GRAN COMENTARIO SOBRE LA EDUCACIÓN

EL PROFESOR DECEPCIONADO. DIVAGACIONES Y MIERDAS VARIAS. EL OCASO DE UNA ÉPOCA.

Un comentario muy bueno que he encontrado que refleja muy bien porqué la educación española está donde está:

“Quisiera hacer una matización al respecto. Más dinero invertido por alumno y menos alumnos por aula mejora la calidad de la educación qué duda cabe, pero me parece que disparamos en dirección equivocada.
Los países que aparecen en los primeros lugares del informe Pisa son los que priman el esfuerzo indivual del alumno y el respeto social al profesor. No son los que más dinero invierten, ni los que tienen menos alumnos por aula. (¡ si hasta aparece Vietnam en los primeros lugares, por Dios!). Se argumenta que estos países someten a sus adolescentes a tal tensión que provoca un alto número de suicidios. Pues bien, datos del 2004: suicidios entre los 0 y los 14 años por 100000 habitantes: China 0,6, Japón 0,4 Finlandia 0,8. Y entre los 15 y los…

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Breve manual de instrucciones para entender la Unión Europea

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Breve manual de instrucciones para entender la Unión Europea

La Unión Europea es un proyecto político único en su especie. Tanto es así que para muchos su modelo institucional no siempre resulta sencillo de entender. Explicamos brevemente cuáles son y cómo funcionan las principales instituciones europeas y qué perspectivas de futuro presenta la principal organización internacional del Viejo Continente.

Señalaba Henri Brugmans, uno de los padres intelectuales de la Unión Europea, que en un proyecto como Europa únicamente los visionarios son realistas. Y, efectivamente, a tenor del trasfondo histórico de sus palabras y de la complejidad de la reconstrucción y reconciliación europea que se avecinaba tras el final de la Segunda Guerra Mundial, podría parecer descabellado soñar con algo lejanamente parecido a una unión de los pueblos de Europa. Por ello, para impulsar una iniciativa de este calibre hicieron falta al menos dos grandes ingredientes políticos: pragmatismo y creatividad.

El primer elemento lo ofreció la Declaración Schuman de 1950 y sus ya célebres tesis funcionalistas: “Europa no se hará de golpe, sino mediante realizaciones concretas que den lugar a solidaridades de hecho”. El segundo, más ambicioso si cabe, lo planteó Jean Monnet al introducir la idea de supranacionalidad en un contexto todavía marcado por los debates del Congreso de La Haya de 1948. En este congreso se dieron cita los partidarios de una Europa federal, herederos del Manifiesto Ventotene de 1941y del espíritu del primer ministro británico Winston Churchill en su célebre discurso de Zúrich en 1946, y los unionistas, defensores de una Europa fundada en la cooperación soberana de los pueblos. Se libraron intensos debates sobre el futuro del continente, hasta el punto de que la tensión entre ambas posturas, enfrentadas por los límites de la soberanía nacional, es considerada como la raíz de muchos debates que todavía se producen. Pero, ante todo, constituiría el origen de la complejidad institucional de la Unión Europea del siglo XXI.

Para ampliar“La Europa que no fue”, Astrid Portero en El Orden Mundial, 2018

El nacimiento del sistema institucional europeo

La originalidad histórica del modelo institucional europeo tiene su punto de partida en el hecho de que, iniciado como un proceso de paz entre antiguos enemigos, las entonces Comunidades Europeas se irían convirtiendo con el tiempo en algo más que una organización internacional y en algo menos que un Estado nacional clásico. Efectivamente, el sistema institucional comunitario nace en el Tratado de París de 1951 como un intento de reconciliar el continente gracias al establecimiento de una Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) para gestionar bajo una autoridad supranacional la cuenca del Ruhr, epicentro de diversos enfrentamientos franco-alemanes desde el siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial. A partir de ahí, se desarrollarían nuevas piezas en este incipiente entramado institucional con la adopción del Tratado de Roma en 1958 y la consiguiente creación de las Comunidades Económicas Europeas y Euratom —la Comunidad Europea de la Energía Atómica—, cuyas direcciones se fusionaron posteriormente con la de la CECA en el Tratado de Bruselas de 1965. Se formaba así el antecedente directo de la actual Unión Europea.

