La rebeldía en un instituto de secundaria, vista desde dentro

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‘La Vanguardia’ constata los conflictos en un instituto de enseñanza secundaria obligatoria

Cuando se cierra la puerta de la clase, la dirección del centro, las estadísticas y la lectura que de ellas se hace se quedan fuera. Dentro sólo está el profesor (con más o menos vocación, empatía y autoridad, y algunas veces con miedo) y los alumnos (los buenos, los malos, los aplicados, los pasotas…). Los padres no están ahí, pero su papel o la falta de él se palpa. Y lo que ocurre dentro de la clase, donde emergen problemas reales de la educación de secundaria (de 12 a 16 años) que no suelen trascender más allá de los muros de la escuela. La Vanguardia ha entrado en uno de los institutos públicos donde día a día se dirimen situaciones conflictivas, por la indisciplina de los alumnos, por la despreocupación de los padres… De sus 98 docentes, 50 han pedido el traslado. Así es una jornada en este centro.

8.30
“¿Pero… alguien ha hecho los deberes?”
Marta, profesora de matemáticas, se cruza en la calle con tres alumnos de cuarto de ESO apoyados en la verja del instituto sin ninguna intención de entrar a clase. “Pero ¿qué hacéis aquí?”. Por respuesta, unas risillas y comentarios varios más la guindilla de Carlos: “A lamierda el instituto”. Marta, imperturbable: “Venga. A clase, que va a sonar el timbre”, y se va. Ellos cogen sus mochilas y, aunque sin ninguna prisa, cruzan la puerta. Marta comienza la semana con un grupo de cuarto de ESO. Se juegan el título y el paso a bachillerato – aunque la mayoría hará ciclos formativos – y sólo faltan dos semanas para acabar el curso. Debería haber una docena de alumnos en la clase pero son seis. La profe – lo de seño suena cursi y caducado – pasa lista y pregunta quién ha hecho los deberes. No. No. No. No… ¿Y Daniel? “Está expulsado, que se durmió en clase…”. Risas. La única alumna que ha hecho el trabajo en casa sale a la pizarra a copiar ejercicios de funciones. Un alumno se levanta. Otro le da un papel. Marta: “¿Qué haces?”. “Por una semana que me falta no voy a comprar una libreta…”. Alguien golpea la puerta y entra. Son las 8.46 horas. “Me he dormido”.

9.30
“¡Me la suda si me echas y voy a quejarme a dirección!

Hoy Marta no tiene clase a segunda hora y aprovecha para poner al día los comunicados de amonestaciones de sus alumnos. Tres amonestaciones suponen una expulsión de tres días (o una impulsión – ir al centro a estudiar – durante cuatro tardes), y tres expulsiones, un expediente disciplinario. El tutor y la dirección son quienes deciden. En el formulario puso que la falta es “muy, muy grave y motivo necesario y suficiente de expulsión directa”. Marta escribió detrás de la hoja las razones: “Durante la clase el alumno X (de segundo de ESO) no trabaja, ni quiere trabajar desde hace semanas. Hace ver que escupe a los compañeros y luego se dedica a pintar con el boli el jersey de otro alumno. Le digo que retire su silla y su mesa hasta el final del aula. Me contesta que le van a dar con la puerta y le digo que me da igual. Contestación del alumno (de 16 años): “A ver si te peto…”. Y luego: “¿A que te petan? Bueno, tú ya estás muy petada…”. Marta le dice que tiene una amonestación y el chico grita: “Me la suda y voy a bajar a dirección a quejarme”. El chaval cumple su amenaza y baja muy nervioso. Le explica a gritos lo ocurrido al jefe de estudios: “¡Estoy harto de esta profesora! ¡Me está tocando las pelotas!”. Jordi se muestra comprensivo y le dice con muy buenas palabras que se calme. Cuando Marta acaba la clase explica su versión a Jordi. Horas después, el jefe de estudios del instituto pide a la profesora que lo hablen los tres juntos. “Yo no tengo que darle más explicaciones a este alumno”, opina Marta. Tiene clarísimo que el chico se ha pasado de la raya, pero que le expulsen o no, depende ahora de la dirección del centro. Otro docente comenta: “Si la dirección no es estricta en estos casos, ¿qué arma nos queda a los profesores?”. Marta hace fotocopias de esta amonestación y otras tres de la semana pasada: una para dirección, una para ella y otra para los padres del chaval. A las 10.20 horas se cruza en el pasillo con seis alumnos. Deberían estar en clase hasta que sonara el timbre, pero los han dejado salir. Uno de los alumnos, de 19 años, tiene un expediente abierto y está expulsado. No puede estar en el instituto, pero nadie le dice nada.

