Las habilidades que necesitas para ser un programador profesional

Las habilidades que necesitas para ser un programador profesional

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Hay mucho más en la programación profesional que solo escribir código. Desde trabajar con un equipo hasta resolver problemas de versiones, no llegarás a las grandes ligas sin otras herramientas críticas. Te preguntamos, y a otros desarrolladores profesionales, qué habilidades deberías tener, y esto es lo que aprendimos.

Con todo lo que se dice acerca de aprender a escribir código, es fácil pensar que saber un lenguaje de programación es todo lo que se requiere en un desarrollador profesional. Sin embargo, como en otros trabajos, se necesita más de una habilidad para ser genial. No podemos listar todo lo que cada programador necesita, pero aquí nombramos algunas de las habilidades más importantes (además de escribir código) en las que deberías trabajar si quieres ser un buen desarrollador.

Aprende a comunicarte

Las habilidades que necesitas para ser un programador profesional

Mientras algunos medios retratan la programación como un trabajo solitario, la realidad es que requiere de mucha comunicación y trabajo con otros. Si trabajas para una compañía, serás parte de un equipo de desarrollo y esperarán que te comuniques y trabajes bien con otras personas.

Sin embargo, Jeff Bargmann, desarrollador de Fences y Bins, apunta que saber cómo hablar y escribir claramente y convincentemente es aún más importante para el desarrollador independiente:

Nada en la escuela me preparó para la cantidad de comunicación escrita que tenía delante. (Nosotros sólo escribimos código, ¿no?) En tu carrera profesional – si quieres moverte hacia arriba en algún momento– pasarás mucho tiempo comunicándote claramente, concisamente y convincentemente– pensando desde la perspectiva del que recibe el mensaje – en correos a colegas, gerentes, clientes/socios y con suerte algún día con ejecutivos. Y como estás acostumbrado a hacer las cosas al doble de rápido que otros (somos inteligentes, ¿no?) será frustrante, porque te tomará el doble de tiempo hacerlo bien. Como un desarrollador independiente, esta habilidad esindispensable– por necesidad lo aprenderás en el camino.

Jeff también tiene algunos consejos para desarrollar tus habilidades de comunicación:

Para eliminar este obstáculo tendrás que aprender sobre la marcha, querrás práctica en el mundo real (¡Justo como mejoraste tu código!). Publica artículos cortos, lee correos electrónicos en voz alta, enfrenta las críticas y sobre todo, crea una experiencia para ti mismo; justo como lo hiciste con tus proyectos de desarrollo.

Si no tienes la oportunidad de desarrollar con un equipo en este momento, considera tomar clases de comunicación, discurso y escritura para aprenderlo de la mejor manera. Lynda ofrece una gran cantidad de cursos de comunicación si estás aprendiendo fuera del salón de clases.

Mejora tus habilidades de resolución de problemas

Las habilidades que necesitas para ser un programador profesional

Muchos desarrolladores afirman que entender un lenguaje de programación es solo una pequeña parte de programar. Saber resolver problemas es otra habilidad importante que muchas veces hace falta en los principiantes. Compara el desarrollo de software con armar un rompecabezas: necesitas descifrar cómo conectar una pieza de tu programa con otra, y no siempre es fácil. Nuestro lector Jsimon lo explica:

He conocido personas que tienen dominio completo de un lenguaje de programación, pero no pueden lograr salir de una bolsa de papel. El mejor ejemplo sucedió en la universidad cuando trabajaba en un proyecto en equipo. Me pidieron que revisara una parte del código de alguien más porque esta persona no podía lograr conectarlo al servidor. Nunca estableció un puerto. Y había estado tratando de resolverlo por una semana. Entonces, existen personas que pueden resolver problemas y simplemente no tienen comprensión del lenguaje.

Sin embargo, resolver problemas es una habilidad difícil de aprender. La práctica es la clave aquí. Toma proyectos pequeños como desarrollar aplicaciones para tomar notas, calculadoras o cualquier cosa que te interese. Cuando lo hagas, enfócate en la lógica detrás del código, aprende a pensar como un computador, en lugar de solo entender el lenguaje.

Aprender cómo funciona un ordenador por adelantado también ayuda. Este consejo viene de nuestro lector Jacobm001:

La resolución de problemas es una gran parte de lo que hacemos. Los computadores son raros, y usualmente necesitarás aprender de nuevo lo que sabes acerca de los problemas. Para ser efectivo, necesitas entender cómo opera un computador y entender cómo el CPU procesa la información. Personalmente, odio ensamblar, pero estoy agradecido de haber tomado un curso enfocado precisamente en eso. Los programadores que saben cómo ensamblar un ordenador tienen una mejor idea de cómo implementar cosas.

Como Jsimon dijo, saber cómo escribir código y resolver problemas para conectar las piezas es clave. Cuando comiences a desarrollar programas reales, toma un enfoque sistemático para resolver los problemas que enfrentarás.

Empieza a aprender control de versiones de inmediato

Las habilidades que necesitas para ser un programador profesional

Si estás en la Universidad, pronto empezarás a trabajar en equipo en tus clases de programación para desarrollar proyectos. WindowsSVN y GitHub son dos ejemplos de herramientas de desarrollo que los equipos utilizan para trabajar juntos al crear y actualizar aplicaciones de código abierto. Estas están disponibles para cualquiera, pero las compañías usan Subversion y Apache SVN, entre otras. Deberías llegar a un trabajo entendiendo lo básico de cómo trabajan estos sistemas para que puedas ejecutarlos con tus compañeros de equipo. El aprendizaje requiere de tiempo y práctica, así que te quedarás atrás si entras a un trabajo sin saber usar por lo menos una de ellas.

La única manera en la que serás experto de esos sistemas es la práctica. Si estás en la universidad, llegará el día en el que trabajarás en un equipo grande con un objetivo en común. Cuando el momento llegue, pide permiso para usar GitHub u otra herramienta aunque no sea necesario. Encuentra un equipo para trabajar si estás aprendiendo en casa, puedes unirte a un proyecto dentro de la plataforma o buscar un grupo de personas con las que querrías comenzar uno nuevo.

Desarrolla destreza para el aprendizaje

Las habilidades que necesitas para ser un programador profesional

La tecnología siempre está evolucionando, y con ella, debería evolucionar la base de conocimientos de un desarrollador. Si quieres seguir siendo relevante en tu área, es importante mantenerte al día con los nuevos lenguajes de programación, software y hardware. El lectorWakers01 lo explica:

… estarás aprendiendo nuevos lenguajes, tecnologías y herramientas con una frecuencia impresionante. Deberás estar dispuesto a examinar nueva tecnología, analizar sus méritos y desventajas, y asimilarlo rápidamente. Nótese que dije “asimilar” y no “aprender”. Me refiero a que debes absorber, entender, e integrar esto a tus habilidades, no solo adquirir un nuevo conocimiento acerca de cómo trabaja x cosa. No son solo lenguajes de software y herramientas, también tendrás que aprender como operan los negocios y cómo los usuarios trabajan con un negocio. Mientras puedas mantener la emoción de aprender cosas nuevas, estarás bien.

