Los padres (y madres) somos víctimas pero también culpables de las tareas escolares

Buen artículo aunque con bastantes cosas a puntualizar. En rojo. Obviamente hablo desde mi experiencia en secundaria. Primaria es otra historia.
https://www.lainformacion.com/opinion/treintaymuchos/huelga-deberes-padres-tareas-colegio-madres_0_968304401
  • La reacción de los padres (y madres) contra los deberes está justificada, pero no en las formas.
  • No hay nada más devastador en la educación de los hijos que desautorizar desde casa a los maestros.

Muchas madres piden reducción de jornada para estar con sus hijos mientras hacen los deberes. GettyImages

Debo confesar que mi criterio como padre respecto a los deberes escolares cambió cuando comencé a sufrirlos. Miento. Cuando comenzó a sufrirlos mi mujer, que es la principal perjudicada. Porque esa es otra: los deberes escolares repercuten principalmente en las mujeres. Creo que en lo que voy a relatar pueden verse reflejados millones de padres.

Partamos de aquello en lo que hay un consenso unánime entre padres y profesores:

  • Las horas de colegio deberían bastar para aprender lo necesario en cada edad.  No saben qué cansado estoy de escuchar esto. Es FALSO  y demuestra que quien lo dice no sabe de qué habla. ¿Sería lo ideal? Sí, claro que sí, pero es IMPOSIBLE. Empezando porque la mayoría de asignaturas tienen 2-3 clases de 50 minutos a la semana, y más de la mitad de la clase se dedica en poner orden ya que a la mitad de los chavales les importa muy poco lo que allí se está haciendo y se les obliga a estar allí. Y otra es el reparto de horas entre asignaturas. Hay asignaturas como Matemáticas que hay que practicarlas mucho y que, aunque sean de las asignaturas que más horas tienen, sigue sin ser suficiente. Pero si se pide reducir el número de horas de otras asignaturas enseguida los sindicatos y grupos de esas asignaturas saldrán a defender lo suyo.
  • Conviene que los niños y adolescentes realicen actividades físicas para crecer sanamente y prevenir enfermedades. Obviamente.
  • Los niños deben dedicar tiempo a estar con sus padres y hermanos: a hablar con ellos, a jugar, a comer… y a pelearse, si es preciso. Está claro.
  • Los juegos, los amigos, las aficiones, etc, forman parte de la educación. Nadie dice que no.

Las cuatro consideraciones anteriores, y otras que omito para no resultar prolijo, desembocan en la clave de esta cuestión: el TIEMPO. Y eso, tiempo, es lo que devoran sin compasión los deberes escolares, en perjuicio de padres y, sobre todo -insisto de nuevo-, madres.

No me he encontrado a ningún padre de familia, y he conocido a muchísimos, que no esté de acuerdo en el provecho que obtienen los niños al dedicar un tiempo razonable al estudio. Pero por tiempo razonable entiendo aquel que no te impide desarrollar con normalidad las actividades que mencionaba antes.

Niños condenados a perder

Desde hace tiempo los padres protestan porque una sobrecarga de los deberes escolares está alterando la vida familiar. Algunos de ellos resultan absurdos, amén de irrealizables por los niños, al menos (y aquí parte del problema) sin ayuda externa. No lo creo, a menos que el profesor sea realmente muy malo y no sabe qué está mandando. En general todo lo que se manda ha sido explicado en clase. Otra historia es que el chaval no haya estado atento o que sus compañeros no le hayan dejado estar atentos. Pongo un ejemplo: los deberes que incluyen la utilización de programas informáticos que ni el niño ni sus padres tienen por qué conocer o tener en casa, como editor de vídeos, Power Point o Photoshop. Hay profesores que dan por hecho que todas las familias deben disponer en casa de internet de alta velocidad en casa o impresora a color, como si fueran tan imprescindibles como la electricidad o el suministro de agua. Existen las bibliotecas en el pueblo e incluso en colegios e institutos donde se puede disponer de ello. Lo de la impresora ya es más relativo pero se puede imprimir en muchos sitios, no necesariamente en casa.

En esta tesitura, hay unos niños claramente condenados a perder. Me refiero a aquellos que no disponen de ayuda de un adulto en casa a la hora de realizar las tareas, bien porque sus dos padres llegan tarde de trabajar o bien porque el nivel académico de las consultas excede la preparación intelectual de los progenitores o tutores. Un niño no tiene porqué necesitar ayuda de nadie si ha estado atento en clase y su progresión ha sido la adecuada. En mi casa mis padres jamás pudieron ayudarme (igual que la mayoría de mis compañeros) y salimos adelante.

