¡No compres lotería, imbécil!

Una vez al año el telediario, como excepción, deja de relatar tragedias para enseñar a personas felices saltando, llorando y brindando con champagne, contando los planes tan estupendos que tienen para su futuro inmediato.
No os creáis nada, es un anuncio.

Como boletín oficial del régimen, al telediario le toca la fácil tarea de vender uno de los filones del Estado: la lotería, también conocida como el impuesto de los tontos.

El año pasado unos caricaturescos famosos variopintos te vendían tu décimo de una manera surrealista. Algún niño todavía tiene pesadillas al imaginarse la campanilla de Raphael saliendo del televisor. Este año han apelado al miedo más directamente.
El mensaje es claro “El día que dejes de malgastar tu dinero en lotería puede tocar ese número, que te conoces de memoria por que llevas años echándolo, y todos se reirán mientras tú lloras”. Quieren que olvides todos los años en los que te has pasado horas viendo como los demás reían y tu te lamentabas de haber tirado a la basura, como poco, 20€ una vez más.
Y es que el miedo, la envidia y las promesas irreales son las mejores y más conocidas tácticas para vender.
Un año más millones de personas olvidarán sus necesidades y tirarán 20€ en una promesa vacía. Se ilusionarán durante meses, harán planes de en qué lo van a gastar, prometerán que cuando les toque la lotería harán esto y lo otro y el día que su décimo no salga premiado volverán a la amargura de no ser capaces de controlar su destino, quizá con la vista puesta en el siguiente sorteo, aplazando su ilusión, aplazando su vida.
Y es que si eliges dejar tu suerte en manos del azar, ya estás eligiendo perder.

No te voy a aburrir diciéndote que tienes más probabilidades de que te caiga un rayo a que te toque la lotería y que por mucho que conozcas a un vecino que tiene un primo cuyo amigo de la infancia le tocaron 10 millones de pesetas en 1991, ese no va a ser tu caso, pero quiero que te plantees qué quieres hacer con tu vida y quién quieres que la decida.
La suerte no se echa, no está en un papel que emite el Estado para que pagues más impuestos, no está en una tragaperras que pone el dueño del bar para ganar más dinero con tus impulsos irracionales, no está en apuestas emocionales e imprevisibles sobre tu equipo favorito… La suerte tienes que perseguirla y ganártela. Crea situaciones en las que puedas tener suerte ¡Sal a buscarla!

Olvídate de dar el pelotazo, el dinero que no te cuesta ganar tampoco te costará nada perderlo y es muy probable que acabes peor de lo que estabas. Por eso deseo que jamás te toque la lotería, por eso me encantaría que jamás la vuelvas a echar.

Afronta tu destino, cumple los sueños que siempre has querido cumplir, deja de poner el dinero de excusa para no ser feliz. Para lo que sí que no tienes que tener dinero es para tirarlo en comprar un papel, ni aunque te sobre.

Recordad que estamos en noviembre (por mucho que quieran adelantar la navidad cada vez más), mentalizaos para 2 meses de bombardeo publicitario sobre cosas que no necesitáis, que nos os van a servir para nada y no os dejéis llevar por impulsos. Meditad cada compra y haced memoria de los mejores momentos de vuestra vida: ninguno de ellos se compró con dinero.

http://librosquecambiaronmivida.com/2014/11/13/no-compres-loteria-imbecil/

 

Aunque a mí me gustaban más las parodias que se hicieron del anuncio:

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CIENTÍFICO DE LA NASA DICE QUE PRONTO SE COMPROBARÁ QUE VIVIMOS EN UNA SIMULACIÓN INFORMÁTICA

http://pijamasurf.com/2016/10/cientifico_de_la_nasa_dice_que_pronto_se_probara_que_vivimos_en_una_simulacion_informatica/

Tras el vivir y el soñar,
está lo que más importa:
despertar.

-Antonio Machado

 

¿Para qué estamos vivos? Para despertar. En esto coinciden el Buda, Antonio Machado y una nueva ola de científicos y CEOs de importantes compañías de tecnología. La reencarnación de las ideas del samsara y del māyā es para nuestra generación la Matrix y más recientemente la hipótesis de la simulación de Nick Bostrom, que parece estar ganando tracción entre científicos y multimillonarios por igual. El mundo en que el vivimos no es real. O es real, pero sólo una vez que hemos descubierto que es una ilusión y entonces podemos recrearlo o apagarlo.

El argumento de Bostrom es básicamente el siguiente. Una civilización post-humana, es decir que ha alcanzado una subsistencia que no depende de la biología, como por ejemplo descargando su conciencia en una computadora, tendría necesariamente que haber alcanzado un enorme poder de computación (una teoría menciona las famosas esferas de Dyson como fuente de poder). Este poder de computación sería suficiente para simular entornos de realidad de alta fidelidad capaces de hacerse pasar por reales (algo así como los escenarios de The Truman Show). Bostrom señala que si sólo un pequeño porcentaje de estas civilizaciones posthumanas fuera a correr “simulaciones ancestrales”, es decir simulaciones de alta fidelidad de vida ancestral, esto haría que la simulación fuera indistinguible de la realidad para el ancestro simulado. Ya que no hay límite para las simulaciones que puede hacer una civilización post-humana, entonces deberían de existir una mayor cantidad de ancestros simulados que ancestros actuales que están realizando las simulaciones. Hay que decir que Bostrom sólo considera que esto es relativamente probable, lo cual estaría definido por la fracción de civilizaciones que logran llegar a un estado post-humano y la fracción de civilizaciones post-humanas que están interesadas en generar estas simulaciones de ancestros. Si pudiéramos decir que estas fracciones son altas entonces sería muy probable que fuéramos SIMS (seres simulados). Los científicos que se inclinan a pensar afirmativamente en este caso hacen referencia a que es muy probable que vivamos en un universo infinito, por lo cual es también muy probable que existan una enorme cantidad de civilizaciones post-humanas y de todos tipos, más allá de lo que podemos imaginar.

Hace unos meses el CEO de Tesla Elon Musk explicó por qué le parece sumamente probable que vivamos en una simulación o, en sus propias palabras, que existamos como personajes dentro de un videojuego (esto es lo que pasa cuando los techies van a Burning Man y toman psicodélicos). Musk argumentó que la tendencia exponencial con la que avanza nuestra tecnología es una señal de que en el futuro podremos crear simulaciones indistinguibles de la realidad. Ya que vivimos en un universo de una vastedad inconmensurable, es simplemente muy probable entonces que alguien antes que nosotros haya llegado ya a este punto crítico y haya experimentado simulando un universo. De alguna manera, simular universos sería la evolución lógica de una civilización tecnológicamente avanzada.

Si asumes cualquier tipo de proporción de incremento, entonces los juegos se volverán indistinguibles de la realidad, incluso si este ritmo de aumento cae a una proporción de mil veces menos de lo que avanza actualmente. Por ejemplo, imaginemos cómo sería en unos 10 mil años, que no son nada en términos evolutivos.

Así que, dado el hecho de que estamos en una clara trayectoria hacia diseñar juegos indistinguibles de la realidad, y esos juegos pueden jugarse en cualquier consola o PC o lo que sea, y debería haber miles de millones de estos aparatos, de aquí podríamos deducir que las probabilidades de que existamos en una realidad base [en un mundo no-simulado] son uno en miles de millones. ¿Díganme si encuentran algún error a este argumento?

De hecho deberíamos tener esperanzas de que esto sea verdad, ya que si una civilización deja de avanzar, esto debe ser el resultado de alguna calamidad que borra la civilización… o crearemos simulaciones indistinguibles de la realidad o las civilizaciones dejarán de existir. No es muy probable que simplemente entremos en una estasis de millones de años.

Un reciente converso al argumento de la simulación es el científico del Jet Propulsion Lab de la NASA, Rick Terrile. Según le dijo Terrile a The Guardian:

Si uno progresa al ritmo actual de la tecnología en algunas décadas seremos una sociedad en la que entidades artificiales viviendo en simulaciones serán más abundante que los seres humanos… Si en el futuro hay más personas digitales viviendo en ambientes simulados de los que hay hoy, entonces, ¿cómo podemos decir que no somos ya parte de una [simulación]?.

Algunos físicos incluso mantienen que el universo a pequeñísima escala no está compuesto por átomos, está compuesto de bits de información y que la realidad puede pixelarse. “Si uno mira las entrañas del Universo -(a estructura de la materia en su escala más pequeña) se da cuenta de que no son más que bits realizando operaciones digitales locales”, dice el físico Seth Lloyd.

Terrile considera que no estar viviendo en una simulación sería muy poco probable y que, de hecho, esta idea será en el futuro similar a la revolución copernicana (el descubrimiento, que hoy nos parece tan evidente, de que la Tierra gira alrededor del Sol). Y responde a la pregunta de los 64 mil bits (sobre quién programó la simulación) diciendo: “nosotros mismos en el futuro” hemos creado la simulación.

El físico Max Tegmark, famoso por su visión platónica de las matemáticas como entidades preexistentes al universo manifiesto, no está del todo convencido. Según Tegmark, si bien lógicamente es posible que vivamos en una simulación, las probabilidades no son tan altas como creen Musk o Terrile. “Para poder hacer el argumento, en primer lugar necesitamos saber cuáles son las leyes fundamentales de la física en el lugar donde las simulaciones están siendo realizadas. Y si estamos en una simulación no tenemos una pista verdadera de cuáles son las leyes de la física. Lo que enseño en MIT serían leyes de física simuladas”.

El argumento de Terrile se apoya en otra noción que aparece en el centro de la discusión científica contemporánea. “Por décadas [dentro de la física cuántica]… los científicos han intentado eliminar la noción de que necesitamos un observador consciente. La solución verdadera podría ser que necesitamos una entidad consciente como el jugador consciente de un videojuego”. La interacción del jugador con el juego explicaría, según Terrile, el problema de la medición en la física cuántica o la aparente afectación que se presenta a partir del acto de observar un fenómeno.

