En España cada día desaparecen tres personas que nunca son encontradas

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El caso del niño Gabriel, desaparecido en Níjar (Almería) tras seis días de búsqueda frenética, no es una excepción.. La cifra oficial de desaparecidos que manejan desde el Ministerio del Interior recogen que al año la policía busca a 4164 personas, 214 de alto riesgo. Estos son los datos del año pasado porque el próximo miércoles el Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido presentará lo nuevos datos en la inauguración del Centro Nacional de Desparecidos. En cualquier caso no están todos los que no están. Según SOS desaparecidos “si al año se hacen más de veintiún mil denuncias y quedan sin resolver entre un ocho y un seis por ciento, en los tres últimos años no puede haber sólo cuatro mil personas desaparecidas”, según Joaquín Amills, la cifra es mucho mayor.

¿POR QUÉ UNOS CASOS TRASCIENDEN Y OTROS NO? 

Cuando los medios de comunicación se vuelcan con una desaparición suele haber connotaciones en torno a la historia. Los menores, las jóvenes que han desparecido con algún episodio de violencia detrás, suelen encontrar su hueco en los informativos porque la historia tiene un fondo. Pero si algo mueve la foto de un desaparecido, es la solidaridad de los ciudadanos. “La foto del niño Gabriel desaparecido en Nijar, la han compartido cuatro millones de personas en tan solo 72 horas, es algo histórico nunca había pasado”, explica el Coordinador nacional de SOS DESAPARECIDOS. España se vuelca más con este tipo de alertas de desaparecidos porque actualmente existe una coordinación constante. “En 2010 tuvimos un millón de difusiones de fotos de desaparecidos con la información correspondiente, y en 2016 llegamos a los 80 millones de alcance de difusión”, explican. Algo que realmente se ha logrado a base de mucho trabajo sin presupuesto y con un equipo de unos treinta voluntarios.

Las Fuerzas de Seguridad ponen en marcha la maquinaria de la búsqueda rápidamente si se trata de un menor a través de lo que se conoce como Alerta-Menor Desaparecido, según el protocolo del Ministerio de Interior:

– Que el desaparecido sea menor de 18 años

– Que la desaparición haya sido ratificada como de alto riesgo

– Que existan indicios razonables de que la desaparición ha sido de carácter forzoso

– Que la Policía presuma que el desaparecido está en una situación de inminente peligro de muerte o riesgo para su integridad física y que la emisión de dicha alerta no presuponga un perjuicio añadido al desaparecido

– Que existan datos suficientes para describir al desaparecido y que la petición de colaboración pueda dar resultados positivos

– Que exista consentimiento para la emisión de la alerta por quien ostente la patria potestad.

Las alertas de los desparecidos se ponen en marcha cuando la familia se pone en contacto con SOS DESPARECIDOS, una organización sin ánimo de lucro, que después de comprobar que existe una denuncia previa se pone en marcha para publicar la foto y los datos. Otras veces es la propia policía la que facilita esta información. A las familias se les ofrece ayuda psicológica, jurídica y todo lo que puedan necesitar.

La búsqueda se mantiene mientras que la denuncia esté vigente. La policía de manera anual debe ponerse en contacto con la familia para recabar nuevos datos, para ver si se ha contactado con él o incluso si se ha retirado la denuncia. No hay que esperar 48 horas para interponer la denuncia de desaparición si hay un alto riesgo cuanto antes se interponga antes se pondrá en marcha la búsqueda.

Elizabeth Magie, la mujer que inventó el Monopoly para denunciar el capitalismo

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Elizabeth Magie, la poco conocida inventora del juego de mesa Monopoly, se habría encerrado a sí misma en la cárcel si hubiera vivido para ver la gran influencia que ha alcanzado la actual versión tergiversada de su juego. 

Monopoly

“Compren terreno, ya no lo fabrican”, bromeó Mark Twain. Es una máxima que, sin duda, te resultaría útil en un juego como el Monopoly, el juego de mesa más vendido que ha enseñado a generaciones de niños a comprar propiedades, llenarlas de hoteles y cobrar a los otros jugadores y compañeros alquileres por las nubes por tener el privilegio de aterrizar accidentalmente en esas propiedades.

