Otro comentario…

…muy acertado sobre el negocio de la Informática y hacia donde se debe dirigir alguien que no quiera acabar como un borrego más:

Hay que tomar ejemplo de alguno de los hombres más ricos del mundo: dejar la universidad y vender copias de un mismo software. Hacer software a medida es un suplicio. Si no se tiene producto propio te puedes dedicar a vender y/o mantener el producto de otros, como por ejemplo los productos de Microsoft o Oracle. El único software a medida que veo factible es el que se hace internamente, sin plazos y con contacto directo con los usuarios y control de los sistemas.

Bill Gates

En 1976 abandonó la universidad y se trasladó a Albuquerque, sede de MITS, para pactar con esa empresa la sesión del 50 % del lenguaje para computadoras Basic. Al año siguiente, se enteró del éxito de la empresa Apple y de que necesitaban un intérprete de Basic.

En 1980, se reunió con representantes de IBM en Seattle. Consiguió venderles el sistema operativo MS-DOS, aunque él aún no lo tenía y luego lo compra a muy bajo precio a un joven programador. IBM necesitaba ese sistema operativo para competir con Apple, razón por la cual la negociación fue flexible. Microsoft quiso los derechos de licencia, mantenimiento, e incluso la facultad de vender el DOS a otras compañías. IBM aceptó, considerando que lo que produciría dividendos sería el hardware y no el software. Unos días después, Microsoft compró los derechos de autor del QDOS a Tim Paterson, que trabajaba para la Seattle Computer Products, por 50 000 dólares, que vendió a IBM como MS-DOS (Microsoft DOS). Lo que llama poderosamente la atención fue que IBM no comprara el MS-DOS sino que decidiera pagar a Microsoft un canon por cada copia que se vendiera junto con un IBM-PC.


Bill Gates – Wikipedia, la enciclopedia libre

Larry Ellison

En su época estudiantil, Larry fue un alumno brillante pero poco atento. Dejó la Universidad de Illinois al final de su segundo año sin presentarse a los exámenes finales debido a la muerte de su madre adoptiva. Tras pasar un verano en el norte de California donde vivió con su amigo Chuck Weiss, se matriculó en la Universidad de Chicago en la especialidad de ciencia de la computación. A los 20 años se trasladó definitivamente a California.

Durante la década de 1970, Ellison trabajó para Ampex Corporation y luego en dos empresas más.

Para la empresa en la que trabajaba, luego de que un contratista falló, realizó un desarrollo a la medida. Para esto, contrató a sus dos ex-jefes. Formaron una compañía. Al finalizar exitosamente el proyecto les dijo que no volverían a hacer desarrollo a la medida sino algo que pudieran vender muchas veces.


Lawrence J. Ellison – Wikipedia, la enciclopedia libre

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Sevilla 1992, el gran expolio

https://saltamos.net/sevilla-1992-expo92-el-gran-expolio/

Collage de Ricardo Barquin Molero para la Asamblea de Afectados por la Expo-represion, 2017.

Esta crónica rescata la represión que dejó tres personas heridas gravemente de bala y 88 detenciones en las protestas contra la Expo 92 de Sevilla. Las afectadas se reúnen 25 años después en las jornadas “Nada que celebrar”.

Texto: Marcos Crespo Arnold
Fotografías: Mariano Agudo 
Collage: Ricardo Barquín Molero

Era el 19 de abril de 1992, vísperas de la apertura de la Exposición Universal de Sevilla. Con la capitalidad europea de la cultura en Madrid y las olimpiadas en Barcelona, cumpliríamos el papel asignado. España, un laboratorio excelente en el que ensayar mil piruetas, era el mejor escenario donde representar una promesa de futuro. Un nuevo orden se instauraba y el inminente saqueo sería saludado con una fiesta por todo lo alto, en nuestra casa y conmemorando tropecientos años de conquista. Qué cachondos.

Hoy saben de qué va el rollo, pero entonces la mayoría se prestó al formidable engaño. No se dieron cuenta hasta que mucho después reventaron las cañerías y salió la mierda a flote. Tarde. Ahora toca comérsela y le llaman salir de la crisis. También había quienes estaban a la contra. Un puñado de personas confluyó en Sevilla aquellos días, dispuestas a desenmascarar el esperpento que se avecinaba. Fue de las primeras expresiones de un sujeto resistente global que ha tomado cuerpo en posteriores enfrentamientos con estas mascaradas del poder. Era domingo y hacía calor. Había llegado el gran momento y estaba prohibido cualquier acto de protesta. Pero la asamblea de la okupa Cruz Verde no se echó atrás. Aunque el resto del programa de la Plataforma contra el V Centenario quedaba en suspenso, habían organizado un concierto y, al menos, tendría lugar, faltaría más, era solo un concierto. Nadie podía imaginar lo que sucedió.

 

Belén salía de iglesia con su familia cuando recibió una bala en el pecho

Los colmillos de la bestia

Tenía 17 años. Terminado el concierto me esperaba una larga caminata a casa. Al poco tiempo de irme se formó una manifestación espontánea, desparramándose con alegría por las calles adyacentes. Podría haberme quedado un rato más y ver de pronto un coche de policía aparecer embistiendo la cola de la manifestación: bajan dispuestos a detener a un cualquiera, se resiste y la gente de alrededor increpa cuando sacan las pistolas y disparan a quienes huyen presa del pánico. Ulises también tenía 17 años. Una bala lo ha reventado por dentro, sangra tirado en el suelo, pero varias manos lo levantan y llevan hasta un portal. Era un convento y las monjas llaman a una ambulancia. Fuera, los dispositivos han saltado y la ciudad es una jaula. Con la ambulancia llega la policía y en comisaría les espera… Mientras, Ulises agoniza y no se atreven a operarlo. Está perdido. Un médico lo intenta y salva su vida, pero pasará años entubado a una bolsa. Bea también fue tiroteada por la espalda, detenida en el hospital, como quienes la acompañaban. Belén no era una manifestante. Salía de iglesia con su familia. Fue la única que recibió una bala de frente, en el pecho.