Terrile delata su entusiasmo y señala que la hipótesis de la simulación es sumamente optimista, ya que provee un marco para nuestra continuidad sin la necesidad de una soteriología trascendente. Eventualmente, nosotros podremos simular universos. “Tendremos los poderes de mente y materia para crear cualquier cosa que queramos y podremos ocupar esos mundos”.

Antecedentes de la idea de la simulación

Aunque estas ideas parecen radicales e innovadoras no lo son tanto. Los filósofos védicos y post-védicos tenían el concepto de māyā; los budistas la noción del samsara; Platón consideraba que este mundo era la sombra o copia de un mundo real superior (el mundo de las formas) y los gnósticos literalmente consideraban que este mundo era la simulación o copia de menos calidad de la creación divina, hecha por un demiurgo o un grupo de demiurgos (algo que a veces se conoce como “stereoma“, la realidad virtual diseñada por los Arcontes).

Si bien en el budismo el samsara no tiene un inicio ni un final, no es un programa que se haya echado a andar en algún momento o por algún programador, sí manifiesta ciertas leyes (como el tiempo y el karma) que existen solamente mientras uno no ha despertado y descubierto que el mundo es una ilusión (ocurre como en el sueño que cuando sabemos que estamos soñando podemos volar y atravesar paredes sin ningún problema). Incluso en algunas descripciones de cosmología budista se habla de que nuestro mundo fue manifestado (diseñado de alguna forma) por la intención de seres de otro mundo, los Abhasvara.

Quizás saber bien a bien (con todo nuestro código, por usar una metáfora informática) que vivimos en una simulación sea lo mismo que lo que los budistas llaman el bodhicitta absoluto, esto es la mente del despertar absoluto, la cual justamente está ligada a la sabiduría de que el mundo es una ilusión, está vacío, no existen los objetos, ni un yo independiente que los perciba. Y estas simulaciones podrían ser como las “tierras puras” o campos búdicos que generan algunos bodhisattvas en el budismo mahayana, la más famosa de ellas, Sukhavati (la tierra pura del buda Amitabha). En ese caso estas simulaciones budistas (que son paraísos para el cultivo del dharma) no son generadas con el poder de computación que se encuentra en la materia sino con la conciencia compasiva, con la más pura intención de liberar a todos los seres de la ilusión. Y el Buda mismo, según enseña el budismo mahayana, no es más que una forma habilidosa, una especie de programa holográfico que se manifiesta conforme a las necesidades de los usuarios atrapados dentro del juego, para mostrarles que el ilusorio mundo del sufrimiento puede cesar. El Buda, como Morpheus en Matrix, sólo puede mostrar el camino, ofrecer la medicina, pero todas las personas tienen que tomar por su propia cuenta la medicina, recorrer el camino y despertar por su propio mérito. La metáfora de salir la Matrix es muy parecido a descubrir el māyā o despertar al nirvana que siempre ha existido debajo de la ilusión del samsara, esta es la resonancia arquetípica que ha hecho la saga de los Wachowski tan popular.

Una importante diferencia entre las concepciones antiguas del mundo como ilusión –ya sea el māyā védico o el samsara budista– y la noción moderna de existir dentro de un programa informático, es que para el vedanta o para el budismo, la ilusión persiste solamente hasta que persiste la ignorancia de la realidad, sólo mientras la percepción está oscurecida y no puede ver la verdad. Vivimos en una ilusión, el mundo sólido, separado, finito, etcétera, no existe, pero tampoco existe una limitante trascendente y una diferencia entre el programa o los jugadores del programa y el programador. Por lo cual en realidad somos libres y paradójicamente darse cuenta que el mundo es una ilusión –un sueño, un programa informático–, lo cual es el requisito para despertar, aniquila al mismo programa, hace que la ilusión en realidad nunca haya existido. Los budas sólo ven Buda, para ellos toda la realidad está iluminada.

A quienes estén interesados en seguir este hilo entre el budismo y la simulación informática, recomendamos mucho escuchar este podcast, en el que el profesor Robert Thurman (el papá de Uma, amigo íntimo del Dalái Lama y experto en budismo tibetano) explica algunas similitudes entre la película The Matrix y el budismo, particularmente la capacidad de multiplicarse y existir en diferentes partes al mismo tiempo que tiene el Buda y que muestra Neo (al igual que el agente Smith) en una de las secuelas, esto, un poder que se desdobla una vez que se ha entendido cómo funciona la estructura de la Matrix. Descubrir la ilusión, el māyā, es hacer de la existencia un juego mágico de infinitas posibilidades.

Recientemente una investigación científica ha encontrado que la realidad es una alucinación generada por el cerebro

Twitter del autor: @alepholo

 

Otro comentario…

…más sobre la universidad actual:

En este tipo de hilos entre los FPeros que se dedican a echar mierda sobre los licenciados, y los licenciados frustrados, siempre acaba en una discusión estéril y los mantras de siempre.

Hay un post que ha dado bastante en el clavo: la Universidad tiene un objetivo en particular, y es proporcionar conocimiento del más alto nivel, luego ya para que lo utilices o puedas o quieras utilizar es cosa tuya.

El gran problema que tiene la universidad desde los 70 hasta hoy es el debate de si debe ir más hacia lo “ideal”, es decir tirar hacia la teoría y la investigación, hacia lo práctico y ser como una FP de alto nivel, o hacia la visión clásica y ser muy restrictiva para actuar como “filtro” de ciertas profesiones.

Y en mi opinión, desde hace ya muchos años se está tirando hacia la segunda, que es sin duda la peor de las tres. Por mucho que os joda a muchos, la universidad debe proporcionar conocimiento teórico de alto nivel (y práctico, en la “empresa, gñé” que tanto adoráis algunos la mayoría de veces no se usan aparatos ni la mitad de sofisticados, al menos en STEM). No es por nada, pero la gran mayoría de universidades de élite/o simplemente buenas universidades de la mayoría de países las carreras suelen tener un contenido teórico muy acentuado(y en países ser de luz, bastante más que en España).

Aquí el problema también es del alumnado: al hacer masiva este tipo de educación, se han encontrado con que la inmensa mayoría de gente lo que quiere es un título para currar, con lo que al encontrarse con lo que realmente es, se dan la hostia con la realidad. Muy, muy pocos alumnos realmente tienen interés por lo que estudian y están allí para aprobar y punto (incluso entre los que mejores notas sacan, de hecho en este colectivo suelen ser mayoría).

Ahora, en parte por culpa de todas, empresas, las instituciones…y el alumnado, la han convertido en una FP de alto nivel, encima al estar masificada, y la ultra-especialización del trabajo, ha diluido las diferencias con tras vías educativas casi por completo. Y con esto sólo gana la casta generando curritos intercambiables a porrones.

Además, tanto la estructura como los planes de estudio (esto en España) se han quedado anquilosados, hay poca actualización en general y encima, al reducirse mucho la formación básica (esto ha sido un error TREMENDO sobre todo en STEM) la ha acabado por convertir en una agencia de empleo de alto copete.

La única excepción a la regla, y en parte la consecuencia de por qué ha sucedido esto, es la medicina, que tiene un componente FP bastante alto, y ha sido y es el modelo y la carrera sobre la cual ha orbitado la educación superior. Pero la estructura y las reglas de esta titulación no se pueden aplicar al resto, las ciencias de la salud son un caso aparte no comparable a Física/Mates/Química/Ingeniería y todas las de letras. Además, en ésta ayuda mucho los numerus clausus.

Por lo que respecta a los supermillonarios sin título ya lo han dicho otros aquí, uno o dos sobre millones no se pueden hacer regla, y hay mayor probabilidad de hacer pasta a más estudios se tienen salvo excepciones.

Y otra cosa que da bastante asco es cómo se promociona los nerds y teens startuperos, fomentándolo como modelo a seguir, que ha provocado que una legión de memos se jueguen la pasta y sacrifiquen su tiempo en un sector donde, y esto lo digo por conocimiento de causa, lo único que se necesitan son tres cosas, independientemente de lo brillante de tu idea: CONTACTOS, CONTACTOS Y CONTACTOS. 
Conozco gente que tuvo buenas ideas y que se lo curró, que fracasó estrepitosamente a la hora de conseguir inversión, y otro que con contactos de papi y los papis de los colegas, lleva años viviendo de esto con ideas a cada cual más mema.

¿Y si los quioscos dejaran de vender ‘El País’ y ‘El Mundo’ antes de lo que usted piensa?

Rotativa del Grupo Henneo, el séptimo por volumen de facturación en España

Pocas cosas son tan traicioneras como la falsa creencia en que uno es más poderoso de lo que realmente es. Los editores de prensa deben conocer bien esa sensación.

Hace unas semanas, un grupo de directivos de periódicos viajó a Estados Unidos para observar lo que se mueve en las sedes de Facebook yGoogle; y en alguna que otra redacción. La expedición eligió como destino un país en el que Donald Trump ganó las elecciones con una gran parte de los medios de comunicación en su contra. Es decir, un lugar en el que se certificó que las empresas periodísticas tienen actualmente una menor influencia sobre la opinión pública que algunos de sus nuevos competidores. Sus responsables son conscientes de esta circunstancia o, al menos, la intuyen. Como en ocasiones precedentes, reconocerán demasiado tarde que tienen un grave problema.

Los editores de prensa cruzaron el Atlántico porque están desconcertados ante el chaparrón que cae desde hace un tiempo sobre sus negocios. La revolución digital vino acompañada de nuevas oportunidades, pero incluía una trampa oculta que ha roto sus esquemas: en internet, obtener ingresos cuesta Dios y ayuda. Entre otras cosas, porque existe una mayor competencia, tanto de medios de comunicación como de plataformas sociales y empresas del sector del entretenimiento.

