No existe el horario de invierno, y no ahorra energía porque no es su propósito

https://blogs.20minutos.es/ciencias-mixtas/2017/10/28/no-existe-el-horario-de-invierno-y-no-ahorra-energia-porque-no-es-su-proposito/

Un año más como cada último domingo de octubre, y atendiendo a las cuestiones que realmente nos afectan directamente a todos, vuelve a circular la misma pregunta: ¿el horario de invierno ahorra energía? A estas alturas ya debería existir suficiente información disponible para que, quien quiera conocer la cuestión sin opinar sobre vacío, pueda hacerlo. Pero reconozco que es difícil contar con una población informada cuando, año tras año por estas fechas, multitud de medios se empeñan en continuar publicando artículos cuya línea va más o menos por estos derroteros:

¿Es beneficioso el cambio de hora? Los expertos cuestionan que el horario de invierno en realidad suponga un ahorro de energía, como pretende hacernos creer XXXXX [rellénese con la entidad que a cada uno le caiga particularmente antipática], y en cambio advierten de sus posibles efectos nocivos en la salud y el bienestar.

Imagen de pexels.com/Monoar Rahman/CC.

No quiero plagiarme a mí mismo, porque ya he contado aquí y en otros mediosprácticamente todo lo relevante que puede contarse sobre este asunto. Pero como esta mañana he vuelto a encontrarme con algún artículo en algún medio que sigue dando vueltas a este mismo torno, parece claro que conviene seguir insistiendo sobre ello resumiendo las ideas principales. Aquí van (y para quien quiera ampliar añadiendo además algún comentario biológico, ahí están los enlaces):

No existe el horario de invierno. El horario que tendremos a partir de las 3 de la próxima madrugada es nuestro horario normal. El nuestro. El normal. El horario.

Por lo tanto, tampoco existe un horario de invierno diseñado para ahorrar energía.Dado que no hay un horario de invierno, el no-horario de invierno no ahorra nada, ni energía, ni fuerza, ni preocupaciones, ni dolores de cabeza, ni euros, pesetas o doblones.

Por el contrario, sí existe un horario de verano diferente del normal. Es decir, que lo que ocurre el último domingo de marzo es que nos apartamos de nuestro horario habitual para adelantar una hora los relojes.

Así que la pregunta que tiene sentido es: ¿comporta algún beneficio el horario de verano? Para responderla debemos remontarnos al propósito original de este cambio por parte de quienes lo inventaron.

El propósito de quienes inventaron el horario de verano fue añadir una hora más de luz por las tardes en los meses estivales. Respecto a los fines concretos que perseguían, había motivaciones personales que se ampliaron a la búsqueda de beneficios generales. El primer proponente de la idea, el británico-neozelandés George Vernon Hudson, entomólogo aficionado, quería tener más tiempo de sol por las tardes para recolectar insectos, pero también reducir el consumo de luz artificial en los atardeceres de verano. Por otra parte, el inglés William Willett, que tuvo la misma idea de forma independiente y a quien se considera el padre del cambio horario de verano que seguimos hoy, deseaba también contar con más tiempo de luz en las tardes de verano para practicar sus aficiones, como la caza y el golf. Pero dejarlo en el capricho de un constructor acaudalado sería una frivolización sesgada. Willett dedicó su vida a promover el cambio horario de verano y a tratar de demostrar que el cambio estival ahorraría energía en verano, al posponer el anochecer. Y aunque murió en 1915 sin conseguirlo, pronto algunos países comenzarían a adoptar el cambio horario en verano, que se generalizó en los años 70 con la crisis del petróleo.

Así que, resumiendo: con el cambio horario de esta noche no ganamos nada porque no está pensado para ganar nada. En todo caso, dejaríamos de ganar lo que ganaríamos en verano, si es que lo ganamos, cuando nos apartamos de nuestro horario normal. Y para despejar los condicionales de la frase anterior, la versión más directa y sencilla es esta: el horario de verano se diseñó para ganar una hora más de luz por las tardes. ¿Ganamos en verano una hora más de luz por las tardes con el cambio horario? Pues eso.

Todo lo cual también tiene implicaciones de cara a esa corriente que pretende cambiar nuestro huso horario peninsular y balear (UTC+1, UTC+2 en verano) para integrarnos en el de Canarias, Portugal y Gran Bretaña (UTC, UTC+1 en verano). Si nos atenemos exclusivamente al mapa, desde luego es innegable que por nuestra longitud geográfica deberíamos pertenecer al huso horario de Reino Unido, Portugal, Canarias y Marruecos, y no al de Alemania, Polonia, Noruega y Siria; así como el cambio horario de verano viene obligado por la Unión Europea, en cambio cada estado es libre de regirse según un huso horario u otro.

