Un flujo de hormonas llamadas amor

https://cronicasdeunamonite.wordpress.com/2019/06/23/un-flujo-de-hormonas-llamadas-amor/

El artículo de esta semana tratará sobre uno de los temas más repetidos y debatidos en el mundo de la literatura, cine y uno de los sentimientos más importantes en nuestras vidas, el amor. Actualmente, en la sociedad posmoderna, el amor está lleno de complejidades. El sentimiento amoroso del vínculo de pareja se considera como un tipo complejo de relación, conectado con estados de ánimo, positivos y plenos, pero también, como un sentimiento efímero, conflictivo y egoísta. Se acompaña además de momentos de felicidad y crecimiento de la autoestima cuando el amor es correspondido; aunque el amor, en definitiva, es una ambivalencia continua. Obviando los factores culturales y sociales que definen el amor, éste es un factor determinante a nivel biológico-evolutivo y psicológico. Por este motivo, en este artículo explicaremos las fases y los procesos más importantes de este sentimiento de la mano de la bioquímica.

Aunque cada uno de nosotros puede tener su propia definición del amor, desde el punto de vista biológico se le ha caracterizado como un fenómeno integral que involucra nuestro cerebro y nuestros órganos productores de hormonas, como la hipófisis y la glándula adrenal. En el amor participan varios mensajeros químicos que proporcionan una gama de sensaciones que van desde el placer, la euforia, la confianza y la seguridad, hasta la ansiedad, la obsesión y la depresión. Es un fenómeno que incluye patrones conductuales, cognitivos y emocionales característicos.

Desde el punto de vista biológico, podemos distinguir básicamente dos tipos de amor: el amor de pareja y el amor filial (maternal o paternal). Ambos son fundamentales para la supervivencia de nuestra especie, ya que el primero en términos generales lleva a la reproducción, mientras que el segundo permite que las crías reciban los cuidados adecuados para su desarrollo. En este artículo nos centraremos en las reacciones que se producen en el amor de pareja.

En primer lugar, qué estímulos nos atraen del sexo opuesto y cuál es la razón?

La herencia evolutiva ha desarrollado mecanismos de selección para que la descendencia quede asegurada. Que te cruces con esa persona puede ser casualidad, pero que te fijes en ella no. Que te parezca guapa y atractiva también depende de la ciencia. Antiguamente el estímulo más importante (quizá lo siga siendo) en una  relación amorosa, y que generó por mucho tiempo la frase “amor a primera vista”, era justamente la vista, dada la importancia que ha adquirido para nosotros este sentido a lo largo de la evolución, sin hacer menos la estimulación del oído, el olfato, el gusto y el tacto.

Como apunta la antropóloga Helen Fisher en una entrevista con el divulgador Eduard Punset, nos enamoramos de personas que resultan misteriosas. Esto se debe a que el misterio está asociado con la novedad y ésta a su vez con la dopamina. A ello hay que unir que, según un estudio realizado por la Universidad de Nuevo México en 2011, los seres humanos tenemos una preferencia biológica a elegir parejas bien proporcionadas en la cuestión física. Una proporción corporal bonita y simétrica produce más actividad en las regiones cerebrales implicadas en el enamoramiento.

Pero no todos los condicionantes son físicos, por lo general, quedamos atraídos por personas afines a nosotros respecto a la personalidad. La genética epigenetica condicionan todos estos aspectos así que podemos deducir que las similitudes tanto en los tipos genéticos como en los factores ambientales, que han condicionado nuestra vida, se atraen.

Adictos a las hormonas

Como bien adelanta el título, todos los sentimientos del amor están basados en los flujos de unas ciertas hormonas neurotransmisores por nuestro cuerpo. Para conocer a todos estos protagonistas a continuación se explica cómo influyen en las emociones:

Serotonina. Se asocia con el bienestar. Niveles altos de serotonina inhiben la agresión, la ira y regulan el estado de ánimo. Su déficit está directamente relacionado al desarrollo de la depresión y el la perdida de racionalidad en el control emocional.

