No me importa nada

Posiblemente la mejor canción de Luz Casal. Rockera en los 80, siempre por detrás de su hermano hasta que este murió. Esta canción la puso en el candelero y demostró lo buena cantante que era.

Tu juegas a quererme, yo juego a que te creas que te quiero
Buscando una cuartada, me das una pasión que yo no espero
Y no me importa nada
Tu juegas a engañarme, yo juego a que te creas que te creo
Escucho tus bobadas
Acerca del amor y del deseo
Y no me importa nada nada (nada)
Que rías o que sueñes, que digas o que hagas
Y no me importa nada
Por mucho que me empeñe, estoy jugando y no me importa nada
Tu juegas a tenerme, yo juego a te creas que me tienes
Serena y confiada, invento las palabras que te hieren
Y no me importa nada
Tu juegas a olvidarme, yo juego a que tu creas que me importa
Conozco la jugada, se manejarme en las distancias cortas
Y no me importa nada nada (nada)
Que rías o que sueñes, que digas o que hagas
Y no me importa nada (nada)
Por mucho que me empeñe, que digas o que hagas.
Y no me importa nada
Y no me importa nada (nada)
Que rías o que sueñes, que digas o que hagas
Y no me importa nada(nada)
Que tomes o que dejes, que vengas o que vayas
Y no me importa nada
Que subas o que bajes, que entres o que salgas
Y no me importa nada
Y la historia detrás de la canción:
cover

Tú juegas a quererme
yo juego a que te creas que te quiero

En el quinto álbum de Luz Casal cada pista era una apuesta. El ecléctico Luz V (1989), en el que convivían guitarras eléctricas, sintetizadores e incluso había espacio para las maracas, abría con dos canciones de amor de estilos y enfoques opuestos. Mientras que Loca era la provocativa declaración a un exnovio asentado y, probablemente, algo arrepentido, la desgarrada Te dejé marchar tenía sección de cuerda y era un hermoso canto a la frustración de haber amado y haber perdido. En medio de este sentido repertorio, una canción cínica y descreída se convertiría en el mayor éxito de Luz Casal. No me importa nada tenía como inspiración a una pareja que no estaba a la altura del romance de los sonetos, su letra era una narración sobre la falta de emoción, carente del drama de los boleros y sin la ilusión del pop, que hablaba de una de esas relaciones en las que uno se embarca sin estar convencido y de las que sale preguntándose: ¿qué estoy haciendo con mi vida?

Y no me importa nada
que rías o que sueñes
que digas o que hagas

A finales de los ochenta, Gloria Varona había compuesto algunos versos, pero nunca se había planteado hacer canciones. Su hermano, el músico Pancho Varona, fue quien animó a esta funcionaria del Ministerio de Empleo y Seguridad Social a que le proporcionara letras: ‘No me importa nada’ fue su tercera composición. Ya se sabe que las obras primerizas tienden a ser especialmente autobiográficas… y por entonces aquella treintañera tenía novio.

“Era el típico tío que sabes que te está mintiendo y engañando”, explica Gloria, “pero que en el fondo tampoco te importa demasiado porque eres consciente de que es una persona transitoria”.

hermanos Varona

Los hermanos Pancho y Gloria Varona en el año en que ‘No me importa nada’ fue nº 1 de Los 40 Principales (Bolonia, 1990).

Serena y confiada

invento las palabras que te hieren

El desencanto con esa relación en piloto automático facilitó que escribiera la letra de corrido. En apenas diez minutos Gloria tenía un manuscrito que se convertiría en número 1 de Los 40 Principales, abriría a Luz Casal las puertas del mercado internacional y, años más tarde, se traduciría al francés. Apenas hubo cambios a posteriori, si bien en un principio la letra decía “escucho tus chorradas acerca del amor y del deseo” (Gloria finalmente cambió el término ‘chorradas’ por ‘bobadas’ porque, reconoce entre risas, “cantado sonaba demasiado duro”).

“Mucha gente me decía: “Ay, qué triste”, pero a mí la canción no me parecía triste ni era mi intención cuando la hice”, afirma. “Habla sobre todo del hartazgo, de ese estar jugando a que somos novios. ¿Qué necesidad hay de que me cuentes bolas y de que vengas a hablarme del amor, si los dos sabemos de qué va esto?”.

Esa variedad de lecturas que tiene el tema es especialmente gráfica si comparamos los dos videoclips que acompañaron a la canción. El primero, bastante turbio, tenía de protagonista a una castigadora Luz vestida de cuero que recorría una discoteca seduciendo con desgana a quien se pusiera por delante.

El segundo (el preferido de la cantante, grabado para promocionar su primer recopilatorio en Francia) era mucho más optimista, un paseo en solitario despreocupado, liberador y a plena luz del día.

 

Tú juegas a olvidarme
yo juego a que te creas que me importa

‘No me importa nada’ es la banda sonora de un duelo prematuro, una canción que escuchar para coger fuerzas antes de agarrar las maletas y salir de una relación que hace tiempo que ha dejado de sumar. Encontrarla triste o no depende de si quien la escucha cree que la vida merece la pena sin pareja. Cuando la interpreta sobre el escenario, sonriendo con plenitud mientras repite una y otra vez que no le importa nada, Luz transmite que ella también es de las que valora el amor propio por encima del amor romántico. “Es una declaración de independencia, una muestra de seguridad”, explica la cantante, que recuerda que al principio hubo gente que incluso calificó la canción de “feminista”.

