Grigori Perelman, el matemático asceta que renunció a un millón de dólares

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Grigori Perelman, el matemático asceta que renunció a un millón de dólares

Las calles de Kupchino están cortadas por el mismo patrón que la mayoría de áreas suburbanas de Rusia. Salpicada de bloques de apartamentos y amplias avenidas, con un diseño trazado casi con escuadra —roto solo por el esqueleto herrumbroso de alguna grúa abandonada—, pocos días hay que rompan la monotonía del distrito, situado en la zona sur de San Petersburgo.

Los coches que zumban por las carreteras que atraviesan de lado a lado el barrio y el trasiego de trenes y metros ponen la banda sonora. Allí —con ese telón gris e industrial de fondo— nació en 1965 el expresidente Dmitri Medvédev, cuando la ciudad aún llevaba el nombre del líder de la revolución de 1917.

La monotonía suburbana de Kupchino saltó por los aires en marzo de 2010. Un enjambre de reporteros locales y del resto de Rusia, corresponsales extranjeros, cámaras, micrófonos, unidades móviles… se desplegaron por las calles del distrito sur de San Petersburgo para interrogar a sus residentes sobre la dirección de quien acababa de convertirse en su vecino más famoso, más incluso que Medvédev: el matemático Grigori Perelman.

El matemático que renunciaba a los premios

El 8 de marzo de 2010 el Clay Mathematics Institute anunció que otorgaría a Perelman el primero de los galardones reservados para quienes resolviesen alguno de los siete Problemas del Milenio. Con el premio, el instituto pretendía distinguir al sabio de Kupchino por haber despachado la conjetura de Poincaré —ahora teorema, gracias a las aportaciones de Perelman—, un reto que traía de cabeza a los matemáticos desde 1904.

El premio no solo suponía una distinción internacional para el matemático ruso. Venía acompañado además de una recompensa de un millón de dólares —cerca de 854.600 euros—, cifra más que jugosa para un matemático de 44 años retirado que compartía un viejo apartamento con su madre y sin más fuente de ingresos conocida que sus ahorros, la pensión de su progenitora y los escasos rublos que arañaba impartiendo clases particulares.

La perspectiva de entrevistar a uno de los matemáticos más grandes del siglo XXI suponía un auténtico caramelo para los periodistas. Si aún por encima esa eminencia acababa de ganar un premio que lo haría millonario por resolver uno de los retos “del milenio”, su atractivo se multiplicaba. Ni una ni otra razón explican sin embargo el enjambre de reporteros con el que amaneció Kupchino en marzo de 2010. Lo que en realidad despertaba su interés era el carácter excéntrico de Perelman y las dudas sobre cómo reaccionaría al conocer la decisión —esperada, por lo demás— del Instituto Clay.

Años antes, en 2006, Perelman había renunciado a la Medalla Fields, el considerado como Nobel de las Matemáticas. Sus logros con la conjetura de Poincaré llevaron a la Unión Matemática Internacional (IMU, en sus siglas en inglés) a escogerlo para el célebre galardón, que ese año se concedía en Madrid. Para asombro de sus colegas —muchos suspirarían todas sus vidas por alzarse con la presea— el ruso rechazó el premio. No era la primera vez que lo hacía. En 1996 ya había declinado una distinción que la Sociedad Matemática Europea destina a jóvenes talentos. Cuando sus directivos le comunicaron que era un firme candidato, Perelman se negó a aceptar el galardón. Incluso amenazó con montar un escándalo si no reculaban.

La reacción de Perelman

A pesar de su grandísimo talento y de los premios que llamaban a su puerta, en los años 90 Perelman empezó un aislamiento que se intensificó en 1996. Poco a poco dejó de responder correos, empezó a comunicarse con sus colegas solo cuando los necesitaba para sus investigaciones, declinó discutir teorías… El culmen de esa deriva hacia la soledad llegó a finales de 2005, cuando renunció a su puesto en el Instituto Steklov.

La Medalla Fields colma de prestigio y honores a sus galardonados, pero su retribución económica está muy lejos de la que acompaña al Nobel. Sus premiados reciben unos 10.000 dólares. El galardón del Instituto Clay es otro cantar: con el millón de dólares que ofrecía, Perelman y su madre podían solucionar su futuro. Tal vez en el pasado el ruso rechazase los reconocimientos y el dinero, pero… ¿Se mantendría en sus trece cuando estaba en juego un millón de dólares?

