Los padres (y madres) somos víctimas pero también culpables de las tareas escolares

http://www.lainformacion.com/treintaymuchos/huelga-deberes-padres-tareas-colegio-madres_0_968304401.html

POR JUAN BOSCO MARTÍN ALGARRA
  • La reacción de los padres (y madres) contra los deberes está justificada, pero no en las formas.
  • No hay nada más devastador en la educación de los hijos que desautorizar desde casa a los maestros.
Muchas madres piden reducción de jornada para estar con sus hijos mientras hacen los deberes.

Muchas madres piden reducción de jornada para estar con sus hijos mientras hacen los deberes. GettyImages

Debo confesar que mi criterio como padre respecto a los deberes escolares cambió cuando comencé a sufrirlos. Miento. Cuando comenzó a sufrirlos mi mujer, que es la principal perjudicada. Porque esa es otra: los deberes escolares repercuten principalmente en las mujeres. Creo que en lo que voy a relatar pueden verse reflejados millones de padres.

Partamos de aquello en lo que hay un consenso unánime entre padres y profesores:

  • Las horas de colegio deberían bastar para aprender lo necesario en cada edad.
  • Conviene que los niños y adolescentes realicen actividades físicas para crecer sanamente y prevenir enfermedades.
  • Los niños deben dedicar tiempo a estar con sus padres y hermanos: a hablar con ellos, a jugar, a comer… y a pelearse, si es preciso.
  • Los juegos, los amigos, las aficiones, etc, forman parte de la educación.

Las cuatro consideraciones anteriores, y otras que omito para no resultar prolijo, desembocan en la clave de esta cuestión: el TIEMPO. Y eso, tiempo, es lo que devoran sin compasión los deberes escolares, en perjuicio de padres y, sobre todo -insisto de nuevo-, madres.

(Te interesa leer: Razones (y sinrazones) de padres que están más hartos de los deberes escolares que sus propios hijos.

No me he encontrado a ningún padre de familia, y he conocido a muchísimos, que no esté de acuerdo en el provecho que obtienen los niños al dedicar un tiempo razonable al estudio. Pero por tiempo razonable entiendo aquel que no te impide desarrollar con normalidad las actividades que mencionaba antes.

Niños condenados a perder

Desde hace tiempo los padres protestan porque una sobrecarga de los deberes escolares está alterando la vida familiar. Algunos de ellos resultan absurdos, amén de irrealizables por los niños, al menos (y aquí parte del problema) sin ayuda externa. Pongo un ejemplo: los deberes que incluyen la utilización de programas informáticos que ni el niño ni sus padres tienen por qué conocer o tener en casa, como editor de vídeos, Power Point o Photoshop. Hay profesores que dan por hecho que todas las familias deben disponer en casa de internet de alta velocidad en casa o impresora a color, como si fueran tan imprescindibles como la electricidad o el suministro de agua.

En esta tesitura, hay unos niños claramente condenados a perder. Me refiero a aquellos que no disponen de ayuda de un adulto en casa a la hora de realizar las tareas, bien porque sus dos padres llegan tarde de trabajar o bien porque el nivel académico de las consultas excede la preparación intelectual de los progenitores o tutores.

Los padres con recursos económicos pueden solventar esta carencia contratando a un profesor particular, pero… ¿y los que no los tienen?

Reducción de jornada… para las madres

Por otro lado, cuando los hijos atraviesan dificultades académicas hay padres que se plantean pedir una reducción de jornada para estar en casa cuando ellos llegan del colegio. ¿Quién suele pedir dichas reducciones en este país? La madre. ¿Cuál es el resultado? El obvio, el que reflejan todas las estadísticas: La maternidad perjudica el desarrollo profesional mucho más que la paternidad.

Creo que la mayoría de los padres podría suscribir lo que he relatado hasta ahora. Hay excepciones, por supuesto, pero solo confirman la regla. Los deberes escolares, que también contienen numerosas ventajas en tanto contribuyen a fomentar la laboriosidad y la disciplina del menor, acarrean otros daños colaterales a las familias no siempre tenidos en cuenta.

Dicho lo cual, y me pesa decirlo, no estoy para nada de acuerdo con la primera huelga de padres que ha anunciado la Confederación de Asociaciones de Padre de Alumnos (CEAPA). Por una sencilla razón: no hay nada más devastador para un menor que ver a los mayores desautorizándose entre ellos.

Ni las madres ni los padres deben cuestionar jamás a un profesor delante de un menor. Cuando ocurre tal cosa, se le hace más daño que si le enseñas que 2+2 son 5.

Comprendo que CEAPA quiera lanzar un justificado grito de desesperación. Miles de padres ya no saben qué hacer para que el sector educativo afronte un problema real que perjudica su vida cotidiana. Pero esas no son formas.

Los errores de los padres

Además, mentiríamos si eximiéramos de todo culpa a los padres en este espinoso asunto. Los padres debemos enseñar a nuestros hijos que las cosas cuestan un esfuerzo. A veces, muchísimo esfuerzo. Los deberes nos ayudan en ese cometido. Ante la pregunta quejumbrosa de un hijo “¿me ayudas a hacer estos problemas?”, a veces no existe respuesta más educativa que “no, hazlo tú solito”.

Y si se equivoca, que le suspendan. Quizá la próxima vez pondrá más atención en clase. O le pida ayuda a un compañero. O estudie más.

La casuística es variada. No digo que todos los niños que suspendan sean unos vagos. Pero ¿a caso no es verdad que muchos fracasan porque los padres no les hemos enseñado a sufrir adversidades, al menos no de manera creativa, poniendo soluciones prácticas para acabar con el sufrimiento?

Cualquiera que haya tenido atragantada una asignatura sabe la gran satisfacción que se siente cuando, después de mucho trabajar, estudiar y porfiar, consigue aprobar el examen.

Sí, en el colegio y en casa también hay que ayudar a resistir y gestionar los vientos contrarios. Eso evitará más adelante afrontar sin desmoronarse contratiempos tan diversos como desengaños amorosos, injusticias laborales o enfermedades imprevistas.

No atenta contra los derechos humanos hacer que un niño se levante todos los días una hora antes para estudiar matemáticas. Eso muchas veces significará, claro está, que el padre o madre tendrá que levantarse a las ocho menos cinco para despertar al niño. Pero es que nadie dijo que educar sea fácil. Tener un hijo implica esfuerzo. Esfuerzo que debe transmitirse al niño como un imperativo vital: los padres cuidaremos de ti, pero tú, en justicia, estás obligado a esforzarte para ser autónomo.

Si la polémica de los deberes ayuda a cuestionarnos qué estamos haciendo mal padres y profesores con la educación de los hijos, bienvenida sea la polémica. Pero huyamos de las soluciones simples. Cuidemos las formas, que también son importantes, por el bien de los menores.

Sigue @martinalgarra

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