El panorama institucional iba haciéndose, de esta forma, poco a poco más complejo. Pero La Haya seguía omnipresente: a principios de los años 60, países recelosos del proyecto supranacional comunitario —caso clásico del Reino Unido— trataban de articular, sin demasiado éxito, un espacio soberano de libre comercio alternativo a las Comunidades Europeas conocido como Asociación Europea de Libre Comercio (AELC o EFTA). Tampoco todos los miembros del proyecto europeo eran necesariamente partidarios de las renuncias a la soberanía, como mostró el rechazo del presidente francés Charles de Gaulle al Plan Pleven y la Comunidad Europea de Defensa o la crisis de la silla vacía de 1966. Pese a ello, las instituciones europeas siguieron evolucionando en los años 70 y 80 creando nuevas estructuras, integrando nuevas ampliaciones —incluida, paradójicamente, la del Reino Unido— y ajustándose institucionalmente al siempre delicado equilibrio entre órganos supranacionales e intergubernamentales.

Para ampliar“La PESCO, el sueño de una unión militar europea”, Alicia García en El Orden Mundial, 2019

Los años 90 y principios de los 2000 fueron una época de bonanza para el espíritu federalista. Pese a que las ampliaciones suponían un reto para continuar profundizando la integración europea, la comunitarización de competencias no hizo sino aumentar gracias a la aplicación del Acuerdo de Schengen en 1990, la adopción del ambicioso Tratado de Maastricht —que, entre otras cuestiones, como el reforzamiento de la cooperación en asuntos de justicia e interior, permitía el establecimiento en 1993 de una Política Exterior de Seguridad Común (PESC)— o la compleción de la última fase de la Unión Económica y Monetaria con la entrada en vigor del euro en 2002, cuyo control recaería desde entonces de forma exclusiva en el Banco Central Europeo. El pulso entre las dos almas europeas, la intergubernamental y la federalista, parecía comenzar a decantarse lenta, pero imparablemente, del lado de esta última. Ello pese a que los tratados de Ámsterdam (1999) y Niza (2001) fueran relativamente modestos en lo que a la profundización de competencias se refiere, lo que se explica en parte por la necesidad de hacer frente al reto de las inminentes ampliaciones hacia el este de 2004 y 2007, las mayores de la Historia de la integración europea.

Países miembros de la Unión Europea en la actualidad. Con la salida de Reino Unido tras el brexit, el número total será de 27 miembros.

Sin embargo, el fracaso del Tratado Constitucional de 2005 tras el rechazo en referéndum popular de Francia y Países Bajos pronto se mostró como el preámbulo hacia un cambio de tendencia en el continente. Esto no fue óbice para que se aprobase en 2007 el Tratado de Lisboa —en vigor desde 2009—, pero sin duda constituyó un aviso de que la época dorada del europeísmo federalista podía estar comenzando a llegar a su fin. En la última década, la crisis económica y financiera, los desafíos migratorios, el auge de los nacionalismos o la salida británica del proyecto europeo han favorecido una relativa parálisis del proceso reformista comunitario. Pese a ello, el Tratado de Lisboa lograría introducir algunas novedades importantes en el sistema institucional europeo y profundizar las competencias comunitarias. Además, desde un punto de vista jurídico, sigue siendo la referencia para entender el sistema institucional actual de la UE.

Para ampliar“Los Estados Unidos de Europa”, Álex Maroño en El Orden Mundial, 2018

Las instituciones comunitarias

La UE está formada por siete grandes instituciones: la Comisión Europea, el Parlamento Europeo, el Consejo Europeo, el Consejo de la Unión Europea, el Banco Central Europeo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y el Tribunal de Cuentas. Pero no todas estas instituciones tienen la misma naturaleza. Mientras que algunas a veces se catalogan como instituciones comunitarias por no depender directamente de los Estados miembros, otras se suelen considerar intergubernamentales en tanto controladas por ellos. Sin embargo, pese a sus diferencias, todas las instituciones están en cierto sentido interrelacionadas en un mismo engranaje jurídico-político que comparte valores comunes como la democracia, la libertad o el Estado de derecho y que puede producir normas jurídicamente vinculantes para todos los miembros e instituciones, normas que, además, forman un auténtico ordenamiento jurídico autónomo sometido a órganos jurisdiccionales europeos propios, como el TJUE. Ahora bien, en la actualidad, al hablar de instituciones de origen comunitario, lo habitual es referirse a las dos más relevantes políticamente: el Parlamento Europeo y la Comisión Europea.

