Hallado muerto el vocalista de Linkin Park, Chester Bennington

D.E.P. Vocalista de una de las mejores bandas de rock de la pasada década. Sus últimos discos ya eran bastante más oscuros.

https://elpais.com/cultura/2017/07/20/actualidad/1500575039_153934.html

 

Chester Bennington durante un concierto el pasado 3 de julio, en Londres. En el vídeo, durante una grabación. Burak Cingi Redferns | LINKIN PARK

Chester Bennington (Phoenix, 1976), vocalista del grupo de rock Linkin Park, ha sido hallado muerto en una residencia de Palos Verdes, en Los Ángeles, según ha confirmado la oficina forense de la ciudad. “La principal hipótesis que manejan los investigadores es la del suicidio”, ha declarado el jefe de la oficina. Su cuerpo ha sido descubierto esta mañana, antes de las 09.00, hora local de California (18.00, hora peninsular en España). Bennington tenía 41 años y tuvo seis hijos de dos matrimonios.

El cantante de Linkin Park, según aseguró él mismo, luchó durante años contra sus adicciones a las drogas y el alcohol. Aunque en 2011, aseguró que llevaba seis años sobrio. En alguna ocasión declaró que había considerado suicidarse porque de niño sufrió abusos sexuales por parte de un adulto. Bennington tenía una estrecha relación con Chris Cornell, vocalista de Soundgarden y Audioslave, que también fue encontrado muerto en mayo pasado.

Bennington no era parte de los fundadores originales de Linkin Park, pero se unió al grupo antes de que lanzara su primer disco, Hybrid Theory, en 2000. Tuvo tanto éxito, que llegó a ser el séptimo álbum más vendido de la década. El grupo californiano ganó dos Grammy y ha vendido 68 millones de discos. Su estilo, enmarcado en el nu metal, mezcla rock, rap y sonidos electrónicos. Entre sus éxitos más conocidos están Crawling o In the end. Bennington fundó en 2005 un proyecto alterno que se llama Dead by Sunrise.

El grupo estaba promocionando su décimo álbum, One more light, lanzado en mayo. El disco vendió 111.000 copias en su primera semana y logró ser número uno de la lista Billboard. El 22 de junio, Linkin Park estuvo en concierto en Madrid, y el pasado 3 de julio, en Londres. El inicio de su gira estadounidense estaba preparado para el próximo jueves, 27 de julio, con una presentación en Massachusetts.

Un homenaje:

 

Los mileuristas son los nuevos ricos: crónica de una gran estafa

http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2017-07-01/mileuristas-nuevos-ricos-sueldos-bajos_1406603/

Hace 12 años, percibir 1.000 euros mensuales parecía un escándalo. Una década y una crisis después la sensación es que estamos aún peor y que muchos cobran incluso menos

Foto: 1.200… 1.000… 800… Los empleos precarios y a tiempo parcial hacen que los ingresos desciendan aún más. (iStock)

Mucho antes de que no se nos cayese la palabra ‘millennial‘ de la boca, existió otro término que reflejaba de manera más precisa la realidad de toda una generación: ese “mileurista” que se pudo leer por primera vez en una carta al director publicada en ‘El País’. La autora, Carolina Alguacil, lo describía como “aquel joven, de 25 a 34 años, licenciado, bien preparado, que habla idiomas, tiene posgrados, másteres y cursillos”… pero que no cobra más de 1.000 euros mensuales. Era el primer síntoma de una enfermedad que se extendería como una pandemia dos años después con el estallido de la crisis, el paro endémico, la bajada de sueldos y, sobre todo, esa sensación de haber sido traicionados que compartía toda mi generación. ¿Dónde está la vida que nos prometieron?

Todos sabemos lo que ocurrió a continuación. Los primeros artículos sobre el mileurismo probablemente fueron escritos por periodistas a los que les parecía inconcebible que alguien (¡quizá sus propios hijos!) cobrasen tan poco a pesar de todo su esfuerzo. A medida que el término se popularizó, muchos empezaron a admitir sin complejos que ellos también lo eran, como en ‘Espartaco‘. Terminó dándose la paradójica situación de que los reportajes sobre las tristes expectativas vitales de los mileuristas fuesen escritos por redactores que cobraban incluso menos. Pero bueno, aquello iba a durar poco. O no. Finalmente, los antiguos mileuristas terminaron por engrosar las filas del paro, al ser el eslabón más débil de la cadena, y las empresas comenzaron a considerar los 1.000 euros como la frontera del sueldo digno.

Una gran parte de los españoles viven en esa tierra de nadie que abarca desde el sueldo mínimo hasta los cuatro dígitos de los 1.000 euros

El listón ha ido bajando tanto que, en algún momento de esta última década, aquello que parecía una lamentable excepción ha terminado convirtiéndose en deseable. No son ni una ni dos las veces que en los últimos años he oído hablar de una paga de 1.000 euros mensuales (¡brutos!) como “un buen sueldo” (a veces acompañado por la coletilla “para lo que hay por ahí”). “Soy consciente de que es un sueldo bajo y que quizá no podría independizarme”, me explica una conocida a punto de terminar sus estudios. “Pero aceptaría, porque es más de lo que me ofrecen actualmente”. Tiene una dificultad añadida, que es que la mayoría de trabajos que le ofrecen exigen que deba ser autónoma. Y ya, por lo tanto, no hablamos de 1.000 euros, sino de mucho menos.

Es probable también que el término “mileurista” tuviese tanto éxito porque dio por fin nombre a una realidad que ya existía pero de la que no se hablaba demasiado, al estar fuera del radar de los líderes de opinión: la de la gran cantidad de trabajadores no cualificados –a veces autónomos, a veces con contratos a tiempo parcial, casi siempre precarios– cuyos ingresos quedaban por debajo de ese umbral. Quizá los mileuristas siempre existieron, pero no tenían nombre. Hoy en día, un tercio de españoles se mueve en esa tierra de nadie que abarca entre el sueldo mínimo interprofesional (707,6 euros) y los cuatro dígitos.

Lo señalan los datos del INEel 30% de españoles cobra menos de 1.221 euros brutos al mes. Esta semana, la Encuesta Anual de Estructura Salarial recordaba que el sueldo más frecuente de los españoles se encuentra en 16.498,47 euros euros anuales brutos, menos de 1.000 euros al mes si se divide en 14 pagas. Según un trabajo del profesor Florentino Felgueroso, hasta 6,58 millones de trabajadores cobran al año ingresos inferiores al SMI. Es todo cuestión de perspectiva, y quizá el mileurista que revise estos datos suspire tranquilo; es la trampa de que siempre haya alguien incluso peor que tú.

El becario de 50 años

Basta con buscar en Google cualquier profesión que se nos ocurra junto al término “mileurista” para comprobar que sueldos de 1.000 euros hay en casi todos los sectores. ¿Abogados? ¿Profesores? ¿Médicos? ¿Psicólogos? ¿Funcionarios? ¿Controladores del SER? ¿Cajeros de supermercado, trabajadores de cadena de comida rápida? ¿Dependientes de tienda de ropa? ¿Vigilante de seguridad? No hay sector que en un momento u otro no se haya sentido identificado con el término de mileurista, con honrosas excepciones.

Aunque ganen más de la media de 800 euros, no son ricos. Nos quitan la vida, pero tienes que dar las gracias

La diferencia en 2017 se encuentra en que poco a poco se ha desarrollado la conciencia de que estos sueldos son injustos pero inevitables. Podríamos estar mucho peor, sospechamos. Los altos niveles de paro han provocado que empleos que en un principio se considerarían mal pagados terminen aceptándose, puesto que la única opción es el paro y, con él, la salida del mercado laboral y esos incómodos huecos en el currículo que tan difíciles resultan de explicar en una entrevista, como dice la ideología de la búsqueda de trabajo. En ese contexto, cobrar 1.000 euros se vende casi como una deferencia por parte del empresario. “No son ricos aunque ganen más de la media de 800 euros, porque los gastos son iguales”, se queja un amigo. “Nos hacen creer que somos afortunados, y nos quitan la vida, pero eh, tienes que dar las gracias”.

No hay mejor ejemplo de ese deterioro de los sueldos que esas personas que, en cada nuevo trabajo, han cobrado un poco menos que en el puesto anterior, una trayectoria descendente que desmiente todas las promesas sobre la progresión laboral (“vale, ahora cobras poco, pero es un paso indispensablepara ganar más dentro de un par de años”). Por supuesto, estos ya no son jóvenes, sino trabajadores que llegan a superar los 40 años y que han tenido que volver a la casilla de salida, reciclándose o no. Para muchas empresas, contratar a trabajadores con experiencia a precio de becario ha sido un chollo que han podido permitirse fácilmente.

