TIEMPO EN RAFAL PRÓXIMOS DÍAS

Observamos que los próximos días el tiempo en Rafal se va a mover entre nuboso y soleado. No se ven indicios de lluvia por ningún sitio y el calor va a ser “espectacular”. Observad que el Domingo la temperatura máxima será de !!!36 GRADOS!!! BUSCAD UNA BUENA SOMBRA.

TU HOMBRE DEL TIEMPO PREFERIDO.

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Yo (no) estudié en la pública

http://www.asueldodemoscu.net/2012/05/yo-no-estudie-en-la-publica/

Lamentablemente, yo no estudié en la pública. Tuve profesores buenos, incluso muy buenos: recuerdo con especial cariño a don Jesús, el Pescadilla, que me dió Filosofía, y contribuyó a ordenarme la cabeza (mis lectores lo comprueban cada día); o a don Marciano, que me enseñó a que si sabes lo que quieres decir, escribirlo es sencillísimo: «sujeto, verbo, predicado y punto» era su slogan. También recuerdo a Don Daniel, poeta y profesor de literatura, que nos presionaba para que escribiéramos, y que me enseñó un latín del que ya no recuerdo nada, pero que me ayudó a entender la lengua española. Incluso al hermano Estéban, el director, al que apodábamos el Sapo, y que fue la primera persona que me habló del marxismo, o el hermano Pablo, recientemente fallecido, que nos daba bolitas de anis si acertábamos sus intrincados cálculos mentales. También había profesores espantosos, como el Sandalio, que nos explicaba que las imágenes de los campos de concentración nazis eran montajes fotográficos realizados en Hollywood.
Sin embargo, no recuerdo con cariño al colegio Maravillas, un centro elitista de adoctrinamiento del que, entre otras cosas, daban becas a los alumos en función de su apellido. El mismo año que mis padres anunciaron que no podían seguir pagando el centro, me ofrecieron una beca. Otros tres niños no tuvieron la misma suerte. Y no fue por mi expediente académico, que era lamentable, sino por mi apellido. Diez años después de muerto el dictador, todas las clases estaban presididas por dos retratos: el de Franco y el del Rey, y en medio, el testamento del Caudillo. Alguien debió decir algo alguna vez, porque recuerdo al hermano director diciendo un día: «es el ideario del colegio, a nadie se le obliga a venir». Yo no tenía mucha conciencia política aún, pero aquello me extrañó siempre. El colegio Maravillas era un lugar que recuerdo en general, y con algunas excepciones como las señaladas más arriba y alguna otra que se me habrá pasado, como desagradable, y en el que intentaron convertirme en una persona igual a las personas a las que hoy en día detesto.
Por estos motivos, mi hijo estudia en la pública. Yo no pude. Prejuicios, influencia familiar, yo qué sé qué motivos llevaron a mis padres no sólo a matricularme en un colegio de curas, sino además, a mantenerme después, cuando dejaron de poder pagarlo. Yo, hoy, probablemente podría pagarle un colegio privado a mi hijo, pero no me da la gana: quiero que estudie en la pública. Porque quiero que trate con gente normal y no con marcianos, porque quiero que reciba una educación de calidad, porque no quiero que los curas se le acerquen a menos de dos manzanas de distancia, y porque, además, la pago con mis impuestos, aunque Esperanza Aguirre lo niegue sistemáticamente.
Por eso, aunque yo no estudié en la pública, apoyo la pública (que necesita reformas y cambios, por cierto, pero ese es otro cantar).

¿Que le sorprende a los japoneses de España?

Veo que muchos os habéis interesado bastante en la posible entrada sobre “lo que sorprende a los japoneses en España” que comenté hace un par de días, por lo cual he decidido acabar con vuestra impaciencia y escribir hoy mismo esta increíble entrada con experiencias, sentimientos y sorpresas que siente un japonés al llegar a nuestras tierras.. Por si en generaciones futuras esta entrada se hace archiconocida y la lee gente que ni sabe de mi existencia haré una pequeñísima presentación: Todo lo que cuento aquí es totalmente verídico, no me lo invento ni lo he leído por Internet (cosa que mucha gente hace, leen una chorrada por Internet y lo cuentan en sus blogs asegurando que es 100% real… así me toca a mi después desmentir rumores absurdos en mi VideoBlog…) Todo son experiencias vividas por mi novia, japonesa de 25 años en su primera visita a España y a Europa. Solo había salido de Japón hará 10 años para estudiar durante un mes en Canadá. Osea que podemos asegurar que es bastante “pura” y “virgen” en el universo Europeo… Aclaro que los japoneses no tienen una mente colmena (a diferencia de lo que muchos creen) y lógicamente lo que haya podido experimentar Manami no tiene porque ser exactamente igual a lo que experimente o le sorprenda a otro japonés… Pero estoy seguro que a gran cantidad de ellos les sorprenderá lo mismo puesto que viven en una misma sociedad con esos cambios tan significativos respecto a la nuestra y por ello mismo les sorprenden tanto cosas que pueden ser tan normales para nosotros…

Y explicado esto, ¿pasamos al lío?

