La rebeldía en un instituto de secundaria, vista desde dentro

Leer más: http://www.lavanguardia.com/ciudadanos/noticias/20090531/53714506381/la-rebeldia-en-un-instituto-de-secundaria-vista-desde-dentro.html#ixzz2JNAUjZ2O

‘La Vanguardia’ constata los conflictos en un instituto de enseñanza secundaria obligatoria

Cuando se cierra la puerta de la clase, la dirección del centro, las estadísticas y la lectura que de ellas se hace se quedan fuera. Dentro sólo está el profesor (con más o menos vocación, empatía y autoridad, y algunas veces con miedo) y los alumnos (los buenos, los malos, los aplicados, los pasotas…). Los padres no están ahí, pero su papel o la falta de él se palpa. Y lo que ocurre dentro de la clase, donde emergen problemas reales de la educación de secundaria (de 12 a 16 años) que no suelen trascender más allá de los muros de la escuela. La Vanguardia ha entrado en uno de los institutos públicos donde día a día se dirimen situaciones conflictivas, por la indisciplina de los alumnos, por la despreocupación de los padres… De sus 98 docentes, 50 han pedido el traslado. Así es una jornada en este centro.

8.30
“¿Pero… alguien ha hecho los deberes?”
Marta, profesora de matemáticas, se cruza en la calle con tres alumnos de cuarto de ESO apoyados en la verja del instituto sin ninguna intención de entrar a clase. “Pero ¿qué hacéis aquí?”. Por respuesta, unas risillas y comentarios varios más la guindilla de Carlos: “A lamierda el instituto”. Marta, imperturbable: “Venga. A clase, que va a sonar el timbre”, y se va. Ellos cogen sus mochilas y, aunque sin ninguna prisa, cruzan la puerta. Marta comienza la semana con un grupo de cuarto de ESO. Se juegan el título y el paso a bachillerato – aunque la mayoría hará ciclos formativos – y sólo faltan dos semanas para acabar el curso. Debería haber una docena de alumnos en la clase pero son seis. La profe – lo de seño suena cursi y caducado – pasa lista y pregunta quién ha hecho los deberes. No. No. No. No… ¿Y Daniel? “Está expulsado, que se durmió en clase…”. Risas. La única alumna que ha hecho el trabajo en casa sale a la pizarra a copiar ejercicios de funciones. Un alumno se levanta. Otro le da un papel. Marta: “¿Qué haces?”. “Por una semana que me falta no voy a comprar una libreta…”. Alguien golpea la puerta y entra. Son las 8.46 horas. “Me he dormido”.

9.30
“¡Me la suda si me echas y voy a quejarme a dirección!

Hoy Marta no tiene clase a segunda hora y aprovecha para poner al día los comunicados de amonestaciones de sus alumnos. Tres amonestaciones suponen una expulsión de tres días (o una impulsión – ir al centro a estudiar – durante cuatro tardes), y tres expulsiones, un expediente disciplinario. El tutor y la dirección son quienes deciden. En el formulario puso que la falta es “muy, muy grave y motivo necesario y suficiente de expulsión directa”. Marta escribió detrás de la hoja las razones: “Durante la clase el alumno X (de segundo de ESO) no trabaja, ni quiere trabajar desde hace semanas. Hace ver que escupe a los compañeros y luego se dedica a pintar con el boli el jersey de otro alumno. Le digo que retire su silla y su mesa hasta el final del aula. Me contesta que le van a dar con la puerta y le digo que me da igual. Contestación del alumno (de 16 años): “A ver si te peto…”. Y luego: “¿A que te petan? Bueno, tú ya estás muy petada…”. Marta le dice que tiene una amonestación y el chico grita: “Me la suda y voy a bajar a dirección a quejarme”. El chaval cumple su amenaza y baja muy nervioso. Le explica a gritos lo ocurrido al jefe de estudios: “¡Estoy harto de esta profesora! ¡Me está tocando las pelotas!”. Jordi se muestra comprensivo y le dice con muy buenas palabras que se calme. Cuando Marta acaba la clase explica su versión a Jordi. Horas después, el jefe de estudios del instituto pide a la profesora que lo hablen los tres juntos. “Yo no tengo que darle más explicaciones a este alumno”, opina Marta. Tiene clarísimo que el chico se ha pasado de la raya, pero que le expulsen o no, depende ahora de la dirección del centro. Otro docente comenta: “Si la dirección no es estricta en estos casos, ¿qué arma nos queda a los profesores?”. Marta hace fotocopias de esta amonestación y otras tres de la semana pasada: una para dirección, una para ella y otra para los padres del chaval. A las 10.20 horas se cruza en el pasillo con seis alumnos. Deberían estar en clase hasta que sonara el timbre, pero los han dejado salir. Uno de los alumnos, de 19 años, tiene un expediente abierto y está expulsado. No puede estar en el instituto, pero nadie le dice nada.

