¿Por qué triunfan los mediocres?

https://www.yorokobu.es/triunfo-mediocre/

La mediocridad es un arte. Al menos, eso piensan los mediocres. Un arte cuyo único objetivo es la supervivencia. Ya sea esta laboral, emocional o social.

«En el país de los ciegos, el tuerto es el rey». Una frase que hemos escuchado toda la vida y que representa el máximo exponente de la mediocridad. Porque en esta filosofía, el éxito reside en la habilidad de deshacerte de las personas que puedan delatar tus carencias, rodeándote, en cambio, de esas otras que las encubren.

Una de las características que identifica al mediocre es su facilidad para alegrarse ante la desgracia ajena. Esa es la razón por la que ese tipo de personas pasan más tiempo mirando hacia afuera que hacia adentro. Y también, del enorme éxito de muchas noticias sensacionalistas en las que se celebran los fracasos de demás porque sirven para acallar los propios.

Hay otras dos características más que también identifican al mediocre. La primera es su capacidad de camuflaje. Cuando existía el servicio militar obligatorio en España, el primer consejo que te daban al incorporarte a filas era que no fueras «ni el más listo ni el más tonto». Es decir, que estuvieras en «la mitad de la montaña», que es el sentido original que le da el latín a esta palabra.

La segunda característica es su habilidad para no implicarse. Es lo que Karel Kosik, en su libro El hombre nuevo, llamaba «el alma bella». El alma bella es aquella persona que, al no tomar decisión alguna, está exenta de cometer errores. Lo cual le permite, al mismo tiempo, poder criticar a cualquier otra que los cometa.

Por eso la mediocridad ha terminado convirtiéndose en una forma de éxito. Somerset Maugham decía que «solo una persona mediocre está siempre en su mejor momento». Jamás triunfa, pero jamás fracasa. Y eso le permite, especialmente en épocas de crisis donde los errores tienen mayores consecuencias, ser valorada como alguien menos brillante, pero más controlable.

En el mundo empresarial y político es donde los mediocres mejor se desenvuelven. Porque en ellos, su labor no consiste tanto en prosperar como en evitar que otros prosperen. Una estrategia que le puede permitir incluso llegar a algún puesto de responsabilidad. Y una vez en el mismo, todo le resultará más fácil. Ya solo tiene crear un equipo formado por personas jamás le hagan sombra.

Los norteamericanos tienen una forma jocosa de describir este escenario: «¿Sabes cuál es el secreto del éxito? Busca una persona ambiciosa, inteligente, trabajadora, capaz de sustituirte… y despídela».

Esta obsesión puede alcanzar tal nivel de vileza que, en algunos casos, cuando dejan su puesto y eligen a un sucesor, aterrados ante la idea de que su mediocridad pueda quedar desenmascarada ante los aciertos del mismo, suelen nombrar a alguien más mediocre todavía. Ejemplos tenemos muchos y seguro que ahora mismo se te ocurren unos cuantos.

El problema es que tanto los partidos políticos como las empresas pueden soportar un número determinado de mediocres. Sobrepasado el mismo, esas instituciones inevitablemente se colapsan. Pero para entonces, el mediocre que dio origen a todo ello ya no se siente responsable. Más aun, para su satisfacción personal, lo normal es que llegue a creerse que eso ha sucedido precisamente porque él ya no está en el cargo.

Ese es el último pecado del mediocre. El intentar persistir en la memoria de los demás a partir de la hecatombe que se produce tras su ausencia. Y todo porque en su miserable vida jamás tuvo en cuenta lo que su día nos anunciara Borges: «Todos caminamos hacia el anonimato, solo que los mediocres llegan un poco antes».

 

Ni entierro ni incineración: el ‘compost humano’ como ceremonia funeraria

https://www.eldiario.es/theguardian/Washington-quiere-legalizar-compost-cadaveres_0_878062537.html

Cuando la paisajista y artista Briar Bates supo que se moría, hizo una petición a su amiga Katrina Morgan: que la enterraran en su jardín de la isla de Vashon, en el Estado de Washington. Llevaba años cuidándolo y no quería separarse de él, recuerda Morgan.

Su amiga sabía que un entierro de esas características no era posible. La ley estatal exige que la propiedad haya sido designada antes como cementerio. Así que se puso en contacto con Katrina Spade, la diseñadora y empresaria local que está desarrollando una nueva alternativa para después de la muerte: el compost humano.

