Enchufes y contactos: así se encuentra trabajo en España

Y así funciona y seguirá funcionando España.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-05-31/trabajo-enchufes-estudios-empleo-mayores_1390383/

Un estudio cifra en casi un 75% las ofertas de empleo que nunca ven la luz públicamente y que tan solo llegan a través de conocidos y relaciones previas

Foto: Él encontró trabajo así. (iStock)
Él encontró trabajo así. (iStock)

En diciembre de 2015, el alcalde de un pequeño pueblo de Ciudad Real reconocía ante sus vecinos que contrataba a los empleados del consistorio a dedo. “Siempre ha sido así”, fue la simple exposición del edil. Un mes antes, en noviembre de ese mismo año, se filtraba una lista de la muy sofisticada firma de auditores Deloitte en la que se “recomendaba” la contratación de 100 jóvenes por enchufe de distintos directivos de la firma, algunos con el mismo apellido que sus patrocinados. Ellos los llamaban “referidos”. Dos situaciones muy distintas entre sí, pero que no sorprenden a ningún ciudadano español. En efecto, sus intuiciones son ciertas: más de un 70% de las vacantes laborales en España se cubre con ‘conocidos’.

Un estudio de Lee Hetch Harrison pone negro sobre blanco esa sospecha. Lo que ellos llaman “el mercado oculto”, es decir, aquellas ofertas de empleo que nunca se hacen públicas, alcanza el 75%. Un porcentaje que aún se eleva más si hablamos de aquellos puestos que requieren una mayor cualificación y especialización y, sobre todo, para perfiles de mando. En esos casos, alcanza el 85%. No es el único estudio que apunta en esa dirección. Según una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas de 2016, la primera causa de hallar un empleo fue “a través de un familiar directo” y una de las últimas, “a través de una oferta de internet”. Así que los tiempos cambian, pero no tanto.

“En España, funcionamos así. Es la realidad: la red de contactos es primordial”, señala una experta en Recursos Humanos

“Esto es así, es una realidad. En España funcionamos así”, reconoce Belén Ferrer, directora de Lee Hetch Harrison. “La red de contactos es primordial”, subraya la experta, que ha revisado miles de experiencias de empleo antes de extraer sus conclusiones. Sin embargo, sí quiere puntualizar un aspecto novedoso con respecto a los viejos tiempos del enchufismo nacional: “Aunque vayas recomendado, el encaje en el puesto tiene que ser casi perfecto, del 80 o 90%, si no, por muy referenciado que vayas, no te cogen”, advierte.

Durante la crisis, esas cifras de ofertas que nunca llegaban a oídos más que de unos pocos privilegiados alcanzó su cenit: más del 80%. Las causas, además de la obvia de que apenas había ampliaciones de plantilla, tienen que ver con el recorte de costes (menos capacidad de contratar empresas evaluadoras o de evaluar a muchos candidatos en la propia empresa) o bien porque estaban despidiendo a otros trabajadores al tiempo y no consideraron buena idea hacer público que contrataban a la vez que se desprendían de otros.

Milagro o contacto

En España, el 63% de las personas que consiguen volver a encontrar un empleo lo hace a través de esta vía. Y eso tiene mucho que ver con otra estadística que apunta el estudio: los principales beneficiados de esta manera de encontrar trabajo tienen entre 35 y 45 años. “Es una edad en la que uno ha hecho más contactos”, concluyen los expertos. También es casi la edad límite para tener alguna posibilidad de ser tenido en consideración si se viene de una situación de desempleo (que en el caso de estas edades, suele ser de más de dos años de duración).

José Miguel, abogado de 46 años, sabía que no volvería a encontrar trabajo por cuenta ajena salvo que fuera de la mano de alguno de los muchos conocidos que había dejado en su “vida anterior, antes de la crisis”. Un milagro, o un contacto. Le rescató para un despacho grande un amigo que llevaba allí muchos años trabajando y tenía cierta capacidad de decisión. “Les mandé el currículo porque él me lo dijo y funcionó, ni yo me lo creía”. Eso sí, pasó a tener un contrato por horas y muchísimo peor remunerado de lo que había estado nunca. “Para darse con un canto en los dientes”, sentencia este padre de dos hijos separado y con una hipoteca a la que le restan 14 años de pago.

Los menores de 35, sin embargo, son los peor parados. Ni pueden optar al tipo de trabajos que se reparten en ofertas restringidas para directivos, ni tienen muchos conocidos ni red de contactos en la profesión. Ellos a quien recurren es a familiares para obtener becas o empleos en prácticas. En su caso, el ‘mercado oculto’ los rescata solo en algo menos del 20% de los casos. Y, en general, optan a puestos poco cualificados y peor pagados aún.