Los periódicos tradicionales compiten actualmente con un nutrido grupo de diarios digitales que se llevan una parte significativa de la inversión publicitaria. También con otros rivales, más fuertes y presentes en decenas de países, a los que los anunciantes destinan importantes cantidades de dinero. No es un porcentaje menor. En 10 años, la inversión en medios ha mermado un 40%.

Según Zenith, en 2016 sólo Google y Facebook acapararon el 20% del dinero que desembolsaron las empresas para publicitarse. Ese porcentaje fue 9 puntos mayor que en 2012.

El frenazo en internet

Hasta ahora, la evolución de los negocios digitales de las principales empresas de prensa invitaba al optimismo. El producto escrito se desangraba y las ediciones en internet no obtenían los ingresos suficientes para compensar esas pérdidas, pero al menos existía la esperanza de que, a medio plazo, la balanza podría equilibrarse.

El problema es que el negocio en la Red ha aumentado últimamente a un ritmo mucho menor, lo que ha causado cierta inquietud en los grupos mediáticos. Entre enero y septiembre, en la división de prensa de Prisa se incrementó el 3,3%, mientras que en Vocento, el 2%. Fuentes de los editores reconocen que existe preocupación por la ralentización del crecimiento en internet, aunque niegan que todavía sea motivo de alarma.

Sobre la salud del papel, los datos hablan por sí solos. En 2007, la prensa empleó 848.000 toneladas de papel, mientras que, 2015, 294.000, según los datos del Libro Blanco de la patronal del sector (AMI). En este tiempo, una buena parte de estos medios ha clausurado sus rotativas o externalizado el servicio. La última noticia a este respecto se publicaba esta semana –la adelantaba El Español-: Prisa y Vocento llegaban a un acuerdo para que El PaísAs y Cinco Días se impriman a partir de ahora en las rotativas de la editora de ABC. De aquí también saldrá una parte de la tirada de La VanguardiaMundo Deportivo y La Voz de Galicia.

https://e.infogram.com/consumo_de_papel_en_prensa?src=embed

La crisis de este sector ha repercutido en sus distribuidores. Mientras en 2010 existían en España 28.089 puntos de venta de prensa, a finales de 2016 quedaban 22.367, En este tiempo, han dejado de distribuir periódicos (o cerrado) 430 quioscos, 1.614 librerías y papelerías; 150 gasolineras y estaciones de servicio, 29 edificios de usos públicos y 23 estaciones de viajeros, según datos de la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE).

https://e.infogram.com/evolucion_de_puntos_de_venta_de_prensa?src=embed

La propia patronal de la prensa reconocía en una publicación realizada hace unos meses que los periódicos sólo son el medio de referencia del 5% de la población, frente al 33% de la televisión y el 21% de la prensa digital.

Ventas a la baja

Esta cruda realidad se ha puesto de manifiesto durante la crisis catalana. El pasado octubre, la audiencia de las cabeceras digitales creció ostensiblemente, según ComScore (28% La Vanguardia sites, 19,8% El País sites, 20,2% El Mundo sites…), pero las ventas de los principales diarios volvieron a caer. Las de El País descendieron el 13,2% durante el décimo mes del año, las de El Mundo, el 7,6%; las de La Vanguardia, el 12,78%, las de El Periódico de Catalunya, el 15,7% y las de ABC, el 8%La Razón fue la excepción, pues mejoró el 13,52% en este sentido. Sus competidores lo achacan a su “agresiva” política de promociones. Sus responsables siempre han restado importancia a este factor.

En 2007, entre El País, El Mundo, ABC y La Razón lanzaban a diario 1,15 millones de periódicos. Actualmente, entre los cuatro suman 436.000. Hace 10 años, la tirada media de El País era de 435.000.

Durante la crisis más grave a la que se ha enfrentado la democracia española durante las últimas décadas, la audiencia de TV3 se disparó (17,5 en octubre, 13,8 en noviembre), la de LaSexta aumentó considerablemente (9% octubre, 7,5% noviembre) y la de la prensa digital mejoró por encima de los dos dígitos. Los seis principales periódicos de España perdieron29.737 ejemplares en difusión y 29.619 en ventas.

En 2007, entre El PaísEl Mundo, ABC y La Razón lanzaban a diario 1,15 millones de periódicos. Actualmente, entre los cuatro suman 436.000.Hace 10 años, la tirada media de El País era de 435.000.

Resulta llamativo, a tenor de estos datos, que en España no se hayan producido fusiones de prensa ni haya desaparecido alguna de las grandes cabeceras. Según la consultora i2P, este sector ingresó en 2007 casi 2.000 millones de euros por parte de los anunciantes. Es decir, un 75% más de lo que facturará en 2017.

Sobre la mesa cada vez hay menos comida, pero la familia ha aumentado sin parar en la última década. Antes, los alimentos se los repartían los de siempre. Ahora, los platos se reciben sin la gran ración que les corresponde a GoogleFacebook y compañía; y se dividen en muchas más partes, dado que existen muchos nuevos competidores.

¿Qué pasará con los editores?

Predecir el futuro lleva a cometer errores de bulto. De hecho, si los vaticinios de algunos se hubieran cumplido, los quioscos ya no venderían periódicos. Sin embargo, todas estas circunstancias llevan a concluir que la salud de los editores de prensa se ha deteriorado a un ritmo preocupante durante los últimos tiempos. Podría debilitarse, aún más, en el caso de que los empresarios no sepan adaptarse a las nuevas formas de anunciarse en medios de comunicación que actualmente desarrollan las grandes compañías, que amenazan con mermar aún más la partida de ingresos que le corresponde a los medios de comunicación.

La revolución digital es mucho más profunda de lo que una parte de los editores ha pensado. La Tierra gira a casi 30 kilómetros por segundo y nadie tiene la sensación de estar viajando a una velocidad tan elevada. El mundo se ha transformado en los últimos años a un ritmo vertiginoso y algunos editores de medios de comunicación continúan anclados en la era analógica. Donde tenían el monopolio de la audiencia y de la influencia. Bienvenidos al mundo real.

Morir a los cincuenta

http://lasoga.org/morir-los-cincuenta/

Vivimos en una sociedad plagada de mensajes positivos, en los que se realzan una serie de valores o cualidades innatas que todos poseemos, pero que debido a la poderosa influencia que ejercen sobre todos nosotros la opinión ajena y la valoración subjetiva de los demás, van debilitándose a base de creencias limitantes. En este tipo de mensajes se ensalza la fuerza interior del ser humano como motor principal para conseguir lo que se desea, la actitud de no rendirse nunca con el firme propósito de seguir luchando por alcanzar nuestras metas, la importancia que tiene sonreír ante las adversidades y las ganas de seguir adelante pese a todo, sin sucumbir.

Estos mensajes, sin duda, comunican buenas intenciones, pero en realidad no pasan de ser eso, simples mensajes que no muestran con total sinceridad la verdadera esencia que respira agazapada en la sociedad. Hay mucho postureo, mucha hipocresía. Se habla de que cualquier persona puede conseguir lo que se proponga si insiste una y otra vez con suficiente tesón, se habla de que la actitud es fundamental para atraer lo que se desea, se habla de igualdad de oportunidades para todos, se habla de ayuda a los sectores más desfavorecidos, se habla de la mujer, se habla y se habla… Pero todos los que hablan de estas cosas lo hacen siempre desde la otra orilla (aunque es cierto que hay casos y casos).

Morir a los 50 02Pues bien, si eres de los que pululan alrededor de los cincuenta, si estás en una etapa o situación complicada, si no tienes recursos ni tampoco trabajo pero en cambio posees esa gran fuerza interior de la que todos hablan; si te sientes joven por dentro, si tienes la actitud y la cualificación necesaria para encontrar un hueco en el complicado mundo laboral y no  sentirte como un inútil en esta vorágine a la que llamamos vida, déjame que te diga una cosa: no sigas leyendo esto porque probablemente, y aunque esa no es mi intención, te voy a estropear el día.

Encontrar empleo (y me refiero a empleo como a aquella ocupación laboral digna y justamente remunerada acorde a los conocimientos y capacidades del candidato) nunca ha sido ni será tarea fácil: en según qué época ha sido más o menos complicado, a veces o muchas veces difícil y siempre una faena laboriosa que ha requerido constancia, ganas, esfuerzo y dedicación. Pero aparte de todo esto (lo cual está íntimamente ligado a la actitud) y la cualificación necesaria acorde al puesto al que se opta, no podemos dejar atrás un requisito sumamente puntiagudo, superimportante, el más relevante diría yo a la hora de hacer la primera criba. Algo que como una avanzadilla de nosotros mismos precede a todos nuestros condicionantes, algo que no depende de nosotros ni podemos cambiar ni mejorar aunque todo el mundo reconozca el valor que tiene, puesto que va ligado a la sabiduría de la experiencia. Algo imparable. Algo que cada día que pasa crece. Eso a lo que hubo que ponerle un  nombre y a lo que todos llamamos edad.

Sí, estamos hablando de una edad de esas que de manera elegante se suele llamar madura.  Con solera, como un buen vino. Esa bonita edad que precede al ocaso, en la que los protagonistas de una comedia de Hollywood aún se enamoran. Esa edad, reitero, obstaculiza en la vida real la visión integral de cualquier virtud en la persona. Y si tratamos el tema laboral, como es el caso (que el tema sentimental se podría abarcar en otra ocasión, que también tiene lo suyo), carga de prejuicios a los directores de empresas y a los departamentos de recursos humanos que buscan candidatos, muchas veces encargándole la misión al típico individuo que no tiene más años de los que podría tener tu hijo, elegido para tal responsabilidad vete tú a saber a causa de qué para hacer las entrevistas y la selección, y que ahora te observa, como a un animal del zoo, detrás de su flamante mesa de despacho, mientras hace como que le interesa lo que le cuentas, elegantemente vestido para la ocasión, con unos zapatos brillantes y afilados y un impecable traje gris.

