La paradoja alemana: el paro toca mínimos mientras crece el número de gente sin casa

https://www.elconfidencial.com/mundo/2017-12-24/alemania-vivienda-pobreza-gentrificacion-berlin_1496178/

Foto: Un 'sin techo' duerme en la entrada de un edificio abandonado en el centro financiero de Fráncfort. (Reuters)

860.000 personas no tienen casa en Alemania. La cifra ha crecido un 150% desde 2014”.

Este titular, generado por un informe de la organización no gubernamental Bundesarbeitsgemeinschaft Wohnungslosenhilfe (BAG W), rebotó en numerosos medios dentro y fuera del país más rico de la Unión Europea a mediados del pasado mes de noviembre. La información volvía a lanzar sombras sobre un modelo económico que ha sido y sigue siendo referencia para muchos gobiernos y políticos del Viejo Continente. Unas sombras que se alargan cuando se observa cuál es la previsión de BAG W para el próximo año: en 2018, el número de los sin techo superará holgadamente el millón de personas en Alemania. Algo falla en la locomotora económica europea.

 

Lllamada crisis de refugiados arrancó oficialmente en el verano de 2015. Desde entonces, Alemania ha recibido alrededor de un millón de personas procedentes, sobre todo, de Oriente Próximo. Se hace por tanto muy tentador intentar explicar el aumento de personas sin vivienda con la llegada de miles de sirios, afganos e iraquíes. Sin embargo, y aunque los refugiados sean uno de los factores, la situación es bastante más compleja y tiene una indudable dimensión económica nacional.

La falta de una política de vivienda y del combate de la pobreza son la base estructural de la problemática”, asegura a El Confidencial Werena Rosenke, subdirectora de BAG W y coautora del informe. “Desde 1990 hasta hoy el número de vivienda social se ha reducido un 60%. Desde hace años, en muchos estados federados no se construye ni una sola vivienda social bajo el argumento de que el mercado se regula a sí mismo”, asegura Rosenke, que apunta además la privatización de vivienda social todavía existente por parte de las autoridades federales y estatales.

Las cifras hablan por sí solas: en 1990 había en Alemania casi tres millones de viviendas sociales. 2017 cerrará con poco más de un millón. Y la tendencia va claramente a la baja.

De los 858.000 personas sin una vivienda estimadas por el informe de BAG W, casi la mitad (422.000) eran ciudadanos residentes en Alemania sin relación alguna con la ola de refugiados. La cifra de personas sin casa ascendía en 2006 a 248.000. Si obviamos a los refugiados que siguen sin tener un techo propio, el número de personas que no puede permitirse una vivienda se ha doblado, por tanto, durante la última década en Alemania. La figura del trabajador pobre juega un papel fundamental en ese avance.

“En Alemania tenemos el sector de salarios bajos más grande de toda Europa. Hay una cifra de gente que no se debe subestimar con condiciones laborales precarias, que necesitan dos empleos para llegar a fin de mes o incluso pedir ayuda a social al Estado a pesar de estar trabajando”, asegura Werena Rosenke. “Como ya han demostrado muchos otros informes, la tasa de desempleo no es decisiva para el aumento o descenso de personas sin casa, sino cuál es la disponibilidad de viviendas a precio asequible”.

Alemania se ha convertido en un país de paradojas socioeconómicas: su tasa de desempleo es la más baja desde 1991; mientras, la cifra de personas que no pueden permitirse una vivienda es la más alta desde la reunificación.

Burbuja inmobiliaria urbana

Al fenómeno del trabajador pobre hay que sumarle la evidente burbuja inmobiliaria que, alimentada por los actuales bajos tipos de interés, la inversión de capital extranjero y el avance del mercado de compra en detrimento del de alquiler, se ha formado en los principales núcleos urbanos del país. El precio de la vivienda aumenta ininterrumpidamente desde 2010, especialmente en ciudades como Múnich, Colonia, Hamburgo o Berlín.

Carsten Krull es trabajador social en la capital alemana desde hace tres décadas. Lo ha visto prácticamente todo. Hoy dirige un centro diurno de acogida y asesoramiento para personas sin techo en el barrio occidental de Moabit. Por aquí pasa todo tipo de gente: desde alcohólicos vagabundos hasta trabajadores alemanes y extranjeros que, pese a contar con un empleo y un salario, no encuentran una vivienda que puedan pagar.