La elección del término ‘networking’ o ‘amiguismo’ dependerá de si a quien los usa le han cogido o le han dejado fuera del proceso

El experto en Recursos Humanos Alfonso Villarroel cree que se trata de una situación coyuntural a la que han favorecido las altísimas tasas de desempleo. “Según se vayan cubriendo las recomendaciones directas con primos, cuñados y amigos, dejará de haberlos en paro y habrá que recurrir de nuevo a otros procesos de selección“. Para este ‘headhunter’ que lleva 14 años en el sector, la denominación de ‘networking’ o ‘amiguismo’ dependerá de “si a quien dice una cosa o la otra le han cogido o le han dejado fuera del proceso”, explica con humor. “Los oficios son lo más vinculado a una recomendación directa. Y es lógico. la gente que ha visto cómo otro es capaz de hacer una cosa lo recomienda porque sabe que lo hace bien”, prosigue Villarroel. Eso sí, discrepa de que todas esas ofertas sean ocultas: “Si yo gano un gran concurso de energías renovables, los ingenieros de ese sector se van a enterar y van a saber que necesito gente. También van a saber en qué redes me muevo y dónde hallar la oferta”.

En Cantabria, los más ocultos

Por sectores, en el que más funciona este boca a boca es el de las farmacéuticas. Alcanza casi el 80%. Pero le siguen de cerca el gran consumo —en que el elevado número de empresas en el mismo hace que sea frecuente el uso de ‘intermediarios’ en las contrataciones—, la industria o el más emergente de todos, el de las tecnologías de la información, que es el que más sube en los últimos años. Por el contrario, el sector financiero, ha pasado de ser uno de los más usuales en este modo de contratación a ser de los que menos la usan (el 60%).

Llaman la atención las diferencias tan acusadas que se dan por regiones. Por ejemplo, en Cantabria o La Rioja es casi imposible acceder a un puesto de trabajo de manera directa. Sin embargo, las únicas en las que este sistema no supone más del 50% de las vacantes ocupadas son Extremadura y el País Vasco. “En España, cada mercado laboral cambia mucho por regiones”, es la explicación de Ferrer, que lo achaca al tipo de actividad laboral de cada zona y lo cualificado del trabajo que se reparta. Para Villarroel, la explicación es sencilla: “Son todas uniprovinciales y pequeñas: la gente se conoce y el número de empresas dedicada a cada cosa es pequeño”.

Y como no podía ser de otra manera, como en casi todo lo que tiene que ver con el mercado laboral, los hombres parten con ventaja: el porcentaje de beneficiados de este mercado oculto privilegia a los varones (60%) con respecto a las mujeres (40%).

 

Comentario mío: luego alguien se enfada cuando digo que lo público es lo mejor en casi todo o cuando recomiendo a mis alumnos que hagan carreras que a medio y largo plazo les hagan opositar. Aquellos que no hayan elegido ese tipo de carreras en este país lo van a pasar realmente mal.

Anuncios

Por qué las terrazas están llenas si la gente no tiene un duro: una teoría sobre tu futuro

http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2017-06-03/terrazas-llenas-gente-teoria-futuro_1391394/

No estoy totalmente de acuerdo con el artículo pero es interesante.

Ahora que vuelve el buen tiempo y los bares se llenan, volveremos a escuchar esta frase que oculta cómo han cambiado los hábitos de consumo de los españoles

Foto: La terraza del Euro Bar de Benalmádena. (Reuters/Jon Nazca)
La terraza del Euro Bar de Benalmádena. (Reuters/Jon Nazca)

Por lo general, la magnitud utilizada como indicador económico de un país es el Producto Interior Bruto. De un tiempo a esta parte, quizá unos siete años, han aparecido en las conversaciones coloquiales y en algún que otro debate político una nueva medida del éxito económico: la ocupación de las terrazas por parte de despreocupados bebedores de cañas. O al menos eso se desprende de la pregunta que todos hemos oído en algún momento, pronunciada con disgusto: “¿Por qué si hay crisis las terrazas están llenas?”, un clásico que volverá ahora que el calor vuelve a apretar.

Propongamos una teoría alocada. Las terrazas están llenas, entre otras razones, porque la gente no tiene dinero para más. Desde la crisis y su constante y gradual agotamiento de los ahorros de los españoles, muchos no tienen (tenemos) dinero para comprar un piso, un coche o pegarse unas grandes vacaciones, no digamos formar una familia. El paro ha aumentado, los sueldos y las pensiones se han estancado y el acceso al crédito es más difícil. Pero, aún más, se ha producido un vuelco en la mentalidad española, especialmente de los jóvenes: ante la incertidumbre por el propio futuro, quién querría meterse en una hipoteca a 40 años. Para eso, nos tomamos una cervecita y ahogamos las penas.

Su plan era no irse de vacaciones pero sí tomarse algo todas las noches con sus amigos. Resultado: ocio todos los días y pequeño ahorro a fin de mes

Es el chocolate del loro a la inversa. ¿Conocen el origen de la expresión? La historia cuenta que una familia de aristócratas en decadencia, pero de tren de vida a todo trapo, decidió ajustar su economía doméstica decidiendo qué era necesario y qué accesorio. Llegaron a la conclusión de que tan solo podían prescindir del chocolate del loro, así que lo eliminaron de la lista de la compra. Y, obviamente, no solucionaron el problema. Las familias españolas han seguido forzosamente el proceso contrario: como han tenido que eliminar los grandes gastos, su loro puede seguir disfrutando de su chocolate. Es decir, una caña, cena o comida ocasional no causará un boquete en su cuenta corriente.

