¿La inteligencia artificial dejará sin trabajo a los intérpretes?

https://hipertextual.com/2017/06/big-data-sin-trabajo-interpretes

Una startup lanzará en julio un dispositivo traductor en tiempo real que no necesita conexión Wi-Fi ni Bluetooth y podría tener alcances significativos para las misiones diplomáticas y las labores humanitarias.

¿La inteligencia artificial dejará sin trabajo a los intérpretes?

La ambición de crear un dispositivo que nos permita comunicarnos con quien sea sin la barrera del lenguaje podría ser una realidad muy pronto.

Al menos, así lo ha anunciado la startup australiana Lingmo en Génova durante la Cumbre de la Inteligencia Artificial para el Bien de las Naciones Unidas.

La startup ha desarrollado un dispositivo llamado Translate One2One, el cual se ajusta a la oreja y utiliza los algoritmos de traducción y entendimiento del lenguaje natural de IBM Watson para interpretar de un idioma a otro. Para los dialectos (variaciones geográficas del lenguaje) y las jergas, Lingmo utilizará APIs de traducción y procesamiento del lenguaje.

Pero más importante aún, este dispositivo sería el primero de su tipo capaz de funcionar sin conexión Wi-Fi o Bluetooth.

Lingmo

Los potenciales usos, de acuerdo con la visión de la compañía, son los de ayudar al personal de las aerolíneas, así como ser útil en las relaciones diplomáticas entre gobiernos y en el trabajo voluntario en zonas remotas.

La empresa ha anunciado que en julio llegará al mercado la versión comercial del dispositivo por 179 dólares. El Translate One2One por el momento funcionará en ocho idiomas: chino mandarín, japonés, alemán, portugués brasileño, inglés y español. El aparato puede tardar entre 3 a 5 segundos en generar una respuesta.

Antes de presentar este dispositivo, la startup ya estaba en el negocio de la traducción a través de apps para iOS y Andorid, las cuales son capaces de traducir de forma escrita o hablada.

Lingmo no es la única compañía que tiene la ambición de lograr un traductor universal con la ayuda de la inteligencia artificial. El año pasado Waverly Labs presentó un audífono para la traducción en tiempo real, pero a diferencia del aparato presentado por Lingmo, este requiere conexión.

Mientras tanto, Google se encuentra utilizando e investigando la traducción con sus propios algoritmos de aprendizaje profundo. La meta de las investigaciones en procesamiento del lenguaje natural de este gigante de Internet es lograr aplicar sus resultados a todos los usuarios de la compañía a través del buscador, los móviles, las apps y otros productos de la compañía.

En todo caso, los intérpretes traductores no son los únicos que deberían preocuparse por la pérdida de empleos.

Durante el Foro Económico Mundial del 2016 se estimó la pérdida de 5 millones de empleos para el 2020 a causa de la automatización y un estudio de Oxford ha medido los empleos más propensos a ser remplazados por la inteligencia artificial: el empleo con más riesgo son los responsables de los créditos en las entidades financieras;así como los recepcionistas, los asistentes legales, los vendedores minoristas, los choferes y taxistas y los guardias de seguridad.

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Un ex trader de Lehman apuesta su reputación a que la “burbuja de todo” explotará en un año

http://www.bolsamania.com/capitalbolsa/noticias/gurus-de-mercado/un-ex-trader-de-lehman-apuesta-su-reputacion-a-que-la-burbuja-de-todo-explotara-en-un-ano–2747942.html

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No siempre ha sido así. No solíamos tener una burbuja especulativa gigante cada 7-8 años. Pero en los últimos tiempos hemos vivido; En el año 2000, la burbuja de puntocom, en 2007 la burbuja inmobiliaria, en 2017 la burbuja de todo.

¿Por qué lo llamamos la burbuja de todo? Bueno, hay una burbuja en una gran cantidad de clases de activos al mismo tiempo, como (vía Jared Dillian, de Mauldin Economics y ex-trader de Lehman Brothers):

1. Bienes raíces en Canadá, Australia y Suecia

2. Inmobiliaria en California

3. Criptodivisas

4. FANG, además de Tesla, y algunos otros

5. Crédito corporativo

6. Crédito soberano Emergentes

7. Autos

8. Indexación (ETFs)

9. Serie de televisión

10. Deportes

11. Películas animadas

Para los últimos activos, son sólo periféricos… aunque también son burbujas.

No me gusta ir por ahí y llamar a las cosas burbujas. Es una buena manera de perder credibilidad (especialmente si comenzó en 2013).

