Las matemáticas del atasco

http://www.elindependiente.com/futuro/2017/04/15/las-matematicas-del-atasco/

Con más de 11 millones de desplazamientos previstos por la DGT, el atasco de vuelta de Semana Santa está asegurado. Un carril típico de autovía tiene una capacidad de algo más de 2.000 vehículos/hora sin colapsarse.

La ecuación, aquí, es clara: atasco = muchos coches concentrados en poca (o la misma) superficie de carretera; tendemos a ir a los mismos sitios y a las mismas horas. “Ahí hay poco que las matemáticas puedan hacer”, señala el profesor David Ríos, miembro del ICMAT-CSIC. De hecho, hay un cálculo que relaciona el flujo de vehículos por capacidad del canal. “Cuando la ratio sobrepasa el 0,7 se da una congestión”.

Como un líquido en una botella, “el tráfico se entiende en parte como equilibrios de fluidos”. Las matemáticas actuales tienen un verdadero campo de trabajo en este área, así como en “modelos de predicción”, como se hace con la meteorología. Sin embargo, los matices que explican las retenciones se vuelven escurridizos. “Tienen que ver con el equilibrio de Nash y la teoría de juegos”. Es decir, las decisiones que tomamos al volante ante las diferentes circunstancias que encontramos en la carretera.

“En los cincuenta, un matemático e ingeniero llamado Wardrop postuló dos principios al hacer un recorrido: se intenta ir por la ruta más corta y, una vez tomada una ruta, no la abandonamos”.

Uno de los problemas del tráfico es que no somos muy racionales al decidir al volante

Un equipo de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) presentó a principios de año un algoritmo de toma de decisión útil para reducir las retenciones en carreteras. El algoritmo propuesto, validado en simuladores, recomienda a los conductores el mejor itinerario en virtud de los datos de tráfico que proporciona la red de sensores desplegados en las principales vías de circulación.

Sólo hay un problema: “incluso conociendo toda la información (consultada en Google, por ejemplo) no somos seres muy racionales al volante”, matiza Ríos. Y esto no deja de ser un sistema de recomendación de rutas óptimas.

Típico panel de variables para calcular una ruta en Google Maps

Típico panel de variables para calcular una ruta en Google Maps 

Eso ya nos suena de Google Maps o TomTom, aplicaciones basadas en los datos que están mandando en tiempo real los teléfonos inteligentes de los usuarios de una carretera: su posición en cada momento y su velocidad, cruzados con registros históricos y otras variables. Todo eso, metido en la coctelera electrónica de los big data “termina por recomendar una ruta óptima, que es un poco por donde van ahora las investigaciones para mitigar los atascos”, recuerda Ríos.

En el caso del algoritmo desarrollado por la UPM, introducen los valores de una red de sensores de tráfico, como los de DGT o ayuntamientos. Se trata de que la máquina pueda rápidamente procesarlos eliminando incertidumbres.

Los humanos somos previsibles en algunas cosas: salimos en bloque a las carreteras en Semana Santa, por ejemplo. Los investigadores han adaptado para su trabajo uno de los algoritmos de toma de decisiones más utilizados, denominado Proceso Analítico Jerárquico. Pero no todos actuamos igual. “En principio tratamos de ir por el camino más rápido, pero cada cual puede elegir luego ir por una ruta más bonita o sin peajes”. Eso resulta clave para distribuir el tráfico.

Algoritmo de toma de decisiones para el tráfico

Algoritmo de toma de decisiones para el tráfico. No hay un óptimo que permanezca en el tiempo y que unifique todos los criterios 

Por un lado, se utiliza la lógica difusa para realizar los cálculos considerando la incertidumbre en los datos recibidos (¿qué harán los demás conductores? ¿Y si hay una cámara rota?). Por otro, las variables utilizadas en los cálculos se consideran cambiantes (un accidente, un frenazo, mucha gente repostando, etc.).

Por último, los datos se cruzan con un histórico de retenciones y comportamientos de los automovilistas por esa vía.

