That’s life

Anuncios

Un reconocimiento a Abel Martínez Oliva, profesor asesinado ejerciendo la docencia en Barcelona

 

La pasada semana un estudiante de 13 años entró armado a su instituto, hirió a cuatro personas y acabó con la vida de Abel Martínez Oliva, un joven profesor sustituto que al oir los gritos en la clase de al lado, acudió a auxiliar a quien lo necesitara.

Abel Martínez Oliva murió por cumplir con su deber como profesor: el de proteger a sus alumnos y compañeros profesores. Y, sin embargo, creo que no se le se está reconociendo lo suficiente. Abel merece un reconocimiento oficial de las autoridades. Hay precedentes y varias opciones para hacerlo. El Ministerio de Educación, Cultura y Deportes podría otorgarle la medalla de la Gran Cruz de Alfonso X para premiar como el suyo méritos en la docencia, la educación y la cultura. Abel también podría ser reconocido con la Orden del Mérito Civil, creada para premiar las virtudes cívicas de los funcionarios al servicio del Estado, tal y como sucede cuando un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado fallece en acto de servicio. En Cataluña, el Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Cataluña podría también considerar que un instituto público como el que le vio ejercer la docencia lleve el nombre de este profesor leridano a modo de homenaje. Cualquiera de esos reconocimientos ayudaría a recordar a Abel Martínez Oliva como el profesor vocacional y comprometido que fue.

Firma mi petición y pide conmigo este reconocimiento de las autoridades a la labor del fallecido profesor Abel Martínez Oliva.

Lo merece Abel. Lo merece su familia. Lo merecen sus compañeros, los maestros y profesores que cada día nos esforzamos en seguir nuestra vocación y ahora lloramos la pérdida de Abel.

Gracias por tu apoyo para esta iniciativa ciudadana.

CARTA A
Gobierno de España Ministerio de Educación, Cultura y Deportes
Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación
Departament d’Ensenyament – Generalitat de Catalunya

D. José Ignacio Wert, Ministro de Educación, Cultura y Deportes

D. José Manuel García-Margallo, Ministro de Asuntos Exteriores y

ACTUALIZACIÓN
¡Victoria! El gobierno concede la Cruz Alfonso X el Sabio por méritos en la docencia a Abel Martínez, el profesor fallecido por el ataque de un estudiante

Se llamaba Abel y era “profe” de instituto. Su familia y amigos nunca se olvidará de su persona. Ahora, gracias a este reconocimiento que el Gobierno le ha concedido, su labor como docente también perdurará en el tiempo.

Te escribo para contarte novedades sobre la petición que pedía un reconocimiento para Abel Martínez, el joven profesor que falleció hace algunas semanas por el ataque de un alumno en un instituto de Barcelona.

La semana pasada el Ministerio de Educación anunció que el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro de Educación Jose Ignacio Wert, ha decidido otorgarle a Abel Martínez Oliva la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio a título póstumo por su labor docente. La Gran Cruz en concreto se otorga para premiar méritos extraordinarios como ha sido en este caso el sacrificio de Abel.

Este reconocimiento supone un hito y reconoce la labor de Abel junto con la de otros profesores que han contribuido a modelar y dignificar la labor docente en España, también implica una victoria para la iniciativa que con vuestras firmas habéis respaldado a través de Change.org y no puedo más que escribir estas líneas para expresaros mi más profundo agradecimiento: Quiero dar las gracias a cuantos con su firma dieron apoyo a mi petición, a la petición clamorosa de todo el colectivo de docentes y de la sociedad en general, gracias a Change.org por hacer de las causas perdidas, objetivos alcanzables.

Y quiero expresar también mi gratitud al Sr. Ministro de Educación, Cultura y Deportes, D. José Ignacio Wert, por haber recogido el testigo y llevar la propuesta al consejo de ministros del día 8 de mayo, es justo reconocer que el sr. Ministro ha escuchado el clamor de la sociedad.

Gracias a todos. Nada puede devolverle a su familia a Abel, pero que sus padres lleven bien alta la cabeza. La última lección que Abel impartió, nos hace a todos querer ser mejores.

EL COLUMBINE ESPAÑOL SILENCIADO POR LOS MEDIOS :”Se llamaba Abel Martínez, pero eso a casi nadie le interesa; era un profesor” D.E.P.