En 2016, más de un 11% de los asesorados en el Centro para Personas Afectadas por la Escasez de Vivienda tenía empleo

Moabit es un claro ejemplo del desarrollo que ha experimentado el mercado inmobiliario en la capital alemana: hace una década, era un barrio con problemas estructurales, tráfico de drogas y considerado inseguro; hoy apunta a convertirse en la siguiente víctima de los procesos de gentrificación y especulación urbanística que están convirtiendo la vivienda en un bien escaso y, por consiguiente, extremadamente valioso en la capital alemana.

“En Berlín, personas con un salario bajo apenas tiene la posibilidad de encontrar un apartamento. Y esa es una realidad que cada vez se extiende más”, explica Carsten Krull a El Confidencial. “Esta zona en la que tenemos nuestro centro era antes un lugar donde nadie quería vivir. Los carteles de ‘Se alquila’ se quedaban durante años colgados en las ventanas. Entretanto, aquí ya se está mudando la clase media-alta. Si alguno de nuestro asesorados intenta alquilar un apartamento en esta zona, lo tendrá prácticamente imposible”.

Si se le pregunta sobre los porqués del incremento del número de personas sin casa apuntado por el informe de BAG W, el trabajador social contesta que hay que diferenciar entre las personas sin techo que viven en la calle y aquellos ciudadanos con bajos ingresos (también conocidos como “trabajadores pobres”) y dependientes de ayudas sociales.

El primer grupo, marcado generalmente por el consumo de alcohol, drogas y también por las enfermedades mentales, tiene poco que ver con el desarrollo del modelo económico de Alemania durante el último cuarto de siglo. Ya estaban allí antes de 1990. La evolución del segundo grupo, sin embargo, sí presenta una relación directa con la neoliberalización de la locomotora económica europea. Haciendo repaso del perfil de personas a las que ha atendido durante los últimos años, Carsten Krull no tiene dudas: “La pobreza cada vez se amplía más en Alemania”.

Un vagabundo pide limosna en Alexanderplatz, una gran plaza ubicada en el centro de Berlín. (Reuters)
Un vagabundo pide limosna en Alexanderplatz, una gran plaza ubicada en el centro de Berlín. (Reuters)

Sin estadísticas oficiales

Pese a la creciente problemática, llama la atención que el Gobierno federal alemán no cuente con estadísticas oficiales sobre gente sin casa. Sólo un par de estados federados confecciona un informe anual y de alcance regional. Tanto a Werena Rosenke como Carsten Krull les cuesta no ver una intencionalidad política en esa ausencia de cifras estatales. Los problemas que no están en la agenda, en definitiva, no existen para el electorado.

Elfriede Brüning, directora del Centro para Personas Afectadas por la Escasez de Vivienda de Berlín, cree, no obstante, que la inexistencia oficial de estadísticas responde simple y llanamente a que la cifra de personas sin casa no interesa absolutamente nadie en el mundo de la política. “Por eso le estoy agradecida a las miles de personas refugiadas que, gracias a su llegada a Alemania, llamaron la atención sobre la problemática”, dice a El Confidencial la trabajadora social.

Brüning se refiere a la contribución estadística del alrededor de medio millónde refugiados llegados al país desde 2015 que hoy siguen sin techo. Sin ellos, el titular que abre este artículo no habría sido posible en 2017, y el impacto de la creciente realidad de personas sin casa en el espacio público, muy probablemente inexistente.

Contra lo que se pueda pensar, la mayoría de personas que busca ayuda en el Centro para Personas Afectadas por la Escasez de Vivienda dirigido por Elfriede Brüning no responde a la imagen de vagabundos víctimas del alcoholismo y las drogas; la mayoría de los afectados asesorados por el centro son ciudadanos alemanes que vive temporalmente en casa de familiares o amigos ante la imposibilidad de encontrar una vivienda. En 2016, más de un 11% de los asesorados contaba incluso con un empleo.

Luego está el grupo de “los sin techo invisibles”; es decir, personas que a primer golpe de vista parecen ciudadanos socialmente integrados, pero que en realidad no cuentan con una vivienda propia y peregrinan durante meses o incluso años entre sofás de amigos, centros de acogida e incluso la calle.