Cuando en marzo de 2010 los periodistas al fin dieron con el apartamento de Perelman y llamaron a la puerta se toparon con un hombre envejecido. Su aspecto recordaba más al de Rasputín en sus horas bajas que al aura de los grandes sabios despistados, como el propio Henri Poincaré o Bernhard Riemann. El pelo rizado y canoso le caía sobre los hombros y enmarcaba una calva que revelaba el poco tiempo que pasaba bajo el sol. La barba se le desparramaba sobre el pecho. Lo que más llamaba la atención sin embargo eran sus ojos: grandes, profundos, dos luceros de un azul intenso que brillaban bajo cejas enmarañadas.

Perelman no atendió a los medios. No les permitió acceder a su casa siquiera. A través de la puerta cerrada se limitó a gruñir que no le interesaban lo más mínimo ni el premio ni la recompensa del Instituto Clay. “Lo tengo todo, no necesito el dinero”, farfulló a los periodistas desde el otro lado de la puerta de su pequeño apartamento de Kupchino.

El director del Instituto Clay se equivocó

Durante los meses siguientes el instituto —y a buen seguro San Petersburgo y Rusia entera— vivieron pendientes del estrafalario matemático. ¿Se mantendría firme? Un millón de dólares era una recompensa muy jugosa. ¿Cambiaría Perelman de postura? A principios de junio —poco antes de la Clay Research Conference de París en la que se preveía otorgar el galardón—, el presidente del instituto, Jim Carson, aún confiaba en que el sabio de Kupchino cambiase de parecer. “El señor Perelman se lo está pensando todavía. Probablemente está decidiendo en qué momento resultará más conveniente para él aceptar el premio. Aún no ha dado su respuesta final”, apuntaba Carson.

El responsable del Instituto Clay se equivocaba. Perelman sí tenía tomada su decisión. Según sus propias palabras, no quería “estar en exposición como un animal en un zoológico”. “No soy un héroe de las matemáticas. Ni siquiera soy tan exitoso. Por eso no quiero que todo el mundo me esté mirando”, razonó el genio ruso: “No estoy interesado ni en el dinero ni en la fama”.

henri poincaré

Con algunos reporteros Perelman incluso fue más explícito. En una entrevistaconcedida a Alexandr Zabrovski y de la que se hacía eco en 2011 el diario ruso Komsomólskaya Pravda, el matemático aseguraba saber “cómo manejar el Universo y llenar los vacíos”.

“Ahora díganme. ¿Por qué tendría que correr a buscar un millón?”, le espetaba al entrevistador. Ni los ruegos de los responsables del Instituto Clay, ni la carta de una organización benéfica que propuso a Perelman que aceptase la recompensa para donarla después surtieron efecto. El día de la ceremonia el sabio de San Petersburgo no acudió.

Perelman no recogió el premio. Tampoco el millón de dólares. Se convirtió así en el científico con la mayor y más importante colección de galardones desdeñados: el de la Sociedad Matemática Europea, la Medalla Fields y el cheque del Instituto Clay.

Grisha, el matemático soviético

¿Quién es Grigori Perelman, Grisha, como firma él… O al menos firmaba mientras estuvo en el circuito académico? El hombre que desenmarañaría el reto lanzado por Poincaré en 1904 nació en 1966 en San Petersburgo, cuando la ciudad aparecía aún en los mapas como Leningrado. Durante su infancia pocas pistas apuntaban a que terminaría convirtiéndose en uno de los grandes genios de las matemáticas del siglo XXI: era bueno con los números, pero no el mejor; y sobre todo tenía raíces judías, un punto de partida nada favorable en la Unión Soviética.

Cuando tenía apenas 10 años su madre, Lubov, una talentosa profesora de matemáticas, consiguió que Perelman accediese a la academia del Palacio de Pioneros de Leningrado. Entre sus paredes la robusta maquinaria educativa de la URSS empezó a formar al niño para —ironías del destino— convertirlo en una máquina de conquistar premios y reconocimientos.

