La generación sándwich: ser padres a los 40 condena a España al envejecimiento

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Foto: Natalia y Sergio son padres de dos hijos pequeños rondando los 40 (M. Z.)

Cuando Natalia tuvo a su hija María le quedaban unos meses para cumplir 40 años. Solo un año y medio después dio a luz también a Carlos. Ni ella ni su pareja, Sergio, cambiarían el momento en el que tomaron la decisión de ser padres pero ambos reconocen que tener hijos pasados los cuarenta no es igual que cerca de los 30. “Tienes menos vitalidad, y sabes que cuando ellos se hagan mayores habrá cosas que te pierdas, como ver crecer a tus nietos”, cuenta Sergio mientras dan de cenar a los pequeños de la casa.

Natalia y Sergio no son ninguna excepción, cada vez más parejas deciden retrasar la paternidad hasta una edad que hace unas décadas habría sido impensable. Desde 1975 la edad media para ser madre primeriza se ha retrasado 5 años, una cifra que los antropólogos consideran un cambio radical a nivel social y que condiciona el envejecimiento que acusa la sociedad española y hace peligrar, por ejemplo, la sostenibilidad de las pensiones.

Cuando Natalia tuvo a su hija María le quedaban unos meses para cumplir 40 años. Solo un año y medio después dio a luz también a Carlos. Ni ella ni su pareja, Sergio, cambiarían el momento en el que tomaron la decisión de ser padres pero ambos reconocen que tener hijos pasados los cuarenta no es igual que cerca de los 30. “Tienes menos vitalidad, y sabes que cuando ellos se hagan mayores habrá cosas que te pierdas, como ver crecer a tus nietos”, cuenta Sergio mientras dan de cenar a los pequeños de la casa.

Natalia y Sergio no son ninguna excepción, cada vez más parejas deciden retrasar la paternidad hasta una edad que hace unas décadas habría sido impensable. Desde 1975 la edad media para ser madre primeriza se ha retrasado 5 años, una cifra que los antropólogos consideran un cambio radical a nivel social y que condiciona el envejecimiento que acusa la sociedad española y hace peligrar, por ejemplo, la sostenibilidad de las pensiones.

Un curso de vida programado

La crisis económica, la dificultad de comprar una vivienda, los alquileres altoso la precariedad son algunos de los problemas que retrasan la búsqueda del primer hijo. Pero no son los únicos, también hay un componente social. “La falta de estabilidad económica es algo que afecta a muchos países sin que tenga un impacto en la natalidad. Lo que pasa en España es que además hay un concepto muy rígido de lo que debería ser el curso de la vida. Se tiene la idea de que una persona debería estudiar, después buscar trabajo, luego estabilizarse laboralmente, buscar una vivienda y por el camino encontrar una pareja estable. Y si no se consigue paso a paso, todo lo que viene después se atrasa”, argumenta la antropóloga Nancy Konvalinka investigadora en el proyecto ‘Familias tardías: estudio etnográfico de las conformaciones familiares en Madrid y sus implicaciones sociales’.

Aunque Natalia y Sergio gozaban ya de una estabilidad económica desde hacía años, hay un componente que les faltaba, encontrar pareja. “Antes conocías a tu primera novia y con ella te casabas y tenías hijos, nosotros no. Hemos tenido muchas parejas antes hasta que hemos encontrado a la que queríamos para tener nuestros hijos”, asegura Sergio.

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La emancipación de la mujer y haber dejado atrás la férrea dictadura que afectaba a cada aspecto de la vida, ha cambiado las prioridades de las personas en edad de procrear: “Antes de ser madre yo quería viajar, hacer amigos, salir, y ahora que ya he hecho todas esas cosas, es cuando he estado preparada para tener hijos y creo también que les aportaré mejores cosas”, cuenta Natalia. “Ahora, durante esa etapa de la vida, las personas disfrutan de más libertad y posibilidades sin grandes responsabilidades familiares; la gente quiere hacer muchas cosas antes de tener hijos, aunque aún hay muchos que los critican y les llaman egoístas”, explica Konvalinka.

Estas vivencias aportan además una cuestión que todas las familias tardías destacan como la principal ventaja de ser padres mayores: madurez. “No le das tanta importancia a ciertas cosas, como a las rabietas, y tienes más claro lo que quieres”, apunta Elena López, una madre que tuvo a su hija con 41 años. A diferencia de Natalia y Sergio, Elena sí habría preferido tener hijos antes. “Dentro de diez años ella tendrá 16 y yo 57, ya te pilla un poco al límite. Mi padre murió joven y claro que piensas que a esa edad ya tendrás enfermedades y tendrán que cuidar de ti muy jóvenes”.

Natalia y Sergio no cambiarían la edad en la que han sido padres (M. Z.)
Natalia y Sergio no cambiarían la edad en la que han sido padres (M. Z.)

Al cuidado de pequeños y mayores

La generación de las familias tardías está dando lugar a otro fenómeno demográfico. Los padres que tienen sus hijos ya mayores se encuentran en un momento de su vida dando biberones y cuidando de sus mayores. “Cuando cambias la extensión de las etapas de la vida cambias muchas cosas. En una sociedad donde se tienen hijos con 25 años puedes cuidar de tus hijos y los abuelos, de hecho, te pueden echar una mano, porque no se convierten en dependientes hasta que los hijos son adolescentes”, asegura Konvalinka. “Pero esto no pasa cuando eres padre con 35”. Es lo que se conoce como ‘the sandwich generation’ un término estadounidense que hace referencia a la generación que tiene que pagar a la vez que las universidades de sus hijos y la residencia de sus padres.

Además, los padres que lo son tarde suelen tener solo un hijo, lo que dificulta ser cuidados en un futuro y agrava todavía más el envejecimiento y las cargas sobre el Estado. Así la clásica pirámide poblacional española es cada vez más estrecha por abajo porque sostiene a más mayores por arriba. “De momento la natalidad está un poco controlada con la llegada de inmigrantes que sí tienen más hijos, pero de cara a la sostenibilidad de las pensiones es un elemento que hay que tener en cuenta. Si sigue bajando la tasa de natalidad hay que hacer otras cosas, sobre todo si se compara con otros países”, considera el profesor de Economía de la Universidad de Valencia, Enrique Devesa. Mientras que la edad media de natalidad entre las españolas se situó en 2016 en torno a los 32 años, en las madres extranjeras estaba en los 29, según datos del INE.

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“Como antropóloga y matrona estoy sorprendida de que ningún partido lleve en sus programas una legislación de protección de la reproducción del grupo. Es increíble que hablemos de pensiones y no de esto cuando es la solución. Si hay políticas de protección, las mujeres se embarazarán más jóvenes pero no se ha dado el paso como en otro países como Alemania, Francia o Dinamarca”, añade Consuelo Álvarez, profesora de Antropología social de la Universidad Complutense.

Además, fomentar medidas que hagan interesante la natalidad a edades más óptimas biológicamente genera, según Álvarez, ahorro al Estado porque habrá menos dificultades durante el parto y el desarrollo del bebé. “En España se entiende tanto por el Estado como por la sociedad que la familia es algo privado y hay poca ayuda estatal y eso es una reacción a tiempos anteriores cuando había más apoyo a las familias. Al acabar esa época se ha ido en otra dirección”, comparte Konvalinka. Además no tendrán que acudir a la reproducción asistida, la última esperanza para los que fueron postergando la natalidad hasta el último momento.

“Se tiene una imagen de que se puede ser madre a cualquier edad gracias a los tratamientos de fertilidad, pero en realidad tienen un éxito del 30%”

A esta opción acabó recurriendo, sin éxito, Gloria, que con 38 años empezó a intentar tener hijos. Durante siete años lo intentó cinco veces con la fecundación artificial y tuvo cuatro abortos . “Mi máxima siempre había sido formarme en mi carrera y ser independiente económicamente. Además quería ser madre con una pareja pero no llegaba la adecuada”, explica Gloria. Es lo que se conoce como ‘infertilidad social’, la postergación de la natalidad por no encontrar pareja reproductiva. Entre un 25% y un 30% de las españolas nacidas en la segunda mitad de los 70 no será madre, según un estudio del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona, entre otras razones, por no encontrar con quién.

Gloria lo siguió intentando también cuando se volvió a quedar soltera, hasta que descubrió que tenía un problema en el útero que le impedía el desarrollo del feto. Probó entonces con la adopción pero no la aceptaron por ser familia monoparentalAhí fue cuando tiró la toalla y tuvo que convivir con la maternidad solo en su trabajo porque, además, es matrona. “Siempre he separado muy bien mi vida laboral pero algunas veces sí que me afectaba. Sobre todo una vez que tuve un aborto y estaba en un grupo postparto, donde enseñamos a las madres a dar masajes infantiles. Le dije a mi jefa si por favor me podía cambiar de tarea”.

Ahora ya lo ha superado gracias a visibilizar este problema y a la compañía de sus sobrinos pequeños, pero reconoce que si pudiera volver atrás, lo habría intentando antes. “Se tiene una imagen de que se puede ser madre a cualquier edad gracias a los tratamientos de fertilidad, pero la realidad es que tienen un éxito del 30% y eso no se dice”, considera Gloria.

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¿Y los que vienen?

La generación de los hijos de padres tardíos suelen crecer solos, sin hermanos, por lo que su descendencia no tendrá tíos, y tendrán además que cuidar solos de sus padres. “Van a crearse parentelas diferentes” considera Alvárez. “Son nuevos modelos de familia, a los que hay que acostumbrarse, igual que a un hijo que tiene dos madres, pues que tengan padres pero más mayores”.

Si hombres como mujeres se responsabilizan del trabajo remunerado y de cuidado a partes iguales, las cosas se estabilizarían

Konvalinka aboga además por empezar a quitar la responsabilidad al papel de la mujer en la sociedad: “Muchas veces leo que se retrasa la maternidad porque las mujeres quieren trabajar y eso es un razonamiento muy falaz. Si tanto hombres como mujeres se responsabilizan del trabajo remunerado y de cuidado a partes iguales, las cosas se estabilizarían”.

Sin embargo, según la antropóloga la tendencia de las familias tardías y por tanto el progresivo envejecimiento social, es algo difícil de evitar, al menos por el momento: “A no ser que haya un gran cambio en la sociedad que vuelva a permitir los pasos tradiciones del curso de la vida (estudios, trabajo, casa…). Y aunque se dieran esas circunstancias, el tener una mayor perspectiva de vida cambia cómo la ves. Si crees que te vas a morir a los 60 haces las cosas más deprisa”.

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