El Parlamento Europeo aspira a ser la encarnación asamblearia del pueblo europeo y hoy por hoy, presidido por el italiano Antonio Tajani, del Partido Popular Europeo (PPE), tiene como función principal actuar como colegislador junto con el Consejo de la Unión Europea en la adopción de las distintas leyes comunitarias y aprobar el presupuesto de la UE. Sin embargo, el Parlamento también es el órgano que da voz a los ciudadanos europeos y busca asegurar una representación adecuada del cuerpo electoral de los Estados miembros. Por esta razón, el Parlamento, que consta de 751 escaños —cifra que, cuando se consume el brexit, se reducirá a 705—, es elegido cada cinco años por la ciudadanía europea. Además, aunque iniciativas recientes como la de establecer listas transnacionales o paneuropeas para las elecciones de 2019 hayan sido bloqueadas por el momento, el hecho de que sus diputados se agrupen por familias ideológicas —como el PPE— y no por países de origen muestra a todas luces el espíritu supranacional de esta institución y su voluntad de representar los intereses y las sensibilidades políticas de 500 millones de habitantes.

La Comisión Europea, por su parte, está formada por una secretaría, 28 comisarios —aunque desde 2014 está previsto reducir esta cifra a dos tercios del número de Estados miembros para garantizar su supranacionalidad—, una vicepresidenta —la alta representante de la UE, Federica Mogherini, del grupo socialista-demócrata— y un presidente, el luxemburgués Jean Claude Juncker (PPE), que dirige la institución y fue elegido mediante el novedoso y polémico sistema del spitzenkandidat —’candidato principal’—, en virtud del cual corresponde a los grupos políticos del Parlamento Europeo y no a los Estados miembros proponer a sus candidatos y el más votado obtiene el cargo. La principal función de la Comisión es dar impulso político a la Unión y, en este sentido, dispone de iniciativa ejecutiva, pero ante todo legislativa, es decir, puede proponer proyectos de texto normativo que posteriormente los colegisladores deberán aprobar, modificar o rechazar siguiendo los procedimientos ordinarios o especiales previstos en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que, junto al Tratado de la UEel de Euratom y la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE, configura el marco jurídico del Derecho originario europeo. Además, la Comisión es políticamente responsable ante el Parlamento Europeo, que por mayoría de dos tercios puede presentar una moción de censura en su contra.

Las instituciones intergubernamentales

Aunque la Unión Europea tenga por definición una vocación supranacional, sus Estados miembros siguen gozando de importantes poderes y competencias para marcar el rumbo de la organización. Cuando hablamos de instituciones intergubernamentales, las más importantes son dos: el Consejo de la Unión Europea y el Consejo Europeo. Pero, antes de entrar a analizar muy brevemente qué hace cada una, resulta imperativo aclarar previamente que, aunque tengan nombres parecidos, ni son lo mismo ni deben confundirse con el Consejo de Europa, institución que no forma parte del sistema de la Unión Europea, sino que es una organización regional formada por 47 Estados del continente europeo en su conjunto —entre ellos, Rusia—.

Hecha esta distinción, hay que comenzar señalando que el Consejo Europeo es una institución con sede en Bruselas que reúne a los jefes de Estado y de Gobierno de los distintos países que integran la Unión. Desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, dispone además de un presidente permanente —actualmente, el polaco Donald Tusk (PPE)—. El Consejo Europeo tiene funciones especialmente relevantes en materias institucionales, de reforma de los tratados, PESC, gobernanza económica de la Unión Económica y Monetaria, cooperación policial y judicial en el espacio de libertad, seguridad y justicia o en la adopción del marco financiero plurianual, entre otras. Sus decisiones tradicionalmente se han adoptado por unanimidad, lo que ralentiza la articulación de posiciones comunes y, a cambio, las dota de gran legitimidad, aunque en los últimos años se ha flexibilizado este sistema en algunas áreas, como el nombramiento de candidatos para determinados puestos en las instituciones europeas.

