La disparatada (y exitosa) idea de bombardear las playas con balones de Nivea

http://blogs.publico.es/strambotic/2018/07/balones-de-nivea/

Brainstorming en el cuartel general de Nivea Beiersdorf, Hamburgo, interior día: “Este es el plan: enviaremos una escuadra de avionetas que recorra las playas de España lanzando unos balones hinchables gigantescos con la palabra NIVEA. No los lanzaremos junto a la arena sino en lo profundo, para que sólo los más valientes y temerarios se atrevan a llegar. Toneladas de plástico a la deriva en los mares y balones arrastrados por las olas a kilómetros de la orilla. ¿Qué puede salir mal?”

Sí, en su momento parecía una buena idea, y seguramente lo fue: la campaña de balones Nivea lanzados desde el cielo supuso un antes y un después en la mercadotecnia presencial, como se decía entonces, o publicidad ‘bellow the line‘, como se llamó muchos años más tarde. Si veraneaste en la playa en los 70 y en los 80 y sobreviviste para contarlo, seguramente rescataste alguno de aquellos pelotos enormes (demasiado grandes para servir de pelota de playa) que soltaban las avionetas (más tarde helicópteros) de Nivea.

Como tantas otras cosas que creíamos genuinamente españolas en nuestro ingenuo chovinismo pre-internet, la campaña de Nivea era en realidad tan internacional como la propia marca. Los balones hinchables de Nivea empiezan a aparecer en las playas alemanas en los años 30 del siglo pasado, coincidiendo con el auge del nazismo y los camisas pardas, sin que en principio exista una relación casual entre lo uno y lo otro. No sería hasta los años 50 cuando Beiersdorf pone en marcha la descabellada idea de anegar las playas con balones hinchables lanzados desde el aire, una idea cuando menos audaz teniendo en cuenta que estuvieron lloviendo trolebuses sobre Alemania apenas unos años atrás.

El éxito de la pelota de Nivea en Alemania hizo que la multinacional se animara a exportar la campaña a otras latitudes, a medida que la costumbre de acudir a la playa fue extendiéndose por Europa en los años 60 y 70, coincidiendo con la explosión de la clase media, el turismo de masas y la inefable sociedad de consumo.

“Había un plan para visitar las playas más importantes de España durante los meses de julio y agosto”, explica una veterana trabajadora de Nivea en una entrevista con El Confidencial: “Los ansiados balones solo aterrizaban en cada playa una vez por temporada, alimentando así la leyenda de la misteriosa avioneta que solo se dejaba ver en contadas ocasiones. Así alcanzábamos el máximo posible de bañistas y dábamos la oportunidad a más gente”.

El eco del motor de la avioneta acercándose a la playa de turno era recibida con expectación, primero, y algarabía después, por los bañistas, que se lanzaban mar adentro a por su pelota de Nivea como si le fuera la vida en ello. Minutos después, cientos de familias jugaban en la playa con idénticos balones plásticos de unos 60 cm de diámetro. La idea era tan redonda como el propio objeto de deseo: los bañistas no sólo habían participado en un multitudinario happening -una experiencia catártica colectiva que entronca con los “culto cargo”- sino que se convertían en anuncios andantes de la crema solar.

Con estos mimbres no es de extrañar que algunos nostálgicos pidan enChange.org que Nivea vuelva a lanzar balones desde el aire, en un vano intento por resucitar aquellos eternos veranos de nuestra infancia. Pues va a ser que no. Según concluye lacónico el propio artículo de Paula Cantó en El Confidencial:

“Este tipo de publicidad en dominio público marítimo-terrestre quedó expresamente prohibida en 1988 al aprobarse la Ley de Costas“. En su artículo 38, la ley prohíbe “la publicidad permanente a través de carteles o vallas o por medios acústicos o audiovisuales.” Además, en su artículo 56 se prohíbe el vertido de material plástico y residuos al mar y su ribera. “Lógicamente, el lanzamiento desde el aire de balones de plástico podía hacer que éstos acabasen fuera de control en el agua”.