Recuerdo el plan de negocio de un amigo comerciante para el peliagudo verano de 2010. Su estrategia estival era no cogerse vacaciones, mantener la tienda abierta durante todo agosto –ese otoño se prometía movidito– y reinvertir parte del dinero del viaje veraniego en tomarse una caña a la salida del trabajo con la familia o los amigos. Todo eran ventajas: ocio diario a un coste menor que la semana en la playa. Y no se puede negar que en el sector de la restauración –y aún más el del terraceo– se rentabiliza hasta el último euro. Priva, fresquito, conversación y, a veces, salir cenado. Las franquicias de hostelería lo han entendido bien, como muestra el éxito de las cadenas ‘low cost‘.

Cuando ahorrar poco es no ahorrar

Es un actitud habitual entre los menores de 35 años, aquellos que saben que nunca tendrán un trabajo para el resto de su vida, y que he escuchado cientos de veces, precisamente, entre cañas. La lógica es palmaria. Muchos de los que disponen de ingresos mensuales saben que, con la alta rotación del mercado laboral –hasta el Banco de España lo alertaba hace nada en un informe –es posible que el mes que viene, o el siguiente, o el otro, no tengan trabajo. De ahí que meterse en grandes inversiones sea una locura; una de las moralejas de la crisis ha sido que, cuando venga la siguiente, mejor que no te pille pagando una hipoteca de 700 euros.

Prefiero gastarme los 30 euros que me sobran en algo que me gusta, porque si me pasa algo, no voy a poder pagarlo de todas formas

Con una tasa de desempleo juvenil de un 41,65%, la mayoría de jóvenes no pueden ahorrar, y los que sí, lo hacen a duras penas. Y hay algunos que han decidido no hacerlo, algo que puede sonar, de entrada, irresponsable. Pero como me confesaba un amigo, “prefiero gastarme los 30 euros que me sobran en algo que me gusta, porque si me pasa algo, no voy a poder pagarlo de todas formas”. Tiene su lógica: ahorrar 30 euros es más o menos equivalente a no ahorrar nada. Vivimos en una aparente “cultura del capricho” (una entrada para un espectáculo, un videojuego, un libro, un viaje) que parte del principio de que, ya que el futuro es incierto, hacemos mejor disfrutando, aun epidérmicamente, que ahorrando en nuestros placeres cotidianos.

La cultura de consumo ha cambiado también sensiblemente. Si el coche y la casa fueron en la España del desarrollo postTransición dos ritos de paso y dos símbolos de estatus obligados, hoy, especialmente en las ciudades, y teniendo en cuenta “lo mal que está la cosa”, son vistos casi como lujos con los que muy pocos sueñan. Para los que tienen 30 años o menos, el hogar en propiedad se percibe como la cadena que los ata a décadas de deuda con el banco, a un trabajo que no les satisface, a un barrio con el que no se identifican. Una trampa en la que no piensan caer.

Una caña (en este caso, de un bar madrileño), catalizador de las relaciones sociales. (Reuters/Juan Medina)
Una caña (en este caso, de un bar madrileño), catalizador de las relaciones sociales. (Reuters/Juan Medina)

Hace poco recordábamos que, según los datos del INE, un 41% de familias no puede hacer frente a un pago con el que no cuentan. En dicha situación, y salvo casos de pobreza extrema, poco supone una caña que, por otra parte, cumple otra función que la progresiva modernización del país había hecho desaparecer: salir a la calle, a la plaza del pueblo o al portal de casa para charlar con tu hermano, tu amigo o tu vecino. La cerveza compartida es un catalizador social que sirve para la consolidación de una red que aguantará nuestro peso en caso de que las cosas vengan mal dadas.

La perversión del ahorro obligado

La pregunta que da título a este artículo parte de una perversa lógica que, según mi experiencia personal, suele salir casi siempre de la boca de aquellos que nunca han tenido problemas para llegar a final de mes. Si hay crisis económica, lo lógico, según esta pregunta retórica, es que la gente deje de consumir por completo cualquier cosa que no sean bienes de primera necesidad. ¿Una cena? ¿Una entrada para el cine? ¿Una caña? Ni se te ocurra: si estás parado, cobras poco o tienes un contrato temporal estás obligado a quedarte en casa, bajar las persianas, acurrucarte debajo de una manta y rechazar todos los placeres que supongan el más mínimo dispendio económico.

Solo alguien que no ha tenido nunca problemas de dinero podría pensar que gastar tres euros en una cerveza vespertina es un acto de irresponsabilidad

Una lógica completamente incoherente en un mundo marcado por el consumo, la publicidad y la identidad a través de la compra, que por una parte nos anima a consumir sin parar mientras que por otra censura todo gasto en apariencia innecesario. ¿De verdad “innecesario”? Tampoco conviene perder de vista que el ocio es parte importante de la salud psicológica, como contar con amigos o familiares a los que recurrir. Tan solo alguien que no ha tenido nunca problemas de dinero podría pensar que gastar tres euros en una cerveza vespertina es un acto de irresponsabilidad. Para mucha gente, es la única clase de ocio que pueden permitirse.