La otra gran institución intergubernamental es el Consejo de la Unión Europea. Este órgano, cuya sede también se encuentra en Bruselas, tiene un rango fundamentalmente ministerial —aunque cabe destacar las labores de los diferentes comités y grupos de trabajo integrados por funcionarios de los Estados miembros— y está formado por una presidencia rotatoria que le corresponde ejercer de manera semestral a uno de los Estados miembros de la Unión —actualmente, Rumanía—, una secretaría y distintas formaciones especializadas en asuntos de interés comunitario. Es precisamente en esas formaciones donde se reúnen habitualmente los ministros de cada materia de los países de la Unión. Por ejemplo, en la formación del Ecofin se reúnen los ministros de Economía y Finanzas, en el Consejo de Asuntos Exteriores —presidido por la alta representante de la UE— lo hacen los ministros de Exterior, y así sucesivamente. Como ya se ha adelantado, el Consejo de la UE tiene funciones muy importantes en tanto colegislador al mismo nivel —salvo en los procedimientos legislativos especiales— que el Parlamento Europeo. Al igual que ocurre en tantas otras estructuras comunitarias —véase la figura híbrida de la alta representante—, los puentes entre instituciones de inspiración comunitaria e intergubernamental son muy recurrentes en la arquitectura operativa comunitaria.

Siete grandes instituciones componen la Unión Europea. Fuente: El Orden Mundial

¿De las reformas necesarias a las reformas posibles?

No son pocos los que durante años han lamentado, dentro y fuera de Europa, la complejidad para entender los entresijos del sistema institucional comunitario. “¿A qué teléfono debo llamar si quiero hablar con Europa?”, se preguntaba el entonces secretario de Estado de los EE. UU. Henry Kissinger en la década de los 70 aludiendo a las dificultades para entablar contacto con el complejo aparato institucional de las Comunidades Europeas. Aunque hoy ese teléfono ya existe gracias a la lenta pero progresiva simplificación institucional de la UE y a la creación de figuras como la alta representante para la PESC, es cierto que la arquitectura organizativa europea sigue arrastrando un aura de incomprensibilidad para numerosos observadores internacionales y ciudadanos europeos. Pero la lógica institucional europea es simplemente el reflejo de dos almas que históricamente, y pese a sus diferencias, han sabido conciliarse, aunque generalmente fuese a golpe de crisis.

Sin embargo, en los últimos años la multiplicación y convergencia de crisis económicas, migratorias, sociales, políticas y seguritarias de la Unión y sus regiones colindantes ha complicado como nunca la profundización del proyecto comunitario: desde el de Lisboa no ha habido capacidad política ni indicios que apunten a la posibilidad de alumbrar un nuevo tratado que permita ahondar en la cesión de soberanía de los Estados a favor de instituciones con mayores atribuciones comunitarias. Aunque algunos Estados han reivindicado la necesidad de europeizar, por ejemplo, competencias actualmente compartidas, como la política migratoria, para hacer frente a este desafío de manera europea, las crecientes divisiones entre posiciones soberanistas y federalistas en el seno de la UE limitan cualquier posibilidad de reforma.

El sistema institucional europeo vuelve a enfrentarse, por tanto, a sus viejos debates existenciales: ¿ampliar Europa u optar por profundizarla? ¿Reforzar modelos de cooperación soberana o fomentar una mayor integración? ¿Soberanía nacional o soberanía compartida? La lógica institucional europea, original y compleja por definición, seguirá sujeta sin duda a estos dilemas durante los próximos años. La habilidad para conciliar y, en lo posible, acoplar intereses nacionales y europeos será la clave para asegurar el éxito de las instituciones europeas. Ahora bien, mientras países como Francia, España o incluso Alemania buscan forman un G3 con mayores ambiciones de profundización y fortalecimiento europeísta tras el brexit, otros apuestan por lógicas distintas, como es el caso de los Estados de la denominada Nueva Liga Hanseática —formada por países del norte, Países Bajos e Irlanda—, o directamente opuestas, como el Grupo de Visegrado —formado por Hungría y otros países del este—.

Los cuatro países del Grupo de Visegrado han comandado la oposición a las políticas inmigratorias y de integración de Bruselas.

En este sentido, las próximas elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2019 y la gestión institucional de futuras ampliaciones potenciales en los Balcanes revestirán una especial importancia para calibrar la dirección que seguirá el proceso de construcción europea en los próximos años. El lema de la Unión Europea es “Unidos en la diversidad”. Habrá que ver si los países que integran este amplio proyecto están a la altura de este compromiso de unidad y logran reforzar la funcionalidad de las instituciones para gestionar adecuadamente los retos que enfrenta una casa tan plural y heterogénea como la europea.

Para ampliar“El ocaso de la paz perpetua”, Meng Jin Chen en El Orden Mundial, 2018

Diego Mourelle

¿Cuándo comenzo a usarse…?

https://www.gaussianos.com/%C2%BFcuando-comenzo-a-usarse%E2%80%A6/

De vez en cuando cualquier persona se ha podido preguntar cuándo comenzaron a usarse las palabras y los símbolos que ahora proliferan en los textos de Matemáticas. Pues en Earliest Known Uses of Some of the Words of Mathematics podemos ver reseñas de las primeras apariciones de los vocablos que ahora se utilizan y en Earliest Uses of Various Mathematical Symbols lo mismo para símbolos.

Por ejemplo, podemos ver que el término Matriz fue introducido en 1850 por Sylvester o que el concepto ecuación como lo conocemos ahora apareció por primera vez en en Liber Abbaci de Fibonacci en 1202, aunque el término en cuestión no apareció hasta el siglo XVI. En lo que a símbolos se refiere tenemos que, por ejemplo, la unidad imaginaria i y la notación f(x) para designar una función de una variable aparecieron durante el siglo XVIII de la mano del genio Leonhard Euler.

Sin duda un gran trabajo de recopilación de información realizado por Jeff Miller.

 

Otro comentario…(los profesores)

…extraído de internet:

“Esto lo escribí hace unos días, reflexionando sobre mis más de veinte años de profe de secundaria en la pública…

“Ser profesor en este país y en 2019 es: 5 años de universidad (si es una carrera facilita y en el plan Bolonia) + oposiciones muy difíciles + clases sobrecargadas con alumnos a menudo violentos, provocadores, insolentes, ingratos, que rechazan explícitamente el trabajo, la autoridad intelectual, los adultos, las dificultades, incapaces de estar atentos o en silencio más de unos pocos minutos, adictos a los móviles y/o a Internet, con problemas de sueño, indiferentes u hostiles hacia sus profesores (los únicos en muchas ocasiones que pueden ayudarles), padres a menudo cómplices de sus hijos, de mala fe frente a la realidad del nivel y el comportamiento de éstos, niveles catastróficos medio de la gran mayoría del alumnado en lengua, lectura, comprensión oral y escrita, matemáticas básicas (aquí deberíamos plantearnos quienes son y qué formación tienen los maestros de Primaria), etc. Profes apoyados (o no) por su jerarquía, a veces negando la realidad más brutal, profes atrapados en un sándwich triple compuesto por alumnos (de niveles sociales dispares, religiones heterogéneas), el director, los padres, la inspección + una mala imagen del profesorado en la sociedad que desconoce completamente la realidad de esta profesión y que los tilda con odio de funcionarios vividores que se quejan porque “tienen demasiadas vacaciones”, sí, esos que hacen más de 45 horas de trabajo/guardería por semana (preparación de clases, gestión de conflictos, concepción y corrección de exámenes y trabajos, reuniones varias, ayudar a los alumnos a entender por qué es importante ser un buen ciudadano además de ser un buen estudiante, a la convivencia, etc… además de seguir formándose, transformarse o improvisarse policía, educador, monitor, psicólogo o animador de tiempo libre…

Estamos jodidos, pero bien!”

Viene al hilo porque desde hace unos días estoy de baja por depresión. Nunca me imaginé que llegaría a estar tan quemada por mi trabajo, un trabajo que adoro y que me está matando. Ya he tenido que sufrir la muerte por infarto de dos amigos y no quiero ser otro número más en la estadística de los que han “muerto con la botas puesta” en la enseñanza.”

Goebbels es resucitado y recibe un encargo

https://www.meneame.net/story/goebbels-resucitado-recibe-encargo

Casi 100 años después de su muerte, el ministro de propaganda de Hitler despierta en una extraña habitación. Varios hombres le rodean y, ante sus preguntas sobre qué hace allí, le explican lo sucedido. Estos hombres son representantes de algunos de los gobiernos y multinacionales más poderosos del mundo, y Goebbels ha sido resucitado (más bien clonado) por ellos mediante la más moderna tecnología.

