El heavy metal te hará la vida más fácil (si le dejas)

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Brian Hugh Warner estaba al borde de un acantilado, a punto de saltar, cuando una canción hizo que se desvaneciera su impulso suicida. Sonaba Exit Music (For a Film), de Radiohead, y a quien decidió no quitarse la vida ya lo conocían como Marilyn Manson. No es tan habitual hablar de las canciones que devuelven las ganas de vivir como de las que, supuestamente, las quitarían. Jeremy, de Pearl Jam, es uno de esos temas que cargan injustamente el estigma del suicidio.

A Marilyn Manson le han acusado de incitar al suicidio y al asesinato, especialmente después de que dos adolescentes mataran a quince personas en un instituto de Columbine en 1999. Aunque la masacre coincidió con el momento en el que más bombas lanzó Estados Unidos sobre Kosovo, la derecha religiosa estadounidense se movilizó en contra del músico porque los asesinos solían escuchar sus canciones. «Los músicos no matan a la gente. Una enseñanza pobre, sí. Si alguien quiere culpar al arte, ¿por qué hacen que los chicos lean Romeo y Julieta? Ahí hay una historia de chicos que se matan entre ellos por una razón muy importante: sus padres no les entendieron», dijo Marilyn Manson en una ocasión.

Cuando Michael Moore le preguntó al respecto en el documental Bowling for Columbine, Manson no titubeó y, como si hubiera llegado a la entrevista con la respuesta preparada, le dijo: «Los dos subproductos de toda esa tragedia han sido la violencia en el espectáculo y el control de armas. (…) Nos olvidamos del presidente lanzando bombas en el extranjero. Sin embargo, yo soy el malo porque canto unas canciones de rock & roll. ¿Quién es más influyente, el presidente o Marilyn Manson?».

La ciencia llegó a ponerse del lado de los acusadores. Para demostrar que la música extrema puede incitar a actos violentos, varios investigadores hicieron sus propios experimentos y estudios. Y para sacar al heavy metal de esa atribuida relación con la violencia, la psicóloga Genevieve A. Dingle y la estudiante Leah Sharman demostraron que la música extrema no solo no incita a la violencia, sino que ayuda a canalizar la agresividad, la ira, la ansiedad y la tristeza.

Foto: Jack Fordyce - Shutterstock

Para realizar su experimento ‘Extreme metal music and anger processing’, Digle y su estudiante escogieron a treinta y nueve oyentes de música extrema de entre 18 y 34 años y los sometieron a «una inducción de ira». Durante diez minutos escucharon canciones que ellos mismos habían elegido y después estuvieron diez minutos en silencio. Según explicaron, «los hallazgos indican que la música extrema no enfureció a los participantes enojados; más bien parecía coincidir con su excitación fisiológica y derivó en un aumento de las emociones positivas. Escuchar música extrema puede ser una forma saludable para procesar la ira para estos oyentes».

Dormir en el infierno

Los fans de la música extrema saben que su música puede ayudarles a procesar sus emociones negativas. Algunos se relajan tanto que pueden quedarse dormidos con Dimmu Borgir, Marilyn Manson o Slipknot. Sergio Macbeth es DJ metalero y duerme escuchando death, black y viking metal. Si existiera un disco de nanas guturales, él lo compraría.

Antes del experimento de Dingle, Bodner y Bensimon estudiaron los rasgos de personalidad en función de la música y establecieron dos categorías: música-problema y música-no-problema. En la primera figuraban el heavy metal, el punk, el rock alternativo, el hip hop y el rap. Según Bodner y Bensimon, los oyentes de la música «problemática», recurren en mayor medida a sus canciones favoritas para regular sus emociones. Según Dingle, «regulan su estado de ánimo de una manera más sublimada, en lugar de externalizar emociones negativas».

Para Dingle, los hallazgos de su experimento «contradicen las afirmaciones de que la música extrema causa ira y promueve un comportamiento agresivo». Este estudio, además, demostró que escuchar metal puede relajar tanto como mantenerse en silencio, así como despertar emociones positivas —activadoras e inspiradoras— incluso tras momentos de ira. Ella misma comparó escuchar una de esas canciones con un abrazo.

Foto: TDC Photography - Shutterstock

Varios participantes aseguraron que la música les ayudaba a mejorar su felicidad y su bienestar, así como a zambullirse en sentimientos amorosos. La mitad de los participantes aseguró que estos géneros musicales les ayudan a experimentar la tristeza con plenitud y tres cuartas partes la utilizaban para animarse cuando estaban tristes.

Cuando se enfada, el death metal puede llevar a Sergio Macbeth por dos caminos distintos: «Uno es que me calma al concentrarme en la música; el otro es encerrarme en mí mismo con el cabreo y dejar que se evapore con el tiempo». Para Macbeth, la clave a la hora de disociar música extrema y violencia radica en la vinculación del oyente con el género en cuestión o su desconocimiento. «La gran mayoría de la gente que conozco que asocia un género a algo que “debería hacer”, como el death metal a la violencia, suele ser así sin necesidad de música».

David Adkinson es pianista, productor y compositor de música para audiovisual. Aunque intenta abandonar, por el bien de sus oídos, la costumbre de escuchar música para dormir, más de una vez sus sueños han tenido como banda sonora canciones de Nine Inch Nails. «Debemos diferenciar el ejercicio de escuchar música y oír música. Yo no escucho en estas ocasiones. Si me pillo a mí mismo escuchando me la quito, porque me activa. Es como ponerse la tele al llegar a casa: no se le presta atención, pero ahí la tienes», detalla.