Para que las cuentas salgan, tenemos que hacer ciertas concesiones. (iStock)
Para que las cuentas salgan, tenemos que hacer ciertas concesiones. (iStock)

Otros tantos han tenido que conformarse con cobrar menos que antes. Me lo explica un amigo que se dedica al rotulismo, y que a sus 47 años ha experimentado en sus propias carnes los efectos de estas gangas salariales: el de 1.000 euros es “un sueldo que sin prorratear está bien”… pero que es muy inferior a lo que cobraba hace más de una década. No hay nada como verse obligado a rebajar las expectativas para tolerar lo que antes parecía excepcional o, en todo caso, era propio de jóvenes que empezaban y necesitaban foguearse un poco. También porque otros incentivos económicos han ido desapareciendo; en su caso, me explica, el pago de las horas extras se ha sustituido por descansos. En el nuevo estado de las cosas, es habitual ser mileurista con tiempo libre; es decir, a tiempo parcial, pero mileurista al fin y al cabo. Quizá pluriempleado.

¿Qué fue de nosotros?

En el fondo de la queja de la joven Alguacil, que tenía 25 años por aquel entonces, latía la sensación de que las cosas debían cambiar, y que de hecho, tenían que cambiar. Vista hoy en día, su carta no es tanto una pataleta (quizá esta columna sí lo sea) como una llamada a la acción. Como suele ocurrir en estos casos, el término tuvo su eco y su consabida reacción. Entre los primeros, que se empezase a hablar de “la generación más preparada de la historia de España“. Entre los segundos, el argumento de que había demasiado licenciado para el mercado laboral español y que, claro, no se pueden pedir peras al olmo. ¿Resultado? Que debe ser la universidad la que se adapte a la empresa, que más de la mitad de los trabajadores menores de 30 años esté sobrecualificada y que este mismo viernes la encuesta del Centro Sofía sobre Juventud calificase a los jóvenes como “optimistas” a pesar de que el 68% de ellos reconociese que van a tener que trabajar “en lo que sea”.

“Si me dices que es hasta las tres de lunes a viernes, al menos tienes tiempo”: quizá seas mileurista o peor, pero con la tarde libre

Es solo el principio. Las nuevas tendencias apuntan a que el empleo será aún más fragmentado, más parcial, más inestable… y, por lo tanto, mucho más difícil de entender y controlar. Esta misma semana descubrimos que uno de cada cuatro empleos temporales tenían una duración de una semana. Un 43% duraban menos de un mes. ¿Mileuristas? Resulta casi imposible utilizar dicho término en esta nueva realidad en la que la precariedad es cotidiana. Ya no se trata de graduados. En este país de turismo y hostelería en el que nos estamos convirtiendo, el indefinido es el rey.

Muchas de las respuestas que recibo al preguntar por los dichosos 1.000 euros ya no se centran el empleo en sí, sino con las expectativas personales, que son las que, forzosamente, se han tenido que amoldar al estado de las cosas. “Depende de la situación personal, si alquilas, si eres soltero, si tienes hijos o perros”, me cuenta una amiga. “Si me dices que es hasta las tres de lunes a viernes, al menos tienes tiempo”, me recuerda otro colega. Al final, la trampa es siempre la misma: por mucho que consideremos que nuestro trabajo vale más o menos, no es el orgullo, la conciencia de clase o nuestros principios lo que nos hace aceptarlo o rechazarlo, sino más bien, lo que necesitamos para ver cubiertas nuestras necesidades. Salvo que seamos ricos (pero de los de verdad, no de los de 1.000 euros) y podamos permitírnoslo.

No te quiero

Hablarán todo lo mal que quieran de esta banda pero esto era un temazo de esos con los que no puedes esta quieto:

O esta otra, con un estribillo brutal: “I don’t love you…like i loved you yesterday” (No te quiero…como te quería ayer)

 

Un par de canciones

The All American Rejects es una banda usana que conocí hace 12 años con su álbum Move Along, con canciones como el título del disco, Dirty Little Secret o It ends tonight. Con su siguiente cd tuvieron incluso más éxito pero se estrellaron con el siguiente. Llevan un tiempo sin sacar nada pero el año pasado incluyeron esta canción en una banda sonora:

There’s a place
Somewhere that’s between dream and awake
That’s where we’ll find each other
And I know that that sounds stupid
It’ll give us both something to find

When we were kids
All run-and-gun and back-talk kinda kids
We’d get drunk out on the sidewalk and we’d laugh ourselves home
Used to do that kinda shit all the time
And what I fight today
I always keep those yesterdays in my mind

All I want, wanted
Was to be want, wanted by you

Cause when goodbyes
Get easy, we’ll all be alone
But why God, why?
Can’t this one just be even though
That I’m gearing up for this battle
Even if I know that I may never win
When you throw yourself away
Just to throw yourself away again

All I want, wanted
Was to be want, wanted by you
All I need, I needed
Was to be need, needed by you

In your heart, that’s where I’ll always be
Now close your eyes and I will never leave
It’s funny how I see us hand in hand
I miss you already, understand
That I know that you aren’t ready
But you don’t get to pick the day
That the worst one in your life will land right on
I can hear you beg for more
I can hold you in this song

All I want, wanted
Was to be want, wanted by you
By you, by you, and honey
All I need, all I needed
Yeah, was to be, just to be needed by you

Your subtleties
They strangle me
I can’t explain myself at all.
And all the wants
And all the needs
All I don’t want to need at all.

The walls start breathing
My mind’s unweaving
Maybe it’s best you leave me alone.
A weight is lifted
On this evening
I give the final blow.

When darkness turns to light,
It ends tonight
It ends tonight.

A falling star
Least I fall alone.
I can’t explain what you can’t explain.
You’re finding things that you didn’t know
I look at you with such disdain

The walls start breathing
My mind’s unweaving
Maybe it’s best you leave me alone.
A weight is lifted
On this evening
I give the final blow.

When darkness turns to light
It ends tonight,
It ends tonight.
Just a little insight won’t make this right
It’s too late to fight
It ends tonight,
It ends tonight.

Now I’m on my own side
It’s better than being on your side
It’s my fault when you’re blind
It’s better that I see it through your eyes

All these thoughts locked inside
Now you’re the first to know

When darkness turns to light
It ends tonight,
It ends tonight.
Just a little insight won’t make this right
It’s too late to fight
It ends tonight,
It ends

When darkness turns to light
It ends tonight,
It ends tonight.
Just a little insight won’t make this right
It’s too late to fight
It ends tonight,
It ends tonight.

Tonight
Insight
When darkness turns to light,
It ends tonight.

 

O esta obra maestra de la banda sonora de Dirty Dancing:

She’s like the wind through my tree
She rides the night next to me
She leads me through moonlight
Only to burn me with the sun
She’s taking my heart
But she doesn’t know what she’s done
Feel her breath on my face
Her body close to me
Can’t look in her eyes
She’s out of my league
Just a fool to believe
I have anything she needs
She’s like the wind
I look in the mirror and all I see
Is a young old man with only a dream
Am I just fooling myself
That she’ll stop the pain
Living without her
I’d go insane
I feel her breath on my face
Her body close to me
Can’t look in her eyes
She’s out of my league
Just a fool to believe
I have anything she needs
She’s like the wind
Feel your breath on my face
Your body close to me
Can’t look in your eyes
You’re out of my league
Just a fool to believe
Just a fool to believe
She’s like the wind
Just a fool to believe
Just a fool to believe
She’s like the wind
Just a fool to believe
Just a fool to believe
She’s like the wind
Just a fool to believe
Just a fool to believe
She’s like the wind
Just a fool
She’s like the wind
She’s like the wind
Just a fool
She’s like the wind
Just a fool

Roig vs Bezos: Mercadona necesita ser Amazon antes de que Amazon consiga convertirse en Mercadona

https://m.xataka.com/empresas-y-economia/roig-vs-bezos-mercadona-necesita-ser-amazon-antes-de-que-amazon-consiga-convertirse-en-mercadona

¿Puede uno de los supermercados más potentes de España perder 30 millones en su negocio online cada año? Por supuesto. Tan sólo tiene que proponérselo y arrastrar una página web digna de principios de siglohasta 2017. Una que su propio presidente ejecutivo y máximo accionista, el empresario valenciano Juan Roig, calificó recientemente de “mierda” en un arranque de sinceridad.

Las declaraciones de Roig sobre la calidad de su página web no vinieron solas, ya que venían acompañadas de un propósito de no sólo modificarla, sino darle un giro a la compañía hacia lo digital. O, como últimamente está de moda decir, abrazar un modelo de transformación digital de una vez por todas.

Las preguntas que debemos hacernos son las siguientes: ¿Qué ha cambiado para que se acometa este proyecto ahora¿Por qué no hace dos, tres o cinco años? ¿Qué supondrá adquisición de Whole Foods por parte de Amazon en todo ello?

