“Llenan los gimnasios de actores”

Armando Escohotado se apuntó a un gimnasio para adquirir cierta presencia “ya que conmigo se atreven hasta los caniches”. Sin embargo, por mucho que se esfuerce, su aspecto sigue estando lejos del de los demás. “Todos son como armarios y les brilla la piel de una manera que parecen sacados de un anuncio”, asegura. Esta constatación le lleva a afirmar que “los gimnasios contratan a actores fuertes para que aspires a ser como ellos”. Está decidido a acudir al Tribunal de Estrasburgo “o donde haga falta, porque esto es publicidad engañosa”.

Sentado en la cafetería del gimnasio, Armando me pide que me fije en los demás clientes que, efectivamente, están cuadrados en su mayoría. “Los normales son los clientes de verdad, los que no llevan carcasa”. “¿Carcasa?”, le pregunto. Y me cuenta que el ser humano no puede desarrollar esos músculos “que sólo vemos en el cine”. Los muchachos del gimnasio están convenientemente caracterizados “para que no dejes nunca de venir y pienses que conseguirás una musculatura que es fruto de la imaginación. Es una farsa muy bien organizada, aunque eso que hacen de tomar pastillitas de colores para transformarse es tan de película infantil que parece mentira que la gente se lo crea a estas alturas”.

Aparte del engaño al que someten a los clientes, lo que más indigna a Armando es que los gimnasios actúen “como una secta, haciendo que tu propio entorno se ponga de su parte y te presione para que quieras ponerte fuerte”. Se refiere a su esposa, que le acompañó el día en que decidió inscribirse “y desde entonces finge un romance con uno de los monitores para que me ponga celoso y me pase el día matándome en la cinta de correr”.

Armando agradece el interés de su mujer y entiende que “debe de ser pesado fingir de esta manera”. Explica que, cuando regresa a casa por la tarde, “María y el actor están en la habitación haciendo como que copulan. Se nota que él es un profesional pero ella, la pobre, grita de una manera que no es creíble, como si estuviera en una película pornográfica”. Consiguió descubrir todo el engaño cuando abrió la puerta de la habitación “y les vi allí desnudos, uno encima del otro. Me supo mal y les dije: ‘dejadlo ya, que sé que no va en serio’. Y me dieron la razón, admitieron que no iba en serio”, afirma orgulloso.

Aunque ya casi se ha acostumbrado a vivir en la mentira, Armando acudirá a la justicia porque cree que toda esta artimaña es inmoral. “Iré al Tribunal de Estrasburgo, que creo que es el que lleva lo de los gimnasios”, dice con el tono de voz muy alto para que le oigan los actores. “Ni se inmutan, ¿lo ves? Son actores de método”, sentencia.

Cafetería del gimnasio DIR de Diagonal.

– Ensalada liofilizada bifidonucleótica.
– Proteínas A, B, XVIII, 3’17890, ZHOREILE.
– Agua con enilodorecubulinoctinas.
– Grasa light.

Total: 56 €.

http://www.elmundotoday.com/2009/09/llenan-los-gimnasios-de-actores/

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Los médicos se limitarán a ayudar al paciente a buscar respuestas en Google

Desde hoy mismo, 2 de enero, los médicos del Sistema Nacional de Salud (SNS) estarán obligados a ayudar a los pacientes que atiendan en consulta a buscar información sobre sus dolencias en Internet. De este modo, tendrán que solicitar consejos en foros, pedir recomendaciones sobre tratamientos a otros internautas y, dado el caso, adquirir de su bolsillo los medicamentos y el instrumental médico indicados en subastas online o páginas extranjeras de compraventa.

El facultativo deberá preguntar al paciente qué le ocurre y ayudarle a introducir los síntomas en Google, escribiendo en el buscador cosas como por ejemplo “sarpullido raro tratamientos”, “gran bulto axila voy a morirme” o “fuerte dolor en el pecho lado izquierdo”. Los médicos, aunque sepan qué puede estar ocurriéndole al paciente, deberán limitarse a enseñarle cómo utilizar sus síntomas para encontrar respuestas rápidas y eficientes en la red.

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Así, si un paciente confirma una angina de pecho al introducir los criterios de búsqueda “fuerte dolor pecho creo que es infarto”, el médico deberá sugerirle que busque la cadena de palabras “creo que tengo infarto que hacer es pregunta”. Si se considera muy urgente el caso, el médico recomendará introducir en la cajetilla de búsqueda la misma frase pero usando las mayúsculas: “CREO QUE TENGO INFARTO QUE HACER ES PREGUNTA”.

En última instancia, el especialista podrá sugerir al paciente que busque “llamar ambulancia qué número es” e incluso “testamento barato madrid”.

“Buscamos pacientes más autónomos y con mayor capacidad de respuesta”

El cambio en la forma de atender al paciente se debe a la entrada en vigor este año de un decreto aprobado por el Gobierno el pasado mes de agosto y que tiene como objetivo reducir la carga laboral de los trabajadores de la sanidad pública. “Estamos dotando de competencias en nuevas tecnologías a todos los pacientes del sistema de salud. Siempre se dice que no hay que darle pescado a un hombre sino enseñarle a pescar y eso es lo que estamos haciendo: dotar al paciente de una mayor autonomía de cara al futuro”, se defendía ayer la ministra Ana Mato ante quienes criticaban que el decreto podría empeorar el futuro de la sanidad.

“En YouTube hay vídeos de gente que muestra en la webcam cómo operarse de una apendicitis. Esas herramientas están ahí y es absurdo darles la espalda”, sentenció Mato.

Sin embargo, esta misma mañana ya ha podido comprobarse en algunos ambulatorios que la medida, lejos de aligerar la carga de cada consulta, está entorpeciendo la asistencia. En un alto porcentaje de casos, los pacientes llegan a un hilo de Enfemenino.com en el que se aconseja “PERO VES AL MÉDICO MUJER Y DINOS SI MEJORas!!!”, lo que produce que el paciente salga de la consulta del médico para volver a entrar, buscando de nuevo una solución en la red y encontrando el mismo consejo, entrando así en un bucle infinito.

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