Looking up

A este grupo lo conocí hace algunos años pero no me llamaron nada la atención. A principios del año pasado descubrí esta canción y sonó hasta la saciedad en mis trayectos en coche. Buenrollismo puro y duro capaz de levantar a un muerto de la tumba.

Cuidado que engancha.

Bon Jovi es una de esas bandas que se crearon en los 80 y por las que muchos no dábamos un duro más allá de los 80 y principios de los 90.

La realidad es que llevan 4 décadas dando guerra y de todos sus CD’s se pueden extraer buenas canciones. Del último, “This house is not for sale” sobresalen esa misma canción, “Rollercoaster” o este “Knockout”, una canción rockera de las buenas donde demuestran que todavía pueden dar  mucha guerra. Es un grito de “No, no váis a poder conmigo y voy a dar guerra”:

Y de regalo otra de esas canciones que me acompañó a mi llegada a Alicante hace 14 años:

Prescindir de quien sobresale

https://www.gurusblog.com/archives/prescindir-quien-sobresale-gustavo-rivero/20/03/2017/

Gustavo Rivero. Steve Jobs solía decir: “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer”.

Lamentablemente, ésa no es la tónica general en las empresas. La incapacidad para reconocer como válidas las ideas de otros, el miedo a ser superado profesionalmente por un subordinado o la envidia, pueden llevar a algunos directivos a eludir su principal responsabilidad, tomar las decisiones más adecuadas para su compañía, dedicándose a cercenar las iniciativas, aportaciones e ideas de aquéllos que pueden dejarlos en evidencia. Es el síndrome de Procusto, un nombre de origen mitológico que retrata una figura que suele observarse en entornos laborales y resulta nefasta para cualquier organización o equipo.

Los que padecen este problema son muchos más de los que pensamos: generan un clima laboral de tensión y estrés, fuerzan las circunstancias para ajustarlas a su modelo, no optimizan sus equipos, priman su visión personal e intereses particulares frente a la maximización del rendimiento, deforman y ocultan los datos obtenidos para que confirmen su hipótesis previa, no asignan tareas a quienes las harían mejor, cierran su acceso a proyectos en los que destacarían, no los evalúan correctamente en los controles internos, y exigen niveles de calidad y perfección que no se pueden alcanzar.

Precisamente, el miedo a ser víctima del síndrome de Procusto es lo que crea la existencia del síndrome de Solomon, donde la maldita envidia genera el miedo a brillar. Es decir, por culpa de esos jefes inseguros que cercenan las posibilidades de progreso de los profesionales brillantes, muchos de ellos prefieren no destacar y conservar su puesto simplemente.

Las corporaciones tienden a demonizar el éxito de los demás. Esto genera en algunas personas baja autoestima y falta de confianza en sí mismas, los lleva a evaluarse constantemente según el entorno que les rodea y no consideran sus propias apreciaciones, sobre todo cuando saben que son buenos en lo que hacen.

Como comenté en mi columna “El dilema del prisionero”, a pesar de que un buen líder debe procurar captar el mejor talento para la organización en la que trabaja, por desgracia muchos directivos prefieren descartar a los profesionales muy cualificados por miedo a que les quiten protagonismo y los desplacen en el futuro. Es un claro ejemplo de que el interés personal afecta al de la compañía.

La gran lacra de muchas empresas es que tienen empleados en puestos de responsabilidad que han decidido (consciente o inconscientemente) que sus obligaciones no son las que les ha asignado la entidad, sino que su trabajo consiste en mantener su cargo.

El problema no es tener colaboradores que sepan más que usted sobre determinados temas, el problema es no saber gestionar ese talento.

El gran cerebro de los primates se debe más a la dieta que a su sociabilidad

http://www.agenciasinc.es/Noticias/El-gran-cerebro-de-los-primates-se-debe-mas-a-la-dieta-que-a-su-sociabilidad

Los primates, humanos y no humanos, tienen un cerebro grande no tanto por ser sociables, sino más bien por lo que comen, según un estudio de la Universidad de Nueva York (EE UU). La investigación contradice la hipótesis del cerebro social, que atribuye el tamaño cerebral únicamente a la socialización y revela que los primates que comen frutas tienen alrededor de un 25% más de tejido cerebral que las especies que comen plantas.

<p>El tamaño del cerebro en los primates se predice por la dieta / Fotolia</p>

El tamaño del cerebro en los primates se predice por la dieta / Fotolia

Hasta ahora, la hipótesis más extendida sobre por qué los primates tienen un cerebro grande consideraba que la sociabilidad era la principal impulsora de su complejidad cognitiva, es decir, que las presiones sociales llevaron en última instancia a la evolución del gran cerebro humano.

Sin embargo, un estudio publicado en la revista Nature Ecology and Evolution contradice esta teoría. El trabajo, liderado por antropólogos de la Universidad de Nueva York (EE UU), refuerza la noción de que la evolución del cerebro en primates –humanos y no humanos– puede estar impulsada por las diferencias en la alimentación más que en la socialización.

La evolución del cerebro en primates –humanos y no humanos– está impulsada por las diferencias en la alimentación

“Es probable que las complejas estrategias de forrajeo, las estructuras sociales y las habilidades cognitivas hayan avanzado conjuntamente a lo largo de la evolución de los primates”, explica Alex DeCasien, estudiante predoctoral en la Universidad de Nueva York y autor principal del estudio. “Sin embargo, si la pregunta es: ¿Qué factor es más importante, dieta o sociabilidad, cuando se trata de determinar el tamaño del cerebro de las especies de primates? Entonces, nuestro nuevo análisis sugiere que ese elemento es la dieta”, confirma.

Algunos estudios previos habían demostrado relaciones positivas entre el tamaño relativo del cerebro y el tamaño del grupo social. Sin embargo, otros trabajos, que examinaban los efectos en diferentes sistemas sociales o de apareamiento, mostraron resultados que entraban en conflicto. Esto planteaba interrogantes sobre la robustez de la hipótesis del cerebro social.

Los científicos que participaron en esta investigación examinaron más de 140 especies de primates –una proporción tres veces más alta que estudios previos– e incorporaron los datos evolutivos más recientes de las filogenias de los primates.

Cráneos de un lémur macho adulto (Lemur catta), mono vervet (Chlorocebus pygerythrus), gibón (Hylobates lar), babuino (Papio hamadrayas), chimpancé (Pan troglodytes) y humano (Homo sapiens) / Megan Petersdorf

Cráneos de un lémur macho adulto (Lemur catta), mono vervet (Chlorocebus pygerythrus), gibón (Hylobates lar), babuino (Papio hamadrayas), chimpancé (Pan troglodytes) y humano (Homo sapiens) / Megan Petersdorf

Asimismo, tuvieron en cuenta las diferencias en el consumo de alimentos entre las especies estudiadas –si eran omnívoros, folívoros (si se alimentan de hojas), frugívoros (dieta basada en frutas) o frugívoros y folívoros– así como varias medidas de socialidad, como el tamaño de grupo, su sistema social y su sistema de apareamiento.

Las especies que consumen frutas tienen cerebros más grandes

Después de controlar el tamaño corporal y la filogenia, sus resultados indican que la dieta determina más el tamaño del cerebro que las diversas medidas de sociabilidad.

Los científicos examinaron más de 140 especies de primates, una proporción tres veces más alta que estudios previos

Tras considerar la relación evolutiva de cada especie y su tamaño corporal relativo, los autores hallaron que los primates que comen frutas tienen alrededor de un 25% más de tejido cerebral que las especies que comen plantas. Los frugívoros y los frugívoros y folívoros presentan cerebros significativamente mayores que los folivoros y, en menor medida, los omnívoros muestran cerebros significativamente más grandes que los folívoros.

Aunque este análisis no es capaz de discernir por qué comer fruta conduce a la evolución de cerebros más grandes, los expertos sugieren que puede deberse a una combinación entre la demanda cognitiva que supone recordar la ubicación de la fruta y la extracción manual que requiere su consumo. Además, la ingesta de fruta es más rica en energía en comparación con la de las plantas.

Sin embargo, los expertos advierten que estos resultados no indican una asociación entre el tamaño del cerebro y el consumo de frutas o proteínas, más bien evidencian demandas cognitivas diferentes según la especie para conseguir ciertos alimentos.

“La fruta está más dispersa en el espacio y el tiempo en la naturaleza, y su consumo a menudo implica conseguirla en lugares difíciles de alcanzar o cáscaras de protección”, apunta DeCasien. “Juntos, estos factores acarrean que las especies frugívoras necesiten mayor complejidad cognitiva y flexibilidad”, añade.

Chris Venditti, investigador de la Universidad de Reading (Reino Unido), que ha escrito un News & Views en la misma revista a raíz a este trabajo, expone: “Estoy seguro de que este estudio volverá a enfocar y revigorizar la investigación que busca explicar la complejidad cognitiva de los primates y otros mamíferos. Quedan aún muchas preguntas por resolver”.

Un chimpancé comiendo fruta / James Higham

Un chimpancé comiendo fruta / James Higham

Renta básica

Hace no demasiado tiempo, diversos líderes de formaciones políticas ‘alternativas’ empezaron a engatusar a sus votantes con la promesa de una ‘renta básica universal’ de la que podría disfrutar toda persona carente de ingresos, por mero derecho de ‘ciudadanía’ (y ya se sabe que, cuando alguien invoca esta palabra, hay que echarse a temblar). De inmediato, desde los partidos hegemónicos se calificó a estos líderes alternativos de demagogos y populistas. Han pasado desde entonces muy pocos años; y cada vez son más los líderes políticos hegemónicos que, misteriosamente, han hecho suya sin rebozo esta promesa. ¿Hemos de pensar que se han sumado a la misma estrategia demagógica? A simple vista así lo parece; pero se trata de una vista, en efecto, simplicísima. Unos y otros comparten, en efecto, estrategias; o, mejor dicho, unos y otros son serviles lacayos de la misma estrategia, diseñada por el Dinero, que ha tomado la irrevocable decisión de destruir, en los próximos quince o veinte años, decenas de millones de puestos de trabajo.

La renta básica no es, como algunos ingenuos piensan, una medida concebida por comprometidos benefactores de la Humanidad. Por el contrario, se trata de una ‘falsa bandera’ que tiene a su servicio a politiquillos de diversa adscripción ideológica, encargados de presentar este nuevo desmán como una ilusionante ‘conquista social’. Como a nadie se le escapa, la automatización favorecida por el desarrollo de la inteligencia artificial y los avances de la robótica han hecho superfluos muchos puestos de trabajo. Y en las próximas décadas este fenómeno alcanzará una magnitud pavorosa que ahora no podemos ni siquiera imaginar. Se calcula (según las previsiones más optimistas) que un cincuenta por ciento de los puestos de trabajo hoy existentes serán desempeñados por máquinas. Emergerá entonces un ejército de desempleados que rebasará las capacidades de control de los Estados; un ejército capaz de desencadenar revoluciones y disturbios… salvo que sea amansado.

Para lograrlo, ya no bastará -como basta hoy- con formatear los cerebros en la aceptación pasiva de los paradigmas culturales triunfantes, mediante la manipulación educativa y la ‘formación’ de la opinión pública. Ya no bastará con suministrar a las masas un flujo incesante de entretenimientos baratos y embrutecedores que anestesien sus anhelos espirituales. Ya no bastará con dividirlos y engolosinarlos con picazones de entrepierna de género difuso y cambiante. Habrá que garantizarles unos ingresos mínimos, mantenerlos en un estado de ‘pobreza sostenible’ que les permita sobrellevar una vida sin horizonte laboral, a la vez que disfrutar de algún caprichito modesto y prêt-à-porter (tanto más accesible cuanto menos procreen). El Dinero ya ha hecho sus cálculos: sabe cuántos trabajadores y consumidores necesita y cuántos le sobran; y sabe, sobre todo, cómo convencernos de los efectos benéficos de la robotización del trabajo, presentándonos un futuro halagüeño de vagancia y ociosidad, mientras las máquinas nos hacen el ‘trabajo duro’, de cuyos frutos nos podremos beneficiar opíparamente.

Naturalmente, se trata de un grosero embeleco. La robotización generará, en efecto, ingentes beneficios económicos, que sólo en una ínfima porción -a modo de filantrópica limosna- se destinarán a cubrir las ‘rentas básicas’ de una ingente población desempleada. El resto se sufragará ordeñando todavía más a la menguante población activa. Y esta robotización que dejará a millones sin trabajo no afectará solamente, como propone cierto engreimiento clasista, a los ‘oficios manuales’. Vertiginosas bases con billones de datos ya están generando recursos de inteligencia artificial que pronto harán obsoletas multitud de ‘profesiones liberales’, convirtiendo a ingenieros, programadores, periodistas o traductores en antiguallas de otra época.

Muchos verán, llegado el día, esta ‘renta básica’ como un mal menor; y hasta habrá ilusos que la consideren una gozosa liberación de la condena bíblica. Pero será una limosna indigna, no tanto en su cuantía (la indispensable para garantizar una ‘pobreza sostenible’) como en su concepto. pues el hombre necesita amar y sentirse vinculado a lo que hace; necesita comprometerse con el producto de su esfuerzo y crear tejidos asociativos a través del trabajo. Y, suprimido ese vínculo, sólo nos restará una vida de ociosas alimañas. Que es, a la postre, lo que postulan los defensores de la ‘renta básica’. No son demagogos ni populistas, sino serviles lacayos del Dinero.

http://www.xlsemanal.com/firmas/20170327/juan-manuel-de-prada-renta-basica.html

Por qué yo no tengo TV

http://www.mundobacteriano.com/por-que-yo-no-tengo-tv/

No tengo televisión

Creo que ya he avisado varias veces en este blog que no sólo hablo en él de fermentados. Me podría hacer otro blog para meter en él los comentarios ajenos a los probióticos, pero me da un poco de pereza. Por eso este artículo viene a la luz aquí y ahora. Hoy voy a hablar de por qué hace años dejé de ver la TV, y no sólo eso, dejé de leer periódicos y dejé también de escuchar la radio.

Yo he tenido televisión en mi casa, como cualquiera, durante años. Soy de los que comenzaron a verla en blanco y negro y después pasé al color. En mi casa, mis padres nos regulaban las horas de TV y la veíamos un rato por las tardes, y cuando fuimos niños, alguna que otra noche, cuando era una película adecuada. Nada de ver la tele por las mañanas, en general.

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TV sin sintonizar

Cuando me casé y fui independiente, mi mujer y yo compramos una TV, ya de color. No tenía inconveniente en verla. Era normal que la viéramos por las noches.

La etapa en que ETA aumentó sus atentados, años ochenta, yo ya empecé a resentirme. Comencé a sentir que había algo que no iba bien. Empecé a sentir malestar y dejé de ver la TV, con ETA, pero en 1992, el Crimen de las niñas de Alcácer, y sus extrañas secuelas que rayaban la locura conspiranoica, me tocaron severamente.  Los atentados en Argelia, hacia 1997, en los que no se hacía distinción entre adultos y niños, o mujeres embarazadas, y en los que un grupo armado profesional entraba en un pueblo y masacraba al 100% de la población en una noche, me dejaron K.O.

Añadido a este panorama, en la TV comenzaron a estropearse los contenidos, los programas perdían calidad a medida que se buscaba mayor audiencia y la publicidad lo llenaba todo paulatinamente.

Y un día decidí que no quería seguir pasándolo mal, no quería seguir sintiéndome destrozado tras ver la TV y, sobre todo, quería poner distancia ante un medio que me estaba embotando la cabeza y que me estaba causando un verdadero problema personal, porque estaba viendo que me desprogramaban de algo que yo llamo “visión ética de la vida“.

Cómo me informo ahora sin televisión

Sorprende mucho, en general, cuando se me oye decir que no tengo TV, y suele argumentarse que “estoy mal informado”. Pero yo, que llevo aproximadamente unos 14 años (desde el año 2003) sin verla, o mejor dicho, sin tenerla en casa, considero que es uno de los más potentes factores de contaminación, no ya mental, sino contaminación a todos los niveles. La sutileza de dicha contaminación es tal, que pocos se dan cuenta del grado de “suciedad” que les aporta.

Yo ahora me informo igual que haría cualquiera, leyendo, pero soy yo quien busca la información y las fuentes. La información, si vives y trabajas, si te mueves por internet, te llega sola. No necesitas que ningún medio oficial te “la cuente”. En los últimos tiempos en los que yo veía la TV, me daba cuenta de que me estaban informando de las noticias como “si se lo contaran a un idiota”, pero a un idiota integral. Ese era el tono general de los Telediarios. Eso era así en las formas, porque en el fondo era aún peor, ya que si de lo que se trataba era de crear opinión, ya estaban ellos (quienes daban la noticia) poniendo énfasis en lo que más les interesaba. Eso se notaba, sobre todo, cuando escuchabas distintas cadenas, como quien lee distintos periódicos (El País, ABC, El Mundo, La Vanguardia, etc…) es algo muy llamativo. Darte cuenta de eso es muy desagradable, porque uno quiere tener la ilusión de ser independiente a la hora de formarse una opinión. Pero es verdad que tal cosa es una ilusión. Nunca somos independientes para nada en este mundo, ni seremos objetivos nunca. Lo único que podemos estar es “más o menos formados”. A partir de ahí podemos hablar de estar “informados”.