El atasco fantasma

Nada más típico que ese atasco que parece surgir como por arte de magia. Todo apunta a que ha ocurrido algo kilómetros más allá de la retención. Tras recorrerlos, descubrimos que, en realidad, no ha pasado nada. No hay un motivo aparente para tal retención que, como vino, se fue. Un atasco fantasma.

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Recreación de un atasco fantasma en el MIT

Este es uno de los fenómenos más estudiados por la ciencia del tráfico. Cuando en una carretera con bastantes coches alguno frena repentinamente (no hace falta que pare), gira o duda, se genera una reacción en cadena. Una ola.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) desarrollaron en 2009 una fórmula para predecir estos fenómenos. Para ello se basaron en las ondas expansivas de las detonaciones.

Si entendemos el tráfico como un fluido con una parte densa y otra líquida, entenderemos que un grumo en esta última parte puede terminar por hacer bola en la parte más densa. Es decir. “Cuando alguien reduce la velocidad debe pensar que varios kilómetros atrás los coches pueden llegar a detenerse”, por un efecto de acumulación de pequeñas frenadas. Uno frena, el de detrás frena un poco más para no colisionar. Y así, sucesivamente. Se tiende a la detención por efecto acumulativo.

En 2010, otro estudio de la Universidad de Bristol, confirmaba el efecto mariposa o bola de nieve que puede tener un simple cambio de carril de un automóvil cuando el tráfico ya es denso de por sí. Se han llegado a registrar atascos de hasta 80 km sólo por este tipo de gestos.

Así, a partir de variables como la velocidad y la densidad de tráfico es posible determinar dónde y cuándo va a tener lugar un embotellamiento.

¿Más carriles? La paradoja de Braess dice que no

Si se forman recurrentemente atascos, ¿por qué no construir más carreteras? Así se han dictado numerosas políticas a lo largo del mundo. Pero ninguna gran metrópoli ha conseguido resolver sus embotellamientos por esta vía. Rercuerda Río que “de hecho, suelen agravarse” en virtud de la paradoja de Braess.

Formulada en 1968, sostiene que al construir una vía adicional, bajo la misma demanda de tráfico, los tiempos de viaje para los usuarios de la red aumentan. “Son sólo soluciones temporales. Más posibilidades tenemos, más tendemos a usar el coche; tendríamos que cambiar costumbres y promover el transporte público”.

Histórico atasco en Woodstock en 1969

Histórico atasco en Woodstock en 1969 

En la naturaleza existen también atascos. Y, con ellos, soluciones. Las hormigas son un buen ejemplo, tal como puso de relieve un equipo de investigadores de la Universidad de Málaga.

Estos insectos también salen en hora punta hacia un mismo destino cuando hay grandes cantidades de alimentos concentradas en un punto. Las hormigas liberan sustancias químicas como feromonas para ir indicando rutas alternativas a sus compañeras.

“Analizamos cómo trabajan las hormigas y las bandadas de pájaros y trasladamos la idea al ordenador, esto permite crear una herramienta software muy potente que da soluciones donde las técnicas matemáticas hasta ahora no lo permitían”, afirma el investigador de la Universidad de Málaga Enrique Alba, pionero en España en aplicar estas técnicas en 2015.

En este sentido, Ríos señala que dentro de los modelos de preducción del tráfico, resultaría muy útil “saber qué van a hacer los otros individuos (por ejemplo, a la hora de encarar la operación salida o retorno)”.

Algo parecido ocurre con las orugas, que adaptan la velocidad y elongación a la de su congénere precedente. Igual podría ocurrir con los vehículos: sin cambios bruscos de carril, manteniendo una velocidad constante y una distancia de seguridad adecuada.

Los coches autónomos apuntan a este tipo de conducción. Ellos sí son totalmente racionales en su conducción y beben de múltiples datos del tráfico en tiempo real. Sin embargo, Ríos recuerda: “si todos queremos volver el domingo a las mismas horas, a menos que el coche autónomo se niegue a transportarnos, seguiremos teniendo el mismo problema”.