Aunque, probablemente, la más importante de todas sea esta: ¿qué ocurrirá antes, que Amazon se vuelva diestro en el negocio de la distribución de alimentos o que Mercadona haga lo propio pero con la digitalización del suyo?

El estancamiento de las marcas blancas y el crecimiento del ecommerce

Bebdias

No es ningún secreto que uno de los factores del éxito de Mercadona es su marca blanca. Mediante las marcas propias Hacendado y Deliplus, ha sabido atraer a los clientes bajo una propuesta de calidad a precios muy competitivos. Una estrategia que funcionó muy bien durante los años de crisis.

Este éxito ha atraído a otras cadenas, que rápidamente expandieron la disponibilidad y variedad de las marcas blancas en España. En 2001 había alrededor de 85.000 referencias de este tipo; hoy alcanzan las 147.000 según datos de Kantar Worldpanel recogidos por El Mundo.

Marcas Blancas Evolucion Espana 2015El formidable crecimiento experimentado en las marcas blancas se ha detenido y comenzado un ligero retroceso.

Sin embargo, el crecimiento fácil se ha detenido y este sector ha alcanzado la madurez. Atrás han quedado crecimientos de dos dígitos año a año y ahora coquetea cerca del cero. En el global del mercado de alimentación, hemos pasado de comprar un 19,7% de marcas blancas en 2002 según Nielsen (recogido por el diario ABC) al 39,7% en 2015, según la consultora IRI.

El duelo Mercadona y Amazon tiene dos escenarios: en uno, las marcas blancas se han estancado; en el otro, el ecommerce sigue creciendo como la espuma

Este estancamiento en el despliegue de marcas blancas es, en cierto modo, normal. Cuando se tiene una base pequeña en valores absolutos, el crecimiento es más sencillo que cuando es muy amplia.

Ecommerce

Un estancamiento que contrasta con el crecimiento todavía a dos dígitos del ecommerce en España. El ritmo no es el mismo que hace un par de años, pero este sector ha pasado de mover 2.000 millones de euros a más de 6.100 millones en cinco años. Y se trata de uno que, casualidad, es en el que juega Amazon.

Y no olvidemos que Amazon también cuenta con su propia línea de productos de marca propia: AmazonBasics. Enfocado a productos commodity tipo pilas o cables, la compañía de Jeff Bezos dio el salto recientemente al mercado de productos frescos con AmazonFresh. Sin embargo, AmazonFresh palidece en comparación con Hacendado, no sólo en variedad de productos sino en un aspecto tremendamente necesario en la distribución: el efecto red de los supermercados.

El reto de Amazon: el efecto red de los supermercados

Amazon Prime

Con frecuencia, los que compramos mucho por internet tendemos a despreciar la distribución física. Y, sin embargo, la invasión del ecommerce y su infinita escalabilidad carece de un valor fundamental: la visibilidad. O también podríamos llamarlo efecto red, un concepto que recuerda a las redes sociales y apps de mensajería instantánea.

Todas las redes sociales y apps de mensajería que han triunfado lo hicieron porque fueron capaces de escalar de manera casi instantánea. Facebook, WhatsApp, Line y WeChat han llegado hasta donde están porque todos nuestros contactos están ahí y entraron casi al mismo tiempo que cada uno de nosotros. Por eso es tan difícil construir una red social o app de mensajería que triunfe partiendo de cero, porque no tienes tiempo para crecer lentamente tu base. Por eso han fracasado innumerables compañías que han intentado crear una nueva red social o app de mensajería desde cero.

Con la distribución ocurre lo mismo. Las cadenas de supermercados juegan un papel protagonista en la venta minorista. Mercadona cuenta con 1.588 supermercados situados en poblaciones de toda la geografía española. 1.588 lugares conocidos por millones de personas en todo el país que saben que ahí van a encontrar lo que buscan, gracias a que es un lugar familiar. Amazon no puede competir lentamente contra Mercadona, construyendo su red de distribución de productos de supermercado desde cero porque carece de efecto red: no tiene la inmensa cantidad de clientes familiarizados que ya tiene la compañía valenciana.

Ni tampoco tiene el tiempo para construirlo desde cero.

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Los supermercados son como las apps de mensajería: necesitas tener muchos de golpe para poder rotar gran cantidad de producto en poco tiempo, de lo contrario se pudrirá

De ahí se explica la adquisición de Whole Foods, una cadena de supermercados cuyas ubicaciones se corresponden de manera significativa con el despliegue de Amazon Fresh en EEUU. Y es que, de golpe, Amazon ha comprado a su WhatsApp de turno (que recordemos, es de Facebook) y toda la red que le acompaña. Porque no sólo está comprando las ubicaciones de los supermercados, sino también a los millones de clientes acostumbrados a hacer la compra en ellos.

Trabajar con un producto que en 7 días se echa a perder es una gran presión para un negocio. Debe saber gestionar la recepción y envío a los supermercados de los alimentos para que éstos sean colocados lo suficientemente rápido como para que un cliente los vea y compre a tiempo. Comprar 10 toneladas de tomate para ensalada es relativamente fácil, pero cuando lo tienes, ¿cómo te deshaces de él?

Debes ser capaz de distribuirlo a los clientes antes de que se pongan malos. Y aquí es donde entra de nuevo el efecto red. Seguramente, a pocos del sector se le ocurrió pensar que Amazon podría solucionar su principal desventaja en la venta de alimentos frescos a base de talonario. Ahora, esto supone una posibilidad muy real para expandirse por otros continentes.

La dictadura de los átomos de Mercadona

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Adaptarse al mundo digital cuando tienes una mochila muy pesada en forma de átomos no es nada sencillo. Como prueba tenemos la maravillosa versión online del supermercado de Mercadona que mencionábamos al principio. “Una web es una chorrada que no sirve para vender más” es una frase que se podría escuchar de algún ejecutivo y no le faltarían pruebas. Como muestra está el hecho de que perdiera millones cada año. “¿Veis lo que os decía, la gente no quiere comprar online?”

Aunque más que los átomos, lo que Mercadona debe cambiar es su cultura. Dar el salto a lo digital no significa abrirse una cuenta de Twitter corporativa y lanzar un par de tweets ingeniosos,  ni tener una web molona. Tampoco se consigue contratando a veinte millenials muy digitales. Ni consiste en vender más con una tienda online. Es mucho más que todo esto.

La transformación digital no es sólo tecnología, es una oportunidad de conectar empleados, clientes y empresas

Es un cambio de concepto, de foco y de mentalidad. Es una fusión entre lo offline, lo físico y los átomos con lo online, los bytes y lo inmaterial. Es derribar las barreras que separan ambos mundos para hacerlo funcionar al unísono. Es aprovechar la tecnología existente y la futura para que todo fluya: empresa, empleados, clientes y proveedores. Porque lo digital se retroalimenta de lo físico y a la inversa.

En este salto, es muy tentador confundir digitalización con tecnología, cuando esta transformación engloba tres aspectos: recursos humanos, procesos y estrategia comercial. Una empresa como Amazon combina los tres y los hace girar alrededor del cliente, colocándolo en el centro de verdad. “Las personas primero”, un lema que siempre se ha dicho de boquilla pero pocos han aplicado en el mundo real.

En este sentido, Mercadona cuenta con un as en la manga. Su presidente es plenamente consciente de los retos a los que se enfrenta su empresa y no desecha la digitalización como una moda pasajera. Porque si la orden viene de arriba, este viaje es más sencillo de recorrer que si la cúpula lo ignora u opone frontalmente.

El tiempo corre en contra de Mercadona y Amazon

Tick-tack, es el sonido de los segundos desvaneciéndose. Tanto Mercadona como Amazon se encuentran en una carrera contrarreloj por ver quién consigue su objetivo antes que el otro. Mercadona está dispuesta a poner toda la carne en el asador, no sólo contratando a perfiles digitales sino adaptando la empresa a esta nueva realidad. Pero no tiene tiempo para derrochar.

Por su parte, Amazon es incapaz de crecer de manera orgánica. Necesita hacerse con un grupo distribuidor potente con presencia en toda Europa a ser posible. Aquí, su asociación reciente con el grupo DIA en España, es interesante pero insuficiente. Amazon necesita un grupo mucho mayor:

Ranking
Amazon no puede crecer orgánicamente, abriendo un supermercado tras otro. Necesita tener 400 o 500 en muy poco tiempo

Hay un ranking elaborado por Deloitte sobre las 250 cadenas de retail a nivel mundial clasificadas por facturación anual (nota: hay alguna contradicción sobre el año, parece 2016 pero en la tabla indica 2014). En la imagen superior podemos ver las 20 primeras, donde aparecen varias de Europa:

  • LIDL – Schwarz Unternehmenstreuhand KG de Alemania, en 4º lugar.
  • Tesco de Reino Unido, en 5º lugar.
  • Carrefour de Francia, en 6º lugar.
  • Aldi y Metro de Alemania, en 7º y 8º puestos respectivamente.