La poco conocida inventora del juego, Elizabeth Magie, se habría encerrado a sí misma en la cárcel si hubiera vivido para ver la gran influencia que ha alcanzado la actual versión tergiversada de su juego. ¿Por qué? Porque anima a los jugadores a celebrar unos valores opuestos a aquellos que ella pretendía defender.

Magie, nacida en 1866, fue una rebelde declarada contra las reglas y las políticas de su época. Con 40 años no se había casado, era independiente y estaba orgullosa de serlo y expresó su punto de vista mediante un anuncio publicitario. Compró un espacio publicitario en un periódico y se ofreció como “esclava joven y americana” en venta al mejor postor. Su objetivo, según dijo a los sorprendidos lectores, era poner de relieve la posición subordinada de las mujeres en la sociedad. “No somos máquinas —dijo—. Las chicas tenemos cerebro, deseos, esperanzas y ambiciones”.

Además de enfrentarse a las políticas de género, Magie decidió hacer frente al sistema capitalista de la propiedad, pero esta vez lo hizo con un juego de mesa, en vez de a través de un truco publicitario. Su inspiración vino de un libro que su padre, el político antimonopolista James Magie, le había dado. En las páginas del clásico de Henry George Progress and Poverty (Progreso y pobreza), de 1879, encontró la convicción de que “el derecho igualitario de todos los hombres a usar la tierra es tan obvio como el derecho igualitario a respirar el aire; es un derecho proclamado por el hecho de existir”.

Durante sus viajes por Estados Unidos en los años setenta del siglo XIX, George fue testigo de la miseria persistente que existía en medio de la riqueza creciente, y creyó que era, en gran medida, la inequidad de la propiedad de la tierra la que unía esas dos fuerzas (la pobreza y el progreso).

Así que, en lugar de seguir a Twain y animar a los ciudadanos a comprar tierra, apeló al Estado para que la gravara. ¿En qué se basaba? En que gran parte del valor de la tierra no viene de lo que se construye sobre el terreno, sino de que la naturaleza la haya provisto de agua o minerales bajo su superficie o del valor creado colectivamente en su entorno: carreteras y vías férreas cercanas, una economía próspera, un vecindario seguro, buenas escuelas y hospitales. Y argumentó que los impuestos deberían invertirse en nombre de todos.

Determinada a probar el mérito de la propuesta de George, Magie inventó y patentó en 1904 lo que denominó El juego de los propietarios. El tablero estaba dispuesto formando un circuito (lo que en aquella época era una novedad) y estaba poblado de calles y otros puntos de referencia en venta. La innovación clave del juego, sin embargo, reside en los dos conjuntos de reglas que escribió para jugar.

Bajo el conjunto de reglas llamado “Prosperidad”, cada jugador ganaba cada vez que alguien adquiría una propiedad nueva (reglas diseñadas para reflejar la idea de George de gravar el valor de la tierra), y el juego terminaba (¡todos ganaban!) cuando el jugador que había comenzado con la menor cantidad de dinero conseguía doblarla. Bajo el conjunto de reglas llamado “Monopolista”, en cambio, los jugadores avanzaban adquiriendo propiedades y cobrando alquiler a todos aquellos que tenían la mala suerte de caer en sus casillas, y quienquiera que consiguiera que el resto quebrara, se convertía en el único ganador (¿te resulta conocido?).

El propósito de los dos conjuntos de normas, según dijo Magie, era que los jugadores experimentaran “una demostración práctica del sistema actual de acaparamiento de tierras, con sus resultados y consecuencias habituales” y, por tanto, entender cómo los diferentes enfoques ante la propiedad pueden conducir a resultados sociales enormemente diferentes. “Se podría haber llamado El juego de la vida —comentó Magie—, ya que contiene todos los elementos para el éxito y el fracaso del mundo real, y el propósito es el mismo que parece que tiene, en general, la raza humana, es decir, la acumulación de riqueza”.

El juego pronto se convirtió en un éxito entre los intelectuales de izquierdas, en los campus universitarios, incluidos Wharton School, Harvard y Columbia, y también entre las comunidades de cuáqueros, algunas de las cuales modificaron las reglas y rediseñaron el tablero con los nombres de las calles de Atlantic City. Entre los jugadores de este adaptación cuáquera estaba un hombre desempleado llamado Charles Darrow, que tiempo después vendió aquella versión modificada a la empresa de juegos Parker Brothers como propia.

