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“Dedícate a lo que quieras…pero intenta ser el mejor”

Tu cuñado Alfonso empieza a ensayar su discurso sobre Podemos de cara a la cena de Nochebuena

Tu cuñado Alfonso ha empezado a esbozar esta mañana su aportación al Debate sobre el Estado de la Nación que tendrá lugar, de forma aparentemente improvisada, la próxima Nochebuena en casa de la tía Pili.

Partiendo de la tesis de siempre, según la cual este país “se va a la mierda” porque “hemos perdido el norte”, tu cuñado centrará su alocución en el auge de Podemos, partido al que él se referirá en todo momento con la expresión “los chavales estos”.

Aunque poco más han desvelado las fuentes cercanas al despacho de tu cuñado Alfonso, sí se ha podido saber que Pablo Iglesias heredará, apenas sin alteraciones, muchos insultos que el año pasado recibió Alfredo Pérez Rubalcaba.

Este país se va a la mierda un año más”

“Normalmente la base es la misma cada año, simplemente incorporo referencias puntuales a sucesos de actualidad. Lo que pasa es que esta vez han ocurrido tantas cosas que habrá que replantearlo todo un poco”, ha confesado Alfonso, que se muestra muy reticente a hablar de su discurso “porque luego le filtráis el argumentario al primo Josemi y se prepara las réplicas con tonterías que busca en Internet”.

Intuyendo de antemano por dónde irá el primo Josemi, tu cuñado Alfonso ha ensayado varias veces frente al espejo del pasillo su réplica estrella: “No tienes ni puta idea de lo que estás defendiendo porque ni siquiera han tenido tiempo de escribir su programa”.

Hasta hace bien poco, eran muchas las dudas acerca del discurso de tu cuñado porque, en cierta ocasión, se le oyó decir “Habrá que darles una oportunidad, cojones” refiriéndose a los dirigentes de Podemos. Sin embargo, el jueves de la semana pasada adoptó la tesis de que “los chavales estos nos llevarán a una dictadura si no les atamos corto” porque le llegó al correo un YouTube que le sacó de dudas.

“No voy a decir si estoy a favor o si estoy en contra, pero no es ningún secreto que estoy preocupado”, se ha limitado a decir el cuñado Alfonso.

Por su parte, la tía Pili ha encargado a su hijo Paco que le grabe “un cedé con las canciones de la Pantoja que a mí me gustan para ponerlo, porque es una pena lo que le ha pasado a esta mujer, y no me interrumpas que me da igual lo que digas tú, que ni habías nacido cuando ella ya era la más grande”.

JUAN MANUEL DE PRADA El muro y el anillo

Juan Manuel de Prada me parece un soberano gilipollas encantado de conocerse a sí mismo y pregonando a los demás qué está bien y qué está mal, pero a veces hay que leer lo que escribe porque aunque sea ebrio o dormido a veces escribe cosas interesantes:

Los sucesivos aniversarios de la caída del muro de Berlín sirven al Nuevo Orden Mundial para organizar tediosos saraos que conmemoran el ocaso del comunismo, aquella ideología que quiso ejercer un control omnímodo sobre las conciencias aplicando a rajatabla una estremecedora consigna atribuida a Lenin: «Contra los cuerpos, la violencia; contra las almas, la mentira». El Nuevo Orden Mundial ha hallado en la caída del muro de Berlín un fetiche muy apropiado para su mitología, que a la vez que infunde entre las masas cretinizadas horror a aquella tiranía siniestra les hace olvidar que están siendo aplastadas por una forma de tiranía mucho más sibilina que ya no se acompaña de violencia sobre los cuerpos; pero cuyo control sobre las almas sigue siendo implacable, y acaso mucho más eficaz.