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¿Estudiar no vale para nada? Sí vale, no hacerlo lleva al paro, la exclusión, y la pobreza permanente

http://www.lainformacion.com/educacion/exlusion-paro-empleo-juvenil_0_1016599429.html

¿Estudiar no vale para nada? Sí vale, no hacerlo lleva al paro, la exclusión, y la pobreza permanente

La crisis ha agudizado las dificultades de acceso al mercado laboral de los jóvenes con estudios primarios e inferiores, que han visto reducir su tasa de empleo un 30% desde 2007, un 13% más que los que tienen estudios superiores, para los que la reducción ha sido del 17%.

Con anterioridad al inicio de la crisis, las personas menores de 30 años en España presentaban tasas de empleo superiores al 50% (55,7% en 2007), mayores que la media de la Unión Europea (50,7%) y muy similares a las de países como Alemania o Suecia.

En cambio, en 2015, la tasa de empleo de las personas menores de 30 años es del 33,7%, más de veinte puntos inferior a la registrada ocho años antes y casi quince  La menor tasa de actividad de los jóvenes está muy relacionada con su nivel de estudios. Cuanto menor es el nivel educativo, mayor es la situación de inactividad.

Tasa de Empleo según la edadTasa de Empleo según la edad

Tasa de Empleo según la edad

La crisis ha afectado más a la juventud pero, sobre todo, a los grupos menos cualificados. Así, para quienes tienen estudios primarios o menos, la tasa de empleo de los menores de 30 años se ha reducido entre 25 y 30 puntos. La disminución es de unos 20 puntos para quienes tienen estudios secundarios (obligatorios, con orientación general o profesional). En cambio, el impacto es mucho menor entre quienes tienen estudios superiores, aunque la tasa de empleo ha caído sustancialmente

Tanto en los momentos de expansión como en los de crisis, las personas con niveles de cualificación bajos no alcanzan una tasa de empleo del 60%, mientras que quienes tienen estudios superiores llegan al 90%.

España es el país de la Unión Europea en el que se ha producido una mayor reducción del empleo juvenil, solo comparable a la experimentada en Italia, Grecia, Irlanda y Chipre. Si en 2008 eran inactivos el 32,5% de los jóvenes menores de 30 años, desde dicho año se registra una tendencia ascendente que sitúa la inactividad en el 44,5% en 2016. La causa principal de esta tendencia es que muchos jóvenes han decidido continuar estudios

Así lo refleja el estudio ‘Bajo nivel educativo, baja participación laboral’, elaborado por la profesora titular de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo Begoña Cueto y , que ha analizado el paro juvenil en España, “el país de la UE en el que se ha producido una mayor reducción del empleo en este colectivo”.

Riesgo de pobreza y exclusión socialRiesgo de pobreza y exclusión social

Riesgo de pobreza y exclusión social

Tras la explotación de los microdatos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el estudio –impulsado por el Observatorio Social de La Caixa– ha concluido que el desempleo juvenil se ha tratado “erróneamente como un fenómeno homogéneo” y hacen falta políticas urgentes dirigidas a jóvenes que sean diferenciadas según su cualificación.

El 60% de los jóvenes que estudia vive con sus padres

La situación económica de los jóvenes que viven con sus padres ha cambiado a lo largo de los últimos diez años. En 2005, el 44% de los jóvenes que vivían con sus padres estudiaba, frente a casi el 60% en 2015. En 2005, el 40% de ellos trabajaba, más del doble que diez años más tarde (17%).

Porcentaje de jovenes que vive con sus padresPorcentaje de jovenes que vive con sus padres

Porcentaje de jovenes que vive con sus padres

Los que cuentan con estudios superiores trabajan el 90% del tiempo central de su vida

Si bien todos los menores de 20 años tienen bajas tasas de empleo, independientemente de su nivel de estudios, en la etapa adulta se polariza la diferencia: las personas con un nivel de cualificación medio y alto presentan tasas de empleo cercanas al 90% en los momentos centrales de la vida, mientras que las que tienen niveles bajos de estudios dificilmente llegan al 60%.

