José Carlos Cabrera: «Las mafias trafican con menores extranjeros para traerlos a Euskadi»

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José Carlos Cabrera junto al puente de Triana en Sevilla./V. GÓMEZ

En plena crisis migratoria, y con el drama de los refugiados que sigue llenando de muertes el Mediterráneo, la llegada récord de menores extranjeros no acompañados (conocidos por su acrónimo menas) satura los centros de acogida del País Vasco, un destino que alcanzan a través de mafias que trafican con estos chavales en su periplo hacia una vida mejor. José Carlos Cabrera lleva dieciocho años analizando este fenómeno, primero como mediador en un centro en Algeciras y ahora como investigador en la Universidad de Granada. «El menor es una inversión para la familia», explica ante el repunte de llegadas de estos adolescentes que exige más medidas de acogida y protección.

– ¿Cuántos menores extranjeros están llegando estos días a las costas andaluzas?

– En junio en el Campo de Gibraltar hemos batido el récord absoluto de la llegada de menores inmigrantes a las costas gaditanas desde 1999. Solo hasta ayer, 473 menores fueron atendidos en uno de los centros, por lo que la cifra podría ser mayor. Eso significa que al menos hay 16 chavales menores de edad no acompañados que vienen a diario a las costas del Campo de Gibraltar.

«Al menos un tercio de los chavales que llegan a las costas andaluzas acaban en el País Vasco»

«A menudo son víctimas de redes de abusos, que los explotan para robar o incluso para atentados»

– ¿Cuántos de ellos deciden venir a Euskadi?

– Según los datos del año pasado, al menos un tercio de los menores que llegan a las costas gaditanas se dirigen a Euskadi. Debido a la saturación y a la imprevisión de la Junta de Andalucía respecto a los recursos y a sus competencias en políticas de atención a menores, muchos de ellos optan por marcharse de Andalucía hacia diferentes puntos del Estado. Lo que hemos detectado es que al menos en los dos últimos años redes mafiosas se dedican al tráfico de menores, sobre todo hacia el País Vasco, de ahí las cifras de acogida elevadas que tiene Euskadi.

– ¿Se están persiguiendo policialmente esas mafias?

– En los últimos meses se ha hecho un esfuerzo en desarticular esas redes, pero todavía quedan claramente dos zonas de Marruecos que son emisores continuos de menores a Euskadi. Se trata de Moulay Bousselham, un pueblo en la provincia de Kenitra, y la zona rural de Beni Mellal. El fenómeno migratorio de menores inmigrantes no es un fenómeno heterogéneo sino que está bien focalizado en determinadas áreas de Marruecos.

– Supongo que funciona el boca a oreja. Los primeros en irse han sido un modelo a imitar para otros.

– Es el efecto de todo tipo de migraciones, como ocurrió también con miles de españoles de determinadas zonas que iban directamente a determinadas ciudades de Alemania. Un migrante normalmente tira de la información de sus redes informales. Y esas redes informales también están influidas por la información que tienen del sistema de protección, que está basado en una ley obsoleta. Tiene en cuenta el perfil de los menores de los años ochenta y no preveía un fenómeno migratorio transnacional. Al no haber cambiado ni haber dispuesto una mejora que tuviera en cuenta este nuevo perfil, el sistema de protección a la infancia está siendo cómplice de esas mafias para que vengan chavales menores de edad. El resultado es por ejemplo la imagen desoladora y lamentable de 130 menores extranjeros no acompañados en un polideportivo de Barbate.

– ¿Cómo son estos chavales? ¿Qué perfil tienen?

– Hay un perfil claro, chavales de calle que siguen a otros iguales. Son chavales con muchos problemas de integración, como también tenían en sus países, donde no estaban escolarizados, ni tenían familia.

– ¿Vienen ya desarraigados de origen?

– Muchos son víctimas de abusos sexuales, prostitución… Para atenderles hay que preparar a los equipos con herramientas adecuadas. Personas que conozcan su cultura, que hablen su lengua, que sepan mediar.

– ¿Qué perfil de menores llega a Euskadi?