10.30

“¿Cómo se llaman dos rectas que se cortan?”
“Imparalelas” Tercera hora. Cuarto curso. En este instituto, como en la mayoría en Catalunya –más del 60% de los centros según un estudio de la Fundación Bofill–, agrupan a los alumnos por niveles. Una medida alegal y muy criticada por algunos pedagogos que defienden la integración de todos los alumnos. Pero aquí no se teoriza, hay que dar clase. “¿Qué vas a hacer? ¿Dejar que unos cuantos que no tienen ningún tipo de interés impidan hacer la clase?”, se pregunta un docente. En cuarto curso, por ejemplo, hay cinco líneas (de bueno a malo, de 4.ºA a 4.ºE) y en las asignaturas troncales (matemáticas, catalán y castellano) se agrupan en siete grupos AB (bueno, medio y bajo), CD (bueno, medio y bajo) y 4.º E, un grupo adaptado donde todos son inmigrantes. Marta entra en un grupo de 4.º CD medio (cuatro chicos y una chica magrebí, la única que atiende durante toda la hora y laúnica que tiene los quince años que tocan, el resto son repetidores). “Tengo hambre, ¿puedo comer?”, dice Carlos, el chico que mandó a la mierda el instituto a primera hora de la mañana. Está a punto de cumplir los 18. Carlos estuvo expulsado tres días. Piensa en voz alta y todo lo comenta. Todos menos él han hecho los deberes. Uno sale a la pizarra. El “Carlos, cállate” suena una y otra vez. Mientras corrigen los ejercicios y entre las explicaciones de la profesora – van más avanzados en el temario los alumnos del grupo “bueno” de 3. º que estos de 4. º – los chavales hacen comentarios: “La Sonia – otra profesora-está muy pesá”,dice uno. Otro habla del Barça (faltan dos días para Roma). Hacen funciones. “A ver – dice Marta-,dos rectas que se cruzan. ¿Cómo se llaman?”. “¡Imparalelas!”, “¡Rectas chocadas!” “¡Rectas en equis!”. “Ni una… lo buscáis para mañana… ¿Alguien sabe cómo se llama el punto en que se cruzan?” “¡Punto G!”. Sermón y a continuar.

Carlos está haciendo los ejercicios en su libreta, pero dice que se aburre. “Veo mucha chulería hoy en esta clase”, dice la profesora. “Oye, sí, y a mí no se me quita”, le contesta Carlos. A la cuarta vez de “me aburro”, Marta le advierte: lo echará de clase. “Pues échame”. “Tienes suficientes amonestaciones como para que te expulsen”, le recuerda la profesora. “A la mierda la clase, tendrán que venir cinco profes para que me vaya”. Marta empieza a sacar el papel de la amonestación y pide a otro alumno que vaya a buscar al profesor de guardia. Cuando este entra en la clase, le dice con tranquilidad a Carlos que se vaya. Pero no quiere. Marta advierte que le abrirán expediente y que tiene que irse. El profesor de guardia le insiste en que será mejor por las buenas. Y entonces, Carlos se pone a llorar. “¿Otro expediente?”, susurra. Finalmente se levanta. El profesor de guardia cierra la puerta. Acto seguido, risas en la clase. “Si te pones chulo, te vas chulo”, dice uno. “Tanto vacilar y luego va y se pone a llorar – más risas-,pero me da pena”. Y Marta: “¡Ah! Te da pena… ¿Y yo? ¿Yo no te doy pena?”. “Usted no, profe, porque tiene poder”, dice otro con el puño en alto.

11.30
“Estamos bajando el nivel una barbaridad”

Media hora de patio. Un grupo de profesores coinciden en la sala donde hay la máquina de cafés. “Hoy un alumno (de un grupo bueno) me ha dicho que por qué tiene que estudiar y esforzarse más que su amigo (del mismo curso pero en un grupo más flojo)”, dice un profesor. Otro expone su teoría: “Debería haber dos títulos de la ESO distintos, uno de graduado para los alumnos que demuestran que han adquirido los conocimientos y otro que certifique sólo la asistencia”.