Para encontrar algún representante patrio, debemos ir hasta el puesto 44 donde nos encontramos con la propia Mercadona, o hasta el número 68 donde se encuentra El Corte Inglés (pero que engloba todo su negocio). DIA por su parte, está en el número 96. Tal vez, Amazon podría adquirir un player regional y no multinacional en cada uno de los países más relevantes de Europa. O que en este ranking haya alguno multinacional escondido del tamaño de Whole Foods, más asequible.

El partido parece que aún está abierto. Ambos colosos tienen ventajas sobre el otro, así como debilidades. ¿Y si Amazon acabara comprando Mercadona?

Otro comentario…

extraído de un foro en el que se debate sobre una oferta de empleo a un ingeniero eléctrico senior por 1100 euros/mes (una vergüenza), y que me ha encantado porque refleja la realidad de un país enfermo:

Pon una oferta de trabajo buscando ingeniero con tres años de experiencia por 1.000€ y prepárate para recibir cientos de CV.

Busca un electromecánico especializado en grupos electrógenos que ofrezca experiencia y garantías, y ofrece 1.500€ al mes, ahora siéntate a esperar. Algunos se apuntarán, pero son matados que no cumplen con unos mínimos.

La formación como llave para el ascenso social ha sido una de las tantas mentiras que ha colado el sistema para tener atontada a la población joven, de tal forma que no haga arder las calles.

Es curioso como en mi empresa todos los operarios están casados o arrejuntados, con sus correspondientes hijos. Tienen su casa y su coche. Muchos de ellos se traen todoterrenos de 50.000€. Mientras tanto los “inteligentes” estamos empezando a formar cierto patrimonio después de habernos incorporado al mercado laboral mucho más tarde. Los que se casan lo hacen con tías que llevan más kilometraje que un taxi. Hoy en día un universitario es la definición de gilipollas en estado puro. Te dejas tu juventud y tu salud para después ser el pringado de la empresa.

Desde que se masificó la universidad estudiar es de imbéciles desde un punto de vista práctico. El sistema quiere borregos y para ello tiene que promocionar sus centros de adiestramiento.

¿CÓMO ES EL UNIVERSO: FINITO O INFINITO?

http://cienciadesofa.com/2017/07/como-es-el-universo-finito-o-infinito.html

Hoy toca responder a unas cuantas preguntas que quedaron en el aire cuando hablé sobre el concepto de universo observable que, en resumidas cuentas, es el volumen de 46.500 millones de años luz de radio que nos rodea. Esa esfera representa la distancia a la que se encuentran hoy en día los objetos más lejanos de los que tenemos información, que son los que emitieron la radiación de fondo de microondas hace 13.800 millones de años.

Pero, ¿qué relación tiene el límite del universo observable, también llamado horizonte de partículas, con el tamaño real del universo? ¿Hay más espacio y galaxias tras ese horizonte o la realidad termina en él como si fuera una carretera cortada? Y, si el universo continúa más allá de este límite, ¿el espacio y las galaxias se extienden hasta el infinito o dejarías de ver materia si te alejaras lo suficiente?

Creo que son demasiadas preguntas incluso para mí.

No te preocupes, voz cursiva. Empecemos por lo básico: ¿cómo sabemos que el universo continúa más allá del universo observable?

Ya habíamos visto que el universo no está en expansión porque las galaxias se estén alejando de un punto “central” del espacio sino que, en realidad, lo hace porque el propio espacio que las separa se está estirando. Como todas las galaxias se alejan unas de otras ellas sin ningún punto de referencia común, siempre te dará la impresión de que tú estás en el centro del universo y que el resto de las galaxias son las que se están alejando de ti, vayas donde vayas.

Por supuesto, eso no es más que una ilusión óptica que se puede apreciar claramente en esta secuencia de imágenes: cada vez que se centra el mismo punto de las dos imágenes (los puntos están más separados en una de ellas), el resto quedan descentrados, dando la impresión de que todos los demás se han alejado de él.

En la vida real, este fenómeno provoca que cada punto del espacio tenga su propio universo observable a su alrededor, lo que significa que, si te mudaras a una galaxia lo suficientemente lejana, observarías regiones distantes del universo que quedan fuera de nuestra vista desde la Vía Láctea.

Y a cada observador que está en el centro le parece que todo lo que le rodea se está alejando de él.

Total que, como parece que el universo no tiene un centro absoluto y a lo que llamamos universo observable es una simple cuestión de perspectiva, entonces parece lógico concluir que el universo continúa más allá de nuestro universo observable.

Captado. Así que, en principio, existirían más espacio y más galaxias tras el horizonte de partículas ¿verdad?

Exactamente, voz cursiva.

Vale, vale. Pero, entonces, ¿qué pasa con todo ese universo que hay más allá de nuestro universo observable? ¿Es una esfera aún mayor, pero con un tamaño limitado? ¿O, por el contrario, las galaxias se extienden para siempre en todas las direcciones?

Esa es una pregunta más difícil de responder.

Para poder estimar hasta qué distancia se extiende universo más allá del horizonte de partículas, primero tendríamos que recibir algún tipo de información emitida desde esa región que nos permitiera deducir cómo está estructurada. El problema es que todo lo que se encuentra más allá de nuestro universo observable se aleja de nosotros a velocidades muy superiores a la de la luz, de modo que nunca podremos recibir ninguna señal emitida desde su interior.

De hecho, incluso hay objetos que están dentro de nuestro universo observable que se alejan de nosotros tan deprisa que nunca sabremos nada más de ellas. Esto se debe a que se encuentran tras otro límite cosmológico, el horizonte de sucesos del universo, que representa la distancia a partir de la que un rayo de luz emitido ahora mismo nunca podrá alcanzarnos el el futuro, por mucho que se expanda nuestro volumen de Hubble.

Actualmente, esta frontera se encuentra a unos 16.300 millones de años luz así que, como podéis ver en la siguiente imagen, eso limita mucho la cantidad de información del resto del universo observable que podremos recibir en un futuro.

Pero, un momento, ¿cómo que no tenemos información de la materia que hay más allá del universo observable? ¿Y qué pasa con el famoso flujo oscuro?

Buena observación, voz cursiva, aunque no sé de dónde sacas eso de famoso.

El flujo oscuro es una supuesta anomalía en la distribución de la velocidad de algunas galaxias lejanas que parece indicar que se están moviendo hacia la misma región del espacio (aún más alejada que el famoso Gran Atractor). En base a estos datos, se ha sugerido que, en el pasado, estas galaxias podrían haber sido atraídas por la gravedad producida por una gran concentración de masa situada más allá de nuestro universo observable… Pero aún se está debatiendo la existencia de esa anomalía así que, de momento, no hay nada claro.

En cualquier caso, aunque no tenemos evidencias directas de que hay algo más allá del horizonte de partículas, el consenso el universo observable es una parte de un universo aún mayor. Partiendo de ahí, existen dos opciones: que la extensión del universo sea limitada más allá de nuestro horizonte de partículas o que se extienda infinitamente en todas las direcciones.

Veamos qué consecuencias tendría cada una de ellas.

HIPÓTESIS 1: EL UNIVERSO ES FINITO.

Venga, voy a ayudarte a encaminar esta sección. ¿Cómo se supone que funciona un universo infinito? ¿Es como una esfera enorme llena de galaxias que se acaba de repente? ¿O hay algún tipo de barrera al final, como un barranco en el límite del espacio?

Gracias, voz cursiva, pero no hay nada de eso. Un universo finito no tiene por qué estar limitado necesariamente por una frontera.

Hace un tiempo estuve hablando sobre qué significa que el universo sea “plano”. Los astrónomos no están afirmando que el espacio tiene literalmente dos dimensiones cuando dicen que el universo es “plano”, sino que es un término con el que se refieren a si nuestro espacio tridimensional está curvado o no sobre una dimensión adicional.

La curvatura del espacio influye en la pregunta de hoy porque, si se descubriera que el universo tiene una curvatura positiva (como una esfera), entonces no sólo significaría que el espacio está cerrado sobre sí mismo y que, por tanto, el universo tiene un volumen finito sino que, además, implicaría que tampoco tiene ninguna frontera que lo delimita.

¿Pero cómo puede estar el espacio tridimensional cerrado sobre sí mismo? ¿Y cómo no va a tener una frontera? ¿Cómo se supone que tengo que tragarme eso?

