Querido futuro profesor… (y II)

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Analizo en esta continuación de la carta a un futuro profesor otros aspectos relevantes de la profesión docente. Como recordarás, en el anterior post me centré en la vocación, el conocimiento, la mente humana, los metaconocimientos, los jóvenes, los valores y las metodologías.

Exámenes

¡Ay… habría tanto que decir de los exámenes! De su impacto en la educación y de cómo se hacen en general… Habrá oportunidad en otros posts. Ahora, sintenticemos: los exámenes no lo son todo. Bien planteados y dosificados, pueden ser instrumentos útiles, como indicadores de progreso a ciertos niveles, pero ni son el fin absoluto ni son la unidad de medida universal del progreso. De hecho, algunos autores, como Sebastián Barajas, los consideran total y absolutamente inútiles para aprender (y considero que no está tan lejos de la realidad como a algunos les pueda parecer).

Si está en tu mano (no siempre lo está), huye de lo que los anglosajones llaman la enseñanza centrada en las tres T (teaching to the test).Enseñar (solo) para (aprobar) el examen da lugar necesariamente a un aprendizaje muy superficial, enfocado exclusivamente a superar una prueba (generalmente estandarizada), en lugar de un proceso más profundo y ambicioso que quizá deba incluir la prueba, pero no se reduzca a ella. Tenlo claro: si sobrevaloras la importancia de los exámenes, caerás en picado hacia las tres T y tus clases no dejarán huella. Bueno, pues a eso vamos de cabeza con algunas de las modificaciones de la reforma Wert.

Nadie ha nacido sabiendo poner (buenos) exámenes: eso es algo que se aprende solo cuando se estudia y se practica. Recuerdo algunos de los primeros exámenes que puse y eran absolutamente inadecuados. Me di cuenta enseguida: al ver algunas respuestas. Aunque ahora me entra la duda de si no serían también inadecuadas mis clases.

Creo que los trabajos de cierta complejidad son infinitamente mejores que los exámenes para generar y medir el aprendizaje. Pero son más difíciles de gestionar, eso sí.

Si piensas que todos los exámenes son absolutamente objetivos, te sugiero que vayas cambiando de opinión. Sus resultados son extremadamente manipulables, como sabe cualquier profesor con experiencia. Por el contrario, las opiniones profesionales basadas en una real evaluación continua de los alumnos, no tanto. Lo mejor es combinar ambas cosas, aunque convengamos que una evaluación continua de calidad con 35 alumnos por clase es una fantasía muy lejos del alcance de cualquier profesor.

Preparación de las clases

Improvisar las clases es muy mala idea, por mucho que domines la materia o muchos años que lleves dando lo mismo. No te confíes ni un solo día, mantén tu presión interior ante el compromiso de dar clase.

No te entregues pasivamente a una sola editorial de textos para que te lleve de la mano año tras año. Por el contrario, prepara personalmente los materiales y actividades que consideres relevantes o más adaptados a tu grupo.

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Actuación en el aula

Cuando estés explicando o monitorizando el trabajo de los chicos, siempre de pie o deambulando, jamás sentado. Evita el síndrome de la tarima: muévete, deambula, acércate a tus alumnos, conviértete en una presencia física al lado de sus pupitres.

Es muy importante que, cuando expliques, hagas teatro, dramatices, enfatices, juegues con las palabras, pongas unas gotas de intriga en tu intervención. Y nunca hables para el cuello de tu camisa. Ni siquiera para el inexistente alumno medio. 

Despliega energía, jamás transmitas agotamiento o desgana. Si un profesor está desganado, es imposible que sus alumnos muestren interés. Imposible. Obviamente, habrá días en que estés deseando acabar, y eso es normal. Solo que no puede notarse.

Cualquier profesor te comentará que acaba la jornada agotado. Es una gran verdad: ser profesor puede ser muy gratificante o muy estresante, pero es en todo caso agotador, lo mires por donde lo mires. Es más, pienso que si no acabas tu jornada extenuado, hay algo que has hecho mal.