En efecto, donde el comunismo se servía de métodos coercitivos y represores que arrasaban las conciencias, el Nuevo Orden Mundial, mucho más sofisticado, moldea las conciencias a su gusto, exaltando los deseos de sus sometidos. Tocqueville avizoró esta nueva forma de tiranía en La democracia en América; y sus palabras proféticas poseen hoy una vigencia escalofriante: «Después de haber tomado entre sus poderosas manos a cada individuo y de haberlo formado a su antojo, el soberano extiende sus brazos sobre la sociedad entera y cubre su superficie con un enjambre de leyes complicadas, minuciosas y uniformes, a través de las cuales los espíritus más preciosos y las almas más vigorosas no pueden abrirse paso: no destruye las voluntades, pero las ablanda, las somete y dirige; obliga raras veces a obrar, pero se opone incesantemente a que se obre; no destruye, pero impide crear; no tiraniza, pero oprime; mortifica, embrutece, extingue, debilita y reduce, en fin, a cada nación a un rebaño de animales tímidos e industriosos, cuyo pastor es el Estado». A esta forma de tiranía que ablanda voluntades y convierte a los pueblos en rebaños se refería también el siniestro Gran Inquisidor en Los hermanos Karamazov: «Nosotros les enseñaremos que la felicidad infantil es la más deliciosa. (…) Desde luego, los haremos trabajar, pero organizaremos su vida de modo que en las horas de recreo jueguen como niños entre cantos y danzas inocentes. Incluso les permitiremos pecar, ya que son débiles, y por esta concesión nos profesarán un amor infantil. Les diremos que todos los pecados se redimen si se cometen con nuestro permiso, que les permitimos pecar porque los queremos y que cargaremos nosotros con el castigo. Y ellos nos mirarán como bienhechores al ver que nos hacemos responsables de sus pecados. Y ya nunca tendrán secretos para nosotros».

Quizá el gran hallazgo de esta nueva (¡y benevolente!) forma de tiranía, frente a formas obsoletas que se imponían a través de instrumentos sombríos, es que ha logrado el sometimiento de las almas a través de la exaltación de la libertad. Ha sido, en efecto, tal exaltación la que ha logrado aislar a los individuos, rompiendo los vínculos comunitarios que los hacían fuertes, para convertirlos en átomos aislados dentro de una masa gregaria, engolosinados en el disfrute de placeres que los tornan cada vez más egoístas e incapaces de sacrificarse en defensa del bien común. Por supuesto, el Nuevo Orden Mundial se ha asegurado de que los placeres que sus sometidos consumen los obliguen a trabajar más por menos dinero y, por lo tanto, a entramparse de por vida, convertidos en esclavos de un poder financiero que, a cambio de su sometimiento, corrompe sus almas, suministrándoles entretenimientos envilecedores que estragan su espíritu, avillanan sus sentimientos y debilitan sus escasas defensas contra el abismo de la decadencia humana. Y lo más trágico (y a la vez cómico) es que, a la vez que el Nuevo Orden Mundial nos convierte en piltrafas infrahumanas que desde la escuela comulgan sus paradigmas culturales (de tal manera que ni siquiera sea necesaria la censura), a la vez que nos impone las interpretaciones del mundo que le convienen, a la vez que nos dejan sin religión ni vínculos duraderos, a la vez que nos despoja materialmente y nos convierte en hienas que claman por la satisfacción de sus apetitos más egoístas, ha logrado que nos creamos absurdamente diosecillos omnímodos que ejercitan su libertad sin cortapisas.

Se cayó el muro de Berlín. Pero el Nuevo Orden Mundial no requiere muros para oprimirnos. Le basta poseer aquel «Anillo Único» al que se refería Tolkien: «Un Anillo para gobernarlos a todos, un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas». Y ¡ay del que no pase por el aro de ese anillo!

http://www.finanzas.com/xl-semanal/firmas/juan-manuel-de-prada/20141123/muro-anillo-7864.html

“Cada nueva idea pasa por tres fases.
Primera: Es una locura, no me haga perder el tiempo.
Segunda: Es posible, pero no vale la pena.
Tercera: ¡Ya dije desde el principio que era una buena idea!”.
(Arthur C. Clarke)

BLABLABLA DE UN FILÓSOFO PIDIENDO LO SUYO

 

 

Abolir la Filosofía

Resulta lógico que en una sociedad gestionada por intereses económicos se deba plantear la abolición de la Filosofía como materia. También, como no, es imprescindible cargarse el Latín, el Griego, la Música y todo lo que implique distracción frente a las necesidades más imperiosas de nuestra industria. Se hace imprescindible que el nivel cultural de nuestros alumnos sea cada vez más ínfimo y pueda ser fácilmente moldeado por unas necesidades “productivas”. Total, ¿qué hacemos desperdiciando recursos en estudios que sólo sirven para aumentar las listas del paro? ¿Qué sentido tiene la cultura cuando lo importante son los números? ¿Qué sentido tiene la lectura cuando lo único que interesa es que sepan poner un voto dentro de una urna sin cuestionarse las connotaciones de ese acto?