Morir a los 50 03 - American Beauty Mr SmileyLa edad, esa simple palabra aparentemente inofensiva; esa pequeña cifra compuesta de dos números, ridícula e insignificante si la comparamos con el eterno número Pi, con la velocidad de la luz o con la distancia entre los planetas; ese pequeño detalle que no puedes ocultar por más que quieras; la portada de tu propio libro; tu delator, tu escaparate; aquello que si se desconoce se intenta adivinar frívolamente como si se tratara de un juego; aquello de lo que odias hablar cuando alguien a quien apenas conoces te saca el tema; esa verdad sobre la que puedes mentir tan solo un poco, durante un tiempo y según de qué manera, porque si se trata de encontrar empleo al final tendrás que sincerarte, con el consabido miedo y temor al rechazo y a la posible reprimenda por haber distraído la verdad.

Se dice que hay que fomentar el empleo en la juventud y por supuesto que así ha de ser. La situación es preocupante para los que ocupan este rango de edad y para ellos se ofrecen algunos empleos con ciertas alternativas, aunque no sean las idóneas para todos los jóvenes. También están presentes las ofertas de empleo para personas con cierto grado de minusvalía o discapacidad. Existen puestos de trabajo específicamente para ellos y por supuesto no tengo nada que objetar a ello, pero, ¿qué hay de otros grupos desfavorecidos, como aquellos que son demasiado jóvenes como para resignarse a vivir sin recursos, pero son demasiado mayores como para regresar al mercado laboral? ¿Qué hay de aquellas personas que sintiendo que son capaces de empezar una nueva vida, siendo partícipes de aquellos mensajes a los que hacíamos referencia en un principio, se lanzan a intentar abrirse camino persiguiendo sus sueños con la positividad y la fuerza interior como bandera? ¿Qué hay de aquellas madres separadas o divorciadas que haciendo acopio de valor abandonaron una vida más o menos cómoda, pero ajena e infeliz, para arriesgarse a vivir de una manera auténtica, siendo fieles a ellas mismas, haciendo lo que les gusta y sirviendo de ejemplo para sus hijas? ¿Qué mensaje está trasladando esta sociedad a esas jóvenes cuando ven a sus madres perdidas y hundidas, llamando a todas las puertas, solicitando empleos hasta muy por debajo de su preparación, aceptando condiciones y salarios humillantes y aun así siendo infinitamente rechazadas?

En el fondo, está claro, te lo ponen muy difícil. Por eso en un principio hablaba de hipocresía, porque es la misma sociedad la que juega a dos bandas: por un lado, alienta inspirando ánimo y consuelo, pero por otro lado frena y obstaculiza bloqueando a la persona y favoreciendo el hundimiento. Esta vida no es para los rebeldes, ni para los incautos, ni para los románticos empedernidos, ni para idealistas o filosóficas. Para llevarte bien con la vida tienes que ser como los que están conformes y puede que incluso felices con haber alcanzado a los cincuenta una posición estable.

Morir a los 50 04 - Portada TimeSi te permites escuchar a la crisis de los cuarenta y replantearte cosas que nunca antes habías hecho o te das cuenta de que sientes la necesidad imperiosa de querer darle un giro a tu vida porque ya no te satisfacen las mismas cosas que antes al haber dejado atrás aquella persona que eras; si habiéndolo meditado profundamente te lanzas a cambiar de rumbo y para ello necesitas integrarte en el mundo laboral, ¿qué sentido tiene esta crisis si no puedes dirigir tu propia vida como quieres?

La crisis existencial de los cuarenta está mal hecha. El ser humano está mal hecho. Esta crisis debería producirse poco después de los veinte años, cuando se tienen las fuerzas suficientes para comerse el mundo, cuando las capacidades físicas están en su momento más álgido, cuando aún queda por recorrer la mayor parte de la vida, cuando no se es rechazado por los injustos parámetros que funcionan como medida de valoración personal en esta agresiva, despiadada e insensible sociedad. Y es que en este enjambre de locos en el que vivimos no podemos actuar como si estuviésemos solos. Por suerte o por desgracia siempre tenemos que contar con los demás.

La vida rural que les estropea la foto

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/vida-rural-estropea-foto_6_677942207.html

Un rebaño trashumante rodeando Córdoba. Junio, 2017. | Foto: María Sánchez.

1.

Una de las cosas que más me gustan es convertirme de forma involuntaria en la espectadora que ve a un niño preguntar a su madre o a su padre sobre algo que no conoce. Primero llega el asombro, luego vendrá la intriga siempre acompañada del cuerpo, ese giro de cabeza sucediendo a la vez que la cuestión. Esa curiosidad por lo que todavía no tiene nombre, casi siempre va de la mano de una mezcla de ternura y respeto. Luego crecemos y aprendemos a nombrar por nosotros mismos.

Recuerdo los viajes en el coche al pueblo con la mejilla pegada al cristal, contando robles entre encinas y alcornoques, viendo animalillos cruzando la carretera, los pasos de algún ciervo observándonos siempre desde arriba. Contar era una forma de hacer que pasara el tiempo más deprisa, animales en el paisaje y pastores sustituyendo los minutos, convirtiéndose, sin querer, en el minutero que nunca para y que desconocíamos en la infancia. Quizás de ahí me venga una especie de calma irreal cuando aprendo el nombre de algo que no conozco. No sé quién dijo eso de existe lo que se nombra. Ah, sí, ahora lo recuerdo, era más bien al revés lo que escribió George Steiner: Lo que no se nombra no existe.


2.

Corre, corre. Mira eso. Saca el móvil. Grábalo. Qué bueno, tío. Va a petar. La gente en redes se va a volver loca.


3.

Hoy el espejo ha cambiado porque nos da la imagen que nosotros queremos ver, lo que queremos sentir. Podemos hacernos mil selfies hasta dar con el único que vale, moldear un paisaje virtual e imaginario donde sentirnos cómodos, como en casa, donde establecer nuestras propias reglas, dar cobijo a los mejores discursos e ideales. Una vía de escape que reconforta, que hace que reconduzcamos nuestros hábitos y nuestro propio cuerpo a la pantalla. Queremos contar, que nos nombren, al fin al cabo, queremos seguir existiendo.


4.

Quizás, es por eso, que muchos caen en el error de imaginar el campo y todo lo que conlleva como una vía de escape. Una narrativa sin lenguaje, límites ni normas que puede adaptarse perfectamente a lo que ellos esperan. Una bonita postal donde poder elegir qué quieres que aparezca e interaccione contigo. Una imagen idílica pero plana que se rompe cuando sus habitantes aparecen y rompen el encanto. Ese paisaje emocional inventado antes de llegar al lugar, pero que termina fallando, mientras los visitantes observan, decepcionados, como se esfuma, por culpa, fíjese usted, de sus propios protagonistas.


5.

Necesito rescatar esto que escribe Marc Badal en Vidas a la intemperie (notas preliminares para el campesinado), uno de los mejores libros que se ha publicado este año y que no encontrará en ninguna de las famosas listas que los medios sacan a finales de año:

“El género propio de esta oda al campo remasterizada es el turismo rural… El turista adora los cuentos de la abuela. Los viejos recuerdos y su dulce repostería. Es eso lo que ha venido a buscar. Las cosechadoras que invaden los dos carriles de la carretera o los jornaleros que andan por la cuneta no le interesan. Incluso parece que llegan a molestarle. Le han vendido un mundo rural que no se corresponde exactamente a lo que se encuentra”.


6.

El vídeo en cuestión se llama ‘Turismofobia gallega’. Se compartió en Twitter más de 2.000 veces. Unas vacas aparecen de frente por un camino y detrás una mujer mayor corriendo detrás, enfadada, y recriminando en gallego a los que sujetan el móvil. Se ríen, levantan  a modo de amenaza, el bastón de trekking cuidadosamente elegido en el decathlon a juego con su vestimenta de caminante de Santiago. La llaman loca. Les parece graciosísimo y lo suben a la red. Más de 5.000 personas marcaron la estrellita, sin plantearse, qué hay realmente detrás de todo eso.


7.

Podemos hablar por ejemplo, de la edad de esa mujer. ¿Qué hace esa mujer mayor corriendo detrás de las vacas, posiblemente, después de haberlas recogido del prado? Tampoco, nadie se pregunta por qué existe ese camino. Nadie piensa en la multitud de pezuñas, pies y pasos que lo moldearon a través del tiempo, erosionando malas hierbas y pequeños matorrales, apartando piedrecitas y basura para que nadie se tropiece, para que la vida pueda seguir su paso. Nadie, piensa que esa “loca”, que posiblemente se sienta amenazada y tenga miedo, es la que encuentra en su casa y forma parte de una cultura casi mágica: ese patrimonio que une al animal, paisaje y persona, y que tiene muchísimo que contar.

Pero los que van ya tienen configurada en su cabeza la historia que quieren oír, la imagen con la que se quieren quedar. Y no tienen tiempo para divagar ni escuchar sobre historias de esa “España profunda”: que si relevo generacional, que si despoblación, que si pastores y tonterías, bla, bla, bla. Ellos ya han elegido su particular oasis, ya tienen su terreno especial del paraíso. Y necesitan descansar, huir, desconectar de su rutina en la ciudad, olvidar el sentido del lugar y contar, a la vuelta de su merecido descanso, desde el principio, todo lo que han visto para existir.

La epidemia que se avecina: habrá el triple de ciegos en el año 2050

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-08-03/epidemia-ceguera-ciegos-discapacidad-visual-the-lancet_1424694/

Pese a que estás últimas décadas han sido las mejores en el desarrollo de la sanidad, el envejecimiento de la población aumentará los casos de ceguera de forma preocupante

Los problemas de visión están relacionados con la vejez. (iStock)

El número de ciegos se triplicará de aquí a 2050. Así lo estima un estudio, publicado este martes en la revista médica ‘The Lancet’, que asegura que la población global que sufre ceguera crecerá de los 36 millones actuales a 115 millones dentro de 33 años. Y no solo eso, sino que las personas con algún tipo de discapacidad visual aumentarán de los 285 millones a los 550. La presbicia será el defecto más común.
Pese a que, en términos generales, estás últimas décadas han sido las mejores en cuanto al desarrollo de la sanidad pública, la disponibilidad de los servicios oftalmológicos y el conocimiento de la población acerca de las discapacidades visuales, la tendencia no está de nuestra parte. Y este estudio es la primera señal de alarma.