La situación no cambiará, y probablemente, se agudizará. Los jóvenes han aprendido a renunciar a sus sueños a largo plazo para centrarse en llegar a final de mes, ahorrar para unas vacaciones más o menos atractivas y, el año que viene, ya veremos (spoiler: estarás exactamente igual). Esta lógica ha venido espoleada desde el discurso político y empresarial, aquel que ha repetido hasta la saciedad que los trabajos para toda la vida no existen, que el signo de los tiempos es vagar de empleo en empleo buscando una supuesta realización personal a través del trabajo, que da igual qué hayas estudiado porque pronto habrás quedado obsoleto. En ese contexto, conseguir conversación, bebida fresca, un bocado y un hombro donde llorar –esto no viene incluido, pero es fácil de encontrar– es toda una ganga.

Longevidad: Que le den a lo que dice la gente

http://www.masfuertequeelhierro.com/blog/2017/06/longevidad-que-le-den-a-lo-que-dice-la-gente/

Y esto le va a pasar a mucha gente actual que llevan a su cuerpo al límite continuamente y piensan que su cuerpo no se va a resentir. Los fisios se están frotando las manos ante la idea de los clientes que van a recibir las próximas décadas.

Por Rodney King

Un asunto como este necesita un titular FUERTE. Pero es un asunto de extrema importancia. Ya lo he comentado antes, pero creo que hace falta volver a hablar de ello porque, por desgracia, todavía veo a mucha gente pensando que a ellos no les va a suceder.

Llevo haciendo artes marciales profesionalmente más de dos décadas y media. Empecé a enseñar karate con 16 años. De joven trabajé de portero en algunos de los clubs más duros del mundo. En ese período de tiempo, y siendo conservador, tuve al menos 300 altercados físicos, es decir, durante 7 años 3,5 peleas al mes. Y aparte de eso, 27 años de sparring duro, que son por lo menos 40.000 asaltos (si no más). A esto le añades el paso de los años y ahora, cerca del final de la década de los 40, ¿con qué me encuentro?

Mi cuerpo está roto. Mi rodilla izquierda duele casi todas las semanas. Siento mis dedos rígidos. Tengo frecuentes cambios de humor (y estoy seguro que es por todos os traumatismos craneales que he sufrido). Y para remate, me duele la espalda casi todos los días y mis vértebras cervicales tienen una degradación severa. Parte de esto tal vez sea genético, pero ningún humano está diseñado para someter su cuerpo a semejante maltrato. Y me viene a la cabeza Rickson Gracie, que tengo entendido que también está mal de salud. Este hombre hizo todo bien: yoga, se mantuvo flexible, entrenamiento de fuerza, y encima era un portento físico. Pero aun así, machacar su cuerpo en los combates ha tenido su precio (y eso que sólo tiene 58 años).

PERO NO SOY SOLO YO

Incluso en mi círculo, estoy con compañeros de entrenamiento a los que conozco bien desde hace más de 10 años. Uno acaba de pasar por un reemplazo de cadera (es más joven que yo y esa es sólo una de sus lesiones) y un amigo muy íntimo ha padecido varias operaciones de ojo (es su lesión más seria). Y podría seguir y seguir.

Y la verdad, ¿para qué narices?

Claro que queríamos ser los mejores en nuestra disciplina, pero hemos pagado un alto precio. No tenemos ni 50 años, y, con un cálculo conservador, nos quedan casi otros 30 de vida. Tampoco sabíamos que esto fuera a pasar cuando éramos jóvenes. Pensábamos, como muchos de vosotros, que tenías que ir a darlo todo todo el tiempo, o eras un flojo. Nuestros egos y lo machotes que éramos era lo que nos movía. Pero ser el mejor luchador del mundo importa un bledo cuando no te acuerdas de cómo te llamas, o de los nombres de tus nietos. Cuando no puedes llevar una vida funcional y no tienes ni 60 años. Cuando salgo de la cama la mayor parte de los días me siento como si ya tuviera 70 años.

Tampoco quiero dejar las artes marciales, pero me veo obligado a hacer serios cambios en mi entrenamiento si quiero seguir en esto dentro de una década. Ahora mismo sólo hago combate de forma habitual con una persona, Costa Ioannou, 4 veces campeón de EFC y alumno mío. 2 veces a la semana hacemos al menos 30 asaltos. Vamos rápidos, con estrategia, pero el contacto es como un 80% de lo que hacíamos hace 10 años. Ruedo en el tatami con algunos alumnos escogidos pero evito a los que no entienden mi nueva actitud.