No he sido exactamente optimista durante el último año. Pero me he abstenido de calificar a este mercado alcista como estúpido, porque siempre podría ser más estúpido.

Pero ahora, no estoy seguro de cuánto más se pueden inflar estar burbujas.

En primer lugar, vamos a definir lo que es una burbuja. Una burbuja no es simplemente una cuestión de sobrevaloración. Tiene que ir acompañada de una obsesión o preocupación por una clase de activos.

Eso es lo que está ocurriendo ahora en las criptodivisas.

¿Soy algún tipo de Luddita? No.

¿Veo el potencial de blockchain? Sí.

Pero cuando veo a las personas comportándose de esta manera tan irracional probablemente están más cerca del final que del principio de las subidas.

La gente está comparando el Bitcoin con los bulbos de tulipán. Creo que esas comparaciones son apropiadas. Pero al menos con los tulipanes, tenías algo tangible: una planta.

Alguien me preguntó la semana pasada cómo se podrían comportar el Bitcoin y si los demás activos entran en un mercado bajista. ¿Subiría como el oro?

Creo que sucedería lo contrario. Independientemente del estatus supuestamente seguro del Bitcoin, ahora mismo está actuando como un activo de riesgo, un activo de riesgo con mucha más beta.

Si tenemos un mercado bajista en acciones, tendremos un mercado bajista en Bitcoin (o viceversa).

Y si tenemos un mercado bajista en acciones o Bitcoin, probablemente tendremos un mercado bajista en el crédito.

Y si tenemos un mercado bajista en el crédito, probablemente tendremos un mercado bajista en los mercados inmobiliarios.

Todo está conectado.

Básicamente, en la era del pico de la indexación, lo único que queda es el riesgo sistemático.

El mercado de hoy no es diversificable.

Un mercado que es sólo un riesgo sistemático (no diversificable) es imposible de negociar. Puede apostar por el riesgo (largo en acciones) o por la huida del riesgo (corto en acciones), pero prácticamente no hay beneficios en la diversificación.

Mira los fondos que se indexan al S&P 500. En los viejos tiempos, usted diría que diversificó si tenía un ETF sobre el S&P 500, ya que se componía de 500 acciones.

¿Alguien realmente piensa que hoy está diversificado al poseer un fondo sobre el índice? No. Tienes las mismas 500 acciones que todos los demás poseen. De nuevo, no hay otra cosa que un riesgo sistemático.

Y esto está corroborado por experimentados gestores de fondos de acciones, que tienen que escoger diferentes acciones para formar una cartera, y que están siendo “re-educados”. Ahora, estás largo en FANG o no eres nadie. No hay términos medios. Esto ha obligado a mucha gente a decir que los gerentes activos son estúpidos.

Pero, ¿qué crees que es más probable? que:

A) ¿un grupo de gente inteligente se ha vuelto estúpida?, o

B) ¿qué el ambiente cambió de repente?

Si eres una de esas personas inteligentes, ¿abandonas completamente tu proceso y solo comprarías FANG?

¿O te quedas con lo que ha funcionado durante toda tu carrera con la probabilidad de que algún día vuelva a funcionar?

Esta vez (probablemente) tampoco sea diferente.

– Todos pierden en los “Bear Markets”

Una gran cantidad de “bajistas” se frotan las manos ante la posibilidad de un mercado bajista. Oye, no hay capitalismo sin recesiones. Hay que purgar los excesos especulativos. Cuanto más tiempo estemos sin una purga, más grande será.

Aunque un mercado bajista es divertido para el trading, no se lo deseo a nadie. La mayoría de las personas no son buenas especulando en un mercado bajista.

Un hombre sabio me dijo una vez que los mercados bajistas no sólo destruyen el capital de los “alcistas”… no sólo destruyen el capital de los “bajistas”… destruyen el capital de todos.

He pasado por esto un par de veces. Incluso cuando creo que estoy perfectamente posicionado para ello, todavía hay una manera de perder dinero.

Además, hoy en día, no tenemos idea de qué tipo de fuerzas políticas malignas se desencadenarán si tenemos una verdadera recesión.

Y la gente subestima la ferocidad de los mercados bajistas. Porque no pueden ver efectos de segundo y tercer orden. El mercado bursátil no baja un 20% en el vacío. No tenemos idea de lo que va a pasar cuando las acciones bajen un 20%. Nada bueno, me imagino.

Así que no deberíamos desear un mercado bajista.