Lo lograron. El apoyo de algunos de sus maestros —en especial Serguéi Rukshín— le permitió acceder primero al equipo olímpico de matemáticas y más tarde a la Universidad de Leningrado. El talento del que hizo gala durante su estancia en Estados Unidos —en los años 90— atrajo la atención de grandes instituciones, como los centros de investigación de Princeton y Tel Aviv.

perelman

Fuente: Gtres

Años después Perelman iniciaría su lenta travesía hacia el aislamiento hasta casi desaparecer. Su regreso al circuito académico lo hizo al más puro estilo de los genios: el 2 de noviembre de 2002 colgó en ArXiv —una web en la que los investigadores suelen publicar trabajos antes de su aparición en grandes revistas— un artículo en el que afirmaba haber demostrado la conjetura de Geometrización.

En 2003 colgó la segunda parte y meses después, en julio de 2004, la tercera. El autor comunicó su publicación a algunos colegas, como el matemático Mike Anderson. Según recoge Rodrigo Fernández en un perfil publicado en 2010 por El País, de niño Perelman era reacio a realizar cálculos sobre el papel. Las ideas las cocinaba a fuego lento en su prodigiosa cabeza hasta que —ya maduras— las plasmaba por escrito. En 2002 hizo algo parecido con su trabajo sobre la conjetura de Poincaré.

Los artículos de Perelman condensaban sus pesquisas. Esa característica, sumada a que no siguiera el proceso que respetan habitualmente los artículos científicos —con el lento y engorroso ritual de informes, revisiones…— favoreció que otros matemáticos se pusiesen a trabajar en la misma dirección. Un equipo chino intentó apropiarse de su labor con el argumento de que el ruso solo había sugerido el camino a seguir.

Tiempo después los expertos que mejor conocen al sabio de Kupchino reconocerían que ese intento por apoderarse de su trabajo supuso un duro golpe para el matemático. “Imagínese que el teorema es como un hijo, que en la infancia pasó por una enfermedad grave, durante la cual no sabía si sobreviviría o no. Mientras no has demostrado el teorema, mientras continúa siendo una conjetura, es como tu hijo enfermo. Grisha estuvo junto a la cabecera de ese hijo nueve o diez años, luchando por su vida y cuidándolo día y noche.

Por fin, el niño sana, crece y es fuerte y hermoso; pero te lo quieren robar y te lo secuestran. Para Grisha fue como un secuestro cuando trataron de apropiarse del resultado de su trabajo. No pudo aceptar que un teorema pudiera ser comprado, vendido o robado”, explicaba Serguéi Rukshín a El País. Otras voces inciden en su desencanto hacia el circuito académico de las matemáticas.

Más de una década y media después de asombrar al mundo con su genio, Perelman mantiene su encierro de asceta. Recluido en su apartamento de Kupchino, con la barba y el cabello desarreglados y la ropa remendada, evita convertirse en lo que él mismo llegó a tildar como “un mono de feria” mediático. Aunque se dijo que había abandonado los números y las fórmulas, en 2010 algunos medios titularon que estaba embarcado en otro reto: la demostración matemática de la existencia de Dios. De sus años de joven competidor soviético solo conserva su gusto por la música. De niño Perelman tocaba el violín. Hoy dicen que no es difícil encontrarlo en el gallinero del Teatro Mariínski, disfrutando de la buena ópera acomodado en las butacas más baratas.

Esta es la mejor postura para dormir (tú cuerpo la agradecerá)

https://ecoosfera.com/mejor-postura-para-dormir-posiciones-malas/

La ciencia ha podido indagar en lo que pasa en nuestro organismo cuando dormimos –y también cuando no dormimos lo suficiente–. Incluso ha podido develar el funcionamiento del cerebro durante los sueños.

Pero hay algo que no se ha podido explicar: por qué dormir sobre el costado derecho del cuerpo no es bueno, mientras que hacerlo sobre el costado izquierdo parece ser lo ideal.

Dormir comprimiendo el lado derecho del cuerpo impide a algunos órganos funcionar correctamente: por ejemplo, al estómago, en el cual se agravan los ácidos estomacales.

Pero la ciencia no sabe por qué ocurre esto. Se cree, no obstante, que tiene que ver con la gravedad, pues dormir del lado contrario –el izquierdo– relaja la válvula que conecta el estómago con el esófago, misma que regula la acidez.

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Otra ventaja comprobada de dormir sobre el lado izquierdo es que mejora la circulación. El cuerpo devuelve sangre al corazón desde el lado derecho: si evitamos comprimirlo, la tarea metabólica puede ser realizada durante toda la noche, y no ser obstruida como cuando dormimos sobre el costado derecho.