Pero está claro que la vida es mucho más que geografía. ¿Queremos tener una hora menos de sol todas las tardes del año? Puede que en verano no notáramos gran diferencia. Pero en el centro de la península, donde vivo, en invierno anochecemos sobre las 6 de la tarde. ¿Nos apetece que en enero el sol se marche a las 5 de la tarde? ¿Que los niños salgan del colegio casi de noche?

Naturalmente, quienes defienden este cambio de huso horario pretenden con ello modificar nuestras costumbres a semejanza de otros países europeos: comer más temprano, decir adiós a nuestros jefes a las 5 de la tarde, cenar antes y acostarnos prontito. Por supuesto que las costumbres pueden cambiarse por decreto; como caso típico, no hay dictadura que se resista a ello. Pero ¿hablará alguien con los jefes y jefas de ustedes para que les permitan salir del trabajo a las 5? ¿Y han paseado por Helsinki a las 9 de la noche? Hasta un apocalipsis zombi tiene más animación.

Esta pretensión resulta curiosa teniendo en cuenta, además, que el invento del horario de verano nació precisamente como una iniciativa británica para escapar de la tiranía de las noches tempranas, al menos durante los meses en que el clima de aquellas islas permite disfrutar de las actividades al aire libre. ¿Vamos a renunciar voluntariamente a nuestras largas tardes de sol?

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Cuidado: contratar a los mejores puede ser peligroso

http://www.yorokobu.es/los-peligros-contratar-highpo/

Las grandes multinacionales viven sumergidas en la furia de una nueva obsesión. Necesitan encontrar a los profesionales que dirigirán las empresas en el futuro y les ofrecen soberbios incentivos económicos y experiencias que espolean su curiosidad y aceleran su aprendizaje. También han elegido un nombre para ellos: son el talento de alto potencial o HighPo.

Para formar parte de este selecto club, que agrupa del tres al cinco por ciento de la plantilla según Harvard Business Review, hace falta demostrar un rendimiento extraordinario, una gran capacidad de liderar y gestionar conflictos y un don astuto por llamar la atención de los altos directivos. Tienen que lucir, igualmente, una evidente flexibilidad para adaptarse a distintos departamentos, disciplinas y retos y, al mismo tiempo, una clara voluntad de largarse si sus empleadores no sacian su curiosidad cambiándolos de actividad, localización geográfica y departamento. Huyen de la especialización y de los conocimientos profundos.

No les gusta tampoco la relación puramente jerárquica con sus jefes. Según los estudios de consultoras como Korn Ferry, su productividad y confianza en sí mismos son tan sólidas que les conmueven mucho menos los salarios abultados que los bonus que tienden al infinito. Excitan su deseo las materias que no dominan y las culturas, organizativas y locales, que les faltan por comprender. Su sed de novedad es la sed de alcohol de un pirata del Caribe.

Esta obsesión de las grandes multinacionales con la búsqueda del talento de alto potencial puede resultar eficaz, pero también las invita a cometer gravísimos errores. El primero es que la exaltación del individualismo y la creatividad puede esconder la intención de convertir a los principales mandos intermedios en simples clones de los que mandan ahora.

La clave está en el método más común que se utiliza para identificarlos. Pasa por analizar a los actuales directivos, extraer sus rasgos más relevantes y buscar en la organización a aquellos subordinados jóvenes que poseen las mismas cualidades aunque todavía no las hayan desarrollado. Entonces, se crean programas de formación para que las desarrollen y planes de incentivos para retenerlos.

Bajo la superficie

¿Pero qué es lo que está ocurriendo aquí? Básicamente, los altos directivos se definen unilateralmente como el gran modelo a imitar en su organización (¡porque ellos lo dicen!), buscan a otros que se les asemejen para dejarles el trono a largo plazo, y los forman y los incentivan para que se parezcan cada vez más a ellos.

Asumen, además, que las cualidades de los profesionales geniales pueden identificarse con las nuevas tecnologías y que su rendimiento extraordinario no depende de sus equipos y de las circunstancias. Seguimos creyendo absurdamente que la brillantez de un proyecto colectivo es solo individual y que puede diagnosticarse y predecirse.

En estas circunstancias, corremos también el riesgo de potenciar un lamentable culto al líder, al que hay que parecerse a toda costa, y cercenar la diversidad, el pensamiento crítico y la creatividad. El mensaje está claro: si quieres ascender hasta la cumbre, tienes que ser o fingir como yo.