Elfriede Brüning no tiene dudas: la cifra de personas trabajadoras, asalariadas e integradas socialmente que se ven afectadas por la falta de vivienda no ha hecho más que aumentar durante los últimos años en Alemania. Elfriede tampoco duda ni un momento en señalar la relación entre el modelo económico del país más rico de la UE y el creciente número de personas sin techo: “Siempre que hablamos con el Senado de Berlín [Gobierno regional de la ciudad Estado] sobre la necesidad de intervenir para que personas con poco dinero pudieran acceder a una vivienda, la respuesta era que el mercado se ocuparía de ello. El mercado, efectivamente, se ocupó y ahora tenemos una inmensa cifra de personas sin vivienda. Un día fuimos una economía social de mercado. El carácter social se quedó por el camino. Hoy sólo somos una simple economía de mercado”.

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El capitalismo de amiguetes

http://blogs.publico.es/escudier/2017/12/26/el-capitalismo-de-amiguetes/

La casta empresarial española es muy singular. Muchas de sus sagas se forjaron a la sombra del Estado, que a lo largo de la historia les hizo ricos de todas las formas posibles. Emprendedores había pocos por eso del que inventen ellos y porque aquí estaba todo inventado. El principal cliente de los grandes negocios siempre fue el Estado y cuando los negocios dejaban de serlo era éste quien corría al rescate para nacionalizar la chatarra y devolverla abrillantada a nuestros grandes buscavidas. Así se ha escrito la historia de nuestra industria, un caso insólito en el mundo ya que el enriquecimiento empresarial siempre fue directamente proporcional a lo deficitario del objeto social. A mayor ruina, mayor fortuna.

Heredero de esta larga tradición de pícaros hispanos, Florentino Pérez ha acabado siendo el emperador de ese capitalismo de amiguetes que tantas glorias ha proporcionado a nuestras familias más ilustres. A nadie tendría que extrañar que el origen de su imperio fuera una pequeña constructora participada por Banca Catalana, Construcciones Padrós, que su actividad dependiera de las obras que le adjudicaba la Generalitat, que tras la quiebra de la entidad financiera y la recesión inmobiliaria Padrós acabara en el Fondo de Garantía de Depósitos, y que por una peseta Pérez y sus amigos se convirtieran en constructores después de recibir 100 millones del citado Fondo para el reajuste de la plantilla. Únase a esto un refinado cultivo de relaciones personales iniciado en su paso por la política –los amiguetes, para entendernos- y tendremos la clave de la gloria del personaje. Así se hacen los negocios entre África y los Pirineos.

Con estos antecedentes se entiende mejor el caso del almacén Castor, el fiasco más sonado de los últimos años pero, a la vez, la demostración palpable que el llamado riesgo empresarial es en España sólo un concepto teórico. Como resumen, el caballero monta una empresa para construir un depósito subterráneo de gas que, obviamente se le adjudica. Lo que iba a costa 400 millones, se multiplica por tres. La declaración de impacto ambiental, ya y tal. El tinglado se asegura con cláusula según la cual en caso de dolo o negligencia grave de la empresa, pagamos todos. Se suceden los terremotos y apoquinamos como está mandado, pero no ad calendas graecassino en el acto, ya, por decreto, y si te he visto no me acuerdo. Misión cumplida.

Varios años después de la factura viene el Constitucional a decir que el abono de 1.350,7 millones es inconstitucional, aunque sólo en la forma, en las prisas, en la urgente necesidad, porque del fondo para qué va a ocuparse el Tribunal si es que alguien le ha preguntado. Y empiezan lo sudores para el Gobierno, a ver qué se inventa Supersoraya a la vuelta de su aventura en el país de los secesionistas, veamos qué enjuague es posible ahora que no tenemos mayoría en el Congreso, pensemos qué coño hacemos con el marrón.

Todos preocupadísimos, menos Florentino, claro, porque, ¡ay Santa Rita!, ven ahora a quitarme el cheque de Enagás, ven a deshacer la titulización de la deuda adjudicada a la banca a 30 años y repercutida en el recibo del gas de los pringados, ven ahora a pedirme cuentas en el descanso de algún partido del Madrid en la Champions, que ya hemos tirado la Liga, ven y te explico cómo me va la OPA de Abertis y cómo te estoy salvando el culo en esa empresa “estratégica” que se quieren quedar los italianos.