Intentaré ponerlo de otra manera que suene menos extraña.

Imaginemos que nos encontráramos sobre una superficie plana y finita que flota en medio del espacio (que no es el caso). Si nos pusiéramos a caminar en línea recta en cualquier dirección encima de ese mundo plano, entonces terminaríamos llegando hasta el borde y nos veríamos obligados a detenernos. Sobre una superficie curvada como la de una esfera, en cambio, ocurre algo muy distinto: si caminamos en línea recta en cualquier dirección, siempre volveremos al mismo punto de origen incluso aunque, desde nuestro punto de vista, no hayamos hecho más que alejarnos de él durante todo el camino.

¿Y qué tiene que ver esto con el universo real? Pues que si el espacio tuviera curvatura positiva y, por tanto, estuviera cerrado sobre otra dimensión adicional, entonces podrías montarte en una nave, partir en cualquier dirección en línea recta y, con el tiempo suficiente, volverías a llegar a la Tierra aunque nunca hubieras dado media vuelta.

Ah, vale, como en esos videojuegos viejos en los que desaparecías por un lado de la pantalla y aparecías por el otro.

Sí, bueno, más o menos. En cualquier caso, la ventaja de vivir en un espacio cerrado es que puedes calcular el tamaño del universo si consigues medir su curvatura. Y eso es precisamente lo que se está intentando.

En primer lugar, me gustaría adelantar que no tiene pinta de que el espacio tenga curvatura alguna: las mediciones más precisas que se han hecho hasta ahora parecen sugerir que vivimos en un universo “plano”. Pero, aunque hablaré sobre eso en un momento, en principio también existiría la posibilidad de que vivamos en un universo cerrado (y, por tanto, finito), pero tan grande que somos incapaces de distinguir su curvatura con la tecnología actual.

Partiendo de esta premisa, hay gente que se ha dedicado a intentar estimar cómo sería esa curva imperceptible e intentar calcular el tamaño del universo. Por ejemplo, en 2011, un grupo de investigadores aplicó análisis estadístico sobre el mapa de la radiación de fondo de microondas y concluyeron que, para observar una curvatura tan pequeña, tendríamos que estar metidos en un universo con un volumen 250 veces mayor que el de nuestro universo observable.

Por otro lado, otro artículo de 2006 sostenía que el volumen del universo podría ser al menos 21 veces mayor que el del universo observable. Pero el artículo añadía que, en el caso de que el universo fuera finito, las perturbaciones que sufre la radiación de fondo de microondas de camino a nuestros telescopios harán que nunca podamos saber si su volumen es más de 10.000 veces mayor que el del universo observable, por mucho que mejore la precisión de nuestros instrumentos.

Pero, pese a que existe la posibilidad de que vivamos en un universo “cerrado” y finito, aunque tan grande que nunca podremos deducir su tamaño, de momento hay otro escenario que parece más probable…

HIPÓTESIS 2: EL UNIVERSO ES INFINITO.

Ya en el siglo XVI, se razonó que el universo tenía que ser finito porque, si fuera infinito y contuviera una cantidad ilimitada de materia, en todos y cada uno de los puntos del cielo habría una estrella. Si esto fuera cierto, entonces el cielo debería estar permanentemente iluminado por la luz combinada de infinitas estrellas… Y, como habréis notado, ese no es el caso.

Pero esta contradicción no demuestra que el universo tenga que ser necesariamente finito: hoy sabemos que la expansión del universo se acelera con la distancia así que, incluso aunque existiera un número infinito de estrellas ahí fuera, sólo podemos ver la cantidad finita que está dentro de nuestro volumen de Hubble. Y eso por no decir que la luz emitida por objetos suficientemente lejanos está tan estirada por la expansión del espacio que queda fuera del rango de la luz visible.

En realidad, el hecho de que no se haya podido medir una curvatura apreciable del espacio apoya la idea de que el universo podría ser infinito.

¿Pero qué quiere decir exactamente que el universo podría ser infinito? ¿Que sería infinitamente grande y contendría infinitas galaxias? ¿Que contiene una cantidad limitada de materia, pero el espacio es infinito? ¡ESPECIFICA!

Me refiero a que podría ser infinito en los dos sentidos: tanto en su extensión como en la cantidad de materia que contiene.

Hemos visto que, en un espacio tridimensional cerrado, siempre volverías al punto de origen si te movieras en línea recta. Pero, si hicieras lo mismo en un espacio plano (e infinito), simplemente te alejarías de tu planeta de origen eternamente y nunca más volverías a ver a tus seres queridos… Aunque es posible que encontraras cosas bastante raras por el camino.

Como explica Fraiser Cain en Phys.org la probabilidad de que cualquier cosa se repita en alguna región del espacio en un universo infinito debería ser del 100%. Por tanto, podrías encontrar cualquier cosa imaginable si te alejaras lo suficiente de tu planeta natal, siempre y cuando las leyes de la física permitieran su existencia. De hecho, en un universo infinito, nada impediría que exista un planeta idéntico a la Tierra habitado por una copia exacta de ti mismo en algún lugar del espacio… O incluso que existieran infinitas versiones de ti mismo perdidas en la distancia eterna.

Pero, antes de que convirtamos la ficción en ciencia, no está de más mencionar que todo esto es especulación: hay se opone a esta idea y sostiene que un universo infinito no implica necesariamente que cualquier evento se tenga que repetir más de una vez en su interior.

Bueno, vale, pero estoy empezando a aburrirme de tantas elucubraciones sin fundamento. Ve al grano: ¿El universo es finito o infinito?

Pues siento decepcionarte, voz cursiva, pero nadie lo sabe de momento. En base a los datos de los que disponemos a día de hoy, podemos encontrarnos en dos escenarios:

  • Si el espacio no tiene curvatura (que, de momento, parece ser el caso), el universo podría ser infinito tanto en su extensión como en la cantidad de materia que contiene.
  • Si el espacio tiene una curvatura positiva tan leve que no la podemos detectar, entonces viviríamos en un universo inmenso, pero finito, cerrado sobre sí mismo.

Para variar, las cosas no son tan simples porque, mientras que un espacio con curvatura positiva da lugar necesariamente a un universo finito, parece ser que hay topologías que permiten que un espacio plano también genere un universo finito.

En cualquier caso, si desconocer la verdadera extensión del universo os impide dormir, tened en cuenta este dato: tanto si el universo es finito como si es infinito, permaneceremos siempre atrapados en el interior de nuestro universo observable.

Es más: teniendo en cuenta que el horizonte de sucesos del universo está mucho más cerca que el límite del universo observable, incluso aunque ahora mismo nos montáramos en una nave del futuro y pusiéramos rumbo a los confines del espacio, tan sólo tendríamos acceso al 3% del universo observable. Y ese número no hace más que bajar a medida que la expansión del universo se acelera.

O sea, que nunca podremos comprobar personalmente si alejarte en línea recta de la Tierra te lleva de vuelta a casa o si, por el contrario, te distancia para siempre de tus seres queridos, porque nunca llegaremos a atravesar el límite del universo observable para ver qué hay más allá… A menos que alguna de esas tecnologías teóricas tan recurrentes en la ciencia-ficción se convierta en una realidad (como los agujeros de gusano).

Así que no te preocupes de momento, voz cursiva, porque, independientemente de que el espacio sea finito o infinito, estaremos para siempre atrapados en un pequeño volumen del universo observable.

Soy psicóloga y sufro ansiedad

http://rasgolatente.es/psicologa-sufro-ansiedad/

El 11 de septiembre del pasado año sufrí mi primer ataque de pánico. En su momento no tuve claro qué me estaba pasando. Ahora sí. Pero empecemos por el principio. Era un día normal. No me encontraba peor que otros días. Es más, era uno de los mejores momentos de ese año, todo estaba tan bien como podía estar. Sin embargo, esa mañana, mientras trabajaba, me tomé un café –el segundo de la mañana– como muchos otros días. Al terminar la taza comencé a sentir mareo, dificultades para respirar, opresión en el pecho, taquicardia, sudoración en las manos, temor a desmayarme, a estar sufriendo un derrame cerebral, un ataque al corazón… Terror. Miedo a morirme. Todo ello acompañado por el temor a desmayarme en público, a, en definitiva, perder el control de mí misma y de mi cuerpo. El café no fue el culpable, claro. Tan solo fue el detonante de algo mucho más profundo que llevaba meses , incluso años, gestándose.