Si hubiera sido un militar caído en lejanas tierras, habría ido a buscar su cadáver el ministro del ramo. Pero Abel era simplemente un profesor. Un profesor interino para más inri. El primer docente muerto en las aulas de nuestro país… (carta abierta de un profesor)

Se llamaba Abel Martínez, pero eso a casi nadie le interesa. Era, según dicen, de Lérida y tenía 35 años. Trabajaba como profesor de Historia en un instituto de Barcelona, y murió en acto de servicio. Cayó abatido a la puerta de su aula, cuando acudía a poner orden en un incidente escolar.

Fue muerto (¿podré decir asesinado?) por un estudiante incontrolado del que lo sabemos casi todo y por el que todo el mundo, desde jueces a periodistas, pasando por psicólogos y políticos, está muy preocupado. Nadie sabe nada (ni importa, al parecer) de Abel y su familia, de su novia o tal vez de sus hijos.

Era un profesor. Si hubiera sido un militar caído en lejanas tierras, habría ido a buscar su cadáver el ministro del ramo, se le habrían hecho honores de Estado y seguramente le habrían condecorado con distintivo rojo o amarillo, vaya usted a saber.

Pero Abel era simplemente un profesor. Un profesor interino para más inri. El primer docente muerto en las aulas de nuestro país no se merece el oprobioso silencio, el incomprensible ninguneo que le han dedicado los medios de comunicación.

Así que solicito desde aquí que el próximo instituto que se inaugure en España lleve el nombre de Abel Martínez, y que se conceda al profesor leridano, a título póstumo, la Cruz de Alfonso X el Sabio.

Luis Azcárate Iriarte. Pamplona (carta en El Mundo)

Retrato del españolito medio

A: Killo. Estas currando???
X: Que va tío. Estos políticos sinvergüenzas tienen la culpa de todo. Nos tienen en la miseria.
A: Y como lo llevas???
X: Pues mal, estoy cobrando la ayuda familiar.
A: La ayuda familiar??? Vaya miseria!!! Así no se puede vivir.
X: Pues si tío. Y gracias q hago unos trabajitos en negro y tengo algo mas de ingresos.
A: Hostias. Pues yo necesito reformar mi cuarto de baño. Tu podrías???
X: Sin problemas. Además, te Cobraré muy barato. Sin facturas y sin IVA. Solo tienes q pagarme al contado.
A: De lujo. Pues iré a pedir el permiso de Obra.
X: Ni se te ocurra. Yo trabajo en negro. Además, quien se va a enterar???. Yo la reforma te la hago en un par de días. Cuando te denuncien ya habré terminado.
A: ah. Pues muy buen. Podrías empezar esta semana???
X: ufff… Imposible. Me voy de viaje con los niños a Disneyland París. Regalo de comunion. La próxima semana sin problemas.
A: ah vale. Te viene bien de tarde???
X: Por la tarde fatal. Los niños salen del colegio a las 17:00 y tengo que recogerlos para llevarlos al fútbol.
A: salen del colegio a las 17:00???
X: Si. Como tengo pocos ingresos la Junta me subvenciona el comedor y las actividades extraescolares.
A: Joder. Q bien. Por cierto, furgoneta nueva???
X: si tío. Tiene una semana. La utilizo para los trabajitos en negro.
A: ahhh… Y como la has financiado???
X: La pagué al contado. Yo no puedo financiarla con mis ingresos. La puse a nombre de mi padre que tiene una minusvalía y me hicieron un gran descuento. Y como es minusválido no pago el impuesto de circulación.
A: Vaya. Que chollo. Por cierto. Y que haces por aquí. Tu no vives al otro lado de la ciudad???
X: Si, pero tengo a la peque en esta Guardería. Nos gustaba mucho mas. Tienen mas actividades y está en una mejor zona.
A: Y como has conseguido que entre en esta guardería???
X: Pues mi suegros viven en esta calle y mi mujer esta empadronada con ellos. Gracias a eso nos dieron muchos puntos.
A: tu mujer esta empadronada con ellos??? Pero vosotros estáis viviendo juntos, no???
X: Si tío. Pero como no estamos casados nos venia bien para que mi mujer cobrara una ayuda de madre soltera y de paso para los puntos de la guardería.
A: Vaya. Pues menos mal que tu mujer tiene esa ayuda. Si no, no se como podríais llegar a fin de mes.
X: Pues si tío. Encima ahora se le acaba el PER.
A: Ella esta cobrando el PER??? Ha trabajado en el campo???
X: Que va!!! Ella no tiene ni idea de trabajar en el campo. Pero tenemos un conocido que tiene unos terrenos agrarios y nos hizo un favor, como sabe que estamos en paro y tenemos tres niños le hizo a mi mujer un contrato de seis meses. Solo tuvimos que pagarle la seguridad social y un regalito que le hicimos. De esa forma a mi mujer le correspondia un año de PER.
A: Vaya suerte!!! Venga te invito a una cerveza.
X: Que va. Me voy corriendo. Voy al cine con la familia.
A: Al cine??? Pero hoy no es el día del espectador. Te va a salir caro.
X: Que vaaa!!! Con el carnet de familia numerosa y el de minusvalía de mi padre (tapándole con el dedo la foto) me cuesta tirado de precio las entradas. Nosotros venimos casi todas las semanas.
A: Que bien!!! Por cierto. Me acabo de acordar. Mi cuñado ha montado una empresa de construcción. Si quieres puedo hablar con él y que te consiga un contrato de seis meses. No es mucho, pero al menos metes la cabeza en la empresa. Y quien sabe??? A lo mejor te acaba contratando indefinido. Tu eres un currante muy bueno.
X: Ufff… Q va tío. Por seis meses no me merece la pena. Además, perdería el derecho a las ayudas. Te lo agradezco pero no me arriesgo.
A: Bueno. Sin problemas. Era mirando por ti. Vaya!!! Mira lo que esta saliendo en la tele. Otro caso de corrupción política!!!
X: Que asco!!! Si es que estos políticos son unos corruptos y sinvergüenzas!!! Se aprovechan de nosotros y tienen al país en la ruina!!! Aprovechan cualquier resquicio para sacarnos el dinero y estafarnos. Deberían de estar todos en la cárcel!!!

