Crean un curso de guitarra que solo enseña los acordes necesarios para follar

https://www.elmundotoday.com/2018/09/crean-un-curso-de-guitarra-que-solo-ensena-los-acordes-necesarios-para-follar/

“CON LAS CUATRO PRIMERAS NOTAS DE ‘STAIRWAY TO HEAVEN’ YA DEBERÍAS ESTAR FOLLANDO”, PROMETE LA ESCUELA

Conscientes de que la mayoría de los estudiantes no tiene tiempo para practicar ni estudiar demasiado, una academia de Madrid ha creado un curso de guitarra que solo enseña los acordes necesarios para poder follar. “En menos de un mes, nuestros alumnos pueden aprender a tocar las primeras notas de ‘Hotel California’ e hincharse a follar”, asegura Arturo Jimeno, director de la escuela.

La lista de espera para inscribirse en la escuela ha superado todas las previsiones. “A mí la música no es que me apasione, pero si por 50 euros al mes puedo llevarme la guitarra al camping, tocar cuatro notas y meterla en caliente, barato me parece”, reconoce uno de los primeros alumnos del centro. “No tenemos que aprender mucho porque, cuando llevas 20 segundos de ‘Stairway to Heaven’, lo normal es que ya estés follando”, apunta otra estudiante.

Más que nociones musicales, el curso se centra en cosas más importantes, como hacerse bien un moño o encender una hoguera en la playa. “Nuestro método de enseñanza se basa en la siguiente ecuación: Moño + hoguera + guitarra = sexo asegurado”, informa Jimeno, creador de este revolucionario sistema.

Debido al éxito de este curso, el próximo verano la academia estrenará unas clases de surf para enseñar a aguantar encima de la tabla el tiempo suficiente para poder follar.

La desconocida epidemia de los hombres violados por mujeres

https://www.vice.com/es/article/vbndwx/hombres-violados-por-mujeres-broadly

Según un estudio de 2016, dos terceras partes de los hombres que denuncian haber sido víctimas de abusos sexuales aseguraron que su agresora era una mujer.

Pantomima Full: “Sin duda, censura más la izquierda que la derecha”

https://www.libertaddigital.com/chic/entretenimiento/2018-09-20/pantomima-full-sin-duda-censura-mas-la-izquierda-que-la-derecha-1276625199/

Alberto Casado y Róber Bodegas, los cómicos que forman Pantomima Full, han sido entrevistados en El Mundo pocas semanas después de que el segundo recibiera una avalancha de críticas y de amenazas de muerte por unos chistes de gitanos.

A la pregunta de si censura más la izquierda que la derecha, Casado responde: “Sin duda. Esto que se dice tanto ahora de que el humor tiene que ir de abajo hacia arriba es una mierda brutal. ¿Por qué? ¿Me vas a decir qué puede ser o no gracioso? Y esto viene mayoritariamente de la izquierda”. Por su parte, Bodegas dice que “un tío de derechas te censura que te metas con Dios o con Franco. El resto le da igual. El de izquierdas se ofende con todo lo demás“.

Casado se refiere a los protagonistas de su último vídeo, Los ofendiditos: “Son los peores. Gente que vive para liderar cruzadas que, en realidad, le dan igual y sólo quiere la medallita al más concienciado en redes sociales”.

Pantomima Full@Pantomima_Full

Un chiste le ha jodido la mañana.

Sobre el polémico monólogo, Bodegas cuenta que el asunto le “ha desbordado” y que lo ha retirado de la tele “por intentar matar el tema. Vi un vídeo de unas personas romaníes buscándome por Coruña y me acojoné”.

La gran mentira de la nueva economía: prometieron innovación y trajeron miseria

https://blogs.elconfidencial.com/amp/tecnologia/emprendedorfurioso/2018-07-23/mentira-economia-colaborativa-precariedad-uber-airbnb-deliveroo-glovo_1575843/

¿Recuerdas cuando hablábamos de la nueva economía e incluso de la economía colaborativa? ¿Cuando contábamos todas sus maravillas? ¿Cuándo resaltábamos el avance y la innovación que suponía? ¿Cuando enumerábamos las ventajas para todos los usuarios? ¿Cuando alabábamos que suponía un cambio de filosofía social y un ahorro para todos los ciudadanos? Pues era un completa y absoluta estafa.

Nos la han colado, pero bien, y ahora nos va a costar quitárnosla de encima. Porque bajo el falso paraguas de la nueva economía, el ahorro económico y el empoderamiento ciudadano se escondía otra realidad: la de la precariedad, la pseudoexplotación de trabajadores (alguno incluso duerme en plena calle) y el enriquecimiento de una serie de empresas tecnológicas que, básicamente, pretenden hacer lo que les dé la gana sin que nadie les ponga una sola traba. Y el que se atreva a hacerlo será tachado de carca, de enemigo de la innovación, de burócrata y de ponerle puertas al campo. Con dos coj… narices.