Impacto de la pobreza y exclusión social de los jóvenesImpacto de la pobreza y exclusión social de los jóvenes

Impacto de la pobreza y exclusión social de los jóvenes

El nivel socieconómico y social influye en el rendimiento académico

La diferencia entre el rendimiento medio de los alumnos más y menos favorecidos socioeconómicante, en 2015 en España, fue de 80 puntos en las tres competencias: lectura (80), ciencia y matemáticas (82). Ello equivale a un retraso estimado de dos años de enseñanza (el avance registrado de un año escolar representa alrededor de 40 puntos en las pruebas).

Nivel educativo de los jóvenesNivel educativo de los jóvenes

Nivel educativo de los jóvenes

“Éste no es un factor vinculado a la crisis, sino que es un fenómeno a largo plazo”, ha indicado Cueto, y ha alertado de que durante la crisis la proporción de jóvenes inactivos –que no están empleados ni inscritos en el paro– ha aumentado “de forma muy relevante”, pasando del 32,5% de 2008, al 44,5% en 2016.En los jóvenes con niveles secundarios, el motivo principal para no buscar trabajo es continuar los estudios –con Bachillerato o FP– para mejorar su empleabilidad, pero en de nivel bajo ha detectado “un problema de baja participación laboral”, porque su inactividad se vincula a incapacidades personales y responsabilidades familiares.

Los programas de garantía juvenil no funcionan

Las políticas activas de empleo y, concretamente, la aplicación de la Garantía Juvenil, no parece que estén dando los resultados esperados”, ha concluido el estudio ‘El reto de la Garantía Juvenil. ¿Una solución a un problema estructural?‘, de la profesora titulada de Sociología de la Universidad de Valladolid, Almudena Moreno.

Este análisis –que junto al anterior forma parte junto al anterior forma parte del II dossier del Observatorio–, ha destacado que los jóvenes inactivos con poca formación participan “de forma limitada” en los programas de Garantía Juvenil (GJ).

Solo el 25% de los jóvenes españoles conocía esta iniciativa en abril de 2016, y en el tercer trimestre de 2016, solo el 30% de los jóvenes en paro registrados en la EPA se había inscrito en la GJ, un porcentaje que cae al 14% entre los jóvenes que ni estudian ni trabajan.

España está a la cola de los países europeos en lo relativo al rendimiento de la Garantía Juvenil: solo el 38% de los inscritos encontró trabajo o una actividad formativa –en 2015– a los seis meses de haberse registrado, una proporción que contrasta con el 71% de Irlanda y el 68% de Italia.

El estudio concluye la necesidad de “reformular los criterios de aplicación” antes de 2020, cuando en principio tendría que finalizar esta iniciativa europea.

Condenados a la exclusión laboral y social

En general, el bajo nivel de cualificación conduce a bajas tasas de actividad en el mercado laboral que se mantienen en el tiempo, lo que puede conducir a la exclusión no solo laboral sino también social. Ante el hecho de que el porcentaje de jóvenes con bajo nivel educativo en España es superior a la media de la UE (en parte por nuestros elevados niveles de abandono escolar), son urgentes políticas dirigidas a este grupo de jóvenes, lo que requiere programas que sean eficientes, en primer lugar, llegando a ellos, es decir, siendo capaces de “activarlos” para contribuir a su inclusión progresiva en el mercado de trabajo.

En este marco, tanto las políticas de prevención del abandono educativo temprano como las políticas activas de mercado de trabajo tienen un papel clave

El suicidio, esa arma de la soledad

http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-suicidio-esa-arma-de-soledad-articulo-483401

El suicidio no respeta oficio: artistas, físicos, trabajadores han cedido a ese impulso solitario, que tiene mucho de luz y de sombras.