Un gran análisis sobre el tema de la inmigración

Por qué no detenemos el drama de la inmigración

Los movimientos que siembran de cadáveres el Mediterráneo, que en África revisten forma de emigración necesaria y en Europa de inmigración ilegal, tienen tres causas fundamentales: la miseria, las guerras de todo tipo y condición -desde conflictos de universales hasta matanzas tribales-, y el grave desorden político que hace imposibles los controles en origen. Y por eso cabe temer que la gente seguirá cruzando el mar en todo tipo de artilugios hasta que la acumulación de cadáveres les permita pasar a pie sobre las calaveras.

Europa podría impulsar el desarrollo del Norte de África y disminuir la presión sobre el territorio de la UE, pero no quiere. No quieren los Gobiernos y las instituciones europeas, porque piensan que nuestro modelo de vida y desarrollo no se puede compartir. Tampoco queremos los ciudadanos, a los que nos es suficiente la caída de un punto del PIB para levantar grandes oleadas de indignación contra los asesinos de nuestros derechos y del Estado de bienestar. Y no quieren tampoco ni las grandes multinacionales ni las alianzas políticas de alcance global, porque piensan que sin zonas de miseria política y económica no tienen sentido -ni son posibles- las grandes potencias. Así que por ahí no vendrá la solución.

La guerra tampoco se va a acabar, porque todas nuestras intervenciones «pacificadoras» apagan el fuego con gasolina; porque creamos o derribamos dictadores sin lógica ni justicia; porque destruimos hasta los cimientos los poderes institucionales y estables (Libia, Irak, Afganistán); porque el control caótico de África y Medio Oriente nos sale mucho más barato que el control legal y democrático; y porque seguimos armando a los tiranos y a los que derriban a los tiranos, a las milicias multinacionales y a las tribus y religiones, sin que nadie reconozca ninguna enfermedad social o política que no se pueda curar con cazas supersónicos y misiles de alta tecnología. Y tampoco va a aumentar el orden interior de los pobres países afectados. Porque son pasto de matones que solo buscan enriquecerse rápidamente para lograr un plácido y civilizado retiro en una villa de Lausana.

Dirá usted, casi seguro, porque está siendo adoctrinado como yo, que no cito a las mafias de las pateras. Pero no las cito a propósito. Porque las mafias no son causa del caos migratorio, sino consecuencia, y no vale -o «no se vale», como diríamos en Forcarei- desviar los tiros hacia los últimos eslabones del problema. Por no tener, ni siquiera tenemos intención sincera de solucionar el asunto. Por eso carecemos de política común de migraciones y defensa. Para que cada cual describa problemas y soluciones a su medida, interpele a los demás con utopías y cuentos de hadas, e impida la conciencia clara de que en realidad somos los malos. Malos a rabiar, pero con los ojos vendados.