-Coches, Coches por todas partes:
Nada mas salir de la M40, cuando entramos en ciudad por primera vez, encontré a Manami flipando mirando por la ventana… Estaba viendo algo increiblemente sorprendente en mi barrio Vallecas que yo jamas habia visto ¿cual era ese apasionante secreto? Los COCHES. Coches aparcados por toda la calle, en linea, en bateria, ademas, como era de noche era normal encontrar coches aparcados encima de las aceras, en cruces, en vados… Podéis imaginar lo que le sorprende esto a un japonés puesto que en Japón los coches NO se pueden parar en la calle. Nunca veréis una calle japonesa repleta de coches parados, todos estan dentro de sus parkings. Las pocas zonas donde se puede parar algun coche tienen su propio parquimetro y suelen estar separados por varios metros. por lo cual para un japonés nuestras calles Madrileñas eran como el tipico futuro postapocaliptico con chatarra destruida por toda la ciudad.. Supongo que para los ojos de Manami, Madrid se veia asi:

Como un japonés jamas ha visto coches aparcados en linea, me hizo mucha gracia cuando me preguntó “Y como salen los coches si estan pegados unos a otros?” Cuando le expliqué que por muy juntos que parezcan siempre hay hueco para maniobrar y salir, se quedó sorprendida mientras murmuraba “los españoles sabeis conducir muy bien… un japonés no podria hacer eso…”

-“Rakugaki” osea, Pintadas:
Le sorprendía a la vez que le aterraba encontrar pintadas en cualquier pared, en cualquier tienda, en cualquier piedra… En Japón no existen prácticamente las pintadas, osea que en su mente tan pura e inocente, cuando llegamos a mi garaje (que la puerta está totalmente pintarrajeada) me preguntó “la has pintado tu para decorarla?” Cuando le expliqué que en España la gente no respeta la propiedad de los demás y que esto lo había pintado alguien que no tenia nada que ver con el garaje se quedó un poco sorprendida y con cara de “¿y porque hacen eso? ¿que ganan con eso?” Una pregunta que por cierto yo tampoco me había parado a pensar nunca… Le sorprendía que tengamos esa capacidad innata en encontrar huecos imposibles para firmar o escribir cualquier chorrada, por ejemplo los cristales del metro, o los asientos, o incluso en arboles, señales de trafico… Cada dos por tres le escuchaba murmurar “Vaya! Aquí también hay pintadas…” Gracias a ella me di cuenta de lo estúpidos que podemos llegar a ser los humanos, intentando dejar nuestro nombre escrito en cualquier hueco en un vano intento de ser recordados por la humanidad… Aunque lo que mas le sorprendió sin lugar a dudas era cuando encontramos pintadas en monumentos historicos. Encontrar pintadas en ruinas de Mérida o grabados en la piedra o paredes con las llaves en lo alto de la Giralda e incluso dentro de la mezquita de Córdoba… Supongo que en esos momentos Manami nos veía a los Españoles mas o menos asi:

-Mierdas de perro:
Esta ya me la esperaba, porque yo también me di cuenta después de mis dos años viviendo en Japón.. Nada mas salir a la calle el primer día, empezó a reírse señalando hacia delante, señalaba una caca de perro en medio de la acera. Ella se lo tomó como algo gracioso, algo que solo sale en las películas cuando el desdichado protagonista pisa una caca sin querer, o cuando hacen alguna gracia divertida en la tele… No tardó en darse cuenta de que no era un caso aislado, sino que había mierdas y mas mierdas por TODAS partes! Le expliqué que nosotros también tenemos la obligación de recoger la caca de nuestro perro como en Japón, pero que la gente suele pasar de hacerlo… Cosa que por supuesto no entendía Manami “Pero si es obligatorio hacerlo como se atreven a no hacerlo?” Ya le expliqué que los Españoles somos expertos en NO cumplir las normas. Así pasa lo mismo con Internet y la piratería, que aun la mayoría de los Japoneses piensan que bajarse una película de Internet conlleva a que dos agentes de policía llamen a tu puerta minutos después para llevarte a la cárcel… Los Japoneses realmente temen a la ley. Osea que al ver que nosotros pasamos de la ley…A esto le añadimos que cuando le dije que tuviera cuidado por el centro con el bolso por si se lo robaban, me preguntaba “Pero porque roban si hay policia?” Supongo que en esos momentos pensó que nuestra policía seria algo asi….