Durante la noche se suceden detenciones arbitrarias, malos tratos y vejaciones por parte de una pandilla de salvajes que tienen carta blanca. Bea, al día siguiente, esposada en la cama del hospital, es obligada a ver por televisión la ceremonia de inauguración —y luego una corrida de toros— porque divierte a los policías que la custodian. Si las más altas autoridades montaban el paripé ante escogidos invitados y una supuesta audiencia global, en las puertas del recinto estaban quienes se sobrepusieron al estado de terror inducido y sostienen el derecho inalienable a la disidencia. Allí mismo serán públicamente molidos a palos. Un circo romano, una chulería mayúscula con la policía jaleada por el vulgo. En comisaría, más. Y al tercer día, el cámping que acogía a un grupo de personas extranjeras fue asaltado. Detuvieron y deportaron en condiciones infrahumanas a 42 de ellas. Todas acciones exorbitantes e inauditas, tan ilegales como efectivas. De las 88 personas detenidas, un puñado fueron al calvario de una farsa judicial de años por la que serán condenadas.

 

Jóvenes trasladan a uno de los heridos por la policía el 19 de abril de 1992

Heridas en la memoria colectiva

Estoy con Beatriz y Agustín en una azotea de La Alameda, a escasos metros de donde todo sucedió. Participaban en la okupa de Cruz Verde e integraron la Asamblea de Personas Afectadas por la Expo-Represión, reactivándola, pues la ocasión lo exige. Se les nota el cansancio. Estos meses no dan abasto proyectando los documentales Prohibido volar, disparan al aire (Intermedia, 1997) y Ya son 525 años (Bettina, 2005). Si no fuera por estas piezas, poco quedaría más allá de las memorias personales de los habitantes de aquella pesadilla. Agustín todavía lo pasa mal durante las proyecciones. Hay quienes estuvieron y se les nota al revivirlo. También lo pasa muy bien con el debate, porque 25 años después es fácil, fluye. En su momento no era posible discutir, ahora sabemos de la corrupción y del despilfarro, de trenes sin pasajeros y aeropuertos sin aviones, se puede hacer memoria porque hay una continuidad, hilos de los que tirar. Hay otra memoria con la que entroncan, plena de historias aún silenciadas, como las que duermen en las cunetas, historias de gente asesinada, herida o brutalmente reprimida en nuestras luchas.

Agustín fue uno de los que acompañaban a Ulises, detenidos y vejados en comisaría. En la rueda de reconocimiento se les distinguía fácilmente, pues llevaban la ropa ensangrentada. Personas heridas, detenidas y procesadas quedaban a su suerte, sin siquiera encontrar abogado que llevara el caso. Recuerda la incomprensión, el rechazo y aun el desprecio que recibieron por estar en contra, incluso por parte de sus familias o de organizaciones políticas supuestamente afines. Frente al montaje policial bendecido en los medios de comunicación, recogieron testimonios y obtuvieron pruebas esclareciendo lo que pasó. Trabajaron para que quedara constancia y en el camino armaron su defensa, incluso consiguieron llevar a juicio a la Policía. Cuando absolvieron a los culpables y condenaron a las víctimas, Beatriz se quedó pasmada. Bestialismo policial, manipulación mediática, soledad política y justicia… Fue la primera vez, luego vendrían más.
En las proyecciones la gente joven puede sorprenderse, pues no tenían ni idea o lo habían oído casi como una leyenda, pero desgraciadamente reconocen un guión que se sigue aplicando. Reconforta saber que ni la represión más extrema puede doblegarte cuando comprendes sus mecanismos y tienes la conciencia despierta. Desde entonces alimentaron mil fuegos. A Beatriz lo que más le llama la atención es como, tras tantos años, siguen ahí, en contacto, en la brecha. Va repasando nombres… Me da la impresión que al pacificar a sangre y fuego la Expo templaron toda una generación de activistas. Si quieren paralizar con el miedo, les sale el tiro por la culata. Belén salía de misa y se comió un balazo de frente. Hoy lamenta no haber tenido edad para estar aquel día en la manifestación.

 

Redada en la calle San Luis

Pese a lo que supuso para la ciudad, la efeméride ha pasado sin grandes alharacas. Lo más llamativo ha sido una portada de la Feria de Abril alusiva al evento con la mascota Curro dando inicio a la fiesta. En ese momento, entre el gentío se despliega una pancarta. Las personas afectadas no podían dejar pasar la ocasión. Estaban removiendo el pasado y pretendían consumar el expolio, parasitando el recuerdo de lo que realmente fue y supuso, condenando la disidencia al olvido. Para evitarlo nos reencontramos en las jornadas “Nada que celebrar”, aunque suponga remover la heridas que cada cual arrastra. Por la noche sería el alumbrado de la Feria, pero esa mañana la comenzamos con un paseo por el barrio, rememorando lo que una vez hubo y se ha perdido, lo que intentaron hacer y no pudieron gracias a la movilización, los espacios de lucha que hemos ido creando y parte del trayecto que siguieron aquel día. Esta vez no me lo pierdo. Llevo semanas dándole vueltas a una crónica que no conseguía cerrar, cada vez más obsesionado sin encontrar una razón. Ahora sé por qué.

Nada que celebrar

Partimos de la Comisaría de Policía. En su lugar estaba el solar donde tuvo lugar el concierto. Sonia, que entonces tenía 16 años y lo coordinó, repasa la lista de grupos: Reincidentes, Maniática, Sin Dios… y Os Vergaiudos, completa Dani, un navarro alto y espigado que se agita nervioso. En el grupo hay una mayoría de foráneos, navarros y algún alemán, distingo. Con este paseo vuelven a los brazos de un tormento del que llevan años huyendo.

Agustín acompaña a miembros del colectivo audiovisual Ahotsa. Con ellos está Asier, a quien conoció compartiendo celda. También fue vejado, procesado y condenado. Ahora graba sin saber muy bien qué hará luego. Entiendo la necesidad de documentar esforzándose por sostener un relato fidedigno de sí mismo, de lo vivido pero negado, oculto. Camino junto a Dani, quien mira a un lado y a otro dudando dónde le detuvieron a punta de pistola. Nos acercamos al lugar de los disparos. Llegamos. La noche anterior se ha colocado una placa. Los que vienen de fuera están nerviosos, quieren y no pueden reconocer el escenario de esos segundos en que sus vidas cambiaron. Agustín orienta: “En esa curva cae Ulises y sí, Dani, tú estabas allí, cuando cerramos la puerta del convento aquel y las monjas llamaron a la ambulancia y con ella llegó la policía”.

