A este grupo lo conocí hace algunos años pero no me llamaron nada la atención. A principios del año pasado descubrí esta canción y sonó hasta la saciedad en mis trayectos en coche. Buenrollismo puro y duro capaz de levantar a un muerto de la tumba.

Cuidado que engancha.

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Bon Jovi es una de esas bandas que se crearon en los 80 y por las que muchos no dábamos un duro más allá de los 80 y principios de los 90.

La realidad es que llevan 4 décadas dando guerra y de todos sus CD’s se pueden extraer buenas canciones. Del último, “This house is not for sale” sobresalen esa misma canción, “Rollercoaster” o este “Knockout”, una canción rockera de las buenas donde demuestran que todavía pueden dar  mucha guerra. Es un grito de “No, no váis a poder conmigo y voy a dar guerra”:

Y de regalo otra de esas canciones que me acompañó a mi llegada a Alicante hace 14 años:

Prescindir de quien sobresale

https://www.gurusblog.com/archives/prescindir-quien-sobresale-gustavo-rivero/20/03/2017/

Gustavo Rivero. Steve Jobs solía decir: “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer”.

Lamentablemente, ésa no es la tónica general en las empresas. La incapacidad para reconocer como válidas las ideas de otros, el miedo a ser superado profesionalmente por un subordinado o la envidia, pueden llevar a algunos directivos a eludir su principal responsabilidad, tomar las decisiones más adecuadas para su compañía, dedicándose a cercenar las iniciativas, aportaciones e ideas de aquéllos que pueden dejarlos en evidencia. Es el síndrome de Procusto, un nombre de origen mitológico que retrata una figura que suele observarse en entornos laborales y resulta nefasta para cualquier organización o equipo.

Los que padecen este problema son muchos más de los que pensamos: generan un clima laboral de tensión y estrés, fuerzan las circunstancias para ajustarlas a su modelo, no optimizan sus equipos, priman su visión personal e intereses particulares frente a la maximización del rendimiento, deforman y ocultan los datos obtenidos para que confirmen su hipótesis previa, no asignan tareas a quienes las harían mejor, cierran su acceso a proyectos en los que destacarían, no los evalúan correctamente en los controles internos, y exigen niveles de calidad y perfección que no se pueden alcanzar.

Precisamente, el miedo a ser víctima del síndrome de Procusto es lo que crea la existencia del síndrome de Solomon, donde la maldita envidia genera el miedo a brillar. Es decir, por culpa de esos jefes inseguros que cercenan las posibilidades de progreso de los profesionales brillantes, muchos de ellos prefieren no destacar y conservar su puesto simplemente.

Las corporaciones tienden a demonizar el éxito de los demás. Esto genera en algunas personas baja autoestima y falta de confianza en sí mismas, los lleva a evaluarse constantemente según el entorno que les rodea y no consideran sus propias apreciaciones, sobre todo cuando saben que son buenos en lo que hacen.

Como comenté en mi columna “El dilema del prisionero”, a pesar de que un buen líder debe procurar captar el mejor talento para la organización en la que trabaja, por desgracia muchos directivos prefieren descartar a los profesionales muy cualificados por miedo a que les quiten protagonismo y los desplacen en el futuro. Es un claro ejemplo de que el interés personal afecta al de la compañía.

La gran lacra de muchas empresas es que tienen empleados en puestos de responsabilidad que han decidido (consciente o inconscientemente) que sus obligaciones no son las que les ha asignado la entidad, sino que su trabajo consiste en mantener su cargo.

El problema no es tener colaboradores que sepan más que usted sobre determinados temas, el problema es no saber gestionar ese talento.

El gran cerebro de los primates se debe más a la dieta que a su sociabilidad

http://www.agenciasinc.es/Noticias/El-gran-cerebro-de-los-primates-se-debe-mas-a-la-dieta-que-a-su-sociabilidad

Los primates, humanos y no humanos, tienen un cerebro grande no tanto por ser sociables, sino más bien por lo que comen, según un estudio de la Universidad de Nueva York (EE UU). La investigación contradice la hipótesis del cerebro social, que atribuye el tamaño cerebral únicamente a la socialización y revela que los primates que comen frutas tienen alrededor de un 25% más de tejido cerebral que las especies que comen plantas.

