Marie Sophie Germain: Matemáticas en plena revolución

Con la revolución francesa como telón de fondo y a pesar de que el sistema de clases se tambaleaba en el país, la élite de Francia consideraba que las matemáticas no eran una ocupación adecuada para una dama de clase media-alta como Marie Sophie Germain (17761831). Sin embargo, esta mujer fue capaz de esconderse tras un alias, conseguir mediante su determinación superar los prejuicios sociales y convertirse en una celebridad en el campo de la teoría de números y la física matemática…
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El discurso del Rey sin eufemismos

Buenas noches.

Como cada fin de año me toca dirigirme a vosotros en esta fecha para felicitaros la Navidad y lanzar frases a modo de oráculos que serán interpretados desde distintos ángulos. Ocurre cuando no se dicen las cosas del todo claras. Haremos un esfuerzo por una vez de ser algo más diáfanos. Lo primero que me interesa resaltar, lo primero, es que tenemos un “futuro en común”. De aquí no se apea nadie que igual se cae todo el entramado. Tanto hablar de solidez y a veces resulta que las uniones son muy endebles.

“España continúa sufriendo los efectos de una crisis económica y financiera de una duración y magnitud desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea, con efectos muy negativos sobre las personas, las familias y las empresas”. Sobre las causas y motivaciones no me voy a pronunciar pero daros por saludadas afectuosamente todas las víctimas. “Gracias por vuestra ayuda”.

Si esto fuera un Estado social como proclama la Constitución no tendríamos que volver a hablar de que “es extraordinaria la fuerza de la familia en España, y fundamental el papel que está jugando en esta grave crisis”. Tendrías derechos y no sería la familia el sostén como ocurre en las sociedades menos desarrolladas. Bien injusto es además. ¿Y si uno no tiene familia que pueda ayudarle? pues se fastidia. Pero yo sí tengo familia, de rancio abolengo: soy Rey. A mí ese problema no me afecta y no me toca sino decir “Gracias, en definitiva, al conjunto de los ciudadanos por vuestro ejemplo de responsabilidad y de civismo en tiempos ciertamente difíciles”. Algunos se contentan con esto.

Sé que hay gente realmente indignada con esta situación. Basta ver como pitan a los políticos y a la familia real incluso cuando acudimos a eventos. Os fastidia que os estemos oprimiendo mientras “casos de falta de ejemplaridad en la vida pública han afectado al prestigio de la política y de las instituciones”.

Ay, mis asesores creen que con esta frase os vais a quedar tranquilos como siempre, pero es que hasta a mí me da hasta la risa. “Ejemplaridad”, ay, leed latrocinio, prevaricación, abuso, estafa, atraco… Veamos:

Tenéis más razón que un santo. Empecemos por el chorizo de mi yerno y la nena que me está costando un Imperio librarla de imputaciones, pero es que es “una infanta” –está por encima de vosotros- y en eso están de acuerdo hasta buena parte de los órganos de Justicia que os habéis dado. Ay, perdón, otra vez por la carcajada.

De los políticos qué os voy a contar que no estéis viendo todos los días en los medios. De Bárcenas a Blesa, del amigo Matas a los turbios dirigentes de Madrid. El partido en el poder borrando ordenadores y correos, pruebas en definitiva. A ratos esto parece la Mafia siciliana, una organización creada para delinquir. Tenemos los EREs andaluces, chorizada muy patria, que la derecha quiere equiparar a la podredumbre troncal del PP. Pero, vamos, es que entre todos os estamos robando a manos llenas y aún os venimos con milongas.

Como éstas que me han escrito: “la sociedad reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia. Es verdad que hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia”.

Lo que reclama realmente cualquier persona con dignidad, cualquier país serio, es que todos los ladrones sean enjuiciados sin ayuditas disuasoras de la hoy tan manoseada justicia. Y que vayan a la cárcel sin son condenados. Que devuelvan el dinero. Una purga espectacular de todo cuanto enrarece la vida pública y ha convertido España en un país con tan mala fama internacional, que tanta vergüenza produce a muchos ciudadanos decentes. Entre unas cosas y otras –añadamos mis elefantes y Corinas- nadie da un euro por la Marca España. Ya no ha faltado más que la regresión ideológica del PP a tiempos en los que mandaba “el abuelo”, a quien tanto debo.