 

Protesta contra el gran expolio

Minutos después de estas evocaciones colectivas tratando de amarrar recuerdos, seguimos adelante y unos encargados municipales vienen detrás queriendo llevarse la placa. Es recuperada de un tirón, desaparece para quedar a buen recaudo. Unas vecinas, ya mayores, preguntan: “¿Por qué quieren quitar algo tan bonito? ¿Qué ponía?”. Les explican lo que pasó en la puerta de sus casas y responden: “Por favor, se tiene que saber en el barrio, haced algo, un folleto”. Por la tarde tiene lugar una charla que no cabe reproducir ni interpretar. Lo importante es que fue liberando un torbellino de experiencias y reflexiones que habían permanecido demasiado tiempo enterradas.

Pregunto a Agus: “¿Qué reparación esperar?”. “La reparación más grande que tenemos —responde— está en las proyecciones y en las descargas, esa es la reparación más grande que hay”. De entretenerme un rato más mi suerte pudo ser otra al término de aquel concierto, pudo ser la de Ulises, Belén y tantas personas atrapadas por lo que nunca tuvo que haber sucedido en esos días. Pudo pasarme a mí y le puede pasar a cualquiera. Tenía que escribir esta crónica. Si la estás leyendo, ya sabes. Teclea “expo92nadaquecelebrar”, reproduce y comparte. Han saqueado a su antojo y llevado muchas vidas por delante. Pero aún nos queda la memoria. No dejes que cometan lo que sería el gran expolio.

Y quién sabe, quizás es domingo, hace calor y la música deja de sonar cuando nos miramos comprendiendo el momento, salimos a la calle y hemos aprendido tanto en el camino que conocemos sus recovecos, cada esquina que doblamos somos más, avanzamos sabiendo que esta vez será distinto… Y escribiremos de nuevo la historia.

Si lo dice un estudio, también es probable que sea mentira

http://www.yorokobu.es/estudio-mentira/

«El mundo está inundado de mierda». Es el grito de guerra de los promotores de Calling Bullshit, un taller para luchar contra la broza y los engaños que todos nos tragamos. Nos los hemos comido siempre, pero con internet la ingesta se ha multiplicado. Es basura disimulada: se viste de rigor. Nos la cuelan más de lo que creemos. Es el caso de muchos de los papers, estudios o encuestas, que sirven para poner de gala y darle aspecto científico a verdaderas patrañas.

El objetivo de los profesores Carl T. Bergstrom y Jevin West es convertir a sus alumnos en buenos clasificadores de residuos. Pintan un mundo apocalíptico: «Los políticos no se acogen a los hechos. La ciencia es conducida por los comunicados de prensa. La educación superior premia la bullshit sobre el pensamiento analítico. La cultura de las start-ups eleva la bullshit a la categoría de gran arte», y esto es solo el arranque de su declaración de principios.

Sus clases están colgadas en Youtube y abordan el fenómeno en todas sus aristas. «Antes nos las colaban con los anuncios, ahora se cuela por todas partes usando la ironía como caballo de Troya». Esparcimos diariamente la basura a través de las redes sociales. Estos profesores alertan y también llaman a la acción, creen que identificar la bullshit y perseguirla es una de las tareas que más necesita hoy la sociedad.

Es imposible abordar todos los prismas de Calling Bullshit. Por eso, conviene centrarse en uno de los aspectos más comunes y donde más tropezamos los periodistas: estudios científicos, encuestas, investigaciones.

Las engañifas no son siempre evitables, han llegado a colarse en revistas de prestigio internacional y ha propagarse por medios de comunicación de todo el mundo. El panorama de partida es desasosegante: «No hay manera para usted, como lector, de saber más allá de toda sombra de duda que un trabajo científico particular sea correcto», avisan en un extenso artículo dedicado a facilitar herramientas y criterios para esquivar el estiércol informativo.

Hay que aclarar que no se refieren a errores o fallos en los que pueden tropezar investigadores con buena fe y que apliquen los métodos con rigor, sino a otro punto más grave: el timo premeditado, el trilerismo ilustrado.

Una de las formas más evidentes de cercar la bullshit es investigar sobre la revista en que se publica el artículo. Tradicionalmente, se ha valorado la calidad de las mismas en función de la cantidad de citas y referencias que reciben desde otras publicaciones. Hay aplicaciones como Journal Impact Factor que ayudan a medir el prestigio de una publicación. La herramienta Journal Citation Reports es todavía más competente, pero no permite acceso libre. Si una revista no figura en esta última, comencemos a sospechar.

El sentido común es también un arma útil en esta labor. Una vez conocemos las revistas de competencia comprobada podemos deducir que si, en una publicación de perfil bajo, aparece un descubrimiento de amplio calado, por ejemplo, que la fabada asturiana cura el 100% de los cánceres, probablemente se trate de una ocurrencia que además, si uno escarba, encontrará que ha sido financiada por el lobby de la fabada asturiana (cosa que esperamos que no exista).

Hay que hacerse otra pregunta: «¿Los autores tienen interés en los resultados que están publicando?». Desde Calling Bullshit proponen, antes de tomar en serio un estudio, revisar las fuentes de financiación: ver si los autores están afiliados a empresas del sector influido o examinar la sección de financiación del estudio. «Algunas industrias son capaces de ejercer una presión indebida sobre los investigadores para que publiquen resultados que les benefician».

Una parte básica es también comprobar si el artículo ha sido revisado por pares, es decir, por expertos ajenos al estudio, o buscar si ha habido retractaciones.

Como en otros ámbitos laborales, la competitividad de los científicos crece sin pausa. Para mantener subvenciones o ascender profesionalmente, los académicos deben publicar mucho. Cantidad y calidad van reñidas. «En la última década, ha surgido un gran número de revistas que satisfacen las necesidades de los académicos de publicar su trabajo. Los editores suelen cobrar a sus autores», detallan en el artículo. Son, además, trabajos que se dispensan gratuitamente en internet: un verdadero cebo para los periodistas (en un mundo en que, además, los periodistas deben trabajar rápido, publicar mucho para subsistir y, por tanto, no encuentran tiempo de entrar en disquisiciones: comer tres veces al día y aplicarse con un rigor absoluto puede no ser compatible).

Este tipo de revistas, aunque afirman hacerlo, no procesan los artículos debidamente y no los someten a decisión de otros expertos del gremio. Sirven para que los autores con buena fe resulten engañados y los autores manipuladores difundan información de baja calidad o interesada. Sin embargo, los impulsores de Calling Bullshit reconocen que no es fácil, a veces, detectar en qué punto exacto de credibilidad se encuentra una revista. Marcan tres parámetros que ayudan: que esté publicada por un editor de renombre, patrocinada por una reconocida sociedad académica y que figure en el Journals Citation Reports.