Esa apisonadora contra la diversidad perjudica, especialmente, a todos los que no sean machos alfa. Como la inmensa mayoría de la alta dirección lo es, previsiblemente el talento de alto potencial que se identifique también lo será. Casi todas las mujeres y la mayoría de los hombres se encontrarán en brutal desventaja. Nunca serán lo suficientemente agresivos, implacables y dominantes.

Otro problema importante es que este esquema asume que las empresas pueden planificar su existencia a largo plazo a pesar de todas las pruebas en contrario. Olvidan que, según Boston Consulting, uno de cada tres negocios estadounidenses no llega a cumplir los cinco años. También olvidan que, como apunta el mismo estudio, la esperanza de vida de las compañías cotizadas en Estados Unidos se ha reducido a la mitad. No es un fenómeno exclusivamente norteamericano. Por cierto, ¿quién se cree con estas estadísticas en la mano que un directivo puede planificar el futuro a largo plazo y anticipar las cualidades que deberán reunir sus sucesores?

Hay más. Las evaluaciones sobre el talento de alto potencial son muy puntuales y dispersas. Eso significa que los HighPo no se someten a un examen continuo y que pueden terminar convirtiéndose durante años en una aristocracia hasta que, por fin, los descabalguen. Mientras tanto, quizás surjan otros profesionales mucho más valiosos que se sientan discriminados y despreciados por la organización.

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La aristocracia

Así las cosas, con la excusa de contratar y retener a los más brillantes, estamos invitando a marcharse y triunfar fuera a los mejores mientras cultivamos una nobleza acomodada y protegida. ¿Quién la protege? Los datos del primer procedimiento de identificación, la escasez de evaluaciones continuas, la inversión en formación y rotación que se ha realizado ya (¡no vamos a tirar esa pasta a la basura!) y las redes de contactos e intimidad con los altos directivos que procuran los programas de alto potencial.

Otra circunstancia adversa consiste en que los HighPo no se suelen quedar más de tres años en la empresa. Su voraz curiosidad y afán de probarse continuamente los llevan a buscar nuevos retos de una forma casi obsesiva. Los empleadores están formando y dedicando recursos ingentes a un colectivo que será supuestamente el futuro sin darse cuenta siempre de que muchos de ellos no tardarán en marcharse.

Además, olvidan otra cuestión fundamental. Si el talento de alto potencial rota constantemente y permanece poco tiempo, lo normal es que, cuando llegue el momento de la verdad, es decir, el de la sucesión en el comité ejecutivo, estén en inferioridad de condiciones. Los profesionales que hayan liderado departamentos estratégicos y hayan cultivado lealtades durante los últimos diez años podrán hacer que los HighPo, unos recién llegados, muerdan el polvo hasta que se rompan los dientes.

La apuesta por el talento de alto potencial no solo dice demasiado de las grandes empresas, sino también de las cualidades por las que reconocemos a muchos de los futuros líderes de nuestra sociedad.

Premiamos el rendimiento excelente y la curiosidad voraz, sí, pero hacemos lo mismo con la ausencia de compromiso a largo plazo, con la semejanza obligatoria con el que manda, con la posible conversión en una especie de aristocracia durante años y con una falta de especialización que los deja a merced de asesores y expertos.

Además, justificamos el culto al líder y al macho alfa, una receta ideal para confundir la ostentación con el éxito, el miedo con la motivación y la agresividad con el liderazgo. Por último, asumimos erróneamente que los personajes brillantes de hoy tendrán que serlo mañana y que su eficacia en un proyecto colectivo no depende de las circunstancias y la brillantez de sus equipos.

 

El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

http://theobjective.com/elsubjetivo/miguel-angel-quintana-paz/el-futuro-pertenece-a-los-menos-inteligentes-si-no-lo-evitamos/

A diferencia de la literatura o la religión, tan reconfortantes a menudo, la ciencia no tiene por qué resultarnos consoladora. Con frecuencia, de hecho, nos cuenta verdades un tanto fastidiosas. Incómodo resultó Galileo cuando decidió tomarse en serio el sistema copernicano e insistió en que la Tierra no era el centro del universo. Incómodo resultó Darwin cuando mostró que nuestro origen biológico y el de las cucarachas era el mismo. Incómodo es saber que hoy no contamos con una cura eficaz para todos los tipos de cáncer. Por latosas que resulten, ninguna de esas verdades pierde por ello ni un solo pellizco de verdad.