Inglés

Ni para ti ni para tus futuros alumnos será el inglés un idioma extranjero. Ya es un idioma de trabajo (y de formación, cultura y entretenimiento). Nuestros jóvenes no pueden elegir inglés: están obligados a dominarlo en términos de uso. El inglés es, además, un elemento esencial de una competencia esencial para los jóvenes en el ámbito personal: la de saber viajar. Algo que cuya importancia para la vida yo no despreciaría.

Por otro lado, una cuestión muy importante: la inmensa mayoría de lasactualizaciones sobre la inmensa mayoría de los temas está en inglés. Es bueno sacar consecuencias.

Actualización profesional

Te diré algo que hoy te sonará obvio, pero dejará de parecértelo tras unos años de ejercicio: lo que estudies en la carrera no basta para un buen desempeño profesional. Dominar inicialmente tu materia no equivale a ser un buen profesor: es necesario, pero no basta.

Necesitas actualizarte, y no solo con especialistas y colegas de tu materia. Tu actualización depende en buena parte de especialistas en otras materiasque afectan a la educación (metodología, pedagogía, psicología, aproximaciones a las neurociencias cognitivas…).

La realidad de tu aula te dirá con bastante claridad cuáles son tus prioridades de actualización. Solo requiere estar alerta.

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Editoriales

Las editoriales pueden ayudarte en tu trabajo tanto como, a partir de cierto punto, limitarte severamente y hacerte sentir preso de ellas.

No olvides que una editorial es un negocio educativo: es educativo, pero es negocio (y esto provoca una diversificación artificial e indiscriminada de su oferta, que es la parte más irritante para cualquier profesor con criterio propio).

Ninguna editorial conoce a tus alumnos mejor que tú. Y eso tiene claras consecuencias.

No te dejes limitar en tu creatividad pedagógica por las editoriales.

Si utilizas libros de texto de una editorial, te aconsejo que la elijas según tus propios criterios, sin dejarte arrastrar por presiones comerciales.

Diversidad

Es un concepto que no trasciende demasiado extramuros del entorno educativo. Pero es uno de los desafíos más complejos a los que harás frente. En los entornos profanos, se tiende a creer que la diversidad es un invento para que los profesores tengan un trabajo más cómodo. Ahora no es el momento, pero es un tema que requeriría un post cuyo objetivo esencial sería recordar, negro sobre blanco, hasta qué punto la diversidad es una realidad apabullante y el aula uniforme es un constructo inexistente.

La estadística general hace que, en cualquier aula de cualquier centro, cualquier profesor tenga a algunos chicos con cierto retraso neurocognitivo (no hablo solo de desfase de conocimientos, sino de cuestiones relacionadas con el funcionamiento del cerebro humano), un par de chicos con Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), otros con severos problemas en casa y no pocos con un interés por aprender tendente a cero por diversos motivos (o sin ellos). Llevar esas aulas adelante es de una complejidad y un mérito extraordinarios, y ese trabajo no está suficientemente valorado por la sociedad, ni de lejos.

Si la diversidad es compleja de gestionar siempre, en tiempos de crisis como el actual se hace imposible. No digo casi imposible: digo directamente imposible. Eso es algo que nadie con conocimiento sobre el terreno lo podría desmentir. La diversidad requiere recursos económicos y materiales, pero muy especialmente personales (y actitudes bien dispuestas, obviamente). Es bueno que lo sepas, porque es lo que te vas a encontrar cuando entres en tu aula.

Psicología de grupo

Delante de ti tendrás a personas. ¡Pero en grupo! Que no es lo mismo. Dominar el escenario del aula requiere, además de cierta habilidad teatral, una adecuada sensibilidad para la psicología juvenil (¡y en grupo, insisto!). Casi nada…

Lo que a primera vista es un grupo homogéneo se rompe en mil pedazos de diversidad en cuanto te acercas y profundizas lo suficiente. Eso provoca un movimiento browniano cuya armonización es una tarea a veces titánica.

Las intensas dinámicas del grupo harán que a veces olvides la necesidad de una buena gestión de las dinámicas personales. Es inevitable, pero hay que estar atento a ello para evitar que las personas queden arrastradas por el grupo.

Autocrítica

Los entornos estresantes como el de la docencia (no universitaria) generan dinámicas de autodefensa, muy refractarias a la crítica externa y a la autocrítica, especialmente después de los primeros años. Lo considero un error porque, a partir de la práctica y el entrenamiento, no puede haber mejoras significativas sin autoevaluación y autocrítica.

