Algunos comentarios…

…de un foro donde se debate porqué la natalidad en España es tan baja:

“Esta es la causa del invierno demografico. La hipergamia de las mujeres.

En Ucrania/Rusia/Bielorrusia una chica de 20 años preciosa no se va con un alfa, se va con el vecino que se compromete a cuidarla, matrimonio mediante

Aquí una tía de 20 años aspira a lo máximo, sin vincularse para poder zorrear. Y solo cuando tiene las tetas caídas y los ovarios resecos busca a un pringado que le pague las facturas.

Esa es la causa del invierno demografico, y que se dejen de las gilipolleces progres de que la causa es “el estado no nos da sanidad, educacion, subvencion, una casa , un chalet y un viaje al Caribe ” gratis”

 

Qué no, que no es eso. Que de mi grupo de amigos todos estamos bien por encima de esa cifra y más de la mitad no tenemos pareja aunque queramos. 

Nunca ha sido desde un punto de vista material más facil tener hijos. Las necesidades más básicas, salud, educación, de un hijo las cubre el estado. Los abuelos tienen tiempo libre y capital para hechar una mano. Con un sueldo de 1.000 euros al mes se puede criar dos hijos perfectamente, sin lujos y mirando el dinero, pero se puede. Nuestros abuelos tenían 4 hijos de media con mucho menos. Hace 150 años no había ni agua corriente y se tenían hijos.

El problema no está en la riqueza material. Está en la subversión cultural que por desgracia me ha tocado vivir.

 

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El “invierno demográfico” era esto: las españolas tienen 100.000 hijos menos que en 1939

https://www.libremercado.com/2018-03-11/el-invierno-demografico-era-esto-las-espanolas-tienen-100000-hijos-menos-que-en-1939-1276615257/

Los españoles no tenemos niños. No se habla demasiado del tema, aunque en los últimos años ha ganado algo de actualidad, sobre todo por el debate acerca de la sostenibilidad del sistema de pensiones. Y sí, está claro que si no hay un reemplazo, en el mercado laboral, a los actuales trabajadores, será mucho más complicado financiar las prestaciones de jubilación.

Pero que no haya niño es importante no sólo porque no vayamos a tener quién nos pague la pensión. El cambio que estamos viviendo en los últimos 30-35 años tiene unas enormes implicaciones sociales, económicas o políticas. Pocas veces (si es que se ha producido antes) hemos asistido a una modificación de tal magnitud y tan rápida en una sociedad. No estamos solos, eso es cierto: otros países como Italia, Grecia o Portugal nos acompañan. Eso sí, no pensemos que también aquí la crisis ha sido la culpable: en 2005 o 2007, las cifras no eran muy diferentes. Y ni la recesión impactó de forma especialmente negativa en este tema ni la recuperación económica ha servido para cambiar de tendencia.

Algunos datos son escalofriantes: según publicaba hace unos días Eurostat, en 2016, las madres nacidas en España dieron a luz a 312.898 niños. Simplemente para que nos hagamos una idea de lo que eso significa: en 1939, con 25,5 millones de habitantes (20 millones menos que ahora), en el año final de una Guerra Civil (con lo que un conflicto de este tipo implica desde un punto de vista demográfico, sobre todo por su impacto entre los hombres jóvenes) que supuso cientos de miles de fallecidos, una ruina económica y el exilio para muchos otros miles… pues bien, en aquellas circunstancias, nacieron en nuestro país 419.800 niños: 107.000 más que en la actualidad (de madres nacidas en España).

Las cifras

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En esta tabla, con cifras del INE, podemos ver el número de nacimientos en España en las últimas ocho décadas. Como vemos, tras la Guerra Civil, que implicó un desplome en esta estadística (de más de 635.000 nacimientos en 1934 se pasó a menos de 420.000 en 1939), la natalidad se recuperó rápidamente en España. En 1945 ya estábamos de nuevo por encima de los 600.000 nacimientos y por encima de esa barrera continuamos hasta 1979: ese fue el último año, hasta el momento, en el que se superó esa cifra. A partir de ahí, vivimos un descenso casi continuo durante dos décadas, que vivió su punto más bajo en 1996, cuando se registraron apenas 362.626 nacimientos.