Piense en seis personas de su entorno. Manténgalas en su memoria. Ahora considere que, según las estimaciones disponibles, una de esas seis personas sufrirá en algún momento de su vida un trastorno de ansiedad: ataques de pánico, agorafobia, fobias específicas, fobia social, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de estrés post-traumático, trastorno por estrés agudo, trastorno obsesivo-compulsivo o trastorno de ansiedad no especificado. Con este post no pretendo dar claves para superar un trastorno de este tipo ni voy a ofrecer recetas mágicas. Mi pretensión es más modesta: ayudar a normalizar un trastorno que nos puede afectar a todos, bien sea directamente o a personas cercanas. Y dentro de ese ‘todos’, claro, no estamos excluídos los profesionales de la salud mental.

Y es que sí, soy psicóloga y he sufrido (sufro) un trastorno de ansiedad. En principio mi formación no debería ser relevante en esto, pero quizás sorprenda que una de las frases que más he escuchado estos últimos meses haya sido “¿tienes ansiedad siendo psicóloga?”. Cuando tenía ánimo para responder mi respuesta era “pensar que un psicólogo no puede padecer algún tipo de problema de salud mental es como pensar que un médico no puede resfriarse”. Ni los psicólogos, ni ningún otro profesional, estamos exentos de sufrir problemas de salud. En mi caso, descubrí que tampoco parecía tener más herramientas que el común de los mortales para hacer frente a este trastorno.

Hace unos años una amiga muy cercana comenzó a sufrir problemas de ansiedad. Yo me permití el lujo de darle algunos consejos –que acudiera a un profesional de la salud mental, que realizara técnicas de relajación, etc.–, pero cuando me llegó el turno a mí no fui capaz de aplicarme ninguno de esos consejos. Y es que, ya lo dicen, “en casa de herrero, cuchillo de palo”.

Mentiría si dijera que el primer ataque de pánico fue el comienzo de mis problemas de ansiedad, así como tampoco fue la peor parte de todo este proceso. Todo comenzó hace aproximadamente dos años. Al principio la ansiedad se presentó con síntomas leves: noches aisladas y alejadas en el tiempo en las que los síntomas físicos eran la dificultad para quedarme dormida, la sensación de tener la mandíbula rígida y dificultad para tragar. Sin embargo, había otro tipo de síntomas que me angustiaban más: me sentía mareada y me daba miedo quedarme dormida, por si me daba algún tipo de ataque, un derrame, un ictus, y me moría durante la noche sin enterarme. Temía dormirme y no volver a despertarme. La angustia y el miedo me mantenían en vela hasta que me dormía de puro cansancio.

No me costó darme cuenta de que eran síntomas de ansiedad. No, lo supe muy pronto, seguramente debido a mi formación personal, pero eso no hizo que le diera la importancia que merecía. Por una parte, no quería aceptar que era posible que tuviera un problema de este tipo y, por otra, creí que sería algo temporal y podría controlarlo yo sola. Ese fue mi primer error.

Esta situación se extendió durante meses: una época en la que estuve sin trabajo y tenía dificultades para encontrarlo, otra época en la que sufrí un desengaño sentimental, etc. Mi malestar, las noches en vela y los mareos que no sabía de dónde venían justo después de consumir cosas excitantes (café, coca-cola, etc.) empeoraron ligeramente con el diagnóstico y avance de la enfermedad terminal de una de las personas más importantes de mi vida. Siempre he sido una persona muy sensible; mi familia y amigos se ríen de mí porque lloro por todo. Sin embargo, durante toda su enfermedad, y después de su muerte, no fui capaz de llorar. Estaba completamente bloqueada y no era capaz de explicar las emociones ni de aceptar lo ocurrido.

Localizar la causa de lo que nos ocurre no resulta fácil. Muchas veces no hay una sola ni tenemos modo de encontrarla, pero yo creo esta situación fue la gota que colmó el vaso. Mi miedo a morir yo, o alguna de las personas que quiero, se incrementó y aparecía en los momentos más inesperados y de la forma más variopinta. Cuando menos lo esperaba, el miedo me atacaba y me dejaba helada y paralizada. Todavía hoy no sé cómo explicar la sensación de frío en el estómago, como si perdiera toda la sangre de golpe. Recuerdo una ocasión en la que iba por la calle calzada con unos tacones altos. Comencé a pensar que podía tropezarme, no mantener el equilibrio, caerme y abrirme la cabeza contra el suelo. No era tan solo el pensamiento de que pudiera ocurrir, sino miedo real, que me paralizaba, me provocaba taquicardia y me daba ganas de volver a mi casa lo más rápido posible para volver a sentirme segura.

Algunas situaciones cotidianas, como coger el tren, comenzaron a preocuparme por el riesgo a sufrir un accidente. Dejé de leer periódicos o ver las noticias porque cada noticia sobre accidentes o fallecimientos inesperados me angustiaba pensando que podía pasarme a mí también. Estos pensamientos se presentaban con un temor intenso, sudoración de las manos y algo de taquicardia. Además, en esa época, comencé a sufrir cada vez más dificultades para dormir.

En cualquier caso, esos momentos eran breves y cuando me distraía era capaz de olvidarlos, por lo que, aunque me preocupó lo suficiente como para comentarle la situación a mi familia, tampoco busqué ayuda profesional. Me limité a tomar tilas para intentar dormir mejor y esperé a que se me pasara por sí solo. Segundo –y más grave– error.

Esa situación se mantuvo durante algo más de un mes. Después de eso pasé por un periodo breve en el que me sentía bien, conseguía dormir con facilidad y no me acosaban los pensamientos catastrofistas. El periodo fue muy breve, pero yo me confié, y asumí que lo que fuera que me pasaba ya estaba solucionado y que, aunque me lo había llegado a plantear, ya no necesitaba ayuda profesional.

Pocas semanas después tuve el primer ataque de pánico.

Ahora, mientras lo escribo, me pregunto cómo no fui capaz de darme cuenta de lo grave de la situación y de cuánta ayuda necesitaba, pero no lo fui, y ser psicóloga no lo facilitó.

El mismo día del primer ataque de pánico, movida por el miedo intenso y la angustia incontrolable que sentí, localicé a una psicóloga con una formación que me convenció y solicité una cita para tres días después. Sufrir esa situación y verme absolutamente sobrepasada me hizo entender que necesitaba ayuda y que yo sola no podía controlarlo. El miedo a no superar la situación nunca por mí misma fue lo que me movió al fin. No quería, no podía volver a pasar por algo así.

Además de buscar ayuda psicológica acudí a mi médico de cabecera, derivada desde el servicio de Urgencias en el que acabé después de dicho primer ataque donde hicieron uso del Lorazepam para controlar mi ataque. Ella me propuso un tratamiento farmacológico que en un principio no quise seguir.

Dos días después del primer ataque de pánico sufrí el segundo estando en casa. A pesar de saber lo que me estaba pasando y que ya me había ocurrido antes sin mayores consecuencias no fui capaz de manejarlo y, de nuevo, tuve que recurrir al Lorazepam ya que el miedo me sobrepasaba y todavía no tenía las herramientas necesarias para sobrellevarlo sin ayuda de fármacos.

Lo peor no eran los ataques de pánico sino el estado general en el que me encontré cada día después de ese segundo ataque. Estaba constantemente mareada, como si fuera en un barco o el suelo fuera completamente irregular. Estaba desconcentrada, cansada, incapaz de prestar atención, constantemente pendiente de mi estado, asustada de volver a sufrir otro ataque. El miedo no daba tregua. Miedo y angustia. No era capaz de prestar atención a la gente que tenía alrededor. Salía con mis amigas o mis familiares y no era capaz de seguir sus conversaciones porque el malestar y el miedo apenas me dejaban salir de mí misma. He olvidado conversaciones y situaciones enteras de aquellos meses. Y no es que no recordara exactamente las conversaciones, pero me sonaran, sino que no recuerdo que hayan ocurrido en absoluto. He olvidado haber visto películas, haber escuchado canciones, etc., totalmente por completo. Durante meses he estado mirando hacia mí misma a la espera de una parte oscura que me acechaba.

Y dentro de mí los pensamientos recurrentes. Me atacaban y no era capaz de controlarlos. Todos relacionados con la muerte o con accidentes, con cuándo y cómo iba a morir, con que todos mis familiares y seres queridos un día ya no estarían y no sabía cuándo sería la ultima vez que los vería. Imaginad la angustia de que ver a tus seres queridos dispare el pensamiento de si esa será la última vez que los vas a ver. Llegué a un extremo en el que me cruzaba con gente por la calle y solo pensaba en los años que esas personas habían vivido. Calculaba la edad que debían tener y pensaba que si ellos habían llegado a esas edad igual yo también era capaz. Pensaba una y otra vez en el momento en el que me llegara la hora de morir. Temía envejecer porque me acercaba a la muerte. Me preguntaba cómo sería, si sentiría miedo o al ser mayor ya no lo tendría. Todos sabemos que algún día nosotros y las personas que queremos ya no vamos a estar, pero vivimos el día a día sin pensar en ello. Sin embargo, para mí era como si eso que yo siempre había sabido que estaba ahí de pronto alguien lo estuviera iluminando con un foco potentísimo y ya no fuera capaz de mirar otra cosa. La verdad es que temí no ser capaz de recuperarme nunca o caer en una depresión.