Cuando los verdaderos orígenes del juego salieron a la luz, Parker Brothers compró la patente de Magie, pero después relanzaron el juego de mesa simplemente como Monopoly y proporcionaron al público ansioso un solo conjunto de reglas: aquellas que celebraban el triunfo de un solo jugador sobre los demás.

Peor aún, la promocionaron asegurando que el inventor del juego era Darrow, y dijeron que se lo había inventado en los años 30, lo había vendido a Parker Brothers y se había hecho millonario. Era una mentira del paso de la pobreza a la riqueza que, irónicamente, ilustraba los valores implícitos en el Monopoly: tienes que perseguir la riqueza y aplastar a tus oponentes si quieres llegar a la cima.

Así que, la próxima vez que alguien te invite a jugar al Monopoly, considera lo siguiente. Cuando pongas los montones de las tarjetas de “Suerte” y de “Caja de comunidad”, pon un tercer montón para un “Impuesto sobre el valor de la tierra” con el que todos los propietarios tienen que contribuir cada vez que cobren alquiler a otro jugador. ¿Cuánto debería ser ese impuesto? ¿Cómo deberían distribuirse los impuestos recibidos? Esas cuestiones, sin duda, provocarán un debate intenso ante el tablero del Monopoly, pero eso es exactamente lo que Magie hubiera querido.

El mito de que no se te dan bien las matemáticas: la neurociencia lucha por acabar con una de las ideas más extendidas del mundo

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El mito de que no se te dan bien las matemáticas: la neurociencia lucha por acabar con una de las ideas más extendidas del mundo

“La idea de que a algunos se nos dan bien las matemáticas y a otros no es un mito que impregna la sociedad occidental”. Así, sin medias tintas lo explica Jo Boaler, especialista en educación matemática de la Universidad de Stanford. Ella y su equipo de investigación llevan años sorprendido sobre cómo es posible que la idea de que hay “gente de ciencias” y “gente de letras” está tan extendida. Sobre todo, porque no es verdad.

La realidad, nos dice Boaler, es que “la neurociencia […] muestra que las matemáticas son un tema como todos los demás: se aprende con trabajo duro y práctica”. No se trata de negar las diferencias individuales, sencillamente se trata de darnos cuenta de que las principales barreras que nos separan de las matemáticas (o del pensamiento abstracto en general) nos las ponemos nosotros mismos.

Odiar las matemáticas sobre todas las cosas

La idea central de Boaler tampoco no es nueva. En su famosa charla TEDya defendía que “lo que creemos sobre nosotros mismos tiene un gran impacto sobre lo que aprendemos y sobre cómo lo aprendemos”. Más allá de las polémicas de los últimos años, esto es algo que sobre lo que hay bastante consenso entre psicólogos y educadores. La cuestión ahora era saber qué definía las creencias sobre nosotros mismos.

En general, los seres humanos somos bastante buenos estimando cosas. Por ejemplo, el peso percibido de las personas se corresponde con sorprendente precisión con el peso real de las personas (y eso que podría haber tendencias al autoengaño). También somos buenos estimando el consumo de sal incluso cuando no tenemos información directa sobre la cantidad de sal que tienen los productos que consumimos según una investigación en la que yo mismo estoy colaborando. Visto esto, lo lógico sería pensar que la gente que piensa que “lo suyo no son las matemáticas” tienen buenas razones para pensarlo.

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Así es, de hecho. La mayor parte de personas que piensan que son malos en matemáticas, son malos en matemáticas. Sin embargo, Boaler sostiene que eso es producto de una profecía autocumplida. No es que haya muchos adultos que odien las matemáticas porque se les dan mal, es que se les dan mal porque las odian.

Va más allá. Según su teoría, son los padres y los maestros con “ansiedad matemática” los que acaban transmitiendo esos sentimientos a sus hijos y estudiantes. Luego, esa ansiedad y ese mal rollo se encargan del resto. hay investigaciones que analizan el papel de los padres en esto (y descartan el origen genético).

Por decirlo de otra manera, Boaler piensa que las personas acaban convenciéndose de que no pueden con ello, de que las matemáticas son superiores a sus fuerzas y eso las saca del juego. Por eso, en su último estudio, Boaler analiza qué pasa cuando los maestros se enfrentan finalmente a los miedos de los alumnos.