<p>El tamaño del cerebro en los primates se predice por la dieta / Fotolia</p>

El tamaño del cerebro en los primates se predice por la dieta / Fotolia

Hasta ahora, la hipótesis más extendida sobre por qué los primates tienen un cerebro grande consideraba que la sociabilidad era la principal impulsora de su complejidad cognitiva, es decir, que las presiones sociales llevaron en última instancia a la evolución del gran cerebro humano.

Sin embargo, un estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution contradice esta teoría. El trabajo, liderado por antropólogos de la Universidad de Nueva York (EE UU), refuerza la noción de que la evolución del cerebro en primates –humanos y no humanos– puede estar impulsada por las diferencias en la alimentación más que en la socialización.

La evolución del cerebro en primates –humanos y no humanos– está impulsada por las diferencias en la alimentación

“Es probable que las complejas estrategias de forrajeo, las estructuras sociales y las habilidades cognitivas hayan avanzado conjuntamente a lo largo de la evolución de los primates”, explica Alex DeCasien, estudiante predoctoral en la Universidad de Nueva York y autor principal del estudio. “Sin embargo, si la pregunta es: ¿Qué factor es más importante, dieta o sociabilidad, cuando se trata de determinar el tamaño del cerebro de las especies de primates? Entonces, nuestro nuevo análisis sugiere que ese elemento es la dieta”, confirma.

Algunos estudios previos habían demostrado relaciones positivas entre el tamaño relativo del cerebro y el tamaño del grupo social. Sin embargo, otros trabajos, que examinaban los efectos en diferentes sistemas sociales o de apareamiento, mostraron resultados que entraban en conflicto. Esto planteaba interrogantes sobre la robustez de la hipótesis del cerebro social.

Los científicos que participaron en esta investigación examinaron más de 140 especies de primates –una proporción tres veces más alta que estudios previos– e incorporaron los datos evolutivos más recientes de las filogenias de los primates.

Cráneos de un lémur macho adulto (Lemur catta), mono vervet (Chlorocebus pygerythrus), gibón (Hylobates lar), babuino (Papio hamadrayas), chimpancé (Pan troglodytes) y humano (Homo sapiens) / Megan Petersdorf

Cráneos de un lémur macho adulto (Lemur catta), mono vervet (Chlorocebus pygerythrus), gibón (Hylobates lar), babuino (Papio hamadrayas), chimpancé (Pan troglodytes) y humano (Homo sapiens) / Megan Petersdorf

Asimismo, tuvieron en cuenta las diferencias en el consumo de alimentos entre las especies estudiadas –si eran omnívoros, folívoros (si se alimentan de hojas), frugívoros (dieta basada en frutas) o frugívoros y folívoros– así como varias medidas de socialidad, como el tamaño de grupo, su sistema social y su sistema de apareamiento.

Las especies que consumen frutas tienen cerebros más grandes

Después de controlar el tamaño corporal y la filogenia, sus resultados indican que la dieta determina más el tamaño del cerebro que las diversas medidas de sociabilidad.

Los científicos examinaron más de 140 especies de primates, una proporción tres veces más alta que estudios previos

Tras considerar la relación evolutiva de cada especie y su tamaño corporal relativo, los autores hallaron que los primates que comen frutas tienen alrededor de un 25% más de tejido cerebral que las especies que comen plantas. Los frugívoros y los frugívoros y folívoros presentan cerebros significativamente mayores que los folivoros y, en menor medida, los omnívoros muestran cerebros significativamente más grandes que los folívoros.

Aunque este análisis no es capaz de discernir por qué comer fruta conduce a la evolución de cerebros más grandes, los expertos sugieren que puede deberse a una combinación entre la demanda cognitiva que supone recordar la ubicación de la fruta y la extracción manual que requiere su consumo. Además, la ingesta de fruta es más rica en energía en comparación con la de las plantas.

Sin embargo, los expertos advierten que estos resultados no indican una asociación entre el tamaño del cerebro y el consumo de frutas o proteínas, más bien evidencian demandas cognitivas diferentes según la especie para conseguir ciertos alimentos.

