba Bernet Toledano, estaba Koski, estaba Jan antes de dedicarse a Superlópez a tiempo completo… y estaba un ‘Tío Vázquez’ cuya aportación merece párrafo aparte.

Para empezar, el rey de los morosos ya andaba desde hacía tiempo con la correa suelta. En 1978, el mismo año en el que se jubila su odiado Rafael González (un personaje trágico y tiránico a la vez, que ejerció como director editorial de Bruguera durante tres décadas largas), Vázquez ha empezado a publicar dos tiras de humor pornográfico, Don Cornelio Ladilla y su señora María (esta, para la revista El Papus) El sexo en la prehistoria, ocultándose bajo el seudónimo de ‘Sappo’. También ha producido material verduscón para Can Can y Demassiédos revistas ‘para adultos’ con las que Bruguera quiso sumarse al auge del destape.

Para cantar bingo, algunos recurren a medidas extremas.

En JAuJA, Vázquez no llega a esos extremos, pero pergeña multitud de historietas monográficas sin continuidad, una de sus especialidades. También da rienda suelta a una de sus pasiones, la ficción detectivesca, con Los casos de Ana y Cleto (el título, claro, es una tollina a sus ex jefes). Yo, dibujante al por mayor es una serie autobiográfica, publicada previamente en El Pequeño País (sí, el diario estrella de Prisa tuvo un suplemento para niños, y era buenísimo) con el título de Esta es mi vida. Y, finalmente, ¡Vámonos al bingo!: una obra gracias a la cual descubrimos que los cambios legislativos le habían permitido añadir un vicio más a su cuantiosa colección.

Nuevo desplazamiento en la corriente temporal: llegado 1989, la tremolina post-Bruguera se ha resuelto, y ahora la que manda en el cotarro de la historieta infantil y juvenil es Ediciones B. La marca creada por el Grupo Zeta le ha ganado por la mano a Grijalbo en su batalla por hacerse con la supremacía (es decir, con Mortadelo). Tras jugársela en Garibolo Bichos, dos publicaciones con mucho encanto, y sin dejar de aportar material guarro y desacomplejado a cabeceras como Makoki, Vázquez acaba claudicando ante el nuevo orden. Y una de las consecuencias de dicha claudicación es un álbum en rústica de ¡Vámonos al bingo!, que recoge la obra completa (aunque con matices: enseguida vamos a ello) por primera vez y siete años después de su primera aparición. La presencia del tomo en los quioscos es casi testimonial, y el genio acabará afirmando que jamás vio un duro por ella. Para aumentar el mareo, la historieta aparece aquí fechada… ¡en 1986! ¿Qué avatares y qué contubernios sufrió este tebeo antes de su publicación definitiva? No lo sabemos. Sólo podemos dejar constancia de que quienes lo leyeron acabaron cantando el especial de la noche.

“Comprobamos un noveno bingo…”

En el fondo, tanto traqueteo editorial no perjudicó a ¡Vámonos al bingo! Más bien al contrario: dado que su publicación por entregas sólo aguantó nueve capítulos, el conjunto editado en álbum adquiere un aspecto de obra única que le sienta de miedo. Más que una colección de historietas dispersas, parece un relato satírico emparentable (por su mala leche, y por su capacidad de sacar petróleo cómico de donde sea) con los de ese Enrique Jardiel Poncela al que Vázquez llegó a tratar durante su infancia. Lo malo es que también pierde un par de páginas, aparecidas en JAuJA, que contienen chistes muy majos. Por lo demás, los cambios afectan al título en la primera página (Yo, binguero profesional, suponemos que para evitar follones legales), a la rotulación, al remontaje de algunas viñetas y a un bigotillo que el autor le pinta a su propio personaje. También hay una página redibujada completamente, aquella en la que Vázquez traza una tipología de las bingueras y muestra a las tremendas vedettes, con plumas y todo, que pondría a vender cartones si fuera él el propietario de una sala. Hay que ver, este hombre siempre con lo mismo.

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La narración está reducida a su esqueleto, aunque hay un arco argumental mínimo que sostiene el conjunto con palos y cañas, y los esfuerzos del dibujante se concentran en clavar un gag detrás de otro. Unos gags que, a veces, son confesionales: no hay más que ver las pugnas del Vázquez binguero con ese duendecillo que le insta a permanecer en la sala, a fin de gastarse en más partidas el pedazo de premio que acaba de ganar, o sus esfuerzos por quedarse en casa y no ir una tarde más a tachar numeritos. Otras son estilizaciones cachondas de la realidad, con el autor-protagonista describiéndonos su casa cual el cuartel de un enemigo de James Bond, repleta de instalaciones dedicadas a mejorar su pericia en el juego.