Vuelvo al papel y no doy crédito. Me pone que esto se resolverá, entre otras cosas, “con la generosidad de las fuerzas políticas y sociales representativas”. ¡Con la generosidad! Os han degradado la vida, os están robando muchos de ellos, y aún –dicen- habéis de aguardar que tengan a bien ser magnánimos e intentar algún paño caliente. Más paciencia que nadie en el mundo tenéis. Claro, tantos años de idiocia programada.

Me toca decir ahora que hay “indicios de recuperación que se están empezando a ver”, no es cierto, pero voy a quedar muy bien –lo de Rajoy y cía no se lo traga nadie… con cerebro- concluyendo: “Para mí, la crisis empezará a resolverse cuando los parados tengan oportunidad de trabajar”.

La cosa está cruda. Para vosotros en particular pero cuando nos pasamos de rosca termina por afectar un poco a todos. A mí no dejan de presionarme con la abdicación, me resistiré como un Rajoy cualquiera. Os tengo que convencer de que durante mi reinado España ha ido como una seda. Diré, sí, “he visto momentos malos y buenos y siempre hemos sabido los españoles salir juntos de los malos y construir juntos los buenos”. Esto une mucho, le pasa “a todo el mundo”. A los países que son “como familias” pero en los que unos mandan y otros sirven, unos comen bien y otros no.

Para resumir y no provocar vergüenza ajena, vengo a sentenciar que los españoles somos la leche, o eso se creen los ciudadanos con poco sentido crítico. Una confluencia cósmica impactó sobre la península ibérica, sus islas y comunidades autónomas, para hacernos superiores al resto de los mortales. Somos únicos, la leche, como digo. Y salimos de todo como en los anuncios de Campofrío. “¿Se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones?” No es un invento, es algo real. Y se cuenta bastante menos de lo que se debería para lograr una reacción que convirtiera a España en un país decente, aunque habría víctimas en el camino del lado que nunca toca y eso no puede ser. ¿Qué queréis? Viene de serie con la monarquía la consagración de privilegios.

En una palabra, “yo he dedicado mi vida” a esto y haré lo que pueda por mantenerme. Hasta deciros que la culpa es compartida, de todos, incluso vuestra –¡os funciona tan bien almas cándidas!-. “Esa crucial tarea de modernización y regeneración no es competencia exclusiva de los responsables políticos. También lo es de los agentes económicos y sociales y de la sociedad en su conjunto a través de sus estructuras organizativas”.

Reitero que hemos de ir “juntos” sin fisuras y poco más me queda por añadir. Que ni el Santo Job se os puede comparar. Gracias, a veces se nos saltan las lagrimas de emoción e incredulidad. ¡Con generosidad! lo arreglarán los políticos y mandos en insituciones, decía, ay. Son un sol estos españoles, tragan con todo.

De nuevo, Feliz Navidad y buenas noches.

Las miserias de la Universidad española contadas desde dentro

La conversación no tiene desperdicio. Y se produjo entre la actual consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar, y su directora general de Universidades e Investigación, Clara Eugenia Núñez, quien años después ha reproducido en un libro lo que allí se dijo. Núñez había sido contratada directamente por Esperanza Aguirre con un encargo: “Regenerar las instituciones”.

La consejera y su subordinada hablaban de los IMDEA, un ambicioso programa científico que todavía hoy pretende atraer talento a la Comunidad de Madrid, carente de una masa crítica de investigadores. Fue en ese contexto cuando Figar dijo a la directora general: “Me dicen que tus investigadores (sic) no asisten a las reuniones ni a comités, se limitan a investigar”. Y prosiguió: “Ya sé que publican muchos papers, pero ¿quién les dice en qué tienen que investigar?, se preguntó.

La respuesta de Núñez fue inmediata y aplastante:

– “Si hubiera que decírselo, no serían investigadores”.

-“Claro, claro”, siguió argumentando la consejera, “pero además de investigar, ¿qué hacen?”.

Ni que decir tiene que, al poco tiempo, la directora general fue destituida de su cargo y las universidades madrileñas y sus centros de investigación son hoy pasto de todo tipo de políticas descabelladas. La consejera, sin embargo, como en el cuento de Monterroso, sigue allí.

No es desde luego el único caso. Ni siquiera el más sangrante. La España de las autonomías se ha llenado de campus universitarios bajo la atenta mirada del poder político, que, como dice Clara Eugenia Núñez, han inventado la biblioteca-espectáculo, poco espacio para el estudio y el depósito de libros y mucho para el divertimento. Algunos datos lo corroboran. En 1975, había en España 28 universidades, pero en 2007 ya eran 77 (de ellas, 50 públicas) con 132 campus universitarios. Es decir, una por provincia. Hoy existen tantos campus como institutos de enseñanza media había en España a comienzos del siglo XX.