 

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2015/04/23/detenemos-drama-inmigracion/0003_201504G23P14993.htm

Cómo la educación española se echó a perder, contado por una profesora veterana

He hablado ya muchas veces de ella: Luisa Juanatey, profesora jubilada, y una vez más da en el clavo de lo que tenemos en las aulas:

Cada vez que se publica un nuevo informe PISA, el reflejo natural de todos los españoles es el de llevarse las manos a la cabeza. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿Qué hemos hecho mal? ¿Quién tiene la culpa de esto? Todos llevamos dentro de nosotros un seleccionador de fútbol, un politólogo y un experto en educación que no titubea a la hora de explicar qué es lo que ha ocurrido. Uno de los objetivos más frecuentes de nuestros dardos son, precisamente, los profesores, aquellos que en un pasado fueron respetados y que, súbitamente, fueron despojados de su autoridad en el aula.

“Hablo de los profesores de enseñanza secundaria y, más precisamente de los de mi generación, de los nacidos en un lapso aproximado de quince años y que en el apogeo de su juventud/madurez extrañamente pasaron de ser competentes a ser incompetentes de manera inopinada”, escribe la profesora retirada Luisa Juanatey (Santiago de Compostela, 1952) en Qué pasó con la enseñanza. Elogio del profesor (Pasos Perdidos), un lúcido ensayo en primera persona sobre su trayectoria vital en la enseñanza desde los años ochenta hasta la actualidad, que es tanto un retrato de una generación que se propuso revolucionar la escuela heredada del franquismo como un certero diagnóstico de los problemas que aquejan a la educación española secundaria.

Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer

“Lo que me propongo es que se valore al profesor como un elemento clave”, explica a El Confidencial la profesora de Lengua y Literatura que dio clase en institutos andaluces, madrileños, gallegos, valencianos y del País Vasco. “Si la enseñanza y el profesor no están valorados, no hay nada que hacer. Si enseñas algo que puede no ser útil en un sentido inmediato pero alguien lo aprende bien y eso se valora, le va a servir siempre y le va a enseñar a aprender”.

Nos sumergimos con Juanatey en los abismos del sistema educativo español a partir de algunas de las claves que nos ayudan a entender qué ha ocurrido durante las últimas décadas.

La LOGSE, un antes y un después

El 3 de octubre de 1990, el PSOE aprueba la Ley Orgánica General del Sistema Educativo, que sustituye a la Ley General de Educación, vigente desde 1970. Con ella se propone llevar la educación a todos los rincones del país, pero para Juataney, que en su día recibió la reforma con esperanza y algo de candor, supone el principio del fin de la escuela española. “Cada vez había más institutos y era una ley de izquierdas que garantizaba la educación hasta los 16 años”, rememora la autora. “Pero lo trastocó todo porque, fundamentalmente, devaluó la enseñanza”.

¿De qué manera? Al principio, a base de conceptos que servían para llamar de otra forma a realidades que ya existían. “Pusieron en circulación palabras como motivación, como si no lo fuésemos suficientemente, o como si no fuese un estímulo tener una enseñanza pública para todos”, explica. El profesor pasó a ser un docente que tenía, entre sus funciones, motivar a los alumnos, algo que siempre habían hecho aunque quizá no se llamase de la misma forma.

“Empezó a darse una depreciación de la idea de autoridad, a la que añadían cosas como que no se podía expulsar a un alumno de clase, de lo que no abusábamos, pero que era una herramienta”, rememora la profesora. “En lugar de que la sociedad ayudase a trasladar a los niños un sentido de las normas (no se puede interrumpir al profesor, no se puede molestar a los compañeros), se produjo lo contrario”. Es el caso de la irrupción de los pedagogos, expertos en psicología que pasaron de súbito a saber mejor que los anticuados profesores lo que estos debían hacer en las aulas en las que vivían día tras día. O la obligación tácita de aprobar a los alumnos, aunque no cumpliesen los mínimos exigibles. “Empezó mal y mal ha seguido, a pesar de que todos hemos tenido algún grupo que trabajaba bien. Pero eso no es un sistema público de enseñanza que se basa en la igualdad”.

El profesor no es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos

Fue la izquierda quien, en apariencia paradójicamente, impulsó este cambio, aunque tampoco el Partido Popular hizo nada por revertirlo, más preocupado por las privatizaciones. “Ahora es muy difícil volver atrás”, se lamenta la autora.