Durante las primeras semanas, ya lo he comentado, preferí no tomar demasiado Lorazepam a pesar de que mi médico me lo había recomendado. Profesionalmente siempre he defendido la combinación de psicoterapia y uso controlado de medicación, pero cuando me llegó el turno a mi caí en los mismos prejuicios que otras personas y temí engancharme, volverme tolerante y necesitar cada vez más, etc. Probé a tratarme únicamente con psicoterapia, pero la mayoría de las noches necesitaba media o una pastilla para conseguir dormir.

Las noches eran, sin duda, el peor momento. Llegaba a las nueve de la noche con una tensión altísima, temblaba incontroladamente y me faltaba el aire. Era como estar aterrorizada sin interrupción. Una vez, de vacaciones con mi pareja, me encontré en el coche temblando de miedo, sin que él pudiera hacer nada para consolarme y sin que hubiera pasado nada. La ansiedad y la sensación de pérdida de control van de la mano. El miedo me atenazaba, me impedía comer, me hacía temblar como si estuviera muerta de frío. Pensad en el miedo más intenso que hayáis sentido jamás e imaginad que dura horas o incluso días.

Finalmente, acepté el consejo de mi doctora de cabecera, a la que agradezco su buen hacer, ya que desde el primer momento me trató con respeto, seriedad y preocupación, y comencé a tomar algo de medicación — siempre bajo control e indicación médica — a media tarde para llegar a la noche más calmada. Dejar de sentir ese miedo tan intenso y constante gracias a la medicación me ayudó no solo a ser capaz de relajarme, sino a ser capaz de aprovechar la terapia mucho más y mejor, ya que al fin podía comenzar a concentrarme.

En cuanto a la psicoterapia, supuso un trabajo muy intenso y profundo. Comenzó por darme cuenta de que la ansiedad no sobrevino de pronto, sino que se debía a mis patrones de comportamiento, de manejo del estrés, de afrontación de problemas, de falta de autoestima, etc. Y que no todo se limitaba a las situaciones recientes, sino a todo un historial de necesidad de control, de falta de asertividad, de baja autoestima y de problemas de confianza en mis capacidades personales. Se debían a una personalidad catastrofista muy centrada en todo lo que podía salir mal. Las situaciones estresantes recientes lo único que habían hecho eran llevarme al límite.

El trabajo personal de autoconocimiento y de cambio que debí realizar el tiempo que duró la terapia no fue sencillo, tampoco exento de dolor, pero me sentí acompañada durante todo el camino por mi psicóloga, por mis familiares y por mis amigos, que desde el primer momento supieron lo que me estaba ocurriendo. Debí ser muy constante y poner toda mi fuerza de voluntad en esforzarme en aprovechar la terapia, llevar a cabo las propuestas que mi psicóloga me hacía y no rendirme aunque tardara en ver resultados. Además, hablar sobre mi situación con mis seres queridos fue de mucha ayuda ya que descubrí cuánta gente había pasado por ello, incluso dentro de mi familia más cercana, sin que yo lo supiera. El testimonio y apoyo de otras personas que habían recorrido un camino similar al mío resultó de gran ayuda. Me ayudó a ver que se podía salir de aquello y que no estaba sola.

Ha pasado casi un año y mi ansiedad no ha desaparecido ni ha terminado el trabajo personal que debo hacer cada día, pero ya no me domina, no me mantiene sin dormir cada noche y no me condiciona. Cada día es un esfuerzo para seguir cambiando y mejorando mis patrones de comportamiento y los pensamientos negativos que me sobrevienen, pero ahora tengo las herramientas necesarias y la motivación para hacerlo y sé, que si lo necesito, puedo volver a acudir a mi psicóloga. No he cambiado por completo mis antiguos hábitos, pero ahora soy consciente de lo que me hacía y hago a mí misma y eso me ayuda a ser capaz de pararme y buscar opciones diferentes. La terapia y el trabajo personal me han hecho consciente de múltiples actitudes y comportamientos evitativos que llevaba a cabo sin haberme dado cuenta nunca.

Como he dicho al principio, nadie está libre de sufrir cualquier tipo de enfermedad, independientemente de su profesión, pero los trastornos de ansiedad pueden mejorar y controlarse con ayuda profesional. En mi caso fue necesaria la ayuda de psicoterapia y medicación. Cada uno debe buscar la opción que mejor se ajuste a sus necesidades, pero siempre, siempre, siempre solicitar ayuda profesional. Se puede controlar, puedes no solo recuperar tu vida normal, sino mejorarla. Pero no puedes ni tienes por qué hacerlo solo, no importa si eres psicólogo, amo/a de casa o astronauta. Necesitamos ayuda y debemos buscarla tanto en nuestro centro médico de atención primaria, donde tu médico de cabecera valorará si tratarte él o derivarte al psiquiatra, como en un psicólogo especializado en trastornos de ansiedad. La página web del Colegio Oficial de Psicólogos de tu provincia puede ayudarte en dicha búsqueda.

Hablar con tus seres queridos u otras personas que hayan pasado por la misma situación que tú puede resultar de gran ayuda. Para mí lo fue.

No estás solo en esto y una vez que decidas pedir ayuda no volverás a estarlo nunca.

Desempleados, ese gran negocio

https://www.meneame.net/m/Art%C3%ADculos/desempleados-ese-gran-negocio

Desde noviembre de 2015 soy uno de los varios millones de personas que han pasado a engrosar las listas de desempleados, me resisto a utilizar la palabra “paro” y sus derivados, pues el significado de estas no reflejaría en absoluto mi actual situación. Para quien haya estado en la misma coyuntura, estará de más explicar el estado de ansiedad que provoca estar en una circunstancia que no has buscado y en la que los muchos esfuerzos que dedicas a subsanarla resultan en vano. Pero sin duda lo que más me ha sorprendido y no precisamente para bien, han sido las prácticas de las personas cuyo trabajo supuestamente es ayudarte a resolver tal tesitura.

Dichas personas tienen un empleo cuyo nombre resulta imposible que pueda prestar a confusión, “orientador laboral”, aunque cabe destacar que en los últimos tiempos han surgido conceptos como: “coaching”, “mentoring”, “networking” …etc. Por lo que se ve las palabras en inglés suenan mejor, y parece que solo por pronunciarlas ya estás haciendo algo de suma importancia, aunque los resultados sean siempre nulos, y te quede la extraña sensación que eres el instrumento que sirve para justificar el trabajo de ciertas personas y también para que instituciones tanto públicas como privadas reciban jugosas subvenciones.

¿Pero cuál es el método principal de las personas anteriormente mencionadas?, pues uno que desgraciadamente se ha puesto de moda últimamente, “pensamiento positivo”, dos palabras que oírlas me provoca una ira que solo mi moralidad consigue contener. Y es que analizando en profundidad esas dos palabras, lo único que queda claro es que quien las pronuncia te hace culpable de tu situación por no recrear cada vez que sales a la calle la memorable escena de la película “Cantando bajo la lluvia”, como si el ser feliz en lugar de ser un derecho fuese una obligación.

Mi conclusión tras lo explicado anteriormente es sencilla. La psicología (en la cual no he creído nunca) ha adquirido mucho protagonismo en tiempos de crisis, creo que con la deplorable intención de convertirse en el efecto placebo de personas cuya situación comienza a ser o ya es desesperada. Un servidor ha asistido a sesiones de coaching en las que entre otras cosas se me comparaba con el camino de Santiago, con el bambú, en las que se me pedía que me describiese a través de un objeto que previamente había cogido de una bolsa sin mirar, o que mirando la imagen de un iceberg dilucidase si yo era la parte que sobresalía del agua o la que quedaba sumergida.

¿Y qué me queda después de todas estas experiencias?, aunque me esfuerzo en pensar que dichas personas creen realmente en lo que hacen y que tienen buena intención, este pensamiento va dejando paso a lo que expresaba en el segundo y tercer párrafo de este artículo, más teniendo en cuenta que vivo en un país cuya máxima es hacer negocio de todo. Con este panorama resulta difícil, si no imposible, pensar que los parados no íbamos a servir para que algunos se lucrasen.