Luego, comenzó una pequeña recuperación, especialmente con el nuevo siglo y en 2008 España volvió a superar el medio millón de nacimientos. Eso sí, fue la primera y última vez desde 1982 en que esto ocurría. Un espejismo. En aquel año se desató la crisis y muchos inmigrantes salieron de España, para volver a sus países de origen o buscando otros destinos más atractivos desde el punto de vista económico.

Y las cifras de nacimientos volvieron a hundirse. Desde 2008 a 2016, hemos vivido ocho años de descensos (con un mínimo repunte en 2014, de apenas 1.800 niños más que en 2013) que nos ha llevado de los 519.779 nacimientos de aquel año a los 410.583 de 2016: ¡casi 110.000 menos en ocho años! No hay una cifra cerrada para 2017, pero viendo los datos parciales, todo apunta a que también habrá habido un descenso en el pasado ejercicio.

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Pero cuidado, incluso esa cifra de 410.000 nacimientos es algo engañosa. Porque cuando hablamos de niños nacidos en España o de tendencias demográficas, tendemos a imaginar a una pareja española y a pensar en si los jóvenes españoles tienen más o menos hijos. Esta es una imagen que cada vez es menos precisa. Porque el porcentaje de niños que nacen de madres no nacidas en España es cada vez más elevado. Por eso, como apuntábamos antes, el estallido de la crisis tuvo un impacto tan importante en los nacimientos: no es sólo que las españolas tuvieran menos hijos (que también), es que, sobre todo, muchas madres potenciales nos dejaron.

De esta manera, en la tabla 2 vemos las cifras de Eurostat para 2016 de hijos nacidos de madres nacidas en España y de madres nacidas en el extranjero (por cierto, hay una pequeña diferencia en la suma total con las cifras del INE, que probablemente se ajustará con las cifras definitivas). Pues bien, como podemos ver, el 23% de los nacimientos se debe a madres nacidas en el extranjero. Esto tiene una lectura positiva: la inmigración está ayudando a que el invierno demográfico no sea tan duro. Pero también podemos leerlo de otra manera: si sólo contamos a las madres españolas, hablamos de poco más de 300.000 nacimientos al año. Y no es la crisis: en 2010, en mitad de la recesión, las españolas tuvieron más de 370.000 hijos (casi 60.000 más que en 2016). En nuestro país, como en la mayoría de la UE, los últimos años han visto un desplome de la natalidad; una tendencia que se ha mantenido tras la recuperación económica.

En las décadas de 1940-50-60-70 no hay (al menos, nosotros no lo hemos encontrado) una estadística detallada que permita dividir entre madres nacidas en España y en el extranjero. Pero parece razonable suponer que en aquellos años había muy pocos hijos de madres no españolas. Así, si asumimos que todos los nacimientos de 1939 eran de madres españolas (algún hijo de madre extranjera habría, pero se podrían contar casi con los dedos de una mano), lo que tenemos es que en 2016 las españolas dieron a luz a más de 100.000 niños menos que en el peor año de la Guerra Civil.

En el libro Estadísticas Históricas de España siglos XIX y XX, de la Fundación BBVA (se puede descargar aquí el PDF de forma gratuita), se recogen datos desde 1858: pues bien, en aquel año, con apenas 15 millones de habitantes, nacían en nuestro país 546.000 niños. De hecho, a partir de 1861, cuando nacen 611.000 niños, apenas hay ningún año hasta 1980 en que se baje de esa barrera de los 600.000 (sólo durante la Guerra Civil y algún año suelto en el siglo XIX y en la postguerra). Alejandro Macarrón, experto en demografía y autor del libro El suicidio demográfico en Occidente y medio mundo, cree que, salvo sorpresa en los últimos meses del año, cuando conozcamos la estadística completa de 2017 veremos que hemos superado (por abajo) otro hito histórico: “El pasado año habrán sido menos de 300.000 los nacimientos de madres nacidas en España, por los datos preliminares publicados (a falta de los definitivos). Una cifra tan baja no se daba, muy probablemente, desde el siglo XVII, en una España con siete millones de habitantes”.

