El capital privado echa el ojo a la educación

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/11/29/actualidad/1354213473_863026.html

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Nunca hablaremos inglés

Mariano Rajoy sabe que hablar inglés “is very difficult”. Pero es que los españoles nunca nos hemos caracterizado por nuestra facilidad a la hora de aprender idiomas. ¿Por qué será? ¿Tenemos acaso una incapacidad genética que nos lo impide? Desde luego que no. ¿Es nuestra inteligencia más limitada que la de los escandinavos, en cuyos países hasta los carteros suelen hablar en un digno inglés? No me lo parece. ¿Carecemos de motivación? Visto el número de alumnos que hay en las Escuelas Oficiales de Idiomas y en academias privadas, la respuesta es no. Entonces, ¿por qué tenemos tantos problemas con los idiomas? Porque nuestro sistema educativo, desde la guardería hasta la universidad, está pensado para que así sea.

Todo empieza en la universidad, donde se licencian los futuros profesores de inglés, entre otros idiomas. En España un futuro profesor de inglés puede estudiar un Grado de Estudios Ingleses (la antigua Filología inglesa) o Magisterio en Lengua Extranjera. En el primer caso podrá impartir clases en secundaria si se realiza el Curso de Adaptación Pedagógica y en el segundo en primaria.

Los estudios filológicos en España se basan en dos pilares: literatura y lingüística. El Magisterio en Lengua Extranjera se centra en el conocimiento de la didáctica, de la psicología y de la metodología. No obstante, en ambos casos el aprendizaje real de la lengua, es decir, el desarrollo de la competencia comunicativa, queda relegado a un lugar casi anecdótico. De esta manera, en España se puede estudiar Magisterio en Lengua Extranjera y tener más conocimientos sobre la metodología de enseñanza del inglés que del inglés en sí mismo. En otras palabras, se dedica más tiempo a cómo enseñar y no a lo que se enseña, como por ejemplo se observa en el programa de magisterio de la UCJC. En los estudios filológicos ocurre por un tanto. Podemos tener buenos conocedores de la literatura anglosajona pero que tienen ‘cierta’ dificultad para leer los textos originales. Incluso, en muchas universidades las asignaturas teóricas se imparten en español y no en inglés. Los únicos estudios en los que se concede un papel primordial a la adquisición de una lengua extranjera son los de traducción e interpretación. Sólo faltaría que un intérprete no supiera hablar lenguas extranjeras.

De esta manera, los estudios de los que serán futuros profesores de inglés no garantizan que los estudiantes alcancen un nivel C1 o C2. Si en magisterio se alcanza el B2, es un éxito. Así que, si el nivel de conocimiento de la lengua extranjera es bajo por parte de los profesores, resulta evidente que también lo será por parte de sus alumnos de primaria y secundaria, los cuales alcanzarán un nivel mediocre de inglés, tanto por la capacidad del profesor como por las condiciones de aprendizaje -es difícil practicar una lengua cuando en el aula hay tantas personas- . Cuando se dice que los profesores se agarran a la gramática, al manual y a la pizarra, no es porque no conozcan otra metodolgía, es porque un nivel B2 no permite aplicar un enfoque comunicativo y sentirse seguro en aquello que se está enseñando.

En resumen, los profesores de idiomas son formados sin dedicar especial atención al idioma que van a enseñar. Éstos imparten clases de idiomas con limitaciones, en los centros de primaria y secundaria. Sus alumnos llegan a la universidad donde estudian diferentes carreras pero no mejoran sus conocimientos de idiomas. Posteriormente los antiguos alumnos terminan sus estudios universitarios y vuelven a los centros de primaria y secundaria, donde imparten clases de diferentes asignaturas y donde sus conocimientos de idiomas continúan siendo mediocres. Así se cierra el círculo.

Por lo tanto, pretender en este contexto extender la enseñanza bilingüe en primaria y secundaria no es más que una forma de marketing de las instituciones educativas. No se puede creer que un profesor con un nivel B2 de inglés pueda impartir clases de matemáticas. Su nivel no es suficiente como para que se sienta cómodo impartiendo una asignatura en un idioma que no es el suyo y, seguramente, el alumno ni mejorará su inglés ni entenderá de matemáticas.

Para romper este círculo se requiere empezar la casa por los cimientos. Para subir el nivel en primaria y secundaria, primero habría que hacerlo en las universidades. En los programas universitarios se le debería conceder el debido interés a la enseñanza y adquisición del idioma extranjero, para de esta manera disponer de formadores cualificados que sean capaces de trasvasar sus conocimientos a sus alumnos de primaria y secundaria. También se debería considerar obligatorio el aprendizaje por parte de cualquier universitario de una lengua extranjera hasta como mínimo un nivel B2, sin necesidad de recurrir a Servicios de Idiomas universitarios en los que el estudiante deba pagar.

Lamentablemente, esto requeriría un cambio en los planteamientos por parte de legisladores, administradores y personal docente. Asimismo, también requeriría una mayor inversión económica. Aunque según se observa en el informe PISA, hay muchos países con menos inversión en educación que España pero con mejores resultados. A veces es más importante saber organizar lo que se tiene que pensar en lo que se podría hacer si se tuviera más.

De todas formas, esto es España, y nunca se llevará a cabo una reforma educativa que no sea un juguete en manos de los políticos y dure más de dos años ni se invertirá en educación. Quizá George Carlin tenía razón y hay alguien a quien no le interesa que la gente esté formada y sea capaz de pensar críticamente.