Mal que bien, el suicidio está presente en casi todas las profesiones, en casi todos los oficios. Es mentira que los poetas se suiciden más (ojalá fuera cierto ese adagio, de modo que no hubiera tanto mal poeta), que los escritores tengan en el suicidio a su mejor confidente. Se suicidó Alexander McQueen porque no pudo soportar la muerte de su madre; se colgó con una bufanda esa pitonisa de la moda llamada L’Wren Scott, la pareja en los últimos diez años del rockero Mick Jagger.

Se suicidó Kurt Cobain y posiblemente lo hizo Janis Joplin. Se suicidó Allende, cuando los aviones del fascismo bombardearon el Palacio de La Moneda. Se suicidó Ángel Leto, el personaje de Juan José Saer, masticando una pastilla de cianuro, al ser descubierto por los comandos de policía que hacía tiempo lo venían siguiendo. Con ese mismo método, ágil y conciso, Horacio Quiroga se quitó la vida, pero en vez de una píldora para masticar, prefirió beberse una copita de cianuro. Lugones, sin embargo, decidió ligar el cianuro con whisky. La poeta María Mercedes Carranza agregó al whisky un coctel de píldoras antidepresivas. De modo que el suicidio ocurre a personajes de la vida real y de ficción, y a veces los escritores escudan su impulso trasladándolo a uno de sus personajes. En tal sentido, el que más epígonos ha tenido es el joven Werther de Goethe.

Hay que confesar que el pensamiento del suicidio da cierta libertad, cierta tranquilidad. Camus lo consideró el verdadero problema de la filosofía. Heidegger, por su parte, definió al hombre como el único ser que reflexiona sobre su propio ser y sobre el ser en general, ser-ahí (Dasein), pero quizá esta reflexión está abocada al silencio. El ser-ahí se interroga mediante el lenguaje, y quizá el silencio sea la manera que encuentra el suicida para resolver la contradicción de su ser auténtico y su presencia en el mundo. “El suicidio —escribió Martin Amis en la novela El tren de la noche— es un problema entre la mente y el cuerpo que finaliza violentamente sin ningún ganador”.

Me gustan los suicidas anónimos, esos que en la soledad de su cuarto se cuelgan de una viga, mientras en las otras habitaciones duermen. Hay una vena poética en esos hombres que alquilan un cuarto de hotel —como Pavese— para dar rienda suelta a su suicidio. Percibo en el cálculo de su acción cierta meticulosidad que ninguna obra de arte tiene.

Pero así como hay infinitud de suicidios, también son infinitos los motivos, aunque casi siempre algunos se repiten vulgarizando el procedimiento: el desengaño amoroso, la ruina económica, la enfermedad terminal. El verdadero suicida es aquel que se suicida no porque le hayan ocurrido tales desmanes, sino justamente para prevenir que le ocurran. Es un suicidio contra el futuro, no contra el pasado y menos contra el presente. Quizás el suicidio de Andrés Caicedo transite esa senda, que algunos llaman atormentada. Andrés Caicedo se tragó sesenta pastillas de Seconal casi de un solo puñado. Alejandra Pizarnik, cinco años antes que él, ya había hecho lo mismo, sólo que disminuyó un poco la dosis, evitando no en broma posibles efectos secundarios.

Hablar de suicidio y no mencionar a un japonés es como no hablar de ello. Yendo a contravía de la antonomasia, están los casos de los escritores Yukio Mishima y Yasunari Kawabata. Es de todos conocida la muerte de Mishima. Kabawata, en cambio, decidió irse de este mundo de manera menos espectacular y amarillista, abriendo tan sólo en la cocina de su casa la llave del gas. Sylvia Plath acudió a ese mismo método indoloro.