¿Y qué pasa con Google Académico? A muchos nos han hablado de él como el Santo Grial de los motores de búsqueda de fuentes científicas, y es útil, pero parece que es mejor huir de él. Google lo indexa casi todo mientras que otros buscadores seleccionan. «Se sabe que Google Académico indexa un material bastante tonto. En nuestra opinión, ser indexados por Web of Science o Scopus es señal razonable de legitimidad, mientras que ser indexado por Google Académico dice poco sobre la legitimidad de un documento», advierten.

Si con todas estas precauciones, aún podríamos caer en la trampa y difundir y aportar credibilidad a la bullshit, alarma lo que debe estar ocurriendo con nuestra forma de andar desprotegidos por la red. La pregunta es obligada a la par que dolorosa: ¿Cuántas de nuestras convicciones se asentarán sobre pura mierda?

La mosquita muerta, según Woody Allen

¿Qué hombre no ha sido seducido y ha caído en las garras de alguna mosquita muerta?

http://www.lanacion.com.ar/1496853-la-mosquita-muerta-segun-woody-allen

Hay un tipo femenino que, en nuestro país, siempre se ha llamado “mosquita muerta”. Hasta donde yo sé, la referencia viene de raíz española. Pero no tengo la menor idea de quién fue la primera mosquita muerta de la historia, o cual es el origen de este arquetipo en el teatro, en la zarzuela, en el folklore.

Básicamente, una mosquita muerta es una mujer de perfil bajo. Más bien diseñada como víctima, físicamente imperceptible, de expresión triste, ingenua, algo boba, inofensiva.

El saber popular señala que “esas son las peores”.

¿De dónde sacamos estas cosas? Las hemos escuchado en voz baja, de labios de nuestra madre o abuela, o alguna tía. Son frases de mujeres que, a veces, llegan a los niños. Uno, con los años, comprueba que el mito de la mosquita muerta se basa en algo real: esa indefensa criatura, de pronto, despliega sus alas de murciélago, abre la boca inesperadamente sexy y le brotan colmillos de vampiro, vuela como un buitre sobre sus víctimas moribundas y entonces se convierte en lo que –verdaderamente- es: una potente predadora sexual.

“Uno, con los años, comprueba que el mito de la mosquita muerta se basa en algo real”


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A través de la vida, cualquier tipo va experimentando las heridas que le ha dejado la mosquita muerta, sufre y se desangra hasta entender …que se ha quedado…sin corazón. Sí, como en el tango.

Detalle característico de la mosquita muerta. Es vista en diminutivo. Aparenta ser físicamente frágil. Cuando Tiberi –en la película de Allen- describe a su joven esposa, dice: “Es una madonnina” (Una virgencita).

En su última deslumbrante creación, el cineasta Woody Allen –que a esta altura debe entenderse como un pensador de la vida contemporánea- aborda en el escenario abrumador de Roma varios temas, entre otros el de la famosa mosquita.

Primera aparición de la mosquita muerta. Ella es una mujer llamada Mónica (Ellen Page) actriz fracasada de profesión. Viene de romper una pareja, se encuentra desolada y viaja a Roma por hacer algo, buscando la compañía de su vieja amiga Sally. Esta es una americana que vive en la extraordinaria capital italiana con su marido, un joven arquitecto. ¡Tiene marido, dato primordial! El es Jasse Eisemberg.

Sally se encarga de meter fichas sexuales en la cabeza del marido: “Me excita y me asusta que conozcas a mi gran amiga Ellen. Es terriblemente atractiva…iene un potencial asombroso… Es bellísima, misteriosa, suave, delicada y neurótica…Siempre causa trastornos eróticos por donde va… Cuando la conozcas, es posible que te enamores de ella”. ¿Por qué dice Sally estas cosas? No lo sabemos. Tal vez porque en esta vida existen (existimos) personas que cavamos trabajosamente nuestra propia tumba, tal como Sally.

Llega Mónica al aeropuerto de Fiumicino. El joven Eisemberg acude, acompañando a su mujer. Las dos amigas-de-toda-la-vida se abrazan. Y allí, desde lejos, el muchacho advierte que la actriz fracasada (Ellen Page) es petisita y sin curvas.

– ¿Esa es la famosa Mónica? ¡No pasa nada!- murmura para sí mismo.

El fantasma de Woody Allen, que en este film viene a ser el corpulento Alec Baldwin, se lo advierte: “Está desmejorada por 12 horas de aeropuerto, no te confíes. Esa chica es un peligro. Destruirá tu pareja y te dejará sin amor, sin alegría, sin vida, solo como un perro. Cuidado”.

Como quiera que las personas buscamos de algún modo nuestra perdición, Sally insiste en que su marido lleve a la Mosquita Page a pasear por Roma, de manera que conozca el Coliseo, las catacumbas, la Appia Antica. Todo a la luz de la tarde romana, en verano, con ropa suelta y labios húmedos.

“Básicamente, una mosquita muerta es una mujer de perfil bajo. Más bien diseñada como víctima, físicamente imperceptible, de expresión triste”


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Comentarios de la Mosquita: “Me separé de Jerry porque en realidad él era gay… Hice todo lo posible por cambiar su opción sexual… Hice de todo…Bueno, vos me entendés, somos adultos, todo lo que puede convencer a un hombre…¿Vos te acostaste con un hombre alguna vez, arquitecto? ¿No? Ah bueno… Yo sí tuve sexo con una mujer. Era una modelo negra. La conocí en un cocktail de cineastas. Se me acercó y me dio su teléfono. ¡Era tan atractiva! Un día fui a su departamento y me atendió en salida de baño. El blanco de la robe contrastaba con el negro de su piel. Me abrazó y me besó. ¡Oh, qué espléndidos orgasmos me brindó! La relación duró tres meses. Fue muy hot. Después conocí a un torero mexicano. ¿Querés que te lo cuente?”

El joven arquitecto escucha, temblando, los relatos tórridos pero articulados con una voz suavísima, de Ellen Page. Mientras tanto su esposa, Sally, lava los platos, tal vez sospechando que el famoso magnetismo sexual de la casi enana Page se pondrá de manifiesto. Y así sucede nomás, como era inevitable, dada la inexorable propensión humana al error.