Con información y fotos de Beiersdorf, El Confidencial y Muy buena idea.

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La ambigua historia de Locomía: “Nos prohibieron ser gais”

https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-07-22/locomia-ibiza-asesinato-xavier-font-disco_1595783/

Foto: Xavier Font, Luis Font, Manolo Arjona y Carlos Armas: Locomía en su formación original.

El 5 de septiembre de 1987 tuvo lugar la madre de todas las fiestas en Ibiza. Acudieron más de 500 invitados, aterrizados de todas las partes del mundo en chárteres, para unos festejos que acabaron con el suministro de champán y cocaína de la isla.

El organizador era Freddie Mercury. Sus fiestas se habían convertido en un género para los tabloides británicos, siempre ávidos por una imagen con drogas, sexo o travestis a la que enganchar unas líneas insidiosas, y Mercuryles daba los tres elementos casi todos los meses. Sin embargo, esta era distinta, maximizada: Mercury decidió tirar la casa por la ventana —pagó 20 millones de pesetas de la época— no solo porque celebraba su 41 cumpleaños, sino porque unos días antes se confirmó el peor de sus presagios: el VIH estaba avanzando y su final era solo cuestión de tiempo.

La mayoría de los eventos tuvieron lugar en el hotel Pike’s, que todavía celebra cada 5 de septiembre el cumpleaños de Mercury, pero por la noche, después de liquidar 350 botellas de Moët Chandon y reventar 200 vasos contra las paredes del hotel, la fiesta se trasladó a la discoteca Ku, hoy Privilege, que por entonces presumía de ser la discoteca al aire libre más grande del mundo.

Freddie Mercury compró dos chaquetas de Locomía en Ibiza

En una de las barras de Ku bailaban Xavier Font (Sant Boi de Llobregat, 1963) y quince de sus amigos. A Xavier, líder del grupo de gogós, le habían advertido que aquella noche iban Freddie Mercury y su troupe a celebrar un cumpleaños, pero la noticia le dejó frío: “Yo tenía 24 años y tampoco sabía muy bien quién era Freddie Mercury… esta es la primera vez en mi vida en la que lo admito”, confiesa Font a este periódico desde La Habana, “así que nos limitamos a hacer un par de bailes a su lado, para las fotos, y, como no sabía qué regalarle,le di un par de zapatos de punta, de los que diseñaba yo”. Font, apasionado de la moda desde niño, había montado una pequeña tienda en la isla y una peluquería con las que complementaba las noches del Ku.

“Al día siguiente, con toda la resaca, se presentó Freddie Mercury en la tienda”, afirma el catalán, “y se llevó dos chaquetitas por valor de 2.200 dólares. Además, me dijo que le habían gustado mucho mis zapatos, que los iba a usar”. Era verdad. Mercury lució los zapatos con punta en varias escenas de su vídeo ‘I’m going slightly mad’, aunque Font se enteró hace poco: “Lo vi por casualidad en YouTube hace poco. Si lo piensas, es increíble que un monstruo como Freddie Mercury llevase en su último videoclip un pedazo de Locomía, todo un honor”.

Font había llegado a Ibiza cuatro años antes, huyendo de una Barcelona que no terminaba de entender esos diseños, barrocos y provocadores, de los que él era el singular modelo. En la isla, epicentro de la modernidad occidental a comienzos de los 80, aquellas hombreras, abanicos y zapatos de pico que paseaba por San Antonio a plena luz del día crearon sensación. Ku le echó rápido el lazo y Font fue colocando a sus amigos en la cuadrilla a medida que ganaba poder: “Vivíamos los dieciséis, todos juntos, en una masía en el campo.Éramos como una comuna ‘hippie’ pero sin ser ‘hippies'”, dice Font cómplice.

Los de la comuna se hacían llamar Locomía. Uno de ellos, el holandés Gard Passchier, fue el creador de una etiqueta que ha sobrevivido en el imaginario de los españoles tres décadas: “A Gard le preguntaron por qué llevábamos esos abanicos tan grandes y él quiso responder que era ‘una locura mía’, pero como no dominaba la gramática española, dijo que era una ‘locomía’. A todos nos encantó el nombre”, dice Font.