10.30

“¿Cómo se llaman dos rectas que se cortan?”
“Imparalelas” Tercera hora. Cuarto curso. En este instituto, como en la mayoría en Catalunya –más del 60% de los centros según un estudio de la Fundación Bofill–, agrupan a los alumnos por niveles. Una medida alegal y muy criticada por algunos pedagogos que defienden la integración de todos los alumnos. Pero aquí no se teoriza, hay que dar clase. “¿Qué vas a hacer? ¿Dejar que unos cuantos que no tienen ningún tipo de interés impidan hacer la clase?”, se pregunta un docente. En cuarto curso, por ejemplo, hay cinco líneas (de bueno a malo, de 4.ºA a 4.ºE) y en las asignaturas troncales (matemáticas, catalán y castellano) se agrupan en siete grupos AB (bueno, medio y bajo), CD (bueno, medio y bajo) y 4.º E, un grupo adaptado donde todos son inmigrantes. Marta entra en un grupo de 4.º CD medio (cuatro chicos y una chica magrebí, la única que atiende durante toda la hora y laúnica que tiene los quince años que tocan, el resto son repetidores). “Tengo hambre, ¿puedo comer?”, dice Carlos, el chico que mandó a la mierda el instituto a primera hora de la mañana. Está a punto de cumplir los 18. Carlos estuvo expulsado tres días. Piensa en voz alta y todo lo comenta. Todos menos él han hecho los deberes. Uno sale a la pizarra. El “Carlos, cállate” suena una y otra vez. Mientras corrigen los ejercicios y entre las explicaciones de la profesora – van más avanzados en el temario los alumnos del grupo “bueno” de 3. º que estos de 4. º – los chavales hacen comentarios: “La Sonia – otra profesora-está muy pesá”,dice uno. Otro habla del Barça (faltan dos días para Roma). Hacen funciones. “A ver – dice Marta-,dos rectas que se cruzan. ¿Cómo se llaman?”. “¡Imparalelas!”, “¡Rectas chocadas!” “¡Rectas en equis!”. “Ni una… lo buscáis para mañana… ¿Alguien sabe cómo se llama el punto en que se cruzan?” “¡Punto G!”. Sermón y a continuar.

Carlos está haciendo los ejercicios en su libreta, pero dice que se aburre. “Veo mucha chulería hoy en esta clase”, dice la profesora. “Oye, sí, y a mí no se me quita”, le contesta Carlos. A la cuarta vez de “me aburro”, Marta le advierte: lo echará de clase. “Pues échame”. “Tienes suficientes amonestaciones como para que te expulsen”, le recuerda la profesora. “A la mierda la clase, tendrán que venir cinco profes para que me vaya”. Marta empieza a sacar el papel de la amonestación y pide a otro alumno que vaya a buscar al profesor de guardia. Cuando este entra en la clase, le dice con tranquilidad a Carlos que se vaya. Pero no quiere. Marta advierte que le abrirán expediente y que tiene que irse. El profesor de guardia le insiste en que será mejor por las buenas. Y entonces, Carlos se pone a llorar. “¿Otro expediente?”, susurra. Finalmente se levanta. El profesor de guardia cierra la puerta. Acto seguido, risas en la clase. “Si te pones chulo, te vas chulo”, dice uno. “Tanto vacilar y luego va y se pone a llorar – más risas-,pero me da pena”. Y Marta: “¡Ah! Te da pena… ¿Y yo? ¿Yo no te doy pena?”. “Usted no, profe, porque tiene poder”, dice otro con el puño en alto.