Visión ética de la vida

Hay ciertas cosas que echo de menos en el periodismo actual. Será el “tono de los tiempos” pero yo veo que cada día más se maneja la información “contra el otro”. Dicho de otra manera, creo que la indignación y la intolerancia hacia quienes no piensan como tú, invade el mundo. De hecho, creo que lo que impregna todo es la sensación de “emergencia por ser frente a los demás”. Y da lo mismo cómo seas, con tal de ser y que los demás lo vean. Y aquí entran todos los colectivos, grupos, partidos, y personas y personajes con afán de ser “vistos”. Y por encima de cualquier consideración ética, que debería servir para ver a los otros como merecedores de respeto. Cuando hablo de “visión ética de la vida” quiero decir ponerse en el lugar de los demás, usar el Imperativo Categórico de Kant (“Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal”).

Desde mi punto de vista, las cadenas de TV, y sobre todo ellas, aunque no todas en la misma medida, llevan muchos años fomentando varias cosas: se fomenta la ignorancia, y paralelamente se denigra la formación, la curiosidad, el estudio y la sabiduría, se fomenta la corrupción, y paralelamente se denigra la ética y la responsabilidad. Se fomenta la ociosidad, y a la vez se denigra la dedicación, el trabajo y el esfuerzo. Se fomenta, de igual manera, las habladurías, la crítica destructiva, la insidia, la burla, la broma fácil… frente al respeto, la corrección, la objetividad. Todo esto va dirigido, a mi entender, a “educar” a la población, convirtiendo definitivamente en masas a quienes podrían ser “grupos de individuos”. De nada vale dar estudios a esta población si no están apoyados por una educación en valores éticos. Esto es muy valioso para los gobernantes, porque las masas por definición, son manejables (pero yo añadiría, y peligroso, porque las masas son muy, pero que muy peligrosas, llegado el caso).

Pero, sobre todo, se fomenta el miedo, por medio de noticias sucesivas sobre atentados y accidentes, sobre quiebras y crisis, corrupciones y abusos… Y se fomenta el miedo en lugar de fomentar la objetividad y la tranquilidad.

 

Cómo contamina la TV

Pero… ¿qué efectos produce la TV sobre nosotros? Yo voy a describir en primer lugar las sensaciones que yo tengo cuando veo la TV, o las que tenía cuando la veía:

  • La primera era que no me dejaba “espacio” para mí. Es decir, que no me dejaba tiempo para meditar o reflexionar sobre lo que acababa de ver u oír.  Esto sigue siendo así, y es quizás peor que antes, porque la técnica usada para mostrar la información en casi todos los programas es sincopada, rápida, como si de una ametralladora se tratara. Se declaman las noticias de forma “ágil y moderna” mezclándolas con imágenes de tal forma que las segundas dicen casi más que las palabras. Nada que ver con leer un periódico, un libro o un artículo, en los que puedes meditar lo que lees y puedes reflexionar sobre ello. Es decir, para mí, acostumbrado a leer con una cierta lentitud y con intención de extraer conclusiones.
  • Otro efecto que notaba en la TV es que me dejaba hipnotizado. Y ahora que no la veo, lo noto mucho más. Eso que yo notaba y que llamo “hipnosis”, está muy estudiado, y es muy, muy grave, porque el parpadeo de las imágenes, a una frecuencia de entre 50 y 400 Hercios, nos produce una especie de estado de ensoñación, muy asociado con la sugestibilidad. Esto se ha estudiado ya mucho, de hecho:

Los estudios han demostrado que ver la televisión induce bajas ondas alfa en el cerebro humano. Las ondas alfa son ondas cerebrales entre 8 a 12 HZ. Y se asocian comúnmente con estados meditativos relajados así como estados del cerebro asociados con la sugestibilidad.

Mientras que las ondas Alpha logradas a través de la meditación son beneficiosas (promueven la relajación y la penetración), demasiado tiempo gastado en el estado de onda alfa baja causado por la TV puede causar el soñar despierto sin enfoque y la incapacidad de concentrarse. Los investigadores han dicho que ver la televisión es similar a mirar fijamente una pared en blanco por varias horas.

Estas conclusiones vienen ya de 1969, pero lejos de ser evitadas, se han fomentado, y la información “saludable” contraria a la TV solo está a disposición de quienes la buscan. Más aún:

En un experimento en 1969, Herbert Krugman monitoreó a una persona a través de muchos ensayos y encontró que en menos de un minuto de ver televisión, las ondas cerebrales de la persona cambiaban de ondas beta (ondas cerebrales asociadas con el pensamiento activo-lógico) a ondas principalmente alfa. Cuando el sujeto dejó de ver la televisión y comenzó a leer una revista, las ondas cerebrales volvieron a ondas Beta.

Por si quiere leer más sobre esto, el artículo completo.

Más efectos:

  • Me sentía mal por el contenido que acababa de ver.  Unas veces por una cosa, otras por otra, en general la sensación se debía a que sentía que “me habían vendido la moto“. Es decir, que había dejado que se metieran “hasta la cocina” de mi consciencia, y habían penetrado con imágenes dolorosas, ideas que no compartía o valores que a todas luces carecían de ética hasta el “centro” de mi ser. Y yo no había podido hacer nada, o me lo había tragado sin poder decir esta boca es mía. Esto es lo que se llama poder de “sugestibilidad” de la TV. Y tiene mucho que ver con la hipnósis. Lo peor de todo esto es que la TV suele verse justo antes de dormir. Y la hipnósis es mucho más efectiva a esas horas. ver este artículo.
  • Me pasaba luego mucho tiempo intentando encontrar la lógica a los horrores que había visto. Es decir, luego me dedicaba a recordar lo que me habían contado, bien repitiendo las imágenes incesantemente, con dolor, o buscando la razón de ser de las noticias más desgarradoras, o escandalosas. Esto se debe, como descubrí más tarde, a que nunca me daban la noticia completa, y siempre faltaba información. Dicha información se oculta porque se sabe que el efecto es mucho peor si no se da.
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La TV modifica nuestras ondas cerebrales

Qué hago ahora sin Tv

Por supuesto, yo me informo, y mucho, de todos aquellos aspectos de la vida que me interesan, y son muchos. Es cierto que yo me considero una persona sensible y que, precisamente por eso, procuro escoger bien las fuentes de las que me informo. Por ello, evito todas aquellas que me puedan provocar dolor. Soy consciente de que la vida tiene injusticias, muerte, dolor, pero de ahí a tener que tragarme escenas de sangre gratuitas, atentados, accidentes, etc… va un trecho. Es decir, lo primero es mi salud mental, y lo segunda la información. Y si no tengo que verlo, no lo veo.

Saludos

Antonio

 

Fotografía de portada cortesía de Sven.

Vivimos en un país enfermo

Angustias, feliz nombre para lo que vamos a tratar, ha sido absuelta por un juez de Almería por haberle retirado el móvil a un gilipollas de niño que llevaba varios días sin hacer otra cosa que darle a los botones, y a quien su madre, harta de que no hiciera cosa de provecho, le retiró el aparato.

Petición fiscal a la madre: nueve meses de prisión, por malos tratos al chaval, que denunció la temible agresión de su madre a la Guardia Civil. ¡Quitarle el móvil, por vagancia insistente y arrogante a su hijo de 15 añitos, probablemente perdidos en la nada de la nada!

Ocurrió en El Egido (Almería). Frente a lo que cualquier persona racional pudiera pensar, el asunto siguió adelante, quizá porque la Guardia Civil del puesto tenía su día gracioso y toda la parafernalia de jueces, fiscales y funcionarios creían estar de carnavales. Desconozco lo que le costará a la tal Angustias sostener, alimentar, aguantar y hacerse cruces porque al niño, ya talludito y en edad de merecer, le da por el móvil como quien le da a la farlopa.

Vivimos en un país enfermo donde la adolescencia de menor cuantía hace lo que le sale de los cojones, que para eso estamos en democracia y están en sus derechos reconocidos en el código desde 2007 y donde consta en una ley que “los padres deben reprender a sus hijos con respeto a su integridad física y psicológica”. Y a los perros, y a las mascotas; algo menos a los parados y a los ancianos con pensión misérrima.

Vivimos en un país enfermo donde la adolescencia de menor cuantía hace lo que le sale de los cojones

¿Estamos o no en un país enfermo? ¿De esquizofrenia social? La diferencia entre la vida real y su legislación y sus cachondos legisladores. O se trata de pura idiotez, no incluida en el vademécum de enfermedades mentales. Juro que no lo entiendo. Ni a la Guardia Civil, ni a los funcionarios judiciales, ni a una sociedad que no convierte un caso como este en un retrato de nuestra decadencia. “¡Chaval, dos meneos y a casa!” Horror, violencia familiar, agresión a la infancia, pedagogía prusiana, cuando no aquel espanto de los soviéticos que trasladó Antón Makarenko en un libro entusiasta, el Poema pedagógico. Nuestros admirables maestros -lenguaje antiguo lleno de sentido, ayer y hoy- pasan la mayor parte de sus clases dedicándose a poner orden entre unos alumnos capaces de denunciar a su madre a la Guardia Civil por retirarle el móvil. La Benemérita Guardia Civil les protege, al menos en El Egido, lugar que hasta antes de ayer era el centro de droga más importante de la zona.

Vivimos en un país enfermo que se cree sano como una rosa y feliz de tener la juventud más frustrada desde hace más de un siglo. Los supervivientes de una crisis que echó al traste a sus padres y que se encontró de pronto en el fango de no encontrar trabajo mientras no fuera imprescindible. El día que lo fue, ya no había sitio para ellos y el ejemplo de sus familias -“a mi niño no lo toca nadie”- está representado en aquella escena del muchacho recién sacado el carnet de conducir que se presenta a la puerta de la escuela con un 

“buga” de alta gama, esperando al profesor que le tocaba los cojones con los libros y la lectura, para espetarle: “ya ve, gano diez veces más que usted colocando tochos”.

Vivimos en un país enfermo que no es consciente de padecer la más larga y amenazante enfermedad: una mayoría adolescente que desconoce la vida fuera del móvil y Youtube. En un país así, incluso después de que un juez sensato la hubiera declarado sin cargos, habría que organizar un homenaje a Angustias. Aunque solo fuera para hacer honor a su nombre.

http://www.bez.es/438860094/vivimos-pais-enfermo.html

Contigo o sin ti

https://isragarcia.es/contigo-o-sin-ti

Las cosas suceden, contigo o sin ti.

contigo o sin tiLos atletas seguirán seguirán batiendo récords, con tu escepticismo o sin él.

Tus clientes consumirán un producto u otro, con tu ayuda o sin ella.

El sistema siempre encontrará borregos que hagan cola sin rechistar, montes o no montes revoluciones.

Tus hijos crecerán y encontrarán un camino, con tu liderazgo, apoyo y guía o sin nada de eso.

El jefe encontrará un recambio para la vacante que dejó tu brillante novia, marque o no marque la diferencia.

Tu empresa tendrá que pagar más impuestos de lo esperado, con tu gestión o sin ella.

Un día, alguien te ignorará, lo quieras asumir o no. Con tu comprensión o sin ella.

La competencia te sobrepasará hoy o mañana, seas o no seas mediocre.

Tu profesor te puntuará dependiendo las respuestas acertadas en el examen, con tu beneplácito o sin él.

Un día fallarás de forma estruendosa, lo quieras creer o no.

Tu madre será la persona que más te quiera en el mundo, te guste o no te guste.

La muerte llegará, quieras o no quieras.

El mensaje está bastante claro, creo.

¿Qué hacer entonces?

Primera opción: empujas y contribuyes hasta que te quedes sin aliento. Aportas hasta que pase el minuto 91 de partido y acabe toda la prórroga. Si no resultara, bueno, creíste en ello, lo intentaste, te vaciaste. En cambio, si lo consigues, si has cambiado algo significante. Si has logrado tu objetivo o ayudaste a otros a hacerlo. Disfrútalo. Es el fruto de sumarte a algo que es más importante que la suma de un solo individuo / organización.

Segunda opción: si decides no intervenir. Apártate de forma gentil. Nosotros echaremos el resto. Cuando lleguemos a meta, nos apresuraremos en ir a buscarte para celebrarlo juntos. Si por alguna razón no lo consiguiéramos, habremos aprendido juntos. Notaremos en los labios el sabor agradable de haberlo intentando. Esto nos inspirará a reestructurar nuestro trabajo y volver a la carga de nuevo.

Contigo o sin ti

El programa será desarrollado, contigo o sin ti.

Facebook seguirá su estrategia, contigo o sin ti

El marketing evoluciona contigo o sin ti.

Encontraremos nuevas oportunidades, contigo o sin ti.

El cambio sucede, contigo o sin ti.

Sobresaldremos, contigo o sin ti.

El tiempo pasará, contigo o sin ti.

Sea lo que sea, lo haremos, contigo o sin ti. Puedes unirte a la pandilla de intrépidos, o echarte a un lado y ver cómo tomamos carrerilla hacia donde quiera que nos lleve ese agujero negro y profundo. Extra: aplaudir cuando saltemos es opcional.

Photo credit: serzhile.

Más música

Otra de esas bandas que me han acompañado estos años: Simple Plan.

Una banda con canciones bastante pesimistas y de protesta. No voy a poner las canciones archiconocidas sino dos canciones que, aunque con cierto éxito, no fueron “mainstream” del todo:

  • Untitled (how could this happen to me): de su segundo disco, el más exitoso. Tercer single y una balada de esas que gustan.
  • Your love is a lie. El título ya lo dice todo.

Y ahora voy a poner a 3 de esas bandas usanas a las que llaman “cristianas” porque en sus letras muchas veces hacen referencia a dios. No es el caso de las canciones que voy a poner, que son todo lo contrario.

  • RED: RED es una banda “cristiana” con cierto éxito en las listas cristinas y alternativas de USA.No me suelen gustar sus canciones pero sí tienen algunas remarcables como este “Perfect Life”. Muy buena la letra.

  • SKILLET: Skillet es una banda que cambió su sonido respecto a sus orígenes hacia un sonido más rockero. Tienen muy buenas canciones, pero me quedo con este “It’s not me, it’s you” que contradice a la absurda excusa de “no eres tú, soy yo”. No, cojones, eres tú, qué voy a ser yo…

  • SWITCHFOOT: esta es una banda de la que es más difícil encontrar letras que se alejen del cristianismo y el buenrollismo, pero hay que reconocer que sus guitarras y melodías son muy buenas. Los conocí allá por el 2003 con canciones como “Dare yo to move” o “Meant to live”, pero la canción que voy a poner es mucho más reciente y es una canción de buenrollismo total: “Love alone is worth the fight”:

  • THREE DAYS GRACE: Muy buena banda de rock/heavy, especialmente en sus primeros años. Ahora han cambiado al cantante porque el anterior ya estaba un poco desquiciado. Tienen muy buenas canciones como “Animal I have become”, “Pain”,”I hate everything about you” o “Never too late”·, pero me quedo con esta, de su segundo disco con un estribillo bestial: “I’m so much better now that you’re gone forever”. A buen entendedor…

 

Las matemáticas que se esconden en tu factura de la luz y determinan lo que pagas

http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2017-03-21/modelos-matematicos-predecir-factura-de-la-luz_1350282/

Los modelos de predicción son claves en la industria eléctrica para la estimación de la demanda y la producción de energía, y del precio de la luz
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Las matemáticas están en todas partes; solo hay que saber verlas. Por ejemplo, detrás de algo tan cotidiano como apretar el interruptor de la luz cuando llegas a casa, se esconden multitud de matemáticas aplicadas. Estas son un elemento clave en el sector energético, ya que sustentan la base de la ingeniería; sin ir más lejos, la propia representación de las magnitudes eléctricas se hace con vectores, una herramienta geométrica. Pero hay mucho más: complejos modelos matemáticos son responsables de las predicciones que se realizan dentro del mercado eléctrico y que influyen, de diferentes maneras, en la temida factura de la luz.

 

En el día a día de cualquier empresa eléctrica se emplean multitud de modelos matemáticos, que son fundamentales como fuente de información para tomar las mejores decisiones posibles en el negocio. Se utilizan tanto para predecir el precio de la luz, que le ofrecen al cliente o con el que salen a subasta junto a las demás comercializadoras; como para estimar la energía que va a consumir una persona al día siguiente; y para calcular, así mismo, cuánta energía hay que generar. Pero, ¿cómo afectan estas predicciones a los ciudadanos?

La primera preocupación: pagar mucho. La convulsión en el mercado eléctrico en los últimos meses, con subidas históricas del precio de la luz, ha dejado un escenario incierto sembrado de dudas en el que casi todo el mundo se ha llevado las manos a la cabeza. Pero hay que recordar que el impacto de esas subidas solo afecta al 46% de los consumidores domésticos, los que están acogidos al precio voluntario para el pequeño consumidor (PVPC) que varía a lo largo del año. El resto de los españoles tienen un contrato con una comercializadora del mercado libre a un precio fijo anual y no les afecta la subida de la luz. Las matemáticas pueden mejorar esa cuota fijada.

En el mercado libre, una empresa eléctrica tiene que hacer una estimación del precio medio del mercado durante los próximos doce meses, para poder ofrecer un precio fijo a su cliente para el año siguiente. En esa predicción entra la modelización matemática. “Para estimaciones de medio y largo plazo se utilizan modelos fundamentales, como programación matemática, lineal, lineal entera mixta y cuadrática, que en su algoritmo interno tienen en cuenta el modo de funcionamiento físico del sistema eléctrico”, explica Álvaro Martínez Valle, doctor ingeniero industrial del departamento de operaciones comerciales de Viesgo Energía.