Los alumnos con problemas, de conducta principalmente, acaparan las energías y la mayor parte del tiempo de los profesores. En el aula y fuera de ella. “¿Y qué pasa con el derecho de los que sí quieren aprender o que serían mejores estudiantes si otros no distorsionaran el grupo?”, se pregunta otro. Al profesor de ciencias experimentales le preocupa que algunos de sus alumnos de bachillerato no sepan resolver una ecuación de segundo grado: “¿Cómo pudieron pasar de curso? Estamos bajando el nivel una barbaridad porque si no, aquí no aprobaría casi nadie”, opina. Otro es más contundente: “Estamos regalando el título, pero es que si no aprueban la ESO, no van a poder hacer nada…”.

12
“Hay profesores que entran con miedo a clase”

A un profesor le tiraron una mesa. A otras las han amenazado con grabarlas con el móvil y colgarlas en internet. Insultos y desafíos a diario. Por norma general, en el aula, los alumnos hacen comentarios, preguntan a cada momento interrumpiendo. Arrastran las sillas. Cuando suena el timbre, se levantan y entran otros en la clase. “Ellos saben con quién pueden pasarse y con quién no, los profesores no sólo enseñamos, también educamos y tenemos que ponerles límites constantemente”, dice Silvia, profesora de sociales, mientras recorre el pasillo. Otros, como Rafael, opinan que “la educación se trae de casa. Aquí se viene a aprender”. Ahora a Silvia le toca guardia. Eso implica sustituir al profesor que no ha venido. “Algunos profesores tienen miedo, no saben imponerse y tampoco tienen empatía con los alumnos, hay que encontrar un punto medio para no perder el control de la clase”, añade. Ella no ha tenido problemas, aunque a menudo se deja la voz en el aula y es de los que siempre se prestan voluntarios para acompañar a los chicos de excursión o de colonias. ¿La vocación era eso? “Otra cosa importante y que se nota al momento: los padres que se implican y que responden cuando les llamas; entonces se pueden resolver problemas. Pero a menudo, los hijos también pueden con sus padres”, lamenta. Hace poco se constituyó la Asociación de Madres y Padres de este IES (de 700 alumnos incluidos ciclos formativos). No se apuntaron ni una docena.

13
Aula abierta, la enésima oportunidad

Alba es profesora de matemáticas, pero ejerce de tutora del aula abierta, antes para alumnos “conductuales”; ahora, oficialmente, para grupos “de diversificación curricular”. Al aula abierta van los alumnos que fallan constantemente a clase, “que tienen un bajo ritmo de aprendizaje, sin perspectivas de futuro y con poco apoyo familiar”. La comisión de atención a la diversidad decide los alumnos que dejan el itinerario “normal” para continuar sus “estudios” en el aula abierta. Una psicopedagoga (hay dos en el equipo directivo de este instituto de secundaria) coordina esta aula, que para otros es la prueba tangible de que el sistema educativo no funciona. Alba es la tutora. y está contenta porque ha conseguido que los cinco alumnos (deberían ser ocho, pero a estas alturas de curso ya no aparecen por la clase) quizás no saben resolver una división de tres cifras (tienen casi 16 años), pero pueden estar ahora diez minutos centrados en una tarea. “Y eso es un gran logro; muchos de los profesores que han tenido – todos han repetido en más de dos ocasiones o han sido expulsados de otros institutos-no se lo creerían”.

 

ESTO VIENE A CUENTO PARA RECORDAR QUE HASTA QUE UN PROFESOR NO DECIDE QUE SE ACABA SU CLASE (SIEMPRE QUE DESPUÉS NO HAYA OTRA CLASE) ESTA NO SE ACABA. Y DESDE LUEGO ESO LO DECIDE EL PROFESOR NO UN ALUMNO. ¿EN QUÉ EMPRESA SE HA VISTO QUE UN EMPLEADO LE DIGA A SU JEFE LO QUE TIENE QUE HACER? Y MENOS EN BACHILLERATO, EDUCACIÓN NO OBLIGATORIA.

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Cómo restaurar el sistema

¿Qué es restaurar sistema?