11.30
“Estamos bajando el nivel una barbaridad”

Media hora de patio. Un grupo de profesores coinciden en la sala donde hay la máquina de cafés. “Hoy un alumno (de un grupo bueno) me ha dicho que por qué tiene que estudiar y esforzarse más que su amigo (del mismo curso pero en un grupo más flojo)”, dice un profesor. Otro expone su teoría: “Debería haber dos títulos de la ESO distintos, uno de graduado para los alumnos que demuestran que han adquirido los conocimientos y otro que certifique sólo la asistencia”.

Los alumnos con problemas, de conducta principalmente, acaparan las energías y la mayor parte del tiempo de los profesores. En el aula y fuera de ella. “¿Y qué pasa con el derecho de los que sí quieren aprender o que serían mejores estudiantes si otros no distorsionaran el grupo?”, se pregunta otro. Al profesor de ciencias experimentales le preocupa que algunos de sus alumnos de bachillerato no sepan resolver una ecuación de segundo grado: “¿Cómo pudieron pasar de curso? Estamos bajando el nivel una barbaridad porque si no, aquí no aprobaría casi nadie”, opina. Otro es más contundente: “Estamos regalando el título, pero es que si no aprueban la ESO, no van a poder hacer nada…”.

12
“Hay profesores que entran con miedo a clase”

A un profesor le tiraron una mesa. A otras las han amenazado con grabarlas con el móvil y colgarlas en internet. Insultos y desafíos a diario. Por norma general, en el aula, los alumnos hacen comentarios, preguntan a cada momento interrumpiendo. Arrastran las sillas. Cuando suena el timbre, se levantan y entran otros en la clase. “Ellos saben con quién pueden pasarse y con quién no, los profesores no sólo enseñamos, también educamos y tenemos que ponerles límites constantemente”, dice Silvia, profesora de sociales, mientras recorre el pasillo. Otros, como Rafael, opinan que “la educación se trae de casa. Aquí se viene a aprender”. Ahora a Silvia le toca guardia. Eso implica sustituir al profesor que no ha venido. “Algunos profesores tienen miedo, no saben imponerse y tampoco tienen empatía con los alumnos, hay que encontrar un punto medio para no perder el control de la clase”, añade. Ella no ha tenido problemas, aunque a menudo se deja la voz en el aula y es de los que siempre se prestan voluntarios para acompañar a los chicos de excursión o de colonias. ¿La vocación era eso? “Otra cosa importante y que se nota al momento: los padres que se implican y que responden cuando les llamas; entonces se pueden resolver problemas. Pero a menudo, los hijos también pueden con sus padres”, lamenta. Hace poco se constituyó la Asociación de Madres y Padres de este IES (de 700 alumnos incluidos ciclos formativos). No se apuntaron ni una docena.

13
Aula abierta, la enésima oportunidad

Alba es profesora de matemáticas, pero ejerce de tutora del aula abierta, antes para alumnos “conductuales”; ahora, oficialmente, para grupos “de diversificación curricular”. Al aula abierta van los alumnos que fallan constantemente a clase, “que tienen un bajo ritmo de aprendizaje, sin perspectivas de futuro y con poco apoyo familiar”. La comisión de atención a la diversidad decide los alumnos que dejan el itinerario “normal” para continuar sus “estudios” en el aula abierta. Una psicopedagoga (hay dos en el equipo directivo de este instituto de secundaria) coordina esta aula, que para otros es la prueba tangible de que el sistema educativo no funciona. Alba es la tutora. y está contenta porque ha conseguido que los cinco alumnos (deberían ser ocho, pero a estas alturas de curso ya no aparecen por la clase) quizás no saben resolver una división de tres cifras (tienen casi 16 años), pero pueden estar ahora diez minutos centrados en una tarea. “Y eso es un gran logro; muchos de los profesores que han tenido – todos han repetido en más de dos ocasiones o han sido expulsados de otros institutos-no se lo creerían”.