“La fruta está más dispersa en el espacio y el tiempo en la naturaleza, y su consumo a menudo implica conseguirla en lugares difíciles de alcanzar o cáscaras de protección”, apunta DeCasien. “Juntos, estos factores acarrean que las especies frugívoras necesiten mayor complejidad cognitiva y flexibilidad”, añade.

Chris Venditti, investigador de la Universidad de Reading (Reino Unido), que ha escrito un News & Views en la misma revista a raíz a este trabajo, expone: “Estoy seguro de que este estudio volverá a enfocar y revigorizar la investigación que busca explicar la complejidad cognitiva de los primates y otros mamíferos. Quedan aún muchas preguntas por resolver”.

Un chimpancé comiendo fruta / James Higham

Un chimpancé comiendo fruta / James Higham

Renta básica

Hace no demasiado tiempo, diversos líderes de formaciones políticas ‘alternativas’ empezaron a engatusar a sus votantes con la promesa de una ‘renta básica universal’ de la que podría disfrutar toda persona carente de ingresos, por mero derecho de ‘ciudadanía’ (y ya se sabe que, cuando alguien invoca esta palabra, hay que echarse a temblar). De inmediato, desde los partidos hegemónicos se calificó a estos líderes alternativos de demagogos y populistas. Han pasado desde entonces muy pocos años; y cada vez son más los líderes políticos hegemónicos que, misteriosamente, han hecho suya sin rebozo esta promesa. ¿Hemos de pensar que se han sumado a la misma estrategia demagógica? A simple vista así lo parece; pero se trata de una vista, en efecto, simplicísima. Unos y otros comparten, en efecto, estrategias; o, mejor dicho, unos y otros son serviles lacayos de la misma estrategia, diseñada por el Dinero, que ha tomado la irrevocable decisión de destruir, en los próximos quince o veinte años, decenas de millones de puestos de trabajo.

La renta básica no es, como algunos ingenuos piensan, una medida concebida por comprometidos benefactores de la Humanidad. Por el contrario, se trata de una ‘falsa bandera’ que tiene a su servicio a politiquillos de diversa adscripción ideológica, encargados de presentar este nuevo desmán como una ilusionante ‘conquista social’. Como a nadie se le escapa, la automatización favorecida por el desarrollo de la inteligencia artificial y los avances de la robótica han hecho superfluos muchos puestos de trabajo. Y en las próximas décadas este fenómeno alcanzará una magnitud pavorosa que ahora no podemos ni siquiera imaginar. Se calcula (según las previsiones más optimistas) que un cincuenta por ciento de los puestos de trabajo hoy existentes serán desempeñados por máquinas. Emergerá entonces un ejército de desempleados que rebasará las capacidades de control de los Estados; un ejército capaz de desencadenar revoluciones y disturbios… salvo que sea amansado.

Para lograrlo, ya no bastará -como basta hoy- con formatear los cerebros en la aceptación pasiva de los paradigmas culturales triunfantes, mediante la manipulación educativa y la ‘formación’ de la opinión pública. Ya no bastará con suministrar a las masas un flujo incesante de entretenimientos baratos y embrutecedores que anestesien sus anhelos espirituales. Ya no bastará con dividirlos y engolosinarlos con picazones de entrepierna de género difuso y cambiante. Habrá que garantizarles unos ingresos mínimos, mantenerlos en un estado de ‘pobreza sostenible’ que les permita sobrellevar una vida sin horizonte laboral, a la vez que disfrutar de algún caprichito modesto y prêt-à-porter (tanto más accesible cuanto menos procreen). El Dinero ya ha hecho sus cálculos: sabe cuántos trabajadores y consumidores necesita y cuántos le sobran; y sabe, sobre todo, cómo convencernos de los efectos benéficos de la robotización del trabajo, presentándonos un futuro halagüeño de vagancia y ociosidad, mientras las máquinas nos hacen el ‘trabajo duro’, de cuyos frutos nos podremos beneficiar opíparamente.