Cuanto mejores sean los modelos matemáticos que una empresa utiliza, mejores serán los precios que pueda ofrecer

Esos modelos no son 100% fiables, por lo que “al precio estimado, además del beneficio de comercialización de la empresa, hay que añadirle un margen de seguridad”, apunta. “Por eso, conceptualmente, cuanto mejores sean los modelos matemáticos que una empresa eléctrica utiliza para predecir el precio de la luz, mejores van a ser los precios que pueda ofrecer a los clientes”, asegura Martínez Valle. En resumen: a menor error en la predicción, mayor ajuste de los márgenes de seguridad, y mejor precio para el ciudadano.

La volatilidad de las energías renovables

En ese margen de seguridad que la empresa eléctrica de libre mercado debe prever, se incluye capear el riesgo que conlleva la intermitencia de las energías renovables, una variable sujeta a las condiciones climatológicas que entró en la ecuación hace unos años, alterando la estabilidad del sistema. Su vaivén afecta directamente a los consumidores sujetos al PVPC. “Con las energías renovables el mercado fluctúa más, los modelos son más complicados, y hay mayor volatilidad de precios. Eso explica picos de subida como los de estos meses de invierno, que el ciudadano puede no comprender”, advierte Martínez Valle.

Parque eólico en la isla de El Hierro, en Canarias
Parque eólico en la isla de El Hierro, en Canarias

Por ejemplo, la escasez de energía eólica porque haya soplado poco el viento, provoca diferencias de precio enormes, ya que entonces se tienen que arrancar centrales para cubrir la demanda energética. “Cuando el porcentaje de utilización de las renovables era pequeño, esas intermitencias en la factura no se notaban tanto”, explica el ingeniero. Esta volatilidad crea incertidumbre y una sensación negativa en el ciudadano de a pie, pero el balance no tiene por qué serlo. “Antes, sabías que el precio estaba, por ejemplo, a 50 €/MWh todo el año; ahora, te puedes encontrar unos meses un precio medio de 30 y otro de 70. Pero la media anual puede ser menos de 50. En cualquier caso, las renovables son beneficiosas sin ninguna duda”, recalca.

Entran en juego entonces otros modelos matemáticos: los de predicción de la producción de energía renovable. “Las centrales eólicas y solares necesitan algoritmos para estimar cuánto viento y sol, respectivamente, va a hacer mañana, y cuánta energía van a poder generar; las centrales nucleares no, porque siempre producen lo mismo”, explica Sergio Navarro Sánchez, cofundador de Artificial Intelligence Talentum, empresa murciana de diseño de modelos matemáticos. No disponer de predicciones fiables precisa de un seguro que garantice el suministro, ya que “si tienes un molino de viento, le dices a Red Eléctrica Española (REE) que vas a producir 200 KW, y al final solo consigues 50, REE tiene que arrancar rápidamente una central energética porque el cliente no puede quedarse sin electricidad; y eso es muy caro”, ejemplifica. Por eso, “conforme los modelos predictivos sean mejores, esos seguros se abaratarán y bajará el precio de la luz”, asegura Navarro Sánchez.

Matemáticas para garantizar el suministro

Antes de que los ‘millenials’ poblaran la tierra, en España era frecuente que hubiera cortes de luz simultáneos, e, incluso, que no hubiera suministro durante uno o dos días. Desde 1985, Red Eléctrica de España trata de garantizar en todo momento la seguridad y continuidad del suministro eléctrico de nuestro país. Y para ello se ayuda, también, de las matemáticas.

“Desde casi los inicios de REE se usan modelos predictivos. Primero, se utilizaron para la predicción de la demanda de energía del sistema eléctrico; después, con el desarrollo de las renovables, para la de su producción”, dice Jesús Rupérez, ingeniero industrial y jefe del Departamento de Modelos de Predicción y Cobertura de REE. “Para las previsiones de producción y demanda, se utilizan simultáneamente varios modelos y algoritmos basados en series temporales, redes neuronales y vecinos próximos”, detalla. Es decir, distintas técnicas estadísticas cuyos resultados se analizan y combinan para dar la mejor predicción posible en cada momento.

Para las previsiones de producción y demanda, se utilizan modelos y algoritmos basados en series temporales, redes neuronales y vecinos próximos

Este tipo de modelos y algoritmos está a la orden del día. Por ejemplo, las redes neuronales son una base fundamental de la inteligencia artificial; y el análisis de series temporales es una herramienta básica de pronóstico que se emplea en cualquier rama de la ciencia. En estos modelos matemáticos hay presentes muchas variables. “En los de predicción de producción de energía, las variables meteorológicas, como de temperatura, de viento, y de insolación; en los de demanda, los usos y los hábitos de los consumidores”, explica Rupérez.

Estos modelos benefician al ciudadano y le aseguran que, cuando pulse el interruptor al llegar a casa, la luz se encenderá. “La misión de REE es garantizar la seguridad de suministro. Por ello, conocer con la mayor certeza lo que va a ocurrir, permite optimizar el uso de los recursos que se tienen que movilizar y lograrlo”, dice el ingeniero de Red Eléctrica. Además, un menor margen de incertidumbre en demanda y producción se traduce en una menor movilización ineficiente de los recursos, lo que supone un ahorro en los costes. De nuevo, una esperanzadora mejora que repercute en la factura de la luz del ciudadano. Por eso, “estamos continuamente buscando mejoras y nuevas aproximaciones a los modelos y algoritmos, para tener la mejor predicción posible”, concluye Rupérez.

Además, detrás de los cálculos de las cargas y las energías que tienen que pasar por las centrales energéticas, hay modelos matemáticos de cálculo a tiempo real y algoritmos de simulación.

Despensas eléctricas que no se pueden llenar

Otro aspecto clave del sistema eléctrico es que la generación y el consumo de electricidad en cada instante debe ser igual, ya que no hay un almacenamiento de esa energía eléctrica. Esta puede ser generada, transportada y transformada fácilmente, pero resulta complicado almacenarla en grandes cantidades. “Como la energía no se puede acumular, hay que procurar que la producción de energía se ajuste siempre a la demanda”, explica Rosa Espínola, doctora de Estadística e Investigación Operativa, y profesora en la Universidad Complutense de Madrid.

El balance de los operadores determina qué margen de recursos se debe movilizar en el horizonte próximo para asegurar que se van a cubrir las necesidades de los usuarios. “Esto es interesante para los generadores de energía: como todos los productores ofertan cada hora en el mercado diario, poder predecir su precio con un día de antelación hace que puedan conseguir el mayor beneficio”.

Y no solo el mayor beneficio, sino la seguridad de poder vender su energía. “En el mercado diario, se cruzan las curvas de oferta y demanda, y su corte proporciona el llamado precio de casación al que se va a pagar la electricidad”, describe Espínola. El algoritmo de casación Euphemia lo dicta. El detalle es que toda la energía que se hubiera ofertado por encima de ese precio no se compra; solo se adquiere la ofertada al precio de casación o por debajo. Las generadoras de luz con un precio superior tienen que merendarse su energía. “La idea es usar modelos de predicción lo más sofisticados posibles para que el error que se cometa en la predicción con un día de antelación sea el menor, y se maximice la rentabilidad”, destaca la investigadora.

El pez gordo se come (menos) al pequeño

Estos modelos, a la postre, también procuran una mayor competitividad entre las distintas generadoras y comercializadoras, y “una mayor competencia en el mercado eléctrico repercute en beneficios para el ciudadano”, opina Espínola. ¿Qué papel juegan en esto las matemáticas?

“Los modelos matemáticos ayudan a que el ciudadano pague menos porque hacen sostenibles a muchas pequeñas compañías, que son capaces de ofrecer servicios más adaptados al cliente”, sostiene Antonio Colino, director de Energía y Operaciones de la comercializadora eléctrica Fenie Energía. “Una compañía eléctrica que tenga muy buenos modelos matemáticos puede obtener beneficios del arbitraje en los mercados. Si consigue, por ejemplo, cubrir sus nóminas, tiene mayor capacidad de afinar la prima de riesgo del cliente”, explica.

Los modelos matemáticos […] hacen sostenibles a muchas pequeñas compañías, que son capaces de ofrecer servicios más adaptados al cliente

Así, las matemáticas bien aplicadas hacen más sostenible a una compañía eléctrica, y permiten que comercializadoras independientes puedan competir con los gigantes del mercado eléctrico. “Endesa, Iberdrola y similares dominan este mercado, la lonja es suya. Nosotros tenemos que comprar una sardina, aunque nos cueste más cara que a ellos, y cocinarla mejor en el restaurante”, ilustra Colino.

Mayor competitividad, mayor cantidad de peces entre los que elegir. Y más dudas. En pleno desarrollo tecnológico, los algoritmos también se ponen a disposición de los ciudadanos en forma de Apps para ayudarles a elegir restaurante energético. Un ejemplo es ebooble, una aplicación que compara precios de diversas comercializadoras y agrupa clientes para abaratar el coste. La comida (y la factura) eléctrica está servida, y viene bien aderezada de matemáticas. ¡Qué aproveche!

Después del tsunami: los hombres que aprendieron a bucear por amor

https://www.nytimes.com/es/2016/08/16/despues-del-tsunami-los-hombres-que-aprendieron-a-bucear-por-amor/?smid=tw-espanol&smtyp=cur

Cinco años después del tsunami que mató a miles de personas en Japón, un hombre sigue buscando a su mujer en el océano. Se le ha unido un padre que tiene la esperanza de encontrar a su hija. Para ellos, bucear es luchar contra el olvido.

Yuko Takamatsu estaba en el mar, en algún lugar de la costa japonesa. Habían pasado dos años y medio desde el tsunami y nadie la había encontrado; pero nadie estaba realmente buscando, a excepción de su marido, Yasuo Takamatsu, que la amaba demasiado. Takamatsu buscó primero en tierra, en el lugar de la costa donde había desaparecido. Buscó en las playas de Onagawa, en las montañas, en los bosques. Después de dos años y medio, en septiembre de 2013, seguía sin encontrarla, entonces volteó hacia el mar.

Takamatsu contactó a la tienda local de buceo, High Bridge, para preguntar si daban clases. El instructor de buceo, Masayoshi Takahashi, llevaba voluntarios a limpiar escombros en la costa y habían encontrado cuerpos atrapados dentro de vehículos o flotando en el mar. Estaba seguro de que Takahashi le ayudaría a encontrar a Yuko. “Veámonos y hablemos”, le dijo por teléfono. Una vez en la tienda le confesó su plan. “La razón por la que estoy interesado en aprender a bucear a los 56 años es porque trato de encontrar a mi mujer en el mar”.

Takahashi tenía mapas de la búsqueda de Takamatsu donde registraba en qué sitio y a qué profundidad lo había intentado. Ya habían pasado varias veces por la misma zona porque la corriente movía cuerpos y escombros. Cada búsqueda era diferente: en círculos, en semicírculos, en línea recta o a través de una corriente. De vez en cuando, Takamatsu tenía la intuición de que su mujer estaba en este lugar o en aquel, y Takahashi intentaba adaptarse a sus esperanzas. Pero había muchas zonas restringidas —rutas de pesca, zonas de corrientes peligrosas— y Takahashi tenía que coordinar cada salida con los guardacostas y los pescadores.

El primer día que se sumergió, Takamatsu salió al mar en una barca. Tenía miedo. El agua estaba turbia y sabía que bajo la superficie acechaba el peligro. Podía quedarse atrapado por una cuerda o por los escombros. Un barco podía golpearlo y hacer que la máscara se llenara de agua. Podía dejar de funcionar el regulador de oxígeno. Podía entrar en pánico. Podía morir por hipotermia, enganchado, o en los meandros de la corriente.

En su primera inmersión llegó a una profundidad de casi cinco metros. Creía que sería silencioso, pero el mar tenía un sonido. Takamatsu lo llamó chirichiri, el sonido del aire que se calienta, o el silbido de una serpiente. Takahashi le pidió que no tocase el fondo con sus manos ni con las aletas porque podía provocar una ola de arena que lo desorientaría. Takamatsu mantuvo la cabeza abajo y las aletas por arriba.

Un día, Takamatsu visitó a Masaaki Narita, de 57 años, encargado de una planta de procesamiento de pescado. Narita había perdido a su hija de 26 años, Emi, durante el tsunami. Emi trabajaba con Yuko en la sección de Onagawa del Banco 77, una institución con sede en Sendai. Las mujeres se habían refugiado en el techo del banco pero la ola se las llevó. Takamatsu sentía pena por la pérdida de Narita y se ofreció a buscar también a Emi en el mar. Pero Narita decidió que él mismo bucearía para buscar a su hija. En febrero de 2014, Takamatsu presentó a Narita con Takahashi.

La mañana en que vi cómo Takahashi preparaba a Narita para una inmersión comenzó a llover intensamente. Era enero de 2016, un invierno cálido y lleno de flores. Narita llegó tarde a la tienda. Vestía unos zuecos azules y pantalones caqui. Se quedó parado en una esquina y metió sus manos bajo las axilas. Miraba al suelo. La sala estaba llena de orquídeas blancas y olía a pino. Takahashi revisó los tanques de oxígeno y recogió los trajes de buceo que se estaban secando. En las camisetas de la tienda se leía “Bucea hacia tu vida”. En una caja había folletos que llevaban el título “Onagawa, tierra de sueños”.

Condujimos hasta una playa llamada Takenoura, al este del puerto principal de Onagawa. Narita sacó su equipo del coche. El suelo estaba lleno de conchas rotas, azulejos de baño, trozos de objetos de porcelana. De los pinos colgaban sogas de pesca y boyas color naranja que parecían congeladas entre las ramas.

Narita se colocó el tanque de oxígeno en la espalda y caminó tambaleándose. Se apretó las aletas. Su mujer, Hiromi Narita, caminaba por el muelle. Se subió a varios barriles llenos de conchas y utilizó la mano como visera para protegerse del sol. Asistía a todas las inmersiones de su marido porque le preocupaba; el océano es peligroso y no quería perder a su esposo también. “Si muero, lanza mis cenizas al mar”, decía él. Caminó por la rampa de los barcos, avanzó por la superficie del agua y, cuando llegó al lugar donde comenzaba la profundidad, descendió.

Hiromi Narita, en Konori, deja una caja con comida en el mar para su hija Emi. Credit Asako Narahashi para The New York Times

Los fines de semana, Hiromi preparaba cajas de comida para Emi y las arrojaba al mar cada domingo. Estaban llenas de los platos favoritos de su hija: sopa de cerdo, filete Salisbury y camarón frito, todo en cajas especiales que se degradan. Lanzaba las cajas desde rampas en los botes, desde los muelles o desde alguna saliente en las rocas. A veces las colocaba con cuidado para que se las llevara el mar. Siempre desde algún lugar escondido donde nadie pudiera verla. Había hecho lo mismo durante cinco años. Pero el año siguiente al tsunami, cuando la familia se mudó a Ishinomaki, una ciudad a 30 minutos, ella y su marido lo hicieron cada día, saliendo de su casa a las cinco de la mañana para dejar el almuerzo en Onagawa antes de comenzar sus jornadas laborales.

Pasaron 35 minutos y Narita volvió a surgir en el agua brillante. Estaba vivo, con el respirador descolocado, respirando. Hiromi caminó hacia su coche y se fueron. Era la hora del arroz y el pollo frito.

“Harías cualquier cosa por un hijo”, dijo.

Yasuo Takamatsu y Yuko se conocieron en 1988, cuando Yuko tenía 25 años y trabajaba en el Banco 77 de Onagawa. Takamatsu era un soldado en la Fuerza de Autodefensa de Japón, y fue su jefe quien los presentó. Fue amor a primera vista, dice Takamatsu. Él dice que ella era una persona amable. Le gustó su sonrisa, su modestia. Yuko escuchaba música clásica y pintaba acuarelas que no le mostraba a nadie más que a él.

El viernes 11 de marzo de 2011, el día del tsunami, Takamatsu llevó a Yuko al banco, que estaba en el paseo marítimo de Onagawa, frente al puerto. Esa misma mañana, llevó a su suegra al hospital de Ishinomaki. Takamatsu estaba en la entrada del hospital, saliendo por la puerta, cuando empezó el terremoto magnitud 9. El temblor duró seis minutos. Los semáforos dejaron de funcionar. Takamatsu regresó a Onagawa por carreteras secundarias mientras escuchaba que en la radio hablaban de un tsunami. Recibió un mensaje de la Universidad de Sendai sobre su hijo, quien estaba bien. Pero no pudo contactar con Yuko ni con su hija, estudiante de secundaria en Ishinomaki.

Finalmente, a las 15:21, recibió un mensaje de texto de Yuko: “¿Estás bien? Quiero irme a casa”. Takamatsu pensó que Yuko había sido evacuada a un hospital en el monte Horikiri, a unos 244 metros del banco. Estaba en una colina, una de tantas que rodean Onagawa, designada como punto de evacuación para la ciudad. Pero Takamatsu no fue capaz de llegar allí. Los bomberos bloqueaban el paso hasta el hospital. Había una casa en llamas en la ladera. No había manera de reunirse con Yuko, así que se fue a casa. Yuko ya se había perdido antes, me dijo, en una de sus primeras citas, cuando Takamatsu la llevó a una capilla el día de Año Nuevo. Le dijo que no se perdiera en la multitud, pero ella lo hizo igual, durante 20 minutos, hasta que pudo encontrarla entre la gente que salía del lugar. Nunca olvidó esos 20 minutos.

Takamatsu volvió al hospital por la mañana. “Estoy buscando a mi mujer”, dijo a las enfermeras. Un trabajador del hospital le pidió que escribiera su nombre en la parte de atrás de un calendario, y él le preguntó si alguien sabía lo que había sucedido con los empleados del banco. Mucha gente en el hospital había visto lo que les había pasado —sus gritos, sus brazos extendidos al aire— pero nadie dijo nada. Al final, una mujer le dijo a Takamatsu que había oído que algunos empleados habían sido arrastrados del techo por la ola. Estaba segura de que no habían sobrevivido. “Pero sobre Yuko, no sé”, añadió.