Existen muchas cosas que puedes hacer para aprender habilidades nuevas rápidamente. Por ejemplo: usarás tu memoria más eficientemente si te tomas el tiempo de aprender cómo funciona primero. Aprender también involucra comprensión, así que además de los consejos de comunicación que te dimos anteriormente, enfócate en mejorar tu comprensión de lectura. Así podrás leer documentos de tecnología y otros recursos con facilidad. Entiende que no serás capaz de memorizarlo todo, así que tener un buen sistema de notas y crear índices para libros son buenas maneras de mantenerte organizado y encontrar la información que necesitas.

Empieza con lo básico: mira el aprendizaje como una habilidad que necesitas dominar. Una vez que lo hagas, serás mejor con la tecnología y te mantendrás delante de la competencia en tu área.

Hay mucho más en la programación que solo sentarse en un escritorio a escribir código. Si entiendes eso desde ahora, tendrás mayor oportunidad de ganar habilidades críticas que los empleadores y clientes necesitan.

 

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La plaga del bilingüismo

En medio del mar proceloso (también tedioso, escandaloso y asqueroso) de las reformas educativas de nuestro país, se va asentando – ajena a cualquier crisis – una situación de facto que parece contar con la anuencia general aunque en privado reciba numerosas críticas: la implantación de un sistema de estudios pretendidamente bilingüe. Es probable que el contagio sea ya irreversible; aun así me resisto al silencio.

Empezaré por el principio. La enseñanza de idiomas que se imparte en nuestros colegios e institutos ha sido tradicionalmente deficiente. En España, apenas han aprendido idiomas aquellos que han podido pasar amplias temporadas en el extranjero; primero, a costa del dinero de la familia (de la familia que lo tenía, claro); luego, también, acogiéndose a algunos programas de intercambio. El resto, los que no han salido, han seguido arrastrando de forma mayoritaria su incapacidad en lenguas extranjeras. Cuando me refiero a lenguas extranjeras, hablo – ante todo – del inglés.

¿Qué pasa con el inglés? ¿Es tan difícil como dicen? ¿Es más difícil que la Física o que las Matemáticas? ¿Por qué una asignatura dotada con tantísimas horas lectivas se aprende con tanta dificultad? ¿Son tan malos sus profesores?

Parece que ante la constatación de que la enseñanza del inglés no funciona, alguien… no sé quién… ha creído interesante imponer un modelo que en nuestro país no tiene ni pies ni cabeza pero que se postula como un salto cualitativo, amén que como la solución a los problemas que a nuestros estudiantes les genera la lengua de Shakespeare: el conocido como “modelo bilingüe”, un experimento del profesor Bacterio que en apariencia encanta a madres y padres pero que, sin duda, ha de inquietar a muchos buenos profesores y, más aún, a muchos aspirantes a profesor en el futuro. Este modelo propone que, además de las correspondientes horas dedicadas al idioma, algunas de las asignaturas del programa se impartan en inglés… como si anduviéramos tan sobrados en el manejo de nuestra propia lengua1

Una de las materias escogidas a menudo en Primaria, Conocimiento del Medio, que engloba Historia, Geografía, Sociedad y Ciencias Naturales y que pretende, en castellano, formar a los niños en el conocimiento de su entorno, en el dominio de un amplio vocabulario básico sobre el mismo y en la comprensión de cuestiones sociales y procesos naturales e históricos, se ve ahora reducida considerablemente con el fin de hacerla practicable ¡en inglés! para niños no angloparlantes. En ese afán, el temario original, en traducción, se jibariza… se adapta y, con ello, se reduce aún más el arco de conocimientos del alumno.

¿Qué profesores son los óptimos para impartir estas clases? Por supuesto, no los que mejor conozcan la materia sino los que mejor hablen inglés. El nivel de comprensión cae y los contenidos se adelgazan; así que, como cada vez hay menos que contar, también hay menos que saber por parte del profesorado. Puro fast-food learning, en los términos técnicos que tanto gustan.

Nadie se engañe. Los programas llamados bilingües se aplican sobre niños que, en su amplia mayoría, no son bilingües. Una clase que pretende impartirse en una lengua que los alumnos no dominan será siempre una clase de idioma y no de Conocimiento del Medio ni de Matemáticas ni de Plástica. Es paradójico que unos niños que sólo han estudiado cinco formas verbales del modo indicativo, que no las manejan con soltura, que ni siquiera conocen cien verbos y que no dominan ni mil palabras de esa lengua reciban una enseñanza integral de una asignatura. Es decir, no es paradójico: es una estafa; ante todo, una estafa al conocimiento de la materia en cuestión y al imperativo de “educación básica” del alumno. No me entretendré aquí hablando del “Síndrome de Dora la Exploradora” que lleva a que muchas clases bilingües se conviertan en el caldo de un infecto “espanglish” donde se “bilingüea” diciendo cosas como “¿Tienes un pencil?” o “A mí, los Fish and Chipsme encantan”. ¡Terrorífico!

A cualquier madre o padre que le preguntes – como es normal – te dirá que ve bien el modelo bilingüe porque así sus retoños avanzarán en el conocimiento del inglés, que les han asegurado que es el futuro… ¡¿Qué van a decir?! El resto de conocimientos palidece ante esta lengua-maná. Por supuesto, las secciones no bilingües están llamadas a ser degradadas a la categoría de “refugio de los torpes”. Y ¡Ay del colegio que no ofrezca un modelo bilingüe porque, en él, la pérdida de alumnos estará garantizada! Criterios económicos mandan… Así nos va…

¿No sería más sencillo que nuestros niños aprovecharan las dos o tres horas semanales que tienen de idioma para aprenderlo igual que aprenden Matemáticas o Lenguaje? Es conocido que en España los idiomas se estudian, no se aprenden. En todo caso, si no se consiguen los objetivos y el inglés es tan importante ¿por qué no se añade alguna hora más al inglés? Es más saludable para el Conocimiento del Medio, de las Mates o de la Plástica, que les quiten una hora a la semana que que se impartan en una lengua semidesconocida. El problema es que la enseñanza del inglés no se arregla ni aunque le dediquen seis horas a la semana. ¿Por qué? Porque está mal planteada. Porque los profesores parecen tener que someterse a la dinámica de los libros de texto… y los libros de texto los hacen editoriales que se forran vendiéndolos. ¿Por qué, si puedes tener a los chavales siete cursos para estudiar el presente, el pretérito perfecto, el presente continuo, el pretérito imperfecto y el futuro de indicativo, se los vas a enseñar en dos…? Lo mejor es llenar páginas y páginas de ejercicios… ¡Venga… el presente, en primero, en segundo, en tercero…! Y vuelta a empezar en la ESO… Sería bueno conocer cómo se han configurado los curricula de enseñanza en Lengua Inglesa en nuestro país. En vista de los contenidos, no es difícil imaginarse a “lobbies” editoriales presionando, amparando una dilatación extrema de los años de aprendizaje, repartiendo regalos y sobres… ¿Saben cuánta pasta mueve ese “Día de la marmota” que es la enseñanza del inglés en España? Echen la cuenta. Un libro de texto y varios de ejercicios por año, más materiales anexos, multiplicado por toda una vida docente de compra… ¡Y por el número de niños!