El capitalismo de amiguetes no tiene ideología. El negocio se puede empezar con el PSOE, continuar con el PP y hasta puede ser avalado por IU -cuando existía- como la famosa operación de las torres de la Ciudad Deportiva. “A ver si vienen mis amigos del PSOE y os echan de una vez” era una frase que el constructor ha repetido más de una vez cuando algún dirigente del PP osaba interponerse tímidamente en sus propósitos. A ver si vienen para que todo siga igual, para que los fracasos sean éxitos clamorosos, para que sigamos pagando las fiestas y las estafas.

 

De limpiasuelos a remedio contra la gonorrea y la caspa: la tumultuosa historia del antiséptico bucal Listerine

http://es.gizmodo.com/de-limpiasuelos-a-remedio-contra-la-gonorrea-y-la-caspa-1798350288

¿Usas Listerine para eliminar las bacterias que causan el mal aliento? A comienzos de siglo lo usaban para desinfectar el suelo e incluso se vendió para aplicarlo en zonas algo más privadas. Esta es la extraña historia del Listerine, un producto que se vendió hasta en forma de cigarrillos.

El Listerine debe su nombre al doctor británico Joseph Lister, un pionero en el uso de antisépticos en cirugía, pero no lo inventó él. Su invención se atribuye a Joseph Lawrence, un químico de Saint Louis, Missouri.

Lawrence se inspiró en las técnicas de Joseph Lister. En 1879 desarrolló una potente solución antiséptica basada en una disolución de etanol con eucaliptol, mentol, salicilato de metilo y timol. El resultado era un líquido de color dorado y olor fuerte con propiedades antisépticas y ligeramente antiinflamatorias.

Los primeros años, sin embargo, fueron un tanto tumultuosos para el Listerine. Lawrence lo comercializó en diferentes concentraciones como desinfectante para suelos y tratamiento tópico para eliminar la gonorrea. El químico vendió la licencia del producto al farmacéutico local Jordan Wheat Lambert, que comenzó a promocionarlo como antiséptico bucal para dentistas en 1885.

El producto no despegó como enjuague bucal de uso doméstico hasta 1920, cuando el hijo de Lambert emprendió una agresiva campaña de marketing en la que se veía a hombres y mujeres sufriendo el rechazo de sus amantes y familias por su mal aliento.

Con todo, Listerine seguía promocionándose para otros usos. La compañía Lambert lo vendía como tónico capilar contra la caspa, como desinfectante para las heridas, loción para después del afeitado o remedio para la tos y el resfriado. Hasta llegó a comercializar cigarrillos terapéuticos Listerine para combatir el mal aliento.

Gerard Lambert tiene el mérito de haber logrado que la halitosis fuera considerada como un rasgo socialmente desagradable e incorrecto. Hasta entonces a nadie le preocupaba especialmente el mal aliento.

En 1976, la Comisión Federal de Comercio (FTC) obligó a la compañía dueña de Listerine (en aquel entonces era Warner-Lambert tras una fusión entre empresas) a eliminar del producto las afirmaciones que aseguraban que curaba el resfriado y el dolor de garganta porque no eran ciertas. Además, Werner-Lambert tuvo que publicar rectificaciones sobre estas afirmaciones en las botellas de Listerine durante años.

Las botellas de Listerine de plástico y los nuevos sabores del producto no llegaron hasta la década de los 90. Hoy el Listerine lo comercializa Johnson & Johnson. A título de curiosidad, el producto no está considerado bebida alcohólica porque se considera imbebible por sus otros productos químicos. Sin embargo, a veces se producen intoxicaciones alcóholicas de Listerine entre menores de edad o personas con problemas de alcoholismo. Al menos ya no se usa para fregar suelos.

Hard rock hallelujah

Acabo de acordarme de esta canción de Lordi, una banda finlandesa con toques casi satánicos que sorprendió a todos en Eurovisión 2006 y acabaron ganando. Muy buena canción.

Y un año antes la banda noruega Wig Wam hacían un culto al glam rock. Una pena que la canción no ganara.