Takamatsu no creía que ella estuviese muerta. Fue a cada planta del hospital y, como no la encontró, caminó hasta el gimnasio, a la escuela, a los hoteles y a cada uno de los puntos de evacuación. Durante su búsqueda se cruzó con muchos vecinos y amigos, y le dijeron que su hija estaba a salvo. Pero ninguno había visto a Yuko.

El día del tsunami nevó. El cielo estaba plomizo, casi negro, y el viento soplaba con fuerza entre las colinas que rodean Onagawa. Se esperaba que la ola entrara desde el mar con una altura de tres metros. Cuando llegó a la costa, a las 15:20, tenía 13 metros. Cuando se retiró, los edificios de la ciudad comenzaron a resquebrajarse y a hundirse por el peso. El agua estaba tan fría que los supervivientes que se dirigieron al hospital morían de hipotermia por el camino. Los pacientes de más edad morían de frío incluso después de llegar a un lugar seguro.

Los soldados llegaron a Onagawa y a la mañana siguiente al tsunami comenzaron a buscar cuerpos entre los escombros. Utilizaban palos largos en lugares en los que la montaña de escombros podía medir 4,5 metros. Envolvían los cuerpos en sábanas y los dejaban en la calle hasta que podían regresar a recogerlos. En total se han identificado a 613 víctimas, muchas de ellas personas de edad avanzada que quedaron atrapadas en sus casas.

Takamatsu se había retirado del ejército; se suponía que iba a comenzar a trabajar como conductor de autobús ese mismo junio. Hasta entonces buscó a Yuko todos los días, desde la mañana hasta la noche. A comienzos de junio comenzó a buscar los fines de semana. En una de sus primeras salidas caminó hasta la orilla, avanzó con cuidado sobre un montón de escombros. Los trenes yacían retorcidos en las laderas. Un coche colgaba de la ventana de un quinto piso. Una farola se había doblado hasta formar un ángulo de 90 grados. Aparentemente, solo el mercado de pescado seguía en pie. La comisaría de policía estaba al lado. Se quedó de pie frente al edificio. Ya no era nada: solo un marco, despojado de todo.

A veces Takamatsu caminaba junto a los soldados y escuchaba mientras hablaban por sus radios. Si se anunciaba el descubrimiento de un cuerpo, se acercaba a ellos para preguntarles qué ropa llevaba. Yuko llevaba pantalón negro y un abrigo de color camello. Pese a que buscaba el cuerpo de Yuko, se sentía aliviado cuando no se trataba de ella.

Un mes después del tsunami, mientras limpiaban las instalaciones del banco, alguien encontró el teléfono de Yuko en el aparcamiento. Era un teléfono rosa. Takamatsu encontró un mensaje de texto que no había llegado a recibir, escrito a las 15:25: “Gran tsunami”, decía. Por ese texto supo que estaba viva a esa hora. Supuso que el tsunami le llegaba hasta los pies.

Yasuo Takamatsu frente a un altar que recuerda a los empleados del banco fallecidos durante el tsunami Credit Asako Narahashi para The New York Times

Cuando Narita supo lo que había pasado con los empleados del banco, que todos habían sido arrastrados del techo por la ola, regresó a casa llorando. Había visto a su hija Emi por última vez un día antes, el 10 de marzo. Era el cumpleaños de su esposa y Emi había llevado un pastel. Hiromi Narita trabajaba en el hospital Ishinomaki cuando comenzó el terremoto y no se enteró de que había habido un tsunami hasta el día siguiente. Su casa desapareció y la familia tuvo que quedarse con unos parientes. La mañana del domingo, el marido de Emi fue a Onigawa en bicicleta y el día siguiente toda la familia llegó en coche. Todos buscaron el cuerpo de Emi. Fueron al banco, gritaron su nombre. Encontraron sus tarjetas de presentación en el barro.

Seis semanas después del tsunami, en abril, apareció un cuerpo flotando bajo los escombros en la playa de Tsukahama, en el lado contrario al puerto, en la bahía de Goburra. Era el de Michiko Tanno, de 54 años, que había trabajado más de 20 años en el banco. Había siete u ocho cuerpos flotando en los alrededores según las hermanas de Tanno, Keiko y Reiko. Dijeron que el cuerpo estaba en buen estado. “Estaba intacto”.

El cuerpo de un segundo empleado del mismo banco apareció en Onagawa, en la playa Takenoura, el 26 de septiembre de 2011. Kenta Tamura, de 25 años. Había estado en el mar unos siete meses.

Los padres de Tamura, Takayuki e Hiromi, tuvieron que ir a identificar a su hijo a la morgue. El cuerpo estaba descompuesto así que les mostraron la ropa. “Estábamos tan deshechos y asustados por tener que verle”, dijo Hiromi, “que ni siquiera quisimos preguntar por el cuerpo”. Le pidió a la policía que hiciera una prueba de ADN para asegurarse de que el cuerpo realmente pertenecía a su hijo. Días después quemaron los restos. Recogió huesos de entre las cenizas. “Mirando hacia atrás”, dijo “aun estando asustados, debimos haber visto el cuerpo”.

Takayuki me dijo que entendía que otras familias aún tienen personas desaparecidas y debería estar contenta por haber encontrado a su hijo. “Pero aún tras encontrar el cuerpo, una se siente muy mal. Mantuvimos la esperanza hasta que apareció el cuerpo”.

A Takamatsu le preocupaba que su esposa fuera la siguiente. Mientras no la encontrara, no sabía a qué atenerse. Me habló de una cabeza de maniquí que había encontrado en una ladera cerca de la playa. Por un momento pensó que era Yuko. Fue lo más cerca que estuvo de encontrar un cuerpo.

Tetsuya Takagi, un patólogo forense en la Universidad de Medicina y Farmacia Tohoku, en Sendai, me habló de lo que pasa con los cuerpos en el mar. El día del tsunami estaba dando clases en Tokio. A pedido de la policía viajó a Sendai y visitó gimnasios llenos de cuerpos. En ocho días examinó más de 200.

“Si un cuerpo llega al océano y desaparece, es difícil saber lo que sucede”, dijo Takagi. “Nadie sabe a ciencia cierta cómo se mueve el mar. Si el cuerpo llega a una profundidad determinada, allí se queda. Si se enreda en aparejos de pesca, podría flotar por el Pacífico y llegar hasta Hawái. Un cuerpo en el mar probablemente se volverá blando como el queso y, si lo tocas, la piel se separa. En otros casos podría verse envuelto por una sustancia similar a la cera que lo vuelve duro como el yeso”. Para que se forme esa cera, algo que puede suceder cuando se descompone la grasa del cuerpo, normalmente es necesario que la temperatura sea baja, en un ambiente húmedo y sin oxígeno. Si un cuerpo flota, no se convierte en cera. “La descomposición puede llevar desde días hasta años”, dijo. “En Onagawa, después del tsunami, a un cuerpo le habría llevado medio año convertirse en ‘queso’ y uno año o dos descomponerse totalmente hasta que solo queden los huesos”. Pero depende de la temporada, dijo, y de otras variables, como los animales marinos que pudieran comérselo. Describió un cuerpo que tenía carne en la espalda pero no en el estómago. “Creo que los animales se lo comieron”, dijo.

Un mes después del tsunami, el aire y el agua estaban fríos y los cuerpos recién habían comenzado a descomponerse. Una córnea embarrada por aquí, un vientre verdoso por allí. Había cuerpos flotando en la superficie del océano pero la mayoría estaba en la costa. Si aparecía un cuerpo con espuma en la boca o la nariz, significaba que aún respiraba bajo el agua cuando murió. Cuando pensamos en un tsunami, según Takagi, pensamos en ahogamiento, pero a veces la muerte es por hipotermia o por golpes (han aparecido cuerpos sin un brazo o una pierna). También algunas de las víctimas se quemaron. En Ishiomaki, un autobús escolar flotando sobre la ola se incendió y los equipos de búsqueda encontraron cuatro niños carbonizados. “Eran tan solo unos niños”, dijo Takagi, “con dientes de leche”.

Hace algunos años, una víctima del tsunami apareció en la costa de Ibaraki ya convertido en esqueleto pero con la ropa puesta y algo de tejido en el pecho. La ropa flota y tarda más en descomponerse que la carne. A veces los huesos regresan en forma de cuerpo porque abrigos, pantalones, guantes y zapatillas deportivas los mantienen unidos.

La gente que vivía en las montañas donde las casas se apilaban una sobre otra entre acantilados y árboles no podían haber visto llegar el tsunami. Pero quienes vivían en los campos de arroz, sí. En esas zonas planas, el tsunami entró unos seis kilometros en la tierra a una velocidad que dio a la gente tiempo para reaccionar, pero no para escapar. Los supervisores de una residencia de ancianos decidieron poner a todos los internos en la misma habitación. Todos murieron, y sus cuerpos fueron recuperados con el equipamiento médico que llevaban. “También trabajé en ese caso”, dijo Takagi. “Vi entre 300 y 400 cuerpos en el gimnasio de una escuela y nunca lo olvidaré”.

Una mañana de viernes, Takamatsu y yo dimos vueltas por las rutas que recorría años antes, cuando buscaba a Yuko en tierra. Condujimos por carreteras sinuosas junto al mar. Señaló los cedros y su maleza, el cementerio que cruzaba para llegar a la playa de arena crujiente. También había bosques de pino negro y vistas sobre campos de amaranto y hierba plateada. Después del tsunami, cuando llegó el deshielo primaveral, siguió la nieve derretida en su camino hasta el mar. En la playa Tsukahama me mostró las aguas oscuras a lo largo de un muelle de hormigón donde encontraron a Michiko Tanno. Takamatsu era asustadizo y caminaba siguiendo pautas sinuosas. Encontramos un montón de estrellas de mar de color púrpura colocadas como si fueran galletas tras una antigua red de pesca. Introdujo los dedos en un montón de cuerda y vio cómo huían los cangrejos. Lo seguí por una escalerilla hasta la parte alta de un muro de hormigón de metro y medio que separaba el muelle del océano. Puso las manos en la cadera y miró al agua. No había nada. Fuimos a otro lugar donde el fondo del mar estaba lleno del tipo de azulejos de baño populares hace 40 años, azul claro y oscuro. Platos, cuencos, un microondas. En una de sus inmersiones vio un reloj que se había detenido para siempre a la hora del tsunami.

Cerca del mar, cuando regresábamos al coche, a medio camino del estacionamiento, Takamatsu se detuvo y cerró los ojos. “Escucha”, dijo.

Del océano llegaba algo parecido al latido de un corazón.

Avanzó unos pasos hacia unos trabajadores de la construcción cerca de un barco amarrado al muelle. El sonido provenía de un tubo color vino que se sumergía en el agua. Takamatsu dijo que el tubo debía estar conectado a la escafandra de un buzo.

“¿Qué significa eso?”, pregunté.

“Es el sonido de la respiración”, respondió.

Tres días de entrenamiento con Takahashi, el instructor de buceo, sirvieron para que Takamatsu tuviera su licencia de principiante. Sus clases fueron en el mar. Aprendió a ponerse y a quitarse la máscara, a ajustar la flotabilidad, a trabajar con una cuerda, a navegar en la oscuridad. Durante seis meses solo pudo realizar una inmersión al mes antes de que se le calmara la respiración, y los músculos se le relajaran, hasta que finalmente pudo seguir a Takahashi mar adentro.

Takamatsu salía al mar con los clientes de Takahashi, los que buceaban por diversión. No tenían idea de que él buscaba un cuerpo.

La única fotografía de Hiromi y Masaaki con su hija Emi. El tsunami destruyó el resto. Credit Masaaki Narita

Cada inmersión comenzaba con una revisión de los equipos, y una nueva revisión. Supervisado por Takahashi, Takamatsu examinaba su regulador, la unidad de comunicación, el manómetro, el medidor de profundidad. Siempre llevaba una linterna. Takamatsu esperaba alcanzar una profundidad de 30 metros. Le tomó un año para llegar a bucear a unos 24 metros, y su inmersión más profunda era de 26 metros. Podía permanecer 10 minutos a esa profundidad.

Nunca estaba solo en el mar. Siempre lo acompañaba Takahashi u otro buceador, y cada mes nadaban lentos y silenciosos como manatíes sobre el fondo marino. Sus linternas iluminaban huesos de perros y huesos de aves como constelaciones en la arena.

“¿Y qué viste?”, le pregunté.

“Todas las cosas en la vida de una persona”, respondió.

En diciembre de 2013, Takamatsu dedicó una hora por día a leer un libro de texto de 350 páginas para obtener el certificado de buceo nacional que lo habilitaría a mover escombros y buscar cuerpos. Pasó el examen en febrero de 2014. Durante meses se lanzó con los grupos de voluntarios de Takahashi para eliminar los residuos de la costa norte. Después de seis meses, Takahashi comenzó a enseñarle algunas lecciones que normalmente no le hubiese dado: cómo encontrar y recuperar los cuerpos del océano. Takamatsu aprendió la forma en que los colores cambian según la profundidad, porque eso le iba a ayudar a localizar un cuerpo hundido. En los días soleados descendía a través de tonos de azul, y en las tormentas a través de tonos de marrón. Se enteró de que los cuerpos de los ahogados por lo general se encuentran con el trasero levantado, y las manos y los pies colgando.

Para enero de 2016, Takamatsu ya había estado en 110 inmersiones, con una duración de entre 40 y 50 minutos cada una. No solo buscaba el cuerpo: también buscaba una billetera, ropa o joyas, cualquier cosa con la que pudiera identificar a su esposa después de cinco años en el océano.

“Yo esperaba que fuera difícil”, dijo Takamatsu, “y ha sido bastante difícil, pero es lo único que puedo hacer. No tengo más remedio que seguir buscándola. Me siento más cerca de ella en el océano”.

Pensé en esa canción que un compositor francés, llamado Sylvain Guinet, compuso para Takamatsu después de enterarse de su pérdida. El título es “Yuko Takamatsu“, y es un solo de piano. Takamatsu escuchaba la canción cuando hacía sus compras por internet, cuando planchaba su ropa, cuando conducía su su coche y cuando se quedaba dormido. Le pregunté si la canción le traía recuerdos de Yuko. “No me trae recuerdos”, dijo. “Porque no la he olvidado”.

A menudo pensamos en la búsqueda como una especie de movimiento, un movimiento hacia adelante a través del tiempo, pero tal vez puede ser todo lo contrario, una suspensión del tiempo y de la memoria. Heidegger escribió acerca de un dolor metafórico al que llamó “la unión de la grieta”. Esta grieta, dijo, es la que mantiene unidas las cosas que han sido desgarradas, quizá para crear un nuevo espacio en el que la alegría y la tristeza pueden encontrar una comunión. Creo que Takamatsu encontraba este espacio bajo el mar, donde podía sentirse cerca de su esposa, en la grieta entre “perdida” y “muerta”.

Hubo un sobreviviente del banco. Lo encontraron los pescadores el día del tsunami, enredado en los desechos, semiinconsciente. Un mes más tarde, las familias organizaron una reunión con el banco, y todo el mundo esperaba para hablar con él. Querían saber por qué los empleados fueron evacuados en el techo y no en el hospital. Querían conocer cualquier detalle acerca de lo que había ocurrido con sus seres queridos. Sin embargo, la reunión terminó antes de que pudieran hablar con el sobreviviente. “Todo el mundo estaba bastante confundido”, dijo Takamatsu. “Pensamos que lo volveríamos a ver”. El banco programaba otro encuentro, pero el sobreviviente siempre cancelaba.

Un año después recibió una carta del banco. Le invitaban formalmente a un homenaje. “No tuvimos nada más que hablar con ellos desde entonces”, dijo Takamatsu. En ese momento, debatió con otras familias sobre la posibilidad de presentar una demanda. El Banco 77 era la fuente de empleo más importante de la región y nadie quería demandar pero necesitaban saber qué había sucedido. Keiko y Reiko Tanno, las hermanas de Michiko, se sumaron a varias familias en esa demanda. Su madre, anciana, era la demandante oficial. “Todos asumimos que habían muerto cuando trataban de evacuar por las escaleras”, dijo Keiko. “Ellos no mencionaron que estaban en el techo, esperando morir”. El juicio comenzó en febrero de 2014 en Sendai y el juzgado dictó sentencia a favor del banco. Concluyó que el plan de evacuación era razonable. En abril de 2015 fracasó una apelación. Pero por aquel entonces ya habían podido escuchar la versión de lo sucedido de boca del sobreviviente.

En enero me encontré con Keiko y Reiko en el memorial del banco fuera del hospital. Nos sentamos afuera, en la nieve, alrededor de una mesa plegable donde se apilaban las transcripciones del juicio. Keiko me contó la historia del superviviente como recordaba haberla escuchado en el juzgado.

El hombre recordó que el terremoto fue a las 14:46. El encargado del banco en Onagawa —cuyo nombre ha sido mantenido en secreto por el banco, al igual que el del sobreviviente—  estaba fuera del edificio cuando ocurrió. Volvió a las 14:55 y los empleados estaban acomodando las cosas. Les avisó de la alerta de tsunami. Dos clientes se fueron. Le dijo a todo el mundo que cerraran las puertas y pusieran documentos en una caja de seguridad. El sobreviviente y Kenta cerraron la puerta frontal y abrieron la puerta que llevaba al techo. No era fácil de abrir. El encargado llamó a la oficina central del banco en Sendai para notificarles a dónde se dirigían. No consultó con nadie hacia donde evacuar, y nadie cuestionó su orden de subir al techo.