El nefasto enfoque de la enseñanza reglada, los cientos de horas lectivas desaprovechadas por unos deficientes planes de estudio permiten a su vez que, por debajo, florezcan miles de academias privadas de inglés – que también tendrán sus propios métodos y libros… ¡más madera, es la guerra! – que muerden otro tanto los dineros de las voluntariosas mamás y de los entregados papás y roban a los “pobres niños” su tiempo de ocio o de deporte… Pongo comillas porque los “niños pobres” verán negado ese acceso privado a la lengua-maná y lo peor… también a otras actividades extraescolares.

La solución a ese fracaso en la enseñanza del inglés propiciado, entre otras cosas, por el exceso editorial (muy cómodo quizá para el docente, aunque terrible para el bolsillo de los padres) parece ser un sistema falsamente bilingüe en el que la mitad de la formación de las niñas y niños se dirige a aprender esa lengua. ¡No contenido sino idioma! Me viene a la mente un chiste que me contó hace años mi amigo Jesús Rodríguez Velasco: «Le dice un señor a otro: “Conozco a un tipo que habla 15 idiomas”. A lo que el otro le responde: “Ya… pero ¿qué dice?”»

Gracias al modelo bilingüe, nuestros hijos van a poder expresar cada vez mejor su ignorancia en inglés, mientras nosotros preparamos la cartera para comprar los libros de texto a pares, pues ahora necesitamos dos: la versión inglesa y la versión española, si los niños y nosotros queremos enterarnos de algo… ¡Menudo negocio para algunas editoriales! Éstas no es que sepan inglés… ¡es que saben latín!

1Hace poco, paseando por los pasillos de un centro bilingüe, los dos únicos carteles que no estaban en inglés, tenían sendas faltas de ortografía… porque las tildes (aun después de la última y estúpida reforma ortográfica) siguen considerándose faltas ¿no?

http://www.ultimocero.com/blog/la-s%C3%A1bana-perforada/la-plaga-del-biling%C3%BCismo

FRAUDE EN LA UNIVERSIDAD: COPIAR IMPUNEMENTE CON LOS SMARTPHONE

En estos días me he tropezado con la tercera persona, que siendo alumno de estudios universitarios, me comenta su indignación por la forma en que algunos compañeros aprueban.copiar movil fraude

La historia se está repitiendo en muchas Universidades españolas (no en todas, ciertamente, ni en todos los Centros, ni en todas las asignaturas) y consistebásicamente en que en los exámenes tipo test o por escrito, sencillamente el alumno aprovecha para hacer subrepticiamente una foto desde su smartphone de las preguntas y enviarla al exterior, donde un tercer alumno o incluso alguna Academia de avispados sinvergüenzas se encarga de confeccionar rápidamente las respuestas y reenviarla al grupo de WhatsApp o individualmente a los alumnos que están “en el ajo”. Y en ese momento, basta con acudir al sistema clásico de copiar de esta “chuleta tecnológica” que es la pequeña pantalla, con el añadido de lo manejables que son los teléfonos móviles. El aprobado está servido.

Esta situación es intolerable e invito a que las autoridades académicas españolas, que no lo hubieren hecho ya, tomen cartas en el asunto.

1. Veamos las razones para frenar esta infame práctica de la “chuleta electrónica” que se da en cuestionarios tipo test y exámenes de contenido memorístico por escrito.

– Se está tolerando una conducta de falsedad, éticamente intolerable en quien tiene la fortuna de ser alumno de una institución de educación superior.

– Quien aplica un método ilegítimo para aprobar un examen, como el tigre que prueba sangre humana, seguirá ese método en el resto de las asignaturas e incluso en la vida fuera de los muros universitarios.

– Se está burlando de los compañeros que se esfuerzan y sacrifican tiempo y energías en el estudio. Además provocan el aumento del nivel de rendimiento lo que puede llevar a que quien no se sirve de estas artimañas y demuestre un rendimiento justito quede eliminado.

– Se está engañando a la sociedad que recibirá a alguien titulado como cirujano, economista o abogado, por ejemplo, y que realmente tiene enormes vacíos formativos. O sea, se ofrecerá gato sarnoso por sana liebre.

– Se está incidiendo negativamente en la reputación y rendimiento de la Universidad, y con ello, al conjunto del sistema educativo.

2. A continuación situaremos las posibles vías para atajar el problema.

– En primer lugar, la formación deontológica de los alumnos, esto es, educar en principios y valores como la buena fe, la lealtad y la verdad. Ya sé que es mucho pedir, pues corren malos tiempos para los “principios” cuando vivimos tiempos de vértigo, de tecnología que permite obtener todo rápido y gratis, y donde no importa el esfuerzo sino los resultados.

Junto a ello, recordar que hay infracciones de disciplina académica (el viejo Decreto disciplinario de 1954, elEstatuto del estudiante y algunas leyes autonómicas), pero para imponer sanciones disciplinarias primero hay que pescar al infractor.

– En segundo lugar, la formación deontológica de los profesores. Los profesores deben ser formados en la importancia de los exámenes y la transparencia. Está muy bien la libertad de cátedra pero también su deber de evaluar el rendimiento objetivo de los alumnos. Hay profesores que se cuidan de vigilar realmente en los exámenes, pero no faltan los que de forma indolente se sientan en la mesa de la tarima y hojean periódicos e incluso con tabletas, permitiendo la “copia descarada”. No es un desdoro que un profesor vigile en los exámenes, sino que tiene que hacerlo activamente y técnicas hay de sobra: pasear entre las mesas, situarse en la parte posterior y a la espalda de los alumnos para que sientan la mirada en la nuca, inclinarse súbitamente sobre algún ejercicio,etc.

Y por supuesto, aunque no es cómodo vigilar exámenes sí es una actividad esencial que tiene lugar una o dos veces al año… ¿por qué no están varios profesores y becarios de la asignatura, o de otras del mismo área, de manera que la vigilancia descanse en una proporción razonable y con efecto disuasorio?. No. ¿acaso es mejor que un solo profesor vigile una cincuentena de alumnos y además que se dedique a mirar el reloj y soñar con un cielo de complementos retributivos?.

– En tercer lugar, la prohibición de tales artilugios en los recintos de examen. Y aunque hay muchastecnologías para el copieteo, el uso y abuso de los móviles es lo mas generalizado y urgente. No hay problema en avisar de su prohibición y en que los alumnos depositen sus móviles en la tarima o bandejas (si lo hacen en los parques de atracciones o los aeropuertos, también pueden hacerlo en las aulas).copiar con smartphone

3. El problema viene dado con el pícaro que oculta el smartphone entre la ropa y se atrinchera en su dignidad humana resistente a cacheos. Pero aquí tampoco hay problema insalvable. ya que la tecnología pervertida en su uso se combate con tecnología puntera.

Es cierto que la solución de oro serían los inhibidores de móviles. Muerto el perro se acabó la rabia. Algunas Universidades dieron un paso adelante pero la legislación sobre telecomunicaciones y los Informes jurídicos gubernativos consideraron que tales inhibidores afectaban a las redes de comunicaciones e impedían medidas de emergencia o seguridad pública, salvo excepcional autorización para su implantación. Y por eso, muchas Universidades dieron un paso atrás, y optaron por la alternativa de extremar la vigilancia al máximo. Otras han seguido con los inhibidores.