Es una medida de seguridad que permite restaurar Windows a las condiciones en que estaba en un momento anterior. Una especie de viaje en el tiempo hacia el pasado.

Resulta útil cuando la instalación de un programa o un driver provoca fallos o vuelve a Windows inestable. Regresar al punto anterior en que se instaló ese programa o driver puede resolver el problema.

Restaurar el sistema sólo afecta a programas o a archivos y configuraciones de Windows. Nunca elimina ni modifica tus carpetas o archivos personales, o tus contactos o mensajes de e-mail.

Antes de restaurar el sistema

La restauración del sistema desinstala TODOS los programas que hayas podido instalar entre el momento actual y el punto al que regresas. También los drivers que puedas haber actualizado. Eso incluye programas y drivers que no causen ningún fallo y que tendrías que reinstalar tras la restauración.

Conviene intentar resolver el problema de algún otro modo antes de probar a restaurar el sistema:

Desinstalar el programa que provoca el fallo. Si los problemas empezaron tras instalar un programa, es probable que sea el culpable. Prueba a desinstalarlo.
Actualizar el driver problemático. Que los fallos empiecen después de instalar un driver puede significar que el problema esté ahí. Si lo que ha provocado el fallo es su actualización, prueba a recuperar el driver anterior. Reinstalará el que hubiera antes.
Crear un punto de restauración del sistema

Los puntos de restauración son los momentos a los que Windows puede regresar con la restauración del sistema. Se crean por sí solos en ciertos casos, pero también puedes crearlos tú. Por ejemplo justo ANTES de instalar un programa o driver.

No confundas los puntos de restauración con una copia de seguridad. Ésta crea un duplicado de tu PC, que incluye todos tus archivos personales, e-mails o contactos y te permite recuperarlos. El punto de restauración NO guarda nada de eso.

(Ve la imagen de arriba)

Puntos de restauración en Windows 7
Entra en el menú Inicio y escribe “crear un punto de restauración” en el campo de búsqueda. Luego haz clic en el enlace que se llama igual en la lista de resultados.
Pulsa el botón Crear. Escribe un nombre para el punto de restauración. Intenta que sea descriptivo. Si tienes que volver a él te será útil saber a qué momento se refiere. Haz clic en Crear.
Cierra el mensaje de aviso que te dice que el punto se ha creado. Y también la ventana de Propiedades del sistema.
Puntos de restauración en XP
Entra en:

Inicio -> Todos los programas -> Accesorios -> Herramientas del sistema -> Restaurar sistema
Pincha en la casilla Crear punto de restauración y luego pulsa Siguiente.
Escribe un nombre descriptivo para el punto de restauración y pulsa el botón Crear. Cierra la ventana que te indica que el punto se ha creado.
Puntos de restauración en Windows Vista
En el campo de búsqueda del menú Inicio escribe “restaurar sistema”. Luego haz clic en el enlace con ese nombre que debe salirte en la lista de resultados. Confirma que quieres continuar en el aviso de seguridad.
Pincha en el enlace abra protección del sistema.
Pulsa el botón Crear, abajo a la derecha. Elige un nombre para el punto de restauración y haz clic en Crear. Cuando termine, cierra todas las ventanas y avisos que tengan que ver con restaurar el sistema.

Restaura el sistema en Windows Vista

Cierra cualquier programa que puedas tener abierto. Si tu PC es un laptop conéctalo a la electricidad. Entra en Inicio, escribe “restaurar sistema” en el campo de búsqueda y haz clic en ese enlace en los resultados. Confirma el aviso de seguridad.
Si es la primera vez que usas Restaurar sistema, pulsa Siguiente en la ventana. Si no, Pincha Elegir otro punto de restauración antes de hacerlo (ve la imagen).