Una empleada pidió irse. “Quiero irme a casa”, dijo. “Estoy preocupada por mis hijos”. El mar arrastraba la marea. Sabía que no era seguro irse pero quería llegar a donde estaban sus hijos. Cuando salió eran las 15:05 y ya sonaban las sirenas de tsunami. Ella sobrevivió.

A las 15:10, los demás empleados subieron al tejado. Llevaron una radio con ellos. Se preveía que el tsunami iba a ser de unos tres metros y el tejado estaba a 9 metros de altura. Llegaría a las 15:30. Tenían tiempo. Varios hombres regresaron al piso de abajo para coger sus abrigos. Hacía frío y nevaba. A las 15:15, los 13 empleados estaban en el tejado. Todo el mundo parecía estar tranquilo. Llamaron por teléfono y escribieron mensajes a sus familias. Yuko escribió a Takamatsu. Michiko le escribió a sus hermanas: “Estoy a salvo”.

El encargado del banco le dijo a Kenta y al sobreviviente que escucharan la radio y miraran al mar. Había un edificio entre el agua y el banco así que cuando los hombres caminaron hacia el borde del tejado, vieron la bahía. Kenta se dio cuenta de que el hospital en la montaña estaba lleno de gente evacuada. También había personas en los techos de los coches en el aparcamiento esperando la ola. Habló con el sobreviviente sobre el hospital. Se preguntaron si debían ir allí. Estuvieron de acuerdo en que aún estaban a tiempo de correr. Todo el mundo estaba tranquilo. Decidieron quedarse.

El sobreviviente vio que los barcos cerca del mercado de pescado se movieron de repente sobre el agua. El banco estaba construido sobre una zona plana e inundable. El agua comenzó a subir. Quebró la tierra y avanzó por las calles. Poco después de las 15:30 llegó la ola. Primero fue baja y pasó rápidamente el edificio, pero entonces el nivel del agua comenzó a subir, poco a poco y después más rápido. Desde los cinco metros iniciales llegó a 19 metros de altura. Al mar le llevó cinco minutos inundar la primera planta. El encargado le pidió a todo el mundo que se fuera a la parte más alta del techo, una pequeña habitación para la electricidad con una escalerilla vertical de tres metros. Él fue el último en subir y cuando llegó arriba el edificio ya estaba cubierto por el agua.

Yasuo Takamatsu con su mujer, Yuko, antes de que ella desapareciera Credit Yasuo Takamatsu

Masaaki Narita llevaba unas zapatillas de Mickey Mouse, jeans y un suéter estampado con renos. Estábamos en su nueva casa, en Ishinomaki. Se frotó la espalda y suspiró. Dijo que el buceo le provocaba dolor de espalda. Más temprano ese mismo día, durante su inmersión, llevaba ocho kilos de lastre para no flotar.

“Estoy agradecida de que mi marido bucee”, dijo Hiromi, su esposa, “porque puedo ver el amor que tenía por mi hija. Aún está aprendiendo así que todavía no habla mucho sobre lo que ve, pero cuando llega a casa tiene buen aspecto, incluso cansado. Creo que es un proceso que le hace bien porque se siente cercano a nuestra hija. Si encontramos algunas de sus cosas, estoy segura de que puede darnos una pista sobre dónde deberíamos mirar”.

En la sala de la casa de Narita hay dos ofrendas en memoria de su hija. Hiromi se sentó en el suelo junto a la mesilla de café, frente a un retrato de Emi de tamaño real. “Así podemos tenerla entre nosotros”, dijo. El retrato está hecho a partir de una fotografía de ella y de su marido en Disneylandia siete años atrás. El marido de Emi vivió con ellos un año después del tsunami, pero sabían que no podría estar allí para siempre. Le dijeron que siguiera adelante con su vida y buscara otra esposa.

“No puedo asumir que este era su destino”, dijo Hiromi. “Si era inevitable, al menos deberíamos haberla enviado en una cama cálida. Ella no nació para permanecer en el agua fría. Tengo la sensación de que podría estar diciendo: ‘¿Para qué me dejaron nacer?’. Por supuesto que mi hija nunca hubiera imaginado que su vida terminaría el día siguiente. Damos por sentado que habrá un mañana. Trato de imaginarme en qué pensaba la noche anterior, mientras se dormía”.

Hiromi se cubrió la cara con las manos.

“Era mi única hija”, dijo. “Estaba todo el tiempo conmigo desde que nació. Llevo cinco años sin creer que ya no está conmigo”. Habría cumplido 31 este año. “Ella me dijo: ‘Tienes que vivir más que tus padres’. Le digo eso a todo el mundo que es tan joven como hija”.

La madre de Hiromi, la abuela de Emi, se nos unió en la sala. Ella preparaba la comida que Hiromi se llevaba al mar. Vestía un delantal verde con flores y tenía una espesa mata de pelo gris rizado. Se sentó en la silla junto a nosotros.

“De hecho”, dijo Hiromi señalando a su madre, “me preguntó varias veces si quería unirme a ella en el suicidio después de que mi hija desapareció”. La abuela me miró y asintió con la cabeza. “La verdad ya no quiero seguir viviendo, pero no pude hacerlo porque si nos vamos dejaríamos a mi marido solo”.

“¿Él lo sabe?”, pregunté.

“Se lo contamos después”, respondió.

Emi había vivido en un apartamento que estaba en un segundo piso, a dos minutos de la casa de sus padres. Todas las plantas del edificio quedaron cubiertas de barro después del tsunami pero los Narita recuperaron la mayoría de sus cosas. Encontraron un álbum de fotos lleno de imágenes de Emi que ella quería usar para su boda. Hiromi las usó para su funeral.

Su teléfono nunca apareció. Hiromi no quería cerrar la cuenta de su hija. Escribió a la empresa explicándole que era el único modo que tenía de comunicarse con su hija y pidió que no la cancelaran. La empresa fue a la casa con un teléfono nuevo —el mismo número y la misma dirección— como una muestra de respeto a la familia. Hiromi puso el teléfono en el altar de su hija. Sus amigos le envían mensajes de texto en su cumpleaños. Hiromi lo hace todos los días. “Lo siento”, escribe. “Lo siento”.

Masaaki desapareció en su dormitorio. Hiromi y la abuela lloraban. “Necesitamos pastel”, dijo Hiromi. La abuela corrió a la cocina y regresó con una tarta. Chocolate, fresa, castañas. Masaaki estaba solo en la oscuridad de su dormitorio. Las mujeres comieron, Hiromi me contó una historia sobre el cabello de su hija. Debido a que Emi estaba desaparecida, no tienen nada que poner en la tumba. Ella quería algo. Así que retiró algunos pelos de Emi del desagüe y los enterró.

El 11 de enero por la tarde, vistiendo una chaqueta plateada ligera y tenis blancos, Takamatsu vino a ver a una búsqueda de cuerpos realizada por la guardia costera. Su chaqueta brillaba como papel de aluminio. Narita llevaba una chaqueta acolchada con una capucha de piel y pequeñas gafas de sol oscuras. Keiko y Reiko, las hermanas, llegaron con comida: bolas de arroz rellenas con ostras y ciruelas ácidas.

La búsqueda fue idea de Narita. De vez en cuando le pedía a la guardia costera de Japón que llevara a cabo una búsqueda oficial del cuerpo de su hija. Él había pedido que hicieran una búsqueda en mayo y en octubre, y de nuevo en enero. El gobierno dejó a Narita decidir dónde. Narita escogió una ruta de navegación que pertenecía al gobierno, porque era un lugar en el que nunca sería capaz de sumergirse.

No muchas personas concurrieron a ver la búsqueda. Solo las familias de las víctimas del banco y Takahashi, y algunos habitantes. Los miembros de la prensa japonesa superaban en número a los espectadores.

Los buzos de la guardia costera llegaron por mar. Eran siete, vestidos con trajes de buceo brillantes de color naranja y negro y gruesos cascos amarillos. Los hombres bucearían una hora, siguiendo la longitud de una cuerda sumergida en el agua. En el camino registrarían lo que vieran para Narita y Takamatsu. Atracaron y saltaron a tierra. Eran marciales, ceremoniales. Todo el mundo estaba en silencio. En fila saludaron a su comandante. Después de un breve discurso, saludaron a las familias y condujeron el barco a 20 metros del muelle.

Hiromi vertió café en el océano para Emi y todo el mundo tomó fotos. Caminó hacia mí y señaló hacia el mar. “Hoy he servido filete Salisbury”, dijo. “El favorito de Emi”. Esperamos una hora antes de que los buzos regresaran a la superficie. Uno a uno se subieron al bote y regresaron a la costa. El responsable de la inmersión habló con las familias.

“No encontramos nada”, dijo. Narita asintió y se limpió la nariz. Takamatsu estaba muy quieto.

“No hay nada que no pertenezca ya al mar”, continuó el comandante. “Las latas de refresco son todas nuevas. Pero ¿quieren ver las fotos de todos modos?”.

“Sí”, dijo Narita.

Pasaron las imágenes submarinas en la pantalla de un ordenador portátil en la parte de atrás de una furgoneta. Narita y Takamatsu se inclinaron hacia delante para mirar. El comandante habló sobre el agua. Aquí hay parte de un edificio, dijo, y parte de un reloj. Aquí hay una lata de Coca Cola.

Takamatsu se alejó rápidamente del grupo. Se quedó cerca del mar y yo traté de ponerme al día con él. Empezó a buscar de nuevo. Se subió a un montón de piedras, puso las manos sobre las rodillas y se quedó mirando hacia el mar. La búsqueda del amor, la búsqueda —la suya, la de ella, la de todos— no es la de una aguja en un pajar ni la de un pez en el mar. Es la de una persona concreta en la tierra. El mundo nunca parece tan grande como cuando alguien se pierde.

La Guardia – Cuando brille el sol

Uno de esos grupos de mi infancia. Recuerdo que en la excursión de 8º de EGB a los Alpes y Ginebra en el autobús sonó todo el disco de La Guardia mientras todos tarareábamos las canciones. Y la letra de la canción…espectacular. Lástima que después de este disco buscaran experimentar con otros sonidos y nos privaran de seguir teniendo maravillas como esta.

Y otra canción ñoña. Ayer escuchaba música mientras corría un rato y sonó una de esas canciones ñoñas de los 40 principales pero que la tengo en mi playlist porque su música me inspira buen rollo aunque la letra es realmente triste:

Y ahora estoy escuchando este cover de Disturbed de Sound of Silence:

Y ya de paso pongo esta de Bon Jovi que también sonó ayer en mi playlist. Una rareza de Bon Jovi pero para mí una de sus mejores canciones:

Y otra canción de la época:

4 consejos para salir de un coche que se hunde

Una de las situaciones de accidente, sin duda, más peligrosas y complicadas en la que podemos encontrarnos es la de caer con el coche a un agua profunda, ya sea el mar, un río, un lago o un pantano. Según cuerpos de bomberos y los especialistas de la unidad de emergencias, este accidente se cobra la vida de un alto porcentaje de personas a lo largo del año, sobre todo por una mala gestión del tiempo, los nervios y la falta de conocimiento sobre las medidas a tomar. Fallecer, en estos casos, es el resultado del pánico y de no tener un plan a seguir. Aquí podrás ver ciertas claves para tener en cuenta si te ves involucrado en una situación tan desagradable.

1) Antes de caer, prepara el impacto

Caer al agua puede parecer a priori un golpe más amortiguado que contra cualquier otro obstáculo. Pero lejos de lo que parece es igual o más duro, en función de la altura y velocidad a la que hayamos caído, es por ello que debemos anticiparnos para caer al agua de la forma más segura posible y así poder realizar todas las maniobras correctamente, sin resultar heridos.

En primer lugar debemos adoptar una postura en la que ambas manos sujeten el volante con firmeza en un ángulo de 180º para permitir al airbag abrirse sin problemas, en su caso. El cinturón abrochado va a mantenernos en nuestro asiento los primeros instantes, pero cuando hayamos conseguido estar enfocados y listos para maniobrar, debemos desabrochar el cinturón (primero el de los niños) para poder salir rápido hacia fuera y no esperar dentro del vehículo.

2) Apertura de las ventanas

Si tenemos tenemos tiempo de reacción y consciencia de que el vehículo va a terminar cayendo al agua, es conveniente abrir las ventanas con rapidez antes de la caída o tenerlas ya bajadas de antemano, para poder así escapar a través de ellas en cuanto el coche toque el agua, aprovechando los minutos en los que flota sobre la superficie antes de hundirse. Si no nos hemos anticipado a esto, y mientras el vehículo está flotando, hay que tener en cuenta que el sistema eléctrico de los coches llega a funcionar hasta tres minutos bajo el agua, por lo que podemos intentar desbloquear las puertas y bajar las ventanillas sin quitar la llave del contacto, y salir antes del hundimiento.

Una vez que el coche comience a hundirse será misión imposible abrir la puerta ya que la presión interior y exterior del agua no está compensada, y no se igualará hasta que la cabina se llene de agua.

3) Romper la ventana lateral

Si las puertas no se abren y las ventanas no bajan (o solo hasta la mitad) por un fallo del sistema eléctrico, debemos utilizar nuestro pie o un objeto, como tacones, martillos, un punzón o el reposacabezas del asiento para romper el cristal. Nunca debemos intentar romper el parabrisas delantero, ya que es irrompible al ser vidrio laminado, por lo que debemos intentarlo con las ventanas laterales o la trasera, hechas de vidrio templado, fácilmente rompible por sus esquinas.

No hay que ponerse nervioso si la ventana se resiste a los golpes ya que aún tenemos una opción para salvar nuestras vidas. Las puertas no se abrirán hasta que se hayan compensado las presiones, por ello debemos dejar que el agua vaya entrando hasta que nos llegue a la altura del cuello. En ese momento hay que coger aire profundamente, agarrar la maneta de la puerta e intentar abrirla cuando el coche esté lleno de agua y las presiones igualadas.

En cualquier caso, existen herramientas de bajo coste como ResQ que incluye elementos para cortar cinturones y punzones para romper ventanas entre otros que nos pueden ser de gran ayuda y que podemos guardar en el interior del vehículo para tenerlo siempre a mano.

4) Salida a la superficie

Apenas hayamos conseguido romperla, el agua comenzará a entrar por lo que hay que respirar profundo y nadar hacia la superficie. Primero intentar empujar a los niños hacia fuera, aferrados a un adulto o algún elemento que flote. Hay que evitar patalear al salir, para no hacer daño al resto de pasajeros, siempre es mejor usar los brazos para nadar.

Podemos echar mano de objetos del entorno como ramas y rocas, y para orientarnos en aguas turbias o en la noche, hay que nadar siempre en la dirección de las burbujas, pues nos indicarán dónde está la superficie. Si mantenemos las luces del coche encendidas, que son a prueba de agua, podemos orientarnos más. Quítate la ropa y objetos pesados (vaqueros, jerséis, abrigos, llaves, monedas) pues te será más sencillo nadar para escapar. Lo importante es tu vida y la de los que te rodean.

Una vez en la orilla, lo más importante será buscar atención médica, pues la adrenalina y tensión del momento pueden habernos hecho pasar por alto alguna herida o golpe severo, sin haber percibido dolor.

http://www.circulaseguro.com/7-consejos-para-salir-de-un-coche-que-se-hunde/

 

El truco de los samuráis para hacer caca de forma eficiente: cruzar una pierna

Imagen: Ted Slampyak / The Art of Manliness

Ir al baño en tiempos de guerra es un tema serio. Después de que Uesugi Kenshin, uno de los guerreros más poderosos de Japón, fuera asesinado mientras hacía sus necesidades, los samuráis desarrollaron una técnica para evacuar de forma rápida y eficiente. Y la transmitieron entre generaciones.

El escritor y artista marcial Dave Lowry lo explica en su libro Autumn Lightning, una crónica sobre el espadero japonés de su barrio que acabó convirtiéndose en su maestro. Cuando los samuráis iban al retrete, no dejaban los pantalones bajados sino que desnudaban completamente la pierna derecha. Así tendrían movilidad si un extraño entrase en el baño.

Pero hay más: con una pierna libre, los samuráis aprendieron a adquirir una postura muy concreta para relajar sus intestinos y defecar más rápido. Lo cuenta Will Black en The Art of Manliness:

El samurái se sentaba recto en el retrete, cruzaba su pierna de manera que el tobillo derecho descansara sobre la rodilla izquierda (su pie izquierdo permanecía en el suelo), colocaba una mano en cada rodilla y enderezaba la espalda. Supuestamente, esto alineaba los intestinos para no tener que hacer presión. Podrías pensar que es una tontería, pero funciona. Si alguna vez has sentido un problema de fontanería ahí abajo, presta atención. Tómate tu tiempo, ten un poco de paciencia, y obtendrás una versión lanxante del yoga gracias a una técnica que ha sido transmitida por los samuráis desde la antigüedad.

Adam Dachis de Lifehacker hizo la prueba y asegura que funciona. “No es particularmente cómodo, ya que los baños no han sido diseñados para sentarse de esta manera, pero puedes acomodarte antes de empezar a evacuar. Cuando empiezas, notas que tu pierna cruzada actúa como un dispensador de yogur helado, como si te ayudara a empujar la caca sin necesidad de ejercer ninguna tensión muscular”. 

La técnica no te ayudará a superar el estreñimiento —a menos que la acompañes de una dieta rica en fibra y líquidos—, pero sí a pasar menos tiempo en el baño esas veces que tu teléfono se queda sin batería.