El arquitecto se enrieda en una historia clandestina con la íntima amiga de su mujer. La Mosquita Muerta le sugiere partir en viaje romántico por Sicilia, alojándose en pequeños hoteles y brincando por la campiña. Pero primero es necesario que los dos jóvenes hagan el amor. Por lo menos una vez, para dar por comenzado el idilio traidor. En este sentido, Mosquita tiene un impedimento: “No puedo hacerlo aquí, en la casa de Sally. Es mi mejor amiga. ¡En su propia casa…! No, no puede ser…” El arquitecto balbucea: “¿Y si bajamos al auto?”.

– ¡Ah, en el auto ya es otra cosa!- exclama Ellen Page, y con eso queda solucionado el impedimento moral.

De aquí en adelante, sólo un milagro puede salvar a la pareja de Jasse y Sally.

El milagro puede consistir, sencillamente, en la voz de un empresario que suena en el teléfono, desde la lejana Hollywood, ofreciendo a Ellen Page un contrato para filmar ya mismo cierto film entre Los Angeles y Tokio por espacio de cinco meses, con coprotagonistas tremendamente sexies y absolutamente fascinantes. En ese mismo instante, la actriz fracasada, desocupada, débil y sin pareja se convierte en candidata al triunfo. ¡Adiós amante, adiós desdichada Sally, adiós mágica Roma, adiós a todos! ¡Llegaron los dólares!

Ya no le interesa el romance clandestino con un joven arquitecto casado que no tiene un peso, que no presenta otro atractivo que el de vivir en Roma Trastevere, y que sólo será un momento hot en la vida. Obvio, la indestructible amistad con Sally se salvará por el momento, hasta que llegue el día de soplarle un novio o arruinar su existencia de una u otra manera. Es una tendencia innata de la Mosquita Muerta: cuando ve a su amiga feliz, necesita imperiosamente intervenir para quitarle a ese novio un poco tontorrón o estropear su vida.

Si la voz del empresario providencial aparece en el teléfono, todo queda suspendido: Jasse y Sally seguirán juntos, sencillamente porque no hay nada mejor. Terrible. Y tal vez, cierto, para muchas parejas.

Segunda Mosquita Muerta de la historia. Es una maestrita italiana de la ciudad de Pordenone, en el norte de Italia. Acompaña a su marido. Este (Alessandro Tiberi) viene a Roma para conversar con sus tíos ricos y bien relacionados, que podrían ofrecerle un futuro de éxito y fortuna, tal vez incluso con el detalle triunfal, al final de la carrera, de una villa sobre el Adriático. ¿Quién sabe?

Alessandra Mastronardi entra del brazo del marido al hotel romano (cuyo gerente no es otro que Giuliano Gemma) y se muestra asustada, como corresponde a su estilo. La inquieta el encuentro con los tíos ricos. De cualquier modo, decide pasar por una peluquería. “Parezco una maestrita de provincia”. ¡Que es precisamente lo que es!

Por el camino, Alessandra se extravía. Según Allen, todos se pierden en Roma. Las indicaciones de los ciudadanos son misteriosas: “Derecho al fondo, después cruzando el puentecito a la izquierda, atravesando bajo el río y girando a la derecha, cien metros, otro giro a la derecha, cincuenta metros o tal vez sesenta, subiendo la escalinata de piedra, unos pasos a la izquierda y allí está la peluquería, frente al Coliseo”.

La maestrita se encuentra de pronto en medio de una filmación. Conoce a la impactante Ornella Muti. Se deslumbra frente a un actor de carácter, feo pero gordo, banal pero vanidoso (Antonio Albanese) a quien pide un autógrafo. Todo termina en un almuerzo frente al Tíber y una tardecita en el hotel. Fácil conquista de una casadita provinciana por un actor de cuarta con mucho “carácter”.

“Woody Allen se explaya sobre las mosquitas muertas, la jubilación como ensayo de la muerte, la banalidad del error y la confiada desenvoltura con que las personas nos traicionamos”


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La humilde maestrita de pueblo, recién casada, ruborosa, inocente y cholula, resulta al final una hembra de cuidado. Dispuesta a acostarse con el actor, pero también con un asaltante que pone el revólver bajo la almohada. Todo vale. Ella quiere “vivir”, ya que está en Roma…

En este racimo de historias, ambientadas en la ciudad milenaria del Imperio, como podrían transcurrir en México o Beijing, Woody Allen se explaya largamente sobre las mosquitas muertas, la jubilación como ensayo de la muerte, la banalidad del error y la confiada desenvoltura con que las personas nos traicionamos. En fin, distintos ángulos de la miseria humana.

En un cara- a- cara final, el joven arquitecto Eisenberg se enfrenta con el gran colega millonario, hacedor de shoppings (Baldwin) y le dice: “¿Cómo sabías que iba a pasar todo esto?… Ya sé, es la experiencia. Los años traen consigo la sabiduría”.

– Los años traen…cansancio- responde Baldwin, el Sabio.

Tal vez alguna lectora susceptible pregunte: ¿Y dónde están los varones que juegan el mismo juego de las mujeres fatales y destructivas? Ah, están por todas partes. Pero ese tema corresponde a otra película.

Podría llamarse “El Mosquito Muerto”. A lo mejor, Woody Allen viene a filmarla a Buenos Aires. Sería genial.

Mientras tanto, leemos que –según los críticos- Allen está en decadencia, que ya no utiliza las cortinas musicales jazzísticas de antes, sino temas de ocasión como el estremecedor “Volare” de Domenico Modugno, que el genio ha convertido su arte en una postal turística de grandes ciudades.

¡Claro que Allen presenta, de vez en cuando, una postal! ¿Qué importancia tiene? También lo hizo Federico Fellini en “La Dolce Vita”, bañando a Anita Ekberg (en aquel entonces, Miss Suecia) nada menos que en la Fontana de Trevi.

“Tal vez alguna lectora susceptible pregunte: ¿Y dónde están los varones que juegan el mismo juego de las mujeres fatales y destructivas?”


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Woody Allen elige mostrarnos la Piazza Spagna (ellos la llaman Escalinata España) a la luz del atardecer, con una orquesta tocando en vivo, y varios cientos de turistas en sandalias y bermudas, sentados en los escalones, respirando, escuchando, viviendo ese instante que al volver a sus casas, seguramente describirán como un “momento mágico”.

Woody se ríe de los momentos mágicos, del amor, de la fidelidad, de las voluptuosas mujeres italianas, de los pobres varones siempre soñando con victorias imposibles.