Ha habido una invasión de la psiquiatría en el imaginario de la gente

http://www.eldiario.es/andalucia/invasion-psiquiatria-imaginario-gente_0_313219336.html

Guillermo Rendueles, durante la entrevista

Guillermo Rendueles (Gijón, 1948) es un psiquiatra contra la psiquiatría. O al menos, “contra las prácticas habituales de la psiquiatrización”. Militante del movimiento antipsiquiátrico y escritor (su última obra es Egolatría, 2005), lleva décadas nadando contra la corriente que nos promete que la felicidad está en la consulta de un psicólogo, y denunciando las falsas promesas que los minoristas del bienestar empezaron a vendernos cuando quebraron los mecanismos colectivos que enseñaban a vivir: “Antes a la gente la traían a empujones al psiquiatra; ahora las salas de espera están llenas”. Estuvo en Málaga para participar en las Jornadas sobre política y subjetividad que organiza La Invisible, bajo el título “La potencia común en una sociedad patologizada”. “No hay cosa en la vida, desde el sexo, a morirse o tener depresión, que no sea guiada por psiquiatras. ¿Cómo se ha producido ese proceso?”. De eso versó su charla.

Usted se opone a la corriente dominante en la psiquiatría. ¿Es cada vez más difícil ser heterodoxo?

Si quieres trepar y hacer carrera supongo que sí, pero yo ya soy muy mayor para hacer carrera. Las mayores dificultades son los usuarios: todos los días vienen 15 personas con peticiones completamente descabelladas. Se les ha prometido bienestar en un estado sanitario que les dice que si llevas mala vida, vas a un psicólogo o psiquiatra y la puedes llevar mejor; por desgracia les tengo que decir que ni con pastillas les puedo ayudar a salir de esos malestares más que un poquito.

La psiquiatría y la psicología hacen falsas promesas que luego no pueden cumplir. Hay un texto que se llama “Escuchando al Prozac”, en el que uno de los inventores se plantea cuándo sería correcto parar un duelo cuando se muere un hijo, si vas a atenuar los sentimientos de pena y si es moral. Si se te muere un hijo, aunque te tomes veinte Prozac cada día, te mueres de pena. Hay una falsa promesa de salud y bienestar que la gente oye y cree en un proceso de individuación, porque ha quebrado el “nosotros”; antes se sabía que el duelo había que hacerlo yendo a misa o blasfemando a Dios, pero en grupo.

¿Y cómo se ha llegado a esto?

Ha sido poco a poco. Hay una quiebra de la sociedad tradicional, que daba aportes para esos problemas, un “nosotros” que cuando se te moría alguien te decía cómo hacer duelo. La pena se “colectivizaba”. Ahora nadie sabe cómo envejecer o criar a los niños, si darles un cachete o no, si es bueno o no fingir orgasmos. Ha sido un proceso de invasión de la vida cotidiana por técnicos que dan soluciones técnicas al proceso del vivir común. Sin aquellos grupos naturales que nos enseñaban a vivir, es muy difícil… Porque solos en casa, cada uno viendo la tele, necesitamos seguramente técnicos que enseñen a vivir.

Sin embargo, las redes familiares parecen resistir en España como elemento contrario a esta tendencia de destrucción de los grupos naturales…

Sí, y quienes estudian las crisis españolas se asombran del aguante de la estructura familiar. También pasa con la Iglesia católica o las prácticas tradicionales. Cuando hay una catástrofe de un pesquero en la Costa da Morte, lo primero que hacen con los familiares es reunirlos en un polideportivo con un psicólogo a que hagan duelo. Pero a las familias se le hincharon los huevos, y ellas se fueron ellas a rezar rosarios donde solían aparecer los muertos y ellos a beber orujo. En los atentados de Atocha preguntaron: “¿Qué quieres, psicólogo o cura?” y les fue mejor a los que pidieron cura, mientras que hubo que poner psicólogos para atender a los psicólogos. El capitalismo es una especie de destructor de todo, para que lo único que funcione sea el mercado y sus cálculos. Todos los arcaísmos y todo lo que resiste al mercado, como tradiciones, familia, Iglesia, en contra de lo que pensaba el marxismo tradicional, es progre.

¿Y cómo ha llegado la psiquiatría a extender su objeto?

Hay un extravío. El movimiento antipsiquiátrico promovió sacar a la gente de los manicomios, pensando que sería acogida por sus grupos naturales. En ese momento la psiquiatría cae en barrena. Yo estaba en EEUU a finales de los 70, y nadie quería ser psiquiatra o psicólogo. Pero hay una especie de resurgir cuando se junta una coalición de psiquiatras que hace la clasificación DSM3 e inventan fármacos que, sin ser muchos mejores que los anteriores, no dan tantos efectos secundarios. Y se dice a los psicólogos que tienen que ser economistas de lo íntimo; que invertir tus afectos necesita un técnico que los gestione, porque tú solo no vas a poder. Ese es el momento clave. La antispiquiatría no culmina sino que fracasa, y se provoca un movimiento contrarrevolucionario.

Esa ola todavía nos invade, hasta el punto de que el único premio Nobel que es psicológo se llama Kahneman, y da clases de Economía. Hay un juego de síntesis entre lo económico y lo psicológico: “pregúntele a su economista de cabecera”. La psicoeconomía es la dominante en la universidad americana. Hoy los economistas aconsejan de todo, basándose en curvas de utilidad: cuándo perder la virginidad, si es mejor tener pareja estable o no… Todo es calculable. Kahneman dice que estamos todos mal porque tratamos de encontrar orden a un mundo presidido por la ley de probabilidades.

Entonces, ¿cuáles son las funciones actuales de la psiquiatría y la psicología, y cuáles deberían ser?

¿Qué diferencia hay entre la psiquiatría y el resto de la medicina? Que en la psiquiatría los elementos científicos son los mismos que los que tenía Freud, prácticamente. El traumatólogo te puede decir “tienes una hernia porque lo veo en este escáner”; cuando le preguntas a un psiquiatra “¿cómo sabe que tengo depresión?”, te puede decir lo mismo que Freud: “Te escucho y me suena lo que dices a eso”. ¿Por qué la psiquiatría ha invadido tanto? Porque la DSM3 no refina los criterios, sino que los difumina. La psiquiatría clásica decía que la tristeza del depresivo y la del normal, aunque se llamasen igual, son cosas radicalmente distintas. La depresión es un monstruo psicológico, decían los clásicos, y por tanto un caso psiquiátrico. No se va al psiquiatra diciendo “estoy triste”. Pero con la DSM3 cabe todo.

Ha habido una invasión de la psiquiatría en el imaginario de la gente. Antes se sabía que al trabajo se iba a sufrir y que el jefe en general era un explotador. Que no había nada personal en las relaciones. En el momento en que eso se rompe, se subjetiviza y se plantea como una relación personal y empiezas a percibir al jefe no como quien cumple su papel sino como un perseguidor. En lugar de buscar relaciones de resistencia a ese sufrimiento, en lugar de pensar que necesitas es un comité de empresa y el apoyo de compañeros, lo que buscas es un psicólogo que te dé de baja una temporada.

Un lugar común: la depresión es la enfermedad de nuestro tiempo…

Bueno, la gente se queja más, porque tiene la esperanza de que le vamos a curar más. Hay falsas promesas y falsas esperanzas. Hay un iceberg que se ve más. Lo que llamaban los antiguos “depresiones mayores” no han variado mucho.

¿Qué papel juegan los psicofármacos? ¿Hay una industria levantada sobre nuestra infelicidad?

Como todas las industrias. No hay que ser paranoico. Cuando la psiquiatría era para locos había pocos fármacos y muy baratos. Cuando se puede ampliar el mercado, las farmacéuticas empiezan a invertir y a crear cuadros, como las fobias sociales (se pasa de un sentimiento normal, la timidez, a un cuadro específico): es un papel oportunista. Operan sobre los dos elementos de la ecuación: hacen congresos en los que nos invitan a sitios muy muy caros; y sobre la población: tienen a gente tratando de convencerte de que ese fármaco que cuesta 800 es mucho mejor que el que le está recetando su médico. En EEUU las asociaciones familiares de pacientes psiquiátricos están muy penetradas por los laboratorios.

¿Pero hay una receta contra el sufrimiento?

No. Anestésicos. Se plantea ahora una pastilla que pueda borrar recuerdos, y si sería ético o no. Borrar recuerdos globales es lo que hacía el electroshock. Hay algún preanestésico de uso supercomún que más que quitarnos los dolores lo que hace es que se nos olvida que nos han hecho daño. Los estudios de la memoria están en primera línea. Si a alguien la han violado, y hay una droga que puede inducir una amnesia en ese periodo, ¿es ético? Y hay un inductor del sueño de uso común, que hay que usarlo antes y produce una amnesia. Se usa en medios delictivos. Lo que buscan ahora es a posteriori. Yo creo que borrar recuerdos es malo, excepto cuando se trata de borrar dolor físico y localizado.

Lo que sea por evitar el sufrimiento…

Sí, pero eso es bueno, ¿no? Lo otro se llama masoquismo…