Contra los prejuicios e ideas preconcebidas

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El equipo de Boaler diseñó una intervención educativa que no solo desmontaba la idea de que existen “persona de ciencias” de forma innata, sino que daba instrumentos efectivos a los profesores para enseñar matemáticas y reducir la ansiedad de sus alumnos ante ellas.

Consiguieron que unos cuarenta profesores aplicaran esta metodología en clase y, posteriormente, entrevistaron tanto a maestros como a alumnos y compararon los resultados de los exámenes oficiales. Estos mismos resultados mostraban que el método parecía efectivo.

Según las estimaciones del equipo, los estudiantes que aprendían sin ideas preconcebidas sobre su capacidad adelantaban al resto de estudiantes. Los resultados muestran un adelanto de tres meses y medio con respecto a la media. Y, en el caso de los estudiantes más retrasados y clases de refuerzo, ese adelanto podía llegar a cinco meses.

No hay duda de que el estudio es pequeño y que esta lógica, llevada al extremo, puede acabar generando más problemas de los que soluciona. Pero esto ocurre, normalmente, porque no nos tomamos en serio la educación. Nos parecería una barbaridad que los médicos usaran métodos no avalados científicamente, pero nos parece normal que lo hagan los profesores. De ahí que estemos casi a oscuras en una de las tareas más importantes de una sociedad, la educación.

No he montado un negocio en mi vida, pero te cobro una pasta por decirte cómo hacerlo tú

 

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En todos los sectores existe el típico aprovechadillo que se pasa la vida de charla en charla, conocidos de sobra por todos, y medianamente inofensivos. Hoy no vamos a hablar de ese tipo de gurú, vamos a hablar de gente que se dedica profesionalmente a sacarle la pasta a incautos sin experiencia dispuestos a escuchar sus enseñanzas. Gente peligrosa.

Últimamente, he descubierto un suburbio del sector tecnológico que vive de generar el éxito en otros. Viven de inspirar de tal manera a sus seguidores que le sacan a sus cursos cifras de seis y siete dígitos. Intrigado, me dispuse a investigar un poco sobre el tema dudando, al principio, de las cifras de sus ventas y muy preocupado, al final, por lo que estaba viendo. Esta gente está facturando millones a base de vender conocimientos que nunca han aplicado.

Su target son personas, por lo general desesperadas, que confían en ellos para que les iluminen en el camino hacia el éxito. Este éxito va a llegar con certeza siempre y cuando sigan sus enseñanzas al pie de la letra. Siempre que abracen las ideas de ese mentor genial que jamás ha vendido nada que no sea su palabrería y sus cursos por miles de euros. Literalmente. He pasado unas horas en el registro mercantil buscando cuentas de cada uno de ellos y las facturaciones de sus empresas son ridículas.

Hay muchísima gente que hace cursos honrados y si eres muy bueno en algo es maravilloso que quieras compartirlo tanto gratis como de pago. El problema es cuando no tienes ni puta idea y te vendes como el mentor que va a llevar (previo pago de unos miles de euros) al éxito a cualquiera. Es mentira que cualquiera pueda montar un negocio, se necesita preparación técnica, mental y económica para ello y la mezcla de lean startup, enseñanzas de Tom Ferriss, técnicas de lavado cerebral y sepa dios qué psicotrópicos que recetan estos gurús no es la solución.

Si necesitas que alguien te eche una mano, para algo puntual, hay muchísima gente dispuesta a hacerlo gratis o cobrando (una cantidad razonable), pero siempre busca a alguien con experiencia en lo que estés haciendo. Si lo que necesitas es que alguien te ayude a pensar, crear, probar y escalar tu negocio, lo más probable es que te estés dirigiendo hacia una hostia de proporciones bíblicas.

Nadie tiene una receta mágica para crear negocios, nadie tiene un roadmapperfecto que sirva para ayudar a otros a crear su negocio. ¿Crees que si alguien lo tuviera iba a estar vendiendo cursos de 2000€? Estaría montando un negocio del copón y forrándose sin necesidad de engañar a ningún incauto.