Así se gestó la farsa

El término ‘economía colaborativa’ tiene sus orígenes en 2010, pero en nuestro país empezó a llegar en 2012. El contexto era perfecto: en lo más hondo de la crisis económica, el término se abría camino a pasos agigantados con unos ingredientes que a todo el mundo podrían encantarles:

  • El usuario accede a productos o servicios de manera económica
  • El prestador de ese servicio, fíjate tú por dónde, se gana un dinerín dando uso a un bien infrautilizado
  • Tras ello había una filosofía inspiradora: la de la colaboración y el empoderamiento de los ciudadanos
  • Desaparecían los intermediarios: todo el mundo sabe que, en las revoluciones sociales, Hacienda sobra
Foto: EFE.

Con estos ingredientes, el plato no podía ser más apetecible y empezaron a popularizarse las ‘startups’ de este tipo: la que te ofrece buscar a un fontanero rápido, la que te encuentra un alojamiento para el puente, la que te hace hueco en un coche… todas ellas, además, corrieron a autoincluirse dentro del sector de la economía colaborativa. No tardaron mucho en llegar las grandes, como Uber o airbnb, que tuvieron reservas a la hora de autodenominarse economía colaborativa, pero estaban encantadas de que se les incluyese en ese grupo de empresas innovadoras que iban a cambiar el mundo. En España, de hecho, incluso se creó una asociación de empresas de economía colaborativa. Con el tiempo, el término, quizá un poco gastado, acabó quedándose en ‘nueva economía’.

Hay una cosa que estas empresas hicieron muy bien: colocar al usuario en el centro de todo. Las mayores empresas de internet siempre basaron su éxito precisamente en eso, en poner el beneficio del usuario por delante de cualquier cosa, incluso por delante de los propios ingresos de la empresa. Porque si el usuario está contento, la demanda crecerá y la rentabilidad llegará antes o después.

Además, todas ellas se autoatribuyeron dos palabras tan positivas como gastadas: innovación y disrupción. Innovación, porque hacían algo que nadie más había hecho nunca; y disrupción, porque venían dispuestas a entrar en sectores con gran carga burocrática o legal (el taxi, el transporte interurbano, los servicios profesionales, el alquiler de productos…) para modernizarlos, quitarles el olor a rancio y empoderar, al fin, al pobre usuario harto de los lobbys monopolísticos.

Foto: EFE/Toni Albir.

No diga innovación, diga explotación

Sin embargo, con el paso del tiempo, a la autodenominada nueva economía se le ha ido cayendo la máscara. Sus ingredientes ya no componen un plato de cinco estrellas, sino el trozo de pizza grasiento que te comes a las 6 de la mañana cuando sales de una discoteca para llevarte cualquier cosa a la boca:

  • Los prestadores de servicios se encuentran con dos opciones, a cual peor. Si trabajan para una empresa que no les obliga a cotizar, hacen un trabajo en negro y ganan cuatro duros de espaldas a la ley. Y si trabajan para una empresa que les hace cotizar, la inmensa mayoría son falsos autónomos que se pegan vergonzosas jornadas laborales a cambio de sueldos irrisorios. En caso de tener cualquier problema, se quedan totalmente desprotegidos
  • Que sean falsos autónomos, por desgracia, es casi un avance, ya que muchas de estas apps pretendían que sus ‘colaboradores’ ejerciesen como particulares sin ánimo de lucro y no cotizasen
  • Estos falsos autónomos se enfrentan por su propia cuenta y riesgo a situaciones más que criticables: los conductores de Uber tienen que esquivar multas, los de Cabify reciben consejos para engañar a la Policía, los propietarios de pisos de airbnb huyen de Hacienda, los repartidores de Amazon Flex llevan los paquetes en sus propios coches, los ‘riders’ de Deliveroo, Glovo o Uber Eats se exponen a condiciones vergonzosas, a repartir de cualquier manera o a sufrir accidentes
  • Si los prestadores de servicios están precarizados y los competidores honestos pierden ingresos, ¿realmente quién gana dinero fácil en toda esta ecuación? Exacto: las empresas.
  • Frente al discurso de la innovación y la disrupción de sectores, lo cierto es que estas empresas no han eliminado intermediarios; en realidad lo que han hecho es eliminar a los intemediarios que había… para ponerse ellos
  • Las Administraciones Públicas intervienen y deciden que la mayoría de estas prácticas son ilegales, precarizadoras o se aprovechan de un vacío legal para salirse con la suya. Los mejores ejemplos los encontramos en Uber (su servicio UberPool fue anulado judicialmente), airbnb (muchas CCAA han restringido o prohibido su uso sin licencia y sin pago de impuestos) o Deliveroo (evitó su primera condena tirando de chequera, pero finalmente se le puso la ley en contra), por hacer un muestreo rápido
Foto: EFE/Stephanie Lecocq.