Es llamativo por no decir altamente cuestionable jurídicamente que un acuerdo adoptado por el el Comité TCAM (Comité de vigilancia del mercado y evaluación de la conformidad en materia de telecomunicaciones), fije límites vinculantes hasta el punto de justificar limitaciones y sanciones… ¡A las Administraciones Públicas que persiguen tutelar intereses públicos relevantes!. Me temo que estamos nuevamente ante un fenómeno conocido de extralimitación en la aplicación de la Directiva 9/1999 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 9 de marzo,sobre equipos radioeléctricos y equipos terminales de telecomunicación y reconocimiento mutuo de su conformidad, y que conduce a un esperpento jurídico: una práctica opaca (prohibición de inhibidores donde hay altos intereses en juego, sin recepción legal expresa), prohibición indiscriminada pues la Administración opta por la mayor (prohibición universal de inhibidores) esgrimiendo ese monstruo que son las genéricas razones de “orden público”.

De hecho, el art.7.2 de la Directiva comunitaria es tajante cuando señala:

los Estados miembros sólo podrán restringir la puesta en servicio de equipos radioeléctricos por motivos relacionados con el uso efectivo y apropiado del espectro de radiofrecuencias, la prevención de interferencias que resulten perjudiciales o por motivos relacionados con la salud pública”.

Y subrayemos que el art.1.5 no limita la autorización de inhibidores a razones de “seguridad pública” sino que deja fuera del objeto de la Directiva – referida a la verificación de equipos radioeléctricos y equipos terminales de telecomunicación, ese ámbito: “La presente Directiva no se aplicará a los aparatos utilizados exclusivamente paraactividades relacionadas con la seguridad pública, la defensa, la seguridad del Estado (incluido el bienestar económico del Estado en caso de actividades relacionadas con cuestiones de seguridad) y las actividades del Estado en el ámbito del Derecho penal” (art.1.5). O sea, expliquemos gráficamente el aparente disparate: como si una Directiva se ocupa de regular los animales de compañía, dejando fuera de su regulación a los gatos, y la Administración invoca la Directiva para no autorizar ningún animal de compañía salvo los gatos.

Habrá que ver la nueva Ley 9/2014, de 9 de Mayo, de Telecomunicaciones y los Tribunales lo que dicen al respecto, y por supuesto aprovechar las posibilidades que se abren para que un futuro Real Decreto pueda incorporar puntualísimas excepciones, dado el portillo abierto por el art.33.2 que nos orienta sobre los valores que deben armonizarse en estas cuestiones:

Asimismo podrán imponerse límites a los derechos de uso del dominio público radioeléctrico para la protección de otros bienes jurídicamente protegidos prevalentes o de servicios públicos que puedan verse afectados por la utilización de dicho dominio público, en los términos que mediante real decreto se determinen. En la imposición de estos límites se debe efectuar un previo trámite de audiencia a los titulares de los derechos de uso del dominio público radioeléctrico que pueden verse afectados y se deberán respetar los principios de transparencia y publicidad.

Quede constancia, como opinión personal, que pienso que lo que habría que hacer es fijar determinadas aulas destinadas a exámenes “blindadas tecnológicamente” o con inhibidores de extensión limitada al aula y solicitando la comprobación, visado o autorización de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones u órgano competente (cosas mas crudas se han negociado por las Universidades, y “antes” de desarrollarse la Ley de Telecomunicaciones deberían “moverse” para exigir una regulación clara de la excepción, en vez de “quejarse a toro pasado”).

Lo que no debe amparar el Derecho son las interpretaciones absurdas ni la desproporción de medios, y es cierto que quizás las comunicaciones deben estar libres para casos de emergencia pero también que nada impide habilitar espacios concretos y solicitar autorización para ello; no hablamos de inhibidores en cines sino en aulas concretas durante la celebración de exámenes al servicio de la educación superior (o de oposiciones para acceso masivo al empleo público, por ejemplo).

4. Así que en tanto el legislador, el reglamentador o los Tribunales, se pronuncian sobre esta insólita situación, nos queda la imaginación:

a) Que se establezca un arco metálico a la entrada del Aula de exámenes. Y que nadie diga que la Universidad es un templo y no una cárcel. ¡Ya veríamos lo que ponen en la Iglesia de San Marcos si roban los cepillos!. Además no se trata de inundar las aulas de arcos metálicos sino solamente en determinadas aulas para los exámenes que no sean orales.

b) Que se utilice por los profesores una aplicación que sirva para detectar móviles. Y las hay, y son económicas (caso de Pocket Hound, entre otras técnicas). Y si el alumno se resiste o insiste en que no lleva nada, no hay que cachearle. Sencillamente el profesor le informará antes del examen, o bien que se siente cerquita de él para hacer el examen, o que le hará un examen oral o personalizado por escrito otro día.

O sea, soluciones “haberlas, haylas”.

5. Lo que es una majadería es lo que escuché a distintos profesores (minoría, afortunadamente) que se oponían a estas medidas con estos peregrinos argumentos:

profesor despistado– Soy un profesor y no un vigilante carcelario.

– Soy un profesor y por lo que me pagan no voy a vigilar mocosos.

– Soy mayor y no entiendo nada de esos aparatejos: pero sí sé cuando un examen está bien.

– Siempre se copió y forma parte de la vida universitaria.

– No hay dinero para gastarlo en esos controles. Hay prioridades.

– No importa que copien en los exámenes. Al fin y al cabo, ya la vida les demostrará la necesidad de aprender a ejercer la profesión.

6. En fin, en vez de hablar de tanta excelencia de las Universidades, quizás no estaría de más empezar por demostrar que se está acorde con los tiempos y ofrecer garantías de que lo que se enseña, se aprende y se evalúa con objetividad. O bien se implantan garantías tecnológicas, o se cambia el sistema de exámenes por otro modelo menos memorístico, o se incrementa la proporción de vigilantes por examinados. Lo que no es solución no es tolerar la vía de agua en el buque y seguir tocando el violín académico como cuando se hundía el Titanic. La pasividad en la reacción ante estas conductas, supone hacer cómplice del fraude a las autoridades académicas simplonas que lo toleren.

Y perdonen que lo diga con tanta contundencia, pero creo que la educación es lo que nos ayuda a mejorar, evolucionar y salir adelante como personas y ciudadanos. Y me duele que se tolere este nicho de fraude que, insisto, por los testimonios directos recabados al menos lo padecen tres Universidades públicas distintas, y creo que con ese muestreo puedo inferir que muchas más están incursas en tan penosa dejadez.

http://contencioso.es/2014/12/26/fraude-en-la-universidad-copiar-impunemente-con-los-smartphone/

Protección Civil calcula que el 90% de los españoles pasarán la Navidad atrapados en sus familias

EL GOBIERNO ACONSEJA LIMITAR LA EXPOSICIÓN A PRIMOS Y CUÑADOS

La Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio de Interior ha activado esta semana la alerta naranja en todo el territorio español, donde se prevé que miles de ciudadanos queden atrapados en sus entornos familiares, especialmente los días 24 y 25.

“La familia se va a extender por toda la península afectando al conjunto de Comunidades Autónomas sin excepción. En algunos casos, estamos hablando de familias muy numerosas contra las cuales no existen protocolos de actuación realmente efectivos. Son situaciones en las que solo cabe rezar y esperar que todo acabe pronto”, admite un portavoz de este organismo.

Las autoridades ponen el acento en la población infantil, muy expuesta a pellizcos, besos en la mejilla de desconocidos y escenas en las que sus propios padres hacen el ridículo totalmente ebrios.