No hace falta acudir a estimaciones: el número de ciegos ya ha crecido de los 30,6 millones en 1990 a los 36 millones de 2015
Es cierto que el porcentaje de personas afectadas por la ceguera ha descendido considerablemente, de un 0,75% en 1990 a un 0,48 en 2015 (lo mismo con la discapacidad visual, que descendió del 3,83% al 2,90%), pero el envejecimiento progresivo de la población (y el auge de las enfermedades crónicas que lleva aparejado) es lo que está provocando el aumento de los números totales. En efecto, no hace falta acudir a las estimaciones, pues dicho incremento ya se palpa en los datos actuales: el número de ciegos creció de los 30,6 millones en 1990 a los 36 de 2015.
Desigualdad entre regiones
Basándonos en las estadísticas, una persona ciega media sería una anciana en un país en vías de desarrollo. Esto tiene sentido porque los problemas de visión están estrechamente relacionados con la vejez, porque las mujeres suelen vivir más (representan el 56% de los afectados) y por las evidentes carencias del sistema sanitario de estos países.

En concreto, tras analizar 288 estudios anteriores y los datos de 90 países, los autores ponen el foco en el sur de Asia o en África subsahariana. Mientras que, por ejemplo, Afganistán tiene un 1,98% de ciegos y Etiopía un 1,86%, el porcentaje en Islandia, Bélgica y Dinamarca tan solo alcanza el 0,08%. De esta forma, el estudio pone de manifiesto la latente desigualdad entre regiones en lo que a salud ocular se refiere.
Debido al aumento de los problemas de visión, hay que tomar medidas para aumentar la inversión en tratamientos a nivel local y global
“Incluso una leve discapacidad visual puede afectar significativamente a la vida de una persona”, señala el autor principal del estudio, Rupert Bourne, de la Universidad Anglia Ruskin, en Reino Unido. “Por ejemplo, puede reducir su independencia, ya que a menudo les impide conducir”. Asimismo, también destaca las limitaciones educativas y económicas que implica padecer este tipo de discapacidad.

Revertir la tendencia
No obstante, hay un último resquicio de esperanza al que aferrarse. El estudio no ha tenido en cuenta el impacto de las posibles mejoras en el diagnóstico, el tratamiento y el acceso a la atención sanitaria, ya que, según afirma Bourne, “nadie puede estimarlo con precisión”. Es por ello que los autores aseguran que todavía estamos a tiempo de revertir las predicciones y demandan una mayor inversión: “Debido al aumento del número de personas afectadas por problemas de visión, debemos tomar medidas para aumentar nuestros esfuerzos actuales a nivel local, regional y global”. En concreto, se refiere a tratamientos como poder utilizar las gafas adecuadas o la operación de cataratas.

“Invertir en estos tratamientos ya ha supuesto beneficios considerables, incluyendo una mejor calidad de vida y mejoras económicas. Este tipo de intervenciones contra el deterioro de la visión son fáciles de implementar incluso en regiones en vías de desarrollo, pues son baratas, requieren poca infraestructura y los países pueden recuperar el coste a medida que los afectados vuelvan a trabajar”, argumenta Bourne.

EL FUTURO DE LA ECONOMIA ESPAÑOLA Y EL NO/SI FUTURO DE LA JUVENTUD

https://esfuerzoyservicio.blogspot.com.es/2017/03/el-futuro-de-la-economia-espanola-y-el_7.html

En 2016, y por quinto año, España ha logrado superávit comercial, esta vez de categoría. La causa es el auge de las exportaciones, que han pasado de 278.000 millones de euros en 2007 a 365.000 en 2016, ascendiendo desde el 23% del PIB al 34%. España es hoy el segundo mayor exportador de la UE, según el porcentaje del PIB realizado en el exterior, sólo por detrás de Alemania. Si en 2007 exportaban 99.000 empresas, nueve años después lo hacían 148.000.

 

 

         Es la industria la que aporta la parte decisiva, en particular los sectores automotriz, químico, bienes de equipo, farmacéutico y agroalimentario. Se espera que en poco tiempo logre colocar fuera el 40% de su PIB, con 200.000 empresas exportadoras. Es el país de la UE, junto con Alemania, que mejor está aplicando la nueva política de Bruselas-Berlín para crear una Europa re-industrial, delineada en el Libro Blanco sobre desarrollo económico dado a conocer a principios de marzo de este año. Como La Unión Europea va a incrementar los gastos militares, el futuro de esta revolución industrial resulta ser aún más esplendoroso[1]. Las autoridades económicas, la gran empresa y la gran banca están eufóricas.

 

 

         Al mismo tiempo, la pobreza sigue creciendo. Si en 2010 fueron el 10.9% de los trabajadores con empleo los en situación de severas carencias, en 2015 eran ya el 13.1%, y eso según datos oficiales. Si en 2010 el porcentaje de la población total gravemente menesterosa era el 26,1 % en 2015 se había elevado a 28,6%. Los niños que conocían un estado de indigencia agudo en 2016 fueron el 34.4%, más de la tercera parte… Hacia 2025 será el 50% del total el que estará en severas condiciones de escasez material. Ya es un hecho que los salarios reales están descendiendo año tras año, y que los jóvenes con empleo cobran menos de la mitad que sus padres por un trabajo equivalente.

 

 

         La pobreza se está centrando en la infancia y, sobre todo, en la juventud. Los menores de 35 años no logran encontrar empleos, padeciendo un índice de paro descomunal, y cuando consiguen algo es en condiciones deplorables, con sueldos miserables, interminables jornadas de trabajo, exiguos derechos sociales, etc. La mayoría de ellos han de vivir de sus familiares, padres y abuelos sobre todo, sin posibilidades de emanciparse y tener hijos. Cuanto más avance el modelo exportador más crecerá la pobreza obrera y popular, pues más y más bienes serán enviados fuera, aumentando la escasez dentro.

 

 

         ¿Qué significa todo esto? Que el sistema estatal y capitalista está imponiendo el conocido modelo tercermundista exportador a la economía española. Su objetivo es logran beneficios muy altos en el exterior pagando salarios muy bajos en el interior, lo que equivale a ir reduciendo la sociedad de consumo con Estado de bienestar preexistente para imponer el modelo chino, que es el de Singapur, Bangladesh, Sudáfrica, India y varios otros países.

 

 

         Uno de los obstáculos para el triunfo definitivo de ese modelo es la solidaridad familiar, que permite que todavía una parte importante de la juventud y adolescencia no se vea imperiosamente forzada al precariado porque la ayuda de la familia les protege. Para superar este estado de cosas hace unas semanas el grupo parlamentario de Podemos ha presentado un proyecto no de ley sobre “muerte digna”, en realidad para extinguir (“pasar a mejor vida” se decía antes) a una porción de los jubilados que mantiene a sus hijos y nietos, haciendo que éstos se vean abocados a admitir cualquier empleo y casi cualquier salario, lo que convertiría definitivamente al país es una copia europea de, pongamos por caso, Bangladesh…

 

 

         La instauración definitiva del modelo chino de economía se hará con la llegada de la izquierda al gobierno, lo que sucederá en uno-dos años. Esa tarea no puede hacerla la derecha, sólo la izquierda. Para entonces el PP, ya en minoría en el parlamento, no podrá seguir gobernando y convocará elecciones, que gracias al apoyo descomunal de la televisión y la prensa burguesas, ganarán el PSOE y Podemos, con el añadido de ERC, Mareas, CUP, etc. Entonces, igual que ha hecho Syriza en Grecia, se completará la tercermundización del país, con gran daño para el 70% de su población pero con grandes beneficios para el 30% restante, especialmente para los muy ricos, el 1%, y para el Estado, que está incrementado los ingresos fiscales. La meta secreta es que las exportaciones sean el 50% del PIB en 2025. Con eso la competición global con China empezaría a tener visos de ser ganada…

 

 

         Eso significa salarios de 500-600 euros por 11-14 horas de trabajo seis días a la semana, quitar la vida a una parte creciente de los pensionistas (probablemente, por sobremedicalización y aplicando a lo grande la legislación sobre “muerte digna”, lo que situaría el exceso de fallecimientos en unos 250.000 por año), la reducción en un 30% al menos (y quizá incluso del 50%) de las pensiones[2], drásticos recortes en educación, sanidad, etc. Como la natalidad caerá, con todo ello, a niveles insostenibles, quizá incluso por debajo de un hijo por mujer, se acelerará la importación de mano de obra inmigrante, sobre todo musulmana, tal vez 8 millones de personas en el periodo 2018-2025, lo que dejará a la población autóctona convertida en una minoría étnica acosada por el racismo antiblanco y el odio cultural, en fase de liquidación biológica, como está sucediendo con los blancos pobres en EEUU, lo que culminará el proceso de sustitución racial y limpieza étnica comenzado hace 30 años. Además, la masiva emigración, conforme al modelo alemán de importar más de un millón por año, contribuirá decisivamente a que los ingresos caigan todavía más, hasta los salarios de hambre, lo que ya está sucediendo en un número creciente de casos, para los jóvenes.

 

 

         Es el momento de establecer una línea estratégica de actuación.