Así que la postura correcta para dormir es sobre el costado izquierdo del cuerpo

Esto podría tener una explicación evolutiva, pues nuestro cuerpo –y el de otros animales– podría estar adaptado para pasar más de 6 horas inmóviles en una misma posición. Un estudio publicado en Journal of Neuroscience comprobó que los ratones duermen naturalmente sobre el costado, pero más aún: que los que duermen en dicha postura regeneran mejor sus cerebros, comparado a algunos roedores que los investigadores pusieron a dormir boca abajo y de espaldas.

Dormir con la postura correcta podría reducir las posibilidades de desarrollar Alzheimer

Por cierto: si disfrutas de dormir “como un bebé”, es decir, en posición fetal, ¡esta bien! Sólo hazlo en el costado izquierdo y cuidando tu espalda.

Y… ¿cuál es la peor postura para dormir?

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Dormir boca abajo es lo peor que podemos hacer. Ejerce una presión excesiva sobre todos los organismos, e interrumpe muchas funciones vitales. Además, esta posición es completamente antinatural para la columna vertebral.

Por otro lado, dormir bocarriba tampoco es lo mejor, pues estimula el ronquido y la apnea del sueño debido a la tensión que se ejerce sobre las vías respiratorias, lo que dificulta el paso del aire. Esto impide oxigenar el cerebro correctamente durante todo el tiempo que dormimos, lo que ni la práctica constante del yoga podría subsanar.

Así que ya lo sabes: si cuidas tu postura durante el día, es igual de importante cuidarla durante la noche. Algo que agradecerá todo tu organismo, incluido tu cerebro y sus neuronas.

En nuestro cuerpo viven unos 48 billones de bacterias, 60 billones de virus y varios miles de millones de hongos

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Esta imagen de microscopio muestra algunas de las bacterias que habitan en la placa bacteriana de nuestras bocas.

Dentro del organismo humano conviven trillones de especies microscópicas, en su mayoría con funciones definidas que ayudan en muchos procesos de nuestro metabolismo o nos protegen de la acción de otros microorganismos que sí podrían resultar dañinos.

“Se ha calculado que un humano tiene cerca de 37 billones (millones de millones) de células corpóreas y por cada una de ellas hay cerca de 1,3 bacterias, es decir, unas 48 billones. Esto sin contar el número de virus, que ronda en unos 60 billones. Además, en el cuerpo habitan varios miles de millones de hongos y millones de ácaros. Todos felices y contentos”, apuntó Edgardo Moreno, microbiólogo especialista en Inmunología, Microbiología Celular y Enfermedades infecciosas y miembro de la Academia Nacional de las Ciencias (ANC).

Esta es una de las consultas planteadas por lectores de La Nación y que Moreno respondió como parte de la iniciativa “Pregúntele al científico”.

Al igual que en el 2016, este especial invita a los lectores a plantear sus consultas sobre temas diversos. Especialistas de la ANC dan respuesta a las interrogantes formuladas y estas se publican en este medio todos los viernes de agosto, mes de la ciencia.

-¿Qué tipo de funciones realizan dentro de nuestro cuerpo los microorganismos?

El microbioma (microorganismos del cuerpo) protege contra enfermedades, controlando a los agentes patógenos y estimulando las defensas. Además, desdobla los alimentos para que sean digeribles y nos suministra micronutrientes como las vitaminas. El microbioma también es responsable en parte del “tufillo” que despiden las personas y que los identifica.

-¿Qué tipos de microbios conviven en nuestro organismo? ¿Tienen formas diferentes de beneficiar o dañar nuestro cuerpo?

Mientras las bacterias, hongos y protozoarios (organismos unicelulares) son especies autónomas que se multiplican, los virus como los que causan el dengue y la gripe, necesitan de las células para replicarse. Por eso, los virus siempre son parásitos. Por otro lado, la malaria y el papalomoyo son protozoarios, parásitos que causan enfermedad. Algunos son animales, como los gusanos que viven en el intestino. Sin embargo, la mayoría de las relaciones parasíticas son buenas, incluyendo algunos gusanos y protozoarios, y solo unas pocas son malas.