He estado realizando comentarios bajistas durante un tiempo, pero no he estado dispuesto a apostar mi reputación en ello.

Ahora estoy dispuesto a apostar mi reputación.

Creo que estamos muy cerca de una recesión. Me sorprendería si no llega dentro de 6-12 meses. Si no, supongo que puedes criticarme ferozmente, si te gusta hacer ese tipo de cosas.

Un comentario más: probablemente será la desaceleración más rápida de la historia, debido al grado de apalancamiento y especulación. Si estamos prevenidos, podemos evitar gran parte de sus efectos cuando venga.

Fuentes: Jared Dillian, Mauldin Economics

Carlos Montero – Lacartadelabolsa

JUNIO 2017: 2º mes con más visitas.

Mayo 2017 se convirtió en el mes con más visitas de este blog y Junio 2017 se ha convertido en el segundo mes con más visitas.  Y 2017 se ha convertido, a 3 de Julio, en el año con más visitas, a falta de 5 meses para acabar el año. Obviamente Julio no llevará ese camino ya que en 1-2 semanas dejaré de postear tanto hasta Septiembre.

Gracias a los que siguen de forma asidua el blog. Y viendo el éxito de alguna entrada/cabreo/frustración de este año es posible que el año que viene me replantee escribir alguna entrada más hecha por mí, aunque eso será difícil ya que el año POST-PROYECTO se acaba y el curso siguiente me centraré en un nuevo proyecto dejando atrás para siempre al anterior.

Au revoir.

Orgullo, envidia y lucha de clases

https://otrosvendran.wordpress.com/2017/07/02/orgullo-envidia-y-lucha-de-clases/

I

Esta semana, Antonio Maestre ha escrito dos artículos sobre la lucha de clases. En uno, exalta el orgullo obrero; en otro, critica que haya quien se niegue a reconocer esa realidad. También lamenta la existencia de alienados incapaces de identificarse con su propia clase; seres que aspiran, torpemente, a medrar en una estructura social dominada por otros. Cuando alguien huye de sus orígenes, dice, lo hace como un individuo aislado; pero la lucha obrera solo avanza si sus miembros actúan unidos. También denuncia, más o menos veladamente, que las elites se comportan como una auténtica casta en la cual la sangre o los contactos priman sobre cualquier otro rasgo o valía. La clase unida de verdad sería la clase alta. Arremete contra el moderno periodismo por haberse distanciado vilmente de la clase obrera.

Hasta aquí, poco o nada se le puede objetar.

Sin embargo, uno tiene a veces la impresión de que el orgullo obrero (o la lucha de clases, si se me apura) se reviste de demasiados elementos positivos. Maestre dice que sus padres trabajaban al día dieciséis horas y que en casa comían patatas cuatro veces a la semana; también dice que eso es algo de lo que ahora se siente orgulloso. Odiaba su barrio feo y ahora lo adora. Porque entiende el esfuerzo diario que realizaron sus padres para que él pudiera estudiar; porque comprende que ese barrio constituye su vida, el eje de lo que después ha llegado a ser.

En el segundo artículo cita una frase de Horacio, germen primigenio del clasismo tradicional: “Odio al vulgo ignorante y me alejo de él”.

 

Huelga

II

No se me escapa que esta dialéctica está destinada a dos fines: uno, a lograr que los obreros se identifiquen entre sí y se opongan con orgullo a la clase dominante; dos, a rechazar las acusaciones –y el desprecio– que las clases altas suelen sentir hacia las bajas.

Sin embargo, no he visto en ningún sitio repetidos (quizá ya sea demasiado tarde) los argumentos que exponía Bernard Shaw en su maravilloso libro “Manual de socialismo y capitalismo para mujeres inteligentes”. Argumentos mucho más veraces e inteligentes que este caduco callejón sin salida del orgullo obrero que reclama para sí, con toda justicia, un reconocimiento de clase.

Pero un reconocimiento de clase que se nutre, paradójicamente, del sufrimiento que las clases dominantes les imponen.

De algún modo cristiano y metafísico, es como si haber padecido durante años unas jornadas laborales abominables generara en la gente una extraña superioridad moral. ¿No es esa la lógica más extrema de la cultura del esfuerzo? Igualmente, uno se pregunta qué orgullo puede suscitar la fealdad de un barrio construido ex profeso para la chusma. Si el barrio se hubiera destinado a la gente con más dinero, las casas y las calles hubieran sido más bonitas y más acogedoras.

