“Mi hijo no tiene que compartir sus juguetes con el tuyo”

http://www.elmundo.es/vida-sana/familia-y-co/2017/04/25/58ff126e468aeb750f8b462b.html

“Tan pronto como llegamos al parque, Carson fue abordado por, al menos, 6 niños a la vez que le exigían que compartiese su Transformer, su figura de Minecraft, y su camión. Él estaba visiblemente abrumado y los agarraba contra su pecho cuando los muchachos le alcanzaron. El me miró.

Puedes decirles que no, Carson -le dije.

-Di no. No tienes que decir nada más”.

Se llama Carson pero podría ser Álex o Jaime o Sandra o Marta. La escena se repite en todos los parques del mundo a todas horas. Niños que llegan con juguetes, niños que quieren esos juguetes, niños que comparten esos juguetes, niños que no los comparten, niños que juegan con los juguetes de otros, niños que pierden los juguetes de otros y niños que han traído juguetes y no pueden jugar con ellos porque se los han quitado el resto de niños.

Un buen día, Alanya Kolberg se hartó y decidió decir basta. Esta madre lanzó en Facebook un alegato en el que pedía a su hijo que no compartiese sus muñecos con otros niños si no deseaba hacerlo.

Su mensaje, políticamente incorrecto, se ha vuelto viral y ha generado todo tipo de reacciones. Algunas personas han calificado de “ridícula” y “egoísta” su actitud, pero han sido muchas más las voces que han salido del armario para afirmar lo que nunca se atreverían a decir en el parque: esta madre hizo bien al decirle a su hijo que no compartiese sus juguetes con desconocidos.

Y yo soy una de ellas. Porque una cosa es enseñar a compartir y otra muy distinta es sufrir el saqueo diario de tu mochila de juguetes. Lo he vivido en mis carnes una y otra vez. Llegas al parque con tu pequeño toda ilusionada. Se sienta en la arena y vas colocando las palas, los cubos, los cacharros… Al momento, van apareciendo niños como setas, ven juguetes nuevos, los miran con deseo, los cogen y se los llevan. Por supuesto, ni los padres ni los niños se preocupan nunca de devolverlos. Cuando te quieres dar cuenta, tu hijo está solo sin un juego que llevarse a la boca y te tienes que pasar la tarde persiguiendo a los otros críos para que te devuelvan la pala de turno. Lo peor de todo es que encima te da apuro y vergüenza pedir lo que es tuyo.

Peor aún. Otro caso que se repite con frecuencia. A tu hijo le acaban de regalar un juguete, pongamos que es un pokémon. Llega todo ilusionado al parque para utilizarlo y, al momento, tiene a otro chiquillo subido a la chepa que se lo quiero quitar. Empieza al forcejeo entre los dos para conseguir el preciado tesoro.

Tú, por dentro, estás pensando:

-Pequeño cabrón, ¿quieres soltar el juguete y dejar en paz a mi hijo que sólo quiere entretenerse con su pokémon y todavía no lo ha catado?

Pero, en cambio, dices con la voz más dulce que puedas imaginar:

-Fulanito, ¿por qué no dejas el juguete a Menganito?

Ante las protestas totalmente justificadas de tu hijo, te verás obligada a repetir:

-¡Déjale el juguete al niño ahora mismo! ¡Cómo no lo hagas, te castigo! ¡Venga sólo un ratito! ¡Dejáselo ya o me enfado!- gritarás delante de todas las madres del parque.

Pero, ¿por qué tenemos que castigar a nuestros hijos por no dejar sus juguetes a niños maleducados que no conocemos de nada? ¿Por qué nos cuesta tanto hacer como Alanya Kolberg y decirle al niño: “Mira, bonito, este juguete es nuevo y mi hijo apenas lo ha utilizado. Así que si no te importa, primero lo va a usar mi hijo y en un rato te lo presta”?

Miradas de reproche

Por supuesto, Kolberg recibió las miradas reprobatorias del resto de padres porque su retoño no había compartido sus juguetes, pero ella se defendió así: “En realidad, mientras me lanzas sucias miradas, presumiblemente pensando que mi hijo y yo somos unos maleducados, ¿quién es el que no tiene modales aquí? ¿la persona que se resiste a dejar sus juguetes a 6 extraños o los 6 desconocidos que exigen que se les dé algo que no les pertenece, incluso cuando el dueño se encuentra visiblemente incómodo?”.

Entre los numerosos textos de apoyo que ha recibido esta mujer, se encuentran los de varios profesores y educadores que han argumentado que es bueno enseñar a los niños a decir no. Ahí va uno de los mensajes firmado por Latesha Dejean: “Como educador, estoy completamente de acuerdo con esto. Cuando no se enseña a los niños a afirmarse cuando es necesario, la cosa deriva en situaciones de intimidación. He visto esto pasar muchas veces desde edades tempranas como 2 o 3 años hasta la escuela secundaria. Son lecciones porque hablamos de compartir juguetes, pero si alguien no aprende a afirmarse entonces, ¿cómo puede hacer lo mismo cuando se trata de su tiempo, su talento o su cuerpo? Les digo a mis estudiantes que no tienen que compartir sus juguetes si no quieren. También les dejo elegir con quiénes quieren compartir las cosas que uso con ellos para trabajar… Si no es una propiedad comunitaria, niños extraños no pueden llegar y exigir algo de otro porque no se les ha enseñado adecuadamente sobre compartir e interactuar con otros… Es un problema enorme que comienza temprano y continúa hasta bien entrada la edad adulta”.

Así que la próxima vez que tu hijo sea apremiado por otro chiquillo para dejarle sus juguetes, no pasa nada si contesta: “No, lo siento. Esto es mío y lo estoy usando ahora mismo”.

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