NOTA: La opción Deshacer Restaurar sistema sólo está disponible si ya has restaurado antes tu PC. Deshace los efectos de la última restauración hecha. Úsala si no ha corrido bien.
Haz clic en Mostrar puntos de restauración con antigüedad superior a 5 días. Elige el que quieras en la lista haciendo clic en él. Avanza con Siguiente.
Verifica que el punto seleccionado es el que quieres antes de pulsar Finalizar. Confirma con Sí que empiece la restauración. El PC se reiniciará. Espera a que salga el mensaje de que se ha completado antes de hacer nada más o apagarlo.

http://windowsespanol.about.com/od/SeguridadEnWindows/ss/Restaurar-Sistema.htm

España se ha permitido el lujo de tirar cerebros a la basura durante siglos, lo que equivale a un crimen histórico contra la inteligencia

Ningún cerebro humano es mejor que otro al nacer, en cualquier rincón del mundo. El cerebro es, sin duda, la principal fuente de riqueza, la única energía realmente sostenible, renovable e inagotable. España se ha permitido el lujo de tirar cerebros a la basura durante siglos, lo que equivale a un crimen histórico contra la inteligencia, el mismo delito que se comete hoy cuando se recorta el presupuesto de educación. Recuerdo a algunos compañeros de escuela en el pueblo, cuyo talento fue desperdiciado por la pobreza y la incuria de la posguerra. Eran inteligentes, despiertos, ávidos por aprender. Pudieron haber sido ingenieros, médicos, científicos. A varias generaciones de niños como aquellos con los que yo jugaba en el recreo, la España negra solo les dejó las manos para trabajar. En pleno franquismo tres millones tuvieron que irse de peones a Europa. Sucedió lo mismo cuando en plena fiebre del ladrillo España se vio inundada por oleadas de inmigrantes. Nuestro territorio se hallaba situado en el lugar geográfico ideal: a solo 11 kilómetros de África, con la ventaja del mismo idioma para los latinoamericanos y un sol de invierno radiante contra el frío de los países del Este y encima en este caso tampoco se requería ninguna preparación, ninguna ciencia, solo las manos para subir al andamio, servir copas, recoger fruta y limpiar retretes. El desprecio de nuestro país por la inteligencia ha producido varias diásporas. En el siglo XV los cristianos expulsaron a los judíos; la Inquisición llevó a la hoguera o metió en las mazmorras a quienes se atrevían a investigar. Los sucesivos espadones del siglo XIX llenaron Francia e Inglaterra de liberales españoles que huyeron para salvar el pellejo, entre ellos Goya y Blanco White, pero eso no fue nada si se compara con el medio millón de republicanos que fueron brutalmente condenados al exilio al final de la Guerra Civil junto con nuestros mejores intelectuales, escritores y científicos. Ahora llega la última diáspora. La desidia y el desprecio por la inteligencia están produciendo una fuga de cerebros. Jóvenes científicos, biólogos, ingenieros, tenazmente preparados aquí, cuya energía intelectual es la única fuerza genuina para salir de la crisis, se van fuera a dar sus frutos. La maldición de siempre.

Cómo analizar tu excremento

Defecar es una parte importante en la vida de todas las personas, pero por lo general la gente evita hablar de ello para no avergonzarse y evitar situaciones incomodas. Aunque hablar de excremento o de defecar es divertido, también tiene una funciona muy importante para tu salud. Tus heces son una fuente importante de información sobre la salud de tu cuerpo y sobre todo de tu sistema digestivo. Puede parecer antihigiénico ponerte a examinar tus heces después de defecar, pero es un pequeño precio que tenemos que pagar si queremos obtener información que puede salvarnos o prevenir alguna enfermedad.

Método1

Observa la forma y el tamaño

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    Calcula la longitud de tu excremento. La longitud óptima de una evacuación debe ser aproximadamente de 30 centímetros (12 pulgadas). El excremento significativamente más corto (como gránulos redondos) denota estreñimiento. Aumenta tu ingesta de fibra dietética y mantente hidratado.[3]
  2. Imagen titulada Analyze Poop Step 2
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    Considera el ancho de tu excremento. Si tu excremento empieza a salir constantemente estrecho, habla con tu doctor. El adelgazamiento de las evacuaciones intestinales denota una obstrucción en el intestino grueso. Tu intestino puede estar bloqueado por un objeto extraño o un tumor.[4]
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    Nota la consistencia de tu excremento. Tus evacuaciones intestinales debes ser suaves, sólidas y un poco esponjosas.

    • Las evacuaciones intestinales que se desmenuzan fácilmente o que son mayormente líquidas denotan diarrea. Esto puede ser consecuencia de una amplia variedad de problemas de salud, incluyendo las enfermedades infecciosas, la inflamación, la mala absorción de nutrientes o incluso el estrés psicológico.
    • Las evacuaciones intestinales que son grumosas, duras y difíciles de pasar, denotan estreñimiento.[5]

Método2

Revisa el color

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    Averigua el color base de tu excremento. El color ideal de un excremento es un tono medio de marrón, pero se pueden encontrar algunas variaciones entre las personas saludables.