Locomía en la discoteca Ku de Ibiza.
Locomía en la discoteca Ku de Ibiza.

En 1987 Locomía se había convertido en la mayor atracción de la noche ibicenca. Su barra era la más animada, a la que más famosos iban, y sus apariciones por el paseo marítimo eran ya un clásico que vendía entradas de la discoteca como churros. Por supuesto, despertaron envidias profundas: “Una noche llegábamos todos de la discoteca y nos habían quemado la casa. Dentro teníamos el trabajo de cuatro años, los trajes con los que actuábamos, los que vendíamos… todo”, explica Font. “Nunca supimos quién había sido, aunque todos sospecharemos siempre de los otros grupos que bailaban en Ku y a los que habíamos robado la atención de la gente”.

Esa noche, mientras lamentaban las pérdidas, Font se subió sobre las cenizas de la casa y advirtió, a gritos, que para acabar con Locomía no era suficiente con quemar su casa; había que quemarle a él.

Locomía, el producto musical

El episodio sirvió para alimentar aún más su fama, que comenzaba a desbordar la isla: ese mismo año, un empresario japonés le ofreció al grupo 100.000 dólares por inaugurar una galería comercial. Locomía encajaba perfectamente en lo que se esperaba del ‘New Spain’, un concepto de desinhibición y glamour creado en torno a Almodóvar que estaba arrasando en Japón.

Una noche de ese verano, casi por casualidad, el productor musical José Luis Gil (Madrid, 1950), conocido por llevar a Raffaella Carrá, a Perales o a Miguel Bosé, estaba tomando una copa en Ku y tuvo una aparición mariana. Así lo recuerda en sus memorias: “De repente comenzaron a aparecer de las sombras unos personajes ataviados con ropajes sorprendentes y zapatos de estilo renacentista, de manera cadenciosa y sugerente, como si se tratase de los celebrantes de una danza sufí, que me hipnotizó a mí y a los que me rodeaban. Según se sabían admirados, la aceleración rítmica de los movimientos y los requiebros fue en aumento. Poco a poco, todo el mundo que estaba bailando se paró y empezó a arremolinarse en un enorme corro para admirar a esos jóvenes juglares que con profusión de brocados, terciopelos y grandes hombreras, que daban un aspecto cubista a las proporciones de los cuerpos completamente fuera de época y estación, estaban dejando boquiabiertos a los más modernos del mundo”.

Locomía, minutos antes de una actuación en 1989.
Locomía, minutos antes de una actuación en 1989.

Aquella noche Gil durmió poco y, a la mañana siguiente, ya estaba en la peluquería de Locomía lanzándoles propuestas. “Tenéis una imagen muy fuerte y un estilo provocativo. Si supierais cantar, se podría estudiar lanzaros como grupo musical”. Ninguno sabía cantar y el productor no quería a los quince, sino que seleccionó a cuatro, “descartando a los bajitos y a los feos, menos a mí, que soy feo pero creé el grupo”, según Font, para llevárselos a Madrid y grabar un single. Los elegidos fueron Xavier Font, su hermano LuisCarlos Armas y Manolo Arjona, lo que a la postre se recordaría como el Locomía original.

Uno de los diseños de Lurdes y su plasmación en Locomía.
Uno de los diseños de Lurdes y su plasmación en Locomía.

Pocos lo saben, pero en Locomía hubo un quinto elemento, una mujer. Se trata de Lurdes Iríbar, una vasca que tuvo un flechazo artístico con Xavier Font en 1983: “Nos conocimos en una discoteca en Lérida, varios años antes de que se formase Locomía. Íbamos los dos con estilismos casi iguales, incluso con nuestro maletín para cambiarnos, y nos dimos cuenta de que aquello no podía ser normal” explica a este periódico. El estilismo, que después asociaríamos para siempre con Locomía, era una combinación psicodélica del ‘glam’ de Bowie con la moda más en boga de la Florencia del siglo XII. “Yo nunca había coincidido en forma de vestir con nadie, así que nos hicimos amigos”, relata Iríbar.