-Tecnología Extinguida:
Cuando volví a España me acuerdo que hice varias bromas sobre como sentía que había vuelto a “la edad de piedra” por cosas que en Japón nos llevan años de ventaja…¿Como seria la reacción en una Japonesa que jamas había salido de Japón? Pues sobre todo DIVERTIDA! Disfruté como un enano viéndola desde fuera uno de los primeros días que entró en un baño publico. Después de hacer sus cosillas y ya en el lavabo, tan inocente de ella la veo poner las manos debajo del grifo y ahí se quedó esperando (Estaba esperando que el agua saliera sola) cuando se dio cuenta que no iba a salir agua empezó a mirar a los lados preocupada, pensando que estaba estropeado, hasta que se dio cuenta que había un botón en el centro. Lo pulsó (posiblemente hacia años que no pulsaba un botón en un Water…) y el agua comenzó a salir. Mas divertido fue aun cuando ya había parado de lavarse las manos y vio que el agua no paraba, mirando de nuevo a los lados esperando encontrar un botón mágico para que el agua parara.. (yo a todo esto en silencio riéndome disimuladamente desde fuera) hasta que ya me grita “Raul, no se pararlo, sálvame!!”Cuando la expliqué que esperara unos segundos mas y pararía solo se calmó al ver que así era.. Entonces la vi dirigir sus manos al secador… y de nuevo las puso debajo sin hacer ningún movimiento esperando a que el bicho se activara… Cosa que por supuesto no hizo. Es una chorrada pero no sabéis la gracia que hacia verlo desde fuera a la pobre chica sorprendiéndose por todos estos extraños aparatos antiguos que funcionaban por botones. Me di cuenta lo raro o quizá “antiguo” que les tiene que parecer todo esto cuando llegan aquí.

Y no solo eso, días después me preguntó: “Oye, en España las mujeres llevan bolso verdad?” -Si claro que llevan bolso. contesté. “Entonces porque en los baños no hay perchitas para dejarlo!?? Como hacen las chicas para hacer sus necesidades!?” Y ahí estaba otro de esos pequeños detalles que quizá nosotros nunca pensamos puesto que nunca hemos tenido… Pero efectivamente en Japón en TODOS los baños publicos hay siempre perchitas detras de la puerta para colgar tu bolso o mochila para hacer tus cosas..(muy cómodo por cierto) algo que por desgracia en España no he visto prácticamente en ningún sitio…

-Vagos¿?
Es cierto que los Españoles quizá seamos algo vagos, pero no creo que tanto como cuentan las leyendas… Por desgracia comparados con los Japoneses cualquier país es vago, osea que en España tenemos que parecer los reyes. El primer día que fuimos por el centro de Madrid, como pasamos cerca de las tiendas frikis la dije que echaríamos un vistazo, aunque me fijé que eran las 15:00 osea que le dije que no fuéramos porque estarían cerradas. Lo cual le dejó muy sorprendida y me preguntó “¿Y porque cierran a las 15:00?” a lo que contesté tranquilamente “Pues porque es hora de comer…” Su reacción fue reírse como si la estuviera vacilando. ¿Cierran la tienda para irse a comer!? Supongo que es algo totalmente impensable para un japonés.. Mejor fue aun, como tuvimos el día 1 y 2 de Mayo fiesta, encontramos TODO cerrado. Tiendas, supermercados… Algo que tampoco conseguía aceptar su cerebro nipon. ¿Como es posible que cerréis las tiendas el día que la gente tiene libre para ir a comprar?” No era la primera vez que oía esta pregunta en la boca de un japonés y cuanto mas la oigo mas cuenta me doy de la lógica que conlleva… Para terminar también quedó flipando cuando un día nos dieron las 16:00 sin comer y claro, ella me dijo que fuéramos a cualquier restaurante a comer, y yo le contesté “no, es que en España a partir de las 16:00 ya no suelen dar de comer en restaurantes… hay que esperar a la noche” No creo que haga falta ni explicar su reacción de incredulidad… ¿Un restaurante que incluso estando abierto no se puede comer a cualquier hora sino a horas estipuladas!?. La visita a Sevilla tampoco vino muy bien para mejorar su opinión sobre nuestra vagancia, puesto que todos mis amigos sevillanos nos contaron tan orgullosos como cada uno se echaba entre 2 y 3 horas de siesta al día… Esta claro que no todos somos iguales, yo por ejemplo no me echo siestas jamas, y otros curraran como condenados 20horas diarias… pero el vistazo general desde los ojos de un japonés es innegable, somos vagos…