Esto no significa, naturalmente, que los científicos ignoren el revuelo que a veces podrían desencadenar sus descubrimientos. Ni que ello deje de provocarles cierto vértigo. Fue el caso, sin ir más lejos, del propio editor de Copérnico en el siglo XVI, el protestante Andreas Osiander. Temeroso de que su libro le acarreara una persecución religiosa, le añadió un precavido prólogo en que aseveraba que cuanto allí se contaba no debía tomarse como verdadero: “Esto, muchachos, es solo un hábil modo de resumir cómo se pueden hacer mejores cálculos en astronomía”, venía a decir el prologuista, “pero ni se os ocurra tomaros en serio este mero truco matemático, ni vayáis a creeros de veras que la Tierra no sea el centro de todo, líbrenos Dios”. La cautela de Osiander no parece excesiva: otro teólogo, Giordano Bruno, se negó a tomarse las cosas como proponía Osiander y se obstinó en sacar consecuencias de que nuestro planeta no fuera el centro del universo. ¿Resultado? Terminó en la hoguera donde un papa, de nombre Clemente, resolvió calcinar parejos atrevimientos.

Hoy los papas ya no achicharran más que terneras argentinas, pero ello no obsta para que los científicos sigan amedrentándose ante la reacción que sus estudios podrían desencadenar. Es lo que pensé al descubrir que uno de los asuntos más palpitantes de la psicología contemporánea contaba por fin, desde hace un año, con una pista para resolverse… pero esa pista aparecía, toda tímida, solo en el material suplementario de un artículo científico. Sus autores no parecían querer insistir en tal hallazgo. El asunto al que me refiero es fácil de formular: ¿favorece la selección genética actual a la gente más inteligente o a la menos dotada intelectualmente? Dicho de otro modo: ¿a este paso, los humanos seremos cada vez más listos, de media, o cada vez menos? La respuesta que se daba en los Proceedings of the National Academy of Sciences era contundente, y se corroboró con otro artículo de la misma revista en diciembre pasado: sí, la inteligencia es en parte heredable; sí, las personas más inteligentes tienden a tener menos hijos que el resto; y por lo tanto, sí, de seguir la actual tendencia, la especie humana estará cada vez menos dotada (intelectualmente).

(De desear adentrarse en los detalles científicos del asunto, cabe acudir a esta nutritiva entrada del blog de @DrXaverius).

¿A qué velocidad se producirá ese previsible entontecimiento de nuestras generaciones futuras, que hace unos años ya describió (menos científica, pero más entretenidamente) la película Idiocracy? Con el auxilio de un tercer estudio podemos confiar un cálculo: implicará unos 0,3 puntos menos de cociente intelectual por década. Esto significa que si Javier Marías o Antonio Navalón (recientemente aupados por periódicos de referencia como eldiario.es al rango de “odiadores de los millennials”) viven cincuenta años más, comprobarán entonces que la media de inteligencia a su alrededor descenderá hasta 1,5 puntos. Quizá no parezca demasiado, como no se lo parecen a algunos los grados de temperatura que se prevé aumentar en las próximas décadas; pero, en términos evolutivos, si ese proceso no se interrumpe, en mil años el humano medio tendría una inteligencia que hoy se considera retrasada.

¿Ese milenarismo va a llegar? Todo depende de si nos ponemos manos a la obra para remediarlo. Y de si queremos hacerlo, claro. A diferencia de la belleza o la fuerza física, que cabe reconocerlas perfectamente en los demás aunque uno carezca por completo de ellas (bien lo sabe un servidor, que humilde reconoce andar falto de la segunda), para apreciar la inteligencia hay que poseer, en parte, esa misma facultad. De modo que, si queremos encontrarle una solución a este asunto, más fácil será emprender tal tarea hoy que convencer a los atolondrados humanos de dentro de diez siglos de su importancia.

¿Qué se podría hacer? La entrada del blog que antes enlacé sugiere aplicar métodos como la selección de embriones o la ingeniería genética para compensar esa idiotización generalizada de nuestra especie. Son apuestas éticamente peliagudas, que entrañan un cierto tipo de eugenesia. Merecerían por sí solas otro artículo, de modo que no entraré a debatirlas aquí.