Además, para mejorar aún más el asunto, si quieres una formación completa no vale con hacer el curso del gurú que te haya tocado. De repente, aparecerá su mentor o el mentor de su mentor y sacará su curso. Será una persona que le ha hecho llegar adonde está y será súper importante en su vida, aunque sea la primera vez que oigas hablar de él. Y te verás comprando otro curso de cientos (o miles) de euros, de los que tu gurú se va a llevar una estupenda comisión (gratis no iba a ser, que aquí nadie se chupa el dedo). Con lo que tenemos a nuestro incauto ante dos posibles escenarios: en el primero, en el que deja de echarle dinero al tema y no compra más cursos, le lleva al fracaso porque no se ha esforzado lo suficiente. En el segundo, en el que probablemente también fracase, además del bajón mental y económico que supone un fracaso, habrá dejado unos cuantos miles más en la saca del gurú. Negocio redondo.

Lo mejor de todo es que los alumnos aventajados del gurú se darán cuenta de que el único negocio que conoce y en el que los puede ayudar, es la creación de otro curso de características similares y seguirán tirándole a la rueda de la afiliación y expoliando a gente que cree que esto les va a llevar al éxito. Es un esquema piramidal con todas las de la ley.

Las personas que compran este tipo de cursos no son tontas, lo que pasa es que están desesperadas. La situación socioeconómica actual es el mejor caldo de cultivo para estas situaciones, hay que recordar que, aunque nuestro sector lo esté petando, hay mucha gente que está muy jodida. En la mayor parte de los casos, los alumnos de estos cursos son parados a los que este tipo de discursos les inculcan que si no tienen un negocio es porque no quieren o porque no se esfuerzan. Y eso es mentira. Para que te vaya bien en esto tienes que tener muchos conocimientos, mucha cabeza, mucha capacidad de adaptación y de sufrimiento y mucha suerte.

Si tienes un negocio y necesitas ayuda, pregunta a gente que tenga negocios parecidos, que esté en tu mismo sector y, sobre todo, que hayan hecho algo real. En la mayoría de los casos la gente te dedicará una hora de su tiempo gratis o te recomendará un profesional de verdad que pueda ayudarte. Como regla, si su única ocupación ha sido y es vender cursos y alimentar a la audiencia que los compra, directamente huye porque vas a perder tu tiempo y tu dinero.

 

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Ignacio Arriaga

Co-fundador de @acumbamail (adquirida por MailUp)

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Muerte de un cómico: el trágico final del hombre que hizo reír a la década de los noventa

https://elpais.com/elpais/2018/07/10/icon/1531240607_595885.html?por=mosaico

Phil Hartman

“Tengo un avión, tengo un barco, tengo una gran casa, tengo una gran familia. De hecho, tengo todo lo que siempre he querido. Y me siento genial”. Phil Hartman le explicaba así al director de la última película que hizo, Joe Dante, cómo era estar en la cima de su vida y de su carrera. No era para menos. Era 1998 y protagonizaba su propia telecomedia, Newsradio, doblaba a varios de los personajes más populares en la serie de moda (Los Simpson) y el cine por fin empezaba a darle papeles secundarios en los que lucir su carismática bajeza moral. Pero tras aquella película (Pequeños guerreros) no habría más: Hartman murió asesinado por su esposa un mes antes de su estreno.

Phil Hartman era conocido por dotar de encanto a los personajes más mezquinos, que en manos de otro actor quizá resultarían solo despreciables

Phil Hartman (Ontario, 1948 – Los Angeles, 1998) era conocido por dotar de encanto a los personajes más mezquinos, que en manos de otro actor quizá resultarían solo despreciables. Sus compañeros en el histórico programa de humor Saturday Night Live lo llamaban “el pegamento” (apodo acuñado por Adam Sandler) por su capacidad de hacer aterrizar cualquier chiste y porque todo aquel que compartiese escena con él parecía más gracioso. Su marca era la comedia de autor, al deconstruir el sueño americano y satirizar su figura más icónica: la del canalla parásito que llega al poder mediante la labia.

Su Ronald Reagan disfrutaba inventándose una guerra con Irán para a continuación reconocer que hacerse fotos con niñas que vendían galletas era lo que más odiaba de su trabajo. Su Frank Sinatra era agresivo, camorrista e irresistible. Su Bill Clinton irrumpía en un McDonald’s después de hacer footingdurante cinco minutos para robarle la comida a los demás y pedir que nadie le contase a Hillary que había recaído en la comida rápida. En Los Simpsoninterpretó a Troy McLure, la estrella de cine venida a menos con cierta afición por los animales acuáticos; a Lionel Hutz, un abogado de centro comercial a quien la paz en el mundo le provoca escalofríos; y a Lyle Lanley, un estafador más americano que la mantequilla de cacahuete que va de pueblo en pueblo construyendo monorraíles con canciones tan pegadizas que nadie se acuerda de ajustar las tuercas de la infraestructura. Tal y como describe Mike Thomas, el autor de la biografía Phil Hartman Remembered, “los personajes de Hartman tenían una característica mezcla de inconsciencia, arrogancia y profunda falta de sinceridad”.