En una escena portentosa, el flaco y desgarbado Roberto Benigni se convierte, de golpe, en famoso. Porque sí. Sin hacer nada en especial. Sencillamente, es famoso. Cientos de mujeres atractivas quieren acostarse con él para “vivir la experiencia”. Una de ellas lo lleva al lecho y, desde allí, el desconcertado Roberto ve que hay otra bomba abajo, esperando. La pareja se encuentra en el típico entrepiso con cama de un “bulín”.

– Sandra…¿Quién es esa mujer?

– Ah, Roberto, es una amiga. Espero que no te moleste, es casada. Me ha rogado que, después de hacer el amor con vos, la deje a ella un ratito. ¿Te parece?

– ¡Pero yo apenas puedo con una! ¿Qué voy a hacer?

– Nada, nada…Lo que puedas hacer en cinco minutitos estará bien. A ella le cambiará la vida.

Sin duda, Woody conoce el paño. Como Benigni, él es feo y desgarbado, sólo que más viejo. Sin duda, mil hembrones se le han ofrecido para “vivir la experiencia”, y no hay en el mundo un tipo capaz de decir que “no” en un caso así. Convertido en objeto sexual, un hombre feo pierde la cabeza. Sin remedio. Y salta de palomita hacia el error: su destino depende sólo de la suerte, como en la película “Match Point”, donde la pelota, después de pegar en la faja, cae de un lado o del otro, consagrando campeón a Juan y fracasado a Pedro, o viceversa.

“Convertido en objeto sexual, un hombre feo pierde la cabeza. Sin remedio. Y salta de palomita hacia el error: su destino depende sólo de la suerte, como en la película Match Point”


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La suerte es el gran imponderable en las historias de Allen. El tercero inesperado, los caprichos amorosos, los proyectos absurdos que triunfan de casualidad.

Tal vez, en esencia, Woody cuenta una y otra vez su propia historia: “Tuve una mujer bella y talentosa, Mia Farrow. Su único vicio era noble: adoptar hijos. Llevamos adelante una pareja original. Pero me encapriché con la estúpida idea de seducir, a escondidas, a la hija adoptiva de mi mujer, asiática e insondable. Soon Yi Prévin. Todo se supo, estalló el escándalo. De pronto me encontré con que me prohibían ver a mi propio hijo, fui crucificado por la opinión pública de mi país, me quedé solo como un pervertido, apenas acompañado por una chica demasiado joven y medio extranjera. Posibilidades de éxito en mi nueva vida: cero. En pocos meses, la singular muchachita coreana se enamoraría de otro más joven o más rico o menos chiflado. Pero, contra todo pronóstico, acá estoy. En pareja con Soon Yi. Feliz, perdonado por el mundo, acompañado por una mujer que ha resultado mansa y leal. ¡Tuve mucha suerte! Cometí los peores errores, los que conducen a un hombre al suicidio o a la cárcel…¡Y la suerte me salvó!”.

A veces nos parece que esta es la historia que cuenta Allen, cada vez más profundo, más divertido y más pesimista. En su forma de ver la existencia, las personas no valemos nada. Somos todos traidores, mentirosos, venales, cambiantes, débiles, cobardes. Sólo nos ayuda, de vez en cuando, la suerte.

En “A Roma con amor”, Allen realiza varios trucos artísticos con toda naturalidad. Por ejemplo: personajes que no puede estar ahí, y de hecho no están, se meten en la escena y dialogan con los protagonistas. Los espectadores comprendemos perfectamente que ese detalle es imaginario, y al mismo tiempo la historia central se conserva verdadera. Hay cosas imposibles que suceden, y son creíbles. Por ejemplo, un tenor cantando “Ridi Pagliaccio” bajo la ducha, rodeado de todos los figurantes de la Opera y ovacionado por el público, que aparentemente acepta el detalle de la ducha. Otro ejemplo: un empleado de oficina, con su departamentito de clase media, su señora que cocina los fideos y sus dos hijos ni lindos ni feos, se levanta por la mañana y –al salir a la puerta de calle- es rodeado por fotógrafos y cronistas que le piden declaraciones sobre algo incomprensible. Se ha convertido en famoso, de golpe, como los chicos de Gran Hermano, sin mérito y sin nada que decir.

El neo-famoso habla con su chofer, angustiado, una mañana, en una colina romana: ¿Por qué me buscan, por qué me aplauden, por qué quieren que hable? Yo soy un hombre común, no sé nada de nada. Responde el chofer: “Quieren que usted hable a toda hora porque es famoso”. El desconcertado empleado de oficina insiste: “¡Pero si yo no hice nada, no soy artista, no tengo talento, sólo trabajo para cobrar un sueldo a fin de mes! Nunca hice nada importante”.

– Los otros famosos, tampoco- concluye el experimentado chofer.

Un detalle que, como dicen ahora, “no es un dato menor”: la mitad de la película está hablada en italiano, con actores italianos perfectamente verosímiles, incluso desde la visión un poco incrédula de un cineasta americano.

Mi pregunta: ¿Qué será del cine cuando ya no esté Woody Allen?

Serán películas de superhéroes en 3D. Eso, y poco más.

Elia, la niña autista a la que le extirparán el útero para que no ‘enloquezca’ cada mes con la regla

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170624/226227646_0.html

Elia no entiende nada de lo que está pasando. Está sangrando y no sabe el motivo. Se pone nerviosa, se altera. Grita, llora, patalea y se tira al suelo. Se da cuenta de que la sangre procede del bajo vientre. Allí le han colocado un pañal, aunque tampoco tiene ni idea de por qué. Se lo arranca a pedazos. Mete la mano y se la llena de sangre. Se toca la cara, los brazos, las paredes… Al final, el comedor de su casa se convierte en un escenario dantesco. Como una película de terror. Todo está lleno de manchas de sangre y celulosa destripada. Y así cada mes.

Elia vive en Terrassa (Barcelona). Tiene sólo 14 años, un trastorno autista severo y una discapacidad psíquica del 77%. No habla, no interacciona, apenas se comunica. Y cada treinta días se ve obligada a pasar un mal trago. La razón es la menstruación. Cada regla es un trauma. No sabe por qué sangra, y esa incertidumbre le lleva a entrar en pánico una vez al mes, durante tres o cuatro días. Ahora, por primera vez en la historia, el Juzgado de Primera Instancia nº8 de Terrassa ha autorizado que a la niña se le practique una histerectomía simple. Esto es, una operación para extirparle la matriz. Se trata de una sentencia pionera en el mundo que cuenta en exclusiva EL ESPAÑOL.