Hay, sin embargo, otra vía de solución más sencilla, que podríamos denominar “socialdemócrata”, en la que sí me detendré. Sabido es que a los socialdemócratas les encanta solucionar las cosas por medio de subvenciones. Y sabido es, al menos desde tiempos de la new left, que a los socialdemócratas les apasiona apoyar a las minorías, en particular aquellas en situación más vulnerable. Y bien, la conclusión es obvia, como habrá inferido el sagaz lector: creo que, desde el campo socialdemócrata, debería empezar a exigirse que el Estado subsidie a la gente más inteligente para que pueda tener más hijos de los que hoy tiene. Los listos son, al fin y al cabo, una minoría en evidente riesgo de extinción, si nos fiamos de la ciencia.

Además, no me cabe duda de que una medida como esta recabaría un apoyo electoral considerable. Al fin y al cabo, la mayoría de los votantes se considera del lado intelectualmente brillante de la sociedad, como notó ya Descartes al inicio de su Discurso del método. Votando a favor de esta subvención, pues, creerían en el fondo estar apoyando subvenciones para sí mismos. Quizá más tarde descubrieran que no es así: pero parece poco probable que masas de personas que se confesaran poco inteligentes se manifestaran luego para reclamar que son más tontos de lo que se creían.

El triunfo de los mediocres

https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/sabatinas-intempestivas-gregorio-moran/triunfo-mediocres_96092_102.html

Ni saben a dónde van, ni a dónde nos llevan. Preguntarse el cómo, resulta como un chiste narrado por un idiota, de esos que empiezan explicando el final y que añaden luego que ellos no saben hacerlo pero que contado por alguien con gracia es para desternillarse de risa. Y es verdad, aunque no toda. Hemos vuelto al infantilismo letal de los tiempos de Pujol, el gran ausente de todos los análisis. Esta es una sociedad que no acaba de aceptar la realidad y así nos va.

Tendríamos que preguntarnos de dónde han salido estos genios, de qué botella de alta graduación. Ni siquiera en sus soliloquios son capaces de construir un discurso coherente. Que si la declaración unilateral de independencia, que si las elecciones autonómicas, que si el diálogo. Padecemos del virus de la mediocridad que lo ha infectado todo. Desde que un delincuente anunció un viaje a Ítaca, y que a miles de payasos a cargo del erario público les pareciera de perlas, hemos recorrido todos los caminos del imaginario colectivo, hasta volver al punto de llegada y descubrir que no nos habíamos movido del sitio de salida.

Desde que un delincuente anunció un viaje a Ítaca, y que a miles de payasos a cargo del erario público les pareciera de perlas, hemos recorrido todos los caminos del imaginario colectivo, hasta volver al punto de llegada y descubrir que no nos habíamos movido del sitio de salida

¿De verdad no hay nadie en la sociedad catalana, ni en sus autosuficientes medios públicos o subvencionados, ni en su desvaída caspa intelectual, ni en los centenares de talentos mediáticos, que ose pedir que el supuesto president de la Generalitat, señor Puigdemont, y su abad misacantano Oriol Junqueras, deben irse al carajo, dimitir y dedicarse a la petanca, que es deporte para jubilados? Para hacer el fantasma no se necesita ni la colaboración de Rajoy ni la del Partido Popular. Para ese viaje al ridículo se bastan solos, siempre que los jalee una sociedad complaciente consigo misma, que olvida el hecho incontrovertible de que ha sido gobernada por una familia de mafiosos durante veintitantos años, alabada hasta la vergüenza ajena por los palmeros del análisis.

Pasó el tiempo del diálogo, ese mantra de los perezosos para alegría de presuntos implicados. ¿Sobre qué van a dialogar? ¿Qué entendemos por diálogo? Aún recuerdo el homenaje a Ernest Lluch donde una mediática apelaba a hablar con los asesinos. A tamaño pedazo de mediocridad parlante nadie le replicó si cabía imaginar a Lluch tratando de escapar de sus ejecutores armados diciendo, “un momento, caballeros, vamos a dialogar y así evitamos que me matéis”. ¡Cómo se puede mentir tanto y tan reiteradamente sin que la sociedad exija un mínimo nivel de verosimilitud! ¿No hay nadie que les recuerde que son una tribu de mentirosos recalcitrantes que atienden a una sociedad conservadora en un punto que alcanza lo reaccionario?

Una buena parte de la sociedad catalana ha sacado del armario la frustración que llevaba dentro. Está en su derecho, siempre y cuando no le niegue a los demás el deber de contarlo e incluso de sobrevivir a esta oleada de xenofobia ideológica. Se ha traspasado el nivel de la lucha de ideas y se embadurnaron de un supuesto pacifismo construido en base a la intimidación y la violencia. Se ha abierto en canal una sociedad que se jactaba de su capacidad integradora, una máscara. O te callas o nos veremos obligados a hacerte callar llenándote la boca de rosas y claveles, los suficientes para que te ahogues en silencio.