Por qué

A partir de aquí se abre el terreno para el debate. Por un lado, es evidente que todas las sociedades ricas han sufrido una caída en la natalidad. Tiene un sentido lógico y podría decirse que positivo: por ejemplo, ya no hace falta tener 4-5 hijos para asegurarse de que al menos 2 o 3 sobreviven y pueden ayudar a los padres cuando estos envejezcan. En este sentido, los avances médicos han tenido un impacto espectacular en las cifras de mortalidad infantil. Está claro, además, que la incorporación de la mujer al mercado laboral también ha influido en esta tendencia.

Pero hay algo más. Muchas veces se apela a cuestiones económicas o políticas: desde la crisis a la falta de ayudas públicas a las parejas jóvenes. Y sí, estas causas pueden ser relevantes, pero no parecen explicar demasiado. Para empezar porque en todos los países de Europa vemos una tendencia similar. Es cierto que en España es más grave, pero ahora mismo no hay ni un solo país en la UE que alcance la tasa de fertilidad de 2,1 hijos por mujer que se considera necesaria para que haya un reemplazo natural de población. Es cierto que en algunos países del norte de Europa se vivió un repunte de la natalidad en los años 90-2000. Pero el espejismo también aquí se ha evaporado: desde 2008-2010, prácticamente todos los países del Viejo Continente están viendo desplomarse sus tasas de natalidad. Y en los pocos en los que el descenso es menos pronunciado, cuando uno analiza las cifras, casi siempre se encuentra con que son las inmigrantes las que sostienen la estadística. Vamos, que las europeas no quieren tener hijos: tampoco en los países más ricos, con más ayudas, menos golpeados por la crisis o con una cifra de paro femenino más baja.

Dicho esto, como apuntamos, la situación en España es todavía más grave. Estamos a la cola en fertilidad, con 1,33 hijos por mujer (junto a Chipre, Italia, Grecia, Portugal y Polonia, únicos países por debajo de 1,4 hijos por mujer). Eurostat apunta a 1,3 como el límite no ya de reemplazo (que ya hemos visto que es de 2,1 hijos) sino aceptable para una sociedad (lo denomina como lowest-low fertility, una expresión difícil de traducir que podría significar algo así como el mínimo de fertilidad aceptable o un nivel bajo entre los bajos). Pues estamos al límite. Y la edad media a la que las españolas tienen su primer hijo es de 31,9 años, la más alta de Europa junto a la de Italia.

En el siguiente gráfico, puede verse como estamos en el peor de los mundos posibles. En el eje vertical, se distribuyen los países según su tasa de fertilidad (los que están debajo de la línea azul es que tienen un nivel inferior a la media europea). En el eje horizontal, según la edad de la madre cuando nace su primer hijo: a la derecha de la línea significa madres con más edad. España está en el por lugar, abajo (dato muy bajo en fertilidad) y a la derecha (madres muy mayores).

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Otro comentario…

… sobre las salidas de carreras sin salida laboral:

“Los estudios universitarios están financiados por el estado.”

Si ¿y?

“Trabajar de camarera es una posibilidad, pero para ello no hace falta gastarse 20k euros en formacion, y tampoco garantiza un incremento en GDP ni te hace pagar mas impuestos.”

Si ¿y?