– La mayoría llega con el soporte económico de sus familias. Las familias utilizan a estos chavales, con el conocimiento que les da del sistema de protección a la infancia, como recurso de mejora de toda la familia. Son una inversión para ellos. Las zonas de donde vienen están completamente pauperizadas, pero de alguna forma obtienen algún tipo de recurso con la venta de animales o de algún terreno, que acaban vendiendo para invertir en la única palanca social que encuentran en su entorno, que es la inmigración. A causa del sistema de protección a la infancia, la opción es la inmigración de aquellas personas que pueden regularizarse. Al final, es el sistema desenfocado el que genera más inmigración.

– ¿El sistema no protege a los menores que llegan?

– El sistema no solo no protege, sino que reactiva un flujo de menores. Una vez que estos menores llegan a España, no se les protege dentro de los centros, donde están hacinados. En Algeciras, existen casos de sarna, duermen en el suelo… Eso genera que esos chavales se vuelvan a poner en manos de otras mafias o sean extorsionados para llevarlos a otras zonas del país, previo pago.

– ¿Cuánto pagan para la primera parte del viaje, para salir de su país?

– Depende del medio que utilicen. En los últimos años se ha puesto muy de moda la posibilidad de llegar a nuestras costas en motos de agua. Se suelen pagar entre 4.500 y 5.000 euros por pasaje. Esas motos suelen poder traer a dos niños a la vez, muchos de ellos no saben nadar y llegados a la costa suelen ser arrojados al mar sin ningún pudor. Vuelven también las pateras. En el último año las llegadas desde Moulay Bousselham han sido muy numerosas. Ahí están las mafias más activas y se han dado cuenta de que traer a menores es más rentable. Y por eso también se está utilizando la entrada por Barbate y Conil. Son embarcaciones que se adentran un poco en el Atlántico para intentar evitar toda la vigilancia del Estrecho.

– Cuando llegan a tierra, ¿vuelven a pagar para ser transportados a la zona a la que quieren ir?

– No tengo tantos datos de esa segunda parte del viaje. Me consta que la mayoría paga, y que muchos de ellos, por su perfil cultural y económico, es imposible que solo tarden un día en llegar desde Algeciras al País Vasco, y por lo tanto hay una red que les está dando ese soporte.

– ¿Qué les dicen los chavales? ¿Por qué quieren venir a Euskadi?

– Ellos nos dicen que van siguiendo a sus iguales. La segunda motivación es que los recursos que hay en el País Vasco son mayores y no están tan saturados como en el sur.

 ¿Se quieren quedar en Euskadi o seguir su ruta hacia Europa?

– Es que el fenómeno no solo compete al Estado español, sino que atañe a muchos países de la Unión Europea. En los últimos años, han sido Suecia y Alemania los que más menores inmigrantes han recibido. A nosotros como profesionales lo que nos preocupa realmente es que durante todo ese periplo son chavales desprotegidos. Y eso supone un riesgo, una vulnerabilidad. Nos encontramos con que estos chavales acaban entrando en otro tipo de redes que los explotan para robar, o desgraciadamente y como hemos tenido algún caso, atentados terroristas cuyos protagonistas eran menores inmigrantes no acompañados. Son chavales muy influenciables y desgraciadamente los profesionales que los atienden no tienen las competencias suficientes. Por eso nos encontramos con que entre los detenidos de la última operación policial contra el tráfico de personas había trabajadores de esos propios recursos. Esas redes mueven tantísimo dinero que son capaces de meterse dentro de los sistemas de protección a la infancia.

– ¿Cuánto dinero mueven?

– No tenemos datos. Pero sí se sabe que en todo el mundo las redes de tráfico de personas mueven ya más dinero que el tráfico de armas.

 ¿Por qué aumenta tanto la migración de menores?

– De los 68,5 millones de personas desplazadas, la mitad son menores de edad.

– ¿La presión migratoria va a seguir en aumento?

– Lo que constatamos es que el año pasado se multiplicó por seis el número de menores atendidos en los centros de Cádiz. De los 2.088 llegados, 2.060 abandonaron el recurso que, tal y como está organizado, no supone ninguna referencia para estos chavales, y eso es fruto de la dejadez de la Administración pública. Hay que recordar que llevamos desde 1999 atendiendo el flujo migratorio. Tenemos experiencia e información. Lo que está claro es que no hemos hecho nada para atender a estos chavales y estamos faltando a los derechos humanos.

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