En la masía de Ibiza, Lurdes hacía de madre del grupo. Además de diseñar y coser el vestuario de Locomía junto a Font, era la que cocinaba y se ocupaba de las tareas del hogar. No obstante, en las fiestas no daba un paso atrás: “¿Que si había droga? Había droga, sexo y todo lo que te puedas imaginar. Piensa que no solo éramos un grupo de gente joven pasando el verano en Ibiza, sino que éramos un grupo de jóvenes que trabajaban en la noche”, afirma Lurdes. “Pero más que un grupo de fiesteros, éramos una familia“, coinciden Font e Iríbar sin escucharse.

Los cinco de Madrid dejaron a los otros once en Ibiza, que tuvieron que regresar a sus localidades de origen. La tienda y la peluquería estaban de capa caída y la relación con Ku terminó de malas maneras. Así que Gil metió a los elegidos en un piso en Majadahonda y los puso a bailar por las noches en Joy Eslava mientras producía su primer tema. Mientras, consiguió colar al grupo como animadores en televisión, concretamente en actuaciones de Pet Shop Boys y Duran Duran, dos de los grupos más famosos del momento, ambos relacionados con la cultura gay.

No parecer gais

Después, a partir de 1988, Gil no volvería a programar actuaciones que relacionasen al grupo con la homosexualidad. “La ambigüedad es comercial; lo definido, sea lo que fuere, limita y reduce el público”, repetía machaconamente a los componentes del grupo, que se vieron obligados a esconder sus preferencias sexuales. “A mí me preguntaba un periodista que si tenía novia y yo le decía que sí, que tenía un novio guapísimo”, dice Xavier, “y de golpe tuvimos que dejar de expresarnos con libertad, que escondernos, ser ambiguos todo el tiempo. Nos prohibió ser gais, igual que hizo con Miguel Bosé, al que Gil decía que ‘Don Diablo’ no era comercial”. A Lurdes nada de aquello le parecía creíble: “Era una tontería ocultarlo, era muy obvio cuando íbamos con los abanicos por la calle que eran todos gais, pero Gil se lo tomó muy en serio, era una persona autoritaria”.

Al tiempo que los chicos fingían heterosexualidad y recibían clases de canto con el ‘crooner’ francés Robert Jeantal, Gil producía los primeros temas de Locomía en la casa del productor Pedro Vidal, mezclando en el salón y grabando las voces en el baño. De ahí nacieron ‘Locomía’, ‘Rumba, samba, tango’ y ‘Taiyo’, la santísima trinidad de los ‘locomaníacos’. Gil presume en sus memorias, además, de haber sido pionero incorporando letra al ‘dance’ español aunque, como se puede comprobar en el vídeo inferior, estas se parezcan más a lo que hoy conocemos como una nube de etiquetas.

“Disco Ibiza Locomía,
Moda Ibiza Locomía,
Loco Ibiza Locomía,
Sexo Ibiza Locomía,
Mar Ibiza Locomía,
Sol Ibiza Locomía,
Marcha Ibiza Locomía,
Crazy Ibiza Locomía”.

Los singles arrasaron en las discotecas durante la primavera de 1989, saltaron a las radios y en apenas un mes llegaron a las tiendas de discos. Locomía acababa de despegar, pero Xavier Font, el padre del concepto, decidió dar un paso a un lado. “Gil era uno de los mejores mánagers de España, de eso no cabe duda, pero a mí me quitó la ilusión. Perdí mi derecho a comportarme como lo que soy, una persona gay, dejé de poder llevar mis trajes por la calle, porque me paraban constantemente… y tampoco pude refugiarme en la creación de nuevos diseños, porque Gil nos impuso ir cada uno de un color y con el mismo traje todo un año“, lamenta.