DILE A TU EGO QUE SE AGUANTE (Y YA PUESTOS, A TODOS LOS DEMÁS)

Como hombre y como luchador me costó mucho dejar mi ego de lado y no pelear ni rodar en el tatami con alguna gente. Esto es especialmente difícil en algunos seminarios. Pero, por desgracia, como dije al principio, siempre hay jóvenes machacas, que creen que tienen que ir con todo. Piensan que así es como mejoran o que me tienen que demostrar algo. Y quizás mejoren, que yo sé que lo hice gracias a entrenamientos muy duros, pero después ¿qué? La verdad es que nunca lo consideré, pero ahora como ya tengo un mejor conocimiento, no voy a dejar que eso suceda en mi clase. Ya me niego a competir con nadie. La competición saca a la superficie al Macho Alfa y, aunque estoy seguro de que hago un buen papel contra casi cualquiera, estar una semana andando como Robocop no tiene ninguna gracia. Así que aunque siempre es un duro trago, digo “no, gracias”. Y es que si quiero jugar algún día con mis nietos no tengo otra elección.

No deberías dejar que nadie te usara como su saco particular. Los que hacemos artes marciales tenemos que superar nuestro orgullo masculino y decir no. Puedes entrenar de forma saludable. Puedes entrenar de manera realista. Pero también puedes hacerlo de manera que no acabe siendo perjudicial para tu salud. Claro que va a haber consecuencias cuando lo hagas. Sabía que en el momento en que dejara de picarme y de luchar con cualquiera que me desafiara, habría gente que empezaría a hablar a mis espaldas. Pero no pagan mis facturas, ni mantienen a mi familia ni viven mi vida. Y hasta si me fijo en Rickson Gracie, después de todas las veces que ha demostrado su excelencia como luchador, cuando no peleaba con alguien concreto siempre recibía calificativos peyorativos. Está claro que siempre habrá gente así, hagas lo que hagas.

Pero al final sólo hay dos motivos para practicar artes marciales. Para protegerte y para el auto dominio. Todo lo demás importa poco en última instancia. Los campeones de hoy serán olvidados entre los muchos que ha habido en el pasado y otros nuevos los reemplazarán. No puedo dejar de pensar a veces que esta obsesión de los hombres por pelear con otros (por deporte, o por guerras) es en realidad una forma de esclavitud. Pero ¡eso es para otro artículo!

Artículo traducido por el forero Leroy (link a su diario de entrenamiento en nuestro foro)

Despacito es una obra maestra y no lo sabíamos

http://www.elespanol.com/cultura/musica/20170602/220857914_13.html

Luis Fonsi y Daddy Yankee en el vídeo de Despacito.

Si hay algo que en EEUU saben hacer bien es identificar qué le gusta a la gente y clonarlo, multiplicarlo, fabricarlo en cadena. ¿Que los vampiros adolescentes causan furor? Pues se publican cinco novelas de la serieCrepúsculo y se anuncia una sexta. ¿Que las películas que más gustan son las de carreras, acción y peleas entre tipos inflados? Pues se ruedan ocho entregas de la saga The Fast and the Furious y se firma un contrato por otras dos. ¿Que la comida más demandada es la que se sirve enMcDonald’s? Pues se abre un restaurante por cada veinte mil personas y se acabó eso de caminar más de cinco minutos para tropezarse con un Big Mac.

Pero si hay otra tarea que realizan con gran eficiencia los estadounidenses es ordenar todas esas cosas que tanto gustan, asignarles una categoría determinada y seleccionar las mejores. Es ahí donde entran en escena las listas clasificatorias y los consiguientes galardones, distinciones, condecoraciones y homenajes. Se impone premiar a los mejores porque es el único modo de reconocer quién es el mejor. Algo que, en el caso de la música, se lleva a cabo nombrando semanalmente un número uno.

Porque ocupar la primera posición en esas listas es una situación objetiva. No admite discusión. Uno puede debatir durante horas sobre si eran mejores las canciones de Michael Jackson o las del Fary —el típico debate—, pero que Michael Jackson tiene más números uno es un hecho. Incluso en la disputa por el trono del rock que siempre se librará entre The Beatlesy Elvis Presley se suele utilizar como argumento el recuento de sus números uno. Gracias a esa clase de reconocimientos sabemos quién es el mejor.

El mundo del cine es un buen ejemplo. En 1998, por elegir un año al azar, se produjeron varias películas de calidad considerable. La vida es bella, Salvar al soldado Ryan, La delgada línea roja, Corre, Lola, corre, American History X, El show de Truman, Miedo y asco en Las Vegas o Tango. Podríamos pasarnos una tarde entera exponiendo los motivos por los que creemos que una de ellas es mejor que las demás, pero sería un esfuerzo estéril. Para eso precisamente se inventó el Oscar a la mejor película. Para colocar una medalla y zanjar la discusión. De ahí que todo el mundo sepa que la mejor película de 1998 fue Shakespeare in Love. No hay debate.

El sistema de números uno es igualmente definitivo. Sirve para cuantificar la calidad. Te puede gustar más una canción u otra, pero ser número uno en EEUU inclina la balanza. En el caso de Despacito, por ejemplo, la música en castellano cometió un grave error. No le dimos a esa canción la importancia que se merecía. La escuchábamos en un centro comercial y pensábamos: “Qué raro suena en este tema Enrique Iglesias”. Y seguíamos haciendo nuestras compras pensando que ese hombre parece escribir siempre la misma canción.