-Un cielo diferente:
Aunque todo parezcan sorpresas “malas” o al menos que dejan mal a España no era así, realmente todas las cosas vividas hasta ahora le sorprendían de buena forma. De todas formas la siguiente si que es buena y bonita… Desde que llegó me di cuenta que no paraba de hacer fotos y mas fotos al cielo… a veces incluso le echaba la bronca porque estábamos en un monumento famoso y en vez de hacerle fotos al monumento se las hacia al cielo… Cuando la pregunté que porque esa obsesión con el cielo me dijo “Jo, es que aquí se ven las nubes, y son preciosas!” Pues sip, quizá una de las cosas que mas le sorprendió a Manami de nuestro país es NUESTRO CIELO. (Sobre todo cuando nos fuimos por el Sur, Mérida, Caceres, Córdoba…) Tenemos unos increíbles cielos azules, casi siempre despejados y repletos de nubes que parecen algodones de azúcar gigantes. Algo que yo tampoco me había parado a mirar nunca… cuando me paré a mirar me di cuenta por primera vez. En Tokyo, los edificios y rascacielos impiden bastante la visibilidad del cielo, sin contar que la polución ha hecho que el cielo no sea demasiado limpio, ni azul, ni que tenga nubes… Ademas en Japón llueve muchísimo y es normal encontrar el cielo casi todos los días oscuro o cubierto de nubes no demasiado blancas… Así que Manami flipaba con nuestros puros, increíbles y amplios cielos azules.

Normalmente si miras hacia arriba en Tokyo… veras esto:

Mientras que si miras en España, veras esto:

-Relojes de Madrid:
Una de las cosas que mas gracia me hizo por lo curioso que es el asunto y no haberme dado nunca cuenta de ello es mas curioso aun… Posiblemente muchos de los que vivis en Madrid tampoco os habreis fijado nunca. Resulta que muchos de los relojes que estan repartidos por la ciudad NO estan en hora. Hablo de relojes grandes de agujas que a veces estan en lo alto de edificios o tiendas.. Por ejemplo en Callao hay uno enorme en una de las tiendas de la plaza que da no se si las 20:00, y en la calle San Bernardo en una tienda llamada Fetish (creo que de relojes, curiosa ironia) el reloj estaba parado en las 18:30.. Asi con diferentes relojes repartidos por todo Madrid, quiza algunos solo estan de adorno, otros quiza se pararon hace años y jamas los arreglaron, otros quiza siemplemente estan desatendidos… Resulta que Manami como cualquier japonés estan algo obsesionado/preocupados por la hora, y siempre que ven un reloj le prestan atención para saber que hora es, osea que Manami no ganaba para sustos cuando ni siendo las 2 de la tarde veia en un reloj que eran las 18:00 asi pues cuando llevabamos varios me preguntó “¿Porque ningún reloj va en hora?” Una pregunta para la cual por supuesto no tenia respuesta…. Por experiencia propia le dije que normalmente nunca miramos esos relojes (como ya decía, yo no me había fijado jamas en ellos como supongo que tampoco lo han echo los demás madrileños) normalmente miramos nuestro propio reloj o el móvil… pero entonces como bien me preguntó Manami después “¿Para que están?” Lo único que pude pensar fue “Al menos el de la puerta del Sol va en hora…”

-Arroz con Leche:
Como todos bien sabéis para un japonés el arroz es como para nosotros el Pan. Lo comen para acompañar cualquier comida, lo comen a todas horas y sin descanso…¿Pero que pasa cuando les sacas de sus parámetros establecidos y les das a probar algo que sus cerebros no pueden aceptar? Eso es lo que pasa cuando prueban uno de nuestros dulces mas típicos.. el Arroz con Leche. Les parece algo asquerosisimo como para nosotros podrían ser unas lentejas con Vainilla. Nada mas verlo ya me puso cara de “pero que basura es esta??” Metía la cuchara con asquillo como esperando que aparecieran ojos flotando como la sopa de Indiana Jones y el templo maldito… Y efectivamente no le gustó. Como sabor dijo que estaba bueno pero saber que era arroz lo que estaba comiendo y que supiera dulce era algo demasiado extraño para ella… Me dijo que era igual que los potitos para los bebes allí. Aquí la podéis ver en acción:

-Un humor totalmente diferente:
Los japoneses y los occidentales tenemos un humor totalmente diferente, me quedó claro cuando fuimos juntos al cine a ver Los Vengadores. Una pelicula que para quien la haya visto sabrá que tiene varios puntos muy buenos y graciosos… Pues Manami no se inmutó, no solo eso… nisiquiera los entendia! Claramente el idioma hizo que se perdiera muchos…Pero por ejemplo uno de los mejores que es cuando Thor y Hulk se quedan juntos y este le da una hostia al otro (para quien la haya visto lo entenderá) es imposible no reirse… todo el cine descojonandose, y Manami a mi lado con cara extraña diciendo “y porque os reis?” con otro de los chistes de la peli se los explicaba en japonés y me seguia poniendo la cara de “pues no entiendo donde está lo gracioso…” Con esto podriamos pensar que es Manami que no sabe pillar bien los chistes o que es una aburrida… pero yo he vivido 2 años en Japón, e visto sus programas de humor.. y he visto como ella se descojonaba como una loca viendo a dos humoristas decir un par de payasadas y dandose una colleja uno al otro.. algo que no hacia NADA de gracia y que a ella le hacian saltarse las lagrimas… Supongo que jamas podremos entender su humor mientras que ellos jamas entenderan el nuestro… (PD: en Japón no existen los chistes). Hablando de este tema, acabo de recordar que para los Japoneses, los PAYASOS no son algo divertido para niños… es un icono del miedo y del terror! Es cierto que nosotros también tenemos una pequeña imagen terrorífica de los payasos (hay varias pelis de terror sobre ello…posiblemente “IT” tiene parte de culpa), Pero para los japoneses es imposible pensar que un payaso pudiera ser un icono para hacer reir a los niños.. A todos los japos que he conocido me han dicho que los payasos la daban realmente terror.

Bueno, bueno… y asi podría continuar un rato mas pero creo que estas son las principales y ya me ha quedado una entrada infernalmente larga… Otras pequeñas curiosidades fueron por ejemplo su sorpresa al enterarse que en las estaciones de tren / metro de Madrid NO había baños públicos… algo impensable para japoneses que se tiran un cuarto de su vida metidos en el tren. O por ejemplo el día que en un restaurante encontramos un cristal en su plato, les dijimos que nos lo cambiaran y lo hicieron sin decir una palabra… Manami me miró sorprendida diciéndome en bajo “y no se disculpan!??” Detalles como estos surgieron decenas mas, pero podría morirme escribiéndolo todo, y aun me quedan las entradas de resumen de lo que hicimos cada día (bastante resumidas porque esta entrada acaba de consumir gran parte de mi vida…) . Espero que lo hayais disfrutado y os haya servido para conocer un poquito mas los cerebros japoneses.
http://www.razienjapon.com/2012/05/que-sorprende-los-japoneses-de-espana.html

Carta (abierta) del joven plumilla

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Estimada Fulanita de Tal,

Me pongo en contacto contigo desde el salón de mi casa; una casa amplia, vieja, sin lujos pero con vistas a una plaza con naranjos del Sur, que conseguí hace unos meses, milagrosamente, por un precio de alquiler extraordinariamente barato (si viviéramos en un país normal, sería extraordinariamente normal, y válgame el oxímoron). Te cuento. Soy, como tú ya sabes –aunque yo ignoro de dónde sacaste mis datos–, periodista. Corrijo: soy uno de tantos licenciados en periodismo que la augusta Universidad española ha venido escupiendo –y lo que te rondaré morena– a lo largo de los últimos años; me acerco ya más a los treinta que a los veinte, dejé la facultad hace cinco, y el rollo peterpanesco me va sólo para según qué circunstancias, de modo que me permitirás no incluirme en ese amplio y entrañable colectivo de jóvenes licenciados. Entre otras cosas, porque ya he trabajado en unos cuantos sitios desde entonces. Como me escribes en tan amistosos términos (buen rollete), y de manera tan diáfana, y además me haces el impagable favor de pensar en mí para ese codiciado puesto de redactor-fantasma en ElCopón del World Consulting, aunque no me conozcas de nada, he pensado tener contigo el detalle de contarte más cosas de mí que quizás, no sé, te ayuden a valorar con mayor perspectiva mi súbita candidatura por ciencia infusa. Con el fin de que adviertas mis potenciales entusiasmo y ansiaviva ante el trabajo (proactividad lo llamáis vosotros, no?, o así), me ceñiré a algunas condiciones que expones en tu misiva (estilo “simple y claro”, “objetivo, informativo y no publicitario”, aunque en lo referente a la “neutralidad” suelo cojear un poco más, sinceramente). En fin…