 

ESTO VIENE A CUENTO PARA RECORDAR QUE HASTA QUE UN PROFESOR NO DECIDE QUE SE ACABA SU CLASE (SIEMPRE QUE DESPUÉS NO HAYA OTRA CLASE) ESTA NO SE ACABA. Y DESDE LUEGO ESO LO DECIDE EL PROFESOR NO UN ALUMNO. ¿EN QUÉ EMPRESA SE HA VISTO QUE UN EMPLEADO LE DIGA A SU JEFE LO QUE TIENE QUE HACER? Y MENOS EN BACHILLERATO, EDUCACIÓN NO OBLIGATORIA.

Anuncios

Cómo restaurar el sistema

¿Qué es restaurar sistema?

Es una medida de seguridad que permite restaurar Windows a las condiciones en que estaba en un momento anterior. Una especie de viaje en el tiempo hacia el pasado.

Resulta útil cuando la instalación de un programa o un driver provoca fallos o vuelve a Windows inestable. Regresar al punto anterior en que se instaló ese programa o driver puede resolver el problema.

Restaurar el sistema sólo afecta a programas o a archivos y configuraciones de Windows. Nunca elimina ni modifica tus carpetas o archivos personales, o tus contactos o mensajes de e-mail.

Antes de restaurar el sistema

La restauración del sistema desinstala TODOS los programas que hayas podido instalar entre el momento actual y el punto al que regresas. También los drivers que puedas haber actualizado. Eso incluye programas y drivers que no causen ningún fallo y que tendrías que reinstalar tras la restauración.

Conviene intentar resolver el problema de algún otro modo antes de probar a restaurar el sistema:

Desinstalar el programa que provoca el fallo. Si los problemas empezaron tras instalar un programa, es probable que sea el culpable. Prueba a desinstalarlo.
Actualizar el driver problemático. Que los fallos empiecen después de instalar un driver puede significar que el problema esté ahí. Si lo que ha provocado el fallo es su actualización, prueba a recuperar el driver anterior. Reinstalará el que hubiera antes.
Crear un punto de restauración del sistema

Los puntos de restauración son los momentos a los que Windows puede regresar con la restauración del sistema. Se crean por sí solos en ciertos casos, pero también puedes crearlos tú. Por ejemplo justo ANTES de instalar un programa o driver.

No confundas los puntos de restauración con una copia de seguridad. Ésta crea un duplicado de tu PC, que incluye todos tus archivos personales, e-mails o contactos y te permite recuperarlos. El punto de restauración NO guarda nada de eso.

(Ve la imagen de arriba)

Puntos de restauración en Windows 7
Entra en el menú Inicio y escribe “crear un punto de restauración” en el campo de búsqueda. Luego haz clic en el enlace que se llama igual en la lista de resultados.
Pulsa el botón Crear. Escribe un nombre para el punto de restauración. Intenta que sea descriptivo. Si tienes que volver a él te será útil saber a qué momento se refiere. Haz clic en Crear.
Cierra el mensaje de aviso que te dice que el punto se ha creado. Y también la ventana de Propiedades del sistema.
Puntos de restauración en XP
Entra en:

Inicio -> Todos los programas -> Accesorios -> Herramientas del sistema -> Restaurar sistema
Pincha en la casilla Crear punto de restauración y luego pulsa Siguiente.
Escribe un nombre descriptivo para el punto de restauración y pulsa el botón Crear. Cierra la ventana que te indica que el punto se ha creado.
Puntos de restauración en Windows Vista
En el campo de búsqueda del menú Inicio escribe “restaurar sistema”. Luego haz clic en el enlace con ese nombre que debe salirte en la lista de resultados. Confirma que quieres continuar en el aviso de seguridad.
Pincha en el enlace abra protección del sistema.
Pulsa el botón Crear, abajo a la derecha. Elige un nombre para el punto de restauración y haz clic en Crear. Cuando termine, cierra todas las ventanas y avisos que tengan que ver con restaurar el sistema.