Pero entonces llegó Justin Bieber, un estadounidense de Canadá, escuchó Despacito una noche en una discoteca de Bogotá y comprendió que aquello era una obra maestra. Envío un correo a su mánager diciéndole que quería versionarla, éste se puso en contacto con su autor, Luis Fonsi, y, en apenas unos días, EEUU convertía la canción en su primer número uno en castellano desde hacía veintiún años.

Justin Bieber se une al remix de Despacito, de Luis Fonsi.

Justin Bieber se une al remix de Despacito, de Luis Fonsi. EFE

Fue entonces cuando los demás nos dimos cuenta. Despacito era a la música lo que The Fast and the Furious es al cine. Lo que Crepúsculo es a la literatura. Lo que la Big Mac es a la gastronomía. Un prodigio. Un fenómeno mundial. La mejor entre las mejores. Gracias a EEUU y su ojo clínico para estas cosas, colocamos por fin a Despacito en el lugar que debía ocupar y pudimos comenzar a escucharla a todas horas en la radio, en los supermercados, en las discotecas, en la televisión, en internet, en la calle, en las tiendas de ropa, en las bodas y hasta en una iglesia.

De no ser por ese número uno, tan solo la escucharíamos una o dos veces al día, como mucho. Pero gracias al talento del público estadounidense para reconocer una joya cuando la tiene delante, ahora suena constantemente. Sin solución de continuidad. Como una especie de banda sonora incesante que nos acompaña a dondequiera que vayamos. Qué maravilla.

Hacía más de dos décadas que una canción en castellano no era número uno en EEUU. La última había sido La Macarena en 1996 y nos ocurrió exactamente lo mismo. Sí, nos hacía gracia. Veíamos a Los del Río muy sonrientes y vestidos de traje cantándole a una chica para que le diese alegría a su cuerpo, Macarena, que su cuerpo, al parecer, era para darle “alegría y cosa buena”, nos mirábamos los unos a los otros, decíamos en voz alta “eh, Macarena, aaargh” y seguíamos a lo nuestro.

Una imagen del videoclip de Despacito.

Una imagen del videoclip de Despacito.

Tuvieron que venir los estadounidenses a explicarnos que aquello era un milagro de la armonía y la melodía y hasta la prosodia para que entendiésemos lo que teníamos entre manos. Y fue necesario que la aupasen al número uno para que nos quedásemos con cara de tontos mientras veíamos por la tele a los participantes de la convención nacional del Partido Demócrata de 1996, Hillary Clinton incluida, bailando como posesos La Macarena mientras Bill Clinton era elegido candidato a la presidencia, cuando en España ese año ni siquiera tuvimos un miserable debate electoral. Otro gallo habría cantado si Aznar y González la hubiesen bailado.

Pero confío en que no nos vuelva a suceder. Espero que los estadounidenses no tengan que señalarnos otra vez cuál es la próxima Macarena o el próximo Despacito. Sería vergonzoso que una canción en castellano se convierta dentro de unos años en número uno en EEUU y nosotros, mientras tanto, nos hubiésemos pasado otra vez las semanas previas escuchándola sin prestarle demasiada atención, ajenos a su genialidad, convencidos de que solo se trataba de una canción ridícula y mediocre, indistinguible de las otras doscientas de su estilo que sonaron ese año en la radio. Yo, al menos, no me lo perdonaría.

 

La Eurozona cada vez se parece más a Japón

http://www.euribor.com.es/2017/06/01/la-eurozona-vez-se-parece-mas-japon/

Desde hace algunos años, en la Eurozona existe un miedo a que estemos en un proceso de Japonización de la economía, lo que supone que la política monetaria,  ha caído en la trampa de liquidez con los tipos de interés al 0% con un crecimiento debilitado y una bola de deuda que se ha ido incrementando. Las variables económicas clave de la Eurozona cada vez tienden a parecerse más a Japón, en especial si hacemos referencia a dos aspectos: deuda y crecimiento.

Ambas economías están desarrollando una política monetaria muy parecida. Los tipos de interés actuales en el BCE  se sitúan en el 0% mientras que en Japón ya alcanzan el -0,10%. Por otra parte, están interviniendo el mercado de deuda, de manera agresiva,  lo que ha llevado a un fuerte descenso de la rentabilidad de los bonos. Es más, Japón se ha comprometido a un objetivo de rentabilidad del 0% en el bono japonés a 10 años.

Japón lleva con los tipos de interés bajos alrededor de dos décadas, mientras que para la Eurozona la experiencia es relativamente nueva y una comparativa interesante es la evolución del bono alemán a diez años desde 2004 y la del bono japonés a diez años en el periodo 1987-2004… Prácticamente han replicado el comportamiento. (gráfico de Holger Zschaepitz)

Incluso en los últimos años, hemos visto un comportamiento muy parecido entre ambos bonos e incluso, en 2016 ambos instrumentos de deuda llegaron a cotizar por debajo del 0%, aunque en la actualidad se encuentran cotizando con rentabilidades bajas pero positivas.

Con todo este activismo monetario,  Japón es el país con la mayor deuda pública en términos relativos a su PIB, pues ya alcanza una relación del 250%. Por su parte, la Eurozona ha visto como en los últimos años ha disparado sus niveles de deuda pública sobre PIB, por los continuos déficits públicos.