Comenzaré relatándote que mi infancia son recuerdos del patio del Fatego y del Grupo (perversos colegios públicos, de ésos con buenos profesores y audiencia variopinta, que tanto estorban últimamente a mi bienamada Esperanza Aguirre: ya he dicho que cojeo en lo neutral, y que me cuesta no confesar mis pasiones), y también de un viejo trastero polvoriento en el que encontré un día, por causalidad, un mazo de postales escritas desde varias cárceles de Murcia entre 1939 y 1945. Lo mismo las fechas no te dicen nada, pero digamos que por entonces este artefacto con el que te escribo era más propio de las novelas de ciencia ficción, y a uno podían hacerlo fusilar por decir según qué cosas. Todo esto viene a cuento porque el autor de aquellas letras sobre papel cartón resulta ser mi bisabuelo. Un tío de los de antes, sabes o qué. De ésos que pasaban hambre y pisaban el colegio, con suerte, hasta los ocho o nueve años, para ponerse cuanto antes a deslomarse solidariamente con su familia. Pero quiso la fortuna que el chaval saliera espabilao, y que, de forma insólita, desarrollara un talento que le permitió, con el tiempo y mucho esfuerzo, convertirse en periodista de referencia en mi tierra, con un dominio de la lengua, por cierto, a bastantes años luz de ciertos libros actuales de tapa dura. También en un político de ésos que ahora –ironías, muchacha– nos parecen a nosotros más propios de ciencia ficción, peleando por jornadas laborales de ocho horas y mutuas para los obreros y cosas así. Pero no quisiera extenderme demasiado sobre esto, así que me limitaré a señalar que aquel hombre, aquellas cartas, aquella historia, debieron de influir decisivamente –junto con muchos libros y muchos pájaros propios en la cabeza– en mi determinación, desde muy temprano, de dedicarme a ese viejo y noble oficio de contar la realidad

Porque –así, entre nosotros– yo lo tenía muy claro. Y tengo también unos sacrosantos padres que, en vez de mandarme a hacer puñetas, lo que hicieron fue mandarme a la capital de las Españas, a hacer lo que quería/tenía que hacer [tampoco lo habrás visto en mi currículum, pero te informo asimismo de que, sin ellos, en este momento no podría estar escribiéndote, por la sencilla razón de que ya habría muerto: de inanición]. Así que allí llegué, a estudiar la carrera en cierta facultad cuyo nombre omitiré piadosamente (aquí lo lamento por lo poco “informativo y publicitario”, sorry), pero que yo pensaba sería algo así como Columbia University…: Nainnn. Craso error. Lo que me encontré, nos encontramos, era más parecido a una mezcla entre documental de La 2 y Supernanny, con largas disertaciones sobre la comunicación de los anfibios –ya sabes: emisor-receptor-mensaje– y con exámenes de Lengua Española (esto sí que es objetivo que te cagas) en los que te pedían puntuar un texto: o sea, poner puntos y tildes y comas; como yo ahora pero pensándolo mucho rato, así, rascándote la cabeza con el boli. Pudimos haber desfallecido de desilusión, con la gota ésa de los tebeos perlando nuestra frente (o más bien con las patas parriba, a lo Chicho Terremoto), pero no: éramos jóvenes, íbamos a llevarnos la vida por delante (seguirá aquella advertencia por allí, en la estación del metro), y además todos sabíamos que la licenciatura era sólo un trámite necesario para poder ejercer; o sea, para empezar a aprender lo que en la vida te iban a enseñar allí, que es a ser periodista

Y nada; entre pitos y flautas y McLuhan y el césped (ay) y la biblioteca y la cafetería (el lugar donde yo más escribí, sin que me lo exigiera nadie) y la lírica y el desengaño, fuimos poco a poco entrando en ciertos sitios donde nos hacían el inmenso favor de dejarnos trabajar [según frase textual que cierta individua ladró por teléfono a alguien que conozco, y que oyeron estos oídos: Yo te hago el favor de trabajar aquí, niñata], porque teníamos un cohete en la parte baja de la espalda advirtiéndonos de que crudo lo íbamos a tener si nos licenciábamos sin haber hecho una sola práctica. Y allá que fuimos. Con todo a proa. Inasequibles al desaliento y tal. Y con la sincera intención de hacerlo lo mejor posible, de aprender, de demostrar y demostrarnos que valía todo la pena. Tengo en el zurrón cienes y cienes de hermosas anésdontas, propias y ajenas, para ilustrarte sobre en qué suele consistir ser becario (o currante raso) en un medio de comunicación en España. Me ahorraré la mayoría, porque, a poco que te interese el asunto, por Internet corren como cervatillos por el bosque. Sólo relataré una: en cierta ocasión me atreví a hacer (con pésima puntería por mi parte, lo confieso) cierta medio-broma ante un responsable directo mío, cargo intermedio de la empresa de marras. Dije algo así como que sería cojonudo un reportaje que se llamase, pongamos, Becarios: la esclavitud institucionalizada del siglo XXI. O algo así. Buscando su complicidad, ya sabes, teniendo en cuenta que no nos oía nadie (era fin de semana, cosa también incluida en mi salario de 300 euros al mes con jornadas de 7-8 horas), y que el fulano en cuestión era jovencillo, y que éramos todos la hostia de progres (disculpa el taco: mi estilo es más bien zafio, también). Bueno. Pues al ínclito informador se le inflamó una vena del cuello, y, conteniéndose en lo posible, me vino a responder algo así como: hay que ver, los jóvenes de ahora, qué os habréis creído, cuando aquí todos hemos empezado currando sin cobrar, en mis tiempos asfldfeivcnfjfdiajfljfk