Cinco años de lucha

Esta pelea la ha llevado en solitario Cristina Urbano, su madre, durante 5 largos años. Un tortuoso periplo contra médicos e instituciones que se le ha hecho interminable. Cuando su hija cumplió 10, ella ya tenía claro que la llegada de la menstruación iba a revelarse como un episodio traumático. Dice que lo sabía por dos razones: “La primera es que trabajo con personas con discapacidad y no es la primera vez que me encuentro que la menstruación se convierte en un problema”. Pero sobre todo, el principal motivo por el que ella pronosticó problemas cuando llegase la regla, “es porque Elia es mi hija. La he parido. La conozco lo suficiente como para saber que no asume bien los cambios bruscos. Y la menstruación lo es”.

Cristina quiso curarse en salud y le expuso el problema a la pediatra en 2012. Su hija sólo tenía 10 años y todavía no menstruaba. Cristina propuso extirpar la matriz de la niña, que es la única forma fiable de retirarle el periodo a una mujer. La doctora fue la primera en darle la respuesta negativa que Cristina ha ido encontrado casi por sistema: “Eso que pides es delito. No se puede hacer. ¿Qué pasará si en un futuro tu hija quiere tener hijos?”. Cristina se sigue indignando cada vez que recuerda esas contestaciones: “Es un argumento estúpido. Mi hija tiene un 77% de discapacidad mental. No sabe ni vestirse sola. Ni siquiera habla. Rehúye el contacto con otras personas. ¿Cómo va a tener un hijo? ¿Quién lo va a cuidar?”.

  • Primera negativa

    Tanto la pediatra como el endocrino, al que visitó posteriormente, le cerraron de forma tajante la puerta de extirpar la matriz de la pequeña Elia: “¿Qué pasa si a tu hija no le viene nunca la regla? Habrá sido innecesario someterla a una operación”.

    Cristina sabía que su hija Elia acabaría menstruando: “Es una mujer. ¿Por qué no le iba a venir la regla? Se equivocan los médicos cuando piensan eso, porque están tomando como ejemplo a otras niñas con discapacidad mental; muchas de ellas sufren ataques epilépticos y les dan una medicación que, como efecto secundario, les retira el periodo. Pero es eso: un efecto secundario probable. Y mi hija no tiene epilepsia, por lo que no tiene que tomar esa medicación”.

    Elia, que en noviembre cumplirá 15 años, se refresca con una manguera en el patio de su casa

    Elia, que en noviembre cumplirá 15 años, se refresca con una manguera en el patio de su casa D.L.F.

    “También pasa que otras chicas con discapacidad mental no controlan sus esfínteres y llevan pañal, por lo que se enteran menos. En el caso de Elia, nos lo hemos currado mucho durante toda la vida para que aprenda a ir al lavabo. Mi hija no necesita pañal. Si se lo colocas también se pone nerviosa, porque no entiende qué utilidad tiene”.

    “Como madre, no eres nadie para decidir”

    Cristina, que también tiene otro hijo con discapacidad psíquica, no se conformó. Decidió consultar con un ginecólogo privado, que accedió a hacerle un informe favorable a su petición. Pero le advirtió de la dificultad de lo que estaba pidiendo y de las trabas que iba a encontrar. Con ese documento se fue a hablar con el director del área de Ginecología de Mútua Terrassa, que se mostró igual de inflexible: “Me dijo que él no lo haría, porque eso es pedir la amputación de un órgano sano de una niña. Pero es que además me dijo que yo, como madre, no era nadie para decidir sobre el cuerpo de mi hija”.

    Cristina no se rindió y llevó su caso al Comité de Ética de Mútua Terrassa. Una especie de jurado que decide en casos médicos tan particulares como el de Elia. Tal y como estaba previsto, le denegaron la solicitud de extirparle la matriz a su hija. A Cristina no le quedó más remedio que acatar la decisión de los médicos. “Decidí esperar, porque era verdad que mi hija aún no tenía la regla. Igual sí que era innecesario hacerla por un quirófano si luego nunca le iba a venir el periodo”, explica.

    El peor día de su vida

    Salieron de dudas el 19 de marzo de 2015. “El peor día de nuestra vida”, recuerda Cristina. “Fue el día de su primera regla, y no fue precisamente una menstruación de esas en las que manchas sólo un poquito. Sangró abundantemente”. También se confirmaron las peores sospechas: a Elia, que ya tenía 12 años, le supuso un terrible trauma. “Se asustaba, se ponía agresiva… No dejaba que la tocásemos ni para cambiarla, por lo que se pasaba todo el día sucia. Gritaba, se ponía nerviosa, tenía ataques de pánico, se arrancaba el pañal a pedazos, se tocaba la entrepierna y se manchaba todo el cuerpo de sangre. Daba igual que estuviésemos en casa, en el colegio o en plena calle. No lo podía controlar”.

    Cristina volvió entonces a hacer la misma tournée médica que arrancó tres años atrás. Revisitó a todos los doctores que predijeron que Elia no tendría la menstruación. Les demostró que se habían equivocado y pidió soluciones. Lo que se encontró fue la misma oposición frontal a extirparle la matriz a la niña. El director de Ginecología de Mútua de Terrassa le propuso un tratamiento alternativo como única solución. Casi fue peor el remedio que la enfermedad.

    Cobaya de un experimento fallido

    “Decidieron implantarle a mi hija un dispositivo subcutáneo en el brazo. Una especie de DIU; un implante hormonal anticonceptivo cuyo efecto secundario es que puede retirar la regla. Decían que era la única solución viable”, recuerda ahora Cristina. El primer problema de aquel experimento lo encontraron en la forma de introducir el implante bajo la piel de Elia. “Aunque en condiciones normales sería un aparatito que te pondrían rápido en una consulta, mi hija no se deja tocar. En este caso es necesario que la niña sea sometida a una intervención quirúrgica”.

    En el quirófano tuvo lugar un episodio dramático. “Yo no pude entrar con ella. Cuando la niña se vio sola, en una camilla, rodeada de médicos y atada a una cama de pies, manos y cintura, entró en pánico y se puso muy agresiva. La única forma que tenía de defenderse era pegar bocados. Mordió a tres médicos. A uno le tuvieron que aplicar varios puntos de sutura”, recuerda Cristina.

    Elia tendría que pasar aquel trauma de forma periódica, porque el dispositivo se tiene que renovar cada cierto tiempo. Pero lo peor fue que, aunque usaron a la niña casi como conejillo de indias, aquel parche tampoco funcionó.