Saber más que los alumnos no significa en sí mismo hacer las cosas bien. En sentido contrario, la autocrítica seguida de intención de cambio no implica debilidad, sino que demuestra fortaleza.

Entorno profesional

Te encontrarás un entorno mayoritariamente estresado, desilusionado, mentalmente fatigado y, a veces, con cierto sentimiento victimista. Todo ello tiene causas evidentes, no se lo han inventado los profesores, pero a menudo genera dinámicas dañinas para ellos mismos.

La falta de compromiso con el aprendizaje de buena parte de los alumnos ha provocado un desgaste vocacional mayoritario entre los profesores experimentados. También hay que decir que algunos docentes de niveles no universitarios se ven a sí mismos, en el fondo, como una especie de profesores universitarios a los que les han cambiado los alumnos que ellos se merecían. Es un claro desenfoque al que, visto lo visto, no veo fácil solución.

Bastantes profesores tienen una actitud eminentemente defensiva frente a las familias de sus alumnos. En realidad, la cosa va más lejos: predomina una actitud entre defensiva y hostil hacia todo lo que venga de fuera del aula. Justificada o no, así está la cosa.

El prestigio social de los docentes no universitarios es más bien discreto, a lo que ha contribuido muy animosamente el patético manejo político de la educación.Y eso lo acusan notablemente los profesores en su estado de ánimo general y en su orgullo profesional.

Administración

La falta de respeto que Administración y Gobiernos de todo tipo muestran hacia la profesión docente se ve justificadamente correspondida con una sospecha generalizada hacia todo lo que venga de la mayoría de las autoridades educativas.

La opinión de los docentes en activo, su experiencia y sus criterios profesionales carecen de influencia en cualquier modificación normativa, de mayor o menor rango. Los docentes no cuentan para cualquier cambio: solo lo aplican. Es una pérdida, pero es lo que hay.

A la Administración se le llena la boca de la expresión “autonomía de los centros”, esencial en cualquier sistema educativo que vaya medio bien. A la hora de la verdad no son más que palabras, palabras, palabras…

Familia

El entorno familiar y socio-económico-cultural de tus futuros alumnos será absolutamente determinante en su trayectoria académica. Si no te interesas por él y lo tienes muy en cuenta, te perderás un aspecto capital de tu trabajo.

Si no estás dispuesto a dialogar de buen grado con los padres, creo sinceramente que te equivocas de profesión. En ese diálogo, tú llevarás la voz cantante, pero no serás la única voz. Ni debes serlo.

Muchos profesores son tan sospechosos para los padres como a la inversa. Así está la cosa.

Sociedad

En la sociedad se habla de la gran importancia de la educación. Lo dicho: palabras, palabras, palabras… Para medir la importancia real que se le concede, no te fijes en las palabras: fíjate en los hechos (de la Administración, de los partidos, de las instituciones, de los grupos sociales, de las familias y de las personas). Hechos, no palabras.

Hay algo que debes saber antes de empezar: en general, tú le darás a la educación más que ella a ti. Con una excepción: el agradecimiento de algunos alumnos por tu tarea. Y esa sensación no tiene parangón: ser un buen profesor para esos alumnos te hará sentir un orgullo eterno.

Eso es lo bueno. ¿Es poco? Quizá bastante más de lo que consigue mucha gente en su trabajo.

Y aquí añado yo algo: es verdad que es muy gratificante enseñar a algunos alumnos, y más si luego ves que fuera de tus clases tienen resultados y pueden hacer lo que quieren, pero también es verdad que,  aunque de forma desinteresada, todos los buenos profesores necesitamos también el reconocimiento de esos alumnos y en menor medida de sus padres, y eso es algo que difícilmente se da excepto para un grupito muy pequeño de profesores (los superguays pero altamente nocivos para los alumnos).
No hay nada más frustrante que dedicarte durante 4 años enteros a una generación y solo recibir reconocimiento de 2-3 alumnos mientras el resto acaban valorando más acciones superficiales de otros profesores que nada han hecho por ellos.
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