Cabe destacar que la Eurozona incluye varios países que acumulan una elevada relación entre la deuda pública y el PIB. Grecia ha alcanzado una deuda pública Del 179% sobre el PIB, siendo la segunda más alta de todo el mundo. No obstante,  El foco de atención lo deberíamos centrar en Italia y Portugal pues manifiestan una deuda pública sobre el PIB del 132% del 130% respectivamente.

El crecimiento económico tanto en Japón ha sido muy bajo en los últimos veinte años sufriendo un grave estancamiento económico. En la actualidad tanto el crecimiento de Japón como el de la Eurozona es muy similar pues los datos interanuales son del 1,60% y del 1,70% respectivamente. Sin embargo, dentro de la Eurozona nos encontramos  con que España estaría creciendo a un ritmo del 3%, mientras que dos grandes pilares económicos como son Italia y Francia estarían creciendo a un 0,80%,  síntoma de una gran debilidad interna que padece la Eurozona.

 

Ser mal profesor en la universidad no tiene consecuencias

http://www.eldiario.es/sociedad/evaluacion-profesorado-universitario-panales_0_649535783.html

Cerca de 7.000 estudiantes de Grado han iniciado este lunes en la Universidad las clases del curso 2014-15

¿Quién evalúa al evaluador? Mientras que se habla, y mucho, de la necesidad de observar a los cuerpos docentes de Primaria y Secundaria, el profesorado universitario ha quedado por alguna razón fuera de esta discusión. La parte científica está cubierta a través de los sexenios, pero, ¿se vigila cómo imparten clase los doctores? ¿Quién y cómo? ¿Qué se mira?

Una primera respuesta, corta e incompleta, sería que algo se hace, pero no demasiado. El sistema ha dejado la evaluación, en su pata docente, en manos de las universidades. La ANECA, agencia oficial de evaluación, no entra ahí. Lo que hay no está sistematizado, no afecta a todos los profesores y los criterios que emplea están en revisión.

Pero el análisis de la docencia está mejorando, según explican las fuentes consultadas, principalmente a través de la introducción paulatina del programa Docentia. Entre los debes del sistema: de momento es voluntario para los docentes someterse a este escrutinio y, para los que lo hacen y obtienen resultados negativos, apenas hay consecuencias directas.

Aparte de Docentia, algunos aluden a los quinquenios o los trienios como elemento evaluador de la actividad docente. Pero, a la vez, todos admiten que estos complementos (que se otorgan cada ciclo de tres o cinco años dando clase) se conceden prácticamente por sistema y no por mérito contrastado.

Más investigación que docencia

La primera cuestión que afecta a la valoración de los profesores universitarios es que, a la hora de evaluar su labor, los campus están mucho más centrados en observar su actividad investigadora que la docente. Por el lado institucional, porque es más fácil medir los resultados y el éxito investigando que dando clase, sujeto siempre a criterios más subjetivos. También podrían entrar cuestiones como los ránkings universitarios, que premian más la investigación que la docencia.

En el apartado personal, “como se premia la carrera del buen investigador, pero no la del buen docente, los profesores se aplican a tener buenas investigaciones”, según explica Julio Serrano, antiguo responsable de Universidad de CC OO. Ser un buen investigador está reconocido y premiado. Ser un buen docente, no. Lo reconoce Carlos Andradas, presidente CRUE-Asuntos Académicos (la comisión sectorial de la Conferencia de Rectores dedicada a estas cuestiones), cuando explica cómo se distribuye el tiempo de los profesores: “La dedicación docente se modula en función de la tarea de investigación”. Si tienes mucha investigación, te quitan horas de aula. Primero la ciencia, luego las clases.

La evaluación docente es más necesaria si se tiene en cuenta que nadie enseña a un profesor universitario a enseñar. Se les suelta en clase y que se apañe. “Hasta hace pocos años, se creía que dar clase era un poco de ciencia infusa”, concede Andradas, “que alguien había terminado su carrera conseguía un contrato y ya está. Afortunadamente, esto se va cuidando más”, afirma. Coincide en la apreciación Ignacio Fernández Sarasola, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Oviedo. “No entiendo que se pueda ser profesor sin que nadie te forme para dar clase”, expone.

¿Qué consecuencias tiene esto? “Al final el profesor es bueno o malo en función de que él se tome el interés. Y en la universidad hay profesorado realmente malo. Por tu cuenta mejoras, pero queda en tu voluntad hacerlo. Los cursos de perfeccionamiento docente deberían ser obligatorios”, argumenta Fernández.

El primer problema que surge cuando se habla de evaluación del profesorado es fijar los términos a observar, como explica Francisco Javier Tejedor, profesor universitario jubilado y autor de varios estudios sobre la cuestión. “La puesta en marcha de un sistema de evaluación requiere determinar el modelo de profesor que se quiere”, escribe el experto. ¿Qué datos deben recogerse? ¿De qué fuentes? ¿Cómo deben ser los indicadores? ¿Cómo serán empleados los datos? Estas son algunas de las preguntas que Tejedor se plantea respecto a la evaluación.