Edgardo Moreno es especialista en Inmunología, Microbiología Celular y Enfermedades infecciosas.
Edgardo Moreno es especialista en Inmunología, Microbiología Celular y Enfermedades infecciosas.
– ¿Qué hay más: microorganismos beneficiosos o microorganismos que puedan resultarnos dañinos y enfermarnos?

Por cada organismo dañino hay millones de millones de beneficiosos. Se ha calculado que para los seres humanos el total de patógenos ronda en no más de 500 especies. De estas solo cerca de 50 son realmente peligrosas.

¿Con cuál microorganismo no podría vivir el ser humano?

Hay patógenos más virulentos que otros, pero ninguno es 100% letal, aunque algunos se aproximan. Por ejemplo la toxina del tétano y botulínica de bacterias son casi siempre mortales; sin embargo, se han reportado sobrevivientes. El virus de la rabia es letal una vez que los síntomas se manifiestan, aunque se han salvado algunas personas.

¿Hay algún microorganismo sin el cual la vida humana podría ser imposible? ¿Cuál función cumple?

Sin microbioma no se puede sobrevivir; pero como es muy diverso, no se sabe a ciencia cierta cuales microorganismos son los esenciales. Muchos de los llamados Firmicutesque habitan el organismo son necesarios, pero en su conjunto.

Los niños recién nacidos que no tengan Lactobacillus y Bifidobacterium en su tracto intestinal tendrán grandes problemas para sobrevivir, ya que no podrán digerir la leche.

Staphylococcus epidermis es una bacteria esencial para proteger la piel; sin ella se tendrían infecciones que podrían ser mortales.

¿Por qué existe la concepción de ver a las bacterias como algo solamente dañino para nuestra salud?

Es una percepción equivocada que viene del siglo XIX, cuando se descubrieron los primeros microorganismos causantes de enfermedad. Entonces, se estableció una sinonimia entre microbio y enfermedad, lo que es un error. La microbiología contemporánea ha logrado demostrar que el 99,999999999999% de los microorganismos son beneficiosos o indiferentes para la vida de los humanos.

¿Dónde hay más microbios en la mano o en la boca?

En general, en la boca. Se estima que hay 100 millones de bacterias por cada milímetro de saliva con un total de 615 especies. Por otro lado, debajo de una uña pude haber más microorganismos que habitantes en todo el continente americano. El lavado de boca y manos mata muchos microorganismos. Una boca limpia puede tener menos microorganismos que una mano sucia y viceversa. Ambos son importantes, pues protegen. El aliento de la boca depende de los microrganismos que la habitan y de la dieta. El ajo mata unos pero favorece otros…

¿Hay algún perfil de persona que sea más susceptible a tener más microorganismos en su cuerpo (según edad, sexo, tipo de lugar en el que vive o trabaja, etcétera.)?

Antes de nacer los fetos tienen poblaciones bacterianas y virales definidas y normales, aunque en menos cantidad y variedad. Aparte de eso, no hay diferencias significativas en el número de microrganismos, entre sexos, razas y edades. En general, no hay relación significativa con el trabajo que desempeñan las personas. Incluso, las inmunosuprimidas y enfermas no tienen más microorganismos que las sanas, aunque sí puede variar el tipo.

¿Lo que comemos o las actividades cotidianas que hacemos afectan la vida de estos organismos?

Aunque el microbioma es parecido en todos los humanos, hay variaciones según en donde y cómo se viva. El microbioma varía con la dieta y edad: un niño recién nacido tiene un microbioma intestinal algo diferente al de un adulto, y un vegetariano al de un carnívoro. Los deportistas tienen la tendencia a cierto tipo de microbioma corporal, debido a la sudoración.

Los jabones, las cremas, talcos y demás menjurjes afectan y matan al microbioma corporal. Por otro lado, las personas que no se bañan tienen un poco más de microorganismos en la piel, uñas y pelo, aunque no en el intestino.

– ¿Cómo se ve afectado un microorganismo cuando no tomamos bien un tratamiento o cuando lo tomamos sin necesitarlo?

Hay varios tipos de fármacos que afectan al microbioma. Los más severos son los antibióticos. Tomarlos irrestrictamente es un peligro, pues ellos eliminan a muchos microorganismos beneficiosos, ya que no los distinguen de los patógenos. Los tratamientos deben tomarse completamente a como se recomienden. De otra manera pueden inducir el surgimiento de microorganismos resistentes a los antibióticos.