Excelsa mediocridad

Tanto dispendio, sin embargo, no evita una realidad dolorosa: ninguna universidad española se encuentra entre las 200 mejores del mundo, lo que da idea de tan excelsa mediocridad. Y lo que probablemente sea más preocupante: su irrelevancia social es absoluta.

Eso es, precisamente, lo que denuncia Clara Eugenia Núñez en Universidad y Ciencia en España, un libro que acaba de ver la luz y que refleja las miserias desde dentro (cinco años como directora general de Universidades) de una institución esencial en la formación de sociedades avanzadas, pero que en España se ha convertido (salvo en excepciones) en una inmensa agencia de colocación de profesores desmotivados y mal pagados, y en un inmenso aparcamiento de jóvenes condenados al paro o al subempleo.

Como sostiene Núñez, en España ni hemos aprendido de Francia, donde las universidades fueron un proyecto de Estado para defender la libertad frente a injerencias políticas o religiosas, ni de Alemania, donde el modelo diseñado por Humboldt puso el énfasis en la investigación como la clave de bóveda de una formación superior de carácter humanista. Ni, por supuesto, de las universidades norteamericanas, que combinan los centros de investigación con la larga tradición de los college británicos y su obsesión por cultivar élites del conocimiento.

Nada de eso ha sucedido en España, donde el clientelismo político y el caos organizativo se han apoderado de su funcionamiento. Algo en lo que tiene mucho que ver, como sostiene Núñez, su deficiente diseño institucional, calcado al de las comunidades autónomas, que son quienes meten mano en su funcionamiento al margen de cualquier racionalidad académica.

La autora del libro pone un ejemplo. Es evidente que cada año hay un desfase brutal entre la oferta de plazas universitarias y la demanda de titulaciones, lo que obliga a muchos alumnos que no alcanzan la nota a matricularse en otras disciplinas que no desean, con el consiguiente fracaso académico y económico. ¿Y por qué no se cambia el sistema?, se pregunta Núñez. Su respuesta no deja lugar dudas. A nadie importa la oferta educativa, “sino la permanencia en sus puestos de miles de profesores, muchos de ellos redundantes en la Universidad”.

Un ‘lobby’ para capturar rentas

Su conclusión es que la Universidad se ha convertido “en un lobby cuyo principal objetivo es obtener rentas públicas” bajo la amenaza permanente de presión política y movilización en la calle. El resultado sólo puede ser uno: España gasta en centros universitarios una cantidad “comparable” con otros países de la OCDE, pero los resultados académicos están muy por debajo de lo que cabría esperar en un país que destina tantos recursos a su sostenimiento. Sin duda, porque la Universidad tiene mucho más que ver con la política que con el conocimiento.

Dos casos lo acreditan. En la Universidad Carlos III, la plantilla de profesores contratados creció sospechosamente antes de unas elecciones a rector (impulsadas por el rector saliente Peces-Barba) para que su voto determinara los resultados de la votación a favor de su candidato; mientras que el exrector Berzosa, de la Universidad Complutense, lo que hizo fue subir los sueldos a los trabajadores para lograr la reelección (lo cual consiguió). Como dice Núñez, “su liberalidad, con los fondos públicos por supuesto, puso en apuros a todas las demás universidades públicas de Madrid, cuyos sindicatos empezaron a presionar a favor de un trato similar en aras de una supuesta equidad”.

Y es que el nepotismo, el compadreo, viene de lejos. La exdirectora general de Universidades de Madrid recuerda que la primera reforma –de 1983– permitió el ascenso a catedráticos de los entonces llamados profesores agregados. ¿El resultado? “Muchos diputados a Cortes y altos cargos en el Gobierno socialista se beneficiaron de esta medida”. El caso de Jon Juaristi, que también acabó siendo director general de Universidades con Lucía Figar, es igualmente significativo.

El catedrático Jon Juaristi. (EFE)El catedrático Jon Juaristi. (EFE)

Juaristi había sido director del Instituto Cervantes y de la Biblioteca Nacional, y debido a su implicación contra el terrorismo etarra, tuvo que ‘exiliarse’ en Madrid. Por petición expresa de Esperanza Aguirre, la autora del libro le pidió a Virgilio Zapatero (rector de la Universidad de Alcalá y exministro de Felipe González) que proveyera una plaza a la que pudiera presentarse Juaristi.