Las autoridades recomiendan no mirar a los ojos de la tía Pili

“Unidades especiales de la Policía Nacional están preparadas para irrumpir en hogares en los que se produzcan este tipo de situaciones, pero sin el apoyo de los vecinos es difícil proteger a los niños. Pedimos a la gente que no dude en denunciar estos casos de desamparo”, insisten desde Protección Civil.

esquema

En la página web de la institución se han facilitado algunas prácticas esenciales para minimizar los efectos de la familia en estas fechas:

– No mirar a los ojos de la gente, centrarse en el suelo mientras se piensa en cosas agradables.
– No perder nunca la calma, evitando situarse en el centro de atención.
– Responder a las preguntas de forma escueta y sin levantar la voz más de lo necesario aunque el griterío se haya apoderado de la estancia.
– Dar siempre la razón a los demás cuando se traten temas de política y, en general, polémicos. Cuando se nos pida que nos posicionemos, asegurar que todos tienen parte de razón e insistir en que “todo depende de cómo se mire”.
– Tomar Omeprazol antes de cada ágape y llevar siempre una tableta de Almax.
– Comer y beber con rapidez y vomitarlo luego en el baño en intervalos no inferiores a una hora.
– Fingir somnolencia en la sobremesa para luego no tener que bailar ni participar en ningún juego recreativo. Abstraerse simulando que se está viendo la tele siempre que sea posible.
– En caso de descontrol absoluto, privarse de oxígeno con una bolsa de plástico de la Fnac en la cabeza (maniobra del pánico) para perder la conciencia y ser trasladados a un centro hospitalario donde seremos atendidos física y psicológicamente.

PARA ENTENDER LA SITUACIÓN GEOPOLÍTICA ACTUAL

La lección de la Primera Guerra Mundial que la economía global olvida

  • 21 diciembre 2014

La caída del Muro de Berlín
25 años de la caída del Muro de Berlín: el abrebocas del colapso de la URRS… una oportunidad perdida, según Jeffrey Sachs.

Jeffrey Sachs es uno de los más destacados economistas del mundo. Entre los muchos gobiernos a los que ha asesorado durante tres décadas están Bolivia, Polonia y Rusia al final de la Guerra Fría. En esta reflexión escrita para la BBC, señala que la forma en la que se comportan los vencedores al final de un conflicto determina lo que ocurrirá en el futuro.

Este ha sido un año de grandes aniversarios geopolíticos. Hace 100 años empezó la Primera Guerra Mundial, un evento que, más que ningún otro, le dio forma a la historia durante el siglo pasado. Hace 25 años cayó el Muro de Berlín, el primer capítulo de la desaparición del Imperio soviético y el fin de la Guerra Fría. Y sin embargo, dolorosamente observamos algo que va más lejos que el mero recuerdo.

Como dijo William Faulkner, “el pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado”.

La Primera Guerra Mundial y el Muro siguen moldeando nuestras realidades más urgentes en la actualidad. Las guerras en Siria e Irak son un legado del cierre de la Gran Guerra, y los dramáticos eventos en Ucrania se desarrollan bajo la larga sombra de 1989.

1914 y 1989 son momentos bisagra, puntos decisivos en la historia que cambian el rumbo de los eventos subsecuentes. La manera en la que se comportan tanto las naciones grandes como las pequeñas en esos momentos determina el curso futuro de la guerra y la paz.

Jeffrey Sachs
Sachs asesoró a Bolivia y Polonia en los 80. El éxito hizo que los llamaran a Rusia, pero la historia allá no fue igual.

Yo participé directa y personalmente en los eventos de 1989, y vi cómo se desarrollaba esa lección: positivamente en el caso de Polonia y negativamente en el de Rusia. Les puedo decir que mientras me desempeñaba como asesor económico durante 1989-92, constantemente recordaba preocupado lo ocurrido en 1914. Y hoy en día sigo con la misma preocupación.

En 1919, al final de la Primera Guerra Mundial, el gran economista británico John Maynard Keynes nos enseñó una lección invaluable y perdurable sobre esos momentos bisagra: cómo las decisiones de los vencedores impactan las economías de los vencidos, y cómo los pasos falsos de los poderosos pueden fijar el rumbo de las guerras futuras.

Con una visión astuta, clarividencia y dotes literarias, “Las consecuencias económicas de la paz” de Keynes (1919) predijo que el cinismo y miopía de la base del Tratado de Versalles, especialmente la imposición de reparaciones de guerra punitivas para Alemania, y la falta de soluciones para las crisis financieras de los países deudores, condenaría a las economías europeas a crisis continuas que de hecho incitarían el surgimiento de otro tirano vengativo en la próxima generación.

El apasionado llamado de Keynes es uno de esos admirables estallidos geniales que retumba por generaciones. Ese libro y sus lecciones se convirtieron en una guía formativa para mí durante mi carrera como asesor y analista económico.

De la angustia de Bolivia a la de Polonia

Como un economista recientemente formado hace unos 30 años, de repente me vi a cargo de asistir a un pequeño y casi olvidado país: Bolivia, en la búsqueda de una salida a su rotundo desastre económico. Los escritos de Keynes me ayudaron a entender que la crisis financiera de Bolivia debía considerarse en términos sociales y políticos y que el acreedor de ese país, Estados Unidos, compartía la responsabilidad de resolver la angustia económica boliviana.

El movimiento Solidaridad
El movimiento Solidaridad fue el catalizador del cambio en Polonia.

Mi experiencia en Bolivia en 1985-86 me llevó a Polonia, en la primavera de 1989, invitado por el último gobierno comunista y el sindicato Solidaridad, que era su fuerte opositor. Polonia, como Bolivia, estaba en la bancarrota financieramente. Y Europa en 1989, como Europa en 1919, estaba en un gran momento bisagra de la historia.

Mijaíl Gorvachov estaba en el poder en la Unión Soviética, y estaba dispuesto a ver a Europa reconciliada en paz y democracia. Ese gran hombre deseaba llevar a su propio país hacia un nuevo orden democrático. Polonia fue la primera nación de la región en tomar el camino de la democracia en ese año trascendental. Pronto me convertí en el principal asesor económico foráneo del nuevo gobierno polaco. Una vez más, basándome en Keynes, abogué por el tipo de asistencia internacional que me parecía vital para que Polonia pudiera hacer una transición pacífica y exitosa a un gobierno democrático postcomunista.

Específicamente, apelé a la Casa Blanca, 10 Downing Street, el Palacio del Elíseo y la Cancillería alemana para que proveyeran una asistencia progresista, como un elemento clave en la construcción de una Europa nueva, unida y democrática.

Fueron días embriagadores para mí como asesor económico. Había momentos en los que parecía que mis deseos eran órdenes para la Casa Blanca. Una mañana, en septiembre de 1989, recurrí al gobierno estadounidense para que le diera a Polonia US$1.000 millones para estabilizar la moneda. En la tarde del mismo día, la Casa Blanca confirmó la entrega del dinero. No es chiste: ¡ocho horas entre la solicitud y el resultado!

Convencer a la Casa Blanca de que apoyara una cancelación de las deudas polacas tomó un poco más de tiempo, con negociaciones de alto nivel que se extendieron por cerca de un año, pero al final en eso también tuve éxito.