El día que el profesor dejó de tener razón

Entre la confluencia de factores que explican la evolución del sistema educativo español de las últimas décadas, Juataney encuentra la raíz en el descrédito del profesor, que pasó en menos de 20 años de ser un severo y a veces despótico dictador a verse desposeído de toda credibilidad. “Los adolescentes viven en una constante incitación, la sociedad de consumo tiene una cantidad de estímulos perenne que les da una serie de cosas muy dinámicas y móviles, pero también superficiales”, explica la profesora. “La figura del profesor como grupo social encarna esos valores de no tratar de ser famoso, de no triunfar, de no tener dinero o un gran coche, ni es el modelo del deportista esforzado y triunfador al que continuamente están expuestos los alumnos”.

Los profesores, recuerda la autora, no tienen mayor ambición que la de transmitir su conocimiento ejerciendo su autoridad pero siendo conscientes de que, tanto sus alumnos como ellos, lo ignoran casi todo. “Otra contradicción fue lo de que el aprendizaje no debe ir de arriba abajo”, recuerda. “¡Qué absurdo! ¿Los que nacen después enseñan a los que nacen antes? Ese absurdo se ha propagado: los profesores están anticuados, no se adaptan, no se reciclan…” La escuela pública española fue durante mucho tiempo un paradigma de igualdad, en el que había tantas mujeres como hombres (o más) en un clima de respeto y compañerismo.

De repente cambió todo, y te encontrabas con que nada más entrar en clase había grupos que te recibían con un rechazo absoluto

En el debe de la sociedad española hay que añadir pequeñas decisiones promovidas desde las nuevas instancias de la autoridad educativa, como el desprecio de la memoria (“que es valiosísima para aprender; imagínate ir a la autoescuela y decir que lo que quieres es aprender distraídamente y jugando”) o el esfuerzo. “Esforzarse, luego memorizar tras haber entendido y leído, manejar textos, poner en práctica… esto es lo que te permite aprender”, explica Juanatey.

¿Mi hijo no estudia? La culpa es del profesor

Al mismo tiempo que los docentes perdían su autoridad y se veían desprotegidos ante unos alumnos cada vez más cargados de razón, la sociedad encontró un culpable propicio para todo aquello que estaba ocurriendo… Y que volvía a ser el propio profesor, tildado de acomodaticio yvago. “De repente cambió todo, y te encontrabas con que nada más entrar en clase había grupos que te recibían con un rechazo absoluto”, rememora Juanatey. “Desde todas partes empezamos a oír que éramos unos vagos. No lo éramos, simplemente no aspirábamos a grandes cosas: lo pasábamos bien preparando las clases”.

Luisa Juanatey.
Luisa Juanatey.

“De la noche a la mañana llegó lo de que no servíamos para nada, que éramos material de desguace, ¡peroéramos los mismos que el año anterior!”, recuerda, a pesar de la voluntad de adaptación de los profesores, que introdujeron poco a poco cambios como el rediseño del aula. Pequeñas alteraciones que funcionaban si los alumnos estaban dispuestos a aceptarlas, pero que “es muy distinto si lo primero que tienes que hacer es decir a los chicos que no pueden estar espachurrados sobre el pupitre, que hay que traer el cuaderno, que así no se puede trabajar, que les pidas que no se vayan a la construcción porque son jóvenes y te respondan que eso era en nuestros tiempos… Esa clase de ambiente nos desprestigió, porque empezaron a prevalecer valores que iban en contra de todo esto”.

Juataney habla del reciente ejemplo de las reformas llevadas a cabo por los colegios jesuitas de Cataluña para ilustrar por qué la educación en nuestro país es, desde hace 20 años, cada vez más clasista: “Si tú me das una clase de gente que en su casa tiene libros, que oye un vocabulario determinado y trata ciertas cuestiones, que viene a aprender y que van a mandarlos a Estados Unidos después del bachillerato, se pueden hacer maravillas. Pero también he dado clase en barracones como los que hay en la Comunidad Valenciana. ¿Qué hacemos, el modelo de los jesuitas con los chicos metidos en un cajón de obra? ¿Con quién lo hacemos, con los que han tenido suerte y estudian en un aula mejor? Esto no es un sistema público de enseñanza”.

Padres malcriadores para niños malcriados

Los alumnos no cambiaron de comportamiento, hábitos y costumbres por sí mismos. Ni siquiera únicamente por la ley ni por los medios de comunicación, aunque ambos favoreciesen el nuevo sistema de valores: los padres tuvieron mucho que ver. “Fue esa moda de que a los niños no se les puede contradecir, que tienen que ser creativos y libres”, explica la autora. “Fíjate ahora que los que lo defendían son los mismos que se han enamorado de la expresión ‘poner límites’. Pero era lo que decíamos todo este tiempo cuando nos ponían verdes por hacerlo. Poner límites es establecer normas, sancionar”.