Gil nos obligó a ser ambiguos, a no mostrarnos gays

“En realidad a Xavier nunca le gustaron demasiado los escenarios, él prefería los estilismos, como yo”, apunta Lurdes. Antes del lanzamiento de su primer disco, ‘Taiyo’, que salió en septiembre de 1989, el líder de Locomía dejó de viajar con el grupo para centrarse en el lanzamiento de ‘Santuario Locomía‘, una boutique-coctelería situada en la Avenida de América de Madrid, cerca de Torres Blancas. La idea era poder probarse la ropa del grupo mientras un mojito te animaba a dar el paso de comprar. Fracasó. “Montar esa tienda fue cosa de Xavier, una decisión muy sabia“, escribe irónicamente Gil.

“Empezamos a estar en todas las televisiones, en las radios, en las discotecas… aquello fue tremendo. Éramos todos jovencísimos y nos cayó encima una avalancha de fama y dinero“, recuerda Iríbar, “fue muy importante la labor de José Luis (Gil), que ejercía de padre, no nos dejaba hacer muchas cosas… entre ellas la droga y salir por determinados lugares”. “Y no era fácil resistirse, que en aquella época, en mitad de Joy Eslava, la gente te ponía rayas en la barra“, remacha la vasca. Entraba tanto dinero que el mánager, según indican fuentes del sector, comenzó a dejarse ver por Madrid a bordo de un Mercedes blanco descapotable y un suntuoso abrigo de pieles.

‘Big in America’

Pero donde Locomía fue realmente grande fue en Latinoamérica, especialmente en Argentina, México, Perú, Colombia y Chile. Lurdes acompañó al grupo en una gira por Argentina de la que no tiene buen recuerdo: “Lo pasé mal. La gente nos esperaba en el aeropuerto, en la puerta del hotel, nos seguía en sus coches… y todos los teatros y salas donde actuábamos estaban abarrotados, era una locura”, recuerda. “Mi problema es que eran casi todo chicas jóvenes y, en cuanto yo salía al escenario, me insultaban y me amenazaban, se creían que era la novia de alguno”, dice divertida, “y no me extraña, porque eran todos tíos altos y guapos, pero claramente gais”.

La imagen de Lurdes a comienzos de los 80 recuerda a la de Madonna a mediados de la década, algo que la sacaba de quicio: “Me confundían todo el tiempo con ella… de hecho en Japón llegué a firmar a gente como ella, no paraban”, dice. “Pero es que yo no le copié el estilismo, yo siempre he ido así, es ella la que en ocasiones se ha vestido muy parecido a mí. Yo no digo que se fijase, pero eran muchas coincidencias”. Al otro lado del planeta, Font defiende la misma versión: “Nos pasó en varias ocasiones ver que Madonna se vestía como la Lurdes“, afirma. “Madonna celebraba sus cumpleaños en Ibiza y no es raro que alguna vez nos haya visto, aunque suene a leyenda urbana”.

Locomía durante la presentación de 'Los chicos no lloran', de Miguel Bosé
Locomía durante la presentación de ‘Los chicos no lloran’, de Miguel Bosé

Era 1991, el grupo había sacado su segundo LP, ‘Locovox’, y seguían llenando estadios y plazas de toros en México y Argentina, mientras que en España se limitaban al circuito de pueblos, no siempre bien acogidos. “En algunos sitios, como en Zamora, tuvimos algún incidente de mal gusto con los machitos de la fiesta“, narra Gil en su libro. En América, además, tenían todas las horas de televisión que querían. Sus fans, entregadísimas, cantaban incluso extravagancias como ‘Gorbachov’, un tema dedicado al exlíder soviético que seguían interpretando incluso después de la caída del Muro de Berlín. ¿Es este un guiño de Locomía al comunismo ‘light’? “No. Locomía es y será ateo y apolítico. Es solo música de baile”, confirma Font.

“Gorbachov es Perestroika,
Gorbachov es desarmar,
Gorvachov es convincente,
sabe mandar.

Gorbachov es dulce ‘raisa’,
Gorbachov es confiar.
Gorbachov es una estrella, superstar”.