Phil Hartman (última fila a la derecha) con el equipo de 'Saturday Night Live' en la temporada 18 (1992-1993).
Phil Hartman (última fila a la derecha) con el equipo de ‘Saturday Night Live’ en la temporada 18 (1992-1993). CORDON

Un año después de fichar por el programa que le convertiría en una cara familiar para millones de familias americanas y que le daría un Emmy como guionista, Saturday Night Live, Hartman conoció a Brynn Ohmdal, una modelo de bañadores que aspiraba a abrirse camino como actriz. Antes de Brynn, se había hecho llamar Vicky Jo (su nombre real), Vicky o Brindon. Tras quedarse embarazada en la tercera cita, se casó con Phil Hartman en el que fue el tercer matrimonio de él. Ella era “la chica de sus sueños”, según contarían sus amigos tras su muerte, porque Hartman “nunca se había ligado a una tía buena así”.

Brynn llevaba regular vivir a la sombra de su marido. En la cabecera de Saturday Night Live Phil Hartman aparecía sentado en un bar con ella, pero mientras ella trataba de aparecer en el plano “el maldito director” le insistía en que se mantuviera en la zona menos iluminada. Brynn le confesó a su amiga Suzan Stadner que se sintió frustrada durante esa grabación y que le intimidaba compartir su vida con un hombre de éxito como Hartman. “Yo me meto en mi guarida y ella me tira granadas para que salga”, le contó el actor a su abogado y mejor amigo Steven Small.

Hartman trató de impulsar la carrera de su mujer escribiendo una serie para protagonizarla juntos, pero el proyecto fue cancelado por la cadena y el actor consiguió su propia telecomedia: ‘Newsradio’

Cuando la segunda esposa de Hartman, Lisa Strain, le envió una felicitación por el nacimiento de su hijo Sean, Brynn le respondió con una carta de cuatro páginas “llena de la hostilidad más deleznable que podría imaginar” según explicó Strain. “Le pregunté con qué clase de persona se había casado y me respondió: ‘pues deberías ver la carta que quería enviarte originalmente’. [Phil] desaparecía emocionalmente, su cuerpo estaba ahí pero él estaba en su propio mundo. Y esa pasividad te puede volver loca. Cuando yo protestaba, me decía que me estaba interponiendo en su carrera, que él era así y que seguiría siéndolo. Él quería que su matrimonio [con Brynn] funcionase, pero a la vez no sabía renunciar a su hábito de distanciarse de la mujer que más le necesitaba. Era un placer verle interactuar con la gente y aun sí tengo la impresión de que Brynn no recibió nada de esa atención”, concluye la exmujer de Phil Hartman.

Hartman, sin embargo, trató de impulsar la carrera de su mujer escribiendo y produciendo una serie para protagonizarla juntos, pero el proyecto fue cancelado por la cadena antes de grabarse y el actor consiguió su propia telecomedia, Newsradio. Brynn empezó a someterse a operaciones quirúrgicas, según asegurarían sus allegados porque su marido le insistía en que su cara era demasiado redonda, y acompañó sus horas como ama de casa con el alcohol: su marido utilizaba su avión para huir de su familia y, cuando estaba en casa, se refugiaba en la marihuana. A principios de 1998, Brynn Hartman ingresó en un centro de rehabilitación por sus adicciones al alcohol y la cocaína, pero lo abandonó a los cuatro días. En mayo, la asistenta abandonó su puesto de trabajo en medio del fuego cruzado de las tensiones domésticas de los Hartman. Algunas fuentes contarían que Brynn llevaba dos años suplicándole el divorcio a su marido, pero lo cierto es que durante los meses previos al asesinato la pareja había recurrido al senderismo y a los tratamientos de spa para reavivar la llama de su matrimonio: el 25 de mayo Brynn reservó el tratamiento Endless Courtship (“cortejo sin fin”) en el Skin Spa de Encino Avenue. El 28 de mayo le asesinó.