Fuente: http://www.indh.cl
Fuente: http://www.indh.cl

Sí, estoy con la gran empresa. Tengo claro que para dar cuestiones inútiles no hemos creado los centros educativos. Que las fábricas de trabajadores no pueden regirse por las expectativas e intereses de los alumnos. Que lo de estudiar Filosofía es una pérdida absoluta de tiempo porque, ¿qué sentido tiene estudiar planteamientos filosóficos cuando lo que interesa es superar una prueba tipo test? ¿Qué sentido tiene saber interpretar un texto o deducir lo que nos plantean determinados autores? Porque, siendo sinceros, ¿a quién le importan, entre otros, un montón de griegos que tenían mucho tiempo y que, incluso en algunas ocasiones, se dedicaban a vivir en un triste tonel? Que para algo hay los minipisos y las órdenes de desahucio. Que para algo existen leyes que protegen a bancos y permiten echar a esos impresentables octogenarios que lo único que hacen es ocupar un piso teniendo una deuda de unos pocos cientos de euros. Dónde vamos a parar.

La cultura sólo la promueve la chusma. Y, lamentablemente, sigue habiendo demasiada chusma en los centros educativos dedicada a la docencia porque, sólo hace falta ver el currículum. Qué perdida de tiempo en mantener a unos profesionales que no aportan nada cuantificable. Qué desatino para la administración no permitir gasear a todos esos amantes de la cultura y distractores del personal con disertaciones que sólo sirven para hacerles pensar y reflexionar. Que para apretar un botón no hace falta pensar mucho. Que si los alumnos adquieren hábitos de pensamiento crítico se desmonta el chiringuito. Que el chiringuito está muy bien para algunos y no es cuestión de cargárselo.

No soy sólo partidario de abolir la Filosofía. Soy un gran defensor de la reinstauración de la guillotina para todos aquellos que se atrevan a pensar y a cuestionarse las órdenes recibidas. Que para eso tenemos un horario escolar de esclavos. Que para eso diseñamos los centros educativos para que, cada vez más, se parezcan a esas cárceles que ya estamos tardando en privatizar.

Vade retro Filosofía. Ven a mí espíritu de la multinacional y de la producción industrial.”

http://www.xarxatic.com/abolir-la-filosofia/

Comentario mío:

Nuevo artículo de un filósofo que se pone las manos en la cabeza porque la Filosofía pase a ser optativa en Bachillerato, porque sin la Filosofía los alumnos dejarán de pensar y razonar (JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA). Solo ellos tienen la verdad.

En cambio estos “filósofos” jamás se han puesto las manos en la cabeza porque en este mundo de números y tecnología los alumnos de ciencias estudiaran “de todo” mientras los de humanidades solo hacían…humanidades.

Lo único que demuestran con estos artículos es que son muy ignorantes respecto a todo lo que no sea lo suyo. Y más en  un país como este donde, como he dicho antes, los alumnos de ciencias están obligados a hacer de todo hasta antes de entrar en la universidad mientras que los alumnos de humanidades se pueden quitar casi todo lo que no sea “lo suyo” con 15 años y hacer incluso unas matemáticas descafeinadas. Lo único que les preocupa es perder prácticamente el único sitio en el que un filósofo puede colocarse y perder sus privilegios en los centros educativos. ¿Por qué no piden que la Filosofía sea obligatoria en 1º y 2º de la ESO? Pues porque esos alumnos no les interesan lo más mínimo.

Decir que las Matemáticas, la Física o la Economía que se da en secundaria son asignaturas entregadas al capital es ser muy burro.

El agujero negro de la Universidad española

A raíz de  la polémica generada por el contrato de Íñigo Errejón en la Universidad de Málaga ha saltado a primer plano del debate público el mal funcionamiento universitario en torno a dos grandes asuntos, amiguismo y precariedad. Es una buena ocasión para entrar en un tema fundamental y poco abordado. Alguien tan solvente como Gregorio Morán, en  una charla reciente con Juan Carlos Monedero, dijo de manera tajante: “La universidad está absolutamente podrida” (min. 1:08:00). ¿Qué significa esto y qué consecuencias tendría de ser así?