Restaura el sistema en Windows Vista

Cierra cualquier programa que puedas tener abierto. Si tu PC es un laptop conéctalo a la electricidad. Entra en Inicio, escribe “restaurar sistema” en el campo de búsqueda y haz clic en ese enlace en los resultados. Confirma el aviso de seguridad.
Si es la primera vez que usas Restaurar sistema, pulsa Siguiente en la ventana. Si no, Pincha Elegir otro punto de restauración antes de hacerlo (ve la imagen).

NOTA: La opción Deshacer Restaurar sistema sólo está disponible si ya has restaurado antes tu PC. Deshace los efectos de la última restauración hecha. Úsala si no ha corrido bien.
Haz clic en Mostrar puntos de restauración con antigüedad superior a 5 días. Elige el que quieras en la lista haciendo clic en él. Avanza con Siguiente.
Verifica que el punto seleccionado es el que quieres antes de pulsar Finalizar. Confirma con Sí que empiece la restauración. El PC se reiniciará. Espera a que salga el mensaje de que se ha completado antes de hacer nada más o apagarlo.

http://windowsespanol.about.com/od/SeguridadEnWindows/ss/Restaurar-Sistema.htm

España se ha permitido el lujo de tirar cerebros a la basura durante siglos, lo que equivale a un crimen histórico contra la inteligencia

Ningún cerebro humano es mejor que otro al nacer, en cualquier rincón del mundo. El cerebro es, sin duda, la principal fuente de riqueza, la única energía realmente sostenible, renovable e inagotable. España se ha permitido el lujo de tirar cerebros a la basura durante siglos, lo que equivale a un crimen histórico contra la inteligencia, el mismo delito que se comete hoy cuando se recorta el presupuesto de educación. Recuerdo a algunos compañeros de escuela en el pueblo, cuyo talento fue desperdiciado por la pobreza y la incuria de la posguerra. Eran inteligentes, despiertos, ávidos por aprender. Pudieron haber sido ingenieros, médicos, científicos. A varias generaciones de niños como aquellos con los que yo jugaba en el recreo, la España negra solo les dejó las manos para trabajar. En pleno franquismo tres millones tuvieron que irse de peones a Europa. Sucedió lo mismo cuando en plena fiebre del ladrillo España se vio inundada por oleadas de inmigrantes. Nuestro territorio se hallaba situado en el lugar geográfico ideal: a solo 11 kilómetros de África, con la ventaja del mismo idioma para los latinoamericanos y un sol de invierno radiante contra el frío de los países del Este y encima en este caso tampoco se requería ninguna preparación, ninguna ciencia, solo las manos para subir al andamio, servir copas, recoger fruta y limpiar retretes. El desprecio de nuestro país por la inteligencia ha producido varias diásporas. En el siglo XV los cristianos expulsaron a los judíos; la Inquisición llevó a la hoguera o metió en las mazmorras a quienes se atrevían a investigar. Los sucesivos espadones del siglo XIX llenaron Francia e Inglaterra de liberales españoles que huyeron para salvar el pellejo, entre ellos Goya y Blanco White, pero eso no fue nada si se compara con el medio millón de republicanos que fueron brutalmente condenados al exilio al final de la Guerra Civil junto con nuestros mejores intelectuales, escritores y científicos. Ahora llega la última diáspora. La desidia y el desprecio por la inteligencia están produciendo una fuga de cerebros. Jóvenes científicos, biólogos, ingenieros, tenazmente preparados aquí, cuya energía intelectual es la única fuerza genuina para salir de la crisis, se van fuera a dar sus frutos. La maldición de siempre.

