La agonía demográfica de España y Occidente

http://capital.es/2018/04/la-agonia-demografica-de-espana-y-occidente/

El director de la Fundación Renacimiento Demográfico, Alejandro Macarrón, ha realizado un estudio impactante sobre el lamentable estado de nuestra natalidad y las consecuencias a las que nos lleva. Entre los deplorables récords que ostenta España se encuentra haber sido el país con menor tasa de fecundidad media del mundo entre 1989 y 2014. Las tres regiones europeas más infecundas en promedio de 2010 a 2014, de un total de 276, fueron Asturias, Canarias y Galicia. Otras dos comunidades autónomas, Castilla y León y Cantabria, figuran también entre las diez regiones con menor fecundidad de toda Europa. Castilla y León, Asturias y Galicia están entre las seis regiones con más porcentaje de población mayor de ochenta años. En la actualidad nacen menos españoles que a finales del siglo XVIII, con una población cuatro veces menor, y también menos que en la Guerra Civil, cuando la población era un 45% inferior. Un panorama preocupante que requiere de una solución urgente.

España, toda Europa, Occidente y medio mundo tienen menos fecundidad de la necesaria para el relevo generacional. “La suma de baja natalidad y alta esperanza de vida conduce a poblaciones autóctonas muy envejecidas y menguantes: es el llamado invierno o suicidio demográfico, un fenómeno que es especialmente intenso en España, Alemania, Italia, Japón, extremo oriente y Europa oriental, entre otros”, explica Macarrón. Añade que es una pauta generalizada: muchos más países tienden a un escenario parecido a medio y largo plazo.

Con el invierno demográfico, las pensiones de jubilación están en riesgo y supondrán un coste creciente para el Estado. A ello hay que unir el aumento de gasto que deberá producirse en sanidad y dependencia. “La economía en su conjunto, la inversión y el consumo quedarían estructuralmente lastrados (menos trabajadores y consumidores y más envejecidos). Además, la democracia podría verse desnaturalizada (tendería a la gerontocracia) por el peso decisivo del voto plateado. En lo geopolítico, España y Europa se dirigen a la irrelevancia por su decreciente peso poblacional en el mundo. Es un problema mucho más grave e inmediato de lo que la mayoría cree”, sostiene. El panorama, desde luego, es poco alentador.

Para España y otros países con baja natalidad y alto envejecimiento, la demografía ha pasado de ser motor de la economía a freno o incluso carcoma. La baja natalidad contribuye mucho más que la longevidad al envejecimiento social, y aún más a que éste sea un problema.

Las tendencias demográficas de fondo son similares en toda España, pero hay importantes diferencias territoriales por comunidades autónomas, provincias y zonas geográficas. “Las perspectivas de Madrid, la costa mediterránea, Baleares y Canarias son menos malas. Las del resto de España y del interior de la gran mayoría de provincias son, en general, mucho peores”, señala Macarrón.

Una variable clave en la demografía son los flujos migratorios. Su predictibilidad no es fácil: ni en cantidad ni en composición étnica. ¿Quién habría dicho en 1996 que vendrían a España más de cinco millones de inmigrantes netos en los doce siguientes años?

Tampoco es trivial asegurar la calidad de la integración de los inmigrantes. Hay numerosos ejemplos históricos de éxito y de fracaso, remotos y recientes. “En España, actualmente, hay una tasa de desempleo muy elevada entre los inmigrantes, y su renta per cápita tiene la mayor diferencia de cualquier país europeo en relación con la de sus naturales”, asevera Macarrón.
Este experto estima que la sociedad y las autoridades deben reaccionar, adaptándose al cambio demográfico y con políticas de rejuvenecimiento de la población: más nacimientos y, la inmigración que se necesite, mejor gestionada. “La demografía aconseja reformas similares a la crisis para racionalizar el Estado de bienestar y mejorar la productividad. Aún con ellas, nuestro déficit de bebés es tan grande que, sin más niños, solo se logrará administrar mejor la penuria”, sostiene.

La salud demográfica de España es mala y tiende a deteriorarse. Cada nueva generación de españoles es entre un 35% y un 40% más reducida que la anterior. Es especialmente mala en muchas zonas rurales. “Pero aún no es dramática a nivel nacional”, alerta Macarrón. “Estamos a tiempo de evitar que lo sea si el Estado y la sociedad civil reaccionan de manera decidida y con serenidad en materia de natalidad, inmigración y adaptación al nuevo escenario humano, entendiendo que solventar el problema demográfico y de natalidad es, posiblemente, nuestro mayor reto de fondo y de largo plazo”, añade.

Este experto ve básico concienciar a la población y a las élites de la gravedad del problema demográfico que plantea la baja natalidad, y mantener el debate fuera de la lucha partidista e ideológica; convertirlo en una de las principales prioridades nacionales y regionales y, por supuesto, adoptar medidas de incentivo económico que impliquen la compensación de una parte muy significativa del coste completo de tener y criar hijos: “Reducciones razonables en el IRPF y en las cotizaciones a la Seguridad Social, con mayor cuantía a las madres, pero no solo a ellas; dar pluses en pensiones, según el número de hijos de cada uno, por la aportación de los más fecundos al futuro del país, y aliviando con ello lo que cuestan los hijos…”.

Además, cree que sería positivo recortar gasto público superfluo y, cuando se pueda, los impuestos, para dejar más dinero a las familias y aminorar el esfuerzo económico de criar hijos. También no cargar a las empresas el coste de la maternidad o paternidad. “Los hijos son un bien para la sociedad y para sus padres, y solo a la larga para las empresas”, estima.

Alejandro Macarrón admite que los hijos cuestan dinero y esfuerzo, pero “dan alegrías únicas y son parte esencial de una vida integral”. El bienestar futuro de los jóvenes de hoy está amenazado si no tienen un mínimo de dos hijos de media por persona. El que no los tenga o no los haya tenido parece estar condenado a una vejez muy dura, en soledad y sin que nadie le cuide.

Los argumentos se multiplican a favor de una recuperación de la natalidad. Tan solo falta que la sociedad lo vea y las instituciones lo faciliten.

Artículo publicado en el número de Noviembre de la revista Capital. Para ver más contenidos de éste o de otros números, visite este enlace: https://bit.ly/2uHDcxz.

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