Dopamina. Este neurotransmisor se eleva cuando sientes reconocimiento o emociones fuertes. Su presencia te proporciona más energía, alegría, motivación, concentración y agiliza la memoria.

Endorfinas.  Son cadenas de proteínas que se encargan de estimular las áreas cerebrales que producen placer al organismo. Éstas inhiben la sensación de dolor o sufrimiento, el organismo se acelera, se eleva la energía y la capacidad para realizar diversas actividades. Su ausencia o un bajo nivel de ellas induce sintomatología depresiva y ansiosa, haciendo más difícil superar situaciones aversivas y traumas.

Adrenalina / epinefrina. Es la hormona y el neurotransmisor de las situaciones en las que tenemos que estar alerta y activados. A nivel fisiológico produce la dilatación de las pupilas, aumenta el ritmo cardíaco y frena el movimiento de los intestinos entre otros. A nivel psicológico nos permite mantenernos más alerta a cualquier estímulo.

Noradrenalina/ norepinefrina. Esta hormona y neurotransmisor tiene una especial implicación en el mantenimiento de la atención y un efecto consistente en el estado motivacional y energético. Niveles bajos de noradrenalina se han visto vinculados de manera consistente en estados depresivos.

Oxitocina. Es la hormona y neurotransmisor del apego, niveles altos de ésta favorecen la relajación y la calma. Se libera durante el orgasmo o durante el nacimiento de un bebé. Está fuertemente asociada con la generación de lazos afectivos y a la creación de vínculos sociales.

Feniletilamina. Este neurotransmisor de la familia de las anfetaminas y precursor de la dopamina, es un estimulante del sistema nervioso. Unos niveles altos de éste causan sobreexcitación. Una disminución de feniletilamina produce estados depresivos.

Enamoramiento

Los síntomas del enamoramiento surgen cuando el cerebro se inunda de los neurotransmisores hormonas comentados anteriormente. La adrenalina, que inunda el torrente sanguíneo, se libera cuando entras en periodo de nervios, al inicio del enamoramiento. Es la responsable que te suden y tiemblen las manos, que te aumente el peristaltismo (movimientos en el intestino) y por esta razón sientas “mariposas en el estómago”. La adrenalina juntamente con las endorfinas, producen la falta de sensación de dolor o sufrimiento, el organismo se acelera, se eleva la energía y la capacidad para realizar diversas actividades. Asimismo, estás dos moléculas, son las encargadas de que en la fase del enamoramiento sientas que esa persona “te quita el sueño” y algunas veces no puedas dormir. Otro de estos síntomas es el pensamiento obsesivo. Este estado se debe a la bajada de serotonina. La disminución de esta hormona produce una menor influencia del córtex pre-frontal del cerebro, que es la parte más racional del ser humano, por lo que se razona en menor medida.

El enamoramiento, como todas las adicciones, está relacionado con niveles altos de dopamina. Esta hormona llega a regiones cerebrales dónde se genera la motivación para alcanzar recompensas. Si la recompensa tarda en llegar o existe algún impedimento, los productores de dopamina prolongan su actividad, los niveles de ésta aumentan y la motivación crea más fuerza. Por eso, cuanto más se prohíbe o más dificultades hay para estar en una persona, más atractivo resulta.

Helen Fisher en la entrevista a Redes (Eduardo Punset) comenta: “No es de extrañar por tanto que los amantes crucen continentes para abrazarse unos pocos días o que cambien de trabajo o incluso mueran el uno por el otro, cuando el sistema se activa poco podemos hacer”

La llama se apaga

En parejas consolidadas, suelen decirse frases del tipo: “hemos caído en la rutina”, “la ilusión no es la misma”… Y ninguna es errónea, según opina Eduardo Calixto, neurofisiólogo del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente (México). El paso del tiempo hace que los receptores de dopamina empiecen a perder sensibilidad por lo que en las miradas, abrazos y el tiempo en el que se está junto, ya no se segrega tanta dopamina como en las primeras fases del enamoramiento. Más adelante, en un período de tres años, los niveles de dopamina dejarán de aumentar y esa sensación placentera de enamoramiento desaparecerá. La sustituta de la dopamina es la oxitocina que está relacionada con la sensación de apego y calma.