Ahora viene la parte en la que los lectores que sean profesores de idiomas muestran lo escandalizados que están e intentan explicar lo equivocado que estoy y que realmente el problema reside única y exclusivamente en las condiciones de trabajo y no en los profesores, que son (somos) todos fantásticos. Nadie es infalible, pero llevo muchos años en el mundo académico y he conocido a muchos profesores que comparten mi opinión pero que en público nunca dirán que la universidad en la que trabajan forma buenos filólogos con una competencia comunicativa en inglés mediocre o buenos pedagogos que no son capaces de mantener una conversación fluida en inglés. Y eso es lo primero que habría que cambiar. ¿Para qué queremos grupos reducidos y material de sobras si no tenemos lo más importante que es el idioma?

http://www.huffingtonpost.es/raul-fernandez-jodar/nunca-hablaremos-ingles_b_2200683.html

MATEMATICO.ES: RECORDS Y CLASIFICACIONES

Marian 6ª en Pruebas Especiales:

3º B en el puesto 16 en media de puntos:

Marta 9ª en Regularidad (como su nombre indica es ser “regular”):

Marta 13ª en Top Absoluto (con todo: puntos, regularidad, récords,…):

Y hemos superado dos records:
-> Marián superó 1 en proporcionalidad, con 200 puntos, que ya le han superado (ahora es 232).
-> Marta ha superado un record en potencias de exponente entero con 464 puntos (difícil de superar).

“Bollycaos” caseros para zampabolllos “bolleuristas”

Bollicaos caseros. Masa de bollos de leche. Es impresionante la cantidad de cosas que se pueden hacer con la masa de los bollos de leche o de las trenzas y lo fácil que es trabajar con ella. Es una de las recetas que más he hecho desde que estoy con el blog, por su versatilidad y por lo ricos y esponjosos que están los bollos o las piezas cuando las sacas del horno…

En esta ocasión, os voy a presentar una receta que no tiene grandes complicaciones y que me ha hecho retroceder varios años atrás, a mi infancia. Se trata de unos bollicaos caseros, hechos como no, con la masa de bollos de leche y trenzas que ya conocéis.

Para el que no lo sepa, los bollicaos son bollos o panecillos rellenos de chocolate o crema de cacao. Sí, sí: tienen chocolate por dentro…

Por cortesía de Xavier Barriga y su libro “Pan”, os traigo la receta de estos bollicaos caseros. Os advierto: como probéis uno, seguro que no podréis parar de comer… Están buenísimos y tiernos, blandos y esponjosos.

No voy a extenderme mucho con la receta, dado que los ingredientes básicos, así como el amasado y preparación os la he expuesto varias veces en el blog. Podéis consultar las recetas de las trenzas o los bollos de leche para mayor detalle.

Las consideraciones básicas:

La harina: de fuerza. Ya sabéis, en grandes superficies y supermercados la encontráis sin problema.

La levadura: seca o fresca. Yo he utilizado fresca (25 gr.). Si utilizáis levadura seca, utilizad un sobre ( de unos 6 gr.) La proporción es 10 gr. de fresca = 3 gr. de seca.

Para que estén buenos y esponjosos es fundamental amasar correctamente!!!

Y eso es todo. Vamos a amasar!!!

Ingredientes de los bollicaos caseros:
500 gr. de harina de fuerza.
10 gr. de sal.
40 gr. de azúcar.
20 gr. de miel.
1 huevo.
25 gr. de leche en polvo (si no tienes, puedes prescindir de ella, aunque es mejor que la pongas).
250 ml. de leche entera.
50 gr. de mantequilla sin sal (mejor a temperatura ambiente).
25 gr. de levadura fresca (o bien 1 sobre de levadura seca).
Además:
1 huevo batido para pintar las piezas.
Chocolate con leche para poner dentro de los bollos (una tableta) o nutella o crema de cacao.
Preparación de los bollicaos caseros:
Muy sencillo. Si utilizamos levadura fresca, la desleímos en la leche.

A continuación, mezclamos todos los ingredientes (salvo la leche) en un bowl. Si la levadura que usamos es la seca, la ponemos aquí también.

Removemos y comenzamos a añadir poco a poco la leche, hasta que obtengamos una pasta que nos permita amasar.

Ahora comienza el trabajo duro: amasamos. Lo hacemos con ahínco y paciencia. Al principio la masa estará pegajosa, pero poco a poco se ira despegando y endureciendo un poquito, hasta quedar lisa y suave.

Para amasar, utilicé la técnica de amasado de Richard Bertinet.

Cuando hayamos amasado, formamos una bola y engrasamos un bowl con un poquito de aceite vegetal. Ponemos la bola dentro y dejamos reposar durante una hora y media, aproximadamente (hasta que haya doblado su volumen).

Transcurrido este tiempo, golpeamos un levemente la masa (para sacar el gas) y cortamos piezas de unos 80 gr. Extendemos las piezas formando un rectángulo – más o menos, y ponemos dentro dos onzas de chocolate (o bien untamos un poquito de crema de cacao). En la foto se ilustra mejor:

Por último, apretamos los bordes y formamos pequeños panecillos. Los ponemos sobre papel de hornear, encima de la bandeja del horno y pintamos con huevo batido. Dejamos reposar unos 30 minutos, aproximadamente.

A la mitad de esta segunda fermentación, precalentamos el horno a 180 ºC. Justo antes de introducir los panecillos de chocolate en el horno, los volvemos a pintar con huevo batido.

Los dejamos dentro del horno durante unos 12 – 15 minutos. Yo los tuve 12 minutos y mirad lo doraditos que me salieron… El tiempo dependerá de cada horno. Vigiladlos para que no se os quemen!!! Podéis poner un poco de papel de aluminio por encima si no queréis que se os tuesten tanto…

Y eso es todo. Como habéis podido ver, la receta de estos bollicaos caseros es muy fácil. Espero que os gusten.

Nos vemos pronto. Buen provecho!!!

http://es.paperblog.com/bollicaos-caseros-masa-de-bollos-de-leche-1383441/