El resto, como dicen, es historia. Polonia introdujo fuertes medidas de reforma, basadas en parte en las recomendaciones que yo había ayudado a diseñar. EE.UU. y Europa apoyaron esas medidas con ayuda generosa y oportuna. La economía polaca fue restructurada y empezó a crecer, y 15 años después, se convirtió en un miembro de pleno derecho de la Unión Europea.

Ojalá pudiera suspender aquí mi rememoración, con este final feliz.

Pero la historia del final de la Guerra Fría no comprende sólo aciertos de Occidente -como en Polonia- sino también un tremendo desacierto: Rusia.

Para Moscú, Versalles

Mientras que la generosidad estadounidense y europea prevaleció en Polonia, la actitud en el caso de la Rusia postsoviética recuerda mucho más los errores garrafales del Tratado de Versalles. Y hasta el día de hoy estamos pagando las consecuencias.

Mijail Gorbachev
A Gorbachov Occidente no le dio más que sonrisas.

En 1990 y 1991, el gobierno de Gorvachov, habiendo visto los resultados positivos en Polonia, me solicitó que lo asesorara respecto a las reformas económicas. En esa época Rusia enfrentaba el mismo tipo de calamidad financiera que había hundido a Bolivia a mediados de los 80 y a Polonia en 1989.

En la primavera de 1991, trabajé con colegas de la Universidad de Harvard y MIT para ayudarle a Gorvachov a obtener apoyo financiero de Occidente, para poder reformar la política y transformar la economía. No obstante, nuestros esfuerzos fracasaron completamente.

Ese verano, Gorvachov regresó a Moscú de la cumbre del G7 con las manos vacías. A su retorno, una conspiración intentó derrocarlo en el notorio Golpe de Agosto, del que nunca se recuperó políticamente. Cuando Boris Yeltsin ascendió, y la disolución de la Unión Soviética estaba a puertas, su equipo económico nuevamente me pidió asistencia, tanto para lidiar con los desafíos técnicos de la estabilización como en la tarea de obtener la vital ayuda financiera de EE.UU. y Europa.

Golpe de Agosto Rusia
El Golpe de Agosto marcó el fin a los sueños de Gorbachov.

Yo le vaticiné al presidente Yeltsin y a su equipo que esa ayuda llegaría pronto. Después de todo, la asistencia de emergencia para Polonia se organizó en cuestión de horas o semanas. Estaba seguro de que lo mismo sucedería en el caso de la nueva Rusia independiente y democrática. Sin embargo, perplejo y horrorizado, me fui dando cuenta de que no sería igual.

Mientras que a Polonia le habían perdonado las deudas, a Rusia le exigieron que las siguiera pagando. Mientras que a Polonia le habían concedido asistencia financiera generosa y rápida, Rusia recibió visitas de grupos de estudio del FMI pero nada de fondos.

Yo le supliqué a EE.UU. que hiciera más. Apelé a las lecciones de Polonia, pero todo fue en vano. Washington no cedió.

Al final, la maligna crisis financiera rusa aplastó los intentos de reformar y regularizar. El gobierno de Yegor Gaidar cayó en desgracia. Yo renuncié tras dos años duros de tratar de ayudar y lograr muy poco. Unos años más tarde, Vladimir Putin reemplazó a Yeltsin y tomó el timón de la nación rusa.

El botín de los vencedores

A lo largo de esa debacle, los expertos estadounidenses culparon a los reformadores en Rusia en vez de a la cruel negligencia de EE.UU. y Europa.

Los vencedores escriben la historia, dicen, y EE.UU. efectivamente se sentía como el vencedor en la Guerra Fría. Washington por lo tanto quedó libre de toda culpa en lo que se refiere a los percances rusos después de 1991, y eso sigue siendo cierto.

Rusos en Crimea
¿Se pueden entender, aunque no justificar, las acciones de Rusia en Ucrania?

Me tomó 20 años entender bien qué pasó después de 1991. ¿Por qué EE.UU., que se había comportado con tanta sabiduría y visión en Polonia, actuó con una negligencia tan cruel en el caso de Rusia?

Paso a paso, recuerdo tras recuerdo, la verdadera historia salió a la luz.

Occidente había ayudado a Polonia financiera y diplomáticamente porque Polonia se iba a convertir en el baluarte oriental de una OTAN en expansión. Polonia era Occidente, por lo tanto, era digna de ayuda. Rusia, en contraste, era vista por los líderes estadounidenses más o menos de la misma forma en la que Lloyd George y Clemenceau habían considerado a Alemania en Versalles: como un enemigo vencido que merecía ser aplastado, no auxiliado.

En su libro recientemente publicado, el general Wesley Clark, antiguo comandante de la OTAN, relata una conversación que tuvo en 1991 con Paul Wolfowitz, quien era el director de política del Pentágono. Wolfowitz le dijo a Clark que EE.UU. sabía que podía actuar con impunidad en Medio Oriente, y ostensiblemente en otras regiones también, sin la amenaza de la interferencia rusa.

En resumen, EE.UU. podía comportarse como un vencedor y un matón, cosechando los frutos de la victoria en la Guerra Fría de ser necesario a través de guerras. Washington estaría a la cabeza y Moscú sería incapaz de impedirlo.

En un reciente discurso pronunciado en Moscú, Putin describió la conducta de EE.UU. en casi los mismos términos que Wolfowitz.

“La Guerra Fría llegó a su fin”, dijo Putin, “pero no terminó con la firma de un tratado de paz con acuerdos claros y transparentes sobre el respeto de las reglas existentes o la creación de nuevas reglas y estándares. Eso creó la impresión de que los llamados ‘vencedores’ de la Guerra Fría decidieron presionar y moldear al mundo para que satisfaga sus propios intereses y necesidades”.

Putin y Barack Obama
La relación entre Washington y Moscú cada vez parece más fría.

Al hacer estas observaciones, no intento exonerar a Putin de la responsabilidad por los actos de violencia ilegales, cínicos y peligrosos de Rusia en Ucrania. Pero sí trato de ayudar a explicarlos.

1989 proyecta una larga sombra. El permanente deseo de la OTAN, expresado nuevamente hace poco, de añadir a Ucrania a su lista de miembros, y de ese modo posicionarse en la pura frontera rusa, debe considerarse como profundamente provocativo e imprudente.

1914, 1989, 2014. Vivimos en historia.

Arma rusa y silueta de soldado
La sombra de 1919 y 1989 oscurece la realidad actual.

En Ucrania, enfrentamos una Rusia amargada por la expansión de la OTAN y la actitud de EE.UU. desde 1991. En Medio Oriente, enfrentamos las ruinas del Imperio otomano, destruido por la Primera Guerra Mundial, y reemplazado por el cinismo del dominio europeo colonial y las pretensiones imperiales estadounidenses.

Enfrentamos, sobre todo, las alternativas para nuestra época:

¿Usaremos el poder cínicamente y para dominar, convencidos de que territorios, una OTAN de largo alcance, reservas de petróleo y otros botines son la recompensa que nos merecemos? ¿O ejerceremos el poder responsablemente, conscientes de que la generosidad y beneficencia inspiran confianza, prosperidad y las bases para la paz?

En cada generación, hay que elegir de nuevo.