Pero, sobre todo, los chistes de ¡Vámonos al bingo! son desafíos autoimpuestos. Ya desde el comienzo se nos previene de que ese juego es una estupidez y un sacacuartos (algo resumido en la memorable viñeta que pueden ver abajo) y que su único interés, por lo que respecta a la historieta, es analizar el ambiente que lo rodea. Y vaya que si lo analiza: la descripción de la jerga empleada por los jugadores, de cómo cantan los premios (cuando les tocan), de las bingueras y su forma de leer los números, de la ansiedad cuándo sólo queda una casilla por tachar en el cartón… todo eso ocupa páginas y páginas. Y no sobra ninguna.

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Aunque el costumbrismo vertebra todo el tebeo, y aunque todo él es un alarde de síntesis gráfica (no hay más que ver cómo el coche soñado por Vázquez se va desguazando conforme no dejan de cantarse bingos en la sala: cuantos más bingueros tocan al premio, más se divide éste), en él hay espacio para mucho más. Un tebeo de Vázquez no sería lo mismo sin momentos de enredo frenético, y aquella historia en la que el autor describe el día perfecto para un binguero tiene de eso a carretadas. Ya saben lo que dijo Ibáñez: “Antes de Vázquez, en la historieta se conversaba. Después de Vázquez, la historieta se mueve”.

El tramo final del álbum lo ocupa una suerte de consultorio en el que el maestro contesta cartas de sus fans, un recurso que ya había utilizado (o que, visto lo visto sobre el fechado de las páginas, volvería a utilizar) en su sección Las cartas boca arriba del renacido Súper Mortadelo, allá por 1988. Y donde nos confiesa que, harto de todo tras una antológica racha de mala suerte, ha decidido ingresar en la Orden de los Bingueros Arrepentidos. Una reclusión esta que durará más bien poco tiempo, como nos indica un giro final pletórico de bilis: binguero una vez, binguero siempre. Y así, hasta la tumba.

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En el fondo, lo más interesante de ¡Vámonos al bingo! es cómo su responsable utiliza los viejos recursos de su madurez en Bruguera para contar una historia de lo más sórdida. Al igual que en la mítica Los cuentos de Tío Vázquez, donde le sacaba partido a esa fama de moroso que él mismo cultivó, el dibujante aprovecha aquí su pasión por el juego (que, en el fondo, detesta, pero del cual no puede desengancharse) para superponer realidad autobiográfica y ficción cargada de parodias. Desempolvando para ello, además, todo su arsenal de trucos, y plasmando el resultado con ese trazo vivísimo y descuidado de quien ha tenido que llenar viñetas para pagarse las habichuelas, no para complacer su propio ego. Allá donde Pekar ponía su mala leche crónica, donde Chester Brown pone su recurso a las prostitutas para paliar un descomunal agujero negro afectivo y donde Crumb pone… bueno, dejémoslo en que pone el ser Robert Crumb, Vázquez ponía su condición de ludópata. Y con un lenguaje al cual se le aplica aquello de “para chicos y grandes”: no olvidemos que, teóricamente, las publicaciones y editoriales donde apareció esta salvajada ofrecían material destinado a los niños.

Donde Harvey Pekar ponía su mala leche, Chester Brown su puterío y Crumb el ser Crumb, Vázquez puso su ludopatía.

A estas alturas, y si hemos tenido suerte, el lector se estará preguntando: “¿Dónde conseguir esta maravilla?”. Pues no podemos decírselo con seguridad, porque, que sepamos, ¡Vámonos al bingo! está absolutamente descatalogada y sólo puede hallarse, bien en webs para coleccionistas, bien en rastrillos y tiendas de segunda mano (si hay suerte) o en esos lugares que preferimos no mencionar, pero que ustedes se estarán imaginando. En espera de que algún editor se decida a recuperarla en su versión íntegra, y rezando por que las planchas originales no se hayan perdido para siempre, sólo puede apuntarse que esta condición de obra esquiva, fugaz en los quioscos e inencontrable a fecha de hoy sólo debería contribuir a cimentar su condición de trabajo mítico.

Por último, uno podría decir que su fijación por ¡Vámonos al bingo! no viene sólo del respeto que siente por Vázquez como autor, sino también por la nostalgia de una época en la que esta clase de contenidos eran accesibles a la juventud. Cómics en los que chicos y chicas veían a los adultos expuestos tal cuales eran, rebosando miserias y vicios, y en el cual el autor de una historieta podía autorretratarse, no ya perdiendo hasta la camisa en un local vetado a los menores de edad, sino incluso fumando. Pero hay más: desde su más tierna infancia, quien firma este artículo tiene dos frases que se repite a sí mismo, mentalmente, en momentos de especial apuro laboral. Una de ellas, “¡Lo conseguí! ¡Soy un héroe!” está sacada de Yo, dibujante al por mayor. La segunda, que siempre acude a su pensamiento cuando se juega el todo por el todo, reza “¡Satanás, te vendo mi alma por este bingo!”. Y ya se podrán imaginar de dónde procede. Háganse un favor, y hagan lo que sea por acompañar al genio a una sesión binguera: no se arrepentirán.”