Cómo analizar tu excremento

Defecar es una parte importante en la vida de todas las personas, pero por lo general la gente evita hablar de ello para no avergonzarse y evitar situaciones incomodas. Aunque hablar de excremento o de defecar es divertido, también tiene una funciona muy importante para tu salud. Tus heces son una fuente importante de información sobre la salud de tu cuerpo y sobre todo de tu sistema digestivo. Puede parecer antihigiénico ponerte a examinar tus heces después de defecar, pero es un pequeño precio que tenemos que pagar si queremos obtener información que puede salvarnos o prevenir alguna enfermedad.

1Determina las veces que vas a defecar. Una persona con un sistema digestivo saludable elimina heces de 1 a 3 veces al día. Muchas personas piensan que lo más normal es ir a defecar de 2 a 4 veces por semana, pero están mal, esto puede ser señal de estreñimiento; sin embargo, ten cuidado si vas mas de 3 veces al día ya que puedes tener algo de diarrea.

2Estudia el color de tus heces. El color ideal del excremento para un intestino saludable es entre café claro y oscuro. Si tus heces son de color negro, posiblemente tengas un sangrado en el sistema digestivo. Si son de color pálido, gris o amarillo es una señal de problemas en el hígado o la vesícula biliar.
Ten en cuenta que el color de tus heces puede variar por tu alimentación. Algunos alimentos pueden hacer que el excremento se vea pálido o de colores más oscuros; si no puedes determinar si el color de las heces cambia por tu alimentación, entonces visita al médico lo más pronto posible.
3Estudia la forma de tus heces. Si tus heces tiene forma de plátano, es señal de que estas saludable. Pero si tus heces son muy delgadas, significa que tienes un problema en el conducto de evacuación (recto).
4Estudia el grosor de tus heces. Un sistema digestivo saludable, va a producir heces pequeñas que van a salir sin problema y sin hacerte daño. Si tu excremento es muy largo y te duele cuando evacuas, puedes ser que seas intolerante a la lactosa y otros productos derivados (como quesos).
5Estudia la longitud de tus heces. Si tu excremento es pequeño y en bolitas, puede ser un problema con el hígado o vesícula biliar. En algunos casos hacer heces pequeñas puede significar una falta en de enzimas en el tracto digestivo. No te preocupes si el tamaño de tus heces es más grande de lo normal, mientras no te cause molestias todo esta bien.
6Estudia la consistencia de tus heces. Un sistema digestivo saludable va a hacer heces firmes y bien formadas. Si tu excremento es muy liquido o aguado, puede significar que tengas una infección o bacteria en sistema digestivo. Si tus heces son muy duras, significa que estas estreñido.
Si llegas a defecar y notas que tus heces son muy liquidas, con grasa y rastros de comida y que dejaste una capa de excremento en toda la taza, significa que no estas absorbiendo los nutrientes de los alimentos y que tienes inflamado el páncreas.
7Determina el olor de tus heces. Sabemos que oler tu excremento no es algo muy placentero, pero si tienes un sistema digestivo saludable el olor de tu excremento no será un problema. Si tus heces tiene un olor muy fuerte puede significar que tengas una toxina en el sistema digestivo o es el resultado de una dieta nada nutritiva.
Si tienes síntomas de diarrea, tus heces tienen mal olor y duras más de dos días con los síntomas, visita al médico inmediatamente.

Haz uso de todos tus sentidos al momento de analizar tu excremento. Desde el olfato para el olor del excremento, hasta el auditivo para calcular la densidad del excremento al caer al agua.
Usa unos guantes de látex para agarrar el excremento y analizarlo. Mete un poco de excremento en un recipiente, en caso de que necesites llevarle una muestra al médico. Es bueno que tomes mucha agua (te mantiene hidratado) para mejorar la consistencia de tus heces.

http://es.wikihow.com/analizar-tu-excremento

"Sí, soy un inculto, pero gano mucho más que tú. ¿Qué pasa? ¿Eh?"