    • El excremento verde o amarillo generalmente es el resultado de que las evacuaciones intestinales son muy rápidas, como en el caso de la diarrea leve. La bilis, que es el pigmento principal en el excremento, empieza a salir verde y se vuelve marrón con el tiempo.
    • Las heces de color gris pálido o amarillo indican una enfermedad hepática.[6]
  2. Imagen titulada Analyze Poop Step 5
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    Fíjate en signos de sangre. Presta atención si el excremento presenta un color rojo o negro.

    • El rojo brillante indica un sangrado en la parte final del tracto digestivo, probablemente en el intestino grueso o en el ano. Este tipo de sangrado generalmente denota problemas de salud que no son graves, como una inflamación menor o hemorroides. Además, raramente puede ser un signo de cáncer. Habla con tu doctor si sucede varias veces o si tus evacuaciones intestinales se tornan dolorosas.
    • El sangrado en la parte más alta del sistema digestivo, como en el estómago o en el intestino delgado, hace que las heces salgan de un color rojo oscuro intenso o negro. También tendrá una consistencia viscosa y parecida a la brea. Si tienes este tipo de excremento, habla con tu doctor. Puede ser un signo de una variedad de problemas graves, que van desde las úlceras pépticas hasta el cáncer intestinal.[7]
    • Comer remolacha también puede hacer que tu excremento salga de color rojo. Sin embargo, el rojo de la remolacha es fácil de distinguir del rojo de la sangre. Si el rojo tiene un matiz magenta o fucsia, lo más probable es que provenga de la remolacha o del colorante del alimento, no de la sangre.[8]
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    Trata de no alarmarte por los colores raros, a menos que persistan. Casi todas las causas transitorias de los cambios de color del excremento se remontan al colorante del alimento. Aunque no recuerdes haber comido un alimento con un color particular, los colorantes pueden estar ocultos o camuflados entre otros colores que se descomponen con más facilidad. Los colorantes de los alimentos también pueden interaccionar con otros pigmentos del tracto digestivo y producir resultados inesperados.[9]

Método3

Considera otros atributos

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    Haz seguimiento a la frecuencia de tu evacuación intestinal. Un sistema digestivo saludable dará como resultado una evacuación intestinal “regular”. No obstante, “regular” es un término relativo. Averigua la frecuencia de tu evacuación intestinal para que puedas ser consciente de los cambios que puedan ser signos de alerta temprana de algún problema de salud.

    • Por lo general, una frecuencia saludable de evacuación intestinal va de una vez cada tres días hasta un máximo de tres veces al día. Si vas más de tres veces al baño en un día, entonces tienes diarrea. El estreñimiento, por el contrario, se da cuando la frecuencia de la evacuación intestinal está espaciada por más de tres días.[10]
  2. Imagen titulada Analyze Poop Step 8
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    Determina la flotabilidad del excremento. Las heces saludables deben deslizarse suavemente hasta la parte inferior del inodoro. Si tu evacuación intestinal flota fácilmente, es probable que tu dieta tenga un alto contenido de fibra.[11]

    • La pancreatitis causa un deterioro en la absorción de lípidos, lo que conduce a un excremento grasoso que tiende a flotar. Estas evacuaciones intestinales son extremadamente grasosas y liberan gotas inmiscibles en la taza del inodoro.[12]
  3. Imagen titulada Analyze Poop Step 9
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    Presta atención a los excrementos particularmente hediondos. Ningún excremento olerá agradable. De hecho, un olor penetrante puede denotar una flora intestinal saludable. Sin embargo, ciertos problemas de salud pueden causar que las heces huelan mucho más fuerte de lo normal. Estos problemas incluyen las heces con sangre, la diarrea infecciosa y los síndromes de mala absorción de nutrientes.[13]

Método4

Entiende a los recién nacidos

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    Trata de no alarmarte por el meconio. La primera evacuación intestinal de un bebé, llamada meconio, se da dentro de las 24 horas posteriores al nacimiento. El meconio es de color verde oscuro, casi negro, grueso y viscoso. Está hecho de las células desprendidas y del desecho que se acumulan en el útero. Tu bebé debe hacer la transición al excremento normal en el plazo de dos a cuatro días.[14]
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    Verifica la consistencia. A medida que el sistema digestivo del bebé madure, producirá excremento que es muy diferente del que se considera saludable en niños mayores y adultos. Debido a su dieta líquida, las evacuaciones intestinales saludables en los bebés no son sólidas y deben tener la consistencias de la mantequilla de maní o del pudín. Es normal que los bebés alimentados con fórmula produzcan un excremento más grueso y más voluminoso que los bebés lactantes.