 

 

         La acción institucional no puede llevar a nada positivo, ni servir para nada bueno. La izquierda, vieja y nueva, ya está mostrando para qué sirve, y aún le queda por desplegar su lado más terrible, como copia de Syriza en Grecia. La derecha populista, que ha suscitado esperanzas en amplios sectores de la clase trabajadora, abandonada por todos, es no menos incapaz de actuar. Trump en EEUU está llevando una línea de acción en su país que puede resumirse en una palabra: nada, y lo mismo sus amigos europeos. En todas partes las instituciones se han vuelto totalmente rígidas e inhábiles para cualquier cambio positivo, incluso el más reducido, logrado por procedimientos legales y parlamentarios.

 

 

         Ha llegado el momento de la acción desde abajo y desde fuera de las instituciones, de poner en movimiento a la sociedad civil, a las clases populares, al margen de elecciones, partidos políticos e instituciones.

 

 

         Cinco son las vías sustantivas de acción: 1) la movilización popular permanente y enérgica, 2) la creación de un vastísimo tejido social de ayuda mutua global, 3) la autoconstrucción de un tipo de persona capaz de hacer frente a lo que ya hay y a lo que habrá, 4) vivir ya, sin esperar, e imponer la propia vida, 5) crear conciencia en la sociedad, por todos los medios a nuestro alcance.

 

 

         La primera cuestión tiene que llevar inicialmente al temor y luego al pánico a las élites del poder. Hay que comenzar lo antes posible, no sólo con acciones colectivas, con movilizaciones y luchas en las empresas, en los centros de estudio y en las calles, sino también con intervenciones individuales, que pueden ser extraordinariamente efectivas, sobre todo si las hacen al mismo tiempo miles o cientos de miles de personas. Se requiere idear formas inteligentes y efectivas, muchas, de boicot, de sabotaje, de resistencia, de hostilidad en actos, contra la gran patronal y las instituciones. No hay que esperar a que se creen organizaciones ni movimientos; uno por sí mismo, a solas o con algún amigo, puede hacerlo desde ahora mismo, y luego proceder a asociarse. Cuando todo eso amenace con poner en peligro el rutilante proyecto de una economía de exportación hiper-rentable aquellas élites aflojarán la presión y renunciarán a los salarios de hambre y la precariedad.

 

 

         La juventud debe entender que ha sido engañada y se ha dejado engañar, al haberse dejado convertir en una masa pasiva y sumisa de “buenos chicos” centrados en el inglés, la informática, los estudios, los máster, internet y los viajes, creyendo que puesto que era “la generación mejor preparada de la historia” (sic) serían razonablemente remunerados. Pero no, se les está tratando como a esclavos, empujándoles hacia un abismo de miseria y trabajo degradado incesante, o paro crónico sin esperanzas. La solución es provocar una tempestad permanente, un ciclón que no cese de resistencia y boicot social descomunal, que ascienda y ascienda hasta sembrar el terror en las clases gran-propietarias y mandantes. Hay que recordar que el bienestar material que ha tenido, y todavía conserva, la generación hoy mayor fue conquistado en la calle durante la Transición política del franquismo al parlamentarismo (1974-1978), con un grado enorme de acción, de combate y resistencia. Ese es el camino. En la acción combativa e insurgente presente y futura la función de las mujeres jóvenes puede y debe ser decisiva.

 

 

         Es determinante que nadie se vaya fuera, que nadie emigre. Primero porque vamos a conseguir salvar del genocidio económico en curso a las clases populares del país, dado que podemos establecer las condiciones para, empujando con fuerza desde abajo, hacer posible una existencia relativamente desahogada para todos. Segundo porque la emigración es siempre un hecho miserable e inmoral, un admitirse a sí mismo como mano de obra, como un esclavo voluntario. Tercero, porque la situación por ahí no es mucho mejor que aquí, con el añadido del desarraigo, muy duro de llevar. Si logramos crear un ambiente de esperanza en el futuro la emigración de la juventud cesará, e incluso muchos de los que se han ido volverán.

 

 

         La lucha individual y colectiva tiene que ser complementada con la resocialización de la vida colectiva. El pasado de egotismo, insolidaridad, frivolidad interpersonal, atomización, frialdad emocional, deserotización, incapacidad para la convivencia y esperarlo todo del avieso asistencialismo del Estado de bienestar debe ir desapareciendo. Los sistemas de ayuda de unos a otros, que pueden y deben adoptar cientos de formas concretas, tienen que volver a estar activos. La mutua asistencia y la cooperación, la solidaridad y el ayudarse, la amistad, la familia renovada y el compañerismo, el quererse y el apreciarse, la cortesía y la simpatía, son otra de las grandes respuestas a la crisis, la más valiosa civilizatoriamente. Si el Estado de bienestar está próximo a la quiebra el buscar la supervivencia personal y grupal con procedimientos fraternales, bien pensados, imaginativos y habilidosamente ejecutados, es lo adecuado. En las circunstancias presente, y más aún en las que vendrán, el amor nos salvará, literalmente. La solidaridad popular va a ser necesaria, también, para el apoyo a los afectados por la represión estatal y patronal, que serán muchos. La represión nos hará más fuertes, al forjarnos en el sufrimiento y la épica. No hay que temerla.

 

        

 

         El tercer elemento para detener y revertir la instauración de una sociedad tercermundista de exportación basada en la precariedad y la pobreza es la autoconstrucción de sí mismo conforme a lo que está sucediendo, a la realidad, con el fin de hacerse apto como persona para desafiar los nuevos retos. No todo es ni puede ni debe ser colectivo: el individuo cuenta, y muchísimo depende de su valía y calidad autoconstruidas. Así que cada cual debe ponerse ante el espejo y comenzar a meditar sobre en qué mejoras del propio yo tiene que trabajar,  acerca de qué cualidades y virtudes necesita y desea cultivar en sí mismo. Lo apropiado es escogerse y hacerse como individuo moral que practique de forma autoexigente una ética acorde con los tremendos pero esperanzadores tiempos que corren, que le autoconstruya como persona inteligente, segura de sí misma, valiente, sociable, fuerte, dinámica, generosa y alegre.

 

 

         La cuarta línea de acción es comenzar ya a vivir con plenitud, aceptando como algo dado pero no necesariamente trágico y ni siquiera negativo en sí que la vida de la generación joven no va a tener, en general, el grado de bienestar y consumo que la de sus padres, y que eso no significa que no pueda vivir satisfactoriamente, aunque en otro nivel inferior o muy inferior de ingresos y gastos. No hay que esperar, por ejemplo, para tener hijos, mucho menos renunciar a tenerlos. Primero porque la supervivencia misma de la sociedad demanda llevar la natalidad hacia arriba. Segundo, porque con el colapso del Estado de bienestar sólo sobrevivirán, a 20/30 años vista, los que tengan 2-3 hijos y los eduquen en el servicio, la austeridad, el esfuerzo, la responsabilidad, la fortaleza, la libertad y el amor. Ellos atenderán a sus padres, que son los jóvenes actuales, porque el Estado de bienestar no lo va a hacer, al estar ya en semi-quiebra: véase lo que está sucediendo en Grecia. No, no hay que esperar, en general, para vivir como seres humanos. Hay que imponer la propia vida y luego pelear por ella, haciéndose un hueco. Sin aguardar a lo que suceda lo que no va a suceder, que las cosas mejoren por sí mismas, pues si no intervenimos irán a peor más y más y más.

 

 

         La quinta reside en librar la batalla de las ideas, ganando a la opinión pública para la causa popular y revolucionaria. También en esto hay que actuar desde ahora mismo con los recursos disponibles, tratando los grandes problemas de nuestro tiempo con rigor, verdad, responsabilidad y objetividad, con energía, valentía, positividad y moralidad. Hay que producir ideas, argumentarios, análisis, formulaciones, diatribas, piezas oratorias, videos, libros, artículos, arengas, pensamientos, poemas… Hay que movilizar la reflexión y las capacidades comunicativas, con respeto a la libertad de expresión de todas las partes, sin violar jamás la libertad de conciencia de nadie, para ganar por verdad a la mayoría para un proyecto de la sociedad y el ser humano cualitativamente mejor y superior al actual.

 

 

         Con estas cinco líneas de acción, y con alguna más que vaya inventando la creatividad popular (en la que debemos confiar), vamos a lograr revertir bizarramente la situación actual. Lo haremos. Tenemos que enfrentarnos a unas condiciones que son, en un sentido, temibles e incluso pavorosas, desde la esperanza y la alegría. Mantener este estado de ánimo ha de ser un acuerdo previo, un axioma, a establecer entre nosotros y cada uno consigo mismo. Además, la colosal crisis en desarrollo que padece Occidente va a brindar a la juventud la oportunidad de madurar, de hacerse seres humanos capaces, épicos y responsables, de promover gigantescos cambios en la sociedad y en el individuo, que sumados, son una revolución.

 

 

No hay que tener miedo, al contrario, hay que confiar en sí mismo y en los iguales, sabiendo que en las situaciones difíciles es donde sale lo mejor de uno, donde emergen habilidades, capacidades y cualidad que en los tiempos de bonanza están dormidas e inactivas. Todo ello nos permitirá vivir una existencia superior, de sabiduría, esfuerzo, combate, pasión, intensidad, satisfacción y dinamismo. Así pues, alegría y más alegría.

 

        

 


[1] En “La economía y la transformación integral”, 83 páginas, abril de 2015, disponible en la Red, ya señalé que ésta era la línea económica que seguiría el gran capitalismo europeo y español. Los acontecimientos han confirmado mi análisis que, no obstante, necesita ser actualizado.
[2] El libro “Abuelo, ¿cómo habéis consentido esto?” de Joaquín Estefanía, destacado intelectual de la izquierda, acusa a la generación mayor de los males que padecen los jóvenes,  lo que es una política, mantenida desde hace tiempo, para enfrentar a unos con otros. Además, culpa a los “abuelos” de lo que han hecho los políticos, los altos funcionarios, los grandes empresarios y los burócratas de Bruselas a las órdenes del imperialismo alemán, cuando son aquéllos los que en cientos de miles de casos mantiene a sus nietos, en lo que es una emocionante expresión de afecto y amor. El libro carece de calidad, siendo un corta-y-pega deleznable que manifiesta la obsolescencia intelectual de aquella ideología, ya de manera explícita convertida en sostenedora de los intereses de los muy ricos y de las clases medias bienestantes, con olvido de los trabajadores y los pobres.