De izquierda a derecha, Tom Hanks, Phil Hartman y Tim Meadows en la temporada de 17 de 'Saturaday Night Live'.
De izquierda a derecha, Tom Hanks, Phil Hartman y Tim Meadows en la temporada de 17 de ‘Saturaday Night Live’. CORDON

Aquella noche, Brynn salió a cenar con una amiga y, al regresar a casa, discutió con su marido. Los vecinos contarían que él gritó la palabra “divorcio” en varias ocasiones. “Tenían un patrón: discutían por la noche, luego él se iba a dormir y al día siguiente todo volvía a estar bien”, explicó Steven Small. A veces incluso él se hacía el dormido para que ella le dejase en paz. Pero aquella noche, pasadas las dos de la madrugada, Brynn cogió un revólver del calibre 38 y le pegó tres tiros mientras dormía: uno en el brazo, otro en el cuello y el último en la cabeza. A continuación, condujo hasta la casa de un amigo de la pareja (Ron Douglas) y le contó lo que acababa de hacer. Douglas no le dio importancia, dado el estado de embriaguez de Brynn, y le sugirió que se acostara. Pero tras registrar su bolso y encontrar la pistola, la despertó y juntos regresaron a la mansión de los Hartman.

Phil Hartman utilizaba su avión para huir de su familia y, cuando estaba en casa, se refugiaba en la marihuana

Para cuando Douglas encontró el cuerpo de Phil Hartman y llamó a la policía, ya eran las 6:20 de la mañana. Al llegar, los agentes se encontraron a Ron sacando al hijo de la pareja Sean (de 9 años) por la puerta y los policías hicieron lo mismo con su hermana Birgen (de 6). Aprovechando esta confusión, Brynn cogió un segundo revólver, se encerró en su dormitorio, se tumbó junto al cadáver de su marido y se pegó un tiro en la sien. La autopsia encontró restos de alcohol (su amiga Christine Zander, productora de Cosas de marcianos, confirmó que se habían tomado un par de cosmopolitans aquella noche), cocaína y el antidepresivo Zoloft, que según su prospecto mezclado con esas otras dos sustancias puede provocar brotes psicóticos e impulsos violentos.

Las reacciones oscilaron entre la tristeza (“Esto es una tragedia indescriptible” dijo Rita Wilson, mujer de Tom Hanks y compañera de Hartman en Un papá en apuros, “ahora dos niños se han quedado sin las dos personas más importantes para ellos y con una vida llena de confusión por delante”) y el clásico testigo de “siempre saludaba”: el camarero de Buca di Beppo, el bistró donde Brynn Hartman cenó por última vez y donde el matrimonio había celebrado su 40 cumpleaños días antes, explicó que “siempre parecían felices, se agarraban las manos, se reían y parecían estar pasándoselo bien”.

Brynn cogió un revólver y le pegó tres tiros mientras dormía: uno en el brazo, otro en el cuello y el último en la cabeza. A continuación, condujo hasta la casa de un amigo y le contó lo que acababa de hacer

Christine Zander aclaró que Brynn estaba de buen humor aquella noche, que no le contó ninguna preocupación y que habían hecho planes para el fin de semana siguiente. Su amiga Andrea Diamond la definió como una buena madre que acompañaba a sus hijos a todas partes y que jamás se sintió atrapada en su condición de ama de casa. Los familiares denunciaron a la empresa farmacéutica Pfizer y al psicólogo infantil que le recetó Zoloft a Brynn Hartman, tras lo cual ambas partes llegaron a un acuerdo económico para evitar ir a juicio.

Troy McLure y Lionel Lutz jamás volvieron a aparecer en Los Simpson. El personaje de Hartman en Newsradio murió de un ataque al corazón fuera de cámara en un episodio en el que los personajes de la telecomedia recordaban sus anécdotas con él sin poder contener las lágrimas. Phil Hartman había sido víctima de ese mismo sueño americano que él satirizaba, ese que con tanta facilidad se vuelve una pesadilla y consume la paciencia, la autoestima y la salud mental de sus participantes. Ese triunfo que acerca al artista al público pero le aleja de todo lo demás. Si Troy McLure abría todas sus intervenciones con “Hola, soy Troy McLure, es posible que me recuerden de otras películas como…”, el legado de su doblador lleva 20 años luchando porque su muerte no sea más recordada que su vida.