Los temerarios muchachos de la eterna sonrisa nos están haciendo la vida imposible a la mayoría de una sociedad acostumbrada a callar, que sólo pía cuando los mafiosos y sus sicarios tocan a rebato y echan el alpiste

Patética situación donde te dan a escoger entre el mambo o la vida. Nunca nos imaginamos que el buenismo podía matar y que el divertido ritmo de baile se convirtiera en un réquiem. Los temerarios muchachos de la eterna sonrisa nos están haciendo la vida imposible a la mayoría de una sociedad acostumbrada a callar, que sólo pía cuando los mafiosos y sus sicarios tocan a rebato y echan el alpiste. Las gallinas no son gastrónomas ni se sientan a la mesa; para comer han de inclinarse y picotear del suelo, al fin y al cabo tierra patriótica.

No sé si a algunos nos dará tiempo a verlo, o nos lo impedirán los clavelazos con los que nos amenazan los de las eternas sonrisas mortuorias, pero habrá un día que cada cual asumirá su cuota de vergüenza y de mentira. No hay diálogo posible con quien te está acogotando a bofetadas para que te reubiques y seas un buen catalán, una estupidez totalitaria que creíamos superada tras muchos años de que intentaran infructuosamente que fuéramos españoles fetén. Yo no quiero ser español, ni catalán, ni un equidistante del partido de los cínicos. Me conformaría con que me dejaran escribir, vivir y comportarme como un ciudadano que tiene el derecho –y como intelectual, el deber– de no comulgar con ruedas de molino.

SUM41: Esto es la guerra

SUM41 es una de las mejores bandas de rock de la pasada década con canciones como Pieces o Into Deep. Después de un bajón en esta década volvieron el año pasado, con un componente menos, pero con un disco muy parecido al último. Entre las canciones destacables esta, que fue el primer single, WAR. Y de regalo la que para mí era la mejor canción de su disco del 2007, Underclass hero, With me (¡10 años ya!).

So what am I fighting for?
Everything back and more
And I’m not gonna let this go
I’m ready to settle the score
Get ready cause this is war

There are days that I think I’m crazy
Other days nothing seems to faze me
There’s nothing more and nothing less
Just all the fears that I must confess well
I’m afraid I believe in nothing
No hopes or dreams you could’ve left me dead
Naive and not to mention
I’m losing count of all my blessings

With all that I’ve done, it’s too late
I can’t take back all that I have become

So all that I’m trying to say
I’m looking for a better way
Some days it just gets so hard
And I don’t wanna slip away
So what am I fighting for?
Everything back and more
And I’m not gonna let this go
I’m ready to settle the score
Get ready cause this is war

Another day in the right direction
I’m ok but I’m left to question
How did I get so far behind the rest?
Why am I so inclined to forget?
All the days that you made me crazy
Nowadays you don’t even faze me
It’s all the same and I don’t stress none
Sick and tired of all this tension

With all that I’ve done, it’s too late
I can’t take back all that I have become

So all that I’m trying to say
I’m looking for a better way
Some days it just gets so hard
And I don’t wanna slip away
So what am I fighting for?
Everything back and more
And I’m not gonna let this go
I’m ready to settle the score
Get ready cause this is war

Get ready cause this is war
Get ready cause this is war

All that I’m trying to say
I’m looking for a better way
Some days it just gets so hard
And I don’t wanna slip away
So what am I fighting for?
Everything back and more
And I’m not gonna let this go
I’m ready to settle the score
Get ready cause this is war

I’m looking for a better way
Some days it just gets so hard
And I don’t wanna slip away
Get ready cause this is war
Everything back and more
And I’m not gonna let this go
I’m ready to settle the score
Get ready cause this is war

En España hay seis millones de psicópatas puros y personalidades psicopáticas

http://www.20minutos.es/noticia/2871859/0/espana-psicopatas-seis-millones/

En España hay más de un millón de “psicópatas puros” y entre cuatro y cinco millones de “psicópatas normalizados o integrados”, entre narcisistas, trepas, maquiavélicos o malvados, según el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares Iñaki Piñuel. El investigador ha ofrecido estos datos en la FNAC de Callao durante la presentación de su libro “Amor Zero. Cómo sobrevivir a los amores con psicópatas”, publicado por La Esfera de los Libros. En la obra, explica cómo detectar este tipo de parejas tóxicas, cómo librarse de ellas y cuáles son las vías para la recuperación de las víctimas. El “amor cero” o la apariencia de amor “no es un fenómeno residual”, ha señalado el profesor, tras indicar que en España hay entre un 2 y un 3 por ciento de “psicópatas puros” (más de un millón de personas) y entre un 10 y un 12 por ciento (cuatro o cinco millones de personas) de “psicópatas integrados”.