Los nuevos alumnos, así como sus padres, empezaron a entender que podían exigir lo que quisieran. Entre todas esas cosas, recibir un aprobado sólo por ir a clase a diario: “Llegó un momento en que todos empezamos a aprobar más de lo debido, sabiendo que habíamos enseñado la mitad que antes”. En una esclarecedora anécdota del libro, Juanatey recibe la visita de un padre después de que su retoño proteste por haber obtenido un dos. El padre, tras releer la prueba, no tiene ninguna duda: “Yo le habría puesto un cero”.

Parece que el profesor es alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe

El ambiente, alentado por Consejos Escolares, inspectores, medios de comunicación y autoridades políticas, favorecía esa percepción en la que el niño tenía la sartén por el mango. “Si a los padres se les hubiese inculcado queel niño viene a respetar al profesor y a aprender unas asignaturas y no se les hubiese dicho que estas estaban anticuadas, que el profesor no era un monigote que se tenía que quedar callado cuando el Consejo Escolar decidía que un niño podía escuchar música con auriculares, habría sido muy distinto”. No son las únicas razones: un mayor número de alumnos entró en la escuela, al mismo tiempo que los padres y, sobre todo, las madres, podían pasar menos tiempo con sus retoños.

“En el colegio me gusta que los niños se diviertan”, recuerda Juataney que decían algunos padres. “Yo considero que los profesores deben hacer esto, aquello, lo de más allá… ¿Pero usted ha estado alguna vez en una clase? ¿Usted sabe lo que le toca al profesor hoy y que todo eso tiene que hacerlo en una situación en la que no se le valora ni respeta, y además el niño dice que no vale porque no es divertido?”. Una situación que dio una nueva definición de lo que debía ser un profesor: “Alguien a quien se le exige que complazca al niño y que le apruebe”, explica la autora con sorna.

Los valores de una bella profesión

Seguramente, usted también haya escuchado aquello de lo bien que viven los profesores con sus tres meses de vacaciones al año (falso), uno de los colectivos más vilipendiados de las últimas décadas de la historia española junto a los funcionarios. Quizá porque paradójicamente no encajan en los cánones de la sociedad moderna –ambición, lujo, consumo– en los que se han criado las nuevas generaciones de alumnos. “Un profesor no tiene nada que ver con alguien que lleva marcas, que se somete a cirugía estética, o que aspira a tener un yate o ser famoso”. No, explica Juataney en el libro, los docentes no quieren un sueldo mayor, que los hagan catedráticos o que los inviten a opinar en los medios (donde, dicho sea de paso, raramente aparecen): quieren hacer su trabajo con dignidad.

La de profesor sigue siendo una profesión muy satisfactoria, pero los que empiezan ahora deben exigir más

Esto ha sido complicado en los últimos tiempos, una situación acentuada en los años inmediatamente anteriores al estallido de la burbuja inmobiliaria, tiempos en los que nadie necesitaba tener estudios para conseguir un buen sueldo. Pero, como recuerda la autora, una sociedad que piensa que la educación no sirve para nada es “una sociedad que se engaña”. “Si miras los terribles datos del paro, hay una gran diferencia entre los que tienen preparación y los que no. Prepararse sí que sirve, porque, y en esto estoy de acuerdo con los psicólogos, aprender siempre es aprender a aprender”. Por eso, toda una generación se encontró de repente sin nada, es decir, sin preparación, “y luego se dieron cuenta de que, aunque ya no haya rosas para nadie, tener estudios te favorece”.

Paradójicamente, se ha vuelto a completar el círculo, y muchos de aquellos a los que su entorno empujó a desertar de la escuela han vuelto a la misma en busca del esfuerzo, formación, crecimiento personal y riqueza intelectual que el colegio ofrece. ¿Y los profesores? Aunque la situación sea complicada, Juanatey insiste en que quiere concluir con un mensaje positivo. “Sigue siendo una profesión realmente satisfactoria, y me gustaría animar a todos los que tienen el deseo de ser profesores, así como decirles que exijan mucho: realmente es una vida buena la del profesor”. Y no, no se refiere al dinero, el prestigio, la adulación o la capacidad de influencia de la que carecen, y a la que, de todas formas, tampoco aspiraron.
http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-04-21/como-la-educacion-espanola-se-echo-a-perder-contado-por-una-profesora-veterana_733989/