[Autumn Lightning vía The Art of Manliness]

 

http://es.gizmodo.com/el-truco-de-los-samurais-para-hacer-caca-de-forma-efici-1793236065

Brusset: “La miel del supermercado es el mayor fraude”

Todo empieza con unas hamburguesas de buey -gallego, donde apenas se da la cría de bueyes- que en realidad eran de carne de caballo al 100%. La investigación salta a los medios de comunicación y se propaga como la gripe por las redes sociales. Christophe Brusset (24 de agosto de 1970, Chaumont, Francia), ingeniero agroalimentario francés, de orígenes campesinos en la Provenza y afincado hoy en China, había soportado durante 20 años el silencio consentido de la industria alimentaria francesa e internacional en la que trabajó desde su licenciatura. Tanto fraude, tanta contaminación, tanto daño para la salud de los consumidores, tanta mentira y porquería habrían podido sellar sus sentidos, pero la madurez y la distancia, toda vez en China -“el paraíso de la corrupción y su corolario: el fraude”, escribe-, y su nueva ocupación, le animó a hablar. En un libro que es “un juicio sumarísimo a la industria alimentaria” (subtítulo), de obligada lectura en nuestras casas, colegios, hospitales y restaurantes. ¡Cómo puedes comer eso! (Península) acaba de salir a la venta en España.

Las hamburguesas de la denuncia son un ínfimo ápice del iceberg de porquería que encubren las ininteligibles etiquetas del supermercado: caracoles de la Borgoña (criados en Chernóbil, vaciados y secados a la intemperie en Turquía, con la consecuente infestación de gusanos; lavadas estas conchas con sosa cáustica, vueltos a rellenar y añadida una pizca de mantequilla con perejil en Francia, luego etiqueta legal); queso fundido hecho con un 5% de origen (azul de Auvernia entre mil otros ejemplos) mezclado con agua, bloque de queso artificial (a base de leche termizada), mantequilla, proteína láctea, nata, leche en polvo, fosfato trisódico, citrato de sodio y ácido cítrico; guindilla y especias indias por doquier mezcladas y trituradas con excrementos, cadáveres y pelos de ratón; té ecológico de Ceilán aromatizado con cítrico al extracto de pesticidas cuestionados… ¿Bastan los ejemplos? Christophe Brusset examina la industria alimentaria, nosotros examinamos a Brusset.

¿Por qué decide romper su silencio, después de tantos años trabajando y colaborando en la industria alimentaria?
Quería contar aquello de lo que he sido testigo durante tanto tiempo, pero de haberlo hecho cuando trabajaba en la industria alimentaria francesa hubiera supuesto la pérdida inmediata de mi trabajo, además de ser incluido en la lista negra, persona non grata para el mercado, lo que ha ocurrido, claro. Pero ahora, al vivir en Asia, es más fácil: esto es la ley de la selva. Tampoco estaba seguro de que los consumidores quisieran saber lo que se esconde detrás de los alimentos, pero el escándalo de la carne de caballo en la lasaña preparada me hizo pensar que sí, que es mucha la gente que quiere mejorar la situación. Para ellos escribí el libro. También mi evolución personal contribuyó a ello: me he casado, tengo hijos y soy más maduro, lo suficiente para hacer esta crítica positiva que pretende mejorar la salud.
Urge al consumidor a utilizar su poder para cambiar las cosas a la hora de elegir los productos que compra pero, ¿qué poder le queda al individuo si las etiquetas, según revela, son fraudulentas?
Es muy complicado, efectivamente. La industria y los supermercados, con la complicidad de las autoridades sanitarias, no quieren que el consumidor entienda las etiquetas y que continúe comprando sin saber qué es en realidad lo que se expone en las baldas del súper. Pero el individuo debe saber al menos que comprar teniendo en cuenta sólo el precio le llevará sin duda a consumir alimentos de peor calidad. Siempre. Hay que esforzarse por conseguir información, elegir productos sin aditivos o con los menos posibles, preferentemente orgánicos, locales y estacionales. Otra forma de defenderse es apoyar a las organizaciones de consumidores. Sí es posible presionar a la industria para que cambie.
¿No sería más sencillo advertir a las autoridades y presionar socialmente para que estas prácticas tan insalubres que denuncia sean prohibidas?
Las autoridades están bajo la influencia de unos cuantos poderosísimos lobbies de la alimentación existentes en cada país y, en el caso europeo, centralizados sobre Bruselas. Dada la actual y larguísima situación de debilidad económica, los grupos políticos actúan preferentemente a favor de la industria para promover la actividad de negocio y la creación de puestos de trabajo. La laxitud en torno a la inmensa lista de aditivos legales es un buen ejemplo de lo que digo, así como la débil normativa de etiquetado o las alusiones a la salubridad de lo que consumimos. Las autoridades sólo harían algo si las asociaciones de consumidores lograran presionarles suficientemente.
Y en toda esta cadena de impunidad, ¿los grandes grupos de supermercados serían los responsables últimos?
Estas cadenas son quienes monopolizan la situación, sí. Son un puñado de firmas que dominan a miles de pequeños y medianos productores imponiéndoles constantemente la reducción de costes y, por tanto, de calidad, porque es su única manera de atraer consumidores: «¡Compre aquí a mejor precio!». Es matemáticamente imposible mejorar la calidad de lo que comemos cuando el único factor a tener en cuenta es el precio. Pero creo que el responsable último no es este monopolio, sino las autoridades que lo permiten. Las cadenas comerciales buscan el beneficio, mientras que los gobiernos debieran ocuparse de proteger al ciudadano.
Explíqueme entonces, ¿por qué recomienda en su libro elegir las grandes marcas?
Quiero decir que lo mejor es elegir las marcas más valoradas en lugar de las blancas de supermercado. No es un asunto ideológico, sino la conclusión de mi experiencia. He trabajado durante más de 20 años en la producción de ambas: marcas propias y las que estas mismas industrias fabrican para las cadenas de supermercados, productos etiquetados con otro nombre que quieren parecerse al líder de mercado, pero que les obligan a reducir costes, lo que redunda en una cualidad que en poco se parece al original.
¿Podría señalar el más increíble caso de fraude alimentario?
Difícil elegir uno, pero tal vez el fraude a gran escala de la miel haya sido el que más me siga sorprendiendo. Las asociaciones de consumidores saben por sus estudios. Yo, por mi experiencia. Y las autoridades, por sus investigaciones. El 30% de la miel que se vende en los supermercados es fraudulenta, está mezclada con azúcar, cuando no es falsa al 100%. El nivel de equipamiento y conocimiento científicos que los chinos emplean para producir miles de toneladas de miel es absolutamente increíble. Tuve que visitar una factoría china exportadora de miel y juro que su laboratorio estaba mejor equipado que el del más avanzado de los hospitales que puedas imaginar. Una visión terrorífica.
¿Podría explicarnos de forma convincente por qué es beneficioso comprar productos de proximidad, además de la razón obvia de reducir las emisiones de dióxido de carbono?
R.- En países desarrollados, el nivel de calidad y seguridad de la producción es mucho mejor comparado con el de emergentes como China, India y otros. En Europa, los fabricantes no se arriesgan demasiado porque pueden ser multados y arruinar su reputación. No les compensa frente al margen de beneficios, mientras que en China, por ejemplo, están dispuestos a las peores prácticas, como demuestran todos los ejemplos descubiertos: recordemos el caso de la leche infantil al toque de melanina, que trascendió al mundo entero. Otra razón es que los productos locales necesitan menos química para su preservación que los transportados lejos y almacenados por largos períodos; además, son más frescos y proporcionan trabajo local.
¿Qué significa el término reciclaje en la jerga de la industria alimentaria?
Es el término empleado para el proceso de integrar producciones defectuosas en partidas nuevas sin perder costes. Cuando se dan cantidades no demasiado elevadas de producto caducado, podrido, contaminado por insectos o mal elaborado -los ejemplos son tan alarmantes que prefiero no especificar-, normalmente no se descarta, se recicla.
¿Y reenvasado?
Simplemente, cambiar la etiqueta por otra nueva, algo que suele hacerse para dar nueva vida a partidas de productos caducados. Es decir, una forma más de reciclar, mucho más común de lo imaginable y deseable, claro, y que pone en riesgo la salud del consumidor, sobre todo los más sensibles a reacciones alérgicas.
¿Y todo esto por qué? ¿Podré ir esta tarde al supermercado o más bien me dedicaré a tirar todo lo que tengo en la despensa?
Haría bien en revisar su despensa y, si va al supermercado, emplee el tiempo necesario en revisar y sospechar de las etiquetas, como si leyera entre líneas. Es tiempo que le gana a la vida y a la de su familia. Lo único que les interesa a los industriales y a las grandes superficies es su dinero; ¿acaso cree que les importa su felicidad, como dicen los anuncios?
¿Continúa siendo cómplice o a qué se dedica ahora?
No, ahora me dedico a la veterinaria, trab ajamos por la salud de los animales domésticos empleando soluciones naturales.
¿Duerme mejor?
Definitivamente.

Ejemplos de timos alimentarios

1. Jamón a la carta

La fábrica recibe del matadero cajas de plástico repletas de jamones, bastante pequeños, que se someten a “una acelerada sesión de culturismo: una inyección intramuscular a presión que contiene polifosfatos, proteínas de sangre y gelificantes; azúcar, glutamato, aromas y humo líquido; ascorbato de sodio y nitrito”. Cada industrial tiene su propio cóctel que duplica el tamaño del producto, luego se retira corteza y piel, se mete el jamón en unos moldes para su cocción, se les añade alrededor una capa regular de la grasa antes retirada y, voilà, tendremos el jamón de corte perfecto, las lonchas homogéneas que compramos envasadas en el supermercado, las de calidad. Las de pizzas, san jacobos, etc., sufren un proceso mucho más contaminante, la llamada “mantequera”.

2. Queso azul

Otro de los ejemplos llamativos que recoge el libro ¡Cómo puedes comer eso! se refiere al queso azul de Auvernia o cualquier otro queso fundido. Receta: un 5% de queso de origen mezclado con agua, muchísima cantidad de agua, bloque de queso artificial (fabricado a base de leche termizada y extraída artificialmente), mantequilla, proteína láctea, nata, leche en polvo, fosfato trisódico, citrato de sodio y ácido cítrico. Y listo para untar. Si aún así el producto final resultara demasiado caro, el productor puede renunciar a la denominación oficial y, así, llegamos a ejemplos como el gratinado de queso cantal sin cantal o los raviolis con gruyer sin rastro de gruyer.

3. Té de Ceilán

Habían comprado una gran partida de té ecológico de Ceilán a muy buen precio, que por supuesto no venía de Ceilán, dato que nadie debía conocer. Eso no fue lo peor, sino que cuando sometieron las bolsitas a análisis, encontraron dosis de tiabendazol, pirimetanil, carbendazima y otros pesticidas. ¿Cómo era posible en un té ecológico, si el pesticida no cae del cielo? La clave, como suele suceder, estaba en el olor a limón: “Los aromas se producen normalmente a través de técnicas que concentran los contaminantes utilizados al mismo tiempo que las moléculas aromáticas, es decir, que las gotas de extracto natural estarán al tiempo atiborradas de pesticidas, fungicidas y moléculas de tratamiento del cultivo del limón”.

4. Miel que no es miel

Las asociaciones de consumidores han estudiado, y las autoridades consienten, que el 30% de la miel que se vende en los supermercados sea fraudulenta: está mezclada con azúcar cuando no es falsa al 100%. “El nivel de equipamiento y conocimiento científicos que los chinos emplean para producir miles de toneladas de miel es absolutamente increíble. En cierta ocasión tuve que visitar una factoría china exportadora de miel y juro que su laboratorio estaba mejor equipado que el del más avanzado de los hospitales que puedas imaginar. Una visión terrorífica”.

5. Caracoles de Borgoña

Los caracoles de Borgoña son criados en los alrededores de Chernóbil y pasados por una planta de “transformación” que se encuentra en Turquía. “Olí la fábrica mucho antes de verla”, escribe Brusset en el libro.

En un patio de hormigón se apilaban montañas de más de tres metros de altura de conchas de caracol vacías, rodeadas de diversos insectos y, en los restos del intestino, gusanos blancos que se retorcían. Cuando el sol calcinaba los desechos sólidos y pútridos, las lavaban con sosa cáustica, las rellenaban con el caracol cocido y las enviaban con destino a Francia, donde les añadían una pizca de mantequilla con perejil. Con ese toque final, la etiqueta se convertía en absolutamente legal.

6. Las guindillas

-¿Qué son estos granos?

-“No son granos, es caca. Tenemos 100 toneladas de guindilla troceada que almacenaron mal en el origen. Las ratas y los ratones se pusieron las botas. Además de varios cadáveres, hemos encontrado pelos y caca por todas partes.

En menos de una hora encontré una empresa poco mirada que trituraba las guindillas junto a todos aquellos restos podridos de roedor”. La operación de lavado no fue un caso aislado, se reciben con frecuencia lotes de especias procedentes de Turquía o de Egipto que contienen excrementos de pájaros; o lotes de pimienta de China o India con caca de roedores, colillas y desechos varios que, toda vez triturados, tratados y diluidos se ajustaban perfectamente a la normativa.

http://www.elmundo.es/vida-sana/estilo-y-gastro/2017/03/12/58c278bcca47414d638b45c4.html

Un zoom sumamente profundo y bello al conjunto de Mandelbrot (en Full-HD)

Este vídeo es uno de los muchísimos que hay con zooms animados a algún remoto lugar del conjunto de Mandelbrot utilizando software especializado y mucha paciencia. No creo que sea el récord absoluto (porque es de 2014) pero sí que me pareció el más bonito. Este en concreto es un zoom hasta 10198 con 350.000.000 iteraciones.

En general una película ideal de este tipo tiene (a) la mayor profundidad / iteraciones posibles, (b) formato de alta resolución (Full‑HD o 4K / 60 fps), (c) una amplia y elegante selección de colores y (d) una buena música de acompañamiento. En definitiva: es una combinación de mitad capacidad de cómputo, mitad arte. (Si alguien encuentra alguno mejor que cumpla con todo esto, que avise.)

En este vídeo en concreto está creado con el software Kalles fraktaler. El primer fotograma necesitó 33 horas y se necesitaron 18 días de cálculos continuos para completar la película. Las imágenes componen unos 9 minutos completos de acercamiento hasta el infinito y más allá: recordemos que en una ampliación 1031 si un píxel de la imagen final ocupara toda la pantalla del ordenador la imagen original sería más grande que el universo visible. Y, naturalmente, la velocidad del viaje de ser «real» sería superior a la de la velocidad de la luz.

http://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/zoom-profundo-mandelbrot-full-hd-2014.html

Mueren los robots y la esperanza en las tareas de limpieza de Fukushima

http://www.eldiario.es/theguardian/Mueren-robots-esperanza-limpieza-Fukushima_0_620488846.html

 

 

 

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Exalcalde de un pueblo de Fukushima pide indemnización millonaria por estrés
A diario 150 toneladas de agua subterránea penetran en los sótanos del reactor [y se contaminen]. EFE

Cuando no habían completado ni una quinta parte de la misión, los ingenieros que hacían el seguimiento del progreso de Escorpión tiraron la toalla. El último robot que había sido enviado a las entrañas de uno de los reactores dañados de Fukushima Daiichi, y cuyo seguimiento se hacía por control remoto, dejó de enviar señales.  El combustible nuclear que se sobrecalentó cuando la planta sufrió una triple fusión hace exactamente seis años impidió que el robot avanzara.

Hace un mes, este robot de Toshiba, que tiene unos 60 centímetros de longitud y está equipado con un par de cámaras y sensores capaces de medir los niveles de radiación, fue abandonado a su suerte. El operador de la planta nuclear, Tokyo Electric Power (Tepco), intentó restar importancia al hecho de que otra misión de reconocimiento había fracasado. Esta última tenía el objetivo de determinar el estado actual y la ubicación exacta del combustible fundido.

Aunque la misión no se completó, los responsables de la planta se limitaron a indicar: “Hemos obtenido información de valor que nos ayudará a determinar qué métodos son los más adecuados para eliminar los contaminantes del combustible”.

Los contratiempos de Escorpión, cuya misión debía durar diez horas y solo duró dos, pusieron en evidencia lo complicado que es desmantelar Fukushima  Daiichi; una tarea sin precedentes. Un experto no ha dudado en afirmar que el desmantelamiento “escapa a la comprensión humana”.

El 11 de marzo de 2011 la planta nuclear se convirtió en el escenario del peor accidente nuclear desde Chernobyl, después de que un terremoto de magnitud 9 y un tsunami sacudieran esa región de Japón. Se podrían necesitar entre 30 y 40 años para desmantalerla, y el ministro de industria y comercio de Japón ha calculado que los costes podrían superar los 178.000 millones de euros.

Esta cifra, que incluye las indemnizaciones que recibirán decenas de miles de personas que fueron evacuadas tras el accidente nuclear, prácticamente duplica la estimación realizada hace tres años.

Radioactividad para matar a una persona en un minuto

El tsunami mató a casi 19.000 personas; la mayoría de ellas en la zona de Fukushima. Unas 16.000 personas que vivían cerca de la central nuclear se vieron obligadas a abandonar sus hogares. Han pasado seis años y han sido pocas las que han podido volver a zonas que las autoridades consideran seguras.

Para Tepco está resultando casi imposible fabricar robots que sean capaces de entrar en las partes más peligrosas de los reactores de Fukushima Daiichi y permanecer el tiempo necesario para recabar información de valor. El escorpión, que se llama así porque lleva una cámara en su cola abatible, “murió” después de quedar encallado en un carril situado debajo del recipiente de presión del reactor. No pudo seguir porque los posos de combustible y otros desechos le bloquearon el paso.