– ¿El cabello contiene microbios capaces de contaminar un campo estéril en una sala quirúrgica?

Sí, y son una de las causas más frecuentes de contaminación. Por eso se obliga a usar gorro. Cada cabello puede tener de miles a millones de microorganismos. Los microbios del cabello representan un grupo particular: unos viven en el folículo y otros en el pelo propiamente. Dependiendo del largo y de la higiene personal, el cabello puede tener más o menos microorganismos. Si hay piojos el número de microorganismos es más elevado.

– Soy obsesiva con el lavado de manos, cuando no tengo cerca agua y jabón paso untándome gel de alcohol, ¿eso genera algún problema? ¿Veo microbios en todo lado?

Para ver microbios por todos lados se necesita una visión microscópica: sin embargo, ellos están por todos lados. Lo que es normal y beneficioso.

Lavarse las manos antes de comer, para cocinar o después de manipular ciertos objetos, es un buen hábito. Sin embargo, hacerlo en exceso y usar frecuentemente alcoholes no es conveniente, pues quita las grasas naturales que protegen la piel de las manos y las reseca. Además, se elimina la microbiota normal que protege. Eso las hace más susceptibles para que ciertos microorganismos, como hongos oportunistas, se instalen y causen enfermedad.

¿Cuántos microbios contienen las carnes y cuántos contienen las frutas y verduras?

El músculo vivo (llamado carne) está libre de gérmenes. Cuando se expone, empieza a contaminarse por la manipulación y por el aire. Un bistec sin refrigeración en un día puede albergar 100.000.000.000 de microorganismos por centímetro cubico. Lo suficiente para dar mal olor, causado en su mayoría por las bacterias. Respecto a las frutas y verduras, varía. Las cáscaras de muchas frutas tienen sustancias “antibióticas”, que impiden el crecimiento de microorganismos, lo que evita que penetren y que proliferen, aunque estén presentes. Los tubérculos tienen cáscaras duras que los protegen, sin embargo sus superficie tiene cientos de millones de microorganismos por centímetro cuadrado, lo mismo que una lechuga sin lavar.

Acerca del científico: ¿quién es Edgardo Moreno?

Es especialista en Inmunología, Microbiología Celular y Enfermedades infecciosas. Su área de investigación se enfoca en la comprensión de la inmunología y de la patobiología de la brucelosis, una enfermedad infecciosa que afecta al ganado y que podría transmitirse al ser humano si entra en contacto con un animal o consume sus derivados.

El mal se caracteriza por fiebres altas, fatiga, dolor de cabeza, escalofríos, dolor abdominal, sudoración, ganglios inflamados, entre oros.

¿Suicidio pepero?

https://www.elespanol.com/blog_del_suscriptor/opinion/20180720/suicidio-pepero/324037598_7.html

Pablo Casado en su cierre de campaña.

Parece ser que Alejandro Lerroux se licenció en derecho en la Universidad de La Laguna en 1923, en un sólo día y con nueve matrículas de honor, convirtiéndose en abogado a los 58 años.

Obviamente, la España del siglo XXI tiene poco que ver con la de hace 100 años, y Pablo Casado no pudo repetir la proeza de Lerroux, pero estuvo muy cerca: se sacó 12 de las 25 asignaturas de su licenciatura (de derecho, curiosamente) en menos de un año, según él mismo ha reconocido públicamente.

El año pasado, Emmanuel Macron ganó las presidenciales en Francia, haciendo gala de un gran don del oportunismo. Macron se presentó prácticamente como independiente (bajo el paraguas de un movimiento que para no dejar atisbo de dudas bautizó, cual Jesús Gil, con sus propias iniciales), aprovechando el desgaste del gobierno del PS del que había sido un popular ministro, y sitúandose estratégicamente a su derecha, prácticamente quitándole al desgastado Hollande las pocas posibilidades de ser reelegido que le quedaban, hasta el punto que éste prefirió tirar la toalla. Cuando las bases de la coalición de las derechas no frentistas eligieron a un candidato (Fillon) que había contratado durante años a su mujer e hijos como “asesores” parlamentarios -y ésta información se filtró solamente después de las primarias de la derecha- Macron vio el cielo abierto. Ciertos paralelismos existen también entre las primarias del PP y las de la derecha francesa: Fillon ganó de forma bastante inesperada y como opción de consenso después de que los dos grandes favoritos (Juppé y Sarkozy) se dedicaran a despellejarse mutuamente.