Gil contra Font

A finales de 1991 Locomía se trasladó a Miami para preparar el asalto a Estados Unidos. Fue el comienzo del fin. Después de que cerrase ‘Santuario Locomía’, con Gil y Font culpándose del fracaso, el catalán regresó al frente del grupo para asegurar la expansión, pero también porque no se fiaba del mánager. Era un sentimiento mutuo: en sus memorias, Gil sostiene que “siempre dudé de la capacidad cerebral de Xavier, pero al menos amaba el producto”, para poco después referirse al fundador de Locomía como “un loco y un tonto codicioso“.

La situación saltó por los aires en 1992, cuando Xavier descubrió que Gil había cobrado un adelanto de 600.000 dólares por el disco que iban a grabar. Se enteró por Julio Sabala, famoso en España por imitar a Michael Jackson y Julio Iglesias: “No nos había dicho nada porque no lo quería repartir, me tuve que enterar por Sabala, que había cobrado lo mismo”, dice Font. La separación fue traumática porque ambas partes se necesitaban: mientras la marca Locomía era propiedad de Font, quien tan solo se la había cedido cinco años a Gil, al productor le pertenecían las canciones, pero solo le quedaban dos años para seguir explotándolas antes de que caducase la cesión.

Un joven José Luis Gil, a la derecha, posa junto a Neil Diamond en una de las pocas imágenes que disponibles del mánager.
Un joven José Luis Gil, a la derecha, posa junto a Neil Diamond en una de las pocas imágenes que disponibles del mánager.

Font sostiene que, después de despedirle, descubrió que Gil le había “chuleado muchos millones”: “Lo ha hecho con Perales, con Mari Trini… con todos los que ha representando. Es una de las peores personas que conozco, y desde luego la que más daño a hecho a Locomía”. Durante seis meses, en 1993, coexistieron dos formaciones de Locomía: la original, que no podía interpretar sus canciones, y una nueva recreada por Gil, que no cayó bien entre las fans, a las que no se ofreció explicación alguna. Más allá, Font se aseguró de que todos supiesen que aquellos no eran realmente Locomía y Gil, de que ningún empresario de Latinoamérica contratase a la anterior formación bajo amenaza de demanda. En el cénit de su éxito y con solo tres años de recorrido, Locomía se partió en dos para devorarse a sí mismo.

Font y Gil nunca volvieron a cruzarse la palabra fuera de los tribunales. Desde que el catalán recuperase los derechos sobre la marca, su relación se ha limitado a encontrar formas para explotar su legado sin que el otro se entere. “Nos encanta darnos por el culo con la publicidad. Él cobra los anuncios en los que se usan las canciones y yo en los que se explota nuestra imagen y marca. El último que he hecho es el de Sprint, la empresa telefónica, cambiando la canción lo suficiente para que no vea un duro”, dice Font.

La mano negra

Después de abandonar Locomía, Gil empezó a trabajar con una joven ‘grouppie’ de Locomía: Mónica Naranjo. “Mónica grabó con nosotros, pasaba mucho tiempo en el estudio y claramente tomó nuestras influencias. No hay más que verla en su primera época, lucía una estética arrogante como la nuestra y desde luego nuestra misma ambigüedad sexual”, afirma Font, que ve la mano negra del mánager en distintos episodios posteriores a su separación.

El más importante sucedió en 2009, cuando Font fue condenado a tres años de cárcel en la que se llamó operación Abanico por vender ‘popper’, una sustancia recurrente en la comunidad gay, así como pastillas de éxtasis y viagras falsificadas por internet. “Eran de uso personal, para mí y mis amigos. No entiendo que tuviese que pasar unos meses en prisión por unas cantidades tan pequeñas… ¿sabes cuándo sucedió todo esto? Cuando estábamos relanzando Locomía”, dice Font desde La Habana, donde puso tierra de por medio tras recuperar la libertad.