 

La farsa de la economía en el mundo actual

http://bolsayotrascosas.blogspot.com.es/2015/10/entrevista-un-premio-nobel.html

No es por quitar méritos a ningún país en particular, pero ¿cuántos científicos chinos o soviéticos tuvieron un premio Nobel? Y no digamos estos nobelísimos que han sido y son premiados continuamente y que están convencidos de que la Teoría Economica es una ciencia exacta que puede existir al margen del Estado y de sus intereses políticos. Nunca jamás fue ni será así.

Estos economistas me recuerdan a esos críticos gurús que ellos solitos crearon el mercado de arte abstracto y conceptual (ineludible “La palabra pintada”, de Tom Wolfe; en cien páginas lo explica todo), esa basura fetichista que ha destruido por completo el espíritu artístico contemplativo que había en cada uno de nosotros desde Altamira hasta hoy. Actualmente, y da igual la materia que se trate, sólo pueden opinar los iniciados, y ahí tenemos lo que viene ocurriendo con la divulgación científica, que uno se harta de ver a premios Nobel hablando de lo divino y de lo humano escudándose siempre en que ellos son expertos; “sabios”, que decía el mandilero de León cuando quería avalar alguno de sus despropósitos y nombraba un “comité de sabios”. No digamos los pedagogos, psicólogos y sociólogos, aunque a éstos ya se les pasó su edad dorada, la de los años 80.

Niño Becerra pone los puntos sobre las íes, y no hace falta explicar por qué aquí en la Burbuja se le da la razón en tantas cosas, si no en su deriva polonyera y comodona (no sabemos si ‘trepa’), en sus análisis sobre la crisis sistémica que padecemos, y que complementa muy bien la información que de la basura financiera y bursátil nos aporta Max Keiser.

Digo que complementa porque Keiser no cae en la cuenta (más bien no quiere entrar en ello) de que no quedó otro remedio que financiarizar la economía en aquellos países que no podían continuar en la pugna por la exportación de manufacturas debido a sus altos salarios y a la caída de la tasa de ganancia sus fábricas. No digamos si además había que conservar la hegemonía en el mundo, caso de EEUU, que no le quedó más remedio que a falta de exportar bienes y servicios exportar capitales creados desde la nada, imprimiendo todo el dinero que le da la gana para cubrir sus déficit fiscal y comercial que ya duran más de cuarenta años, y con una valoración del dólar que nadie le puede discutir si no quiere acabar como Sadam Husein o Gadafi. Y a todo eso nuestros liberales le llamaban ‘Libre Mercado’; ahora ya no, porque ahora la culpa la tiene Obama, que es socialista. Pero jamás verán a un liberal español haciendo la más mínima crítica a la obsesión hegemonista de los EEUU y que estamos pagando todos, tanto económica como socialmente.

Niño Becerra:

 

Ronald Reagan lo expresó muy bien en la campaña electoral del 79: “La economía USA no funciona porque los ricos no son suficientemente ricos y los pobres no son suficientemente pobres”. En USA aún coleaban los efectos del programa The Great Society de la Administración Johnson, un programa implementado cuando en lo económico verdaderamente había campo para correr y cuando había que acallar gritos de protesta por Vietnam, pero aquello se agotó y la única salida viable para USA era enriquecer más a los ricos y empobrecer más a los pobres; se hizo y la economía USA remontó; hasta hace unos años.

 

Y dado que los pobres iban perder poder adquisitivo se les facilitaría la posibilidad de endeudarse, de ahí la expansión bancaria y el mundo financiarizado en el que estamos; es decir: pobres por partida doble: uno por carecer de dinero efectivo y otro por acumular deudas; y los ricos, doblemente ricos, al participar los bancos en el sector productivo tanto dentro del país como fuera de él, y además cobrando a los empobrecidos asalariados por prestarles dinero precisamente para que compren los productos de las empresas que ellos controlan desde el accionariado. Ahí está Guarren Buffett (dicen que es dueño del banco Wells Fargo, como aquí en su día Ruiz Mateos compraba lo que le daba la gana dándose préstamos a sí mismo) comprando cuanta empresa le apetezca con sólo pedir el dinero en la ventanilla de la FED, que se lo entrega a un interés menor del 1%, o sea, que encima de dejarle dinero le paga por ello, puesto que la inflación real se sitúa bastante por encima de ese porcentaje. Y los españolitos más tontos encantados de que Gates o Soros compren acciones de FCC o de cualquier empresa española.

Continúa Niño Becerra:

 

Y desde luego no admito que alguien que es ciudadano de, y profesional en, un país que ha impuesto su política, su moneda y su deuda al resto del mundo diga que “el euro es un proyecto fallido”; no lo admito por muy Premio Nobel que sea. ¿Qué hubiese sido del dólar? ¿Dónde estaría la moneda USA sin la Guerra Francoprusiana, sin la I y II GsMs y sin la Guerra Fría?”

“En cierta medida pienso que al Dr. Stiglitz le sucede lo mismo que al Dr. Krugman: ambos hablan desde la óptica USA al resto del mundo y no entienden –o no quieren entender– que la problemática de una economía que no tiene como moneda al dólar USA es muy diferente a la del país que lo imprime”