Helen Fisher explica que tras la borrachera bioquímica del enamoramiento, el cuerpo y la mente deben recuperarse. Si nos pasásemos toda la vida enamorados, no tendríamos la atención ni la energía suficiente para hacer nada más, por tanto es necesario que se acabe. El hipotálamo es el encargado de segregar la vasopresina y la oxitocina, que son las encargadas de trazar lazos de cariño y responsabilidad con los hijos y la pareja. Ambas fluyen en la sangre con el orgasmo y hacen que después tengamos una sensación de fusión completa con el otro. Los efectos de esta hormona contribuyen en establecer esos vínculos que permitirán la transformación del enamoramiento a la calma y seguridad de una pareja de larga duración.

El momento de la ruptura

Según la antropóloga Helen Fisher, cuando rompen con nosotros experimentamos la llamada “atracción de la frustración”. Esto significa que volvemos a sentir la pasión que no había al final de la relación amorosa. Así, es normal que la persona que no decide dejar la relación, aunque ésta ya estuviera rota, intente por todos los medios recuperar a su pareja porque en el momento de la ruptura se activa el área del cerebro que segrega la dopamina. Es decir, actúa igual que al principio de la relación, igual que el primer día.

Del amor a la ira

En los centros de la corteza pre-frontal es donde se evalúa la recompensa en forma de dopamina. En la ruptura, si el contacto con el ser amado sigue sin llegar, se envían señales a la amígdala y se desencadenará la ira. De esta manera, el amor y el odio están íntimamente conectados en el cerebro. Producen los mismos síntomas y ponen en actividad las mismas sustancias químicas. Cuando odiamos centramos tanto nuestra actividad en ello que cuando amamos. En ambos sentimientos, tenemos una gran cantidad de energía, nos cuesta comer y dormir. Es un juego de combinaciones químicas dónde los límites son muy frágiles.

Mal de amores

En una relación duradera, cuando nos damos cuenta que la relación ha terminado y nos abandona la ira, aflora la perdida. En este período, las células productoras de dopamina disminuyen su actividad. Unos niveles bajos de dopamina se asocian al abatimiento, al letargo y la depresión. Biológicamente estamos diseñados para sufrir cuando nos falla el amor, solo el tiempo nos sacará de la angustia y la desesperación debido a que el cuerpo humano no puede permitirse tanto desgaste energético. Como dice Fisher, el amor crea dependencia. Esto hace necesario que para pasar página y para superar la ruptura haya que cortar de raíz. Igual que cuando se quiere dejar de consumir cualquier sustancia adictiva.

Por otra parte, cuando se termina una relación en la fase de enamoramiento, los niveles de feniletilamina caen de golpe. Esto hace que la persona piense que no puede vivir sin la otra. Pero en realidad lo que pasa es que tiene el “mono” como explica Jesús. J. de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos. Tu cuerpo necesita la feniletilamina que te producía estar con la otra persona, y la necesita ya! Ante esta ausencia es normal que se prepare para pasar sus peores momentos aferrándose al chocolate. Esto se explica porque es un alimento rico en feniletilamina que le hará sentir, por lo menos, un poco mejor.

En conclusión, aún sabiendo las diferentes fases del amor, la mayoría de nosotros anhela una pareja para toda la vida, y muchos consiguen ser felices, mantener la química del apego y la complicidad durante muchos años, es cuestión de suerte, nuestra biología se encarga de ello sin que nos demos cuenta. Al fin y al cabo, somos unos adictos a las hormonas!