Comenzaré por el principio. El ingreso en la carrera académica se hace a partir de una tesis doctoral. El director de tesis no tiene ninguna obligación de realizar un seguimiento adecuado, pero aparece lo que ya  Pierre Bourdieu calificó como “intercambio de favores”. El doctorando se sabe dependiente del director en casi todo. Y este comienza a alimentar “el tiempo de espera”: tu plaza llegará. Esto provoca que la figura del estudiante de tesis pueda convertirse en la de secretario/a, con una “disposición dócil y sumisa” hacia un maestro al que se debe “reverencia”, además de gratitud prácticamente de por vida si finalmente se consigue un puesto.

En las tesis doctorales en España, hasta hace nada, era prácticamente imposible bajar del sobresaliente cum laude. La razón es muy sencilla: a los miembros del tribunal los escoge el director, que también se juega parte de su prestigio en la presentación. A día de hoy sin embargo se están introduciendo algunas reformas, como el voto secreto del tribunal, que hace que la unanimidad respecto a la máxima calificación se rompa. Si esto sucede, ya en algunas universidades se opta por no ofrecer más que un sobresaliente. Bajar de ahí es anatema.

Según avanza la carrera académica cada vez se hace más evidente que se está en una competición donde todo empuja a convertirte  en empresario de ti mismo. De este modo es fácil disolver las solidaridades colectivas. Uno de los primeros pasos como doctor es presentarte a los procesos de acreditación nacional en la célebre ANECA, y aquí el diseño de tu currículum es crucial.

De lograr pasar la evaluación, podrás empezar a optar a plazas universitarias algo más estables. Pero estas evaluaciones de la  ANECA son bastante opacas, sin entrevistas ni exposiciones públicas, donde no se leen las publicaciones, se pesan, ni apenas se valoran las evaluaciones docentes. Con ello, como indican  Patricia Amigot y Laureano Martínez, se promueven además determinadas conductas de investigación y una gestión del tiempo que no resultan inocentes.

Una vez acreditado, si te vas a presentar a una plaza surge el gran problema de la endogamia universitaria. Más fuerte cuantos menos recursos haya y cuanto mejor sea la plaza. ¿Por qué se da? Sencillamente porque los departamentos tienen un amplio margen a la hora de organizar las comisiones que juzgarán los llamados concursos públicos. Y digo llamados porque pocas veces se concursa de verdad, y porque si hablamos de plazas fijas no suelen gozar de buena publicidad, ni en la convocatoria ni en la justificación de resultados. Para ayudar al favorito/a, generalmente de la casa, se cuenta con el instrumento del perfil de la plaza. Este resulta justificable para delimitar campos amplios y aceptados de cada disciplina, pero se puede ajustar de tal modo que deseche de entrada a potenciales rivales y ayude a justificar puntuaciones absurdas.

No podemos decir que haya nada ilegal en la mayoría de las plazas que sabemos que se han otorgado a dedo en la Universidad. Aunque se sepa que la misma convocatoria de la plaza surge de una reunión a puerta cerrada entre un catedrático, o director de departamento poderoso, que quiere colocar a alguien y el vicerrector correspondiente. Un enjambre de normas, puntuaciones detalladas y posibilidades de recurso disfrazan los procesos. En la práctica ganar un recurso, para quien se atreve a solicitarlo, es tarea casi imposible.

El origen del problema universitario está de este modo en la contratación. De aquí surgen querellas de años entre catedráticos, que a veces llegan a las manos —siempre hay casos legendarios— y que hacen extensibles a sus respectivos grupos. Porque aclaremos, tal y como escribeVíctor Pérez Díaz, que en nuestro país no se fomentan los grupos de investigación abiertos y plurales —lo que no impide que contra viento y marea los haya—.

Esto hace que predomine lo que  Fernández Buey describió de manera excelente como mandarinatos. Es decir, grupos cerrados, jerárquicos, con un catedrático con poder universitario en la cúspide. Los miembros de estos grupos antiguamente eran hasta numerados de cara a acceder a los puestos que el grupo podría lograr, y de esa manera se evitaban peleas internas. Hoy que yo sepa no se numera, pero de una u otra manera se deja claro el orden. Y ay de quien se lo quiera saltar. Ni que decir tiene que estar sin padrino o sin grupo de este tipo en la Universidad española es temerario, pero a la vez ofrece una libertad única.

