¿Has perdido o te han robado el móvil?

https://www.ocu.org/tecnologia/telefono/noticias/perdida-o-robo-del-movil

Pérdida o robo móvil

Perder el móvil es, además de un gran disgusto, una pérdida de datos. No desesperes, te contamos cómo localizarlo, borrar con rapidez todo lo importante y cómo protegerlo antes de que algún incidente de este tipo suceda. Recuerda que si cae en malas manos y realizan un uso fraudulento con él, la Ley de Servicios de Pago te protege.

Hoy en día perder el móvil puede ser casi tan desastroso como perder nuestra cartera, y es que en el smartphone llevamos direcciones y teléfonos, fotos, vídeos, datos confidenciales de nuestras tarjetas de crédito, aplicaciones para pago de compras… En definitiva, mucha información personal de la que se puede hacer un mal uso o causarnos un perjuicio económico, si cae en manos de otras personas.

En la mayoría de las ocasiones no lograremos recuperar el móvil, que con frecuencia acabará en tiendas de segunda mano, sobre todo para venderse a terceros países. Lo que sí podemos hacer, afortunadamente, es ser previsores para minimizar los daños si llega el caso, tomando medidas antes y después.

Después de comprar un móvil… ¡protégelo!

  • Solicita su factura. No solo para hacer valer los derechos de la garantía del producto, sino para acreditar en caso de que sea necesario que somos los propietarios de ese terminal con su número de serie.
  • Apunta y guarda su IMEI. Es la huella digital única de cada teléfono móvil, es decir el código que lo identifica (15 números ). Se muestra en el embalaje del móvil y también puedes conocerlo pulsando *#06#.
  • Bloquea la pantalla. Con un código PIN o con un patrón de bloqueo: así, si te lo roban, no podrán usarlo aunque este encendido.
  • Instala una app antirrobo. Descárgate: “Buscar mi iPhone”, de Apple o “Encontrar mi dispositivo”, de Android. Así podrás localizar tu móvil y bloquearlo en caso de pérdida o robo. Existen otras apps de rescate con funciones extra.
  • Activa la opción cifrado. Si tienes un iPhone o un Android 6.0 o superior, tus datos ya están cifrados. Si no, vete a Ajustes> seguridad>cifrado; deberás poner una contrasena, PIN o patrón, que deberás introducir cada vez que enciendas el smartphone. El proceso de cifrado tarda aproximadamente una hora (tenlo en cuenta por la batería).
  • Haz copias de seguridad. A veces lo que más duele no es perder el smartphone sino todo lo que iba dentro: contactos, fotos, videos… Haz un backup de cuando en cuando, es una práctica muy recomendable. Con los móviles Android, utiliza tu cuenta de Google para hacer backup. Si tienes un iPhone, usa iCloud.

Después del robo o pérdida del móvil… ¡pon a salvo tus datos!

  • Intenta localizar tu móvil. Con la función GPS de la app de rescate verás en un mapa donde está. Llama a tu número, quizás alguien se lo ha encontrado y quiera devolvértelo.  Dependiendo de tu app de rescate, hay otras maneras de contactar con quien tiene tu teléfono: mensajes, alarmas…
  • Llama a tu operador para que bloquee la SIM. LLama a tu operador para que bloqueen la línea. Así nadie gastará tu dinero. Hasta que no lo solicites a tu companía, responderás por los consumos que pueda realizar el autor del robo, salvo que cuentes con algún seguro que lo cubra.
  • Borra todo lo importante. Con la app de rescate elimina todo que no quieres que otros vean (emails, fotos, mensajes…); así como las contraseñas y claves de acceso a los servicios que tenga desde el móvil. Estas apps te permiten hacer un reset a distancia, aunque al hacerlo ya no podrán localizar ni seguir a tu teléfono.
  • Denuncia la pérdida. Vete a la comisaría más cercana a tu domicilio y denuncia la pérdida o robo, para eso necesitarás llevar el código IMEI. Ten precaución al redactar la denuncia, pues es fundamental a la hora de reclamar al seguro en caso de que el tuyo lo cubra (comprueba tu póliza).
  • Inhabilita el móvil. Si ya sabes que no lo vas a recuperar, inhabilita tu teléfono. Para ello deberás llamar de nuevo a tu operador, darle el código IMEI (necesitarás una copia de la denuncia). Al hacerlo, tu móvil ya no podrá usarse con ninguna tarjeta SIM en Espana (los operadores bloquearan su acceso a la red). Además, cambia todas tus contraseñas.

¿Uso fraudulento de tu móvil? La Ley te protege

Si además de tener la mala suerte de perder tu móvil, este cae en manos malas manos y hacen un uso fraudulento con él (por ejemplo, han realizado una compra antes de que lo denuncie) te recordamos que la Ley de Servicios de Pago te protege.

Según la Ley, si tu móvil almacena los datos de su tarjeta de crédito o de débito o dispone de aplicaciones para el pago, el usuario es responsable de los cargos que le hayan hecho por uso fraudulento hasta un límite de 150 euros. Este límite debería reducirse a 50 euros a partir del 13 de enero de 2018, pero el gobierno ha incumplido el plazo de trasposición de la normativa europea que lo regula, por lo que habrá que esperar a que se apruebe la nueva ley del mercado de servicios de pago para que los consumidores puedan beneficiarse de esta mejora. En caso de que tu entidad no quisiera hacerse cargo de las cantidades defraudadas, reclama ante el servicio de atención al cliente de tu entidad. Recuerda que algunas entidades financieras ofrecen seguros asociados a las tarjetas con cobertura por uso fraudulento.

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El caballo cabalga de nuevo por Barcelona: vidas tiradas en tres barrios enganchados

https://www.elespanol.com/reportajes/20180114/caballo-cabalga-barcelona-vidas-tiradas-barrios-enganchados/276972609_0.html

Varios toxicómanos que acaban de inyectarse en la sala de venopunción Baluard (Barcelona)

Le llaman Billy, mide 1,90, tiene unos enormes ojos verdes, espaldas anchas y larga melena rizada. Dicen que era muy guapo. Ahora no. Ahora sólo tiene dos dientes, VIH y las venas destrozadas. Tiene 41 años, pero aparenta muchos más porque lleva 3 enganchado a la heroína. “Vivo en la calle pidiendo. Lo que me dan me lo meto por la vena. Si me dan comida, me alimento. Si no, pues no. Es triste, pero es lo que hay. Ahora mismo le doy prioridad a chutarme que a comer” confiesa.

Caballo, jako, jamaro, colacao… La heroína está en auge en todo el mundo. Afganistán, el principal productor, batió el año pasado su récord de producción. Pakistán y Turquía, los otros dos gigantes del negocio, también están en marcas históricas. En Estados Unidos su consumo ya ha sido catalogado de epidemia. En España, la policía ha logrado marcas históricas de incautaciones en 2017.

Una toxicómana va a ponerse su dosis en una furgoneta abandonada en Badalona

Barcelona es la ciudad que lidera el ranking de decomisos en nuestro país. Su puerto la mayor puerta de entrada de esta droga en nuestro continente. ¿Significa eso que hay un incremento del consumo en Cataluña? Desde el Ayuntamiento de Barcelona lo niegan. “La bolsa de consumidores está estabilizada y bastante controlada. Ningún indicador, ni directo, ni indirecto, nos lo señalan”, aseguran desde la Agència de Salut Pública de Barcelona. Desde la Generalitat lo corroboran: “Ni las encuestas de consumo, ni las peticiones de tratamiento nos indican que haya subido el consumo”, tranquilizan.

La ruta del caballo: galopando por la costa

Pero hay tres barrios donde los vecinos no piensan igual: Sant Roc (Badalona), La Mina (Sant Adrià del Besòs) y El Raval (Barcelona).Tres barrios alineados en la costa, a algo menos de diez kilómetros de distancia. En los tres sitios hay unanimidad: “Vuelve a haber yonkis consumiendo en la calle como hace años que no veíamos. Y el que diga que noes porque no vive aquí y no los sufre”, juran en las tres zonas. En algunas, como El Raval, este repunte ha derivado en un nuevo negocio: los narcopisos. Son puntos de distribución de droga donde el toxicómano también puede quedarse y consumir. Hay habitaciones habilitadas para ello.

Los tres barrios están en el litoral barcelonés, a una distancia de menos de 10 kilómetros

Los tres barrios están en el litoral barcelonés, a una distancia de menos de 10 kilómetros EE

Tanto en El Raval como en La Mina hay alternativas legales donde colocarse con seguridad. Son las Salas de Disminución de Daños, conocidas vulgarmente como “narcosalas”. Espacios habilitados por la administración pública en los que los toxicómanos pueden consumir con seguridad e higiene, comer algo y ducharse. Pero estos espacios también tienen limitaciones porque no están abiertos las 24 horas del día. Fuera de estos horarios, los drogadictos de El Raval se inyectan en los narcopisos. En La Mina se van a la vía del tren. En Sant Roc directamente no hay ‘narcosala’, así que los toxicómanos tienen que inyectarse dentro de una furgoneta abandonada. Así es el día a día de los yonkis en los barrios de la ruta del caballo.

SANT ROC

Municipio: Badalona

Habitantes 13.400

Fundación del barrio: 1966

El barrio de Sant Roc es uno de los más deprimidos de la provincia de Badalona

El barrio de Sant Roc es uno de los más deprimidos de la provincia de Badalona DLF

El barrio de Sant Roc fue fundado en 1966 para acoger a los habitantes del poblado chabolista del Somorrostro. Hace frontera con Sant Adrià y para muchos es la prolongación del gueto de La Mina. El barrio siempre ha estado castigado: sus gentes, por el desempleo y las drogas. Sus edificios, por la aluminosis. Ahora, el caballo vuelve a correr por sus calles. La presencia de ‘jako’ fue la clave, hace dos meses, de la incautación del mayor alijo de heroína de la historia de España. La Policía detuvo en ese barrio en noviembre a dos dominicanos con 43 kilos de heroína. Tirando del hilo llegaron a un almacén del puerto de Barcelona con el resto del alijo. En total, 331 kilos, 10 millones de dosis, 120 millones de euros en el mercado.

¿Ha vuelto el caballo a las calles? “El que te diga que no, miente”, asegura un gitano apostado en un Ford Focus tuneado. “O miente, o no ha pasado por aquí en su puta vida. Sólo tienes que acercarte debajo del puente de la autopista y buscar ‘la furgo’. Luego ya me dices”, sentencia.

La furgoneta abandonada

Debajo del puente de la autopista hay una furgoneta abandonada. En el suelo, jeringuillas ensangrentadas, cazoletas usadas y muchísima suciedad. Lo que no hay es una sola colilla, porque se cotizan mucho entre los toxicómanos. Precisamente es lo que hacen Bárbara e Iván; recoger colillas. Son dos toxicómanos que antes de prepararse la dosis adecentan la furgoneta. La frecuentan a diario decenas de yonkis, porque en Sant Roc no hay narcosala. “Algunas mañanas sí que viene una furgoneta amarilla de una asociación. Nos dan jeringuillas y nos dejan ‘ponernos’. Pero últimamente yo no la he visto. Y cuando tienes que drogarte por la tarde. ¿qué haces?. Pues buscarte la vida. Yo prefiero hacerlo aquí escondida que en plena calle a la vista de todo el mundo”, cuenta Bárbara, heroinómana de 44 años.

Dos toxicómanos adecentan la furgoneta abandonada antes de ponerse, bajo el puente de la autopista en Badalona

Dos toxicómanos adecentan la furgoneta abandonada antes de ponerse, bajo el puente de la autopista en Badalona DLF

“A mí me enganchó mi marido cuando yo tenía 20 años. El primer pico me lo metió cuando yo estaba durmiendo. Al poco empecé a consumir cada día. Mi marido entró preso y ahí sigue. 26 años le cayeron. Yo también fui para dentro 11 años, por tráfico y por tenencia ilícita de armas. Por una pistola que era de mi marido, pero que como estaba en casa también me comí yo. Estando en el talego no consumí. Cuando salí, me junté con otro hombre que me maltrataba y también era toxicómano. Me volví a enganchar. La droga me ha hecho muy desgraciada. Tengo un hijo que no quiere ni verme y una perrita a la que tuve que dejar en el centro de recogida de animales cuando me ingresé en una granja de desintoxicación. En la granja sólo me dejaron estar siete días. Salí, me volví a enganchar y ya no vi más a mi perrita”, dice y se pone a llorar.

“Aquí el caballo ha matado a mucha gente. Por eso los gitanos que trafican en este barrio sólo pasan cocaína. No dejan que venga gente a vender heroína. Si se enteran hay problemas. Pero ahora hay dominicanos y pakistaníes que sí que pasan caballo. Desde que llegaron ha subido un montón el consumo. Vienen yonkis de Barcelona y Santa Coloma aquí. Cuando viene la furgoneta amarilla se montan unas colas enormes.”, cuenta Bárbara.

Contagiado con una chuta del suelo

Iván es ucraniano, tiene 38 años y se inyecta heroína desde hace 3. Vino a España hace 6, trabajó en la metalurgia y se enganchó al caballo con un compañero de trabajo: “Íbamos cada mañana con la furgoneta a pillar al barrio de la Trinidad antes de empezar a trabajar”.

Ahora no trabaja. Pide y a veces roba. Tiene hepatitis C. “Yo creo que me contagié usando una chuta usada del suelo. Cuando tienes el mono no lo piensas. Tu única preocupación es un pico, coges la jeringa, te lo metes y ya está”, dice resignado, apurando una colilla. Está muy débil. Confiesa que le da un poco de asco inyectarse en esas condiciones. “Pero es que aquí no hay narcosala. Por eso a veces, si alguien me lleva o estoy fuerte para caminar, me voy hasta El Local de La Mina”.

LA MINA

Municipio: Sant Adrià del Besòs

Habitantes: 10.200

Fundación del barrio: 1969

La vía del tren es el lugar elegido por muchos toxicómanos para inyectarse

La vía del tren es el lugar elegido por muchos toxicómanos para inyectarse DLF

Por las calles de La Mina conducía coches robados El Vaquilla en los 70, subido a un cojín porque era sólo un crío que no llegaba a los pedales. Es un barrio creado en 1969 par acoger a los habitantes de los poblados chabolistas de Campo de la Bota, Pequín y Can Tunis. Tal vez sea el barrio marginal por antonomasia de Cataluña. El ‘jako’ hizo estragos en el barrio en los 80. En los últimos años parecía que la cocaína y las drogas sintéticas habían enterrado definitivamente al caballo. Ahora vuelve a galopar.

“¿Que no hay caballo en La Mina? Como hace años que no se veíaVaya usted a la vía del tren y cuente las jeringas. Con cuidado de no pincharse… y de que no le peguen el palo”, advierte un vecino. En efecto; la vía del tren, bajo el puente de La Catalana, es uno de los lugares elegidos por los toxicómanos para picarse las venas, por ser el más escondido del barrio. La última Nochebuena, un individuo mató a su novia y arrojó allí el cadáver.

Jeringuilla tirada en el entorno de la vía del tren, en La Mina (Sant Adrià del Besòs)

Jeringuilla tirada en el entorno de la vía del tren, en La Mina (Sant Adrià del Besòs) DLF

Pero no sólo en las vías. La sala de reducción de daños de La Mina es la más grande de Cataluña y la que más usuarios acoge. Atiende a más de un centenar cada día. Abrió en 2006 y desde que abre a las diez de la mañana es el principal destino de los toxicómanos que salen de Venus. El año pasado ya advirtieron de que estaban llegando al límite de su capacidad.

De Venus a La Luna

“Somos como astronautas, vamos de Venus a la Luna”, ríe socarrón un toxicómano en la puerta. El juego de palabras viene porque el mayor supermercado de la droga está en el Edificio Venus, el más emblemático del barrio. Lo de la luna de después ya se entiende.

En la puerta de la narcosala coincido con Billy, un toxicómano que lleva 4 años inyectándose. Ha conseguido 5 euros vendiendo a otros yonkis pastillas de metadona que le dan en el ambulatorio. “Con esto yo ahora voy a pillar una bola (dosis) de rebujao, que es heroína mezclada con cocaína. El caballo te equilibra el subidón de la coca. Es ahí en el Venus, al piso de unos gitanos. Si te quieres venir…”, me propone.

Pillar caballo en La Mina. Claro que sí, Billy. ¿Por qué no?

Billy tiene 41 años y se inyecta desde hace 4. Antes era jardinero. Ahora vive en la calle

Billy tiene 41 años y se inyecta desde hace 4. Antes era jardinero. Ahora vive en la calle DLF

De camino me va contando que vive de pedir en la puerta de los comercios. “Si me dan comida, como. Si me dan dinero, pillo una dosis. Hay veces que me dicen que no me lo gaste en droga. Pero ¿qué voy a hacer? Si es que estoy enganchado… Mira mis venas. Me destrocé las de la mano con un buco (chute) que me metí el otro día” lamenta.

Billy no corresponde al perfil de yonki típico de los 80 y sí al del nuevo consumidor. No procede de un poblado chabolista ni creció en una familia desestructurada. Era jardinero, estuvo casado y viene de una familia de clase media. “Yo trabajaba, pero también salía mucho de fiesta con mi hermano. Íbamos a todas las raves. Él traía ketamina de la India. Empezamos a traficar y dejé de trabajar porque ganábamos un dineral. Al final, consumía más de lo que ganaba. Al principio sintética, speed sobre todo. Luego ya fumando plata y basuko. A inyectarme empecé hará cuatro años. Me enganchó una novia. Yo no quería, que le tenía miedo a las agujas, pero el día de su cumpleaños me convenció y mira ahora. Enganchado estoy”.

¿Quién da la vez?

Subimos al edificio. Aquí, por lo visto, los gitanos no son como los de Badalona. No tienen nada contra el caballo y lo venden sin problemas. El edificio se cae a trozos y no hay ascensor. Hay que subir varios pisos a pie. Vamos rebasando a algunos toxicómanos que hacen paradas técnicas por las escaleras, porque se ahogan.

Interior del bloque de La Mina donde se vende el material. Está destrozado

Interior del bloque de La Mina donde se vende el material. Está destrozado DLF

Al llegar, Billy toca a la puerta y le abre uno de los clientes que espera su turno a la entrada de la cocina. Hay aquí bastante más cola que en cualquier carnicería. Al menos seis toxicómanos aguardan su momento. Mi nuevo amigo y yo pedimos la vez muy educadamente y esperamos en el quicio de la puerta a que nos despachen.

En el interior de la cocina, dos chicas preparan las dosis. De coca, de caballo o de rebujao, que es la mezcla que vamos a comprar. Encima del marmol hay una cantidad escandalosa de dinero, todo en billetes pequeños y monedas. Los yonkis llegan con la calderilla que rapiñan por ahí, desesperados a pillar una dosis. Luego me entero de que los narcos ya no aceptan relojes o móviles como pago. Así se han reducido los robos en el barrio.

Problemas en Venus

Subir a este tipo de lugares es peligroso si no te conocen. La gitana que sirve la droga me mira fijamente. Como no sabe quién soy, me reclama inquisidora desde dentro de la cocina: “Tú, a ver… ¿con quién vienes?”, Billy es legal y da la cara por mí: “Es mi colega. Venimos a pillar rebujao”, responde de inmediato. Ella no se fía, saca su teléfono y me hace una foto. Levanta, levanta la cara que te vea bien”, me ordena bruscamente. “¿Y esto?” pregunto yo un poco tenso. “Nada, es que con esa barba te pareces a mi marido. Voy a enviarle tu foto, a ver si le gusta”, zanja con sequedad.

Le manda la foto a su marido para comprobar que yo no soy un policía secreta ni ninguna otra persona non grata en esa santísima casa. Hay nervios durante la espera. Por fortuna, el marido no debe de conocerme, porque recibe la foto y nadie me pega un tiro. Tras esos instantes de tensión, Billy puede hacer su transacción sin problema. Salimos los dos de Venus echando hostias.

Billy muestra sus manos con las venas dañadas por los chutes

Billy muestra sus manos con las venas dañadas por los chutes DLF

Empieza a oscurecer en La Mina. ¿Y ahora dónde vas, Billy? “Pues a la narcosala, que todavía está abierta y prefiero meterme el buco ahí que en la vía”. ¿Y después? “A dormir a la calle. Me suelo ir a Barcelona. Para pillar la dosis me vengo a La Mina porque conozco más a los camellos. Para dormir me voy pateando a El Raval. Hay una zona de porches que me resguarda si llueve. En el barrio hay una narcosala que se llama Baluard. Y cuando cierra, pues siempre están los narcopisos ilegales, que están abiertos las 24 horas y si mendigo algo de pasta puedo pillar una bola (dosis)”.

EL RAVAL

Municipio: Barcelona

Habitantes: 45.000

Fundación: Siglo XIV

Un rincón al lado de la Sala Baluard es uno de los lugares preferidos por los toxicómanos para dormir en El Raval

Un rincón al lado de la Sala Baluard es uno de los lugares preferidos por los toxicómanos para dormir en El Raval DLF

El Raval viene de “El arrabal”. Es lo que era cuando se fundó: una zona extramuros de Barcelona donde se ubicaron los primeros hospitales y casas de socorro. Al ser concebida como un barrio suburbial y portuario, desde el principio tuvo los ingredientes para convertirse en la capital barcelonesa del vicio. Especialmente de la prostitución. 

En 1774 se derribó la muralla que separaba el Raval de Barcelona. Con la llegada de la Revolución Industrial se instalaron muchas fábricas textiles, y en El Raval alojaron a los trabajadores con menor poder adquisitivo. La miseria llama a la miseria y el vicio llama al vicio. El Raval era tal vez el lugar de España donde más fácil resultaba comprar drogas como morfina, opio o vitriolo. 

De Can Tunis a El Raval

En 2004 derribaron Can Tunis, el último poblado chabolista de Barcelona. Un gueto gitano en el puerto, a las afueras de la ciudad, que llevaba años siendo el gran supermercado de la droga barcelonés. “Can Tunis hacía que el modelo de compra de droga de Barcelona fuese más parecido al de Madrid, donde la gente tiene que salir de la ciudad y dirigirse a los poblados como la Cañada Real o Valdemingómez”, cuentan desde la Agència de Salut Pública de Barcelona. Cuando quitaron Can Tunis, la droga volvió a la ciudad. Volvió al Raval. 

Ese año se fundó Baluard, la primera sala de reducción de daños de Barcelona. Estaba fuera, en la vieja muralla. Ahora, por un cambio de usos, la han trasladado a la avenida Drassanes, al centro mismo del Raval. Dentro del barrio. Es tal vez la sala que mejor funciona. “Consumir aquí es seguro porque los toxicómanos cuentan con material esterilizado, pueden comer, pegarse una ducha, disponen de profesionales que les ayudan, que les controlan… Hacerlo en los narcopisos no lo es”, advierten desde Baluard.

Los consumidores están de acuerdo. Es el caso de Sid Vicious, un vasco de Zarautz al que bautizaron así de joven, “porque un día me escapé a Londres a ver un concierto de los Sex Pistols”. Llegó a Barcelona de adolescente y aquí se enganchó al caballo. “Recientemente he estado limpio porque me ingresé en un piso de estos de VIH donde no se puede tomar nada de droga. Pero ahora al salir he vuelto a consumir. A mí me gusta consumir. ¿Por qué no puedo pegarme una fiesta de vez en cuando?”, reivindica. Sid cobra una paga del estado por minusvalía y duerme en la calle. 

Sid Vicious es uno de los usuarios de la Sala Baluard de Barcelona

Sid Vicious es uno de los usuarios de la Sala Baluard de Barcelona DLF

Los toxicómanos se sienten más seguros aquí, pero el problema es que Baluard cierra a las diez de la noche, “¿Qué hacemos entonces?” se pregunta Billy. “Pues irnos a los narcopisos. Están muy bien porque tú compras allí y en lugar de largarte rápido, lo que haces es entrar en una habitación que no está nada mal. Es todo higiénico. Los dueños tienen a varios pakistanís para limpiar la sangre y reponer el material. También los tienen abajo de punteros, Lo que hace un puntero es vigilar. Cuando viene la policía empiezan a gritar “¡Los Chichos! ¡Los Chichos!” y esa es la alerta”.

No hay calle sin su narcopiso

Desde la Asociación de Vecinos de El Raval están hartos de esa situación. “No es que haya narcopisos. Es que son una plaga. Es difícil encontrar una calle del barrio en la que no encuentres uno“; se queja Pep García, presidente de la entidad. “Imagínate lo que es vivir puerta con puerta con un piso donde se meten yonkis las 24 horas a pincharse. Ponte en esa situación”.

García apunta que “En nuestro barrio, los autóctonos somos minoría. El 70% de la población es extranjera y la gran mayoría son de Pakistán“, explica, haciendo hincapié en la procedencia de la heroína. Y lamenta la falta de apoyo del Consistorio: “Hemos estado muy solos en las campañas que hemos llevado a cabo desde la Asociación para eliminar esta lacra. Caceroladas, dirigirnos al Ayuntamiento… pero nada”. García apunta directamente al gobierno de Ada Colau y a la concejala Gala Pin: “El Ayuntamiento de nuestra ciudad es nulo, sordo y ciego con nuestro problema. Que yo sepa, al menos tengo localizados 28 narcopisos en el barrio, pero creo que pueden ser 35. Pero el Ayuntamiento no hace nada. Nada. Imagínate cómo viven los vecinos de esos bloques”.

Los vecinos liberaron, con protestas y caceroladas, un bloque de narcopisos

Los vecinos liberaron, con protestas y caceroladas, un bloque de narcopisos DLF

Desde la Asociación de Vecinos tienen clara la solución: “Actuar contra ellos. Si usted comete un delito, ¿no lo meten en la cárcel? ¿El narcotráfico no es un delito? Pues que actúen. Esto es un agravio comparativo. ¿Alguien imagina esta situación en la zona alta de Barcelona? Pues no. Que tenga cuidado la señora Ada Colau y la concejala Gala Pin, porque yo entiendo que ya les interese tener reunida a toda la droga y toda la mierda de una ciudad en un barrio, pero lo de los narcopisos está saltando a otros barrios como La Barceloneta. Se les ha ido de las manos. De momento, lo sufrimos nosotros. El narcotráfico ha acabado con el comercio tradicional El Raval. Se han cargado el barrio”

Conclusiones

Varón, de 41 años, de clase media-baja que prefiere fumar heroína que inyectársela. En muchas ocasiones, extranjero y procedente del Este de Europa. Es el nuevo perfil de heroinómano en España. Bastante alejado del yonki de los 80 que básicamente se lo metía por vena y robaba radiocassettes de coche.

¿Hay más heroína ahora en España que en los últimos años? Mucha más. Desde 2012, el número de incautaciones de esta sustancia no ha hecho más que crecer en nuestro país. En 2017 se ha batido el récord histórico, con 461 kilos. Casi un 80% más que en 2016, que se cerró con 253 kilos decomisados. 361 de ellos han sido aprehendidos en Barcelona. Especialmente en el puerto.

Este incremento no es exclusivo de nuestro país. De hecho, no hacemos más que seguir un patrón mundial: la producción ha crecido de forma exponencial. Según Naciones Unidas, Afganistán (el principal productor) ha batido su propio récord de producción, con 9.000 toneladas. Un 87% más que en 2016. Unos porcentajes de subida muy similares a los registrados en España.

Motivos del incremento

¿Cuáles son los motivos? Uno es geopolítico. La guerra en Afganistán, tan ajena para Occidente, es crucial. Los grupos terroristas y la insurgencia necesitan financiarse y lo hacen con el cultivo de la planta de la adormidera y la producción de opiaceos, según la Oficina contra las Drogas de la ONU.

La otra razón es el crecimiento espectacular de la demanda en Estados Unidos. Joan Colom, subdirector de Drogodependencias de la Agència de Salut Pública de Catalunya, explica que “Las causas son distintas a las de Europa. Los médicos en EEUU están prescribiendo opiáceos como el fentanilo de forma legal. Cuando a la gente se le acaba el tratamiento, ya están enganchados. Entonces salen a la calle a buscar otros opiáceos y acaban consumiendo heroína”. Lo cierto es que en Estados Unidos, el problema tiene ya carácter de epidemia. Y Europa tiende, en muchas ocasiones, a imitar esos patrones de consumo.

Las condiciones en las que se inyectan los toxicómanos en Badalona son pésimas

Las condiciones en las que se inyectan los toxicómanos en Badalona son pésimas DLF

Hay un incremento de la producción mundial, una epidemia de consumo en Estados Unidos y un récord de incautaciones en Barcelona. ¿Quiere decir eso que ha aumentado el consumo local? No necesariamente. Significa que Barcelona es la puerta de esta droga como lo era Galicia para la cocaína. El narco gallego recibía cargamentos procedentes de Sudamérica y viajaban por el Atlántico. El catalán lo pide a Turquía, Pakistán y Afganistán y llega por el Mediterráneo. “Más decomisos no significa más consumo en Cataluña. Ni siquiera que se para España”, aclara Joan Colom .Desde aquí se distribuye a toda Europa.

108.000 pinchazos

¿Entonces se consume más heroína en Cataluña? Generalitat asegura que no. “Según las encuestas de consumo y el número de personas que solicitan ayuda, ha descendido desde 2002”, asevera Colom, que cree que “no hay motivo para alarmarse. El número de consumidores está controlado y la red de ayuda funciona. Hay 61 CAS (centros especializados) que dirigen las intervenciones. Hay psiquiatras, psicólogos… El consumo es más seguro. El año pasado se registraron 108.000 consumos. De esos, 108 derivaron en sobredosis. Y no hubo ninguna muerte”, se alegra.

Sin embargo, la principal fuente de estos datos son las encuestas de consumo, donde no todo el mundo dice la verdad, y las peticiones de tratamiento. Hay muchos toxicómanos que siguen sin pedir ayuda. Ya los barrios marginales han llegado nuevos clanes de narcotraficantes, cada vez con menos escrúpulos. Ven lo rentable que resulta reintroducir una sustancia tan adictiva y ya no sólo la venden: ya incluso facilitan el consumo. Los yonkis son su negocio. Y éstos siguen haciendo la ruta del caballo por toda la costa de Barcelona, desde Sant Roc hasta el Raval, pasando por Venus y la luna.

El edificio de la calle Venus es uno de los principales puntos de narcotráfico de Cataluña

El edificio de la calle Venus es uno de los principales puntos de narcotráfico de Cataluña DLF

Así monté cinco restaurantes fantasma y morí de éxito en Deliveroo y Just Eat

https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2018-01-14/restaurantes-fantasma-morir-exito-just-eat_1505094/

Foto: Un 'rider' de Deliveroo cruza París en abril de 2017. (Charles Platiau / Reuters)

A la cocina del Variopintos, especializado en setas y situado en una primera planta de la Carrera de San Jerónimo (a cinco minutos andando del Congreso de los Diputados en Madrid), le sobraba espacio y capacidad: en fin de semana llenaba, pero en muchas comidas de lunes a miércoles el local, con capacidad para setenta personas, se quedaba al 50%.

Esmeralda Domínguez (Soria, 1988) lo montó en 2013, poco después de licenciarse en Marketing y Gestión Comercial. “La localización fue arriesgada“, explica. “Era céntrico, aunque en una primera planta y había que hacer subir a la gente. El alquiler compensaba: 3.000 euros frente a los 30.000 del local de abajo. Pensé que con técnicas de comunicación podría posicionarlo como sitio privado, pero era difícil llenarlo todos los días“.

Un par de años más tarde, buscó cómo diversificar su negocio. “Tenía personal, así que dije: aprovechémoslo. Ya estaban la infraestructura, el local y los empleados. Solo había que contratar repartidores. Decidí probar el reparto a domicilio“.

En 2015, los servicios de comida a domicilio eran ya muy populares en España y la guerra en el sector —Just Eat comprando SinDelantal, La Nevera Roja comprando Entuboca y Rocket Internet comprando La Nevera Roja— acababa de empezar: tras meses de guerra sucia, Just Eat terminaría adquiriendo La Nevera Roja en 2016 y monopolizando el mercado antes de la entrada de Deliveroo. Poco tiempo atrás, cuando aquello aún era incipiente, el que más tarde sería socio de Esmeralda, Darío, probó el modelo de “central de comidas”: alquiló la cocina de un hotel, creó dos marcas sin local abierto al público —IloveNYfood y Arrocelia— y se especializó en el reparto de arroces y hamburguesas. “Fue al empezar Just Eat en Madrid. Aún estaban La Nevera Roja y Sin Delantal. Vendían Black Angus, una carne que aquí no se comercializaba“, recuerda. “Él había experimentado con ese concepto y le había ido muy bien”.

Cuando en Variopintos apostaron por la venta a domicilio, sabían que la creación de varias enseñas —cada una de un tipo de comida, elaboradas en la misma cocina y sin necesidad de local real— podía funcionar. Empezaron con tres.

“Empezamos con Caprichos de Mamá, una marca con la misma comida que el restaurante pero adaptada a domicilio: los platos más comerciales y fáciles”, relata. A través de un contacto, preguntaron a Just Eat cuáles eran los platos más vendidos de la plataforma para incluirlos en su menú. “Te llevas una sorpresa. Lo más vendido es lo más básico: patatas fritas, pan, croquetas… Nuestra mentalidad es de empresarios y dijimos: tenemos que hacer negocio. Porque la comida a domicilio es creciente, pero los márgenes son ajustados”.

Lo siguiente fueron las hamburguesas bajo la marca NYC Soho Burger, que ya nada tenía que ver con el restaurante original. “Siguiendo la tendencia, entramos en las hamburguesas gourmet. Tuvo mucho más éxito que Caprichos de Mamá”. Al poco, lanzaron la tercera: Tu Menú del Día y Tu Menú de Noche. Aprovechando la comida de Variopintos, crearon un formato de ocho primeros, ocho segundos, bebida y postre por 12 euros para reparto a domicilio.

“La subida de pedidos fue grande”, cuenta Domínguez. “El número de pedidos no es regular: los fines de semana y días de partido salen 100, pero un día cualquiera pueden salir solo cinco. Tu Menú del Día nos daba regularidad. Había oficinas que pedían diez menús, el Ayuntamiento pidió una vez veinte… Tuvo más éxito que los otros dos. ¿Éxito que es? Pues que hasta Just Eat nos regalaba cascos y cajones para las motos de los repartidores. A la gente le gustó”.

Caprichos de Mamá, NY Soho Burger y Tu Menú del Día terminaron saturando la cocina del Variopintos original, que, al margen del negocio a domicilio en Just Eat, funcionaba de cara al público. Justo en esas, a finales de 2015, Deliveroo llegó a Madrid.

Cinco restaurantes (y ninguno abierto al público)

“Variopintos ya no daba abasto. Se saturó la cocina de tantos pedidos”, continúa. “Y Deliveroo quiere más relación con el local y pide un restaurante físico. En ese momento, abrimos Zero. Lo trasladamos todo y lo montamos como central de restaurantes a domicilio”.

Zero nació como restaurante a pie de calle en la calle Bordadores, 2, al lado de la Plaza Mayor. Fue un traspaso: esta vez, Domínguez se asoció con el dueño del local que había antes (un sitio de comida vegana al peso llamado Alma Food que no triunfó). Salvo para algunos eventos, Zero no abría al público: en la cocina de la segunda planta del local funcionaron simultáneamente las tres marcas que ya había montado en Just Eat (Caprichos de Mamá, NY Soho Burger y Tu Menú del Día) y otras dos similares creadas ‘ad hoc’ para Deliveroo (Caprichos Gourmet y New York Angus Burger).

“Teníamos licencia de restaurante, pero no nos resultaba interesante ni rentable abrirlo al público. Vimos que la comida a domicilio crecía y que las hamburguesas a domicilio triunfaban, así que lo montamos como central”.

¿Y qué decían las apps de todo esto? Las políticas de Just Eat y de Deliveroo son claras con el cumplimiento de la legislación: sus restaurantes deben tener licencia para evitar situaciones ‘fantasma’ de cocinas caseras que repartan a domicilio. Pero en el caso de varios restaurantes en un único local la línea no parece tan obvia y a sus sistemas de comprobación (visitas a los locales “una media de dos veces al año” en Just Eat y “ocasionalmente” en Deliveroo) se les puede escapar con facilidad.

La tendencia de espacios dedicados solo al reparto a domicilio es creciente: en Madrid ya hay restaurantes —como la hamburguesería Goiko Grill o los japoneses Kabuki y Go Sushing— que cuentan con locales de entrega y recogida. Y en una vuelta de tuerca más, Deliveroo está montando sus propias cocinas para que los chefs dispongan de ellas sin necesidad de un restaurante real. La idea ya funciona en Londres en forma de barracas —los contenedores-cocina se llaman Roobox y cabrean a los vecinos que los sufren—, pero aún no tiene fecha de lanzamiento en España.

“Deliveroo no permite tener dos restaurantes virtuales en un mismo espacio, aunque ellos sí lo hacen en Londres”, apunta Domínguez. En el caso de sus restaurantes, “conocían Zero. Al principio no tenían muy clara la estrategia y eran nuevos en el mercado español, así que lo aceptaron. Luego quisieron cambiar las condiciones del contrato y nosotros no lo aceptamos, porque por un pedido de Deliveroo teníamos veinte de Just Eat”.

Deliveroo mantiene las URL de las marcas que crearon para ellos (Caprichos Gourmet y New York Angus Burger), con el mismo teléfono y dirección. Desde la empresa afirman que “detectaron” el duplicado ‘fantasma’ gracias a su protocolo. Just Eat asegura que “se asigna una sola máquina de pedidos por restaurante y se incluye en la plataforma con una sola entrada o perfil”. “Como el restaurante Variopintos estaba en La Casa de Soria [una asociación de sorianos] y los pisos se correspondían al 1ºA y 1ºB, pusimos esa diferencia en la dirección”, añade la dueña. Las URL (Caprichos de MamáNYC Soho BurgerTu Menú del Día) indican que los restaurantes ya no están disponibles en la plataforma, pero que en su momento sí lo estuvieron.

Si fue un éxito, ¿por qué no continúan con ello?

A finales de 2016, dos años después de empezar, Domínguez y su socio cerraron todas las marcas de comida a domicilio. En mayo de 2017, dejaron definitivamente la hostelería.

“Los pedidos seguían aumentando, pero el margen no merecía la pena para el trabajo que suponía. Eran momentos de locura: la máquina no daba abasto, no paraba de sacar tickets”.

Eso por un lado. Por otro, la difícil gestión de los repartidores, que en Just Eat corren a cargo del restaurante y en Variopintos (y resto de restaurantes ‘fantasma’ asociados) empezaron como trabajadores en nómina. “Luego decidimos que fueran autónomos, porque en una empresa tan pequeña no puedes soportarlo: si un repartidor tiene un accidente y una baja, entras en pérdidas. Pactábamos un fijo (1.000 euros al mes) más las propinas que sacaban. Pero es la parte más complicada. No tienen formación. ¿Y cuándo hay más reparto? Los domingos. ¿Y quién quiere trabajar un domingo? Pues no tanta gente”.

“Siempre teníamos que estar alguno de los gerentes controlando todos los pedidos, porque no puedes dejar salir un pedido sin comprobarlo: te arriesgas a una crítica de un cliente y no tienes capacidad para reaccionar”, continúa. “Esa persona está esperando su cena, es mucho más exigente. Si le llega frío o algo diferente a lo que ha pedido, es mucho cabreo e impotencia“.

“Dejarlo fue una decisión personal. Es una pena y se le puede dar una vuelta, pero ya teníamos otro negocio: consultoría de inversión. La comida a domicilio renta, pero no merece la pena para el trabajo que supone”, cuenta. Haciendo cuentas: el alquiler de un local en el centro (el de Bordadores, por ejemplo) son 2.700 euros mensuales, más dos personas en cocina (3.500 euros) más dos repartidores (2.000 euros) hacen un total de 8.200 al mes, a los que hay que sumar el resto de gastos fijos (unos 3.000) y variables (materia prima y comisiones a las plataformas de venta, Just Eat y Deliveroo).

“Si facturas 20.000, puedes ganar entre 2.000 y 5.000 mensuales. Es un sueldo. ¿Me merece la pena por todo este sacrificio? No“.

La estigmatización como mecanismo: ¿por qué culpamos a las víctimas?

http://articulando.com.uy/la-estigmatizacion-como-mecanismo-por-que-culpamos-a-las-victimas/

La estigmatización como mecanismo: ¿por qué culpamos a las víctimas?

Para quienes hayan intervenido en casos Bullying o Mobbing, tendrán claro que aquellos individuos que rodean a la víctima tienden a estigmatizarla de diferentes maneras; se pueden escuchar frases como “es tan culpable como el resto ya que permite que suceda”, “debería haber hecho algo” o “por su personalidad es blanco fácil” tienden a estar en boca de todos.

Esta acción de culpar a la víctima no es aplicable solamente a casos de Bullying, se puede ver en víctimas de violación, dónde se las llega, inclusive, a acusar de  “incitar el hecho”;  a individuos que viven bajo el nivel de pobreza se los cataloga de perezosos y/o desmotivados, cuando se padece una enfermedad mental o física se presume que han dado espacio a la enfermedad a través de un mal estilo de vida, entre otros. Existen casos en que las víctimas pueden, efectivamente, mantener cierta responsabilidad por el desafortunado hecho que transitan, sin embargo, con demasiada frecuencia esta responsabilidad es exagerada y otros factores son desestimados. ¿Por qué estamos tan ansiosos por culpar a las víctimas, incluso cuando no tenemos nada para ganar?

Culpar a la víctima no se trata únicamente sobre cómo evitar la culpabilidad, sino también se trata de evitar la vulnerabilidad. Mientras más inocente es la víctima, más amenazante es para el resto de los participantes. Las víctimas amenazan nuestra imagen de que el mundo es un lugar seguro y moral, donde las cosas buenas pasan a gente buena y las cosas malas le suceden a la gente mala. Cuando suceden cosas malas a la gente buena implica que nadie está a salvo, que no importa nuestro buen proceder, nosotros también podríamos ser vulnerables. La idea de que la desgracia puede ser al azar, atacando a cualquiera de nosotros en cualquier momento, genera una sensación terrible, y sin embargo nos enfrentamos todos los días con evidencia de que puede ser verdad.

En la década de 1960, el psicólogo social Dr. Melvin Lerner realizó una famosa seria de estudios en los que se detectó que cuando un número de participantes observaron a otra persona  recibir descargas eléctricas sin poder intervenir, comenzaron a “degradar”  a las víctimas. Mientras más injusto y grave parecía ser el sufrimiento, mayor será el sentimiento de minimización hacia la víctima.  Estudios han encontrado que un fenómeno similar se produce cuando la gente evalúa a las víctimas de accidentes de tráfico, violación, violencia doméstica, enfermedad y la pobreza. Las investigaciones realizadas por el Dr. Ronnie Janoff-Bulman sugieren que las víctimas, a veces, incluso se degradan  ellas mismos, localizando de la causa de su sufrimiento en su propio comportamiento, pero no en sus características perdurables, en un esfuerzo para hacer que los acontecimientos negativos parezcan ser más controlables, y por lo tanto, más evitable en el futuro.

Lerner tiene al teoría de que estas tendencias culpar a la víctima tienen sus raíces en la creencia de un mundo justo, un mundo donde las acciones tienen consecuencias predecibles y la gente puede controlar lo que les pasa. Es fácilmente observado en frases comunes como “lo que va, vuelve ” y “usted cosecha lo que siembra”. Queremos creer que la justicia vendrá a la gente mala, mientras que personas buenas y honestas que siguen las reglas serán recompensadas. La investigación ha encontrado, como es lógico, que las personas que creen que el mundo es un lugar “justo” son más felices y tienen menor tendencia a la depresión, aunque esta felicidad puede tener un costo alto ya que puede reducir nuestra empatía por aquellos que están sufriendo, y podemos, incluso, contribuir a su sufrimiento mediante el aumento de la estigmatización.

A partir de lo anterior ¿podemos inferir que la única alternativa a la creencia en un mundo justo es una sensación de impotencia y depresión? No, en absoluto. La gente puede creer que el mundo está lleno de injusticias, pero también pueden creer que son capaces de hacer del mundo un mejor lugar a través de sus propias acciones. Una forma de ayudar es luchar contra el impulso de racionalizar el sufrimiento de los demás, y reconocer que uno podría estar eventualmente en ese lugar. Este reconocimiento puede ser inquietante, pero también puede ser la única manera de que realmente podemos abrir nuestro corazón al sufrimiento del otro y ayudarles a sentirse apoyados y acompañados.

Lo que el mundo puede no tener en materia de justicia, al menos podemos intentar compensarlo en lo que refiere a compasión.

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Fuente: Breines, J. Why Do We Blame Victims? Psychology Today. Recuperado 28 de noviembre de 2013, a partir de http://www.psychologytoday.com/blog/in-love-and-war/201311/why-do-we-blame-victims

Cuando corsarios británicos y un gafe impidieron que Estados Unidos adoptase el Sistema Métrico

https://www.labrujulaverde.com/2018/02/cuando-corsarios-britanicos-y-un-gafe-impidieron-que-estados-unidos-adoptase-el-sistema-metrico

Como es sabido, en EEUU no se utiliza el Sistema Métrico ni otras formas de pesos y medidas habituales en el resto del mundo sino una variante del sistema británico llamado Imperial, que en distancia se basa en pulgadas, pies, yardas, millas y leguas, mientras que en masa recurre a onzas y libras, en volumen a pintas y galones, y en temperatura a la escala Farenheit. Lo que mucha gente desconoce es que ello se debió, si lo vemos con buen humor, al gafe de un ciudadano francés al que no salía nada bien en la vida: Joseph Dombey.

Dombey, nacido en 1742 en un pueblo de la Borgoña llamado Mâcon, estudió Medicina en la Universidad de Montpellier pero en París entró a trabajar como ayudante de un célebre botánico, Bernard de Jussieu, y su orientación profesional giró en esa dirección. Se convirtió en un experto de tal nivel que en 1776 se le encargaron los cuidados del famoso Jardin des Plantes y eso le abrió las puertas a participar en un viaje conjunto hispano-francés a Sudamérica bautizado con el nombre de Expedición Botánica al Virreinato del Perú, que dirigía el español Hipólito Ruiz López y cuyo objetivo era registrar las especies vegetales del cono sur americano. En esa época se hicieron frecuentes esos periplos científicos, como ya vimos aquí en el artículo sobre la Expedición Filantrópica de la Vacuna.

Busto de Joseph Dombey y un ejemplar de Dombeya spectabilis, planta llamada así en su honor/Foto: dominio público en Wikimedia Commons

Así fue cómo Dómbey llegó a El Callao en 1778 y reunió una buena colección de ejemplares y láminas realizadas por los artistas científicos José Brunete e Isidro Gálvez. Dado su tamaño, la envió en dos partes y la primera llegó sin problemas dos años más tarde pero la segunda cayó en manos de corsarios británicos inaugurando lo que iba a ser una constante adversidad marítima. Es inevitable reseñar la curiosidad de que aquellos especímenes arrebatados fueron entregados al British Museum (fundado en 1753) y hoy todavía se pueden contemplar allí.

Para compensar esa pérdida, Dombey recopiló trescientos dibujos más de especies raras pero cuando se disponía a embarcarlos las autoridades virreinales, advertidas de que desviaba más muestras a su país de las que declaraba, se los confiscaron aduciendo que las obras de artistas nativos no podían exportarse a otras naciones. De manera que quedaron en manos de Ruiz López y otro botánico español que formaba parte de la misión, José Antonio Pavón Jiménez, los cuales los incorporaron a la obra que publicarían con el material acumulado, Flora Peruviana et Chilensis.

La América española en el siglo XVIII

En realidad aquel viaje fue un cúmulo de adversidades de todo tipo, desde la pérdida de más material en un naufragio y en un incendio a un motín de los ilustradores -que obligó a contratar otros- y a las desavenencias entre los miembros, especialmente entre Ruiz y Dombey, que llevaron a éste a abandonar la expedición en 1784. Se siguieron enviando cosas a Europa hasta 1811 pero ya sin el concurso del francés, que se había marchado a la Capitanía de Chile para recolectar plantas.

Arrastrando el gafe consigo, su llegada a la ciudad de Concepción, en la región del Biobío, coincidió con una epidemia de cólera en cuyo tratamiento colaboró activamente y después visitó las minas de mercurio antes de emprender el regreso a Francia. Desembarcó en Cádiz en 1785 para encontrarse que el gobierno español no sólo le incautaba las setenta y tres cajas que traía sino que lo encarcelaba y únicamente accedía a dejarlo libre con el compromiso de no publicar antes de que Ruiz y Pavón retornaran.

Hipólito Ruiz López/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Finalmente pudo pasar a su país con parte del material; parte se la dio en custodia al Conde de Buffon y parte se la entregó al botánico L’Héritier, que escapó con ella a Inglaterra para evitar su reclamación, aunque al final retornó a suelo galo y actualmente se puede ver en el Jardin des Plantes y el Museo Nacional de Historia Natural de París (más las citadas muestras del British Museum y las que conserva el Real Jardín Botánico de Madrid).

Pero el episodio más importante para el tema que nos ocupa, el de los pesos y medidas, se produjo en 1794 y tuvo desgraciadas consecuencias, como en las veces anteriores. Dada su experiencia transatlántica, Dombey fue designado por el gobierno revolucionario francés para estrechar lazos con los recién creados Estados Unidos de América, cuya independencia había apoyado política, económica y militarmente años atrás, debiendo atravesar de nuevo el océano en dirección a Filadelfia.

Su misión era entrevistarse con el futuro presidente Thomas Jefferson, que había sido embajador en Francia y entonces ocupaba el cargo de Secretario de Estado, para negociar la importación de grano americano y entregarle dos estándares de medición franceses: el primero, de longitud, se llamó metro y el segundo, de masa, se bautizaría dos años después con el nombre de kilogramo. Jefferson había recomendado al Congreso su adopción para sustituir al complicado y obsoleto Sistema Imperial, heredado de la dominación británica.

Thomas Jefferson en 1791 (Charles Wilson Peale)/Imagen: dominio público en Wikimedia Commons

Dombey parecía la persona perfecta para ello, dada su formación científica. El problema estaba en que fallaba por el lado de la suerte. Sus dos aventuras anteriores no acabaron muy bien, como vimos, y esta tercera sería un desastre aún peor. No por culpa suya, eso sí, salvo que nos tomemos en serio que realmente fuera un cenizo. El caso es que, semanas después de zarpar de Le Havre, una tempestad alejó al barco de su ruta y lo empujó hacia aguas caribeñas, donde le salieron al paso dos naves corsarias que enarbolaban la Union Jack.

Temiendo por su vida, pues Reino Unido estaba en guerra con Francia, Dombey tuvo la ocurrencia de despojarse de su ropa y vestirse de marinero, ya que buena parte de la tripulación era española y en esos momentos España formaba parte de la Primera Coalición contra los franceses, a la que también se incorporó el gobierno del rey Jorge III. Contaba a su favor con saber algo del idioma gracias a su experiencia en los territorios peruano y chileno, pero por lo visto no fue suficiente y los británicos descubrieron su verdadera identidad, enviándole a una prisión de la isla de Montserrat, en las Antillas Menores, colonia británica desde 1632.

Localización de la isla de Montserrat en el Caribe/Imagen: DXCoffee

Allí se terminó su historia porque falleció ese mismo año, antes de que pudiera pagarse su rescate. Con él murió también su misión; los muestrarios de pesas y medidas que llevaba consigo no llegaron a su destino y el cambio de sistema cayó en el olvido. La introducción oficial del Sistema Métrico en EEUU tuvo que esperar a la última década del siglo XIX, por la llamada Orden de Mendenhall, aunque no sustituyó a las otras medidas sino que simplemente lo reglamentó.

En realidad, tras aquel primer fracaso de Dombey y Jefferson, el gobierno estadounidense compraría una copia del metro francés en 1805 y otra del kilogramo en 1820, autorizándose su uso en 1866. Si alguien se pregunta qué fue de las muestras estándar que llevaba el infortunado Dombey -eran seis conjuntos de reglas y pesas- fueron subastadas; las originales terminaron en manos de Edmund Randolph, sucesor de Jefferson en la Secretaría de Estado, al que no le importaron lo más mínimo. De las demás copias no se sabe excepto de una pesa que adquirió Andrew Ellicott, un agrimensor de la época, cuyos descendientes la donaron al museo del NIST (National Institute of Standards and Technology).