Etcétera. No quisiera –dios me libre– ensañarme ahora, gratis, con nadie en particular; que lo mismo le pillé en mal momento, al hombre. Además, gracias a que me echaran de aquel sitio pude poco después salir también del país, y vivir demasiadas cosas decisivas que aquí no caben [mi infinita gratitud, por tanto, a esa diabólica y terrorista costumbre mía de levantarme de la mesa y abrirme cuando ya había expirado mi turno laboral, y no había más tela noticiosa que cortar]. Tampoco quiero ni puedo ser injusto: porque era muy joven y también cometí mis errores, y porque mi balance es claramente positivo en cuanto a lo que me ha tocado vivir y a las personas con las que me ha tocado trabajar hasta ahora, jefes incluidos; lo digo sinceramente. Pero no deja de ser curioso, sintomático, chocante, que dicen las viejas de mi pueblo, amiga mía (tenemos confianza, no?), el hecho de que, desde hace ya un tiempito, desde bastante antes de lo de la mariposa y el huracán y Rita la cantaora, se justificaran ciertas cosas con el socorrido, infalible y cándido argumento de que siempre han sido así. Y maricón el último

Estarás de acuerdo conmigo, mi imprevista samaritana, en que, al iniciarse en un oficio (como al principio de casi todo en esta vida), uno vaya más bien perdido, lo pase mal incluso, le den caña necesariamente, le tengan quizás que espabilar a base de collejas: y es que en todos los oficios se fuma. En cuanto a collejas, además, te diré que algunas fueron providenciales para mí a la hora de enterarme de qué iba la película (también me contengo aquí a la hora de nombrar a algunas personas a las que guardo infinitos gratitud y respeto, y que son para mí la referencia de lo que debe ser un jefe o, en el viejo y noble sentido, un maestro: ya ves, querida, lo “objetivo” que trato de ser). Pero es que eso sí que va con el sueldo. Eso sí que te acompañará por ley en el viejo y sabio sendero de la vida, pequeño saltamontes. Y sin embargo cuéntame tú (me tomo la libertad, ya que “quedas a mi disposición para resolver cualquier duda”), contadme, desde el imponente aplomo de Mórtimer’smequedo Enterprises, si es objetivamente razonable, por ejemplo, o directamente de recibo en el siglo XXI después de Cristo, que uno vaya a cobrar por sistema tres, cuatro, cinco veces menos que un trabajador en plantilla, y haciendo muchas veces el mismo trabajo y las mismas horas que el resto, sólo porque es joven (y esto con suerte: en los últimos tiempos ya se anda estilando sin complejos currar por estricto amor al arte, a lo Ana-CheGuevara-Botella –mi otra musa–, cuando una pobre y menesterosa empresa “está creciendo” y, claro, faltaría más, ella “necesita manos”, la criatura, y tú “aprender”, aunque sea alimentándote con suero); si es objetivamente razonable que en la última década los contratos fijos, con retribuciones razonables y toda la historia, se hayan venido convirtiendo en simpáticas reliquias de la Arcadia feliz (repito: mucho antes de que nuestros nuevos mesías del Capitalismo Humano o Ultraliberalismo Ghandiano tuvieran la omnipotente y perfecta excusa de la crisis); si es objetivamente razonable, alma de cántaro, que la peña tenga que aguantar altas dosis de sadismo diario, que el trabajo pueda devenir en potro de tortura y que no te ampare ni el Tribunal de la Haya. Y que, sospechosamente, en España abunden como el aire en muchos cargos de responsabilidad (de cualquier oficio) individuos que no saben hacer la o con un canuto; que, como se saben mediocres, piensan que avasallando a tododiós van a conseguir que les respeten (si no me respetan, que me teman, decía la famosa frase); que, como aún se andan pellizcando por haber llegado donde han llegado, ven enemigos por todas partes, niñatos que les van a usurpar el sitio, que les pisan los talones, al albergar serias dudas sobre sus propios talento y oficio a la hora de cubrirse las espaldas. Individuos que, a poco que te fijes, se te acaban revelando como lo que en el fondo siempre han sido: elementales idiotas a quienes hinchaban a collejas –éstas de otro estilo– en el recreo, o pobres incapaces a los que el suegro, o quien sea, ha conseguido promocionar por el artículo treinta y tres: en ambos casos, frustrados tóxicos que pagarán con el más débil su miedo, su miseria y su escasísima altura de miras. [Hay un tío, llamado Laurence Johnston Peter, que también tiene sus leyes, igual que el tal Murphy. Una de ellas dice así: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de INcompetencia”.]