Paul Lafargue dejó una carta antes de matarse junto a su mujer, Laura Marx —la segunda hija de Carlos Marx—, porque no soportaba llegar a la vejez. Acababa de cumplir sesenta y nueve años. En compañía de sus mujeres también lo hicieron Stefan Zweig, Arthur Koestler y el poeta Heinrich von Kleist. Se dice que Kleist, saltando de novia en novia, no hizo otra cosa en su vida sino buscar a la mujer que pudiera acompañarlo en ese viaje final. En los Diálogos entre Sábato y Borges, Sábato cuenta que un hombre hizo la apuesta de que suicidarse era un asunto macanudamente fácil: sacó una pistola y se mató.

Durkheim intentó explicar el suicido desde una óptica sociológica. Según él, hay que buscar en los conglomerados humanos y no en los individuos sus causas reales. Clasificó los suicidios en altruistas, egoístas y anómicos. Comparando creencias religiosas, edades y estadísticas de clase, declaró que los suicidios son hechos sociales como cualquier otro y obedecen a causas colectivas, más que a perturbaciones psicológicas o individuales.

Creo que la única vez que sentí verdadero odio hacia un suicida fue el día que un hombre se arrojó a las vías de tren, creando con ello un caos vehicular e impidiéndome llegar a tiempo a una cita amorosa. Cuando dije la verdad (a veces la verdad es más ficcional que la mentira), y expliqué a la cara de palo que encontré el motivo de mi tardanza, la cara de palo se echó a reír con cierta sorna. “Hubieras inventado algo mejor”, me dijo. Pero más que desprecio, tengo una gran admiración por los suicidas que se matan sin perturbar el orden las cosas. El verdadero suicida nunca tiene una causa ideológica o política o religiosa para matarse, porque ello lo convierte en un criminal, como el terrorista Mohammed Atta, o ese pastor llamado Jim Jones.

El suicido es de por sí un acto solitario, nunca colectivo. No obedece a otras razones más que a pábulos personales, a incendios incontrolables de la propia alma. Debe ser como una zarza ardiente que brilla en el interior del pecho del suicida, y nunca se apaga. Un resplandor voraz —casi un sedimento de luz— emplazado en el fondo oscuro de su corazón; o quizá sea todo lo contrario: una negrura melancólica, el simple crujido y la mueca sólida y petrificada, a veces dolorida, si no infernalmente cómica, que emite la yesca seca al ser consumida por las llamas. Puede incluso que sea, en suma, el alumbramiento sutil y diáfano, incomprensible para los demás, de un sol negro. ¿Cómo puede haber un sol negro? Más bien una franja amarillenta y veteada de partículas de luz; y con todo y eso, o a pesar de eso, un haz oscuro y quebradizo, un fogonazo cerúleo de resplandor, tan frágil de reventar como la pata de una garza. Y entonces sobreviene de golpe el acto del suicidio.

Por más pendiente que anduviera la mujer para evitarlo, una mañana en la que ella se había quedado dormida hasta muy tarde, Hemingway se levantó primero que Mary Welsh, buscó la escopeta en el sótano de su vieja casa de campo en Ketchum, colocó el caño en su boca, y se voló los sesos. José Asunción Silva prefirió, como buen modernista, dirigir el caño de su pistola al lugar donde quedaba el corazón. El poeta Torres Bodet apuntó a su sien derecha. Lo mismo hizo la gran Violeta Parra. ¡Pum! ¡Un solo tiro! Aunque en la citada novela de Martin Amis, la suicida alcanza a hacerse dos tiros.

Nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrió en el pueblito fronterizo de Port Bou, la noche de la muerte de Walter Benjamin. Paul Celan se arrojó a las aguas del río Sena y Alfonsina Storni a las de Mar del Plata. Virginia Woolf, por su parte, se llenó los bolsillos de piedra, antes de lanzarse al río Ouse. El físico de partículas Ettore Majorana, discípulo de Enrico Fermi, se subió a un buque de turismo y se lanzó a las profundidades del mar Tirreno. Muertos todos por las aguas, podría ser el título.