Naturalmente, se trata de un grosero embeleco. La robotización generará, en efecto, ingentes beneficios económicos, que sólo en una ínfima porción -a modo de filantrópica limosna- se destinarán a cubrir las ‘rentas básicas’ de una ingente población desempleada. El resto se sufragará ordeñando todavía más a la menguante población activa. Y esta robotización que dejará a millones sin trabajo no afectará solamente, como propone cierto engreimiento clasista, a los ‘oficios manuales’. Vertiginosas bases con billones de datos ya están generando recursos de inteligencia artificial que pronto harán obsoletas multitud de ‘profesiones liberales’, convirtiendo a ingenieros, programadores, periodistas o traductores en antiguallas de otra época.

Muchos verán, llegado el día, esta ‘renta básica’ como un mal menor; y hasta habrá ilusos que la consideren una gozosa liberación de la condena bíblica. Pero será una limosna indigna, no tanto en su cuantía (la indispensable para garantizar una ‘pobreza sostenible’) como en su concepto. pues el hombre necesita amar y sentirse vinculado a lo que hace; necesita comprometerse con el producto de su esfuerzo y crear tejidos asociativos a través del trabajo. Y, suprimido ese vínculo, sólo nos restará una vida de ociosas alimañas. Que es, a la postre, lo que postulan los defensores de la ‘renta básica’. No son demagogos ni populistas, sino serviles lacayos del Dinero.

http://www.xlsemanal.com/firmas/20170327/juan-manuel-de-prada-renta-basica.html

Por qué yo no tengo TV

http://www.mundobacteriano.com/por-que-yo-no-tengo-tv/

No tengo televisión

Creo que ya he avisado varias veces en este blog que no sólo hablo en él de fermentados. Me podría hacer otro blog para meter en él los comentarios ajenos a los probióticos, pero me da un poco de pereza. Por eso este artículo viene a la luz aquí y ahora. Hoy voy a hablar de por qué hace años dejé de ver la TV, y no sólo eso, dejé de leer periódicos y dejé también de escuchar la radio.

Yo he tenido televisión en mi casa, como cualquiera, durante años. Soy de los que comenzaron a verla en blanco y negro y después pasé al color. En mi casa, mis padres nos regulaban las horas de TV y la veíamos un rato por las tardes, y cuando fuimos niños, alguna que otra noche, cuando era una película adecuada. Nada de ver la tele por las mañanas, en general.

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TV sin sintonizar

Cuando me casé y fui independiente, mi mujer y yo compramos una TV, ya de color. No tenía inconveniente en verla. Era normal que la viéramos por las noches.

La etapa en que ETA aumentó sus atentados, años ochenta, yo ya empecé a resentirme. Comencé a sentir que había algo que no iba bien. Empecé a sentir malestar y dejé de ver la TV, con ETA, pero en 1992, el Crimen de las niñas de Alcácer, y sus extrañas secuelas que rayaban la locura conspiranoica, me tocaron severamente.  Los atentados en Argelia, hacia 1997, en los que no se hacía distinción entre adultos y niños, o mujeres embarazadas, y en los que un grupo armado profesional entraba en un pueblo y masacraba al 100% de la población en una noche, me dejaron K.O.

Añadido a este panorama, en la TV comenzaron a estropearse los contenidos, los programas perdían calidad a medida que se buscaba mayor audiencia y la publicidad lo llenaba todo paulatinamente.

Y un día decidí que no quería seguir pasándolo mal, no quería seguir sintiéndome destrozado tras ver la TV y, sobre todo, quería poner distancia ante un medio que me estaba embotando la cabeza y que me estaba causando un verdadero problema personal, porque estaba viendo que me desprogramaban de algo que yo llamo “visión ética de la vida“.

Cómo me informo ahora sin televisión

Sorprende mucho, en general, cuando se me oye decir que no tengo TV, y suele argumentarse que “estoy mal informado”. Pero yo, que llevo aproximadamente unos 14 años (desde el año 2003) sin verla, o mejor dicho, sin tenerla en casa, considero que es uno de los más potentes factores de contaminación, no ya mental, sino contaminación a todos los niveles. La sutileza de dicha contaminación es tal, que pocos se dan cuenta del grado de “suciedad” que les aporta.

Yo ahora me informo igual que haría cualquiera, leyendo, pero soy yo quien busca la información y las fuentes. La información, si vives y trabajas, si te mueves por internet, te llega sola. No necesitas que ningún medio oficial te “la cuente”. En los últimos tiempos en los que yo veía la TV, me daba cuenta de que me estaban informando de las noticias como “si se lo contaran a un idiota”, pero a un idiota integral. Ese era el tono general de los Telediarios. Eso era así en las formas, porque en el fondo era aún peor, ya que si de lo que se trataba era de crear opinión, ya estaban ellos (quienes daban la noticia) poniendo énfasis en lo que más les interesaba. Eso se notaba, sobre todo, cuando escuchabas distintas cadenas, como quien lee distintos periódicos (El País, ABC, El Mundo, La Vanguardia, etc…) es algo muy llamativo. Darte cuenta de eso es muy desagradable, porque uno quiere tener la ilusión de ser independiente a la hora de formarse una opinión. Pero es verdad que tal cosa es una ilusión. Nunca somos independientes para nada en este mundo, ni seremos objetivos nunca. Lo único que podemos estar es “más o menos formados”. A partir de ahí podemos hablar de estar “informados”.

Visión ética de la vida

Hay ciertas cosas que echo de menos en el periodismo actual. Será el “tono de los tiempos” pero yo veo que cada día más se maneja la información “contra el otro”. Dicho de otra manera, creo que la indignación y la intolerancia hacia quienes no piensan como tú, invade el mundo. De hecho, creo que lo que impregna todo es la sensación de “emergencia por ser frente a los demás”. Y da lo mismo cómo seas, con tal de ser y que los demás lo vean. Y aquí entran todos los colectivos, grupos, partidos, y personas y personajes con afán de ser “vistos”. Y por encima de cualquier consideración ética, que debería servir para ver a los otros como merecedores de respeto. Cuando hablo de “visión ética de la vida” quiero decir ponerse en el lugar de los demás, usar el Imperativo Categórico de Kant (“Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”).

Desde mi punto de vista, las cadenas de TV, y sobre todo ellas, aunque no todas en la misma medida, llevan muchos años fomentando varias cosas: se fomenta la ignorancia, y paralelamente se denigra la formación, la curiosidad, el estudio y la sabiduría, se fomenta la corrupción, y paralelamente se denigra la ética y la responsabilidad. Se fomenta la ociosidad, y a la vez se denigra la dedicación, el trabajo y el esfuerzo. Se fomenta, de igual manera, las habladurías, la crítica destructiva, la insidia, la burla, la broma fácil… frente al respeto, la corrección, la objetividad. Todo esto va dirigido, a mi entender, a “educar” a la población, convirtiendo definitivamente en masas a quienes podrían ser “grupos de individuos”. De nada vale dar estudios a esta población si no están apoyados por una educación en valores éticos. Esto es muy valioso para los gobernantes, porque las masas por definición, son manejables (pero yo añadiría, y peligroso, porque las masas son muy, pero que muy peligrosas, llegado el caso).

Pero, sobre todo, se fomenta el miedo, por medio de noticias sucesivas sobre atentados y accidentes, sobre quiebras y crisis, corrupciones y abusos… Y se fomenta el miedo en lugar de fomentar la objetividad y la tranquilidad.

 

Cómo contamina la TV

Pero… ¿qué efectos produce la TV sobre nosotros? Yo voy a describir en primer lugar las sensaciones que yo tengo cuando veo la TV, o las que tenía cuando la veía:

  • La primera era que no me dejaba “espacio” para mí. Es decir, que no me dejaba tiempo para meditar o reflexionar sobre lo que acababa de ver u oír.  Esto sigue siendo así, y es quizás peor que antes, porque la técnica usada para mostrar la información en casi todos los programas es sincopada, rápida, como si de una ametralladora se tratara. Se declaman las noticias de forma “ágil y moderna” mezclándolas con imágenes de tal forma que las segundas dicen casi más que las palabras. Nada que ver con leer un periódico, un libro o un artículo, en los que puedes meditar lo que lees y puedes reflexionar sobre ello. Es decir, para mí, acostumbrado a leer con una cierta lentitud y con intención de extraer conclusiones.
  • Otro efecto que notaba en la TV es que me dejaba hipnotizado. Y ahora que no la veo, lo noto mucho más. Eso que yo notaba y que llamo “hipnosis”, está muy estudiado, y es muy, muy grave, porque el parpadeo de las imágenes, a una frecuencia de entre 50 y 400 Hercios, nos produce una especie de estado de ensoñación, muy asociado con la sugestibilidad. Esto se ha estudiado ya mucho, de hecho:

Los estudios han demostrado que ver la televisión induce bajas ondas alfa en el cerebro humano. Las ondas alfa son ondas cerebrales entre 8 a 12 HZ. Y se asocian comúnmente con estados meditativos relajados así como estados del cerebro asociados con la sugestibilidad.

Mientras que las ondas Alpha logradas a través de la meditación son beneficiosas (promueven la relajación y la penetración), demasiado tiempo gastado en el estado de onda alfa baja causado por la TV puede causar el soñar despierto sin enfoque y la incapacidad de concentrarse. Los investigadores han dicho que ver la televisión es similar a mirar fijamente una pared en blanco por varias horas.

Estas conclusiones vienen ya de 1969, pero lejos de ser evitadas, se han fomentado, y la información “saludable” contraria a la TV solo está a disposición de quienes la buscan. Más aún:

En un experimento en 1969, Herbert Krugman monitoreó a una persona a través de muchos ensayos y encontró que en menos de un minuto de ver televisión, las ondas cerebrales de la persona cambiaban de ondas beta (ondas cerebrales asociadas con el pensamiento activo-lógico) a ondas principalmente alfa. Cuando el sujeto dejó de ver la televisión y comenzó a leer una revista, las ondas cerebrales volvieron a ondas Beta.

Por si quiere leer más sobre esto, el artículo completo.

Más efectos:

  • Me sentía mal por el contenido que acababa de ver.  Unas veces por una cosa, otras por otra, en general la sensación se debía a que sentía que “me habían vendido la moto“. Es decir, que había dejado que se metieran “hasta la cocina” de mi consciencia, y habían penetrado con imágenes dolorosas, ideas que no compartía o valores que a todas luces carecían de ética hasta el “centro” de mi ser. Y yo no había podido hacer nada, o me lo había tragado sin poder decir esta boca es mía. Esto es lo que se llama poder de “sugestibilidad” de la TV. Y tiene mucho que ver con la hipnósis. Lo peor de todo esto es que la TV suele verse justo antes de dormir. Y la hipnósis es mucho más efectiva a esas horas. ver este artículo.
  • Me pasaba luego mucho tiempo intentando encontrar la lógica a los horrores que había visto. Es decir, luego me dedicaba a recordar lo que me habían contado, bien repitiendo las imágenes incesantemente, con dolor, o buscando la razón de ser de las noticias más desgarradoras, o escandalosas. Esto se debe, como descubrí más tarde, a que nunca me daban la noticia completa, y siempre faltaba información. Dicha información se oculta porque se sabe que el efecto es mucho peor si no se da.
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La TV modifica nuestras ondas cerebrales

Qué hago ahora sin Tv

Por supuesto, yo me informo, y mucho, de todos aquellos aspectos de la vida que me interesan, y son muchos. Es cierto que yo me considero una persona sensible y que, precisamente por eso, procuro escoger bien las fuentes de las que me informo. Por ello, evito todas aquellas que me puedan provocar dolor. Soy consciente de que la vida tiene injusticias, muerte, dolor, pero de ahí a tener que tragarme escenas de sangre gratuitas, atentados, accidentes, etc… va un trecho. Es decir, lo primero es mi salud mental, y lo segunda la información. Y si no tengo que verlo, no lo veo.

Saludos

Antonio

 

Fotografía de portada cortesía de Sven.

Vivimos en un país enfermo

Angustias, feliz nombre para lo que vamos a tratar, ha sido absuelta por un juez de Almería por haberle retirado el móvil a un gilipollas de niño que llevaba varios días sin hacer otra cosa que darle a los botones, y a quien su madre, harta de que no hiciera cosa de provecho, le retiró el aparato.

Petición fiscal a la madre: nueve meses de prisión, por malos tratos al chaval, que denunció la temible agresión de su madre a la Guardia Civil. ¡Quitarle el móvil, por vagancia insistente y arrogante a su hijo de 15 añitos, probablemente perdidos en la nada de la nada!

Ocurrió en El Egido (Almería). Frente a lo que cualquier persona racional pudiera pensar, el asunto siguió adelante, quizá porque la Guardia Civil del puesto tenía su día gracioso y toda la parafernalia de jueces, fiscales y funcionarios creían estar de carnavales. Desconozco lo que le costará a la tal Angustias sostener, alimentar, aguantar y hacerse cruces porque al niño, ya talludito y en edad de merecer, le da por el móvil como quien le da a la farlopa.

Vivimos en un país enfermo donde la adolescencia de menor cuantía hace lo que le sale de los cojones, que para eso estamos en democracia y están en sus derechos reconocidos en el código desde 2007 y donde consta en una ley que “los padres deben reprender a sus hijos con respeto a su integridad física y psicológica”. Y a los perros, y a las mascotas; algo menos a los parados y a los ancianos con pensión misérrima.

Vivimos en un país enfermo donde la adolescencia de menor cuantía hace lo que le sale de los cojones

¿Estamos o no en un país enfermo? ¿De esquizofrenia social? La diferencia entre la vida real y su legislación y sus cachondos legisladores. O se trata de pura idiotez, no incluida en el vademécum de enfermedades mentales. Juro que no lo entiendo. Ni a la Guardia Civil, ni a los funcionarios judiciales, ni a una sociedad que no convierte un caso como este en un retrato de nuestra decadencia. “¡Chaval, dos meneos y a casa!” Horror, violencia familiar, agresión a la infancia, pedagogía prusiana, cuando no aquel espanto de los soviéticos que trasladó Antón Makarenko en un libro entusiasta, el Poema pedagógico. Nuestros admirables maestros -lenguaje antiguo lleno de sentido, ayer y hoy- pasan la mayor parte de sus clases dedicándose a poner orden entre unos alumnos capaces de denunciar a su madre a la Guardia Civil por retirarle el móvil. La Benemérita Guardia Civil les protege, al menos en El Egido, lugar que hasta antes de ayer era el centro de droga más importante de la zona.

Vivimos en un país enfermo que se cree sano como una rosa y feliz de tener la juventud más frustrada desde hace más de un siglo. Los supervivientes de una crisis que echó al traste a sus padres y que se encontró de pronto en el fango de no encontrar trabajo mientras no fuera imprescindible. El día que lo fue, ya no había sitio para ellos y el ejemplo de sus familias -“a mi niño no lo toca nadie”- está representado en aquella escena del muchacho recién sacado el carnet de conducir que se presenta a la puerta de la escuela con un 

“buga” de alta gama, esperando al profesor que le tocaba los cojones con los libros y la lectura, para espetarle: “ya ve, gano diez veces más que usted colocando tochos”.

Vivimos en un país enfermo que no es consciente de padecer la más larga y amenazante enfermedad: una mayoría adolescente que desconoce la vida fuera del móvil y Youtube. En un país así, incluso después de que un juez sensato la hubiera declarado sin cargos, habría que organizar un homenaje a Angustias. Aunque solo fuera para hacer honor a su nombre.

http://www.bez.es/438860094/vivimos-pais-enfermo.html

Contigo o sin ti

https://isragarcia.es/contigo-o-sin-ti

Las cosas suceden, contigo o sin ti.

contigo o sin tiLos atletas seguirán seguirán batiendo récords, con tu escepticismo o sin él.

Tus clientes consumirán un producto u otro, con tu ayuda o sin ella.

El sistema siempre encontrará borregos que hagan cola sin rechistar, montes o no montes revoluciones.

Tus hijos crecerán y encontrarán un camino, con tu liderazgo, apoyo y guía o sin nada de eso.

El jefe encontrará un recambio para la vacante que dejó tu brillante novia, marque o no marque la diferencia.

Tu empresa tendrá que pagar más impuestos de lo esperado, con tu gestión o sin ella.

Un día, alguien te ignorará, lo quieras asumir o no. Con tu comprensión o sin ella.

La competencia te sobrepasará hoy o mañana, seas o no seas mediocre.

Tu profesor te puntuará dependiendo las respuestas acertadas en el examen, con tu beneplácito o sin él.

Un día fallarás de forma estruendosa, lo quieras creer o no.

Tu madre será la persona que más te quiera en el mundo, te guste o no te guste.

La muerte llegará, quieras o no quieras.

El mensaje está bastante claro, creo.

¿Qué hacer entonces?

Primera opción: empujas y contribuyes hasta que te quedes sin aliento. Aportas hasta que pase el minuto 91 de partido y acabe toda la prórroga. Si no resultara, bueno, creíste en ello, lo intentaste, te vaciaste. En cambio, si lo consigues, si has cambiado algo significante. Si has logrado tu objetivo o ayudaste a otros a hacerlo. Disfrútalo. Es el fruto de sumarte a algo que es más importante que la suma de un solo individuo / organización.

Segunda opción: si decides no intervenir. Apártate de forma gentil. Nosotros echaremos el resto. Cuando lleguemos a meta, nos apresuraremos en ir a buscarte para celebrarlo juntos. Si por alguna razón no lo consiguiéramos, habremos aprendido juntos. Notaremos en los labios el sabor agradable de haberlo intentando. Esto nos inspirará a reestructurar nuestro trabajo y volver a la carga de nuevo.

Contigo o sin ti

El programa será desarrollado, contigo o sin ti.

Facebook seguirá su estrategia, contigo o sin ti

El marketing evoluciona contigo o sin ti.

Encontraremos nuevas oportunidades, contigo o sin ti.

El cambio sucede, contigo o sin ti.

Sobresaldremos, contigo o sin ti.

El tiempo pasará, contigo o sin ti.

Sea lo que sea, lo haremos, contigo o sin ti. Puedes unirte a la pandilla de intrépidos, o echarte a un lado y ver cómo tomamos carrerilla hacia donde quiera que nos lleve ese agujero negro y profundo. Extra: aplaudir cuando saltemos es opcional.

Photo credit: serzhile.

Más música

Otra de esas bandas que me han acompañado estos años: Simple Plan.

Una banda con canciones bastante pesimistas y de protesta. No voy a poner las canciones archiconocidas sino dos canciones que, aunque con cierto éxito, no fueron “mainstream” del todo:

  • Untitled (how could this happen to me): de su segundo disco, el más exitoso. Tercer single y una balada de esas que gustan.
  • Your love is a lie. El título ya lo dice todo.

Y ahora voy a poner a 3 de esas bandas usanas a las que llaman “cristianas” porque en sus letras muchas veces hacen referencia a dios. No es el caso de las canciones que voy a poner, que son todo lo contrario.

  • RED: RED es una banda “cristiana” con cierto éxito en las listas cristinas y alternativas de USA.No me suelen gustar sus canciones pero sí tienen algunas remarcables como este “Perfect Life”. Muy buena la letra.

  • SKILLET: Skillet es una banda que cambió su sonido respecto a sus orígenes hacia un sonido más rockero. Tienen muy buenas canciones, pero me quedo con este “It’s not me, it’s you” que contradice a la absurda excusa de “no eres tú, soy yo”. No, cojones, eres tú, qué voy a ser yo…

  • SWITCHFOOT: esta es una banda de la que es más difícil encontrar letras que se alejen del cristianismo y el buenrollismo, pero hay que reconocer que sus guitarras y melodías son muy buenas. Los conocí allá por el 2003 con canciones como “Dare yo to move” o “Meant to live”, pero la canción que voy a poner es mucho más reciente y es una canción de buenrollismo total: “Love alone is worth the fight”:

  • THREE DAYS GRACE: Muy buena banda de rock/heavy, especialmente en sus primeros años. Ahora han cambiado al cantante porque el anterior ya estaba un poco desquiciado. Tienen muy buenas canciones como “Animal I have become”, “Pain”,”I hate everything about you” o “Never too late”·, pero me quedo con esta, de su segundo disco con un estribillo bestial: “I’m so much better now that you’re gone forever”. A buen entendedor…