¿Por qué razón el sufrimiento, la explotación y la fealdad engendran orgullo? ¿Acaso porque, increíblemente, los explotados han logrado seguir vivos? ¿No es lo que las clases dominantes más desearían instilar en sus obreros? “Míralos, se matan a trabajar, viven en barrios horrendos y aun así se sienten orgullosos. Mejor para nosotros, nunca querrán lo nuestro”.

 

III

El relato de Maestre, insisto, posee un sentido integrador. Pero el de Bernard Shaw estaba destinado a las clases dominantes y creo que posee un punto más de veracidad. Él decía que los pobres son seres, en efecto, infames y embrutecidos; ignorantes y feos. Había que exterminarlos de raíz. Para ello, la única solución pasaba por erradicar la pobreza.

¡Dadles educación, rebajad sus jornadas laborales, ofrecedles sanidad, seguridad, viviendas decentes, jubilaciones tempranas! ¡Las clases bajas dejan de molestar en cuanto dejan de ser clases bajas!

A continuación recordaba que los subsidios de desempleo y las ayudas sociales no estaban ahí para que la gente se rascara las narices en vez de ponerse a trabajar; sino para que no rompieran las ventanas de los ricos en busca de comida cuando llevaran seis meses muriéndose de hambre.

 

IV

Lo que me parece más veraz en Shaw –por mucho que rebose de ironía británica– es la asunción de que las clases no son buenas de por sí. A Shaw no le importa que las clases bajas sean buenas o malas: le basta con constatar que llevan toda la razón cuando se quejan de que les explotan. Y añade además que esa explotación además de injusta, supone un auténtico peligro.

La izquierda moderna, en cambio, no solo quiere llevar la razón en lo que a quejas económicas y sociales se refiere; es que además pretende santificar a los explotados.

Esta verdad incómoda se evidencia cada vez que la derecha acusa a ciertas clases bajas de envidiar lo que poseen las altas. “Tú lo que tienes es envidia”, acusa. “No, no, no y cien veces no. ¿Yo? ¿Envidia? ¡Jamás! ¡Yo solo quiero justicia!”.

En este diálogo de besugos la izquierda no solo se lamenta de las injusticias, sino que arroja la lucha de clases por la borda. Si ser obrero es algo de lo que sentirse muy orgulloso; si trabajar horas y horas como un descosido sin ver a tus hijos más que el domingo; si comer patatas seis veces a la semana es algo fenomenal… ¿para qué desear lo que poseen las clases altas? Basta con acudir a la nostalgia y deificar las miserias obreras que uno ha padecido mientras otros, injustamente, gozaban de todos los bienes materiales posibles.

Así, las clases altas pueden dormir tranquilas por las noches.

 

V

Sin embargo, no veo yo dónde radica el problema en admitir que las clases bajas sí pueden tener envidia social. Un obrero de los que pinta Maestre trabaja toda su vida como un perro, vive en un barrio feo y apenas llega a fin de mes si tiene suerte (lo más seguro es que se haya ido endeudando como una mula). Un hijo de la clase alta, en cambio, va a los mejores colegios, puede ganar cien veces más con menos esfuerzo, no solo no se endeuda sino que incrementa su capital, vive en barrios preciosos, come lo que le viene en gana y ve a sus hijos todos los días.

La injusticia radica precisamente en eso: ¿por qué alguien, solo por nacer en un barrio obrero, tiene que tragar con ruedas de molino y encima sentirse orgulloso por ello? ¿Orgulloso por no haberse muerto de hambre? ¿Orgulloso por haber sido un obrero sumiso durante su durísima vida? ¿Y todo eso mientras apenas a dos kilómetros de distancia todos los niños de bien poseen ipso facto cientos de comodidades y beneficios inmediatos? ¿Y si yo estudio una carrera como medicina dejándome el alma, y consigo entrar en un hospital público, voy a ganar menos que el hijo de papá que estudia empresariales y acaba enchufado en un consejo de dirección? ¿Y le llaman a esto meritocracia? ¿Y nos comen la cabeza con el rollo del emprendedor? ¿Y nos dicen que hay que apretarse el cinturón? ¿Y nos venden que las cosas son así y que “al menos tienes trabajo”?

¿Y me está usted diciendo que no se puede sentir ni rabia ni envidia ante una estafa tan descarada como esta?

En estas circunstancias, apelar al orgullo obrero supone negar la mayor: que la pobreza y la desigualdad son, de por sí, el núcleo mismo de los conflictos sociales.

Es la rabia obrera la que produce lucha de clases, no el orgullo, por mucho que el orgullo, hasta cierto punto muy necesario, una.