Para Dingle, los hallazgos de su experimento “contradicen las afirmaciones de que la música extrema causa ira y promueve un comportamiento agresivo”

Para Adkinson, la música extrema puede tener un efecto liberador, a pesar de que reconoce que se trata de géneros que no todo el mundo puede soportar. «Pero es como hacer puenting: hay a quien le aterra y no correría el riesgo de sufrir un infarto. Para otros, ese subidón es un canalizador de la ansiedad». La mejor manera de adaptar la música a las emociones es, según Adkinson, la posibilidad de disfrutar distintos estilos, una  amplitud de miras que permite «crear una paleta de colores y sabores musicales» capaz de adaptarse a cada estado anímico.

Además de dormir con canciones que no están pensadas para tal actividad, Adkinson también puede llegar a sentirse triste escuchando música que debería alegrarle, y viceversa. «A mí, una canción feliz me puede recordar a una persona fallecida y durante un tiempo ponerme triste. Al tiempo, una vez superada la pérdida, es un recuerdo melancólico y dulce», explica.

A Sergio Macbeth le ocurre algo parecido: el doom metal, puede alegrarle el día, a pesar de su oscuridad. «Ha llegado a animarme en momentos de bajón o depresión. Algo parecido a una catarsis, podría decirse. Cuando se da el caso, y conociendo sobre todo a metaleros fans del extremo, en cuanto les pones una buena canción se les van todos los males», explica el DJ madrileño.

Foto: TDC Photography - Shutterstock

Entonces, ¿por qué se ha asociado la música extrema con la violencia? Estos estilos, entre los que se  incluyen el heavy metal, el hardcore, el punk y sus subgéneros, surgieron del pesimismo propio de los años 70, auspiciados por la decepción tras movimientos pacifistas y optimistas. Se caracterizan por ser caóticos, ruidosos, pesados e intensos. Además, las voces son potentes y las letras, a menudo, apelan a la ansiedad, la depresión y el aislamiento social. Estas voces poderosas se han asociado a la agresividad y de alguna manera se han ido adjudicando a sus oyentes, pero han sido las letras las que mayor influencia han tenido en acusaciones y estudios que han dado la razón a los que defienden que el metal lleva a la violencia, el suicidio y el consumo de drogas.

«Cada estilo ha tenido su época por algo. Es criticado, no por ser un estilo, sino porque es distinto y molesta o da miedo por lo que representa. Si entendemos la estética de la moda como una expresión de la cultura y la época, pasa lo mismo. Tatuajes, piercings, ciertos tipos de pelo o vestimenta. Al principio temidos o criticados, poco a poco fagocitados por el sistema. Y al final aceptados en parte, tras anular el significado primigenio», explica Adkinson.

Alejandro Luque es periodista y está ultimando un ensayo sobre el tema. De la estética grotesca de algunos músicos él ve su origen en Auschwitz e Hiroshima. «Es un modo de desenvolverse en un mundo dominado por el miedo, un mundo que ha sobrevivido a dos guerras mundiales», explica a Yorokobu. Que acusen al metal de agresivo demuestra, según Luque, que «en el fondo la música está cumpliendo su función».

Alejandro Luque no distingue entre rock duro y heavy metal, y considera que cuando se le acusa de agresivo no se tiene en cuenta su origen: «Se olvida que nació como respuesta a un mundo tremendamente violento y represivo». La actitud de los jóvenes de los barrios obreros en los que surgió, Luque la denomina «estrategia del pez globo». Es decir, los jóvenes «se inflan y se erizan». A partir de ese momento, es cuando considera el periodista que el heavy se convierte en «fuente de autoestima y una gran escuela de asertividad».

Se transmite al oyente o espectador, a través de múltiples sugestiones (distorsión, volumen, velocidad) la idea de que como individuo es más fuerte de lo que piensa, y además no está solo, pertenece a una comunidad

«Se transmite al oyente o espectador, a través de múltiples sugestiones (distorsión, volumen, velocidad) la idea de que como individuo es más fuerte de lo que piensa, y además no está solo, pertenece a una comunidad. Y es para ese individuo un modo de defenderse y reivindicarse aprendiendo a decir «no». ¿A quién? A todos aquellos que coartan su libertad: patria, familia, escuela. Es decir, al poder», relata Luque.

La razón por la que se han seguido demonizando y censurando los géneros de música extrema es, según Adkinson, el hecho de que se hayan asociado a la juventud del momento, a medida que iban surgiendo. «Se ha conseguido que el metal, que hoy mueve casi más dinero que la música pop, haya sido fagocitado. Ese miedo continúa creciendo porque el sistema sigue temiendo que la juventud y la rebeldía gane fuerza. Se han encontrado escritos en pirámides egipcias que hablaban de que el problema de la segunda dinastía era la juventud: siempre se va a dar esa lucha», añade el músico.

También lo dijo Marilyn Manson en Bowling for Columbine: «Sé por qué razón me han elegido: porque es fácil mostrar mi cara en la televisión; porque finalmente soy un símbolo al que hay que temer; porque represento todo lo que todo el mundo teme; porque siempre digo y hago lo que quiero». Las ansias de libertad de la juventud todavía aterran. Para Luque, Marilyn Manson es, precisamente, «el único que ha sabido seguir asustando, escandalizando y desafiando límites».

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