“Que alguien preparado no pueda ejercer ganando 2000 euros y tenga que pasar a ganar 650 no es solo un problema para esa persona sino para todos. Menos salario, menos impuestos, menos servicios, menos bienestar. “


Si una persona que ha estudiado, no puede ganar 2.000€ y solo puede acceder a 650€ significa una cosa: su profesión esta MASIFICADA y NO TIENE SALIDA, y ahí el Estado no tiene absolutamente ninguna culpa.

Si hay 100 ingenieros pero solo 50 ofertas de empleo para ingenieros ¿Qué crees que ocurrirá? Matemáticas de primaria.

Tiene narices tener que explicar cosas tan evidentes y sencillas.

Si todo el mundo fuese ingeniero se nos rifarían en EEUU, Qatar o Alemania como pasa con Indios y Chinos. Bueno en Alemania ya se nos rifan actualmente. Esto sin hablar de la transformación que tendría nuestro país y su consecuente industrialización volviendo a “la champions league” abandonando el modelo actual de turismo y siesta.

Es la diferencia de base. Si estudias para trabajador social y te vas a Alemania lo más seguro es que tengas que trabajar de camarero porque tu título es papel mojado, ni que seas doctor en ello. Si has cursado medicina, en Alemania vas a tener trabajo, en Suecia o en Japón. Lo mismo con otro buen puñado de carreras.

España está plagada de carreras engañabobos con la simple finalidad de que cualquiera las pueda aprobar y la universidad se lleve su dinerito. Estoy de acuerdo en que las universidades tienen parte de culpa por su propaganda de “¡estudia esto que tiene muchisima salida y nuestros estudiantes mira como sonrien!” pero no menos culpa tiene el bobo que se lo cree. 

Me jode que esto se haga con dinero público para que todo el mundo pueda tener su papelito firmado por el rey. Pasándose la meritocracia por el forro y quitando ayudas para estudiantes de carreras con proyección y futuro.

Pero es lo que tiene cortar por abajo en la universidad.

El rock’n’roll de los idiotas

Yo no tenía ganas de reir,
tú reías para no llorar;
yo le guiñaba un ojo a mi nariz,
tú consolabas a tu soledad.

Yo sin ninguna escoba que vender,
tú con mil y una noches que olvidar;
a mí no me quería una mujer,
a ti se te moría una ciudad.

Tú habías perdido el último autobús,
a mí me habían hechado de otro bar;
los mismos alfileres de vudú,
el mismo cuento que termina mal.

Pero quiso el cielo
bautizar el suelo
con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena
de muñeca rota
y tu mirada azul
me dijo a cara o cruz
y mi alma de tahur
lo puso a doble o nada.

Y los peces de colores de mis botas
y tus marchitos zapatitos de tacón
locos por naufragar
salieron a bailar
al ritmo de la lluvia sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.

Yo no venía de ningún país,
tú ibas camino de cualquier lugar;
conmigo no contaba el porvenir,
de ti no se acordaba el verbo “amar”.
Yo no jugaba para no perder,
tú hacias trampas para no ganar;
yo no rezaba para no creer,
tú no besabas para no soñar.

Y sin equívocos de vodevil
ni alertas rojas en el corazón
el dios de la tormenta quiso abrir
la caja de los truenos y tronó,
porque quiso el cielo
acariciar el suelo
con su gota a gota
y con champú de arena
para tu melena
de muñeca rota.

Qué disparate de
partida de ajedrez
con un partenaire
adicta al jaque mate.

Y tu bolso como un nido de gaviotas
y mi futuro con pan duro en el cajón
locos por naufragar
salieron a bailar
al ritmo de la lluvia sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.

Capeando el temporal
salieron a bailar
como dos locos bajo el chaparrón de notas
del rocanrol de los idiotas.

El rocanrol,
el rocanrol de los idiotas.
Como tu y como yo.
El rocanrol de los idiotas.

Se marcó la calle
con aquel detalle
de dejarnos solos.
El rocanrol de los idiotas.