La razón es que necesitan un consejero que les permita mantener a la población civil de sus Estados “ilusionada y cooperativa ante los nuevos retos que surgirán de las futuras crisis económicas”. Quieren desactivar cualquier amago de oposición frente a los brutales recortes de derechos que impondrán con la excusa de la nueva crisis económica que estallará en menos de un lustro. Y deben hacerlo dentro de un régimen formal de libertades, sin Gestapo ni leyes que permitan ilegalizar partidos o cerrar periódicos.

Goebbels acepta el encargo y actualiza sus 11 principios de la propaganda:

-Principio del hara-kiri occidentalizado. Si fracasas es culpa tuya, y no tienes derecho a pedir ayuda a la sociedad. Es una vergüenza admitir que no puedes pagar la luz y el agua de tu casa, pues muestra tu debilidad, insignificacia e incapacidad para subsistir, que es lo más elemental que todo sujeto debe hacer. Como decía un insigne economista, yo no soy responsable de los genes que te han tocado.

No importa la causa por la que has fracasado. No importa que hayas trabajado con la máxima diligencia toda tu vida pero tu empresa haya hecho un ERE y te haya echado a los 50 años. No importa que te hayan estafado con un contrato bancario cuya letra pequeña no entendería ni un licenciado en economía. No le busques explicaciones: has fracasado y eso es lo único que importa. Supéralo o húndete para siempre, pero hazlo en silencio.

-Principio del veneno reconvertido en néctar. Cuando veas a un mendigo pidiendo por la calle, enorgullécete de no ser como él. Da igual que estés siendo pisoteado por tu jefe, que te obligue a trabajar el doble de horas de las que te tiene en alta, o que dediques toda tu vida a un trabajo que no te permite llegar a fin de mes: estás mejor que ese mendigo y eso es lo que cuenta. Nunca mires hacia arriba, pues los que están ahí pueden molestarse al ser observados. Lo más seguro y reconfortante es mirar hacia abajo, para recordar que gracias a tu esfuerzo no estás tirado en la calle y que, mientras seas obediente, lo más probable es que no llegues a estarlo.

-Principio del ocio productivo. La clave del ocio se encuentra en evitar que el ciudadano piense. Telebasura, alcohol, drogas…si un solo minuto de ocio sirve para que la cabeza del ciudadano esté mejor amueblada que antes de disfrutarlo, entonces es un ocio insano y peligroso. El ocio debe usarse para aturdir al ciudadano, para embrutecerlo, para volverlo primario, para evitar que piense o reflexione. El ocio debe ser como una gota de agua al sol: evaporarse sin dejar señal alguna.

-Principio de las minirrecompensas exhibibles. Generemos una multiplicidad de baratijas cuyos precios sean medianamente asequibles, asociemos el éxito a ellas y distribuyámoslas. Su gracia no está en tenerlas, sino en enseñarlas. Así los ciudadanos se obsesionarán con tener el último vestido, teléfono, reloj…que más salga en los anuncios publicitarios, e invertirán su tiempo en perseguirlos. Así conseguimos incentivarles para trabajar, a la vez que desactivamos el peligro de que hagan algo peligroso en su tiempo libre. No hay nada más inofensivo que cubrirse de baratijas y salir a la calle para exhibirlas.

-Principio del enfrentamiento tribal. Debemos dividir a los ciudadanos en tribus diferenciadas por banderas tales como la raza, el sexo, la religión o las aspiraciones territoriales. Convenzámosles de que el principal problema del país es la “tribu rival”, y presenténomos como sus salvadores frente a ella. El tiempo que dedican a odiarla no pensarán en los abusos a los que son sometidos por la clase dominante, e incluso llegarán a amar a quienes les explotan si son capaces de convencerles de que son sus defensores frente a la malvada tribu a la que deben odiar.

-Principio de la unificación por los símbolos. Debe fomentarse que los prebostes del sistema acudan a partidos de fútbol, romerías, corridas de toros y otros eventos que deberán identificarse con el espíritu patrio (y fomentarse convenientemente desde el Estado, con dinero público si hace falta). Deben fingir al máximo que disfrutan y se sienten profundamente emocionados y gozosos. Así el pueblo se identificará con ellos aunque le roben la cartera diariamente. Este principio debe complementarse con la satanización de quienes no comparten esos símbolos. Si aparte de conseguir que el pueblo se identifique con los prebostes, se logra que odie a quienes cuestionan esos símbolos o eventos, habremos matado dos pájaros de un tiro.