(El orgullo obrero, arma de doble filo, permite santificar el trabajo asalariado como un modo de realización personal: desde ahí resulta bastante sencillo adaptar el sacrificio como un bien espiritual de por sí, como mencionamos antes al vincularlo con la teología cristiana).

Protestas

 

VI

No estoy incitando a que cojamos las teas ardientes y los rastrillos y salgamos a las calles a asesinar a los ricos. Absolutamente no (entre otras cosas, porque me repugna la violencia). Estoy diciendo que a la derecha le importa un pito el orgullo obrero –no lo teme en absoluto– y le importa aún menos que los obreros lleven la razón.

Pero debería preocuparse muy bien de no generar demasiada miseria, porque si recorta ayudas a la ciudadanía, degrada la educación para segregar todavía más, reduce el presupuesto sanitario (hasta el punto de necesitar la caridad de don Amancio), endeuda el país hasta las orejas y permite que proliferen los trabajos peor pagados y más inseguros, ya puede procurarse una buena policía.

Las masas ignorantes, necesitadas, que no llegan a fin de mes y que padecen condiciones de vida lamentables (esas que despreciaba Horacio), tienden a ser envidiosas, impredecibles, violentas y molestas. Crear una clase así no solo atenta contra los intereses comunes de cualquier sociedad, sino que puede desgarrar incluso el marco democrático.

El resultado de las desigualdades extremas ya lo hemos visto en otros países: delincuencia, economías sumergidas, desaparición del estado de derecho, policía privada, corrupción estructural, etcétera. En una palabra: verdadera barbarie.

Eso es lo que debemos evitar entre todos, ese es el sentido último de la lucha de clases, y este es el argumento que debería esgrimirse contra la clase dominante:

“El sistema que manejas no solo es profundamente injusto y mentiroso, porque no cumple ni siquiera con sus propios principios, es que es delirante y estúpido, y nos va a llevar a todos al verdadero caos”.

 

VII

Decía Agustín García Calvo que la historia, por fortuna, no ha empezado terminada. La lucha de clases ha estado siempre ahí, pero cuando apareció el primer capitalismo la cosa se salió tanto de madre que tuvo que surgir un Marx para poner el grito en el cielo con la suficiente fuerza como para articularla desde entonces?

La izquierda debería dejar de elogiarse a sí misma moralmente y debería alertar del camino de destrucción al que aboca el empobrecimiento paulatino.

Yo no quiero una izquierda que sea más buena que el pan con aceite y que se sienta orgullosa de haber sido aplastada durante años de manera dócil y serena.

Quiero una izquierda que se deje de dulcificaciones y me diga la verdad. Que no se considere a sí misma la encarnación del Bien, sino de la Razón.

Y la verdad es que, en este mundo, hay clases bajas ignorantes y envidiosas. Y que hace falta ser un gobierno imbécil o hijo de la gran puta (aquí hay donde elegir) para imponer leyes y políticas que aumentan día tras día la cantidad de ignorantes empobrecidos y peligrosos. Porque el rollo de los méritos y de que quien se esfuerza triunfa es una cantinela para pescar truchas.

Pero parece que la izquierda está poco interesada en estos peligros sociales o en desmontar la adoración al emprendedor, y se centra más en la beatificación de los menos favorecidos que en meter verdadero y lógico miedo, como si esto fuera una cuestión de competir por el monopolio de la virtud (y de sentirse orgulloso) y no una amenaza a la estabilidad del país.

En el uso del miedo a los conflictos sociales, como escribí en otra parte con un lenguaje que no se comprendió mucho, la derecha siempre ha ganado la hegemonía. Así nos va.

 

Nota importante: por blasfemo e impreciso que suene, en este artículo he usado las nociones de “clase alta” y “derecha” como sinónimos; también la de “clase baja” y “clase obrera” como sinónimos. Disculpénme los puristas, pero seguro que aún así se me entiende.

Nota dos: No se me escapa que, al mismo tiempo, las clases dominantes también tratan de embrutecer a las masas para que estas no alcancen demasiado poder y les desplacen o aneguen. Es como una suerte flujo y reflujo, pero esta gente (las elites) no sabe nunca cuándo parar. En ese sentido, la unión constante de los trabajadores sí tiene una intención pleno, articulado en el orgullo, no de ser obreros en sí mismos, sino de estar unidos como tales. Pero siempre con el objetivo consciente de avanzar hacia una mejora común, hacia una liberación.