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Orden de alejamiento contra un parapléjico por malos tratos

Intento no poner este tipo de cosas pero es que esto clama al cielo:

http://www.laopinion.es/sucesos/2010/07/07/orden-alejamiento-paraplejico-malos-tratos/293634.html

La titular del juzgado de Violencia de Género número Uno de la capital tinerfeña dictaba en la tarde de ayer una orden de alejamiento para un hombre parapléjico y en silla de ruedas, tras una denuncia por supuestos malos tratos de quien había sido su pareja durante veinte años, que no habita en la vivienda propiedad del varón sita en Añaza y que está adaptada para su minusvalía, que le sobrevino hace siete años tras sufrir un accidente laboral cuando trabajaba en la casa BMW, según pudo saber la opinión de tenerife. Por si fuera poco, la mujer solicitó a la juez que también dictase una orden de alejamiento de su hijo de 17 años, que corroboró el testimonio de su progenitor y que tuvo que pasar la noche en casa de su abuela que tiene 85 años.

Los hechos tuvieron lugar a mediodía de ayer, cuando el hombre, identificado como Juan Francisco M.G., nacido en 1954, en El Escobonal, en Güímar se presentó en su domicilio y su compañera no le permitió el acceso.

“Mi compañera Mercedes Hernández Díaz no le permitió a mi hijo que me abriese la puerta, por lo que tuve que llamar al 1-1-2 que envió a la Policía Local que se presentó en mi domicilio, pero a pesar de llamar insistentemente a la puerta nadie les abrió. Ellos me dijeron que lo sentían y que no podían hacer nada. Entonces llamé a mi otro hijo, Eduardo que se encontraba en Los Cristianos y me dijo: ´No te preocupes papá que ya voy para allá que yo tengo llave y te abro”, según relató Juan Francisco, que tuvo que pasar la noche en el Albergue Municipal,
Marrero García logró finalmente acceder al domicilio y su compañera ya no estaba dentro. Sin embargo, cuando ésta llegó acompañada de su pareja le espetó: ´Tú que haces aquí, esta es mi casa”. En ese instante se produjo una discusión en la que Mercedes Hernández acusó a su compañero de tirarle por los pelos, arrastrarla por la habitación y pegarle en un pecho. Sin embargo, las manifestaciones tanto de Eduardo, el hijo de Juan Francisco como la suya propia difieren bastante de la de la víctima.

Juan Francisco reconoció que sólo le agarró de una de sus manos para que no le pegase a su hijo Eduardo. Su madre argumentó ante la juez para ordenar la orden de alejamiento de su hijo que éste había amenzado en cuanto cumpliese la mayoría de edad con matar a su hermano.
la opinión de tenerife pudo hablar en la tarde de ayer con Ana Cristina Galván, letrada de Juan Francisco que mostró su malestar e indignación con la medida cautelar tomada con la juez.

“Cuando pedí a su señoría que buscase una solución para este hombre que tiene su vivienda adaptada me dijo que no era su problema. De igual manera me trataron en el juzgado de guardia donde esperé una hora para que luego la titular del mismo me dijese que ellos no iban a hacer nada”. Su cliente tuvo que permanecer a la intemperie varias horas hasta que se decidió a llamar a la Policía Local que, tras arduas gestiones, consiguió que Protección Civil trasladase a este hombre hasta el Albergue Municipal donde iba a pasar la noche, gracias a los esfuerzos de los Servicios Sociales del Ayuntamiento capitalino.

La abogada de Juan Francisco también relató a este diario que: “en el lugar se personó también la hermana de la denunciante y su marido quienes se mostraron en todo momento dispuestos a ayudar a su cuñado, ya que reconocieron que debido a su estado es incapaz de levantar la mano a nadie”.

Al parecer, esta denuncia tiene que ver con que Mercedes Hernández, que tiene un compañero sentimental desde hace tres años y que habitaba eventualmente en la vivienda que compartía con Juan Francisco desea quedarse con ella.

Cuarenta días en coma

Juan Francisco Marrero sufrió una caída en su puesto de trabajo hace siete años y permaneció 40 días en coma. Cuando se recuperó fue trasladado a una clínica de Fremap en el municipio madrileño de Las Rozas, donde estuvo otros trece meses. Como secuelas le han quedado una dependencia permanente de la silla de ruedas y la pérdida de la visión de un ojo. Posteriormente, estuvo otro año en la clínica Vintersol de Los Cristianos y su domicilio sito en Añaza que pagó con la venta de un solar en Los Alisios, ha sido adaptado para una persona que no puede valerse por sí mismo.

 

Los peores años de nuestra vida: nunca se es tan infeliz como en la crisis de los 40

https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/los-peores-anos-de-nuestra-vida-nunca-se-es-tan-infeliz-como-en-la-crisis-de-los-40

Los peores años de nuestra vida: nunca se es tan infeliz como en la crisis de los 40

Mi futuro es una “desconcertante mezcla de nostalgia, arrepentimiento, claustrofobia, vacío y miedo”. Al menos, así describía a la mediana edad Kieran Setiya, un profesor de filosofía del MIT que ha escrito mucho sobre este tema.

Y es que la “crisis de los 40” no es un chascarrillo, es un hecho: la mayoría de los estudios coinciden en que la felicidad tiene forma de ‘U’. Somos felices durante la adolescencia y los veintitantos, pero a medida en que pasan los años, nos volvemos cada vez más miserables hasta que en algún momento a finales de los 40 o principios de los 50 tocamos fondo. Una vez ahí, todo tiende a mejorar. Lo último que se pierde es la esperanza.

Lo peor está por venir (si tienes menos de 40 años)

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Blanchflower y Oswald (2017) representaron siete encuestas distintas en el mismo gráfico para ver hasta qué punto era firme esa tendencia con forma de U. Ni el gráfico original, ni los datos están disponible en este momento, pero en la versión del Wonkblog las líneas hablan por sí solas.

Es importante señalar que, en sentido estricto, las siete encuestas no son exactamente equivalentes. Algunas preguntan por la felicidad percibida directamente, pero otras indagan sobre la “satisfacción” o el “bienestar emocional” y eso hace que sean difícilmente comparables. También tenemos que tener en cuenta que estamos hablando términos relativos: la caída de los 40 y 50 no representa un malestar en términos absolutos.

Sin Titulo 2

Al contrario, las puntuaciones medias son buenas (7 de 10, 3,5 de 5), pero significativamente peores que en la juventud y la senectud. Para que nos hagamos una idea, según los datos, la diferencia entre la juventud y la adustez en términos de felicidad es la misma que hay entre la felicidad de una persona antes y después de divorciarse o antes y después de ser despedido.

Una tendencia consistente cuyo origen desconocemos

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Hay mucha evidencia de que los humanos experimentamos un ‘bajón’ psicológico en la mediana edad”, explica Peter Warr, profesor emérito de la Universidad de Sheffield. Y es verdad que la evidencia es sólida (Blanchflower y Oswald, 2007Steptoe, Deaton y Stone, 2015Graham y Pettinato, 2002), pero no tanto como nos gustaría pensar: no está claro que la forma sea exactamente igual en todos los países del mundo, no sabemos si se relaciona con el sistema económiconi si afecta a todas las personas por igual.

Aún así, la suma de las encuestas suma más de un millón de personas y la forma de ‘U’ sigue ahí. No sabemos muy bien por quéHay algunas teorías que señalan que esa edad en que las personas se encuentran en la cima de sus carreras (con los compromisos laborales que conlleva) y las cargas familiares se vuelven más y más pesadas. Sin embargo, la forma de ‘U’ se ha encontrado incluso chimpancés y orangutanes.

Eso hace complejo que saquemos algún tipo de conclusión. Esta curva podría explicar la evolución ideológica y de la personalidad, pero poco más. Hay pocas ocasiones en que la ciencia moderna, tan alérgica como siempre a la teleología, nos hable sobre el “futuro”: pero parece que estamos a punto de ver qué pasa con los millenials cuando se vuelven infelices. Tranquilos. En 20 años se nos pasa.

Y un comentario que me ha encantado:

En los 40 te das cuenta que:
1. El 99% de tus amigos en Facebook no llegan a la definición de amigo.
2. Tus colegas NO son amigos
3. Comienzan las enfermedades de larga recuperación (meses)
4. Es muchísimo más difícil conseguir empleo
5. Si consigues empleo no esperes un gran salario y si mucho trabajo
6. Te vas quedando calvo
7. Tu rendimiento en deportes ha decaido brutalmente
8. Tienes menos energía
9. Has tenido tantas decepciones en la vida que ya no esperas cosas buenas a futuro
10. Te has vuelto más y más desconfiado
11. Los temores aumentan
12. Los fracasos se pagan más caro
13. La red de apoyo (familiares-amigos) es cada vez más pequeña
14. Tus padres ya muestran signos evidentes de deterioro
15. Los que fueron tus “amigos” están en su propia burbuja de problemas
16. Sabes que no vas a cambiar al mundo
17. Si te accidentas, la recuperación tomará muchos meses y dejará secuelas de por vida
18. El escepticismo a la política está en su máximo
19. Tienes menos esperanzas
20. Te exiges mucho, ya no eres el jovenzuelo que comete errores por inmadurez
21. Teóricamente, eres un super-experto-master-doctorado-postdoctorado en actos sexuales. Y eso no es tan cierto.

“Tengo 37 y diría que mi nivel de felicidad ha ido aumentando con la edad, y siento que me queda todavía mucho margen de mejora en cuanto a felicidad. No tengo cargas/esclavitudes laborales ni familiares ni aguanto ninguna novia/esposa insoportable como muchos que lo prefieren a la soledad… eso probablemente ayude.
Para mí la explicación de esa curva de felicidad es sencilla: vivimos en una sociedad que venera de forma ridícula la juventud, ignorando sus muchas desventajas (estupidez, inocencia, falta de dinero, alta probabilidad de cometer errores que afecten al resto de tu vida, etc) Al llegar a los 40, gran parte de las personas sienten que se han hecho viejas de repente y ha volado su juventud, despreciando todo lo que han ganado por el camino.
Cuando se cumplen más décadas, se asume la edad y empieza a dar todo igual: la opinión de la gente, el físico, etc… con lo cual se libra la persona del yugo de la sociedad y es feliz autoaceptándose. Ese es mi punto de vista al menos.
Yo ya hace tiempo que me acepté a mí mismo y trato de valorar objetivamente las cosas buenas de mi edad. Desde mi punto de vista no hay edades mejores ni peores, sólo diferentes.
Quizás también ayude que en este país terceremundista mi evolución laboral ha sido casi nula desde que comencé a trabajar, con lo cual estoy muy lejos de haber llegado a cualquier tipo de cumbre y veo mucho margen de progreso. Es más, observo que la mayoría de la gente que alcanza esa cumbre laboral antes de los 40 es o bien prostituyendo su vida personal (vendiéndosela a la empresa) o bien prostituyendo su persona y dignidad (haciendo la pelota a jefes y contactos)”

Nunca seré el mismo

Red es una banda de rock cristiano a los que escuchaba hace 10 años con canciones como Breathe into me, Already over,  Perfect life o este Never be the same.

 

[VERSE 1]
I know you, who are you now?
Look into my eyes if you can’t remember.
Do you remember, oh?

I can see, I can still find
You’re the only voice my heart can recognize
But I can’t hear you now, yeah.

[CHORUS]
I’ll never be the same
I’m caught inside the memories, the promises
are yesterdays and I belong to you.
I just can’t walk away
‘cause after loving you
I can never be the same.

[VERSE 2]
And how can I pretend I’ve never known you?
Like it was all a dream, no.
I know I’ll never forget
the way I always felt with you beside me
and how you loved me then, yeah.

[CHORUS]

[BRIDGE]
You led me here,
then I watched you disappear.
You left this emptiness inside
and I can’t turn back time
No, stay!
Nothing compares to you.
Nothing compares to you.
I can’t let you go,
Can’t let you go.
I can’t let go.

I’ll never be the same,
not after loving you,
not after loving you, no.

[CHORUS]

I can never be the same.
I will never be the same.
Whoa, whoa, whoa, whoa, whoa.
I just can’t walk away.
No, I can’t walk away from you.

Población: España se asoma al abismo (y a nadie le importa)

https://blogs.elconfidencial.com/espana/mientras-tanto/2017-12-17/demografia-poblacion-xenofobia-natalidad-pensiones-pib_1494061/

Foto: (Reuters)

La natalidad siempre ha sido un buen aliado del nacionalismo radical. Sin duda, porque la idea de una sociedad homogénea, con pocos inmigrantes y dedicados a labores subalternas, es política y electoralmente atractiva ante la falta de empleo. Esto ha hecho que, a menudo, los partidos menos abiertos a la influencia exterior reclamen políticas de natalidad potentes. No para resolver un problema de fondo que hoy claramente amenaza a la mayoría de las economías avanzadas, sino como un instrumento de falsa cohesión socialque pasaría por crear sociedades culturalmente uniformes.

Uno de los casos más singulares de los últimos años ha sido el de CasaPound, un movimiento nacido en Italia a principios de este siglo que toma el nombre del poeta estadounidense Ezra Pound, ferviente seguidor de Mussolini y declarado en su día ‘traidor’ por su propio país. De hecho, estuvo a punto de ser ejecutado. La iniciativa de CasaPound ha prendido en algunas naciones europeas, y hoy es relativamente frecuente encontrar movimientos populistas que se presentan como opciones ‘caritativas’ —también en España— que reclaman políticas nacionales de natalidad para limitar la presencia de inmigrantes. El propio Trump, para alcanzar la Casa Blanca, impulsó una versión ‘light’ de CasaPound con su célebre: ‘America First‘.

Es relativamente frecuente encontrar movimientos populistas que reclaman políticas nacionales de natalidad para limitar la inmigración

Este tipo de movimientos no ha caído del cielo. Es obvio que existen unas condiciones objetivas que explican su florecimiento en el centro y norte de Europa. Y no hay razones para pensar que España se mantendrá al margen de este fenómeno en los próximos años. Las tendencias políticas vienen casi siempre del norte y tardan un cierto tiempo en llegar, pero España, tampoco en esto, no es diferente a los países de su entorno.

En paralelo al crecimiento de la xenofobia —aunque son fenómenos completamente distintos— se está consolidando una realidad que algunos han bautizado como la de los ‘sinkies’, que relaciona la realidad de los trabajadores pobres —normalmente jóvenes— con la natalidad, y que explicaría, en parte, la baja tasa de fecundidad de España y de otros países. Los ‘sinkies’ son el acrónimo de ‘Single Income, No Kids’. O lo que es lo mismo: ingreso único y sin hijos. Es decir, cuando una persona con empleo —y menos aun cuando en la pareja solo entra un salario— carece de recursos suficientes para tener uno o varios hijos.

No se trata de un asunto menor. Al contrario. La edad media de las mujeres en su primer parto ha pasado de los 25 años en los primeros años 80 a casi 31 años en 2016, mientras que, en el caso de los hombres, la paternidad ha crecido de 30,1 años a algo más de 34, lo que da idea de la existencia de un fenómeno intenso que hay que vincular necesariamente a las condiciones económicas y laborales de los ocupados. El sistema económico —más allá del ritmo de creación de empleo o del aumento del PIB— es hoy incapaz de garantizar condiciones de vida suficientes —salarios dignos y estabilidad laboral— capaces de incentivar la fecundidad. Un verdadero fracaso de las políticas sociales y económicas.

Esperanza de vida

Ni que decir tiene que ambos fenómenos son paralelos y coinciden en el tiempo con una realidad extraordinaria, como es el alargamiento de la esperanza de vida. La longevidad es, sin duda, una buena noticia porque gracias a los avances clínicos, a la tecnología, a la extensión de trabajos menos fatigosos en economías de servicios y a la existencia de hábitos de vida más saludables, las personas vivirán más años en mejores condiciones. De eso no hay ninguna duda.

El problema es que si se mezclan estos tres fenómenos demográficos: caída de la tasa de fecundidadretraso en la edad de procrear por razones económicas y sociales y fuerte aumento de la longevidad, es evidente que España está metida en un buen lío. El país, incluso, y no conviene ser alarmistas, vive sobre un polvorín que muchos querrán capitalizar políticamente con discursos xenófobos y populistas en busca de sociedades culturalmente homogéneas como si estas fueran sinónimo de empleo para todos.

Retraso en la edad de procrear por razones económicas y sociales y fuerte aumento de la longevidad: España está metida en un buen lío

Ese el problema desde el punto de vista político. Desde un ángulo estrictamente económico, es evidente que con menos población y cada vez más dependiente de las prestaciones públicas, las presiones sobre el Estado de bienestar son mayores.

El Gobierno no sabe, no contesta

¿Cuál es la repuesta que se están dando en España a estos problemas? Simplemente ninguna. El colapso del sistema político —bloqueado por la cuestión catalana y por la ausencia de mayorías parlamentarias (los partidos son incapaces de pactar asuntos de Estado)— ha arrinconado los problemas demográficos de España, hasta el punto de que este asunto no parece merecer alguna atención.

Las distintas comisiones creadas en el parlamento son completamente inservibles, y el fantasmagórico y rimbombante Comisionado del Gobierno para el Reto Demográfico, creado por la vicepresidenta Sáenz de Santamaríatras la Conferencia de Presidentes, es un absoluto despropósito. Dirigido por una funcionaria del Partido Popular, no es más que una entelequia sin presencia política alguna y sin iniciativas, lo que convierte al Comisionado en un organismo inútil.

Esta inacción del Gobierno —su socio parlamentario lo fía a una extensión de los permisos de paternidad— explica el florecimiento de una falsa idea, pero cada vez más extendida. El actual modelo de pensiones es lo más parecido a un sistema de fraude piramidal —el célebre sistema Ponzi— y tarde o temprano quebrará.

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. (EFE)
La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. (EFE)

El argumento central que se ofrece es cristalino: como dentro de 25 años habrá muchos más jubilados —el 33% de la población tendrá más de 65 años, según las proyecciones del INE—, todo está perdido: no se pagarán las pensiones. Lo paradójico es que se olvida es que entre los primeros años 80 y la actualidad el número de pensionistas (en mejores condiciones económicas que los anteriores) se ha más que duplicado. Se ha pasado, en concreto, de cuatro millones a más de nueve millones en 30 años y se han seguido pagando las pensiones, pese a que por medio ha habido varias recesiones. Incluso, en las proyecciones a más largo plazo de la OCDE en torno al 2040, el gasto en pensiones en España será inferior a la media de la UE a 27, en torno al 12,3% del PIB. Pero, pese a ello, se dice que el sistema está quebrado y que es un fraude.

Es decir, casi todo lo que gira alrededor de la población hay un cierto alarmismo que los poderes públicos deberían ahuyentar, lo que no quiere decir, evidentemente, que España no tenga un problema demográfico. Lo tiene y muy serio.

Entre otras cosas, porque la despoblación severa que sufre más de la tercera parte del territorio tiene un coste económico, medioambiental, social y cultural de indudable transcendencia. Y ahora que se habla tanto de España —y se reivindica como una de las naciones más viejas de Europa— sería conveniente hablar también de los españoles que no existen por políticas cortoplacistas incapaces de enfrentarse a problemas que abarcan varias legislaturas, y que tienen que ver con los salarios, con la conciliación laboral, con la política fiscal o con los incentivos para favorecer a las regiones más deprimidas por causas demográficas. Y es mejor actuar ahora, antes que sea demasiado tarde, que hacerlo cuando algunos quieran utilizar la natalidad como un argumento político.