Bates murió en 2017 después de que le diagnosticaran melanoma metastásico, una forma especialmente peligrosa de cáncer de piel. En el contrato que firmó con la Universidad del Estado de Washington, aceptó formar parte de un innovador estudio de cuatro meses para probar la eficacia del compost creado a partir de restos humanos. “[Bates] ponía la naturaleza y la ecología por encima de todo”, indica Morgan. “Era su religión, su centro espiritual, su hogar físico y el lugar donde más cómoda se sentía”.

Gracias a personas como Bates y a un grupo de investigadores, diseñadores y legisladores, el estado de Washington está a punto de convertirse en el primero donde el compost humano, también llamado recomposición, sea legal en Estados Unidos. Un proyecto de ley del demócrata Jamie Pederson pasó por el Senado estatal y el mes pasado fue aprobado por unanimidad (con retoques menores) en un Comité de Protección al Consumidor de la Cámara.

Si el gobernador demócrata de Washington, Jay Inslee, firma finalmente la lay, se podrá hacer compost a partir de cadáveres humanos en instalaciones autorizadas, descomponiéndolos hasta convertirlos en tierra rica en nutrientes.

Según Peterson, el compost humano es perfecto para Washington, un estado donde predomina la preocupación por el medioambiente y de menor religiosidad que otros lugares del país. Según una encuesta reciente de Gallup, casi uno de cada dos adultos de Washington se considera no religioso.

Katrina Spade es la persona que más ha presionado para que los legisladores estatales consideren legalizar la práctica. Gerente y fundadora de la empresa de compost humano ‘Recompose’, a Spade se le ocurrió la idea mientras estudiaba en la universidad, cuando una amiga le habló sobre la vieja costumbre de los agricultores de usar los cadáveres del ganado para hacer compost. De golpe, Spade entendió que esa opción, más respetuosa con el medio ambiente, también podría servir para los restos humanos.

“Fue una epifanía realmente maravillosa darme cuenta de que no habíamos explorado aún todas las formas que hay de disponer de nuestros cuerpos, de nuestro ser físico, después de la muerte, y que esta podía ser una alternativa verdaderamente útil y práctica, además de una posibilidad que para mucha gente tiene sentido desde el punto de vista emocional”, dice Spade. “La cremación detiene ese ciclo de la vida a la muerte y de la muerte a la vida, arruinando el potencial que tienen nuestros cuerpos, que pueden ser devueltos a la tierra”.

En 2014 Spade se asoció con Lynne Carpenter-Boggs, profesora de agricultura orgánica y sostenible de la Universidad del estado de Washington. Juntas comenzaron a estudiar la viabilidad del compost humano.

Según Carpenter-Boggs, en los restos humanos hay muchas proteínas y humedad, como ocurre con el cuerpo de cualquier animal. Para facilitar su rápida descomposición, se depositan en un recipiente con oxígeno y materiales vegetales, como alfalfa, paja y astillas de madera. Esa combinación estimula la actividad microbiana, que elimina las bacterias y virus del cuerpo. El proceso suele llevar unos 30 días. De acuerdo con Spade, lo que hacen es acelerar el proceso natural que ocurre en los bosques “a medida que el material orgánico muerto se descompone creando la capa superior del suelo”.

El compost humano también es una opción más ecológica para el tratamiento de los cadáveres: la energía que requiere es ocho veces menor que la de una cremación. Por cada persona que lo elija por delante de la cremación o del entierro, dice Spade, se ahorra el equivalente a mil kilos de CO2.

Spade se reunió el año pasado con Pederson y le preguntó si estaba interesado en un proyecto legislativo para legalizar el compost humano. La respuesta fue un entusiasta sí. Pederson dice que la idea le pareció “poética”. “Hacer que todo el proceso sea más amable, permitir que la gente se convierta en parte de la tierra rápidamente y se convierta en un árbol o algo así”.

Según Pederson, la Iglesia católica se resiste al proyecto y considera al compost humano como un proceso indigno. La presidenta de la Asociación de Directores de Funerarias de Washington, Lisa Deverau, también ha mostrado cierto rechazo, exigiendo leyes estrictas sobre los lugares en los que se permita el uso del compost.

Si la legislatura de Washington aprueba el proyecto ley y el gobernador Inslee lo firma, algo que podría llevar meses, aún quedará trabajo por hacer para que el compost humano sea una realidad. Según Carpenter-Boggs, hará falta acordar las reglas específicas del proceso con la junta funeraria y otras autoridades.