En este paisaje la rivalidad entre los propios grupos suele ser enconada en busca de pequeñas cuotas de poder, sobrepasando las cuestiones teóricas e ideológicas las más de las veces, como también apuntaba en su momento Rafael Escudero. La sombra del franquismo en este caso es alargada. También las de Schumpeter y Schmitt.

Es así en este ambiente bélico donde prenden las relaciones de desconfianza, las competencias a menudo dañinas y las relaciones narcisistas basadas en la adoración al líder, el sometimiento de los seguidores y la continua exposición vacía a lo público.

No es por tanto sorprendente que se den niveles generalizados del síndrome del burnout, o desgaste psíquico laboral, entre el profesorado joven con contratos temporales. Como recopilan  Ana Caro e Isabel Bonachera,se han detectado además alarmantes porcentajes demobbing en el profesorado universitario español. Hablamos de hasta el 50% en algunas universidades. Estudios como los de  José Buendía explicaban ambos fenómenos en 2003 a partir de los siguientes factores: “docencia con grupos masificados, burocracia asfixiante, actividad investigadora interminable (…) un procedimiento de promoción injusto, salarios inadecuados, (…) un sistema de apadrinamiento que genera relaciones de vasallaje, (…) espacios de impunidad (…) y miedo al poder”.

En un reciente libro sobre el caso estadounidense, escrito por Benjamin Ginsberg, podemos extrapolar para el caso español su preocupación por la progresiva pérdida de independencia en el personal docente e investigador. El incremento de los contratos temporales —el 42% de profesores de la Complutense, por ejemplo— y el empeoramiento de las condiciones laborales atentan directamente contra la libertad académica. Dentro y fuera de la institución.

En nuestro país, además, sin mecanismos adecuados de cumplimiento e incentivos, el personal contratado no funcionario suele ser el que soporta mayores cargas de trabajo. Es decir, los profesores e investigadores precarios —pienso en figuras como las de asociado o interino— si incumplen sus contratos es para trabajar de más. Y sí, en Ciencias Sociales es habitual que te permitan investigar a distancia y sin fichar. Cosa distinta es que los proyectos de investigación suelen gozar de laxos controles sobre su financiación y justificación.

Por contra, aunque hay excelentes profesores funcionarios que han renunciado a partes importantes de su vida personal empujados por su vocación y por los requisitos de una carrera exigente, también los hay que incumplen sistemáticamente sus obligaciones más básicas sin ninguna consecuencia.

La universidad tiene muchos más problemas. Me he querido centrar aquí en los que afectan al profesorado porque creo que es de donde proviene el gran agujero ético que repercute también sobre otros ámbitos.

¿Cuántos políticos y columnistas de opinión procedemos de la Universidad? El porcentaje ha de ser muy alto. Si estamos hablando de que gran parte de los concursos públicos no lo son realmente, tenemos un problema, y gordo. A menudo se ha naturalizado tanto la situación que apenas se da un aprendizaje ético en la institución. Pocos son los que tienen otra mirada, unas gafas semejantes a las violetas del feminismo, que les permitan ver injusticias allá donde la rutina y el poder las normaliza.

Este es el gran agujero, lo que alguna vez he denominado  la trampa ética a la que nos enfrentamos toda una nueva generación de universitarios. No propongo un gran proceso inquisitorial, más que nada porque me temo que nos quedamos sin Universidad. Además, y como indicaba más arriba, es muy difícil denunciar que se incumplen unas normas hechas con la suficiente ambigüedad como para permitir la endogamia. Pero sí se puede reclamar más humildad y coraje en el abordaje del asunto. Ni los universitarios de Podemos, y aquí lo siento, pueden dar lecciones desde una perfección moral cuasidivina, ni mucho menos sus críticos en el PP o el PSOE pueden decir una sola palabra sobre casos como el de Errejón. A no ser que empleen ese mismo listón, el cual me parece bien, con sus profesores.

El principio de la solución a mi entender está en empezar a hacer un diagnóstico adecuado, aunque resulte crudo. Y así entrar al debate sobre la serie de reformas radicales que puedan desterrar el clientelismo y la perversión de lo público en la institución. No solo saldrán cuadros universitarios a la política y a la sociedad civil con mayor bagaje ético, sin vergüenzas de las que seguramente habían dejado de ser conscientes, sino que también los lectores, votantes y estudiantes se llevarán a su casa palabras algo más veraces.

http://www.eldiario.es/zonacritica/agujero-etico-Universidad-espanola_6_326577362.html