El rector le daba largas pese a que el coste de la plaza era de unos 70.000 euros de un presupuesto de 66 millones para gastos corrientes. Pero ni así. Fue pasando el tiempo hasta que la directora general de Universidades se armó de valor y le preguntó un día durante un encuentro casual con el rector si ya había convocado la plaza. Zapatero, mirando hacia el suelo, le respondió que no dependía de él, sino del departamento. Y fue entonces cuando Núñez estalló y le recordó a la cara:

– “No te preocupes, es muy fácil. Llamas a tu antecesor en el cargo, Manolo Gala, y le preguntas cómo te trajo de catedrático de la Universidad de Almería, en contra del departamento. Tampoco es necesario que te explique cómo te hizo rector, Juaristi tan sólo necesita la cátedra”.

Una buen resumen de cómo funciona (al menos una parte) la endogámica Universidad española.

Universidad y Ciencia en España. Claves de un fracaso y vías de solución. Clara Eugenia Núñez, Gadir Editorial. 2013.

Matemáticas de andar por casa

Que las matemáticas son una herramienta útil para conocer mejor lo que nos rodea es hasta cierto punto incontestable. Quizá no lo sea para cuestiones más elevadas, pero una carencia de nociones fundamentales en esta disciplina puede ser origen de muchas dificultades: errores de previsión en la economía doméstica, incapacidad para interpretar datos numéricos, problemas de orientación espacial… Sin necesidad de sacralizarlas, solo apuntaré un aspecto: la formación matemática del docente.

La carrera de Magisterio es un tótum revolútum de disciplinas: Psicología, Didáctica, Matemáticas, Lengua, Ciencias, Música, Expresión Plástica… Sin duda, útiles en la profesión, pero es siempre discutible la preeminencia de unas sobre otras (como en cualquier carrera). Si los futuros maestros deben recibir más formación matemática (tanto de didáctica de las Matemáticas, como de Matemáticas en sí) siempre va a ser una discusión abierta.

En mi opinión, me parece apropiada una formación en el área más amplia de la lógica-matemática. El motivo fundamental para este parecer lo encuentro en que esta área permite relacionar con más sentido los procesos cognitivos que va desarrollando el niño con las situaciones y objetos cotidianos, y, por tanto, contribuye mejor a su didáctica. En los planes vigentes se aborda esta área así como contenidos más puramente matemáticos. Pero suele ser en esos contenidos más matemáticos donde pueden hallarse importantes escollos.

Son demasiados los compañeros y compañeras de carrera que iniciaron sus estudios con aversión, temor e ignorancia en matemáticas. La dificultad comienza antes. El dominio de las matemáticas de Primaria debería haberse producido al acabar de estudiar Primaria y, como mucho, al acabar Secundaria. De forma que cualquier persona con el título de ESO pudiera ayudar a comprender las matemáticas a alumnos de Primaria. Por la sencilla razón de que algunos alumnos de Magisterio vienen del Bachillerato de Letras, donde las matemáticas no se ven ni en pintura. Lo cual les hace casi imposible, pese a los cursos cero (que ya su nombre suena premonitorio), sacar adelante las asignaturas de matemáticas de la Carrera. Y, ojo, porque sacar adelante una asignatura no suele ser suficiente para poder enseñar bien sus contenidos específicos. Quizá por todo ello se demanda más formación matemática para los futuros maestros.

Desgraciadamente, lo señalado en este último párrafo afecta a gran parte de la población, desde luego no mayoritariamente docente. Una formación matemática de periodistas, de políticos y demás profesionales que generan información es fundamental, sin duda, y no debería haber aversión ni siquiera hacia la palabra matemáticas. La usamos constantemente: para clasificar, para ordenar, para comprar y vender, para viajar, para jugar… para pensar, en suma (sí, es un guiño). Forman parte de nuestra vida, aunque no nos gusten. El profesor también brinda información y también debe contar con un buen bagaje matemático.

Es necesario, pues, un empeño en fomentar la formación matemática (y, desde luego, no solo por esa vis laboral a la que tanto insiste la OCDE con sus informes PISA). Por eso no estaría de más que los expertos demandaran también más formación didáctica para los futuros matemáticos. Lo que quizá contribuiría a mejorar su divulgación y coadyuvaría a que las matemáticas fueran apreciadas como lo que son, una potente herramienta con la que ayudarnos a conocer mejor nuestra realidad (entre otras cosas).