Si te preocupan tus alumnos… invierte tu clase (IRONÍA)

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Los docentes que quieren dar la mejor educación a sus alumnos invierten la clase. Ya está bien de dar clase modelo Corea del Norte que, por desgracia, tanto abunda en nuestro país. Hay mucho docente nefasto que, por desgracia, lo único que provoca es aburrimiento y hastío a partes iguales entre sus alumnos. Para evitar lo anterior existe la solución: la clase invertida o Flipped Classroom. Un modelo educativo, ampliamente demostrado y contrastado, que hace que los alumnos vayan felices al aula, se motiven, aprendan un montón y, mejoren sus resultados escolares hasta convertirse en galácticos. La siguiente comparación lo deja claro… invierte la clase porque, si no lo haces así, serás un dinosaurio, estarás perjudicando el futuro de tus alumnos y, por qué no decirlo, no estarás a la moda. Y las modas mandan.

Seguro que seis horas de clase seguidas serán muchísimo más interesantes si el docente invierte su aula, prepara materiales para casa y los alumnos, todos muy modositos y trabajadores, visualizan el material que ha preparado desde cero o rebuscado y adaptado en sus horas libres el profesional. No son deberes, es algo más motivador que hará que todos los chavales se pongan, como locos al llegar a casa y antes de la merienda, a ver qué les ha enviado su profesor. El fracaso escolar no existe. La posibilidad de atender individualmente en clases cercanas a los treinta alumnos es factible. Los proyectos salen como churros. Es el súmum de la mejora educativa. Un modelo que, por el simple hecho de existir, ya demuestra que todo el modelo que mamaron los mismos que lo están vendiendo no funciona. Que los chavales, por arte mágico, van a estar motivados a lo largo de seis horas de clase. Yo ya no sé por qué no se aplica en el contexto de la industria. Tendríamos a los trabajadores más satisfechos si se les obligara a visualizar vídeos acerca de la tarea que están haciendo y motivarlos con esos medios tan maravillosos como son el tambor y una fusta mientras visualizan una de esas películas de Torrente.

La verdad es que realizar infografías interesadas presentando la escuela actual como algo que no existe es siempre interesante. Más aún ver cómo se puede manipular la realidad para crear una ilusión a las necesidades de determinados docentes que buscan, ansiosamente, algo que les permita poder lidiar con ese grupo complicado que tienen a segunda hora o, simplemente, poder atender esa diversidad de intereses que, en las aulas actuales existen. No sé cómo cientos de miles de docentes pueden seguir equivocándose mediante su adaptación al aula. Sinceramente, a estas alturas y con la mediatización del modelo, me descoloca cada vez más que el modelo de aula invertida no se imponga por ley al ver la cara de ese niño cargado con la mochila sonriente después de su jornada. Por cierto, los míos también salen por la puerta muy felices. Y yo, a estas alturas de curso donde voy arrastrándome, al igual que mis compañeros por los pasillos, también 🙂

Os prometo que no era éste el post de hoy. Iba a hablar en un primer momento de esa monjita innovadora que, en un ataque de ira, me bloqueó por escribir el siguiente tuit.

Un tuit que iba asociado a la siguiente imagen (no disponible por estar bloqueado).

Un tuit que me abrió las puertas del infierno y la posible futura excomunión porque, después de un ataque de ira ante la brutalidad de mi tuit que, supongo que  debió compensarse con unas cuantas avemarías por haber cedido al pecado, provocó uno de esos bloqueos tan maravillosos en Twitter que, no te impiden ver lo que tuitean los que te bloquean pero sí interactuar con ellos. Hoy tocará visitar al cura de mi pueblo para arrepentirme. O mejor lo dejamos para otro día…

Al final me he liado. No puede ser lo de escribir un artículo a estas horas. Menos aún cuando la legaña de proporciones bíblicas aún no está suficientemente desaparecida de mi rostro ni el primer café del día ha hecho aún efecto.

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