Una vez que eso suceda, Spade dice que su empresa ‘Recompose’ pedirá la autorización para abrir la que espera sea la primera instalación de compost humano (ya tiene a 7.000 personas en su lista de correos). ‘Recompose|SEATTLE’, quiere llamarla. Piensa en ella como en un lugar donde los familiares y amigos puedan participar plenamente del proceso posterior a la muerte. Los allegados podrán lavar y preparar el cuerpo, para luego cubrirlo de paja, alfalfa y astillas de madera.

“Queremos que sea un lugar acogedor y cómodo para que los familiares puedan seguir adelante”, dice. “Queremos que sea un lugar donde reconozcamos la existencia de la muerte y nuestra propia mortalidad, que sea un espacio de reparación para que las familias celebren una ceremonia por la muerte de su ser querido y participen en la experiencia de forma un poco más plena que en un crematorio”.

Sentir verguenza puede ser desagradable pero es indispensable para nuestra superviviencia

http://www.psicologiaparatodos.net/destacados/sentir-verguenza-puede-ser-desagradable-pero-es-indispensable-para-nuestra-superviviencia/

Pocos sentimientos son tan incómodos como la vergüenza. Todos la hemos sentido alguna vez y la verdad que es difícil entender en qué podría beneficiarnos. ¿Pero es tan mala como parece o podría sernos útil bajo ciertas circunstancias?

Realmente es difícil de entender si lo pensamos fríamente, para qué puede servir la vergüenza. Sabemos que el miedo nos permite no cometer riesgos innecesarios que podrían acabar con nuestra vida, pero ¿la vergüenza? ¿Por qué no nos podemos librar de ese sentimiento?¿No podríamos nacer todos ya sin ese miedo al juicio de los demás?

Útil y fundamental

Daniel Sznycer investigador del Centro de Psicología Evolutiva de la Universidad de Montreal, realizó un interesantísimo experimento para intentar resolver estas dudas. Sus resultados indicaron que la vergüenza no sólo es útil, sino que es fundamental para nuestra supervivencia y para prosperar en un grupo. Por muy raro que pueda parecer, según el estudio la principal función de la vergüenza sería la de evitar que seamos excesivamente egoístas.

La vergüenza en las pequeñas comunidades

Los investigadores entrevistaron a 899 personas que vivían en 15 pequeñas comunidades  de diferentes partes del mundo.

Estas “sociedades a pequeña escala” incluían personas de diferentes nacionalidades, lenguas, culturas y religiones como los Andes (Ecuador), regiones remotas de Siberia (Rusia) o las islas  Mauricio.

Se presentaba a los participantes 12 situaciones hipotéticas en las que debían responder cuánta vergüenza debería sentir la persona implicada. Estas situaciones podían hacer referencia tanto a aspectos físicos o a comportamientos como robar a un compañero o ser demasiado perezoso.

También un grupo debía indicar en una escala, qué tan negativamente juzgarían a una persona que tiene esas características o comportamientos, mientras que  otro grupo debía responder cuánta vergüenza sentirían si fuesen esa persona.

Selección natural

En general los resultados indicaron un elevado nivel de acuerdo entre el gscreenshot-2018-10-10-09-23-17rado de vergüenza que los participantes señalaban que una persona debería sentir con cuánto esa persona perdería valor para el grupo. Este nivel de acuerdo se daba tanto al interno de la misma comunidad como cuando se compraban los resultados entre las diferentes comunidades.

Los investigadores explican que este nivel de acuerdo entre diferentes sociedades, podría indicar que la vergüenza no es producto de la cultura, sino que formaría parte de la selección natural de la especie.

Entre el desinterés y el egoísmo

Analizémoslo desde la óptica de la evolución. Nuestros ancestros vivían en pequeñas comunidades y dependían del grupo para sobrevivir. La confianza era literalmente un caso de vida o muerte. Pero era necesario aprender a comportarse. Ser completamente desinteresado no era una buena estrategia porque se corre el riesgo de que te exploten. Por otro lado, ser completamente egoísta tampoco era una buena opción porque el riesgo era que ser excluido del grupo.

Según los investigadores, para prosperar una persona debía medir con precisión las consecuencias que tendrían sus actos, especialmente si eran demasiado egoístas como por ejemplo robarle a un compañero.

Una ayuda para mantener el equilibrio social

Los resultados del estudio sugieren que la vergüenza evolucionó para ayudarnos a tomar la decisión adecuada, o sea actuar pensando en los beneficios a largo plazo sin poner en peligro nuestro lugar en el grupo. En este caso, la vergüenza funcionaría como el dolor, nos avisa que no debemos repetir un comportamiento que amenaza nuestro bienestar.