    Por una orden judicial

    Cristina volvió a visitar por tercera vez a los médicos para exponerles que el intento había sido un fracaso estrepitoso. “¿Ahora qué?”, le preguntó al director de Ginecología, que empezó a mostrarse algo más receptivo con las reivindicaciones de Cristina. Tampoco mucho. De hecho, le dijo que lo máximo que podía proponerle era volver a llevar el caso ante el Comité de Ética de Mútua.

    Así lo hicieron. Cristina les reiteraba que lo único que quería era conseguir calidad de vida para su hija. Pero aquel consejo de sabios volvió a mostrarse intransigente: le volvieron a negar la petición, aunque le dejaron una puerta abierta casi imposible: “Sólo le extirparemos la matriz a tu hija si traes una autorización judicial”.

    Ningún abogado quiere el caso

    Ahí empezó otro calvario para Cristina. No sólo porque no hubiese jurisprudencia al respecto. Es que ningún abogado quiso hacerse cargo del caso. “Unos me decían que iba en contra de sus principios. Otros me adelantaban que íbamos a perder, por lo que no iban a cobrar y preferían no meterse en ese asunto. Otros directamente me soltaban que lo que yo pedía estaba mal. Me hacían sentir muy culpable”. Cristina llevó el caso hasta el Síndic de Greuges (el Defensor del Pueblo en Cataluña). La respuesta que obtuvo fue un ‘no’ rotundo: “Eso que quieres hacerle a tu hija es delito”.

    El giro de los acontecimientos llegó de mano de Montserrat Playà, una abogada y exconcejal del Ayuntamiento de Terrassa. Fue la única que se atrevió a asumir esta causa perdida. Le propuso a Cristina presentar el asunto a la Fiscalía. Allí, contra todo pronóstico, la Fiscal aceptó llevar el caso ante el juez. “Si ella se hubiese opuesto, la historia se hubiese acabado ahí. La Fiscal es la que asume el papel de defender al menor en estos casos. Si se hubiese acogido al mismo argumento estúpido de que mi hija algún día querría tener hijos, esto no hubiese salido adelante. Pero decidió presentarlo y el juez lo aceptó a trámite”.

    El ginecólogo recula

    El juicio contó con el testimonio de Luis, el padre de Elia. No viven juntos porque está separado de Cristina, pero dio el beneplácito a la hipotética extirpación de la matriz de su hija “porque sé lo que sufre ahora; aumentará su calidad de vida”. Otro que testificó a favor fue el director de Ginecología de Mútua Terrassa, que tan reacio se había mostrado siempre a extirpar la matriz de la niña. También contaron con el apoyo de la ginecóloga que le implantó a Elia el dispositivo hormonal en aquella intervención que acabó como el rosario de la aurora y con tres médicos lesionados.

    Cristina Urbano, la madre de Elia, muestra la sentencia que aprueba la histerectomía de su hija

    Cristina Urbano, la madre de Elia, muestra la sentencia que aprueba la histerectomía de su hija D.L.F.

    Cristina, que durante estos cinco años casi ha hecho un master en fisiología a causa de este proceso, hizo hincapié durante el juicio en una cuestión: “La intervención sería una histerectomía simple. Eso significa que sólo le quitarían la matriz, pero no los ovarios, por lo que la niña continuaría con su desarrollo físico normal y no tendría problemas hormonales”.

    La respuesta que se encontró durante todo el juicio fue la misma: “No me preguntaban por posibles secuelas o por la salud de mi hija. Lo único que les importaba era saber qué pasaría si Elia quisiese tener hijos en un futuro. Me harté de explicárselo: mi hija tiene una discapacidad psíquica del 77%. Nunca tendrá hijos”.

    Una sentencia histórica

    La sorpresa llegó la semana pasada en forma de sentencia. El juez ha fallado a su favor. Ha incapacitado legalmente a Elia, que era la principal traba administrativa, y ha autorizado la histerectomía simple. Por primera vez, un juzgado aprueba la extirpación del útero de una menor de edad y su correspondiente esterilización para que no vuelva a tener la menstruación. “Desde luego, en España no existe un precedente igual, y tampoco hemos encontrado jurisprudencia en ningún otro país de Europa. Tal vez sea incluso el primer caso en el mundo, pero eso ya no lo sabemos”, explica Cristina.

    ¿Cuándo la someterán a la operación? La sentencia no lo dictamina. Cristina espera que sea antes de que empiece el cole: “Sería terrible que la pusiesen en lista de espera y la tuviesen ahí dos años sufriendo. Yo espero que en pocos meses se resuelva; si no, tendré que pedir al juez la ejecución de la sentencia. Lo ideal sería que fuese antes de septiembre, para ahorrarle problemas en el colegio cuando empiece el curso”.

    “Las he pasado muy putas”

    ¿Cómo se siente Cristina después de estos cinco largos años de lucha en solitario? “Las he pasado muy putas. Me he llegado a sentir muy culpable, cuando lo único que quiero es que mi hija no sufra. Me ha costado mucho tiempo y dinero. Me han puesto miles de trabas y me han dicho cosas muy duras. Pero yo he sabido en todo momento que esto es lo que tenía que hacer, por el bienestar de mi hija”.

    El Juzgado de Primera Instancia Nº8 de Terrassa ha fallado a favor de Cristina y Elia

    El Juzgado de Primera Instancia Nº8 de Terrassa ha fallado a favor de Cristina y Elia D.L.F.

    “Elia no tendría hijos igualmente. Ni siquiera habla. Hay veces que se pasa la mañana llorando, pero como apenas se comunica, no logro saber lo que le pasa y sólo puedo estar con ella y consolarla. En una ocasión llegó a estar tres semanas con la tibia y el peroné fracturados, porque no se quejaba. Me di cuenta porque un día le vi la pierna totalmente hinchada y amoratada. No está en condiciones de cuidarse ni de sí misma. ¿Cómo va a ser madre?”, pregunta Cristina.

    Respecto a las reticencias éticas que se ha encontrado por el camino, asegura que puede llegar a entender el debate, pero subraya que “sólo las personas que vivimos con personas con estos problemas sabemos lo que sufren. La gente opina desde fuera, y van cambiando la forma de pensar. Hemos pasado de un extremo, en el que se consideraba que las personas con discapacidad psíquica no tenían sexo, como los ángeles, al otro extremo, en el que incluso queremos que sean padres. Al final, tenemos que darnos cuenta de que son personas con circunstancias muy especiales. Y que, como cualquiera, lo que necesitan es tener calidad de vida y no sufrir”.