Creo que el suicido literario más inédito, quizá el más importante de todos, fue el de José María Arguedas. En El zorro de arriba y el zorro de abajo —la novela inconclusa de Arguedas— fue contando en un diario personal, a medida que escribía la novela, su propia tentativa de suicidio, sus razones. Que yo sepa, no hay un caso así en la literatura.

Still Breathing Live

Me encanta esta canción y que buen directo han tenido siempre Green Day:

“Still Breathing”

I’m like a child looking off in the horizon
I’m like an ambulance that’s turning on the sirens
Oh, I’m still alive
I’m like a soldier coming home for the first time
I dodged a bullet and I walked across a landmine
Oh, I’m still alive

Am I bleeding?
Am I bleeding from the storm?
Just shine a light into the wreckage
So far away, away

‘Cause I’m still breathing
‘Cause I’m still breathing on my own
My head’s above the rain and roses
Making my way away
‘Cause I’m still breathing
‘Cause I’m still breathing on my own
My head’s above the rain and roses
Making my way away
My way to you

I’m like a junkie tying off for the last time
I’m like a loser that’s betting on his last dime
Oh, I’m still alive
I’m like a son that was raised without a father
I’m like a mother barely keeping it together
Oh, I’m still alive

Am I bleeding?
Am I bleeding from the storm?
Just shine a light into the wreckage
So far away, away

‘Cause I’m still breathing
‘Cause I’m still breathing on my own
My head’s above the rain and roses
Making my way away
‘Cause I’m still breathing
‘Cause I’m still breathing on my own
My head’s above the rain and roses
Making my way, away, away…

As I walked out on the ledge
Are you scared to death to live?
I’ve been running all my life
Just to find a home that’s for the restless
And the truth that’s in the message
Making my way, away, away

‘Cause I’m still breathing
‘Cause I’m still breathing on my own
My head’s above the rain and roses
Making my way away
‘Cause I’m still breathing
‘Cause I’m still breathing on my own
My head’s above the rain and roses
Making my way, away
‘Cause I’m still breathing (My way to you)
‘Cause I’m still breathing on my own (My way to you)
My head’s above the rain and roses
Making my way, away
My way to you

Aerosmith siguen vivos

Vaya, ni sabía que Aerosmith seguían tocando y editando discos y me he encontrado con que en 2012 editaron un disco cuyo segundo single fue este “what could have been love” que suena desde luego mucho a Aerosmith. Una pena que esta música haya sido desterrada de las radiofórmulas y que haya que rascar por internet para poder seguir disfrutando de estas bandas.

Como siempre, las radios generalistas con música para adolescentes y para servir a intereses de quienes les mandan y llevar al rebaño a todos los chavales jóvenes.

 

I wake up and wonder how everything went wrong
Am I the one to blame?
I gave up and left you
For a nowhere bound train
Now that train has come and gone

I close my eyes and see you lying in my bed
And I still dream of that day
What could have been love
Should have been the only thing
That was ever meant to be
Didn’t know
Couldn’t see what was right in front of me
And now that I’m alone
All I have is emptiness that comes from being free
What could have been love will never be

An old friend who told me that you found somebody new
You’re finally moving on
You think that I’d be over you after all these years
But time is proving wrong
Because I’m still holding on

What could have been love
Should have been the only thing
It was ever meant to be

Didn’t know
Couldn’t see what was right in front of me
-What could have been love-
And now that I’m alone
All I have is emptiness that comes from being free
What could have been love will never be

And we go on our separate ways
I say goodbye to another way
I still wonder where you are
Or are you too far from talking back?
You were slipping through my hands
And I didn’t understand

What could have been love
Should have been the only thing
It was ever meant to be
Didn’t know
Couldn’t see what was right in front of me
-What could have been love-
And now that I’m alone
All I have is emptiness that comes from being free
What could have been love will never be
What could have been love will never be
What could have been love
What could have been love
What could have been love
-What could have been-
-What could have been-
Love

Curiosamente hoy escuchaba esta canción, que es con la que a mí me engancharon allá por el año 94, acabando el instituto: