Mediamarkt apuesta ahora por el lema “Yo no soy un hijo de la gran puta”

http://www.elmundotoday.com/2018/01/mediamarkt-apuesta-ahora-por-el-lema-yo-no-soy-un-hijo-de-la-gran-puta/

Viendo el éxito de su lema “Yo no soy tonto”, la compañía de venta de productos tecnológicos Mediamarkt ha decidido dar un paso más allá en su estrategia de comunicación, cambiando su eslogan por “Yo no soy un hijo de la gran puta”, según han informado fuentes de la compañía.

“La ecuación es sencilla”, dice su director de marketing, Fernando Pastor. “Si con ‘tonto’ nos fue bien, con ‘hijo de la gran puta’ nos tiene que ir mejor”, argumenta, insistiendo en que el argumento es “de lógica aplastante”.

La propuesta, ideada por la misma agencia que dio con el eslogan anterior, de momento está siendo un éxito. Calculan que las ventas se han multiplicado un 67%. “Son buenos datos”, reconoce Pastor. “Pero aún hay trabajo por hacer. Todavía quedan muchos hijos de la gran puta que van a comprar a otras tiendas”, advierte.

Además, Mediamarkt ha incluido una referencia a este nuevo lema en sus bolsas de plástico, que ahora lucirán la frase “Un hijo de la gran puta nunca llevaría esta bolsa”. Estarán disponibles a partir de la semana que viene, cuando lanzarán su campaña en medios titulada “No seas hijo de la gran puta y aprovecha los días sin IVA en televisores de plasma”.

Esta semana, la empresa Telepizza ha confirmado también que, en un alarde de honestidad, ha decidido cambiar su clásico lema “El secreto está en la masa” por “El secreto está en una estrategia de internacionalización mediante el negocio de las franquicias”.

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El escandaloso negocio del agua embotellada

http://www.nuevatribuna.es/articulo/economia/escandaloso-negocio-agua-embotellada/20171227165446146742.html?platform=hootsuite

El agua embotellada es uno de los negocios más lucrativos para las empresas que se dan en España. Se vendieron en el año 1970 en el mundo unos 1.000 millones de litros de agua embotellada. En 2004, ya eran 154.000 millones. Se calcula que en 2017 rondarán los 250.000 millones de litros de agua embotellada.

España es el tercer país consumidor de agua embotellada de Europa. Tiene un consumo de 116 litros por persona/año, pero antes de la crisis se llegó a los 137 litros y ya se está volviendo a recuperar el consumo. Sólo estamos por detrás de Italia y Alemania en consumo de agua embotellada. A nivel mundial somos los sextos consumidores de agua embotellada.

agua1El gasto del agua embotellada en el mundo fue de 80.000 millones de dólares en el año 2015, según la ONU y simplemente con 20.000 millones de dólares anuales conseguiríamos que unos 550 millones de personas en el mundo tuvieran sistemas abastecimiento y alcantarillado. Actualmente, hay 1.100 millones de personas que carecen de él.

Como dice Andrea Gambas “Con el agua está pasando como ocurrió con el vino, hay mucho interés por conocer aguas con característica muy singulares”. En los restaurantes más lujosos del mundo se nos presentan cartas de agua como: Agua de lluvia recogida en Tasmania (Marca Cloud Juice). Agua obtenida de un manantial bajo un volcán japonés (marca Fine). Agua filtrada de glaciares canadienses (marca Berg). Tenemos la botella de agua de la marca Bling, decorada con cristales de Swarovki con precios que rondan los cien dólares la unidad.

¿Por qué es un gran negocio el agua embotellada?

Lo que pagamos los españoles por el metro cúbico de agua de nuestros grifos es de 1,65 euros, es decir, el litro de agua la pagamos a 0,00165, mientras estamos pagando el litro de agua embotellada a una media de 0,50 euros el litro. Solamente con este dato nos podemos dar cuenta el negocio que es para las empresas el agua embotellada.

Entenderán cómo se han multiplicado el número de empresas embotelladoras al calor del negocio del agua embotellada. Las grandes multinacionales de la alimentación como Danone, Nestlé, Coca Cola están presentes en el sector. Sirva como ejemplo Coca Cola, que ya factura más dinero por la venta de agua embotellada que por la propia Coca Cola.

agua2El coste del agua de grifo en España es muy barato en comparación a otros países europeos como Holanda a 4,4 euros el m3 o Alemania con 4 euros. Hoy pagamos en España el mismo precio, independientemente del consumo que se haga, lo que nos lleva al despilfarro. Esto es un error. Debemos plantearnos un precio algo más bajo para los primeros cien litros de consumo por persona/día y deberíamos pagar 1,30euros, mientras que todo lo que superen este consumo se cobraría al precio que tiene Holanda, es decir, 4,40 el m3. Esto provocaría una racionalización y eficiencia en el consumo del agua y se podría destinar el dinero suplementario obtenido a mejorar las redes de distribución del agua.

En España toda el agua, que sale por nuestro grifo es potable, pero depende de que zonas, es difícil de beber por su mal sabor y es ahí donde las embotelladoras venden más agua.

¿Tiene solución ese mal sabor del agua del grifo en determinadas regiones?

Evidentemente sí, el problema radica en que no se hacen inversiones en infraestructuras de transporte y potabilización del agua desde los años ochenta. Tanto PP/PSOE han estado más interesados en los procesos de privatización del agua municipal, que en prestar un buen servicio de agua. Siendo estas privatizaciones una de las fuentes de corrupción de nuestro sistema político.

¿El agua del grifo es tan buena como el agua embotellada?

Evidentemente sí. Algunas aguas embotelladas pasan un tratamiento potabilizador para que estén al nivel del agua de grifo. Algunas de estas aguas potables preparadas, fueron captadas en manantiales que no reunían las condiciones de consumo humano. Estas aguas deben especificar cuál es su origen y el tratamiento recibido.

Coca Cola reconocía en los años 2003/2004, que el agua de su marca Dassain era agua común y corriente del grifo de Londres, teniendo que retirar cientos de miles de botellas del mercado ¿Entienden ahora mejor el negocio del agua embotellada?

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El diario británico The Guardian resumía de esta forma el proceso del agua embotellada: “Tome usted agua del grifo de Londres, sométala a un proceso de depuración, denominándola “agua pura” agregue un poco de cloruro de calcio que contenga bromuro para darle sabor, luego bombee ozono, oxidando el bromuro, lo cual no es un problema, convirtiéndola en bromato que sí lo es. Envié estas botellas del agua al comercio, conteniendo el doble del límite legal de bromato y el negocio es redondo”.

La diferencia entre un agua embotellada y otra del grifo está en que la embotellada usa el filtrado por ósmosis inversa, mientras que la del grifo emplea el cloro. Cuanto más deteriorado este el sistema de redes de abastecimiento más cloro se le añade y hace que su sabor sea peor.

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El especialista en aguas Michael Blandin dice: “Hay varias técnicas utilizadas por las compañías, y las pregonan como técnicas patentadas que, pasan por siete fases diferentes de filtración y todo lo demás. Y si se analiza el asunto no es más que la ósmosis invertida, básicamente no es más que hacer pasar el agua por una membrana para eliminar contaminantes, lo que es en realidad muy similar al tipo de proceso que se puede encontrar en filtros domésticos de agua, simplemente el tipo que se nos coloca en el grifo. De manera que el asunto no es tan sofisticado como podrían pretenderse que es”.

Las aguas que permanecen largo tiempo embotelladas a temperaturas ambiente también sueltan un metal liberado por el plástico, llamado antimonio, que aunque a niveles bajos no es peligroso no es recomendable. Además, suelta otro compuesto llamado bisfeno A. En el año 2014, el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada encontró diversas sustancias contaminantes, que pueden imitar el comportamiento de determinadas hormonas.

Debemos tener claro, que el agua embotellada no es la solución al problema del agua en el mundo, sino que sirve para aumentarlo. Ecológicamente no hay color entre el agua de grifo y el agua embotellada.

El agua embotellada usa mayoritariamente plásticos derivados del petróleo que implican un gran coste en su reciclaje. Todos hemos visto cantidades industriales de botellas de plástico abandonadas en nuestros campos, que acaban contaminando todo a través de la liberación con el tiempo de metales pesados, que llegan a nuestros acuíferos contaminándolos. La mayoría de de las botellas de agua se fabrican con terephthalate de polietileno que es un plástico derivado del petróleo.

agua6A todo ello, hemos de añadir el consumo de energía para su extracción, al que hay que unir el gasto de energía en la ósmosis inversa y posteriormente el transporte lejano a sus puntos de ventas.

Ante la problemática que representa el agua embotellada, ciudades norteamericanas como Boston, o Nueva York, entre otras, están haciendo campañas para favorecer el consumo del agua de grifo. Incluso ciudades como Chicago ha puesto un recargo impositivo de 10 céntimos de dólar a cada botella de agua embotellada.

El ex responsable del Departamento de protección Ambiental de Nueva York, Emily Lloyd decía: “El agua embotellada utiliza mucha más energía que la del grifo tanto en la producción como en el transporte y el agua de grifo sirve para algo más que para ducharse o lavar las manos”.

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Aquí en España, el Ayuntamiento de Donosti no usa ya botellas de agua embotellada sino jarras de agua del grifo y ha conseguido que más de setenta locales se hayan adherido a la campaña de sustituir el agua embotellada en la mesa por garras de agua de grifo en los menús. Evidentemente, los restaurantes se resisten porque ellos con el agua embotellada hacen negocio.

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La ex concejal donostiarra Victoria Iglesias decía:” Queremos concienciar al ciudadano de la importancia de un consumo responsable. Es una solución más económica, más respetuosa con el medio ambiente……aquí el agua de la red es de altísima calidad. Nuestro objetivo es reducir en origen la producción de residuos”.

Les invito a que usen mucho más el agua de grifo, porque de esta forma estamos participando en mantener en mejor estado nuestro planeta. Además debemos de tener constancia y defender el agua como un bien público, que no sea tratado como una mercancía, cuando el agua es un derecho humano que todos tenemos.

 

La psicosis desde dentro

http://www.jotdown.es/2018/01/la-psicosis-desde-dentro/

No es muy habitual que un psiquiatra escriba abiertamente sobre sus propios síntomas, menos aún cuando se trata de síntomas psicóticos. Lo hizo hace unos años un psiquiatra de Liverpool, Aashish Tagore, al publicar un artículo en el que contaba su ingreso en la unidad de psiquiatría donde trabajaba. Dado su llamativo título (algo así como Salir del armario —el psiquiatra psicótico— sobre el estigma de las enfermedades mentales), podríamos pensar que se trataba de una muestra de amarillismo periodístico, pero lo cierto es que se publicó en una revista científica (1). El texto hablaba a las claras de los prejuicios asociados a las llamadas «enfermedades mentales», no solo entre los ciudadanos de a pie, sino entre los propios profesionales de la salud mental. Durante su ingreso, tanto él como los compañeros que le atendieron sintieron vergüenza. Fue entonces cuando Tagore se dio cuenta de sus propios prejuicios y decidió escribir el artículo para luchar contra el estigma y, de paso, airear un poco el armario de la psiquiatría.

Con un título más discreto, acaba de publicarse en nuestro país un testimonio igualmente valioso: Julio Fuente, un delirio (2)En él el psiquiatra madrileño, fallecido en 2014, nos cuenta justo eso, un delirio, uno entre otros, porque, en esencia, nada diferencia el suyo del de otras personas que nunca han llevado una bata blanca. Si algo muestran estos testimonios es que, en contra de lo que habitualmente se cree, quienes presentan estos síntomas no son tan diferentes, tan radicalmente otros, como nos gusta pensar, tal vez para creer que estamos a salvo de la psicosis. Tener un CI alto, como se le presupone por ejemplo al premio nobel John Forbes Nash, no te protege de las alucinaciones y los delirios. Tener formación como psicólogo o psiquiatra, y años de experiencia tratando pacientes, tampoco. Cuando lo vivieron en primera persona, ni Tagore ni Julio pudieron distinguir un pensamiento «normal» de uno psicótico. Como dice Francisco Pereña, que fue psicoanalista de Julio durante años, no deberíamos olvidar «nuestro real parentesco con nuestro hermano al que llamamos loco». El análisis del delirio que hace Pereña y sus incisivos comentarios sobre la psiquiatría completan un libro que debería ser de lectura obligada para quienes se dedican a este oficio, cuando menos, ambiguo.

Otros antes que Julio han contado la psicosis desde dentro. Lo hizo el juez Schreber, el famoso psicótico estudiado por Freud, en Sucesos memorables de un enfermo de los nervios. Y con más sutileza lo fue haciendo Robert Walser mientras se «ausentaba» en su escritura, que diría Walter Benjamin. Cuando tenía unos treinta años, el escritor suizo empezó a escribir con una letra microscópica en los márgenes de las facturas, las esquinas de los periódicos o cualquier trozo de papel en blanco que cayera en sus manos. Poco después ingresó en el psiquiátrico de Herisau, donde pasaría los últimos veinte años de su vida, y dejó de escribir (al fin y al cabo, dijo, estaba allí para estar loco, no para escribir). Décadas después de su muerte, entre sus minúsculos manuscritos (los famosos microgramas), encontraron el borrador de una novela, Der Räuber (aquí traducida como El bandido), que les llevó años descifrar. El protagonista del libro, llamado precisamente der Räuber, además de remitir al nombre propio del escritor (Robert), oía voces y tenía delirios de referencia. Walser no le habló a nadie de esa novela porque nunca tuvo intención de publicarla. Julio, en cambio, quiso dejar escrito su delirio, sus memorias del subsuelo, y trató de poner en orden su relato de forma que fuera comprensible para el lector. Durante años no lo mostró a nadie, por pudor, hasta que le diagnosticaron una enfermedad grave. Como ante la muerte no hay pudor que valga, decidió enseñar el texto a un compañero, con la esperanza de que su testimonio pudiera ayudar a otros. El escrito de Julio, dice Pereña, «es una despedida del delirio a sabiendas de que es, a su vez, una despedida de la vida».

Julio cuenta sin tapujos cómo fue fraguando su delirio, un delirio «psicoanalítico», como él decía, muy relacionado con su profesión: tras acudir a una reunión del Campo Freudiano, asociación de psicoanalistas de orientación lacaniana, y leer un texto de Jacques-Alain Miller, «sucesor oficial y yerno de Lacan», empieza a tomar cuerpo en su mente la idea de que él es en verdad el elegido para ocupar el lugar de Lacan y liderar la Escuela Europea de Psicoanálisis. Tiene la certeza de que sabe algo que los demás no saben, que él mismo todavía no sabe, pero que pronto le será revelado. Ese primer episodio culmina en su primer y efímero ingreso, ya que se aprovecha de su condición de médico para salir del hospital (al fin y al cabo, «¿cómo podría ser al mismo tiempo encarcelado el carcelero?»). Lejos de convencerle del carácter delirante de sus ideas, el ingreso sirve para echar leña a un delirio que tiene ya tintes religiosos: «el Hijo perseguido» se despierta «sujeto con unos correajes a la cruz de la cama». Sin duda, él sería el salvador de las personas que estaban ingresadas. Es más, debió de pensar, tal vez había tenido que pasar por ese trance para poder entenderlas, igual que Jesús se hizo hombre y fue crucificado para poder entender el dolor humano. Más tarde ese secreto que aún no le había sido revelado adquirirá importancia nacional: Alfonso Guerra, la Guerra del Golfo y una banda de narcotraficantes se incorporan a la trama, trama que le haría pasar las noches en vela deambulando por las calles de Madrid o el aeropuerto de Barajas. La fuga maníaca de Julio concluyó con un nuevo ingreso, esta vez de tres semanas.

Las personas que pasan por un ingreso psiquiátrico suelen vivirlo como «una injusticia, secuestro o malentendido». En su caso, se daba además la circunstancia de que siempre había estado «en el otro lado». Para él, la figura del poder, el psiquiatra de guardia, era ahora «una especie de marioneta que gesticulaba y hablaba de forma ridículamente sincopada, con un exagerado amaneramiento». Pereña critica en su texto el excesivo poder de los psiquiatras («un saber tan escaso para un poder tan excesivo»). También António Lobo Antunes, que dejó la psiquiatría para dedicarse a la literatura (o, como él dice, dejó un oficio de locos por una tarea en esencia esquizofrénica), ha dicho en alguna ocasión que el poder de los psiquiatras «es una cosa horripilante». El escritor portugués se sirvió de su experiencia profesional en novelas como Conocimiento del infierno, donde criticaba la deshumanización de algunos profesionales. Así, ante un paciente que no quería contestar ninguna pregunta relativa a su infancia, el psiquiatra opta por aumentarle la medicación «y guardarle la ropa de paso: desnudo, siempre estamos más seguros de que no se haga humo (…) Dentro de tres días estará manso como un paralítico». El poeta Leopoldo María Panero, que de ingresos psiquiátricos sabía bastante, relaciona estas prácticas abusivas con el desconocimiento: «El desconocimiento de la realidad del “otro” (del “enfermo”) va tan lejos que en lugar de apropiadamente tranquilizarlo (cosa que es siempre posible) el sujeto devenido puro objeto, pura cosa (“bestia”), es amarrado temiendo una reacción imprevisible (no humana)».

Aparte de despertarse sujeto a la cama con correas, Julio habla de otro tipo de contención: «las manifestaciones más montaraces de la locura se han doblegado bajo la camisa de fuerza química de los psicofármacos». El psiquiatra habla de los efectos adversos de la medicación psiquiátrica, pero, pese a ello, sigue sin cuestionarse las prescripciones médicas. Lo que más llama la atención de su testimonio es cómo vive internamente lo que desde fuera se considera una mejoría: «Conforme se suponía que estaba mejor, mi metamorfosis en piedra se aceleraba». Como él dice, se acostumbró a desconocerse, «dejó de saber», «desaprendió», como si el precio a pagar por su «estabilidad mental» fuese el de su propia desaparición. Más tarde, dejaría de ejercer como psiquiatra.

Pero, además de este «desdibujarse» asociado a la medicación y a los propios síntomas, el paciente corre el riesgo de caer en el más absoluto anonimato por otra razón. Buena parte de la psiquiatría actual parece olvidar que los síntomas se viven en primera persona: «El loco», escribe Pereña, «es ahora un enfermo que ha caído en el anonimato del gen o del neurotransmisor». También Lobo Antunes denuncia este cambio de la psiquiatría: «Antes la medicina tenía una enorme carga cultural; ahora se han convertido en ingenieros médicos. Es más importante la enfermedad que los enfermos». Para ser justos, también hay que decir que el problema no está solo en la psiquiatría más «biologicista». No son pocos los psicólogos que siguen paso a paso sus manuales de intervención, diseñados para tratar las fobias, el TOC o la depresión, como si se tratasen de recetas de cocina, sin tener en cuenta la biografía y circunstancias de quien tienen delante. Julio cuenta que, dirigidos por la psicóloga del hospital, se sentaban «alrededor de una mesa en estado de profunda concentración —una especie de ouijasin vaso—, intentando visualizar mentalmente un paisaje paradisíaco y comunicarlo al resto de la concurrencia». Teniendo en cuenta que esa «intervención terapéutica» chocaba frontalmente con el resto de medidas y con la realidad más inmediata de los pacientes, no es de extrañar que esas sesiones acabaran «como el rosario de la aurora».

Con todo, el hecho de que un libro como este, muy crítico con la psiquiatría, se haya distribuido de forma gratuita a los socios de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) y que cada vez más profesionales se manifiesten en contra de las medidas coercitivas en salud mental hace pensar que no todo está perdido. Psicólogos y psiquiatras están en una posición privilegiada para ayudar a quienes están sufriendo, pero, para poder hacerlo, además de acabar con las prácticas abusivas, urge repensar la clínica. Los profesionales de la salud mental no son «policías de la mente» (o no deberían serlo). El personaje de Lobo Antunes se negaba a contestar las preguntas del psiquiatra porque no quería que le convirtieran en otra persona (o, más bien, que le convirtieran en nadie): «Quieren cambiarme la infancia, pensó, volverla aséptica, despoblada, inhabitable. Quieren robarme los bibelots del pasado, la comunión solemne, la primera masturbación, los cigarrillos Três Vintes clandestinos de las vacaciones, transformar mi vida en una habitación de hotel impersonal y fea…». Básicamente, todas las medidas terapéuticas deberían estar orientadas a evitar que la vida de estas personas se transforme en una habitación anónima y vacía. Eso sí, siendo realistas, con cada vez menos tiempo para dedicar a los pacientes, va a ser difícil cambiar las cosas mientras los gestores de los sistemas de salud sigan pensando que el pararse a escuchar o dialogar con ellos es un lujo que no podemos permitirnos.

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(1) «Personal experience: Coming out -the psychotic psychiatrist- an account of the stigmatising experience of psychiatric illness». Aashish Tagore. The Psychiatric Bulletin (2014); 38(4): 185-188.

(2) Julio Fuente, un delirio. Asociación Española de Neuropsiquiatría (2017).

“Hemos olvidado que la vida es una búsqueda de sentido”

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20180303/441199493556/hemos-olvidado-que-la-vida-es-una-busqueda-de-sentido.html

“Hemos olvidado que la vida es una búsqueda de sentido”

¿Qué es la vida?

Complejidad, pero vivimos una época en que se pretende que la vida sea fácil, divertida, sexy y estupenda. Hemos olvidado que la vida es una búsqueda de sentido.

No es sencillo.

Como dijo Cicerón, el cultivo del alma es la búsqueda de la sabiduría, en eso consiste el humanismo, que es la base de la cultura europea: aprender a vivir con verdad, siendo justos y crean­do belleza.

Verdad, ¿cuál de ellas?

Me refiero a la verdad metafísica, la idea de en qué consiste la dignidad de los seres humanos, a qué deberíamos aspirar. Se trata de esa verdad inmutable que hace que una pintura de Goya, la música de Bach o la filosofía básica que encontramos en los clásicos sigan siendo válidas.

¿Verdades universales?

Sí, esas que nos recuerdan que todos formamos parte de la misma humanidad. Es lo contrario del mundo actual, donde todo es transitorio, inmediato y carece de sentido.

Vivimos en el todo vale siempre que sea políticamente correcto.

Los valores que dominan nuestro mundo son la eficiencia, la productividad, la cantidad, la flexibilidad. Son valores comerciales que se aplican a todo, desde la política hasta la educación.

¿El éxito y el dinero son la recompensa?

Nuestra educación no está interesada en dar ninguna noción de la sabiduría, pretende hacernos listos. Hoy el valor clave es que las cosas sean útiles, todo lo que no es útil sobra. Lo mismo ocurre en los medios de comunicación, lo que cuentan son las audiencias y las cifras.

¿Y adónde nos lleva?

Sin esos valores humanistas universales, si eliminamos la compasión, la búsqueda de la sabiduría y la justicia, el concepto mismo de calidad de vida desaparece y nos quedan las identidades tribales que se basan en los nacionalismos, ese fascismo que resurge por todas partes.

El propio Spinoza decía que todas las cosas excelentes son tan difíciles como raras.

Cierto, hacer cosas que tengan sentido es difícil. Preferimos no pensar en nosotros mismos porque cuando lo hacemos nos deprimimos, así que tendemos a lo fácil, lo convertimos todo en consumo y buscamos la distracción.

¿No salva a nadie?

Todos somos cómplices de esta sociedad kitsch, y ahora estamos desesperados ante sus consecuencias políticas.

Usted critica la democracia de masas, pero si la democracia no es de masas, ¿de qué es?

Si usted forma parte de la masa, hace lo que todos, opina lo que todos, está renunciando a la identidad propia. El sentido real de democracia es justo lo contrario, es una forma de gobierno que va acompañada de responsabilidades individuales para con los demás seres humanos y con el planeta, contribuir a un mundo mejor.

Para eso es esencial cultivar el pensamiento crítico.

Sí, porque tal y como dijo Ortega y Gasset, el hombre-masa es un individuo miedoso e ignorante que acaba refugiándose en el grupo para conseguir sus objetivos y satisfacer sus deseos sin merecerlo.

Hemos caído muy bajo.

Por eso tenemos en todo el mundo una clase política y todas las élites corruptas.

En la época de Sócrates ya estaban corruptos, ¿no será condición humana?

En el momento mismo en que Grecia se convirtió en una sociedad decadente mataron a Sócrates porque querían proteger su propia decadencia, explicó Albert Camus.

Entiendo.

El hecho de que no tengamos el valor de admitir la situación política actual, que es la vuelta del fascismo, es muy ilustrativo. Estamos cultivando una mentira, y parte de ella es el pensar que las élites se ocuparán de nosotros; no va a ser así porque las élites de hoy tienen interés en mantener la sociedad tal y como está, porque si cambia, desaparecerán.

¿Élites políticas y económicas?

Y de la educación, la salud, la investigación, los medios de comunicación… todas las élites.

¿Y usted apunta que la solución es la conciencia individual?

La conciencia nos da una perspectiva distinta de qué es una vida justa y una buena sociedad, pero esa conciencia hay que formarla. Ojo con la banalidad de “esto es justo y bueno porque me lo parece a mí”.

Eso forma parte del triunfo de lo fácil.

Es necesaria una educación en dignidad humana, esos valores de lo que hablan los grandes pensadores de todos los tiempos. El problema es que nos han lavado el cerebro y lo único que nos queda es miedo. Nuestra sociedad es presa de una gran ansiedad. En EE.UU. cada día 175 personas mueren de sobredosis; si fueran ataques terroristas, el mundo se volvería loco.

Los intelectuales no sirven de mucho.

La mayoría son estúpidos, y los académicos todavía son peores, son inútiles. La traición de los intelectuales viene de lejos, no están comprometidos con nada. Pero todo el mundo puede leer a Platón, a Ortega y Gasset, Marcuse…

¿Propone que nos autoeduquemos?

Las cosas serían distintas si todos aceptáramos nuestras responsabilidades morales. Sócrates decía que deberíamos hacernos dos preguntas: qué es una buena vida y cómo contribuir a una buena sociedad. Si tomamos conciencia, exigiremos otra educación, otra sociedad.

Apuestas deportivas: enganchados a un juego en el que es imposible ganar

Me repatea mucho que determinadas “estrellas” del deporte, la radio y la televisión se aprovechen de gente sin cabeza para poder mantener sus lujosas vidas.

EL PROFESOR DECEPCIONADO. DIVAGACIONES Y MIERDAS VARIAS. EL OCASO DE UNA ÉPOCA.

http://ctxt.es/es/20180131/Politica/17516/apuestas-juego-online-epidemia-ludopatia.htm

Una droga se expande por España. Una droga destructiva, pero inocua en apariencia: no amenaza con destrozarte el organismo ni con mellarte la boca; al contrario, te promete el éxito a través de la voz de los ídolos del deporte que aparecen en la televisión, en la radio, en las redes sociales y en las camisetas de los grandes clubes de fútbol. Cristiano Ronaldo, Rafael Nadal o Usain Bolt apuestan frente a ti: ganan frente a ti. Es la persona Ronaldo o Bolt, pero se trata, sobre todo, de su símbolo: la excelencia física, la riqueza descomunal, el lujo, la celebridad; el putoamismo. Apuestan. Ganan frente a ti. Y frente a tus hijos: su publicidad ataca libremente en horario infantil. Una droga de enganche rápido como la heroína y de soplo eufórico como la cocaína (esto casi no es una metáfora). Las asociaciones de ludopatía no dan abasto:…

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Warrant

Quiero rendir tributo a esta banda que me acompañó también en mi adolescencia con canciones como Cherry pie, Heaven, I saw red, Blind faith o Stronger now. Jani Lane murió en 2011.

I held you for a moment in my hands
The moment with you slipped away like sand
Through my fingers now
In front of me a choice I have to make
To carry on or simply fade away
I lose you either way
I’d like to say that it was easy, it was hard
To say goodbye, I thought that I would die

[Chorus]
Letting go of you, was so hard to
And I thought that it would kill me but I made
It through somehow, and I’m so much stronger now
I gave to you my love and my respect
But I could never make you love me back
I denied it so I grew bitter watching you grow cold
My life became your prison, took it’s toll
I decided
Like a bird that’s trapped
Inside a gilded cage
It’s hard to set it free,
Hurts to watch it
Fly away