Puede ser que este robot y otros anteriores también hayan sufrido los efectos de la radiación. Antes de perderse, su dosímetro indicaba que en el tanque de contención número 2 los niveles de radiación eran de 250 sieverts por hora; suficiente para matar a un humano en un minuto.

El responsable de la planta nuclear, Shunji Uchida, reconoce que Tepco ha conseguido una información “limitada” sobre el estado del combustible fundido. En declaraciones a the Guardian y a otros medios que visitaron la planta nuclear, explicó que “de momento solo hemos conseguido echar un vistazo y el último experimento con un robot no ha funcionado”.  Uchida admite que, por ahora, no tienen otro plan.

Problemas con los robots al margen, el trabajo de exploración en los otros dos reactores, cuyos niveles de radiación son incluso superiores al del reactor número 2, ni siquiera ha empezado. Los responsables de la planta quieren que un pequeño robot resistente al agua entre en el reactor número 1 en las próximas semanas, pero todavía no se ha fijado una fecha concreta para enviar a un robot al reactor número 3, que es el que está en peores condiciones.

Naohiro Masuda, presidente de la sección de desmantelamiento de Fukushima Daiichi, señala que quiere que se hagan nuevas investigaciones antes de decidir cómo sacar el combustible fundido.

A pesar de todos los contratiempos, Tepco, tras consultarlo este verano con las autoridades gubernamentales, ha insistido en que empezará a extraer todo el combustible nuclear fundido en el año 2021, cuando se cumpla una década del desastre.

El primer ministro japonés visita la central nuclear de Fukushima

Sin embargo, Shaun Burnie, un experto nuclear que trabaja para Greenpeace Alemania y que está radicado en Japón, afirma que la planta nuclear se enfrenta a un reto “sin precedentes y que prácticamente escapa a la comprensión humana”. También asegura que las fechas que se marcaron para el desmantelamiento “nunca han sido realistas ni creíbles”.

La última exploración fallida del reactor número 2 “no hace más que confirmar esta realidad”, indica Burnie. “sin una solución técnica de cómo lidiar con las unidades 1 y 3, se han centrado en la unidad dos porque es la que parece menos difícil. La mayor parte de la información que la empresa y el Gobierno han compartido con los medios de comunicación y con el público es mera especulación y un cúmulo de buenos deseos”.

“El calendario actual para la eliminación de cientos de toneladas de combustible nuclear fundido, cuya ubicación y condición todavía no están claras, se basó en el calendario fijado por el primer ministro [Shinzo] Abe en Tokio y por la industria nuclear, no se basan en los hechos objetivos recabados sobre el terreno ni la ingeniería de sonido o la ciencia”, indica el experto.

900.000 toneladas de agua contaminada

Shunichi Tanaka, presidente de la Agencia de Regulación Nuclear Japonesa, no parece compartir el optimismo de Tepco en lo relativo a respetar el calendario fijado para el desmantelamiento. “Todavía es demasiado pronto para hablar en estos términos tan optimistas”, afirma. “De momento, seguimos avanzando a oscuras”.

A simple vista, se han hecho muchos cambios en Fukushima Daiichi desde la anterior visita de the Guardian, que tuvo lugar hace cinco años.

Por aquel entonces, el sitio todavía estaba lleno de escombros. Las mangueras, las tuberías y los materiales de construcción cubrían el sitio, mientras que miles de trabajadores desafiaban los altos niveles de radiación para devolver el orden a la escena de un desastre nuclear.

Han pasado seis años y se han reforzado los edificios de los reactores dañados y ha sido posible sacar más de 1.300 conjuntos de combustibles gastados de la piscina de almacenamiento del reactor número 4. Han cubierto el suelo con un revestimiento especial para evitar que el agua de la lluvia se sume a los problemas de gestión de agua que ya tiene Tepco.

Los trabajadores que antes tenían que ponerse un equipo protector cuando se dirigían hacia Fukushima Daiichi ahora pueden llevar ropa ligera y máscaras quirúrgicas en muchas de las zonas de la planta nuclear. Los 6.000 trabajadores ya pueden comer un plato caliente y hacer turnos para descansar en una caseta que fue habilitada para este uso en 2015.

Sin embargo, cuando nos apartamos de la costa, las filas de tanques de acero son un recordatorio de uno de los principales enemigos de los esfuerzos de desmantelamiento: el agua contaminada. Los tanques frenan 900.000 toneladas de agua; una cantidad que pronto será de un millón de toneladas.

Las paredes subterráneas de hielo de Tepco, que en el pasado se creían indestructibles y cuya construcción superó los 200.000 euros anuales, no han conseguido hasta la fecha evitar que las aguas subterráneas entren en los sótanos de los reactores y se mezclen con el agua refrigerante radioactiva.

Yuichi Okamura, un portavoz de Tepco, reconoce que la estructura, que congela el suelo a una profundidad de 30 metros, todavía permite que a diario 150 toneladas de agua subterránea penetren en los sótanos del reactor [y se contaminen].

Se han mantenido abiertas expresamente cinco secciones para evitar que el agua de los sótanos de los reactores suba y se escape. “Tendremos que cerrar el muro de forma progresiva”, indica Okamura. “Nos gustaría que en abril el flujo de agua subterránea no superara las 100 toneladas diarias y nos gustaría haber conseguido eliminar el agua contaminada en 2020”.

Los más críticos con las tareas de desmantelamiento y de limpieza señalan que en 2020 Tokio será la ciudad anfitriona de los juegos olímpicos. Consiguió convertirse en la sede olímpica después de que Abe afirmara ante el Comité Olímpico Internacional que Fukushima estaba “bajo control”.

Mitsuhiko Tanaka, un exingeniero nuclear de Babcock-Hitachi, acusa a Abe y a otros altos cargos del Gobierno de haber minimizado la ardua tarea de desmantelamiento con el propósito de que el público apoye sus planes de volver a poner en funcionamiento los reactores nucleares en todo el país.

“ Abe dijo que Fukushima estaba bajo control cuando fue al extranjero a promocionar la candidatura de los Juegos Olímpicos, pero nunca ha hecho una afirmación parecida en Japón”, indica Tanaka. “En Japón todos podemos constatar que la situación no está bajo control”.

“ Si alguien del prestigio de Abe repite esta afirmación a menudo, se convierte en verdad”, lamenta Tanaka.

Guitarras y más guitarras…

Me gusta mucho el guitarreo de esta canción. Lo tengo metido en la cabeza…

Y ya que nos ponemos… Una banda que ha vuelto después de más de 10 años y que vuelven a sonar bastante bien:

Y otra de esas bandas que me ha acompañado los últimos 10 años: Anberlin que ya se han retirado. Una gran banda que no tuvo el éxito que merecían:

O la que para mí es la mejor canción de su carrera, Take me as you found me (déjame como me encontraste):

Y una de esas bandas “mainstream” para adolescentes pero que tienen alguna que otra joya como esta:

O esta, que es la que más me gusta de ellos:

 

Y sí, seguimos respirando (y seguiremos…):

¿Y si Clint Eastwood tuviera razón?

Impresionante artículo sobre la corrección política y la infantilización de la sociedad actual:

En la genial novela de de Philip Roth, La mancha humana, la vida del decano universitario Coleman Silk se desmorona tras interesarse por dos estudiantes que han faltado a todas sus clases, “¿Conoce alguien a estos alumnos? ¿Tienen existencia sólida o se han desvanecido como negro humo?” pregunta en el aula. Desgraciadamente para Coleman, uno de los aludidos resulta ser afroamericano y, cuando llega a sus oídos la pregunta, la interpreta como un ataque racista. Aunque no había ánimo ofensivo en sus palabras, puesto que jamás había visto al estudiante, Silk es acusado de racista, cesado como decano y despedido. Sin otra universidad dispuesta a contratarlo, su economía familiar se deteriora rápidamente. Padece el rechazo de la comunidad, el repudio de amigos y conocidos y, en el colmo de la desdicha, su esposa sufre una apoplejía a causa del estrés y fallece.

Numerosos profesores norteamericanos son censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado

Aunque el decano Silk sea un personaje de ficción, Philip Roth refleja las vivencias de infinidad de profesores norteamericanos censurados o expulsados de las universidades porque sus discursos, o siquiera sus apreciaciones, turbaban a un alumnado cada vez más sobreprotegido e infantilizado. Porque no se ajustaban a lo políticamente correcto.

¿Universidades o jardines de infancia?

Hace poco más de dos años, según realtó Judith Shulevitz, estudiantes de la Universidad de Brown organizaron un debate abierto sobre agresiones sexuales. Inmediatamente, otro grupo de alumnos, temeroso de que los intervinientes pudieran exponer ciertas ideas “negativas”, protestó ante la dirección argumentando que la universidad debía ser un “espacio seguro” donde nada avivara los traumas de las víctimas. Las autoridades académicas no cancelaron el acto, pero pusieron a disposición de los asistentes su propio “espacio seguro”: una sala contigua donde cualquiera pudiera acudir para recuperarse de algún punto de vista turbador, y, si se sentía con fuerzas, regresar al debate. La estancia estaba equipada con cuadernos para colorear, juegos de plastilina, cojines, música relajante, mantas, galletas, chicles, incluso un video en el que aparecían perritos jugando. También contaba con personal cualificado para atender posibles traumas. Cuando el evento finalizó, dos docenas de personas habían pasado por esta sala, una de las cuales explicó: “me sentía bombardeada por unos  puntos de vista que van en contra de mis creencias más íntimas”.

En otra ocasión, un profesor del Columbia College recomendó la visita a una interesante exposición de arte samurai japonés. Inmediatamente, uno de sus estudiantes protestó airadamente, tachando su sugerencia de políticamente incorrecta porque podía herir la sensibilidad de los alumnos chinos. Obviamente, la objeción era absurda; la invasión de China por el ejército imperial japonés había finalizado setenta años atrás. Sin embargo, para el estudiante el tiempo transcurrido era irrelevante. Siguiendo su lógica, el arte alemán ofendería en Francia, el francés en España por la invasión napoleónica, o el español en Flandes.

Larry Summers tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde se mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres

Otro caso llamativo es el del ex presidente de la Universidad de Harvard, el economista Larry Summers, que tuvo la desgraciada ocurrencia de defender teorías donde mostraba que el coeficiente de inteligencia de los hombres presenta una dispersión, una varianza mayor que el de las mujeres, planteando como hipótesis que este hecho podía influir en la asignación de puestos de trabajo en las escalas más altas y más bajas. Automáticamente fue acusado de machista y, tras una durísima campaña en su contra, Summers se vio obligado a dimitir en 2006.

Del oscurantismo a la ignorancia

El calvario de todos estos profesores ilustra la plaga de la corrección política, una moda que invade los campus universitarios del mundo desarrollado, constituyendo una asfixiante censura que, en no pocas ocasiones, provoca dramas absurdos perfectamente evitables. Lo peor, con todo, es que condena a la sociedad al oscurantismo, a la ignorancia. Al fin y al cabo, Summers sólo podría haberse ahorrado el calvario falseando las teorías, adaptándolas a la “realidad” de lo políticamente correcto o, sencillamente, renunciando a su exposición. Por su parte, el profesor de Columbia debería pensárselo dos veces antes de recomendar exposiciones de arte a sus alumnos puesto que todas, de alguna manera, herirán la sensibilidad de alguien. En cuanto a los estudiantes de la Universidad de Brown, para evitar sobresaltos tendrían que renunciar a organizar debates abiertos.

“La universidad no puede ser un ‘espacio seguro’. El que lo busque, que se vaya a casa y abrace a su osito de peluche” Richard Dawkins

El irresistible avance de la corrección política es una señal muy potente que nos advierte de la infantilización de la sociedad occidental, reflejada con pavorosa nitidez en su universidad, de donde precisamente proviene. Tanto despropósito llevó a Richard Dawkins, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Cardiff a advertir a sus estudiantes, con indisimulada indignación: “La universidad no puede ser un ‘espacio seguro’. El que lo busque, que se vaya a casa, abrace a su osito de peluche y se ponga el chupete hasta que se encuentre listo para volver. Los estudiantes que se ofenden por escuchar opiniones contraria a las suyas, quizá no estén preparados para venir a la universidad”.

La corrección política es producto de ese pensamiento infantil que cree que el monstruo desaparecerá con solo cerrar los ojos. Pero la maduración personal consiste justo en lo contrario, en descubrir que el mundo no es siempre bello ni bueno, en la toma de conciencia de que el mal existe, en llegar a aceptar y encajar la contrariedad, el sufrimiento. Y, por supuesto, en aprender a rebatir los criterios opuestos. En su esfuerzo por hacer sentir a todos los estudiantes cómodos y seguros, a salvo de cualquier potencial shock, las universidades están sacrificando la credibilidad y el rigor del discurso intelectual, remplazando la lógica por la emoción y la razón por la ignorancia. En definitiva, están impidiendo que sus alumnos maduren.

La trampa del “espacio seguro”

Cuando se designa unos espacios universitarios como seguros, implícitamente se está marcando otros como inseguros y, por lo tanto, tarde o temprano habrá que “asegurarlos”, hasta que cualquier opinión desconcertante quede prohibida en todo el campus. Y, si esto es válido para la universidad, ¿por qué no trasladarlo a la sociedad en su conjunto? Así, la represión se extiende como mancha de aceite, prohibiendo palabras, términos, actitudes, estableciendo una siniestra policía del pensamiento.

En la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del ‘establishment’ y de los grupos de presión mejor organizados

Desde el punto de vista conceptual, la corrección política es incongruente, cae por su propio peso. Dado que no todo el mundo opina igual ni posee la misma sensibilidad, no es posible separar con rigor lo que es ofensivo de lo que no lo es, establecer una frontera objetiva entre lo políticamente correcto y lo incorrecto. Hay personas que no se ofenden nunca; otras, sin embargo, tienen la sensibilidad a flor de piel. La ofensa no está en el emisor sino en el receptor, Así, en la práctica, es la autoridad quien acaba dictaminando lo que es políticamente correcto y lo que no. Y lo hace, naturalmente, a favor del establishment y de los grupos de presión mejor organizados.

La corrección política es una forma de censura, un intento de suprimir cualquier oposición al sistema. Y es además ineficaz para afrontar las cuestiones que pretende resolver: la injusticia, la discriminación, la maldad. No es más que un recurso típico de mentes superficiales que, ante la dificultad de abordar los problemas, la fatiga que implica transformar el mundo, optan por cambiar simplemente las palabras, por sustituir el cambio real por el lingüístico.

“Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan” W. E. B. Du Bois

Lo expresó de forma certera el defensor de los derechos civiles W. E. B. Du Bois en 1928. Tras ser recriminado por un joven exaltado por usar la palabra “negro”, Du Bois respondió: “Es un error juvenil confundir los nombres con las cosas. Las palabras son sólo signos convencionales para identificar objetos o hechos: son estos últimos los que cuentan. Hay personas que nos desprecian por ser negros; pero no van a despreciarnos menos por hacernos llamar ‘hombres de color’ o ‘afroamericanos’. No es el nombre… es el hecho”. En efecto, ni la discriminación, ni el racismo, ni cualquier otro problema, se resuelven por cambiar los nombres. Como mucho, se logra tranquilizar la mala conciencia de algunos.

Y el resultado es… Donald Trump

Hay mucha gente en el mundo, demasiada en España, que, al parecer, carece de la madurez emocional o de la capacidad intelectual para escuchar una opinión política que se aparte de sus convicciones sin considerarla un insulto personal. Al poner los sentimientos por encima de los hechos, de las razones, cualquier opinión válida puede ser desactivada tachándola de racista, sexista, discriminatoria. Puede que a estas personas la corrección política les haga sentirse más cómodos, pero a costa de instaurar la cultura del miedo en los demás. Clint Eastwood declaró: “Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la agarran con papel de fumar”. Aun así no era plenamente consciente del peligro que se avecinaba: tarde o temprano el virulento efecto péndulo invierte las magnitudes, la gente acaba hastiada de tanta censura, y como reacción… vota a Donald Trump.

Renunciar al libre discurso, al libre pensamiento, para evitar herir la sensibilidad de algunos es peor que estúpido: es peligroso porque pone en cuestión los principios de la democracia. Debemos ser respetuosos con todo el mundo, por supuesto. Pero también expresar con libertad nuestras ideas y argumentos. Si alguien se molesta, se rasga las vestiduras, es muy probable que esté mostrando su talante inmaduro, su carácter infantil e intolerante. Lo advirtió George Orwell en su novela 1984: “La libertad es el derecho de decir a la gente aquello que no quiere oír”.”

¿Y si Clint Eastwood tuviera razón?

Contra el desprecio del conocimiento

Recupero esta entrada atemporal porque me parece importante que se siga leyendo y no se pierda en el olvido.

Me identifico mucho con este artículo donde se refleja hacia donde “llevan” la educación actual tanto los políticos como el borreguismo imperante:

http://discursiones2.blogspot.com.es/2017/03/contra-el-desprecio-del-conocimiento.html

“¿Cómo conseguir que un alumno comprenda que nada gana con focalizar su energía adolescente en negar el aprendizaje que le propone la escuela?