José Luis Gil estuvo implicado en el intento de asesinato y posterior robo de Estéfano

Nadie en la industria parece saber dónde se encuentra José Luis Gil. Harto de su evolución, en 2004 publicó un ajuste de cuentas al sector, firmado como “JL Green Snake”, se hizo santero y se instaló en Brasil. Lo último que sabemos de él es que en 2008 era mánager de Estéfano, del popular dueto ‘Donato y Estéfano’, cuando uno de sus empleados disparó al cantante dos tiros, uno en el pecho y otro en la cabeza, aunque no fue capaz de matarlo. Según la investigación de la Policía de Miami, Estéfano descubrió al salir del hospital que Gil había transferido 2,4 millones de dólares de sus cuentas a la iglesia santera a la que pertenecía el español. Con Estéfano en el hospital, Gil transfirió otros 3.000 dólares a la mujer del hombre que le disparó.

“Te voy a confesar una cosa”, dice Font, “de todas las formaciones que hemos probado, ninguna me ha producido sensaciones parecidas a cuando estábamos en la Ku, y eso que en muchas de ellas ha estado Manolo Arjona, que es más importante en Locomía que yo”. “Pero el año pasado estuve viendo una actuación de los nuevos Locomía y, por primera vez desde los 80, sentí la magia, sentí que esta formación era capaz de llegarle a la gente”. Por eso Font tiene dudas: “Y ahora que estábamos remontando el vuelo otra vez, mueren dos de los miembros del grupo, ambos con 46 años, en el mismo mes y por causas muy extrañas… es como si Locomía tuviese una maldición para que nunca se recupere”.

A sus 55 años, el catalán no se rinde y planea regresar el año que viene a España para relanzar el grupo de una vez por todas: “Digo hoy lo mismo que dije hace treinta años en Ibiza: si quieren matar a Locomía, tendrán que matarme a mí”, zanja Xavier.

Lo que se debe saber del infarto agudo de miocardio

http://lmci.com.co/infarto-agudo-de-miocardio/

miocardio

¿A qué se refiere el profesional de la salud cuando habla de infarto de corazón?

El infarto agudo de miocardio (IAM) pertenece a uno de los síndromes coronarios y va a estar definido por una respuesta sintomatológica del organismo a la muerte del tejido del corazón y los principales síntomas son:

  • Dolor en el pecho (síntoma principal) también puede doler brazo izquierdo o cuello
  • Sudoración excesiva normalmente extremidades se tornan friolentas
  • Náuseas o vómitos, indigestión
  • Entre otros síntomas más específicos vamos a encontrar previo a las náuseas mareos sensación de desvanecimiento y hasta pérdida de la conciencia

Causas

Encontramos que las principales causas del síndrome coronario tipo IAM son:

Trombosis de las arterias coronarias

Los trombos son formaciones que obstruyen la luz de las arterias cardiacas lo que dificulta la oxigenación del mismo llevando así a las muerte o isquemia del tejido

Ateroesclerosis de las arterias coronarias.

Es una condición clínica crónica en la que se verá comprometida la elasticidad de paredes de las arterias coronarias y por el contrario existirá una compactación de esta. Y como resultado existirán vasos sanguíneos incompetentes para la irrigación sanguínea en el musculo cardiaco lo que ocasiona el infarto

Ateromatosis

Se trata de una formación de tejido graso y compacto dentro de las paredes de de las arterias cardiacas esto provocará también una disminución del lumen de vasos y no permitirá el libre tránsito de la sangre y como resultado el infarto cardiaco.

Epidemiológicamente se considera la causa de muerte más frecuente en todo el mundo y según la asociación americana del corazón el ser humano presenta una probabilidad de desarrollar una enfermedad coronaria en toda su vida después de los 40 años es más alta (hombres 49%; mujeres 32%) y según estudios, las personas que sobreviven a un síndrome agudo de miocardio tipo IAM, tienen un riesgo de enfermar o morir 1.5 a 15 veces mayor que la población general.