    • La diarrea de los bebés es extremadamente acuosa y puede filtrarse al pañal y a la espalda del bebé. Llama a tu doctor si tu bebé tiene diarrea, es menor de 3 meses, ha tenido diarrea por más de un día o exhibe otros síntomas (como fiebre).[15]
    • Las evacuaciones intestinales sólidas son un signo de estreñimiento. Un pañal que contenga pequeñas piedras de manera ocasional no es causa de alarma, pero consulta a un doctor si sucede frecuentemente. Un estreñimiento grave puede darse conjuntamente con la diarrea si el excremento acuoso se filtra de la obstrucción.[16]
  3. Imagen titulada Analyze Poop Step 12
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    Fíjate en el color. Por lo general, el excremento del bebé es más ligero y puede ser de color amarillo, verde o marrón claro. No te alarmes por los cambios de color. A medida que el sistema digestivo de tu bebé madura, los cambios en la producción de enzimas y la duración de la trayectoria producirán la diversidad.

    • El color marrón oscuro es un signo de estreñimiento.
    • El excremento negro posterior al meconio definitivamente denota sangrado. Es muy probable que las manchitas de color negro similares a las semillas de amapola sean consecuencia de haber tragado sangre de un pezón irritado. No te alarmes, ya que si tu bebé toma un suplemento de hierro, esto también dará como resultado el excremento negro.
    • El color amarillo pálido o el gris tiza puede ser un signo de problemas hepáticos o una infección.[17]
  4. Imagen titulada Analyze Poop Step 13
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    Sé consciente de la frecuencia. Un bebé recién nacido saludable tendrá entre 1 a 8 evacuaciones intestinales cada día, con un promedio de 4. Como los adultos, cada bebé tendrá su propio ritmo “normal”. Sin embargo, habla con un doctor si tu bebé alimentado con fórmula tiene menos de una evacuación intestinal al día o tu bebé lactante tiene menos de una cada 10 diez días.[18][19]
  5. Imagen titulada Analyze Poop Step 14
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    Pon atención al olor. El excremento de tu bebé debe tener un olor menos penetrante y casi dulce. Es normal que los bebés alimentados con fórmula tengan evacuaciones intestinales que huelan más fuerte que las de los bebés lactantes. Las evacuaciones intestinales de un bebé deben empezar a oler más como las de un adulto una vez que empiece la transición a los alimentos sólidos.[20]

Consejos

  • Si estás estreñido, come más fibra y trata de mantenerte hidratado. La fibra dietética hace al excremento voluminoso, lo que produce evacuaciones intestinales más frecuentes. La hidratación apropiada lubrica el tracto digestivo y mejora su motilidad, haciendo que el excremento transite con más facilidad.
  • Muchos doctores están de acuerdo en que no hay un criterio de “normalidad” que indique perfectamente cuándo un excremento es saludable. Es más importante que te fijes en los “cambios” en la apariencia y la frecuencia de las evacuaciones intestinales.[21]
  • Con la excepción de la sangre en el excremento, ninguno de los cambios en este artículo indican problemas de salud, a menos que sean constantes. Un excremento de un color raro o particularmente hediondo no es algo de lo que debas preocuparte. Solo asegúrate de hablar con tu doctor si empieza a suceder con frecuencia.

Advertencias

  • Si notas que las heces son de aspecto oleoso y de color negro o caoba muy oscuro y además viene acompañado de vómitos sanguinolentos (de color negro o marronáceo oscuro) y sientes que pierdes el conocimiento acude al médico enseguida. Puede tratarse de una hemorragia digestiva generalmente producto de una úlcera péptica y si no se trata a tiempo puede causar un shock hipovolémico que podría poner tu propia vida en riesgo.

http://es.wikihow.com/analizar-tu-excremento