Y por casualidad
comenzó a tocar
la flauta de Bartolo.
El rocanrol de los idiotas.

Go Johnny go, go, go.
El rocanrol de los idiotas.
All you need is love.
Y bailar
El rocanrol de los idiotas.

A vam ba baluba balam bam bu.
Tutti frutti.
El rocanrol de los idiotas.
Don’t worry.
El rocanrol de los idiotas.

 

En la 69 punto G
tiene el corazón una oficina
donde don Nadie gana al ajedrez
y los adivinos adivinan
y los aladinos aladinan
y de propina,
imagínate.

Seremos tu cordón umbilical,
tu confesionario, tu pomada.
Ponte los cascos en la oscuridad
si te da la espalda la almohada,
busca la frecuencia modulada
una coartada
para alunizar.

Ven a la 69 punto G
cuando te canses de crecer
y los sueños tarden en venir,
que un Debussy
crepuscular
toca en el dial
la seguidilla de Buñuel,
déjanos jugar
contigo al escondite inglés
en la
69 punto G.

Las epidemias fueron anteayer,
las arrugas son de plastilina.
En la academia del amanecer
da clases de morbo Mesalina
y, en una pecera con espinas,
flotan las ruinas
de los cabarés.

Ven a la 69 punto G
cuando te canses de crecer
y los sueños tarden en venir,
que un B.B. King
sentimental
toca en el dial
la sonatina de Rubén,
déjanos jugar
contigo al escondite inglés
en la
69 punto G.

Toca en el dial
la polonesa de Chopin,
vamos a soplar
la ralla del amanecer
en la
69 punto G

OT: Mientras dure el espejismo

https://elpais.com/ccaa/2018/03/17/madrid/1521244359_588922.html

Los integrantes de OT, en Vistalegre.

Esto que sigue no es una crónica musical, qué va. Lo que viene es la constatación de una avalancha. El relato de un fenómeno numérica y circunstancialmente avasallador. El testimonio de 11.000 almas que abarrotan una mole horrenda de hormigón para contemplar de cerca a 16 ídolos televisivos dispuestos a aprovechar —por la cuenta que les trae— los 15 minutos de gloria con que se han visto agraciados por los avatares del destino. Alguno (más bien alguna) sobrevivirá a su efímera condición presente de ídolo de barro. Por puro cálculo de probabilidades. Pero mientras dure el espejismo, todos se esfuerzan por mostrar el perfil bueno, por engatusar al público con su aura de chicas y chicos formales, apasionados, conquistadores de sueños y anhelos. Aunque el conjunto global resulte tan verosímil como una candidatura conjunta de Trump y Kim Jong un al Nobel de la Paz.

Superado el espectáculo catódico, ya fuese aquello una operación de talento o telerrealidad (la T sirve para todo), llega para estos buenos mozos el momento de pisar el mundo real y enfrentarse a sus complejas tesituras. Y el primer problema de credibilidad surge cuando el flamante estreno madrileño de esta gira de OT acontece en el Palacio Vistalegre, un espacio pesadillesco y de resonancia atroz. La producción, sencilla pero cuidada, tropieza con la evidencia de que todo suena a hojalata perforada, a cinta de casete, a loro viejo en el Seat 132 de papá. La debacle remitirá en buena parte tras unos primeros 20 minutos espantosos, pero resulta cruel, por ejemplo, divisar una sección de metales en el escenario y no distinguir hasta casi el final una triste nota de las emitidas por saxo y trompeta.

La fiesta comienza con un I’m still standing (Elton John) a 16 voces y seis bailarines, con un griterío jubiloso y atronador en gradas y pista, con la exhibición de pancartas, globos, caras pintadas y demás distintivos con las preferencias de cada cual. Operación Triunfo es un fenómeno que propicia actitudes gregarias: o perteneces la tribu o estás fuera y, en consecuencia, se desatan hostilidades y recelos. Como si de una congregación cuasi religiosa se tratara, los feligreses siguen los cánticos y vigilan del reojo a quien muestra síntomas de no saberse la letra. De esta manera, el apóstata se ve abocado al bisbiseo: mejor disimular, pasar inadvertido, eludir las suspicacias. Practicar el playback.