Los compromisarios del PP parece que se disponen a investir a Pablo Casado como líder del partido. Imagino que los de Rivera están ahora mismo frotándose las manos ante el “premio” que les puede caer encima: en cierto modo, es como si los peperos fueran a elegir a Fillon, pero en este caso a sabiendas de que su mujer e hijos habían sido sus asesores parlamentarios. Cuando la prensa aireó el asunto, por otra parte, Fillon hizo de tripas corazón,  insistió en que no había hecho nada ilegal (era cierto), siguió adelante y consiguió más de 7 millones de votos y casi un 20% de apoyos. Puedo imaginar algo parecido en el caso que nos ocupa. Cabe sin embargo recordar que con apenas algo más de un millón de votos más que Fillon, Macron es hoy el Presidente de la República y Fillon solo es un diputado raso.

Por cierto, me gustaría añadir que quien esto escribe no cree que sea necesario tener una licenciatura para ejercer la política. Idealmente, los políticos habrían de atesorar méritos, y entre los méritos que considero loables daría ejemplos como fundar una gran empresa, organizar una ONG, ganar una medalla olímpica, viajar al espacio o crear una obra científica o artística destacable, pero nunca “tener una licenciatura”, ni tampoco siquiera “haberse sacado una oposición” (otro clásico en estas tierras).

Pablo Casado pudo bien aprobar, por cierto, media carrera de derecho en unos meses, no resulta completamente imposible pese a que hubiera tardado unos siete años en sacarse la otra media. Pero si yo fuera compromisario del PP (ni lo soy, ni ganas), me daría bastante que pensar el asunto. Llámenme paranoico: si algún periodista tuviera por casualidad alguna explosiva grabación que en el que algún profesor confesara que Casado aprobó gracias a cierto padrinazgo, ¿qué tendría más interés periodístico? ¿Publicar esas cintas ahora, o hacerlo con Pablo Casado como candidato a Presidente del Gobierno?

Y aunque esas cintas no existieran en absoluto, le quedará aún a Pablo Casado la espada de Damocles del máster en Derecho Autonómico y Local regalado por catedrático Enrique Álvarez Conde en la URJC. El mismo máster que, como a Cristina Cifuentes, e irónicamente, no le hacía ninguna falta.

El estado de mi cabeza

 

 

That’s the state of my, state of my, state of my head
That’s the state of my, state of my, state of my head

It’s been a long bumpy ride sittin’ back in the saddle
It’s time to get down, dirty up our knees in the battle
Come on, round up the boys, gonna make the walls rattle

Oh, our flag is tattered
And our bones are shattered
But it doesn’t matter
‘Cause we’re movin’ forward

Round ‘em up, round ‘em up, let’s go
Round ‘em up, let’s go

Oh, my eyes are seein’ red
Double vision from the blood we’ve shed
The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head

They don’t know, where we’ve been
We got that concrete street skin
Only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head

That’s the state of my, state of my, state of my head

We’ve been shot up, beat up by the fallin’ of the arrows (arrows, arrows, arrows)
Yeah, I’m full of deep cuts right down to the marrow
But there’s no doubt we’ll get out from the bottom of the barrel

Oh, our flag is tattered
And my bones are shattered
But it doesn’t matter
‘Cause we’re movin’ forward

Round ‘em up, round ‘em up, let’s go
Round ‘em up, let’s go

Oh, my eyes are seein’ red
Double vision from the blood we’ve shed
The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head

They don’t know, where we’ve been
We got that concrete street skin
The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head

That’s the state of my, state of my, state of my head
That’s the state of my, state of my, state of my head

Can you hear me now, can you hear me now
I’m comin’ back for more
Do you feel me now, do you feel me now
I’m breakin’ down your door

I’m not speakin’ under my breath
‘Cause the harder you push, the rougher I get
‘Cause I’m not shakin’, when the earth starts quakin’
Got my own foundation with no hesitation and the

Oh, my eyes are seein’ red
Double vision from the blood we’ve shed
The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head

They don’t know, where we’ve been
We got that concrete street skin
The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head

The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head
The only way I’m leavin’ is dead
That’s the state of my, state of my, state of my head