Presos políticos

http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2017/12/06/presos-politicos/

Cuando diversos intelectuales de izquierda, de mucho prestigio y presencia continua en los medios de comunicación, están utilizando el calificativo de “presos políticos” para definir el encarcelamiento de los consellers del govern de Catalunya y los dirigentes de Òmnium Cultural y la Assemblea Nacional de Catalunya, es evidente que la izquierda ha perdido la capacidad de realizar el análisis concreto de la realidad concreta.

Amnistía Internacional le negó esta calificación a los procesados  alegando que lo que ellos denominan “preso de conciencia” son “aquellas personas que, sin haber utilizado la violencia ni haber propugnado su uso, son encarceladas o sometidas a otras restricciones de su libertad a causa de sus convicciones políticas o religiosas o cualquier otro motivo de conciencia, como su origen étnico, sexo, color, idioma u origen”.

Vemos diariamente, y más ahora comenzada la campaña electoral, cómo los dirigentes políticos de variadas formaciones, no solo los independentistas, defienden esta calificación para los que se hallan en prisión arengando a las masas en los actos públicos, gritando en los programas de televisión, haciendo declaraciones a la prensa, convocando a los medios, mitineando en el Parlamento, escribiendo artículos en los que defienden la independencia de Cataluña o la celebración de un referéndum para conseguirla y acusando al Estado español de represor, de ser heredero del franquismo y carcelero de políticos. Y todavía algún periodista asegura que es hora de llamar dictadura al sistema que padecemos.

Comprendo, porque me siento concernida, que Julián Ariza escribiera un artículo protestando, dolido, por esa falacia que, como yo decía hace unas semanas, banaliza la dictadura que padecimos 40 años, hasta el último minuto. Dos meses antes de morir el dictador todavía asesinó a cinco militantes del FRAP y de ETA. Y como Ariza nos sentimos las veinticinco mil personas que estábamos en libertad provisional el 20 de noviembre de 1975, y los miles que seguían en las prisiones franquistas por haber escrito panfletos clandestinos, organizado una manifestación, militado en un partido político, constituido un sindicato, creado una asociación, participado en una reunión o en una asamblea. Sin contar los muertos en las calles, en las cunetas de las carreteras, en los pelotones de fusilamiento, en el garrote vil, en la tortura, en las cárceles y en sus casas.

Cuando los Jordis, como se les apela ahora, se subieron al techo de los coches de la Guardia Civil para incitar a sus seguidores a mantener el cerco que impedía salir a la comisión judicial y a la Guardia Civil del edificio de la Consellería de Economía, cuya secretaria tuvo que huir por el tejado del edificio después de estar allí secuestrada 24 horas, ¿estaban solamente ejerciendo su derecho a la manifestación pacífica, cómo arguyen sus defensores?  Cuando el Govern de la Generalitat en pleno vota la independencia de Cataluña contra lo dispuesto en la Constitución y en el Estatut, lo sentenciado por el Tribunal Constitucional y desaconsejado por los informes emitidos por los letrados de la Generalitat, ¿están acatando las leyes que todos los ciudadanos debemos cumplir, nos gusten o no? ¿O consideran que por ser catalanes, por haber sido elegidos en elecciones, o por ser independentistas no les concierne el cumplimiento de las leyes?Cuando ese Govern convoca un referéndum que  había sido declarado ilegal por el Tribunal constitucional, instalan unas urnas compradas clandestinamente, llaman a votar a la ciudadanía utilizando un censo para el que no tenían autorización, incitan a sus militantes a que impidan a la policía nacional y a la Guardia Civil que retiren las urnas y cierren los colegios electorales, organizando escarches y  resistiendo físicamente en las puertas de los locales, ¿creen que tienen patente de corso para llevar a cabo impunemente todas esas acciones que conculcan la legalidad vigente?

Cuando los escritores se pronuncian, indignados, por las actuaciones judiciales que encarcelaron a los miembros del Govern y a los Jordis, – deciden ellos lo que es legal o no, mientras los demás sumisos y anónimos ciudadanos tenemos que someternos sin rechistar a las decisiones de los jueces- ¿creen realmente que las actuaciones de los procesados, que he relatado muy sintéticamente, entran dentro de la legalidad de cualquier país democrático?

Esos defensores a ultranza de la impunidad para el govern de Cataluña, ¿creen realmente que en Francia hubiese podido darse una situación semejante sin que la República Francesa, uno de los sistemas democráticos más antiguos del mundo, hubiese reaccionado más prontamente que la monarquía española, enviando a la Guardia Nacional a recoger las urnas clandestinas que se repartieron por los barrios y encarcelando a los organizadores de semejante kermesse?

Cuando las manifestaciones multitudinarias no autorizadas por ninguna autoridad competente llenaban las calles de Barcelona, y sus participantes cortaban el tráfico de grandes vías durante horas, otros impedían el paso de los trenes y llenaban la Diagonal de cera por el velatorio callejero, imposibilitando la movilidad del transporte público, esos defensores a ultranza de la impunidad para el govern de Cataluña y sus seguidores, ¿creen realmente que vivimos bajo una dictadura?

Cuando el ilustre Joan Tardá clama en el Parlamento contra el Estado español, acusa a los gobernantes de represores, a los fiscales de vendidos al gobierno, a los jueces de prevaricadores, a la Guardia civil y a la Policía Nacional de criminales y torturadores,  a la prensa canallesca de propagar mentiras, y con sus trenos propios de un moderno Savonarola amenaza a toda la sociedad española con proseguir con el “procés”, que llevará a la separación de Cataluña de España, ¿cree realmente que está padeciendo una dictadura?

Muchos de los que escriben asegurando que los Jordis y los Consellers son presos políticos tienen edad para recordar la dictadura. El ilustre Joan Tardà militó en el PSUC en sus años juveniles y de clandestinidad, y ahora ¿cómo tiene la desfachatez de asegurar que vivimos en un Estado dictatorial?¿Cómo se atreve a tildar de fachas a los socialistas porque reclamaron a la Junta Electoral Central que no se exhibieran símbolos de apoyo a los encarcelados ya que significan una competición desleal en plena campaña electoral?

Cuando los medios de comunicación, públicos y privados, repiten, hasta convertirlo en una pesadilla, la reclamación de independencia de Cataluña, acusan de represión al Estado español, plantean la exigencia de una concertación bilateral entre el Govern y el gobierno de España como si se tratara de dos Estados extranjeros, y montan una campaña ininterrumpida desde hace 7 años a favor del nacionalismo y de la República catalana, propagando toda clase de infundios y calumnias contra España y los españoles, esos intelectuales que defienden tales conductas, ¿creen sinceramente que España hoy ha vuelto a ser la dictadura franquista?

No sólo resulta injusto y humillante comparar la conducta y la situación de los encarcelados independentistas con la que sufrimos cientos de miles de resistentes a la dictadura, sino que es absolutamente estomagante que tengamos que oír, ver y leer semejantes declaraciones, firmadas por ilustres abogados, políticos y escritores, y no dispongamos de más recursos que quejarnos en unos pocos artículos. Las televisiones no suelen invitarnos.

Porque como vivimos bajo una dictadura, habremos de respetar la libertad de pensamiento, opinión, expresión y publicación que utilizan diariamente aquellos que nos insultan; la de partidos políticos que quieren trocear España y la de asociación para apoyar el proceso independentista, que practican desde hace tres decenios y de la que se lucran generosamente. No podremos pedir que les impidan seguir repitiendo falsedades y calumnias ni que les prohíban difundirlas ni que cierren los partidos en que militan y con los que hacen estruendosas y carísimas campañas electorales para seguir afirmando las mismas mentiras. Y tendremos que soportarlos repitiendo sus extravagantes y falsas declaraciones de estar siendo perseguidos, en el Parlamento, en el Senado, en los Ayuntamientos, en la prensa, en los mítines y en todas las televisiones y radios públicas y privadas.

Y eso porque vivimos bajo una dictadura.

The Sarco, la máquina de la muerte con la que te puedes quitar la vida en cinco minutos

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The Sarco, la máquina de la muerte con la que te puedes quitar la vida en cinco minutos

Quitarse la vida continúa siendo tabú en la mayor parte de los países del planeta. Sólo un puñado reducido de países (Canadá, Colombia, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Luxemburgo, Japón) contemplan en su legislación la eutanasia activa como vía legal. Como forma de abandonar este mundo sin cortapisas, sin que medie una enfermedad terminal o una discapacidad de sufrimiento insoportable.

De ahí que el, err, desarrollo tecnológico de la eutanasia haya quedado constreñido a un puñado de rincones. Países Bajos es el más destacado, en gran medida porque allí reside y trabaja Philip Nitschke, doctor australiano conocido popularmente como “el gurú de la eutanasia” o, de forma más prosaica, “el Doctor Muerte” (sí, al igual que Mengele). Nitschke fue el primer doctor en practicar la eutanasia en Países Bajos tras su legalización en 2001, y desde entonces es una suerte de “Elon Musk del suicidio asistido“.

La comparación no es baladí. A los muchos libros y artículos escritos sobre “el derecho a la muerte”, o lo que es lo mismo, el derecho a matarse a uno mismo amparado por la ley, Nitschke ha sumado una nueva y sorprendente creación: The Sarco. Un sarcófago futurista imprimible en 3D que facilita una muerte indolora y pacífica a todo aquel humano que lo desee. Se entra en la cápsula, se activa el protocolo, se inhala el nitrógeno y en cinco minutos se ha terminado con la existencia propia. El sueño 4.0 de Kierkegaard.

