Vivimos en un país enfermo

Angustias, feliz nombre para lo que vamos a tratar, ha sido absuelta por un juez de Almería por haberle retirado el móvil a un gilipollas de niño que llevaba varios días sin hacer otra cosa que darle a los botones, y a quien su madre, harta de que no hiciera cosa de provecho, le retiró el aparato.

Petición fiscal a la madre: nueve meses de prisión, por malos tratos al chaval, que denunció la temible agresión de su madre a la Guardia Civil. ¡Quitarle el móvil, por vagancia insistente y arrogante a su hijo de 15 añitos, probablemente perdidos en la nada de la nada!

Ocurrió en El Egido (Almería). Frente a lo que cualquier persona racional pudiera pensar, el asunto siguió adelante, quizá porque la Guardia Civil del puesto tenía su día gracioso y toda la parafernalia de jueces, fiscales y funcionarios creían estar de carnavales. Desconozco lo que le costará a la tal Angustias sostener, alimentar, aguantar y hacerse cruces porque al niño, ya talludito y en edad de merecer, le da por el móvil como quien le da a la farlopa.

Vivimos en un país enfermo donde la adolescencia de menor cuantía hace lo que le sale de los cojones, que para eso estamos en democracia y están en sus derechos reconocidos en el código desde 2007 y donde consta en una ley que “los padres deben reprender a sus hijos con respeto a su integridad física y psicológica”. Y a los perros, y a las mascotas; algo menos a los parados y a los ancianos con pensión misérrima.

Vivimos en un país enfermo donde la adolescencia de menor cuantía hace lo que le sale de los cojones

¿Estamos o no en un país enfermo? ¿De esquizofrenia social? La diferencia entre la vida real y su legislación y sus cachondos legisladores. O se trata de pura idiotez, no incluida en el vademécum de enfermedades mentales. Juro que no lo entiendo. Ni a la Guardia Civil, ni a los funcionarios judiciales, ni a una sociedad que no convierte un caso como este en un retrato de nuestra decadencia. “¡Chaval, dos meneos y a casa!” Horror, violencia familiar, agresión a la infancia, pedagogía prusiana, cuando no aquel espanto de los soviéticos que trasladó Antón Makarenko en un libro entusiasta, el Poema pedagógico. Nuestros admirables maestros -lenguaje antiguo lleno de sentido, ayer y hoy- pasan la mayor parte de sus clases dedicándose a poner orden entre unos alumnos capaces de denunciar a su madre a la Guardia Civil por retirarle el móvil. La Benemérita Guardia Civil les protege, al menos en El Egido, lugar que hasta antes de ayer era el centro de droga más importante de la zona.

Vivimos en un país enfermo que se cree sano como una rosa y feliz de tener la juventud más frustrada desde hace más de un siglo. Los supervivientes de una crisis que echó al traste a sus padres y que se encontró de pronto en el fango de no encontrar trabajo mientras no fuera imprescindible. El día que lo fue, ya no había sitio para ellos y el ejemplo de sus familias -“a mi niño no lo toca nadie”- está representado en aquella escena del muchacho recién sacado el carnet de conducir que se presenta a la puerta de la escuela con un 

“buga” de alta gama, esperando al profesor que le tocaba los cojones con los libros y la lectura, para espetarle: “ya ve, gano diez veces más que usted colocando tochos”.

Vivimos en un país enfermo que no es consciente de padecer la más larga y amenazante enfermedad: una mayoría adolescente que desconoce la vida fuera del móvil y Youtube. En un país así, incluso después de que un juez sensato la hubiera declarado sin cargos, habría que organizar un homenaje a Angustias. Aunque solo fuera para hacer honor a su nombre.

http://www.bez.es/438860094/vivimos-pais-enfermo.html

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