Las respuestas están llegando a través de Docentia. Este programa lleva varios años implantándose en los campus para evaluar, a través de unos criterios establecidos, la labor de los profesores. Actualmente, la evaluación docente se sostiene en tres patas, según explica Andradas. La principal son las encuestas que se realizan entre los alumnos de cada asignatura. A esto se añade un informe de un responsable del departamento en cuestión (el decano, normalmente) y una autoevaluación del profesorado.

Las encuestas, solución y problema

Docentia, un programa estatal que cada universidad acopla a sus necesidades, recoge un número variable de indicadores agrupados en cuatro dimensiones, según explica Rafael Rivero técnico responsable del programa en la Universidad Pablo Olavide (UPO). Se observan la planificación de la docencia, el desarrollo, los resultados obtenidos y la innovación. “La mayor parte de la información se basa en recoger la opinión del alumnado”, especifica Andradas.

La ventaja que plantea el método de las encuestas a los alumnos es que se valoran muchos ítems por parte del receptor directo de la calidad docente de un profesores. El principal problema es que el porcentaje de estudiantes que las rellena es muy bajo y además no se pueden contrastar. “Igual en una clase de 150 estudiantes las realizan ocho o diez”, explica un profesor que estuvo en la gestión de Docentia en una universidad madrileña. “Tan es así que a veces el propio sistema no las admite por no ser representativas”. Fernández lo corrobora. En la Facultad Jovellanos, de Gijón, el mejor dato fue del 30%.

Fernández Sarasola cree, además, que debería limitarse qué alumnos tienen derecho a rellenar estas encuestas. “Solo deberían hacerlo los que van a clase (controlando quién lo hace). Hay algunos que no aparecen ni el día de la presentación, pero luego justo están el de la encuesta y evalúan a un profesor que ni conocen o servicios como la tutoría por los que no han pasado”, sostiene.

Los informes del responsable de turno del departamento a veces llegan y a veces no, explican las fuentes, y en cualquier caso no suelen tener mucha relevancia. Con estos mimbres, ¿se puede hacer un buen cesto? Según Andradas, sí. “Se ajusta bastante a la evaluación que se hace en todas partes”, argumenta.

Buena idea, pero mejorable

El pensamiento mayoritario entre las fuentes consultadas es que la idea de Docentia es buena, pero mejorable. “La idea generalizada de que los profesores universitarios están dejados en este tema no se ajusta a la realidad. Hay sistemas de control”, sostiene Ramón Caballero, responsable de Universidad de CSIF. Santiago Redondo, su homólogo de UGT,  sí opina que debería reforzarse. “Las buenas clases deberían ser irrenunciables. Pero hoy en día se puede ser un gran investigador y un profesor regular, sin embargo lo contrario es muy difícil”, argumenta. “Antes había un sistema abreviado. Docentia es más exhaustivo, se ven más indicadores y aspectos del profesor”, asegura Rivero.

A veces, demasiados, si se le pregunta a Fernández. “Los alumnos no están en disposición de evaluar cuestiones como el conocimiento que tienen los profesores del contenido de una asignatura. Deben centrarse en el devenir de la misma (que se acabe el programa, materiales proporcionados, examen acorde a lo enseñado, etc.)”, opina.

Una de las principales objeciones que se podría hacer a Docentia es que, de momento al menos, no es obligatorio para los profesores someterse a su escrutinio. Rivero, de la UPO, calcula que en su centro lo solicitan el 5% de los profesores en cada convocatoria (hay dos al año). Quienes suelen pedirlo son aquellos profesores que se van a someter a una acreditación por la ANECA (la agencia estatal que habilita a los profesores para serlo o para subir de categoría), según cuenta otro antiguo responsable de Docentia. “Pero como no es obligatorio, si sale negativo no se presenta el informe y listo”, aclara.

Andradas, de la CRUE pero también rector de la Universidad Complutense de Madrid, sí cree que “todos los profesores deben ser evaluados”, algo que parece lejos de suceder aún. Y que muchos centros ni siquiera podrían asumir por la enorme cantidad de recursos que requeriría evaluar a, por ejemplo, mil personas al año, como explica Rivero respecto a la UPO.

La otra gran pega. ¿Qué pasa si un profesor obtiene un informe negativo de Docentia? Para empezar, ya es raro. “Nosotros teníamos cuatro categorías (de la A a la D) y la mayoría eran A y B. No recuerdo ninguna D”, explica este trabajador. Y, si pasa, apenas tiene repercusiones. Andradas explica que en la Complutense el profesor que concatene dos evaluaciones negativas tiene que hacer “un curso de formación docente. Se puede llegar a medidas más coercitivas, pero en general, cuando uno sabe que está siendo evaluado, reacciona”.

En la Universidad de Oviedo, tres evaluaciones negativas conllevan la retirada de un complemento económico. A Fernández Sarasola le parece, aún así, insuficiente. “Las sanciones deben ser más efectivas y gravosas. Además, los alumnos perciben, quizá con cierta razón, que las encuestas no sirven para mucho. Si supieran que son importantes y tienen consecuencias, se las tomarían en serio”, cierra.