Evidentemente esto no quiere decir que la vergüenza es siempre algo positivo. Si los estándares de nuestro grupo de referencia están distorsionados, la vergüenza funciona como un elemento de castigo y exclusión. Si pensamos en nuestros ancestros, el objetivo del grupo era sobrevivir.

Hoy en día los objetivos no son tan claros, y si por ejemplo nuestro grupo de referencia otorga un valor excesivo a un aspecto no determinante como por ejemplo la apariencia física, la vergüenza que sentimos por no seguir la norma no sería algo positivo, sino algo muy dañino para el individuo.


Fuentes:

  • Daniel Sznycer, Dimitris Xygalatas, Elizabeth Agey, Sarah Alami, Xiao-Fen An, Kristina I. Ananyeva. Cross-cultural invariances in the architecture of shameProceedings of the  National Academy of Sciences. Sep 2018, 115 (39) 9702-9707. Recuperado el 12 de Marzo 2019 de enlace
  • Young, MM. Shame may feel awful but new cross-cultural evidence shows it is fundamental to our survivalResearchers Digest. Recuperado el 12 de Marzo 2019 de enlace

Ambos sabíamos que todo terminaba entre nosotros

Al final todo termina.

EL PROFESOR DECEPCIONADO. DIVAGACIONES Y MIERDAS VARIAS. EL OCASO DE UNA ÉPOCA.

Reverte, otra vez:

https://www.zendalibros.com/al-fin-solo/

Al fin solo

Acabo de separarme de una mujer con la que conviví durante dos años y medio. Las últimas semanas han sido grises y tristes, porque ambos sabíamos que todo terminaba entre nosotros de forma anunciada e irremediable. El final llegaba sin estridencias, sin señales espectaculares, callado como una enfermedad o una sentencia sin apelación. Todo moría poquito a poco, en la rutina final de cada día. Despacio. Y parece mentira. Al principio, cuando esa mujer entró en mi vida, todo era deslumbramiento, expectación. Ansiaba conocerlo todo de ella, tocar su piel y oler su cabello, vivir como propios su infancia, sus sueños, su memoria. Oír su voz y el rumor de sus pensamientos. Y así lo hice. Durante todo este tiempo anduve sumergido en ella sin reservas. Dormí, comí, viajé, viví con ella. Y ahora, justo cuando se va, la conozco mejor que a mí mismo. Sé…

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Algunos comentarios…(la vida y el trabajo)

…extraídos de un foro:

llegué a la universidad y la dejé, hoy día eso estaría considerado un acto suicida, bueno yo pienso que dejar las cosas cuando sabes que no te valen es un acto de valentía. Estudié más tarde lo que realmente quería, a mi por cierto, nadie me impuso nada dentro de la familia pero sí tenía presión social del entorno que no sé hasta qué punto es peor. 

En mi entorno, amigos míos de mi quinta nacidos en los ochenta, hicieron “lo que tenían que hacer”: estudiar, echarse pareja, casarse con bodorrio, hipoteca y los críos, todo casi cronometrado como siguiendo una pauta que tuvieran impuesta, bien por familia o quedar bien de cara a la sociedad como el que hace “lo correcto” y lo que se espera de uno. Nadie les puso una pistola en la cabeza, pero no había que defraudar a papá y mamá y lo que pudieran decir los vecinos. No contemplaban llegar solteros a los 30, por no mentar el no tener hijos: había que tener hijos ¿qué dirán el Javi y la Patri y todos éstos? si ellos tienen dos ya, ¿nosotros para cuándo?, no vamos a ser menos que el resto del grupo, porque mira Dani que ni novia ni piso ni nada y parece asqueado, yo no quiero ser así…

El que se mete en ese bucle solo o sola, eso cuesta dinero, que no crece en los árboles por supuesto, así que A REMAR para mantener esa vida que se se les impuso o se dejaron imponer y ni siquiera SE CUESTIONARON si la querían o no. Y todo por no ser diferente a ese que va por libre y da qué hablar. Esos amigos míos están ya al borde de los 40 en breves, muertos en vida, asqueados: casados con parejas a las que igual no querían tanto o que se transformaron tras las bodas, hijos que vinieron pero que no les hacen tan felices como esperaban o no les han salido como ellos esperaban, hipotecas monstruosas y para mantener a flote todo esto atados a curros de mierda. Con lo jóvenes que somos todavía y la de canas, calvicies, gorduras o delgadeces extremas que demuestran una salud mental hecha polvo que algunos intentan tratar con algunas pirulas recetadas por loqueros. Y no creáis, que entre ellos funcis hay unos pocos, que el ser funci no es la panacea y puede ser contraproducente: de ese tipo de curros sí que no puedes cambiar o pirarte tan fácilmente, no sé qué es peor todavía en comparación con la empresa privada a la que en un momento dado puedes mandar a la mierda y pirarte a otra cosa. 