Fuentes: Pirates of the Caribbean (Metric Edition) (Keith Martin en NIST)/Dombey y la Expedición al Perú y Chile (Enrique Álvarez López)/Relación del viaje hecho a los reinos del Perú y Chile (Hipólito Ruiz)/Wikipedia

La mujer de rojo

Una de esas canciones de la segunda mitad de los 80 que se queda en la memoria. Un One Hit Wonder de Chris Deburgh y una canción atemporal que se seguirá escuchando siempre. Una canción preciosa de las que hoy en día ya no se hacen.

I’ve never seen you looking so lovely as you did tonight,
I’ve never seen you shine so bright,
I’ve never seen so many men ask you if you wanted to dance,
They’re looking for a little romance, given half a chance,
And I have never seen that dress you’re wearing,
Or the highlights in your hair that catch your eyes,
I have been blind;

The lady in red is dancing with me, cheek to cheek,
There’s nobody here, it’s just you and me,
It’s where I want to be,
But I hardly know this beauty by my side,
I’ll never forget the way you look tonight;

I’ve never seen you looking so gorgeous as you did tonight,
I’ve never seen you shine so bright, you were amazing,
I’ve never seen so many people want to be there by your side,
And when you turned to me and smiled, it took my breath away,
And I have never had such a feeling,
Such a feeling of complete and utter love, as I do tonight;

The lady in red is dancing with me, cheek to cheek,
There’s nobody here, it’s just you and me,
It’s where I want to be,
But I hardly know this beauty by my side,
I’ll never forget the way you look tonight;

I never will forget the way you look tonight…
The lady in red, the lady in red,
The lady in red, my lady in red,

I love you…

Doctorado en biología, con experiencia en investigación del ADN… por 650 euros brutos al mes

https://www.elboletin.com/noticia/160735/

Laboratorio

Una oferta laboral para trabajar en la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón ha elevado la indignación. En un primer momento, se ofrecía el puesto de trabajo en el servicio de Cardiología por 40 horas semanales. Sin embargo, al tiempo de hacerse público lo ofrecido, la cifra de horas ha bajado hasta las diez semanales. Lo que no han variado son las críticas y el salario lo que ofrece la fundación de la Comunidad de Madrid656,33 euros brutos al mes con las pagas prorrateadas.

“Oferta del Gregorio Marañón: piden un doctor en Biología, jornada más que completa (40 horas semanales) y el sueldo no supera los 660 al mes. ¿Es esto aceptable?”, reprochaba a Cristina Cifuentes el usuario de Twitter que ha alertado de la oferta. Los requisitos se mantienen firmes: se necesita un “doctor/a en ciencias biológicas” y que tenga “experiencia probada en el desarrollo de proyectos científicos”.

En concreto, la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón busca un profesional que cuente con experiencia en el “análisis genómico, experimentación animal”, así como con “técnicas de extracción de ADN, PCR, secuenciación, análisis de transcriptoma y RNA-seq”. Por último, el centro “valorará experiencia previa como IP de proyectos tanto nacionales como internacionales”.

Oferta del Gregorio Marañón: piden un doctor en Biología, jornada más que completa (40 horas semanales) y el sueldo no supera los 660 al mes. ¿Es esto aceptable @ccifuentes? ¿Algún partido que defienda a los investigadores? @ahorapodemos @ierrejon

“Será imprescindible que se acredite la experiencia con publicaciones en posiciones relevantes en revistas científicas de elevado índice de impacto”, completa el hospital. Momento en el que las dudas han empezado a aparecer. “No sé que me parece más vergonzoso, si el sueldo de la jornada completa o que la jornada no sea ni media jornada, pidiendo ser titular de universidad (condición indispensable para ser IP como piden)”, replicaba el usuario que ha tenido acceso a la oferta.

No sé que me parece más vergonzoso, si el sueldo de la jornada completa o que la jornada no sea ni media jornada, pidiendo ser titular de universidad (condición indispensable para ser IP como piden)

Una serie de requisitos para acceder a un puesto de trabajo de 10 horas semanales en el que las tareas a realizar son múltiples durante un periodo de nueve meses. Según señala el centro, el candidato tendrá que servir de “apoyo a grupo de investigación del Servicio de Cardiología en las tareas de desarrollo, coordinación, gestión y elaboración de informes del proyecto PIE”.

La Comunidad de Madrid ‘se olvida’ de las Fundaciones de Investigación Biomédica

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Asimismo, el doctorado que finalmente acceda al puesto de trabajo en el centro de la Comunidad de Madrid también deberá realizar “tareas de apoyo a la investigación, incluyendo soporte a la secuenciación de microbioma, análisis e interpretación de resultados, interacción con los demás grupos participantes, gestión de reuniones y redacción de informes”.

De hecho, el cambio que ha realizado la fundación de pasar de las 40 horas semanales a las 10 ha encontrado respuesta del usuario que ha denunciado la propuesta: “Me parece aún más vergonzoso entonces: un cuarto de jornada para un titular de universidad”. No obstante, no es la primera oferta de empleo que lanza la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón.

pero si pone 10 horas/semana en el documento del link!! Debió ser un error y lo han rectificado

Me parece aun más vergonzoso entonces: un cuarto de jornada para un titular de universidad.

La jornada laboral se paga a 1.815 euros brutos al mes

Sin ir más lejos, una jornada laboral de 40 horas semanas durante dos años tiene precio para este centro: 1.815 euros brutos al mesA esta oferta, la fundación también pide sus requisitos: que el candidato tenga un máster, “preferiblemente en el área de ingeniería biomédica y/o sensores y transductores”; que no falte la experiencia laboral en varias especialidades; que tenga un “alto nivel de conocimiento inglés”, aunque también “se valorará conocimientos en un tercer idioma, preferiblemente francés”; y que tenga permiso de conducir B.

“Seguimos para bingo. Licenciado, máster, experiencia laboral, nivel alto de inglés, preferible saber además francés, saber Matlab y tener carnet de conducir (?). ¿El premio? 2 años de contrato con 1800 euros brutos ==> 1350 euros netos (en Madrid)”, vuelve a replicar el usuario de Twitter que ha cargado contra las dos ofertas de empleo que salen desde la sanidad pública madrileña.

Seguimos para bingo. Licenciado, máster, experiencia laboral, nivel alto de inglés, preferible saber además francés, saber Matlab y tener carnet de conducir (?). ¿El premio? 2 años de contrato con 1800 € brutos ==> 1350 € netos (en Madrid).  @jmmulet http://www.iisgm.com/wp-content/uploads/2011/10/INGENIER%C3%8DA-BIOM%C3%89DICA-MASTER-INGENIER%C3%8DA-BIOM%C3%89DICA.pdf 

La crisis de las Fundaciones de Investigación Biomédica

Estas ofertas laborales llegan en un momento en el que el conflicto en estos centros ha estallado. Hace apenas una semana, los sindicatos denunciaron la “desidia” y la “tomadura de pelo” de la Consejería de Sanidad para negociar durante dos años un “convenio digno” para sus trabajadores.

En este sentido, el pasado 15 de marzo los trabajadores de estas fundaciones se manifestaron ante la sede de la Comunidad de Madrid en la Puerta del Sol para protestar por su situación laboral. Un grito sonó: “Sin investigación no hay futuro para la sanidad pública”.