Ha precisado que hay psicópatas integrados que están en la cárcel como el caso de José Bretón o los padres de Asumpta Basterra, “que asesinaron a sus hijos fríamente, pero que antes de hacerlo eran personas normales, buenos vecinos y buenos profesionales, que no habían generado ningún tipo de alarma social”. José Bretón o los padres de Asumpta Basterra, entre los personajes del libroLa mayoría de los psicópatas que existen en nuestra sociedad no llegarán a matar a nadie, pero podrán ser jefes, compañeros de trabajo o vecinos, que, aunque no cometan actos criminales, se comportarán como “absolutos depredadores emocionales, sociales y psicológicos”, ha resaltado Piñuel. Un psicópata integrado se presenta ante todo el mundo como una persona encantadora y maravillosa, dotada de una imagen pública impecable, pero es “un ser sin emoción, sin empatía y sin capacidad de reconducir su conducta, por lo que tener como pareja con un individuo de este tipo puede ser la mayor experiencia de victimización en este mundo”, ha subrayado. Los psicópatas están especializados en “sacar partido de los demás” y operan con “un estilo de vida parasitario” con el objetivo de destruir de manera progresiva a sus víctimas “explotándolas social, económica, sexual y emocionalmente y robando toda su energía psíquica”, ha detallado. Dentro del “catálogo de horrores” que sufren las parejas de psicópatas, Piñuel ha indicado que ellos se presentan como víctimas de sus víctimas, promueven la triangulación de forma deliberada, con la aparición de exparejas o posibles candidatos, para inducir un estado de inseguridad en la relación, utilizan la mentira sobre la mentira y lanzan “un bombardeo amoroso” de manera fulminante. Ante la experiencia del “amor cero”, ha aconsejado a las víctimas elaborar un duelo y hacer un funeral por la personalidad maravillosa que el psicópata creó y asesinó y que “no retornará nunca porque nunca existió”. Ha remarcado que todo aquel que ha trabajado en la investigación y rehabilitación de psicópatas que están en las cárceles sostiene que “no hay remedio para la psicopatía” y que no se debe practicar la terapia con esta patología porque, “en lugar de curarse, utilizan al psicólogo para aprender nuevas técnicas para depredar, manipular y destruir a sus futuras víctimas”. Por ello, ha destacado que la estrategia central de su libro es que “si tienes un psicópata en tu vida, no te detengas y corre” porque cuando la víctima se embarca en “una santa cruzada” para rehabilitar a su pareja, más destruida queda.

 

Esta podría ser la razón por la cual las orcas se están comiendo a los tiburones blancos en Sudáfrica

http://es.gizmodo.com/esta-podria-ser-la-razon-porque-las-orcas-se-estan-comi-1797221037

Un área de observación de tiburones en la costa de Sudáfrica se ha convertido últimamente en el escenario de una película de terror. Desde hace meses aparecen en las playas de Gansbaai enormes cadáveres de tiburones blancos que a menudo carecen de hígado, como si la versión cetácea de Hannibal Lecter se hubiera dado un festín. Pero esto no es una película, es solo biología, y es tan despiadada como siempre.

Esta semana tiene lugar la Shark Week (o el SharkFest), ocasión que aprovechan canales como Discovery Channel y Nat Geo Wild (a menudo pseudocientíficos) para ofrecer programación relacionada con los tiburones. Si bien los programas de la Shark Week son notorios por alimentar nuestros temores sobre los tiburones, resulta que estos peces rara vez son competencia para las orcas. Si lo que queremos es homenajear al animal que está en cabeza de la cadena alimenticia marina, tendríamos que celebrar la Orca Week en su lugar.

“Los que dicen que los tiburones están en la cima de los depredadores están equivocados”, explicó a Gizmodo el director del Expediente Internacional de Ataques de Tiburones del Museo de Historia Natural de Florida. “Por muy duro que suene, las orcas están un escalón por encima”.

Tras el primer incidente de Gansbaai hace unos meses, un puñado de cadáveres de tiburón blanco sin hígado han sido arrastrados por el mar hasta la costa de Sudáfrica. Los hígados que faltan apuntan a posibles ataques de orcas, ya que el hígado de tiburón está lleno del nutriente escualeno, que parecen buscar las orcas.