Solo hay un ingrediente que (más o menos) se mantiene: a los usuarios les siguen saliendo más baratos estos servicios y productos. Pero, ¿a cambio de qué? De que todos los demás elementos de la cadena salgan perdiendo. Si el despotismo ilustrado era todo por el pueblo pero sin el pueblo, la nueva economía es todo por el usuario a cambio de hundir en la miseria al resto del mundo.

Sin embargo, los usuarios también somos víctimas de un pensamiento: el de creernos que estamos por encima de los demás. Aunque tengas un sueldo precario, Uber te convence de que te mereces un coche con chófer, airbnb de que mereces un apartamento vacacional a mitad de precio, Deliveroo y Glovo de que mereces que alguien te traiga la comida en bici… Como decía aquel: “El nuevo lujo del mileurista es que otro trabajador —que cobra aún menos que tú— haga el trabajo que no te apetece hacer”.

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¿Críticas? ¡Estás en contra de la innovación!

A día de hoy, cada vez son más las personas que empiezan a criticar a este tipo de empresas o, como poco, a asumir que lo que ofrecen no es ni un modelo justo ni una economía colaborativa, sino un modelo precarizado en el que las únicas que ganan son las empresas que venían a innovar y a cambiar el mundo.

Incluso estas empresas, salvo excepciones –como la del CEO de Uber Eats reconociendo que si tuviesen que contratar a sus repartidores no serían rentables–, han decidido rebajar el tono. Ya no se las ve en grandes eventos defendiendo las bonanzas de la nueva economía, sino que prefieren mantener un perfil bajo y empezar a gastarse dinero en abogados y agencias de comunicación que les hagan el trabajo de ‘lobyy’.

Ahora estas empresas empiezan a gastarse dinero en abogados y agencias de comunicación que les hagan el trabajo de ‘lobyy’

También son las primeras en levantar la voz para pedir diálogo con los políticos, pero obviando una cosa: cuando no les caían sanciones por su actividad, no querían dialogar con nadie.

En cualquier caso, estas empresas siguen teniendo defensores, y además bastante activos. Son aquellos que, ante cualquier atisbo de crítica, te saltan a la yugular para defender un modelo que no hay por dónde cogerlo:

  • Si eres un profesional que se ve perjudicado por esta competencia posiblemente desleal, te dirán que ya está bien de monopolios, que qué tranquilo vivías llevándotelo muerto todos los meses (todos sabemos que los taxistas españoles son millonarios). Si cosechan una derrota legal, lo achacarán a tu poderoso lobby. Porque todos sabemos que las compañías tecnológicas más poderosas del mundo poco tienen que hacer ante el impasible lobby del taxi, que lleva siglos poniendo y quitando reyes en España
  • Si eres un juez que condena a este tipo de empresas o les impone algún tipo de sanción, te dirán que no entiendes nada. Que la ley no se ha adecuado al momento actual, que las empresas van por delante, que le estás poniendo puertas al campo y que te actualices de una vez
  • Si eres un político que legisla el sector en cuestión, te dirán que hombre, que ya tardaban los burócratas en aparecer por ahí para poner trabas, regular todo y llevarse su trozo de pastel para las arcas públicas a costa de los sufridos emprendedores. Que qué poco se apoya el emprendimiento en España, que no se ponen más que obstáculos burocráticos

Como ven, la neolengua es poderosa en este sentido: la competencia desleal es ‘la presión del lobby’, las leyes son ‘poner puertas al campo y no entender nada’ y la regulación de los sectores es ‘poner trabas a los emprendedores que quieren innovar y crear empleo y riqueza’. Todo un círculo argumentativo que se resume en una frase: o me dejas hacer lo que me dé la gana o me pondré a lloriquear como un crío pequeño.

Bienvenidos a la nueva economía, el universo paralelo en el que las empresas pretenden hacer lo que les dé la gana sin que nadie les ponga la más mínima traba y a costa de hundir en la miseria a todos los demás.

La insólita historia de las películas de Marvel antes de su Universo Cinematográfico

https://hipertextual.com/2018/07/insolita-historia-peliculas-marvel-antes-su-universo-cinematografico

El estreno de Iron Man en 2008 dio el pistoletazo de salida al UCM de Marvel que le ha dado tantos éxitos. Sin embargo, la ligazón de Marvel con el cine se remonta cinco décadas con varias películas bochornosas. Esta es la historia de las películas de la editorial antes de ser lo que son hoy y de las idas y venidas de los derechos de sus personajes.

Hoy el cine de superhéroes es una máquina de hacer dinero. El éxito de Avengers: Infinity War y sus 2.000 millones de dólares de taquilla se ha visto como la consecución de la veintena de películas de Marvel que la editorial ha ido lanzando junto con Disney en la última década. No se trata de que Infinity haya sido una película sublime, se trataba de que comenzaba a cerrar una historia con la que han crecido niños y los padres de estos que han visto a sus héroes de los cómics llevados a la gran pantalla.