Vivimos en un tiempo en el que el antiintelectualismo se ha infiltrado en todas las capas sociales, el conocimiento se banaliza y la persona instruida en cualquier saber debe disfrazarse coloquialmente de “friki” para poder sobrevivir en su entorno social. Solo deslumbra el que alcanza el éxito, aunque sea debido a la futilidad más absurda. Lo racional ha perdido de nuevo la batalla, no solo contra lo emocional sino también contra una frivolidad hedonista que provoca arcadas. Se desprecia sin tapujos cualquier amago de conocimiento demostrado, de dato contrastado o de opinión argumentada. No hace falta saber, dicen. Y llevan años intentando trasladar ese lema, propio de imbéciles, a la escuela. Se denuesta la “transmisión de conocimientos” (¡anatema!) cuando es la única manera de ser leales con las nuevas generaciones, para que maticen su arrogante (y natural) adanismo adolescente con la comprensión de una historia previa a su vidas donde se ofrecieron muchas posibles soluciones a muchas de las preguntas y desafíos intelectuales y vitales a las que ellos se han de enfrentar. No se trata de acotar esas soluciones sino de ampliar los horizontes de las posibles respuestas.

Potenciar la creatividad no puede convertirse en dilatar de manera dramática esa época de la infancia en la que se le aplaude de manera exagerada al niño cualquier actividad supuestamente artística u ocurrencia inesperada. Cuando para cada padre su hijo parece ser el más ingenioso, perspicaz y curioso de la manada. La enseñanza en la adolescencia nos obliga a hacerles comprender a los alumnos la importancia de conjugar el principio de realidad con el principio de deseo, desintoxicarles de equivocadas percepciones de esa realidad que hasta ahora, en muchos casos, ha estado supeditada a sus caprichos infantiles y permitirles conocer sus limitaciones para aprender a trabajar sobre ellas, para mejorar y avanzar en su formación académica e intelectual. Pero claro, todo eso es demasiado prosaico para muchos padres que convirtieron a sus hijos en neojuguetes emocionales durante demasiado tiempo, y no están preparados para ningún contratiempo, ni para que nadie les venga a decir que sus retoños no son esas lumbreras que ellos creyeron criar. Esos padres, las nuevas formas de ejercer la paternidad, los pijopadres de clase media y media alta se han convertido en una variable trascendente en la absurda deriva en la que está inmersa la educación en la actualidad. Su manera esencialista de entender la crianza se ha infiltrado sin solución en el debate educativo y cualquiera de sus absurdas reivindicaciones (como la ridícula y sonrojante campaña antideberes) encuentra rápidamente altavoces mediáticos financiados, en último lugar, por un sector privado ansioso por aumentar sus beneficios en el apetitoso ámbito de la educación reglada. ¿Quiénes son los que nunca aparecen en estos debates? Los padres de las clases populares. Cuyos hijos serían los verdaderamente perjudicados si estas distopías de perversa felicidad educativa se hiciesen realidad. Nadie los representa jamás en estos debates. Significativo.

Desde hace ya muchos años se identifica de manera deshonesta y artera “transmitir conocimiento” con una escuela decadente, del “siglo XIX“, mientras que “potenciar la creatividad” del alumno, aunque nadie sepa exactamente qué significa eso, ni qué resultado real se obtiene de ello, supone transitar hacia una luminosa modernidad, hacia un cambio de paradigma pedagógico. Es triste constatar el fracaso de muchos de los profesores que intentan aplicar, en la dureza diaria de las aulas, los delirios de los gurús pedagógicos habituales en las charlas TED. En las redes y en sus discursos se muestran como fanáticos defensores de esas nuevas pedagogías, tan creativas y tan empáticas. Presumen de minusvalorar aprendizajes concretos de sus materias para priorizar las clases-evento (algunos incluso fardan en los periódicos de comer sandías en sus clases como forma de provocar extrañamiento en sus alumnos), que después difunden de manera compulsiva por redes sociales para satisfacer su vanidad y reforzar posiciones en la tribu. Tras el espejismo suele aparecer la cruda realidad, cuando se enfrentan a la aspereza diaria del aula de la enseñanza pública, a grupos de alumnos no seleccionados, sin motivación intrínseca, sin intereses manifiestos, disruptivos no por naturaleza sino, en general, por un indecente determinismo socioeconómico (eso de lo que nunca les gusta hablar). Y demuestran su incapacidad docente. En el fondo como la de gran parte del resto de su compañeros profesores. Porque en el día a día del aula es tremendamente complicado hacerlo bien. Incapacidad para empatizar. Incapacidad para conseguir aprendizajes significativos. Incapacidad incluso para mantener en sus aulas un clima de convivencia aceptable. Incapaces. Inútiles en su labor. He sido compañero de algunos de estos profes-gurús. He sido testigo de cómo intentaban implantar en sus horas de tutoría un sucedáneo de mindfulness mientras los alumnos se reían a sus espaldas y contaban cómo se dormían en esas clases y se descojonaban de la influencia intelectual del profesor en cuestión. Nada más ridículo que su fracaso diario. Pero no por el propio fracaso (el éxito nunca dependió tan solo de ellos), sino por las pretensiones y el desdén hacia otras prácticas “menos innovadoras” implícitos en sus discursos. Porque el problema de planteamientos maximalistas como los que defienden es que el fracaso no se contempla, no es posible. Porque ellos son rompedores, dinámicos, cercanos, líderes, guías, innovadores. Ellos son ese tipo de docente que yo describo como “profesor onanista“: no dejan de hacer cursos, de “formarse”, de preparar “dinámicas”, actividades rompedoras… Solo tienen un problema, un obstáculo, un impedimento: la realidad. Sus alumnos, tras su clases, no muestran cambio significativo alguno. Y si finalmente su labor impacta de alguna manera en ellos habría que delimitar si ello depende de sus técnicas pedagógicas o de su carisma. Y qué jodido resultaría tener que constatar que esa influencia, la del carácter, es lo trascendente. Porque echaría por tierra la construcción del nuevo imaginario pedagógico.
Durante lo últimos tiempos asistimos a una anómala y extraordinaria difusión mediática de todo tipo de prácticas pedagógicas alternativas que rozan el delirio. Un ejemplo de ellos es la de serie de artículos que la periodista Ana Torres Menárguez publica en El País bajo el paraguas de “innovación educativa” y que, curiosamente (no es casualidad, seguro) se publican en la sección de Economía del diario. En ellos podemos encontrar lo que, en un primer momento, podemos considerar tan solo insensateces sin valor a las que nadie medianamente racional podría hacer mucho caso: “El profesor del siglo XXI tiene que enseñar lo que no sabe“; “el profesor ya no tiene valor como transmisor de información. Ahora lo que tiene que hacer es diseñar nuevas experiencias de aprendizaje“; “en la escuela se aprende a través de la memorización, sin pensar“. Prácticamente cada día aparece un nuevo sabio dispuesto a aportarnos luz (difusa). Este en el ABC: “el conocimiento en Lengua, Matemáticas, Ciencias y Humanidades está en Internet, los jóvenes tienen que hacer cosas prácticas en el colegio“. El primer impulso del que conoce la educación desde dentro, desde las aulas de la educación obligatoria, es desdeñar afirmaciones idiotas como las anteriores. El primer impulso es la risa incrédula. Pero deberíamos andar con cuidado porque detrás de la proliferación de críticas a la docencia realista y pragmática que tiene resultados (por supuesto mejorables) y ha permitido posibilidades de futuro a miles de alumnos no se intuye un intento de mejora de lo existente sino su sustitución por ensoñaciones intelectualmente propias del pensamiento mágico que, en el fondo, enmascaran el último intento del sector privado por dirigir y capitalizar la “modernización” pedagógica de nuestras aulas y nuestros profesores.
Yo soy profesor de la ESO y Bachillerato. Nunca seré uno de esos grandes profesores que promociona la Fundación Atresmedia. Afortunadamente. Tampoco hago videos de Youtube. Considero lo del flipped classroom una extraordinaria memez que en muchos caso provoca vergüenza ajena y que en todo caso aleja al alumno del elemento clave de la enseñanza presencial: la posibilidad de interpelar directamente a su profesor cuando no se comprende algo. Creo que el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) puede resultar útil para aprendizajes concretos pero resultan evidentes sus limitaciones para una formación profunda y reflexiva por el tiempo disponible para cada materia. Es clave entender que no existen soluciones mágicas en esto de la educación pero que, por supuesto, no se puede desdeñar el uso de nuevas estrategias de aprendizaje si resultan útiles, provengan de la corriente pedagógica que provengan. No conozco un solo profesor al que le preocupe su profesión que no modifique cada año sus clases buscando nuevas maneras de llegar a sus alumnos. Pero en estos tiempos oscuros resulta fundamental posicionarse y defender con enorme firmeza la importancia de los contenidos. Se está transmitiendo en la actualidad un absurdo y peligroso desprecio por la adquisición de conocimientos. Y en esa trinchera nadie me encontrará jamás. Yo doy clases. A la vieja usanza. Y transmito conocimientos (¡anatema!). Doy “clases magistrales” (bueno, ya me gustaría que fueran magistrales). Y lo haga mejor o peor soy consciente cada día de que es inevitable cierto nivel de fracaso. Porque yo fracaso. Todos los días. Desde hace años. Desde que empecé a dar clases. Incluso aunque las clases funcionen. Siempre hay algunos alumnos que se perderán por el camino. Que no entienden que aprender implica motivación y emoción, sí. Pero también esfuerzo. Y constancia. Pero es que, además de lo que hagamos mis alumnos y yo, también existe el contexto socioeconómico y familiar en el que se desarrolla la vida del alumno. Y ese factor tiene una importancia esencial, acrecentada por los recortes, los aumentos de ratios y las segregación sociológica que provocan programas como el bilingüismo en Madrid. Porque el fracaso educativo es una realidad que no va a desaparecer. Pero no afecta a todos por igual. No afecta por igual a los hijos de la clase media que a los hijos de las clases populares. Y no es casualidad. Y esa es la lucha a la que yo he decidido dedicar mi vida laboral. No soy un mercenario ni tampoco me considero tan solo un profesional de la educación pública. Si hacen bien su trabajo entiendo a los primeros y respeto a los segundos. El cementario educativo está repleto de bobaliconas vocaciones sentimentalmente equivocadas.  Yo soy un convencido. Un entusiasta. Creo realmente en la importancia de mi labor, a pequeña escala, en la vida de los cientos de adolescentes a los que ya di clases. Cada loco con su tema.

Espero que mis alumnos, en el futuro, me recuerden con cariño. Que consideren que siempre los respeté y que siempre estuve ahí para ayudarles en su formación. Me obsesiona eso. Que sean conscientes de que les enseñé lo que tenían que saber en ese momento de su formación. Pero sobre todo espero que me recuerden por haberles transmitido la necesidad de aprender conocimientos, de saber muchas cosas, de muchas materias (no solo de la mía), de estar atentos a la realidad, de no dejarse seducir por los atajos. Porque solo con información y el conocimientos de voces diferentes y datos contrastados se puede desarrollar un pensamiento crítico. Lo demás es una enorme mentira disfrazada de buenas intenciones.”

 

 

Esto es lo que te metes con una raya de coca

http://www.elmundo.es/sociedad/2017/02/28/58b41634e2704e2c178b4575.html

El dueño de un laboratorio de base de coca en Colombia muestra durante una semana el proceso de elaboración de la droga

EL MUNDO presencia en directo cómo produce más de siete kilos de base “de muy buena calidad”

Lo hemos visto mil veces en las películas. Un mafioso prueba, con la punta de la lengua, un poco de cocaína del cargamento que está a punto de comprar. “Muy pura”, sentencia con sonrisa burlona. Idéntica alabanza repiten sus clientes al aspirarla por la nariz. “Muy pura”, y se relamen con gula.

Pregunto al dueño de un laboratorio de base de coca y a sus dos jornaleros si en alguna ocasión la han consumido. Me miran perplejos, pasean los ojos por el rudimentario recinto donde trabajan y con una mueca de repugnancia responden casi al unísono: “Nunca; nosotros sabemos cómo es la vaina”.

Me permiten acompañarlos la semana que tardan en transformar 264 arrobas de hojas de coca, verdes, blandas y frescas, en 7.292 kilos de una sustancia con textura de lascas blancas. “La droga es lo más malo que hay, acaba con las familias”, alega el propietario del laboratorio, situado en la zona rural del corregimiento Sinaí, municipio de Argelia, al sur del Cauca. “Puede tomar fotos y grabar para que la gente conozca cómo es que se prepara esta vaina”. Pero nada de rostros que los identifique, ni nombres. Le llamo Daniel.

Antes de empezar, hay que apuntar algo obvio: la base es sólo la fase inicial. Daniel la venderá a un comprador, que, a su vez, la llevará al “cristalizadero” para que, a golpe de más químicos, la convierta en polvo fino. Después, en el lugar de destino, tanto en Colombia como el exterior, le darán el último toque: a la cocaína le meten cal, talco u otro producto para duplicar el volumen y las consiguientes ganancias.

A pesar de su rechazo hacia los estupefacientes, Daniel, un campesino nativo de la región que aprendió a producir base de coca a costa de fijarse en lo que hacían otros, me propone convertirme en su socia para ampliar el negocio. Son buenos tiempos para los cocaleros, argumenta. En regiones como la suya, de dominio guerrillero, el Gobierno ha detenido la erradicación y eso hay que aprovecharlo. Pero necesita un inversor que aporte unos 50 millones para levantar otro laboratorio en una finca de su familia. “Preguntaré a mi periódico si me lo permite, aunque no creo que les guste”, le respondo. Pensó que rechazaría la oferta y lo lamenta: “Una pena, porque es una buena oportunidad”.

Hablar de laboratorio resulta pretencioso para un cambuche destartalado y sucio, sujeto con palos, con suelo de cemento, techumbre de plástico y un montón de canecas ennegrecidas y viejas.

El lunes por la mañana, Daniel y sus dos ayudantes, a quienes paga 50.000 pesos diarios, pesan las hojas, las pican en una trituradora, las esparcen sobre el concreto y espolvorean cal viva y Nutrimón, un abono que ayuda a quemarlas. “Lo recomendado son 10 kilos de cal viva y cuatro tazas de Nutrimón para 25 arrobas”, precisa Daniel. Hay quienes prefieren el cemento a la cal, como he visto en el Catatumbo y en Nariño, y el resultado es el mismo.

Después las pisan con sus botas de caucho hasta formar un engrudo que echan a las canecas. Lo maceran con gasolina nueva y lo revuelven con palos. Exprimen varias veces la mezcolanza y el resultado es un líquido espeso que introducen en otra caneca. Al cóctel le agregan ácido sulfúrico y agua. “El mismo ácido que echan en las ciudades a la cara de las mujeres se lo echamos a la coca”, apunta.

En cada operación tardan horas. Es un trabajo intenso pero tranquilo, y dejan reposar cada mezcla un buen rato. Trabajan hasta el atardecer y reanudan la labor sobre las 7.00 horas de la mañana.

Uno de los ingredientes esenciales es el permanganato de potasio o perga, nombre familiar que usan. Lo recomendable es utilizar guantes y gafas especiales para manipularlo, al igual que con los demás químicos que emplean, pero ni se lo plantean. “Tenemos cuidado”, aseguran.

La cantidad empleada para las mezclas depende del tipo de mata y de hoja. Daniel explica que, si le añade más de la cuenta, se echa a perder. “A la pinguana, que es la mata de mejor calidad, se le echa menos perga; la boliviana, la más común, requiere más, igual que la pajarita (la de bolitas rojas), la más resistente de todas”, puntualiza. “Hay que tener cuidado porque, si nos venden hoja biche (verde aún), rinde bajo y uno puede perder mucha plata”, dice. “Y no vuelvo a comprarle a ese cultivador”.

En distintos momentos, también disuelven sosa cáustica y acetona. Gracias a que el laboratorio carece de paredes y durante las jornadas corre una ligera brisa, se puede respirar. La mayoría de productos y mezclas son muy tóxicas.

Los días transcurren filtrando líquidos y añadiendo distintos químicos, incluidas buenas dosis de bicarbonato de sodio que todo lo blanquea, hasta obtener la mercancía, una masa blanca que termina pareciéndose al queso que elaboran los campesinos.

En ese momento, Daniel analiza el resultado y pronostica satisfecho que “será bastante” cantidad. Sólo falta conocer la calidad.

El penúltimo día, viernes, nos desplazamos en moto a casa de Daniel, situada en un caserío cercano. Es una vivienda sencilla, con un patio amplio. En el fogón en el que preparan el almuerzo ponen una olla grande y ahí cuecen la mercancía para que evapore el agua. En otro recipiente de plástico negro, vierten el contenido de la olla. Repiten varias veces la operación. Al terminar, Daniel se encomienda a Dios. Solo queda dejarla secar toda la noche y confiar “en que rinda unos siete kilos de excelente calidad”.

El sábado madruga para comprobar el resultado. No puede sentirse más feliz. “Tuvimos suerte”, me dice. “Han salido siete kilos y 292 gramos de base de muy buena calidad. Si no, no te la compran o te la pagan mal”.

Confía en recibir 1.850.000 pesos por kilo. “Pero hay que pagar las hojas, los jornales, los abonos y los químicos, que han subido mucho”, se queja. Y la vacuna, le susurro. “Es poca la ganancia, no es como hace años”, asegura.

Procesa unas 100.000 arrobas cada tres meses; su laboratorio no tiene capacidad para más y tampoco cuenta con fondos suficientes. De ahí que pretenda crecer si encuentra socio.

Lo que queda de las hojas machacadas es un magnífico “abono para los cultivos de coca y maíz”, indica, aunque no vi un sembrado de nada distinto a la famosa mata. “Si se acaba la coca, mi pensamiento es sembrar frijol y maíz”, afirma poco convencido. “Lo que pasa es que uno ya se pegó a esto. Llevo unos 30 años en la coca y es difícil cambiar. Y mientras haya consumo, habrá quien la produzca”.