El problema, para el neófito, es que el grueso de la oferta se hace indistinguible. Las voces resultan prístinas, correctas, empastadas y, en la inmensa mayoría de los casos, dolorosamente anodinas. Son tan irreprochables como carentes de cualquier atisbo de carisma. Y, quizá por todo ello, el repertorio abunda en estribillos agudos, gritones, propicios para la exhibición y el gorgorito (no digamos ya con Agoney y su Eloise). La técnica no al servicio de la emoción, sino de la excusa.

La excusa, que conste, es magnífica: un karaoke multitudinario y feliz. Podemos disfrutarlo, a ser posible en amor y buena compañía. Pero no confundirlo —si no es mucho pedir— con una eclosión artística o un estallido generacional.

Por eso, si prescindimos de la parafernalia y la purpurina, de gargantas inflamadas, efusividades y demás euforias (como la canción), la mochila se nos queda bastante menguada. Puede resultar creíble Aitana en Chandelier y en Issues, esta además muy bien coreografiada. Cepeda se pronuncia contra el bullying en las aulas antes de afrontar un Say you won’t let go con guitarra en ristre, inglés tosco y, al menos, un falsete bonito. Y Manos vacías, canción espléndida de Miguel Bosé, acabó con piquito entre Raoul y Agoney. Y con mensaje: “Esto lo hacemos por el amor. Y por la visibilidad”.

Pero la única que merece párrafo aparte, y bien está que así sea, es la ganadora. A Amaia le gritan “Amaia de España” (y de Navarra) antes de abordar Miedo. Y de demostrar que la muchacha es el único acto de verdadera justicia que ha arrojado todo este tinglado. Con matices, con espectro emocional y con personalidad propia, porque su versión del clásico de M-Clan difiere enormemente de la original y la complementa. Luego llegaría su celebrada recreación de Shake it outque de paso sirve para reivindicar ante el gran público a Florence Welch. Igual que Alfred y Marina avivan con Don’t dream it’s over el recuerdo de los maravillosos Crowded House.

Por supuesto, nadie pretendió anoche establecer competiciones en torno al estilo musical o la excelencia. La tribu triunfita es una hermandad bien avenida, al menos en apariencia; los abrazos y la sonrisa sirven como moneda de cambio y el plató es el espacio natural de la camaradería y el happy together. Con las mismas, nadie parece escoger a su favorito de entre los 16 en función de su voz o filiación estilística: la academia del programa )sin que acertemos a intuir qué demonios significará tal institución docente) ya se encargó de limar aristas y despachar clones. En consecuencia, el favoritismo depende de factores como la fotogenia, la procedencia geográfica, la fotogenia, el grado de vulnerabilidad o arrojo y, a buen seguro, la fotogenia. Todos aguantan muy bien los primerísimos planos de la pantalla gigante. Son jóvenes, guapos, cantan bien, han salido en la tele y, ocasionalmente, se enamoran. Fin de la historia.

Quizá no merezca la pena tomarse muy a pecho esta cosa de Operación Triunfo. O tal vez un poco sí, teniendo en cuenta que la sufragamos con fondos públicos; como Cárdenas o, hasta hace no tanto, Herrera y Bertín. La colectiva Camina, que es una cursilería sonrojante, sirve casi al final para rendir homenaje al niño Gabriel y ondear la bandera arcoíris, quizá la única conquista que merezca la pena de esta historia. Esa, y que Tu canción sea la mejor ídem española en Eurovisión en un número casi infinito de años, lo que tampoco es decir mucho. El resto, después de 37 piezas y 133 minutos, es más bien poquita cosa