Sin embargo, antes de que Marvel de la mano de Kevin Feige comenzara a diseñar todas las conexiones entre películas de su Universo Cinematográfico, y de que Disney viera en ello la próxima gran franquicia de la actualidad, la editorial tuvo una dilatada y en gran parte dilapidada carrera en el cine con más de cincuenta años de historia, treinta de receso, y varios fracasos absolutos. Esta es la historia de las películas de Marvel antes de ser lo que son hoy y de las idas y venidas de los derechos de sus personajes.

Primeras apariciones en cine y televisión de Marvel

Imagen del serial de Capitán América (1944). Republic Pictures

La primera película de Marvel en el cine no fue en sí una película, sino un serial de 15 escenas que se proyectaba detrás de largometrajes. Su inspirador, como no, era el héroe más popular de la época. La primera película del Capitán América (1944) fue realizada por la productora Republic Pictures, su formato secuenciado en varias entregas la hizo relevante y exitosa, pero Marvel –entonces llamada Timely Comics— no acabó del todo contenta con el trato que se dio a su personaje, que usaba armas de fuego en un tiempo en el que en los cómics, muy enfocados al público juvenil, todavía no lo hacía. Pese a esto, este Capitán América ingenuo fue homenajeado en El Primer Vengador(2011), en las escenas en las que Steve Rogers se convierte en una especie de héroe nacional.

Huida del cine durante años después de este primer intento, Marvel prefirió centrarse en la televisión gracias a un acuerdo con CBS para presentar en versión real a sus personajes. De este acuerdo salió una primera película de Spiderman (1977) protagonizada por Nicholas Hammond como Peter Parker, Doctor Strange (1978) y dos cintas más para TV a cargo del Capitán América (1979).

El intento no fue del todo mal para ambas compañías, pero se cuenta que Stan Lee acabó especialmente enojado con el tono excesivamente infantil que se daba a Spiderman, así que Marvel rehusó los derechos del personaje y se los cedió (oh, sorpresa) a Toei. La productora japonesa que llevó a la animación a Dragon Ball usó a Spidey para crear un personaje más japonés: Supaidaman, que a la postre sembraría el germen del género Super Sentai, esos escuadrones compuestos por jóvenes con trajes apretados conocidos mundialmente bajo la franquicia Power Rangers. Las vueltas que da la vida y los derechos de Marvel, y solo acabamos de empezar.

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Howard the Duck (1984), la primera película moderna de Marvel

Con estas idas y venidas, es normal que Marvel se alejara un tanto de las producciones en acción real (sus dibujos animados, eran otra historia) tanto en cine como en televisión. Sin embargo apareció un hombre que se interesó por un personaje especial. Ese hombre no era otro que George Lucas, quien tras American Graffiti (1973) se entrevistó con Marvel con interés por hacer una película de su personaje Howard The Duck.

Howard The Duck es quizá el personaje de Marvel menos Marvel de todos. Teñido de un humor ácido y sarcástico, la historieta creada por Steve Gerber nos cuenta la historia de un extraterrestre con forma de pato que acaba desterrado en la Tierra. Sus aventuras son un simple método para explorar la crítica social. A Lucas al parecer le encantaba, aunque dejó apartado el proyecto para centrarse en una pequeña saga sin repercusiones llamada Star Wars. Una vez estrenadas las tres primeras entregas de La Guerra de las Galaxias, Lucas retomó la idea de Howard The Duck, llevándolo a una cinta de acción real con efectos especiales muy avanzados para le época, pero que acabó siendo un fracaso.

La película acabó con un beneficio cero tras recaudar 38 millones de dólares y unas críticas pésimas, siendo nominada a siete premios Razzie (los que señalan a las peores películas) y sellando la primera película de Marvel para el cine como un rotundo fracaso. Eso sí, de este resbalón con creces se rió Marvel años después, cuando incluyó al personaje en una de las escenas post-créditos de Guardianas de la Galaxia.

Vuelta a la TV y batacazo en el cine mientras DC resurge

Marvel volvió a espantarse del cine tras el experimento con su pato extraterrestre para regresar al resguardo de la televisión. Allí había funcionado bastante bien en los mediados de los ochenta la serie de acción real sobre Hulk, interpretado por el culturista Lou Ferrigno. Visto como un buen activo, alargó los derechos del personaje a New World Televisión para lanzar tres películas para la pequeña pantalla. Estas serían The Incredible Hulk Returns (1988) The Trial of the Incredible Hulk (1989) y The Death of the Incredible Hulk (1990), la última con un título de era pre-spoilers.