Factores de riesgo para padecer esta enfermedad son:

  • Tabaquismo: El daño que ocasiona el tabaco lo hace directamente sobre las paredes de las arterias volviendo estas insuficientes para la oxigenación cardiaca.
  • niveles elevados de lípidos séricos: niveles elevados de colesterol de baja densidad (¨del malo¨) van a aumentar la creación de placas ateromas en las paredes arteriales.
  • hipertensión arterial: vuelve insuficiente a las arterias coronarias pacientes con mal tratamiento antihipertensivo.
  • diabetes mellitus: Hay daño en las paredes de las arterias de todo el organismo principalmente las cardiacas y cerebrales especialmente cuando no hay buen tratamiento, o no se tienen los cuidados recomendados por lo médicos.
  • bajo consumo diario de frutas y vegetales: las frutas y los vegetales contienen colesterol del  bueno y este ayuda a desplazar el colesterol del malo y ayuda en parte a la correcta circulación sanguínea en todas las arterias.
  • consumo excesivo de alcohol: actúa directamente sobre las paredes de las arterias cardiacas.

Mucho se conoce acerca del infarto agudo de miocardio, sin embargo la ciencia médica a diario estudia las maneras de combatir esta patología. Todas las personas están expuestas a padecerlo ya que existen muchos desencadenantes que pueden conllevar a él, A pesar de que nadie esté exento de él las posibilidades  de padecerlos son menores en personas con estilo de vida saludable.

Dr. Int. Brayan Daniel Ojeda Escorcia
Universidad Simón Bolívar

Bibliografía
scc.org.co/wp-content/uploads/2012/08/8-guia-enf-coronaria-2008.pdf
http://www.revcolcard.org/assets/revista/VOL20-SUPL2-2013.pdf

 

Cogeré la lluvia

Una de las canciones más tristes de R.E.M. Esta la escuchaba en mi época en Madrid.

 

The rain came down
The rain came down
The rain came down on me.The wind blew strong
The summer song
Fades to memory

I knew you when
I loved you then
The summer’s young and helpless.

You laid me bare
You marked me there
The promises we made.

I used to think
As birds take wing
They sing through life so why can’t we?
You cling to this
You claim the best
If this is what you’re offering
I’ll take the rain
I’ll take the rain
I’ll take the rain.

The nighttime creases
Summer schemes
And stretches out to stay.
The sun shines down
You came around
You love easy days.

But now the sun,
The winter’s come.
I wanted just to say
That if I hold
I’d hope you’d fold Open up inside, inside of me.

I used to think
As birds take wing
They sing through life so why can’t we?
You cling to this
You claim the best
If this is what you’re offering
I’ll take the rain
I’ll take the rain
I’ll take the rain.

This winter song
I’ll sing along
I’ve searched its still refrain
I’ll walk alone
I’ve given this, take wing
Celebrate the rain.

I used to think
As birds take wing
They sing through life so why can’t we?
You cling to this
You claim the best
If this is what you’re offering
I’ll take the rain
I’ll take the rain
I’ll take the rain.

Quédate

Ya puse esta canción de esta banda británica pero creo que merece la pena recordarla.

 

My whole life waiting for the right time
To tell you how I feel.
Know I try to tell you that I need you.
Here I am without you.
I feel so lost but what can I do?
‘Cause I know this love seems real
But I don’t know how to feel.

We say goodbye in the pouring rain
And I break down as you walk away.
Stay, stay.
‘Cause all my life I’ve felt this way
But I could never find the words to say
Stay, stay.

Alright, everything is alright
Since you came along
And before you
I had nowhere to run to
Nothing to hold on to
I came so close to giving it up.
And I wonder if you know
How it feels to let you go?

You say goodbye in the pouring rain
And I break down as you walk away.
Stay, stay.
‘Cause all my life I’ve felt this way
But I could never find the words to say
Stay, stay.

So change your mind
And say you’re mine.
Don’t leave tonight
Stay.

Say goodbye in the pouring rain
And I break down as you walk away.
Stay, stay.
‘Cause all my life I’ve felt this way
But I could never find the words to say
Stay, stay.

Stay with me, stay with me,
Stay with me, stay with me,
Stay, stay, stay, stay with me.