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/12/141218_jeffrey_sachs_problemas_globales_finde_dv

Esta generación no sabe cuándo parar la fiesta

http://www.vice.com/es/read/esta-generacion-no-sabe-cuando-parar-la-fiesta-304

La idea de “vivir para el fin de semana” no es nada nueva. La historia de lo que llamamos “cultura juvenil” no es más que la historia de jóvenes que no son capaces de reconciliar sus rutinas diarias con sus vidas sociales y encuentran consuelo en los rituales ceremoniales del sábado por la noche y en mañanas desperdiciadas en vez de centrarse en sus carreras, en tener hijos, o en cualquier otra cosa. Esta búsqueda consiste en unos años de tomar drogas, pasar vergüenza, pelear y criticar a los “demás” hasta que por fin, poco a poco, nos convertimos en nuestros padres, nos guste o no.

¿Eres de los que pasa los primeros cuatro días mirando Facebook o esperando que se desate la furia en Twitter por la catástrofe moral más reciente, quejándote de dolores de pecho y contando los minutos hasta que dan las 18:00 para ir corriendo al bar más cercano y beberte litros de porquería? No te preocupes, no eres el único desilusionado. La única diferencia es que usas Facebook. La indulgencia sin límites es un problema que ha estado presente durante varias décadas, es una parte inevitable de nuestra condición capitalista tardía, un síntoma de nuestra vida moderna, larga, vacía y sin guerras.

Hay varios artefactos culturales igual de venerados y omnipresentes que reflejan un sentimiento similar, como Fiebre del sábado noche, Quadrophenia y Noches de neón. Es probable que tanto tú como tus amigos os creáis los protagonistas de La radio pirata, es decir, dos chicos que a través de su hedonismo sin límites buscan una verdad más elevada, pero en realidad sólo están yendo por el mismo camino que otras generaciones hacia un tópico cada vez menos ambicioso. Ya no es necesario ser la Christiane F. de tu escuela para ser un desmadre hoy en día. Hasta los niños que leen literatura fantástica en la biblioteca a la hora del recreo lo saben. En esta época, la abstención resulta más transgresora que los excesos.

Foto por Jake Lewis.

El concepto de adolescente ya tiene sesenta años y empieza a quedarse anticuado. Antes se creía que dejarse llevar por esas estúpidas necesidades que te embargan el viernes por la noche era proceso natural y necesario que atraviesan todos los jóvenes. Era una clase de pubertad existencial que desaparecía de sus sistemas una vez que las resacas empezaban a durar días en vez de horas. Pero ahora parece que a la gente se está olvidando de superar esa etapa.

Hoy en día, ya no sólo son adolescentes y estudiantes los que tratan de escapar de la realidad. Ahora son personas que pasan de los veinte y de los treinta, personas que ya deberían saber lo que hacen pero, al parecer, no es así. Son adultos relativamente productivos que no están dispuestos a dejar ir esas noches interminables que pasaban mirando sus propios reflejos borrosos en los baños de algún bar o un antro y que en realidad tampoco encuentran un motivo para dejar de hacerlo. Como yo.

Esta es mi generación, la generación que no tiene motivos para crecer. No tenemos hijos por los que preocuparnos, solo tenemos trabajos que nos dan dinero suficiente para comer, pagar el alquiler y asearnos. Lo único que nos molesta son los gritos de nuestros jefes y las llamadas de nuestras familias preocupadas. Somos un ejército de borrachos primermundistas atrapados en el laberinto escheriano de la inmadurez.

Un amigo me dijo hace poco que hoy en día era imposible crecer porque los treintañeros se comportan igual que los adolescentes. Ver que un adulto compre una mesa de pinball o que use vaqueros para ir al trabajo ya no es nada impactante ni gracioso. Ni aunque este señor tuviera cuarenta años.

El autor y sus amigos, emborrachándose.

No tengo treinta pero tampoco me falta tanto para cumplirlos, y cuando analizo mi vida me doy cuenta de que no ha cambiado mucho desde que tenía 17 años. Si trato de recordar mi verano, lo que veo son escenas de mis amigos y yo vagando por las calles de Londres, tomando latas de cerveza, desentonando canciones de fútbol, tratando de colarnos en fiestas, enviando mensajes a chicas para invitarlas y siendo ignorado por ellas, publicando Vines estúpidos en nuestro grupo secreto de Facebook, drogándonos, escuchando ​Underworld y todo eso mientras llevábamos pantalones de chándal. Me siento como en un refrito de Goodbye Charlie Bright y no tengo idea de cómo escapar.

Aunque no se puede negar que ese comportamiento es catártico y entretenido, en realidad no es la clase de cosas que creí que iba a hacer a mi edad. Cuando era adolescente, creía que a esta edad sería como un personaje de Manhattan, con una vida social ajetreada, refinada con una borrachera ocasional con vino y una retrospectiva al estilo de Ingmar Bergman. No creía que iba a estar casado y con hijos, pero tampoco me imaginé que aún me iban a seguir echando de los clubes nocturnos por usar pantalones cortos.

Seguramente estaréis pensando que tengo “crisis de masculinidad”, “miedo al compromiso”, “crisis de los 25”, o simplemente que “soy un capullo”; si es así, creo que estáis pasando por alto algo que es muy cierto. Tal vez creáis que esta enfermedad solo está presente en Londres y que los Peter Pan que pululan por la ciudad se mudaron aquí con el único propósito de prolongar su adolescencia el mayor tiempo posible. Incluso si tenéis la misma edad y sois mucho más responsables, no podéis negar que este patrón se repite en las ciudades de todos los países. Estoy casi seguro de que esta indiferencia generacional con respecto a la madurez es un problema que presentan varios países y que probablemente esa sea la narrativa que nos defina cuando cuenten nuestra historia. Contarán la historia de cómo los caminos tradicionales de la juventud —tener bebés, comprar una casa y trabajar de sol a sol— se cerraron y nos dejaron atrapados en un estado que solo puede definirse como adolescencia perpetua.

Los padres del autor a sus veintitantos.

Al igual que muchos de mis conocidos, ya soy mayor que mis padres cuando me tuvieron. Eran otros tiempos; tener veintitantos significaba que ya tenías que asumir las responsabilidades que empezaban a llamar a tu puerta, cuando tenías que dejar atrás tu adolescencia para cuidar una versión pequeña y cabezona de ti mismo y regresar a la vida que pausaste años antes con una Vespa modelo Jack Union, o con un Audi TT y salir con un chico veinte años mejor que tú o una novia tailandesa mientras esperas que tu expareja firme el divorcio.

Crecer era mucho más fácil en la época de mis padres. De hecho, era casi imposible no hacerlo; la sociedad te arrastraba, quisieras o no. En esos tiempos sí se tenía la posibilidad de aspirar a una estructura de vida más allá de jugar al FIFA y emborracharte. Era una época en la que la clase trabajadora de cualquier ciudad podía encontrar un buen trabajo incluso sin haber ido a la universidad y con el tiempo podía comprarse una casa, casarse, tener hijos y permitirse todos los lujos que hace de los barrios residenciales el mejor lugar del mundo y el peor al mismo tiempo. Seguramente tardaron más que sus padres en hacerlo y seguro también se divirtieron más, pero no hay que olvidar que, en esa época, la presión por formar una familia era mucho mayor. El estilo de vida tradicional era tan fácil de alcanzar que a menudo la gente lo hacía por error. Por eso la mayor parte de nuestra generación está formada por primogénitos no deseados.