Aunque estas películas para televisión seguían siendo muy naíf, dispusieron algunos elementos que son parte del Marvel moderno. En cada una de ellas se introdujo un personaje añadido (Thor en la primera y Daredevil en la segunda) a modo de crossover, mientras que Stan Lee apareció en cameos como hace en las producciones actuales.

Pese a esto, Marvel volvió a intentarlo en el cine. Vendió los derechos de The Punisher a New World Pictures (absorbida después por FOX), aunque problemas de producción acabaron revertiendo estas licencias a Lionsgate y Artisan. Marvel, de todas formas, no quiso entregar a su antihéroe con el pack completo: prohibió por ejemplo que usara su habitual camiseta con la calavera, así que el personaje, interpretado por Dolph Lundgren, acabó quedando descafeinado. La cinta fue otro fracaso más que acabó estrenándose directamente en vídeo en 1989.

A la par, La Casa de las Ideas también había entregado los derechos de Capitán Américaa Cannon, una empresa centrada en películas de bajo presupuesto que estuvo varios años dando forma a la idea de una película del héroe norteamericano. Aunque se quiso lanzar para 1990 con motivo del 50 aniversario del estreno del personaje, su producción se postergó hasta 1992. La cinta, con malas críticas, también saldría directamente al mercado en vídeo.

Marvel acababa de cruzar dos nuevos baches importantes en el cine justo en el momento en el que su competidor directo, DC Comics, acababa de estrenar el Batman de Tim Burton, ganadora del Oscar a mejor dirección de Arte. Alguien tenía que llamar a los Vengadores para que arreglara todo aquello, y rápido, pero aún tardarían un tiempo en hacerlo.

Los duros años noventa hasta Blade

Con su rival en alza en el cine, Marvel encaró los noventa con una regularidad muy marcada: todas sus películas estaban siendo un desastre. Y la primera cinta sobre Los 4 Fantásticos (1994) no iba a ser distinta.

La editorial había vendido los derechos de la familia de investigadores a un productor alemán de nombre Bernd Eichinger, dueño de una pequeña productora que parecía incapaz de sacar adelante el proyecto. Al final, cuando los derechos estaban a punto de expirar, Eichinger consiguió un presupuesto escasísimo para filmarla, aunque nunca llegaría a estrenarse a pesar de completarse el montaje y publicarse un trailer. Hay versiones enfrentadas sobre por qué nunca se llegaría a estrenar estando ya preparada, pero la más aceptada cuenta que Marvel ofreció devolver el importe del presupuesto al productor alemán para evitar que una película de serie B viera la luz con sus personajes. Aunque no se distribuyó ni en vídeo, en internet es fácil encontrar la película completa.

Con otro golpe en su coraza, Marvel volvió a retroceder a la televisión de la mano de FOX. En 1996 lanzó un telefilm sobre Generación X, el nuevo grupo de mutantes sin pena ni gloria, y dos años después, en 1998, una nueva película que si bien no es una obra maestra puede quedar marcada como toda una oda noventera; principalmente porque en Nick Fury: Agent of S.H.I.E.L.D., el papel de Fury lo interpretaba David Hasselhoff.

En ese momento, fue cuando apareció la primera luz al final del túnel, curiosamente gracias a un vampiro. El estreno de Blade (1998) con guion de David S. Goyer y dirección de Stephen Norrington fue el primer éxito de Marvel, en este caso con New Line Cinema (ahora propiedad de Warner) a quien cedió los derechos. Su ambiente violento y oscuro recaudó 131 millones por 45 de presupuesto. Apostar por Blade, un superhéroe de segunda fila en los cómics, y aunque no tenía demasiado que ver con el formato adaptado posteriormente en el Universo Cinematográfico, fue un acierto del que surgieron dos secuelas, la primera dirigida por Guillermo del Toro.

Y llegó el boom anterior al UCM (con sus éxitos y sus fracasos)

Blade coincidió con la llegada al cine de toda la retahíla de derechos que Marvel había vendido para aliviar su complicada situación económica durante los años 90. FOX estrenó primero los X-Men (2000) liderados por la después alargada figura del Wolverine de Hugh Jackman, al tiempo que Sony lanzaba la esperada película de Spiderman (2002) de Sam Raimi. Cuesta trabajo pensar cómo el héroe más exitoso de Marvel no había tenido una película anterior de altura, pero el Spiderman de Raimi fue un éxito de crítica y por supuesto de taquilla.

Pero poco tardaría el cine de superhéroes en volver a las andadas. De la mano también de FOX, el Daredevil de Ben Affleck (2003) consiguió triplicar su presupuesto en taquilla, pero dejó un reguero de malas opiniones que lastraría al personaje hasta que Marvel recuperara los derechos para su serie en Netflix. Pese a esto, la buena recaudación impulsó una especie de spin-off en la película de Elektra (2005) con Jennifer Garner en el papel principal y esta vez sí, completamente ruinosa.

De la misma época son otras películas que aunque recaudaron por la expectación ahora aparecen en muchos rankings como las peores películas inspiradas por Marvel: Las dos entregas de Los 4 Fantásticos a cargo de FOX (2005-2007) y el Ghost Rider de Nicolas Cage con Sony y su secuela (2007-2011). Al tiempo, la franquicia X-Men iba sumando nuevas películas ya con Lobezno como héroe principal.

Unos años antes Marvel intentó relanzar al personaje que más éxito le había dado en acción real: Hulk (2003) de Ang Lee con Eric Bana como Bruce Banner surgió después de la cesión momentánea de los derechos a Universal Pictures. Aunque ahora se recuerda como un fracaso, la producción contó con ayuda de la editorial, y el montaje de Lee, con muchos guiños al lenguaje del cómic, fue alabado por algunos sectores de la crítica. Pese a esto, Marvel no se sintió cómodo con la recepción a pesar de generar ingresos, y retiró los derechos del gigante verde tras el estreno a Universal.

La montaña rusa de éxitos y fracasos de los primeros años del siglo XXI tuvo incluso un cadáver. Artisan, productora independiente, intentó relanzar el personaje de The Punisheren 2004 con una película con Thomas Jane en el papel de antihéroe y cuyos malos réditos acabó llevando al cierre a la empresa. Lionsgate, encargada de la distribución, recogió entonces los derechos y los siguió explotando con cabezonería en The Punisher: War Zone(2008). Esta película, aunque ya se había estrenado Iron Man, no formó parte del UCM, y menos mal porque es recordada como otro de los grandes fiascos.

Y apareció Iron Man

Marvel Studios

Marvel se había plantado en los 2000 sin que la venta de sus personajes les estuviera repercutiendo grandes beneficios, y con una situación económica aún complicada. Fue en ese momento, cuando el actual CEO de Marvel Studios, Kevin Feige, decidió jugársela todo a una carta. El plan era estrenar tres película que ligaran a los personajes en un mismo universo, bajo factura exclusiva del estudio, sin productoras externas, y finalizar la entrega con una cuarta película donde se reunieran todos. Para ello, Marvel solicitó un crédito bancario para producir las dos primeras cintas. Era apostar por remontar o entrar directamente en la bancarrota.

Con sus personajes desperdigados en distintas cesiones, Marvel volvió a recurrir a Hulk(2008), esta vez con Edward Norton en el papel principal. La película, aunque hoy se recuerda como un cabo suelto por el rechazo del actor a continuar interpretando a Banner, marcaría el inicio del Universo Cinematográfico de Marvel con una escena post-créditos en la que aparecía Robert Downey Jr:

The Incredible Hulk logró recaudar 250 millones con 150 de presupuesto. No era un mal comienzo, ¿pero a quién recurrirían entonces? Feige entonces decidió que sería mejor dar entrada a un héroe de segunda fila. Iron Man no había vivido sus mejores horas en los cómics en los últimos 15 años, pero era de los pocos Vengadores históricos sobre los que la editorial mantenía los derechos.

El Tony Stark de Robert Downey Jr, con su carácter descreído y fanfarrón, consiguió en taquilla más de 580 millones y sigue siendo recordada como una de las mejores películas de Marvel. Aquella suma, llamó la atención de Disney, que se haría con Marvelese mismo año por 4.000 millones de dólares. La editorial, ahora centrada como estudio de cine, había solucionado sus problemas económicos y encaraba una época de éxitos. El resto, de Iron Man hasta Thanos, es historia, pero sobre todo, todavía mucho futuro.

Tasa de actividad y de paro en España

https://www.noticiascyl.com/salamanca/local-salamanca/2018/07/27/la-mitad-de-la-poblacion-activa-de-salamanca-no-trabaja/

La última Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al segundo trimestre de 2018, y por tanto actualizada al pasado mes de junio, muestra que el paro, 19.700 salmantinos, es similar al del invierno del año 2008, justo al estallar la crisis económica. Datos buenos que sin embargo, al compararse con otros, no lo son tanto para la provincia charra.

En primer lugar, porque ese descenso del paro no se traduce en más trabajo, pues hay diez mil ocupados menos que entonces, y dos mil menos que de población activa. Y es que la emigración es un factor importante a tener en cuenta en Salamanca a la hora de hablar de mejoría o no del mercado laboral, pues el padrón actualizado a 1 de enero de 2018 refleja veinte mil habitantes menos durante la última década.

La población en edad de trabajar rompe una tendencia a la baja para situarse en 153.000 personas, dos mil más que en primavera y mil quinientas más que el año anterior. Pero la EPA muestra una tasa de actividad del 54%, entre las ocho peores de España. De hecho, sólo está por delante de Orense, Lugo, Asturias, Ávila, León, Zamora y Jaén.

Cabe destacar que al analizar con detalle la población activa, si a los 19.700 desempleados le sumamos otras 36.500 personas que se dedican a las labores del hogar, por lo que no cotizan pese a estar en edad de poder trabajar, y otros 20.200 estudiantes, suman 76.400 salmantinos que podrían estar trabajando pero no lo hacen por diferentes motivos, es decir, la mitad del total que es la población activa. Cifras a las que además habría que sumar más de 80.000 jubilados en una provincia que envejece a pasos agigantados.

Ocupación por sectores

Los datos del paro publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran una reorientación del tejido productivo, sobre todo hacia el sector servicios. La provincia charra se caracteriza por el turismo, sobre todo tras el pinchazo de burbuja inmobiliaria, como fuente de riqueza y creación de empleo. Durante el último año el sector servicios ha registrado mil cien ocupados más, para quedarse en 94.500.

La agricultura también gana trabajadores respecto a hace un año, dos mil trescientos, para quedarse en 10.600 ocupados. Y lo mismo ocurre con la construcción, con 2.500 ocupados más que hace un año, para alcanzar los 9.500 salmantinos, y la industria, que gana casi dos mil ocupados, hasta 18.900 salmantinos.

En defensa del no hacer nada

http://cadenaser.com/ser/2018/07/13/ser_y_estar_bien/1531477667_012273.html

En la década de 1950, muchos teóricos temieron que, gracias a las innovaciones tecnológicas, los estadounidenses no supieran qué hacer con su tiempo libre

En la década de 1950, muchos teóricos temieron que, gracias a las innovaciones tecnológicas, los estadounidenses no supieran qué hacer con su tiempo libre

En la década de 1950, muchos teóricos temieron que, gracias a las innovaciones tecnológicas, los estadounidenses no supieran qué hacer con su tiempo libre.

Sin embargo, hoy, como señala la socióloga Juliet Schor, los estadounidenses están saturados de trabajo, dedicandole más horas que en cualquier otro momento desde la Gran Depresión y más que en cualquier otro país occidental.

Probablemente eso esté relacionado con el hecho de que el acceso instantáneo y continuo a la red se ha vuelto casi obligatorio, y nuestros dispositivos nos exponen constantemente a un aluvión de mensajes que claman: “Urgente”, “Últimas noticias”, “Para publicación inmediata”, “Se necesita respuesta CUANTO ANTES”.

Interrumpen nuestro tiempo libre, nuestro tiempo en familia e incluso nuestra conciencia.

A lo largo de la última década he tratado de entender los efectos sociales y psicológicos de nuestras crecientes interacciones con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, un tema que examiné en mi libro El yo terminal: la vida cotidiana en los tiempos hipermodernos (The Terminal Self: Everyday Life in Hypermodern Times).

En esta era de la conexión 24/7, la perspectiva de no hacer nada puede sonar poco realista e irracional.

Pero nunca ha sido más importante.

La aceleración por la aceleración

En una era de extraordinarios avances que pueden mejorar nuestro potencial humano y la salud del planeta, ¿por qué la vida cotidiana parece provocarnos tanta ansiedad?

¿Por qué las cosas no son más fáciles?

Es una pregunta compleja. Una forma de explicar esta situación irracional es algo llamado la fuerza de la aceleración.

Según el crítico teórico alemán Hartmut Rosa, los rápidos avances tecnológicos han hecho que la aceleración se convierta en el ritmo que marca los cambios dentro de las instituciones sociales.

Lo vemos en las fábricas, donde la producción “ajustada” exige máxima eficiencia y capacidad para responder ágilmente a las fuerzas del mercado, y en las aulas universitarias, donde los programas informáticos instruyen a los maestros sobre cómo “hacer que los estudiantes completen rápidamente” todo el temario. Ya sea en el supermercado o en el aeropuerto, los procedimientos se implementan, para bien o para mal, con un objetivo en mente: la velocidad.

La aceleración como fenómeno evidente comenzó hace más de dos siglos, durante la Revolución Industrial. Pero esa aceleración se ha acelerado. Regida por objetivos poco lógicos, estimulada por su propio impulso y encontrando poca resistencia, la aceleración parece haber engendrado más aceleración, en aras de la aceleración.

Para Hartmut Rosa, esta aceleración imita misteriosamente los criterios de un poder totalitario:

  1. Ejerce presión sobre las voluntades y acciones de los sujetos;
  2. es ineludible;
  3. es omnipresente;
  4. y es difícil de criticar y combatir.

La opresión de la velocidad

La aceleración descontrolada tiene consecuencias.

A nivel ambiental, extrae recursos de la naturaleza más rápido de lo que pueden reponerse y produce residuos más rápido de lo que pueden ser procesados.