RETRATO PERFECTO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2013/01/27/si-soy-un-inculto-pero-gano-mucho-mas-que-tu-que-pasa-eh-113627/

UNOS APUNTES:

“Yo a mi hija ya le he dicho que se haga cantaora o algo, que canta muy bien. Sal en la tele”. El que habla es Mané, que tiene un bar donde, a veces, por las tardes, se juntan unos amigos a tocar flamenco. “Yo esos de los libros, a los que van de culturales, me descojono”, dice. “Llevo diez años con el negocio y no he visto ni uno que tenga para pagarse los cafés. ¿Qué le dices a tu gente? ¿Qué sean como ellos? Venga hombre. Mucha facha y nada más. A mí, esos de los libros, negocio me hacen poco”.

En el pasado reciente, explica Manuel Cruz, la gente que no era culta se avergonzaba de no serlo, mientras que hoy, en un giro completo, vemos cómo “la gente alardea de su incultura, añadiendo incluso a su actitud de desprecio expresiones chulescas del tipo ‘¿Qué pasa? ¿Eh? ¿Pasa algo?’. Antes, ser culto estaba asociado a las clases sociales más pudientes. Hoy no. La gente te dice ‘No soy culto, no sé nada pero me gano la vida mucho mejor qué tú’. Y es un mensaje que se lanza masivamente. Son actitudes que ves en televisión con mucha frecuencia. Nos hemos acostumbrado al analfabetismo, incluso al más desatado, y parece que da igual”.

Coincide Luis, nombre ficticio de un editor madrileño, para quien la crisis de la cultura tiene que ver con una sociedad en la que quien ponía un ladrillo encima de otro ganaba un montón de dinero, y en la que no era necesarios formarse para tener un buen sueldo. “Era gente que vivía muy bien y que se reía de quienes iban a la universidad, pasaban años estudiando y se esforzaban, además, por adquirir cierta cultura. En el pasado, eran personas que se acomplejaban al encontrarse con quienes tenían formación. Últimamente ocurría todo lo contrario. Pero con la crisis tienen que haber aprendido la lección, porque ahora, quienes no poseen estudios, tienen mucho menos trabajo que quienes cuentan con un título universitario, estudios de posgrado y una cultura sólida. Harían bien en volver a acomplejarse…”.

Sin embargo, el problema de fondo no tiene que ver con el elitismo, con una divulgación inadecuada o con la petulancia de tipos que miran por encima del hombro a los demás, sino con la desaparición del suelo público de la idea de la cultura como algo que tiene gran utilidad por encima de su conversión en rentas económicas o simbólicas. Como afirmaba Marta Sanz, la cultura ayuda a que abramos los ojos, o como aseguraba Cruz, nos enseña grandes lecciones acerca de nosotros mismos y de nuestro mundo. Si esos elementos no importan, todo queda reducido a rentabilidades o experiencias.

Q.E.D.

Quod erat demonstrandum es una locución latina que significa ‘lo que se quería demostrar’ y se abrevia QED. Tiene su origen en la frase griega ὅπερ ἔδει δεῖξαι (hóper édei deĩxai), que usaban muchos matemáticos antiguos, incluyendo a Euclides1 y Arquímedes, al final de las demostraciones o pruebas matemáticas para señalar que habían alcanzado el resultado requerido para la prueba.

Algunos hispanohablantes creen que QED es el acrónimo de ‘queda entonces demostrado’ o ‘queda estrictamente demostrado’.

Hoy en día el uso de la sigla QED al final de las demostraciones matemáticas no es tan frecuente como lo fue en siglos pasados. Actualmente, y en especial en los documentos escritos en computadora, es frecuente el uso de símbolos como el cuadrado relleno (∎) llamado por algunos el «símbolo de Halmos» en honor a Paul Halmos, quien fue pionero en su utilización. A veces también se usa un cuadrado vacío (□), o dos barras de división (//). Alternativamente, en lugar de utilizar símbolos, se escribe la palabra completa «demostrado», o el acrónimo español LQQD (‘lo que queríamos demostrar’). Otra posibilidad es la de finalizar las demostraciones con el acrónimo español CQD (‘como queríamos demostrar’ o ‘como queda demostrado’).