Nueva edición de’ Aquel verano’: crónica del trepidante aburrimiento adolescente

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Vuelve a las librerías ‘Aquel Verano’, de las primas canadienses Jillian y Mariko Tamaki, una obra excepcional para todos los públicos, pero especialmente para los adolescentes que tratan de dejar de serlo

12/06/2017 – 

VALÈNCIA.  La editorial La Cúpula acaba de lanzar una tercera edición de Aquel verano, la novela gráfica de las primas Jillian y Mariko Tamaki. Es una historia sencilla, un simple veraneo en el mar de una familia, y por eso llega tanto. Porque la vida corriente es muy complicada.

Hace años, entre 1994 y 1990, se publicó en seis números de la revista El Víbora la historia La memoria oscura de Jaime Martín. Era el mismo asunto, un simple veraneo. En este caso, de un chico español, pero muy similar a ciertos aspectos de la historia que dibujaron las canadienses. Recientemente, Pablo Iglesias ha estado hablando de los “urbanitas de izquierdas” en contraposición al resto de los mortales, “el pueblo”, o sea, quienes habitan en ciudades más pequeñas que Madrid según sus criterios. Este cómic abordaba esta supuesta dicotomía en sentido inverso y, a mi entender, más ceñido a la realidad. En la obra de Martín, un chico de ciudad se iba al pueblo a espabilar. A descubrir su cuerpo, la vida y el mundo. A liberarse.

La memoria oscura es lo primero que me viene a la mente con Aquel verano. Recordar cómo aquellas páginas reflejaban mi vida. Yo empecé a fumar a y pensar en sexo gracias al pueblo, no a la ciudad, donde los preadolescentes éramos más niños. Como españoles que somos, la obra de Jaime Martín estaba más centrada en el sexo, los vicios y la religión, nuestras obsesiones. Al final, el protagonista hablaba de sí mismo tras las vacaciones como si hubiese descubierto un superpoder en él para sobrevivir al colegio del Opus en el que estudiaba y al cual volvía en septiembre: la intimidad. Todos sabemos que la libertad es un concepto muy relativo si no hay intimidad.

En Aquel verano las Tamaki simplemente hacen que su protagonista se adentre en la adolescencia durante unas vacaciones. La edad en la que vas descubriendo lo que rodea, que generalmente suele ser aciago. Ya sea porque empiezas a ser consciente de los problemas de tu propia familia, si no tienes la suerte de que no los haya, y de tu particular lugar en el mundo de los adultos: un cero a la izquierda. La protagonista, Rose, lo va descubriendo todo adentrándose furtivamente en la intimidad de los que le rodean. Ya no es una niña, ahora se da cuenta.

Viñetas impresionistas 

Hay un aspecto muy bonito en esta obra que todo el mundo podrá reconocer, que es la sensación de paso del tiempo en los lugares de veraneo. Los días pasan de forma confusa, no se sabe en cuál se está, y a través de los recuerdos que quedaron de otros veraneos, uno ve pasar los años de forma irremediable. Es una sentimiento contradictorio y especial. Porque en los periodos estivales media un abismo entre los niños y adolescentes de un año y los del siguiente.

Del mismo modo, las horas muertas de las dos amigas protagonistas sirven para elevar el dibujo de Jillian Tamaki a una categoría superior. Por cuanto evoca, por todo lo que cuenta sin palabras, por esas páginas dobles maravillosas de entrada a cada giro de la historia…

A un nivel más profundo queda el papel de la madre. Su relación con la maternidad y el frustrado nacimiento de un nuevo hermano. Rose, tiene que lidiar con su depresión y tanto ella como su padre reaccionan igual, rechazando a la persona hundida y entristecida. El padre directamente huye y a Rose no le queda más remedio que averiguar por su cuenta qué hay detrás de todo aquello.

La fuerza de la historia también reside en que, como es costumbre en el cómic, está sostenida por los recuerdos de la autora, Mariko Tamaki, sus memorias de cuando era pequeña y los veranos que le dejaron una huella indeleble, como a la mayoría.

Sus mayores influencias son escritores canadienses, entre los que destacan Alice Munro y Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada que ha popularizado HBO con una serie. Autores, en definitiva, que cuentan “historias sobre familia, relaciones y pérdidas ,trabajos siempre complejos, con finales poco ‘sólidos’, en que todo queda atado en un hermoso lazo”, declaró en una entrevista en vitralizado.com

Suficiente como para que la obra fuera retirada de algunas bibliotecas públicas en Estados Unidos por el tratamiento que le da y el lenguaje que emplea para hablar de sexo. Recomendada para adolescentes entre 12 y 18, si de algo sirve un cómic como este es para que los adolescentes vayan dejando de serlo y no se queden en ese estado para siempre. Atontados.

Gótica y gorda en el colegio de pago

Puestos a recordar, merece la pena completar todo el trabajo de estas dos autoras leyendo también su primera publicación, Skim. En esta ocasión la historia volvía a desenvolverse en ese mundo tan trepidante que es el aburrimiento adolescente. Y el escenario era mucho más prosaico que las bucólicas vacaciones con su mar, las olas y los recuerdos: era durante el año en un colegio de pago.

Aquí, la inautenticidad de las relaciones entre los adolescentes en este contexto y los delirios de autodefensa de quien no es capaz de integrarse -la protagonista se refugia en la brujería, el tarot y los conjuros mágicos-, son el eje conductor de la peripecia de Skim durante el curso.

Si Rose en Aquel verano tenía que lidiar con la depresión de su madre y su invisibilidad en el mundo de los jóvenes adultos que la rodean, en Skim es al contario. Se enamora de una profesora de literatura que de un modo u otro le sigue el rollo y donde se resiste a entrar es en el mundo de sus compañeros, donde rige la ley del más popular, se espera el baile de fin de curso, etcétera. Como puede ocurrir, Skim es mucho más inteligente para su edad y todo este entorno se le atraganta.

 La adolescencia, una etapa tan importante en la formación del carácter y la personalidad de una persona, nunca es una historia con presentación, nudo y desenlace. A veces se tardan años en entender las cosas que te pasaron durante aquel periodo y muchas de las heridas que deja nunca se superan. El estilo de las Tamaki para abordar estas cuestiones es el idóneo. Y parece que ahora que Mariko, la guionista, ha hecho carrera en Marvel, también está trasladando sus inquietudes al universo adolescente por excelencia del mundo de las viñetas, el de los superhéroes.

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