A mi sí me gustaría ser madre, tener mis hijos, no se ha dado la situación todavía, por algo será, y no se da igual por algo también será, no me pienso, eso sí, presionar ni dejarme presionar. Algunos vamos a contracorriente, y yo en particular me espero a que las cosas lleguen cuando tengan que llegar y prefiero no forzar al destino. 

Una cosa os digo: no sigáis lo que os marque la sociedad. No seáis ratas esclavas, si habéis llegado a ese punto han podido con vosotros. Leyendo este hilo por lo menos se ve que muchos ya se están dando cuenta y despertando. Por algo se empieza.

Voy a dar mi testimonio por si le sirve a algún joven o no tan joven. Yo tengo 41. Estudié como una gilipollas. Hice todo lo que tenía que hacer. Hoy día trabajar en una empresa es acabar muerto y amargado. Antes o después. O te aburres delante de un ordenador tirando horas y horas o bien te putean hasta que un dia te echan a la calle. Y vuelve a empezar. Hasta que te queman y te pones enfermo de los nervios. Yo ahora tengo bofia a las empresas y a los trabajos. Siento un asco tremendo por ellos y lo peor es que cuando te licencias o encuantras un curro te felicitan cuando lo que tendrían que que hacer es darte el pésame. Los niños a mi me dan pena cuando pienso en lo que les espera. Los veo ir al cole estudiar y estudiar y siento lástima por ellos. Y el que lea esto y esté feliz en su trabajo y piense pobre pringada pues le digo que yo también lo he pensado de otros en su momento pero aunque te pienses que a ti no te va a pasar porque yo lo valgo que estás muuuuy ekivocado porque en este sistema un día te toca a ti. Que tenga o no familia el que quiera pero el que pueda que no curre porque van a acabar con su salud mental.

La gente que ” duerme ” en los chalets adosados y debe más de CINCUENTA MILLONES DE PESETAS al banco, se pasa el día trabajando para pagarlos y malamente puede dormir. No es vida. Si rascas un poco en la vida de cada cual, se vivía enormemente mejor hace 30 años. Yo recuerdo a mis tías pasando las tardes de verano en la finca debajo de los castaños jugando a las cartas mientras los niños corríamos por allí después de venir de la playa. Se asaban sardinas, se comían patatas cocidas y pan, tortilla, lo que hubiese… se cogía la fruta de los árboles . La ropa duraba hasta que se rompía.
PERO NO SE VIVÍA CON MIEDO ni cargados de deudas

Brighten

Without you es una canción de la década pasada que sonó cientos de veces en mi playlist.. Una banda, Brighten, casi desconocida pero que sigue existiendo.

I can make a mess of a good thing.
Try to think it through; think of everything.
I’ll never get engaged with a mood ring.
And that’s why I need you.

I’ll never look for love; it will find me.
Take me surprise; it will blind me.
I never know, it could be right behind me
And that’s why I need you.
Oh, darling, I need you.

She don’t know what to do.
She won’t call me.
I’ll never know everything,
But I know you love me.
And I will never lose to you.
I can’t do a thing without you.
And I will never lose to you.
I can’t do a thing without you.

Well I can fight a war like a veteran,
Give you a little more like a gentleman.
Learning from before, I will be a better man.
And I know I need you.

I know I need a heart like the one you have.
I know I need a love like my Mom and Dad’s.
I’ll try to stay cool when things get bad.
And that’s why I have you.
Oh, darling I have you.

She don’t know what to do.
She won’t call me.
I’ll never know everything,
But I know you love me.
And I will never lose to you.
I can’t do a thing without you.
And I will never lose to you.
I can’t do a thing without you.

No matter where we are…
No matter where we are…
You know everything about me.

She don’t know what to do.
She won’t call me.
I’ll never know everything,
But I know you love me.

And I will never lose to you.
I can’t do a thing without you.
You know I’ll never lose to you.
I can’t do a thing without you.
I can’t do a thing without you.