El público escuchó el tema dos años después de haber sido escrito. Para entonces, Gloria y su antimuso ya no estaban juntos. “Siempre tuvo una vaga idea de que estaba dedicada a él y no le hacía mucha gracia. Yo no insistía por no hacer sangre, pero también bromeaba diciendo que era el único novio que me había dado pasta”. La letrista, por supuesto, se refiere a los jugosos cheques que le llegaron en concepto de derechos de autor.

Portada Luz Casal

Portada del álbum ‘Luz V’, donde se incluye el popular tema.

Esquivando el baladón

En cuanto terminó la letra se la pasó a su hermano Pancho, compositor, productor y compañero de gira de Joaquín Sabina, a quien el cantante de voz rota describió en una ocasión como “mi andamio, mi todo”. Si a su hermana solo le hicieron falta diez minutos para tener la letra, Pancho necesitó dos años hasta dar con la música apropiada.

“Estuve mucho tiempo intentando hacer algo decente, pero me salían baladones insoportables, muy tristes, quedaba una canción coñazo”, recuerda Pancho.

No estar emocionalmente implicado y a la vez conocer de primera mano la inspiración del tema le hicieron ser un poquito más benévolo. Después de todo, ya se sabe que bajo los discursos de grandeza y autoafirmación que predicamos después de una mala experiencia amorosa también hay decepción y pena. Él quiso que la música transmitiera aquello que las palabras no reconocían.“Al escuchar la letra la que gana el combate es ella, pero realmente a los dos les pasa algo malo. Me parecía una historia triste para ambos”, afirma.

Cuando en 1989, ayudado por el guitarrista Manolo Rodríguez, Pancho consiguió por fin ese equilibrio musical entre seguridad y tristeza, grabó una maqueta en su casa, un piso del madrileño barrio de La Latina en el que el tumulto de los turistas se colaba por las ventanas. Aquella primigenia versión de No me importa nada tenía, atención, un estilo country americano.

Luz Casal promocion

Fotos de promoción de ‘Luz V’

Una maqueta pensada para Ana Belén

Gloria recuerda que Joaquín Sabina les había comentado la posibilidad de pasarle la canción a Massiel, quien por aquel entonces quería grabar un disco y buscaba material. Pancho no recuerda si eso fue una posibilidad real o una broma más del cantautor, él durante todos esos meses había tenido en mente que la persona que entonaría lo de“escucho tus bobadas” sería Ana Belén.

“El tema era para ella clarísimamente”, explica el músico, que ya había colaborado con la estrella madrileña varias veces, “pero resultó que Ana Belén no estaba grabando en ese momento y Luz sí. Y como yo estaba muy orgulloso de la canción y de mi maqueta me enteré de en qué estudio estaba y me presenté por el morro”.

“La admiraba como un perro”, reconoce Pancho, “llevé esa maqueta sabiendo que no había ni una posibilidad en absoluto. Ella era muy rockera y lo mío era una cancioncita country”. Reconoce con humildad que la grabación era “un poco desastre” y que “estaba cantada como el culo”, pues era su propia voz la que sonaba en la cinta. “Pero tenía encanto. Sabía que era una buena canción. Si no, no me hubiera atrevido”.

Nada más terminar un ensayo con Los Chichos, Pancho llevó su maqueta a los ya cerrados estudios Trak, en Tetuán, y con el aplomo del espadachín de La princesa prometida se plantó ante Luz. “Le dije: “Hola, me llamo Pancho Varona. Tengo esta canción, puede que te interese”.

“La escuché e inmediatamente me quedé prendado”. Habla Paco Trinidad, productor de la mitad de las canciones de Luz V. “Era un pelín arriesgado porque se salía del estilo de Luz hasta entonces, que era más de estrella femenina de rock, pero me pareció buenísima desde el primer momento”.

En aquella época, Paco tenía 27 años. Este productor de la Movida había fundado el sello independiente Grabaciones Accidentales y tenía a sus espaldas los primeros discos de Hombres G, Dun Can Dhu y Los Ronaldos. A día de hoy sigue sin saber concretar qué le maravilló de aquella canción de los hermanos Varona: “No sé por qué, nunca sé por qué. Me atrapó”. Unas horas después de recibir la cinta en persona, llamaron a Pancho para decirle que se la quedaban. “Fue un regalo”, sentencia Luz.

La discográfica estaba presionando para que el disco terminara de grabarse lo antes posible, así que Paco se puso a trabajar sin descanso en esta canción caída del cielo. “Cuando una cosa te atrapa, aunque sea en una maqueta, hay que tener cuidado con los cambios porque puedes perder esa magia”. Sobre la base rítmica original fueron colocando detalles, que incluían unos teclados “ochenteros, pero sutiles”, y comenzaron a alejarse del estilo country para darle poco a poco un toque más latino. Paco tomó la decisión de sustituir la guitarra acústica por la española y se pasó días enteros en casa del músico y productor Enrique Mateu hasta depurar juntos cada línea. “Fueron muchas horas de buscar las notas más bonitas”, recuerda.

“No suele pasar que mejoren mis canciones en el estudio, pero en este caso estoy contento con el resultado”, asegura Pancho Varona,“era la misma armonía, la misma melodía, pero la hicieron más lenta, medio acubanada y medio abolerada. Ellos le dieron baile a la canción”.

Durante el proceso de producción, la cantante iba recibiendo los cambios que iban haciendo Paco y Enrique sobre la música y ella se preparaba la parte vocal por su cuenta. Cuando ‘No me importa nada’ estuvo lista para ser grabada, Luz Casal fue al estudio, se puso delante del micrófono y, con la misma seguridad con que fue escrita la canción, la cantó del tirón

 

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