A nivel personal, distorsiona la forma en que experimentamos el tiempo y el espacio. Se deteriora la forma en que abordamos nuestras actividades cotidianas, deforma el modo en que nos relacionamos y erosiona la estabilidad del yo. En un extremo lleva al agotamiento y en el otro a la depresión. Cognitivamente, inhibe la capacidad de mantener una atención continuada y la evaluación crítica. Fisiológicamente, puede estresar nuestros cuerpos e alterar las funciones vitales.

Por ejemplo, la investigación detecta, en aquellos que trabajan frecuentemente en entornos de alta velocidad en comparación con aquellos que no trabajan en esos entornos, entre dos y tres veces más problemas de salud autodiagnosticados que van desde ansiedad hasta problemas para dormir.

Cuando nuestro entorno se acelera, debemos pedalear más rápido para seguir el ritmo. Los trabajadores reciben más correos electrónicos que nunca, un número que va a más. Cuantos más correos electrónicos reciba, más tiempo necesitará para procesarlos. Se le requiere que realice esta o aquella tarea en menos tiempo, que realice varias tareas a la vez, o que dedique menos tiempo a leerlos y responderlos.

La productividad de los trabajadores estadounidenses ha aumentado dramáticamente desde 1973. Lo que también ha aumentado de forma importante durante ese mismo período es la brecha salarial entre la productividad y el salario. Mientras que la productividad entre 1973 y 2016 aumentó un 73,7%, el salario por hora lo hizo solo un 12,5%. En otras palabras, la productividad ha aumentado aproximadamente seis veces más que el salario por hora.

Claramente, la aceleración exige más trabajo, ¿y con qué fin? El día tiene un número concreto de horas, 24, y ese gasto adicional de energía reduce las ocasiones para participar en las actividades esenciales de la vida: la familia, el ocio, la comunidad, la ciudadanía, los anhelos espirituales y el desarrollo personal.

Es un círculo vicioso: la aceleración impone más estrés a los individuos y reduce su capacidad para gestionar sus efectos.

No hacer nada y “ser”

En una sociedad hipermoderna impulsada por los motores gemelos de la aceleración y el exceso, no hacer nada se equipara con el despilfarro, la pereza, la falta de ambición, el aburrimiento o el “tiempo de inactividad”.

Pero esto delata una concepción bastante instrumental de la existencia humana.

Muchas investigaciones, y muchos sistemas espirituales y filosóficos, sugieren que alejarse de las preocupaciones cotidianas y pasar tiempo simplemente reflexionando o meditando es esencial para la salud, la cordura y el crecimiento personal.

De manera similar, igualar el no hacer nada con la no productividad revela una comprensión miope de la productividad. De hecho, la investigación psicológica sugiere que no hacer nada es esencial para la creatividad y la innovación, y la aparente inactividad de una persona podría en realidad cultivar nuevos conocimientos, ideas o melodías.

Según la leyenda, Isaac Newton comprendió la ley de la gravedad sentado bajo un manzano, Arquímedes descubrió la ley de la flotabilidad mientras se relajaba en su bañera, y Albert Einstein era conocido por quedarse mirando al vacío en su despacho durante horas.

El año sabático académico se basa en la idea de que la mente necesita descansar y poder explorar para que broten nuevas ideas.

No hacer nada o, simplemente, ser es tan importante para el bienestar humano como hacer algo.

La clave es equilibrar ambas actitudes.

Levantando el pie del pedal

Dado que probablemente sea difícil pasar de un ritmo acelerado a no hacer nada, el primer paso consiste en desacelerar. Una forma relativamente fácil de hacerlo es simplemente apagar todos los dispositivos tecnológicos que nos conectan a Internet, al menos por un tiempo, y evaluar lo que nos sucede cuando lo hacemos.

Investigadores daneses descubrieron que los estudiantes que se desconectaron de Facebook durante una semana comunicaron un aumento notable en su satisfacción vital y en las emociones positivas. En otro experimento, varios neurocientíficos que realizaron un viaje por la naturaleza relataron un mayor rendimiento cognitivo.

Diferentes movimientos sociales están abordando el problema de la aceleración. El movimiento Slow Food, por ejemplo, es una iniciativa popular que aboga por la desaceleración mediante el rechazo de la comida rápida y la agricultura industrial.

A medida que avanzamos, parece que no nos paramos a examinar seriamente la razón de ser de nuestras vidas frenéticas, y asumimos erróneamente que aquellos que están muy ocupados lo están porque participan en proyectos importantes.

Promocionado por los medios de comunicación y la cultura corporativa, este credo de actividad contradice tanto aquello que la mayoría de la gente en nuestra sociedad define como “la buena vida” como los principios de muchas filosofías que ensalzan la virtud y el poder de la quietud.

The ConversationEl filósofo francés Albert Camus quizás lo expresó mejor cuando escribió: “La ociosidad es fatal solo para los mediocres”.

Simon Gottschalk, Professor of Sociology, University of Nevada, Las Vegas

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.