Los ataques podrían ser nuevos en Sudáfrica, pero ciertamente no están fuera de lo común para las orcas, según el profesor Rus Hoelzel de la Universidad de Durham en el Reino Unido. “Las orcas pueden comer casi cualquier cosa: son muy buenos depredadores”, explicó Hoelzel. “Trabajar en grupo sin duda ayuda”. (Los tiburones blancos pueden cazar en grupo, pero tienen la reputación de ser cazadores solitarios).

Hoelzel señaló que en ocasiones se han avistado orcas comiendo solo animales específicos, como delfines. Pero los científicos han encontrado carne de delfín y carne de pescado en sus vientres. La gente ha visto a las orcas matar delfines y leones marinos, y un documental de Nat Geo muestra ballenas comiéndose un tiburón blanco en 1997. Por último, a finales de 2016, un dron capturó este material de pesadilla de una orca destrozando un tiburón:

La verdadera pregunta, entonces, no es si las orcas comen tiburones (lo hacen), sino qué ha cambiado en Gansbaai para aumentar el número de ataques. Representantes de Marine Dynamics que han blogueado sobre los recientes eventos se negaron a comentar para esta historia, pero Burgess tenía algunas ideas.

“Sabemos que ha habido un aumento en las poblaciones de tiburones blancos en ciertas áreas del mundo, como en ambas costas de los Estados Unidos, gracias al manejo adecuado de la pesca y el haber clasificado de especies en peligro de extinción a los alimentos principales del tiburón blanco”, explicó.

Básicamente, una mejor gestión podría haber llevado al aumento de la población de tiburones. Las orcas también están protegidas. “Puede ser que haya algunas modificaciones en sus rangos”, dijo Burgess. “Los animales también podrían estar juntos más a menudo, tal vez como resultado de las condiciones ambientales locales”. Podemos estar presenciando algo que siempre ha sucedido, pero que con mejores prácticas de conservación o cambios ambientales se está convirtiendo en un evento más común.

En cuanto a lo que induce los ataques individuales, hay muchas razones por las que un tiburón blanco se acercaría a un grupo de orcas. Los tiburones blancos pasan mucho tiempo persiguiendo a su próxima comida, y por lo general ganan siempre en sus encuentros con otros animales, así que ¿por qué no atacar a una orca? Pocos saben que las orcas pueden atacar el punto vulnerable de su vientre y dejarlos sin hígado, explicó Burgess. Un órgano que las ballenas en realidad podrían no comerse.

“Se trata de saber si las ballenas asesinas van detrás del tiburón en su punto vulnerable para deshabilitarlas y comerse una parte importante de ellas, o si están ahí para jugar esencialmente con algo que han derrotado”, dijo Burgess.

Resulta que las orcas pueden ser realmente brutales. Así que, Discovery Channel, ¿cuándo tendremos una Orca Week?

El misterioso código de los títulos de crédito de Matrix resultó ser recetas de sushi

http://blogs.publico.es/strambotic/2017/10/codigo-matrix-recetas-sushi/

Pocas películas recientes ha logrado despertar tantas lecturas soterradas como‘Matrix’ (hablamos de la primera y original, dejemos el resto de la trilogía en un discreto olvido). Uno de los “secretos” que guardaba la cinta de los hermanos Wachowski era el significado de la “lluvia de caracteres verdes” que aparece en los títulos iniciales de la película, el presunto “código secreto” con el que la “Matriz” generaba la realidad virtual en la que -según creen algunos- todos vivimos.

Los primeros minutos de ‘Matrix (1999) son un torrente de caracteres de color verde lima que van descendiendo hasta culminar el plano. Desde lejos, parece un código indescifrable; pero si te acercas un poco, puedes discernir una secuencia de caracteres japoneses en los que se puede leer “hiragana”, “katakana” y “kanji”.

Al final ha resultado ser algo mucho más prosaico y decepcionante: una colección de recetas de sushi, según desveló el productor de diseño de la cinta, Simon Whiteley, en una entrevista con Cnet: “Me gusta contarle a todo el mundo que el código de ‘The Matrix’ está hecho a partir de recetas de sushi japonesas que encontré en un libro de mi mujer”, explica Whiteley, que remata: “Sin ese código, no hay Matrix”.

El creador de la famosa secuencia no tuvo el merecido reconocimento, pues su nombre ni siquiera aparece en los títulos de crédito, tal y como recuerda Vice.