-Principio de las grandes gestas holográficas. En 1940 era idóneo organizar inmensos actos con decenas de miles de personas, símbolos gigantescos del partido y los oradores subidos a altísimos escenarios mientras el pueblo los observaba decenas de metros abajo. La finalidad era doble: convencer al individuo de su insignificancia y, a la vez, de que podía convertirse en algo grande si se integraba como célula en el cuerpo perfecto que era el partido, obedeciendo las órdenes de la cabeza. Convencer al ciudadano de a pie de que, a pesar de su miserable y patética vida, formaba parte de algo más grande que estaba haciendo Historia, luchando contra los grandes enemigos de Occidente. Eso justificaba cualquier sacrificio o penalidad, y le daba (cuando veía en televisión las grandes batallas del ejército nazi contra el malvado ejército rojo) la dosis de adrenalina que precisaba para seguir tragando.

Ahora mismo no hay grandes batallas de ese tipo, pero se puede usar la propaganda para crear temibles enemigos holográficos y convencer a los ciudadanos de que el partido del gobierno los está combatiendo e, indirectamente, el ciudadano está contribuyendo en esa gesta siendo bueno y obediente, y llevando a cabo gestos patrióticos como poner una bandera en el balcón. Cuando las televisiones muestran la detención y enjuiciamiento de los líderes del enemigo holográfico, junto con noticias que destacan que sus malvados planes aún siguen vivos, el ciudadano obtiene las dosis de orgullo y odio que necesita para continuar trabajando 40 horas por 1000 euros sin rechistar.

-Principio de la magnificación de las ofensas al Estado. Impongamos penas todo lo duras que resulte posible a quienes desafíen lo establecido, y convenzamos al pueblo de que son los crímenes más execrables. Imponer 10000 euros de multa por montar una manifestación no autorizada y 7000 por tener a un trabajador sin dar de alta en la Seguridad Social es comprensible, pues un empresario que sólo busca el bienestar de su país no debe tener el mismo trato que un delincuente que busca romper la sagrada estabilidad de la patria.

-Principio del miedo como potenciador de la amnesia. Cuando algún trabajador cuestione sus actuales condiciones de vida y las asocie con las existentes hace 20 años, háblale de los peligros de que las grandes rentas huyan y su empresa se traslade a China. El miedo a perder lo poco que se tiene es un excelente potenciador de la amnesia selectiva. Siempre hay que glorificar a la patria, pero aquí hay una excepción: si el trabajador te dice que en otros países los ricos pagan más y el sistema no se hunde, dile que por desgracia en tu país hay una idiosincrasia distinta, una clase trabajadora más vaga y, por ende, sólo podemos ofrecer impuestos bajos y trabajadores basura a los inversores extranjeras. Da igual que sea falso, el miedo le hará creerse.

-Principio de la huida hacia adelante. Debemos lograr que los ciudadanos no piensen en nada que esté más lejos en el tiempo que sus próximas 24 horas. Trabajo agotador, telebasura…todo vale para que no se cuestionen cómo estará el planeta dentro de 50 años si se mantiene el actual nivel de contaminación, o cómo se pagarán sus pensiones si no se persigue el fraude fiscal y se suben los impuestos a los más ricos. Quien no ve las amenazas del futuro, no es consciente de su gravedad y no puede organizar estrategias para frenarlas.

-Principio de la homogeneización coactiva. Satanicemos a quien se atreva a contradecir los anteriores principios. Si no podemos mandarles a prisión, estigmaticémosle acusándole de raro, inadaptado, amargado…hagamos que cada ciudadano asocie cualquier muestra de individualidad con el aislamiento. Los medios de comunicación son el escaparate idóneo para difundir el modelo de ciudadano (con sus metas, gustos y características generales) que debe imperar. Sirven desde series a programas del corazón.

Los prebostes que habían resucitado a Goebbels quedaron muy tristes. Tanto esfuerzo para que no les revelara nada distinto de lo que ellos ya sabían.