Según Nitschke, cuya residencia en Países Bajos obedece a los firmes pilares sobre los que se asienta su campo de estudio y divulgación, la máquina estará disponible a partir de 2018. Tan sorprendente hito tecnológico lo firma Exit International, la empresa/fundación que ampara la actividad, cómo decirlo, filantrópica de Nitschke. El doctor australiano lleva media vida tratando de asegurar que todo aquel que desee quitarse la vida pueda hacerlo con seguridad y sin violencia. The Sarco es su última muesca en el revolver.

SarcoOtra versión del prototipo.

¿Cómo funciona? Como él mismo explica, de forma simple. La máquina es un sueño torcido de la ciencia ficción, una cápsula autónoma imprimibleen 3D en la que el comprador se sienta y se quita la vida. Lo hace accionando una pequeña dosis de nitrógeno que al cabo de un minuto le deja inconsciente, y al cabo de cinco, le ahorra el resto de su existencia. Sólo funciona desde dentro (no puedes matar a nadie) y tiene dos botones de emergencia (en caso de que alguien se arrepienta en pleno proceso).

No es la primera vez que Nitschke, quizá la figura más prominente y polémica de la eutanasia médica, crea una máquina para asegurar una muerte rápida, indolora y sencilla. En 1997 lanzó The Deliverance, un simple ordenador portátil que accionaba una dosis letal de barbitúricos una vez el paciente había confirmado su deseo de perder la vida. Poco a poco, su camino profesional le ha llevado a The Sarco. Tu propio y voluntario sarcófado.

Tienes un derecho a morir (o eso opina Nitschke)

Los problemas morales de una literal máquina de la muerte son muy variados. El principal es inherente a la eutanasia. ¿Existe un derecho a quitarse la vida? Gran parte de las cortapisas de los estados a la eutanasia libre, sin condicionantes de enfermedad o discapacidad, se basa en los mismos principios por los que se combate el suicidio: la vida tiene un valor intrínseco en sí mismo. Pocas personas en sus cabales, o en su plenitud física y psiquiátrica, desean perderla.

Para Nitschke esto es un error de enfoque. Como él mismo argumenta en esta entrevista a Vice: “El argumento más común es que no existe tal cosa como un suicidio racional, y que el deseo de la muerte es, por definición, el resultado de una enfermedad psiquiátrica. Yo lo rechazo. El deseo de morir de alguien no debe ser tratado per se. Otra objeción es que la vida es un regalo. Mi contrargumento es: si la vida es un regalo, tienes permitido entregarlo. De otro modo, ¿no es una carga antes que un regalo?”.

PersonaPhilip Nitschke. (Wikipedia)

Aún aceptando su punto de vista, la cápsula de la muerte plantea otros problemas. Exit International requiere que sus clientes tengan más de 50 años. Para el doctor australiano es una barrera arbitraria, pero obligada por el fuerte rechazo que sus ideas generaron en Estados Unidos en 2011 (ante la posibilidad de que fomentara ideas suicidas entre los más jóvenes).

¿Y qué hay de los clientes que sí tengan un estadio clínico severo? Por ejemplo, las personas que atraviesen una grave depresión cuya cura, como sabemos, es factible. ¿También podrían acceder a The Sarco? Según Nitschke, sí. Aquí está el principal punto de conflicto de la cápsula: hay una suerte de test previo que tiene por objeto determinar si el comprador es mentalmente sano o no. Una persona depresiva, según Nitschke, puede pasarlo o no. Para él (y para Exit International) no es un criterio excluyente.

Según su perspectiva, el test lo realizará una Inteligencia Artificial futura que perfeccionará la criba y que permitirá discernir de forma fidedigna entre quienes quieren acabar con su vida, convencidos de ello, y quienes se lo plantean por culpa de enfermedades mentales reversibles o que pueden distorsionar su juicio y voluntad. Sea como fuere, el quién, el acceso a la muerte administrada de forma autónoma, es el quid de la cuestión: ¿todas las personas del mundo deberían poder entrar libremente en The Sarco y decidir marcharse de este mundo?

Para Nitschke es una cuestión de derechos individuales: las personas deberían ser capaces de elegir en libertad qué quieren hacer con su vida. Incluso si eso implica arrancársela. Y de hacerlo de forma segura, no violenta y efectiva, sin dolor, rápida. A día de hoy esto es complicado: la mayor parte de los suicidios son arriesgados, pueden salir mal y provocar secuelas de por vida e incluyen una alta dosis de violencia incluso en el menos lesivo de los casos. The Sarco es todo lo contrario: una despedida tranquila, con vistas a tu paisaje favorito (tiene ventanas).

Según Exit International, la máquina no tiene muchos problemas de producción. Las autoridades de Países Bajos ya le han informado de que no hay restricciones legales. Otra cuestión es que se pueda vender a terceros países donde la legislación de la eutanasia esté mucho más limitada. Allí no llegará The Sarco, un hito tecnológico y un controvertido producto moral del futuro al que nos encaminamos.

Si estás lidiando con problemas de salud mental o necesitas ayuda relacionada con el suicidio puedes contactar aquí con RedAIPIS, la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio. También puedes llamaral Teléfono de la Esperanza: 717 003 71.

Intolerancia y otras idioteces

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Hace tiempo que los libros de texto escolares en España se han convertido en interesante territorio donde espigar lo que nos espera. O lo que vamos teniendo ya. Un observador superficial deduciría que todo responde al plan maquiavélico de un profesor Moriarty que se proponga convertirnos, de aquí a una generación, en un país de imbéciles analfabetos; aunque, eso sí, rigurosa y políticamente correctos. Pero no creo que haya plan. Ojalá tuviéramos uno. Se trata, en realidad, de simple contagio colectivo e inexorable, propio de un país como el nuestro, donde cuando se celebre el Día del Orgullo Gilipollas no vamos a caber todos en la calle.

El último hallazgo acabo de hacerlo en un texto escolar de 5º de Primaria. Tras la triple pregunta ¿Cuál era la religión en los reinos de los reyes católicos? ¿Qué les sucedió a los judíos y musulmanes en esta época? ¿Qué era el Tribunal de la Inquisición?, cuestión absolutamente lógica y que con buenos profesores se presta a útiles debates sobre momentos decisivos –para bien y para mal– en la historia de España, figura, bajo el epígrafe Educación Cívica, otra doble pregunta de carga envenenada:¿Crees que los Reyes Católicos eran tolerantes? ¿Qué opinas sobre que se obligue a las personas a practicar una religión?.

La respuesta a esa simpleza no puede ser más que una: los Reyes Católicos no eran tolerantes ni por el forro, y es malo que se obligue a nadie a practicar una religión, como hicieron ellos y sus sucesores. Faltaría más. La misma forma de plantear la pregunta conduce, inevitablemente, a esa respuesta simple, que en realidad no lo es tanto. De ahí lo peligroso del asunto. Su carga envenenada.

Vistos desde aquí, por supuesto, los Reyes Católicos no eran tolerantes en absoluto. Lo que eran es una mujer, Isabel de Castilla, y un hombre, Fernando de Aragón –reino que incluía el condado de Barcelona, entre otras cosas–, cuyo matrimonio unió a dos extraordinarios personajes de Estado que, con decisión política y visión de futuro, consiguieron la unidad de España al conquistar el reino musulmán de Granada. Los dos eran inteligentes y poderosos –los más poderosos de su tiempo en Europa–, pero desde luego no eran tolerantes. No podían serlo, como no lo fue ninguno de sus coetáneos, ni el papa de Roma, ni los reyes de Francia o Inglaterra, ni el sultán de Turquía, ni nadie con mando en plaza. La tolerancia, como la entendemos hoy, estaba reñida con el poder, con las nacionalidades que se empezaban a afirmar –la española fue de las primeras– y con la guerra y la violencia, instrumento habitual de relación entre comunidades, territorios, pueblos, estados y religiones. Con tolerancia no se habría construido España, como tampoco ninguno de los países hoy conocidos. Y en el siglo XV, la religión era fundamental a la hora de establecer todo eso. Sin unidad religiosa era imposible establecer unidades políticas; y esa cruda realidad aún daría pie a muchas guerras y atrocidades en los siglos siguientes: guerras de religión que ensangrentarían Europa y muchos otros lugares.

Desde luego que la respuesta es no. Desde una mirada actual, tolerantes no fueron los Reyes Católicos, ni antes de ellos los cruzados, ni Saladino, ni los reinos hispanos, ni Almanzor, ni lo serían después Carlos V, Felipe II, Lutero, Calvino, Napoleón, Robespierre, Lenin, ni nadie que haya pretendido consolidar su poder y vencer a sus enemigos. Ni en Atapuerca lo eran. La Historia de la Humanidad, entre otras cosas, está hecha de intolerancias. Y atribuir ese rasgo a unos reyes decisivos para España sin situar el asunto en el contexto real de su tiempo, supone una irresponsabilidad. Significa echar, sobre nuestras siempre maltrechas espaldas históricas, falsas responsabilidades y complejos perniciosos y estúpidos.

Nuestro pasado fue tan crudo, triste, fascinante y admirable como el de cualquier otro país. Transcurrió en un mundo en el que todos jugaban con las mismas reglas, o ausencia de ellas. Juzgar a sus actores con ojos del presente es una injusticia y un error, sobre todo en esta España que vive mucho de lo oído y poco de lo leído. Aplicar la mirada ética de hoy a los hechos de entonces no sirve sino para que los jóvenes renieguen de una historia que no es mejor ni peor que en otros países o naciones. Así que no mezclemos churras con merinas. Preguntemos a un joven estudiante si un neonazi, un maltratador de mujeres o un yihadista son tolerantes, y situemos a los Reyes Católicos en el contexto que les corresponde. El deber de un sistema educativo es conseguir que la historia, el pasado, la memoria, se estudien para comprenderlos. No para condenarlos desde la simpleza y la ignorancia.