Pero la gente ya no comete esa clase de errores. Cada vez baja más la tasa de natalidad. Según algunos informes, es probable que esta disminución se deba a unos pocos factores, pero entre estos destacan dos en concreto: el precio de la vivienda no es asequible y la economía es inestable, aspectos que últimamente se ha vuelto dependientes uno del otro. Dicho de forma más simple: hay mucho desempleo, hay pocas prestaciones y las casas son demasiado caras. En pocas palabras, el panorama no es muy optimista.

Quizá lo de medir la madurez tomando como referencia el hecho de tener niños o viviendas ha quedado un poco anticuado, pero considerando el hecho de que la economía se basa casi por completo en los precios de la vivienda, es probable que invertir en una propiedad sea la mejor forma de gastar tu dinero en algo productivo en vez de derrocharlo en alquileres no controlados y alcohol. Además, seguramente tener hijos es de las pocas cosas que puedan convencerte de que la fiesta debe terminar.

Foto por Natalie Meziani.

Los dogmas de la edad adulta no son para todo el mundo. Las consecuencias de que la gente no quiera crecer y dejar atrás las fiestas van mas allá de un par de idiotas borrachos arrastrándose a las guarderías de la nostalgia adolescente.

La evidencia de lo que ocurre cuando se le niega la capacidad de crecer a toda una generación está presente en todas partes: se ve en los ejércitos de hombres y mujeres jóvenes a los que sacan a rastras de los clubes con vómito en la ropa y rabia en sus corazones, en los dientes rotos enterrados en los bancos de nuestras plazas, en los millones de jóvenes que todavía viven con sus padres, el alto consumo de cocaína, las noches de R&B en lugares que supuestamente están a la moda y que están llenos de trabajadores cansados y poco capacitados, en el chico que se volvió adicto a los selfiesy en prácticamente todo lo demás que ha llegado a definir nuestra generación incapaz de ordenar su vida.

En lugar de seguir con nuestras vidas, estamos estancados en lo que conocemos porque nos resulta muy difícil buscar algo más. Gastamos la mayor parte de nuestro dinero pagando pisos que no nos gustan; comemos pizzas de supermercado; pasamos el tiempo viendo series estadounidenses nuevas antes de acostarnos y empezar a pensar en nuevas excusas para no ir a trabajar. Durante los fines de semana nos ponemos hasta el culo, como hemos hecho en los últimos diez años, a pesar de que nos deprime, porque es lo único en lo que creemos. Somos los nuevos solteros italianos en proceso de envejecer en nuestras propias versiones mundanas de ​La gran belleza. Somos los nuevos borrachos profesionales, la nueva generación que no sabe qué hacer con su vida ahora que se ve obligada a escoger entre la realidad y los mitos que guiaron a nuestros padres hacia una vida relativamente pacífica y respetable. Cuando no hay un mito que te guíe, ¿dónde te refugias cuando la resaca y los bajones te exigen regresar un poco a la normalidad?

Foto por Nicholas Pomeroy.

Si queremos tener más opciones aparte del dilema de “emigra o retírate”, debemos buscar nuevas formas de adaptarnos al mundo en el que desgraciadamente nos tocó vivir. Son tiempos difíciles y la situación es dura, pero quizá es momento de intentar algo más aparte de seguir la fiesta hasta el amanecer en el olvido de la mediana edad. Seguramente nos recordarán por la mefedrona, por ser los que bailaban shuffle y por la agresividad con que respondíamos a los comediantes de Vine, pero lo mejor que podríamos hacer es dejar de preocuparnos por eso y simplemente tratar de encontrar nuestro propio camino para salir de este purgatorio de embriaguez.

Buscar una forma de vida alternativa no significa que tengamos que aprender artes escénicas ni mudarnos a una granja ecológica. No vivir en la capital no significa que estemos renunciando a nuestras vidas. Necesitamos hacer algo más que se aleje del esquema de “alquilar un piso en una zona bonita y tratar de sobrevivir” que nos han vendido. Si no, vamos a seguir regalando nuestro dinero a una utopía de escoria conservadora.

Decimos que odiamos al sistema que nos hizo de este modo y al mismo tiempo anhelamos formar parte de él. Tal vez es mejor ser joven en un mundo nuevo que viejo en un mundo que ya todos conocemos muy bien. Joder, creo que estamos a punto de convivir con el primer lote de nietos de la escena acid house. Creo que es momento de buscar una nueva forma de crecer.

 

El AVE Madrid-Barcelona tendrá un vagón sin catalanes

VIAJAR EN ÉL ES MÁS CARO, LO CUAL AHUYENTA A LOS PASAJEROS DE ESTA COMUNIDAD

Renfe ha inaugurado esta mañana el primer coche libre de catalanes en el trayecto del AVE Madrid-Barcelona.

La compañía ferroviaria pretende “garantizar una zona ajena a los debates territoriales y que dé opciones a los viajeros que no quieren participar en las torres humanas que algunos pasajeros se empeñan en organizar en pleno trayecto”. La empresa justifica asimismo el nuevo servicio amparándose en las numerosas quejas de pasajeros madrileños que eran acusados sistemáticamente de quedarse con todos los auriculares.

Los grupos de sardanistas que atraviesan bailando todo el tren desde la zona Club hasta el último coche de la clase turista tendrán también vetada la entrada en estos vagones, prohibición que la Federació Sardanista de Catalunya ha tildado de “‘pocasoltada’ y grave atentado contra la libertad de expresión”.

Renfe reconoce que “ciertos artículos de la Constitución no permiten ser muy estrictos con la segregación de viajeros”, motivo por el cual se ha implementado una “tarifa disuasoria” para estos vagones que, con un precio un poco más elevado, ahuyentarán a los catalanes sin necesidad de imponer barreras físicas.

“Y a los andaluces que se pasan todo el trayecto en la cafetería mientras nosotros les pagamos las consumiciones no les dicen nada”, lamentaba un viajero catalán que agitaba con violencia su barretina en señal de protesta.

Renfe no descarta inaugurar el próximo mes de enero un vagón sin gilipollas con traje y gomina que se pasan todo el viaje rellenando absurdas hojas de Excel en sus portátiles de mierda.

http://www.elmundotoday.com/2014/12/el-ave-madrid-barcelona-tendra-un-vagon-sin-catalanes/

Más argumentos contra la renta básica.

Roberto Arranz

La renta básica es una de las políticas públicas más reconocidas actualmente. Con una pobreza relativa situada en el 21,6% y un desempleo de 5.4 millones de personas, que se ceba especialmente con los jóvenes y con los que no tienen formación, muchos ven en la renta para todos el maná que nos salvará. El argumento es sencillo: si el Estado garantiza una renta nadie padecerá la pobreza ni la exclusión social en crisis económicas y se acabará con la desigualdad. ¿Se acabará con la desigualdad y la pobreza?

Surgieron en el debate político miles de críticas hacia la renta básica que han condicionado la acción política del partido que la propuso. Tanto es así, que, a medida que avanzan las críticas, la propuesta se va diluyendo más y más hacia una renta de inserción, renta que ya existe en la mayoría de comunidades autónomas.

La mayoría de las críticas van en…

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