Pero me desvío, niña de mis entretelas; y a estas alturas de la película, quizás, te estarás preguntando a qué carajo viene todo esto. Entre otras cosas, porque las cartas de presentación deben ser mucho más breves. Bien: no voy a bifurcarme más, no es lugar éste para clases de Historia, para extenderme sobre la estafa brutal de mi generación; sobre la trampa que, gracias a los inexistentes escrúpulos de unos pocos y a la autocomplacencia y estupidez de quienes pudieron haber hecho algo al respecto y no lo hicieron, vamos a estar pagando hasta el Día del Juicio Final. Tampoco de los sueños que nos embargan cada día, de las ganas de prender fuego a las calles, de lo necio hecho tótem, de los llantos furtivos del lavabo o de las crónicas ganas de huir; de los malabares en el supermercado, de la estima por los suelos, de la culpa viral, de lo estéril, de lo abyecto, de lo ruin, de la indignación que ya no lo es sino frustración constante y sin brújula, de que el juego estaba amañado, el barco se hunde y el capitán mintió: porque así es como es, así es como va, así son las cosas, everybody knows: todo cristo lo sabe, como cantará para siempre el brujo Cohen

No. Te diré, simplemente, que en los últimos meses he aprendido un montón de cosas que tampoco caben aquí, pero que, me temo, todo el mundo debería tatuarse en la piel a hierro ardiendo: entre ellas, que los primeros contratos que hay que romper son aquellos que firmaste contigo mismo antes de saber que la vida es un juego muy serio que exige beberse hasta el último trago; que la vida es infinitamente más poderosa, más sabia, más misteriosa, más acojonantemente imprevisible de lo que pretenden hacernos creer, vendiéndonos humo y terror y seguridad ficticia a cambio de la voluntad mendicante de este siglo. Que el Tiempo, amiga mía, es sagrado: porque es lo único que tenemos (también lo único que tú misma tienes, colega). Y que la felicidad, amiga mía, existe: existe. Yo la he visto, la he tocado con estas manos que te escriben en este momento, y puedo decir –con toda la prepotencia del mundo, si quieres– que no tiene absolutamente nada que ver con ese mail tuyo que he recibido. Existe; lo que sucede es que es tan exigente como el fantasma: como dicen dos versos memorables de la mujer que amo: real pero invisible / para los cobardes

De modo que, sintiéndolo mucho, tengo que rechazar tu oferta y hacerte yo mismo otra: ésta totalmente gratis. Puedes sugerir a tus jefes de ConelCuloTorcido S.A. que se queden los 1,2 céntimos por palabra de mis nonatos artículos: ten en cuenta que, en caso de extenderme hasta las 350 palabras, esto les supone el ahorro de un botín de nada menos que 4,20 euros la pieza. Asimismo, en caso de escribir 100 artículos, tendrían que endiñarme la estratosférica cifra de 420 euros (ya ves que aun siendo de letras todavía controlo lo de la coma pallá, la coma pacá), con los cuales quizás podría empezar a vivir; pero sucede que me están doliendo ya las articulaciones de los dedos, y que hoy me siento espléndido: he pensado que, con mucho menos de eso, tu empresa podría adquirir (supongo que te acercarías tú misma, solícita, a la librería) un par de diccionarios. Ya sabes, por aquello de “prestar especial atención a la ortografía y la gramática”. Y, una vez en vuestro poder, acudir finalmente a la letra v: donde los capataces de tu galera, sus respectivas madres y quizás tú misma tendréis el atónito privilegio de descubrir, agradecidos, emocionados y por primera vez en vuestras imprescindibles vidas, tachán-tachán, el significado literal del sustantivo Vergüenza.

[PS: Mi bisabuelo se llamaba, se llama, José Ríos Gil. Murió en Cieza, viejo, enfermo aunque no solo, pocos años después de abandonar la cárcel y le fuese conmutada la pena de muerte impuesta por el general Franco. Fundó varios periódicos. Uno de ellos, el más emblemático y longevo hasta que la guerra civil lo interrumpió todo, se llamó Libertad]

http://miguelton.blogspot.com.es/2012/01/carta-abierta-del-joven-plumilla.html