Los padres con recursos económicos pueden solventar esta carencia contratando a un profesor particular, pero… ¿y los que no los tienenLa enfermedad de las clases particulares. En mis tiempos casi nadie iba a clases particulares. Ahora más de la mitad de los padres lleva a sus hijos a clases particulares en lugar de acostumbrar a sus hijos a sacarse ellos las castañas del fuego. Y sí, es injusto para quien no se lo puede pagar, pero eso ha sucedido siempre: quien puede pagarse el conservatorio, el judo/karate, un colegio de pago, una universidad privada,…

Reducción de jornada… para las madres

Por otro lado, cuando los hijos atraviesan dificultades académicas hay padres que se plantean pedir una reducción de jornada para estar en casa cuando ellos llegan del colegio. ¿Quién suele pedir dichas reducciones en este país? La madre. ¿Cuál es el resultado? El obvio, el que reflejan todas las estadísticas: La maternidad perjudica el desarrollo profesional mucho más que la paternidad.

Creo que la mayoría de los padres podría suscribir lo que he relatado hasta ahora. Hay excepciones, por supuesto, pero solo confirman la regla. Los deberes escolares, que también contienen numerosas ventajas en tanto contribuyen a fomentar la laboriosidad y la disciplina del menor, acarrean otros daños colaterales a las familias no siempre tenidos en cuenta.

Dicho lo cual, y me pesa decirlo, no estoy para nada de acuerdo con la primera huelga de padres que ha anunciado la Confederación de Asociaciones de Padre de Alumnos (CEAPA). Por una sencilla razón: no hay nada más devastador para un menor que ver a los mayores desautorizándose entre ellos.

Ni las madres ni los padres deben cuestionar jamás a un profesor delante de un menor. Cuando ocurre tal cosa, se le hace más daño que si le enseñas que 2+2 son 5. Totalmente de acuerdo. Ahí empiezan muchos de los problemas. Y no digamos el consabido “mi padre dice que tienes que aguantarme”, que muchos chavales ya traen aprendido de casa.

Comprendo que CEAPA quiera lanzar un justificado grito de desesperación. Miles de padres ya no saben qué hacer para que el sector educativo afronte un problema real que perjudica su vida cotidiana. Pero esas no son formas.

Los errores de los padres

Además, mentiríamos si eximiéramos de todo culpa a los padres en este espinoso asunto. Los padres debemos enseñar a nuestros hijos que las cosas cuestan un esfuerzo. A veces, muchísimo esfuerzo. Los deberes nos ayudan en ese cometido. Ante la pregunta quejumbrosa de un hijo “¿me ayudas a hacer estos problemas?”, a veces no existe respuesta más educativa que “no, hazlo tú solito”.

Y si se equivoca, que le suspendan. Quizá la próxima vez pondrá más atención en clase. O le pida ayuda a un compañero. O estudie más.

La casuística es variada. No digo que todos los niños que suspendan sean unos vagos. Pero ¿a caso no es verdad que muchos fracasan porque los padres no les hemos enseñado a sufrir adversidades, al menos no de manera creativa, poniendo soluciones prácticas para acabar con el sufrimiento?

Cualquiera que haya tenido atragantada una asignatura sabe la gran satisfacción que se siente cuando, después de mucho trabajar, estudiar y porfiar, consigue aprobar el examen.

Sí, en el colegio y en casa también hay que ayudar a resistir y gestionar los vientos contrarios. Eso evitará más adelante afrontar sin desmoronarse contratiempos tan diversos como desengaños amorosos, injusticias laborales o enfermedades imprevistas.

No atenta contra los derechos humanos hacer que un niño se levante todos los días una hora antes para estudiar matemáticas. Eso muchas veces significará, claro está, que el padre o madre tendrá que levantarse a las ocho menos cinco para despertar al niño. Pero es que nadie dijo que educar sea fácil. Tener un hijo implica esfuerzo. Esfuerzo que debe transmitirse al niño como un imperativo vital: los padres cuidaremos de ti, pero tú, en justicia, estás obligado a esforzarte para ser autónomo.

Si la polémica de los deberes ayuda a cuestionarnos qué estamos haciendo mal padres y profesores con la educación de los hijos, bienvenida sea la polémica. Pero huyamos de las soluciones simples. Cuidemos las formas, que también son importantes, por el bien de los menores.

Sigue @martinalgarra

 

Una última puntualización: en secundaria volvemos al problema de siempre, en muchas clases es muy difícil impartir docencia y hay que dedicar más de la mitad de la clase en poner orden. Especialmente en 1º y 2º de la ESO. Los daños colaterales para los chavales que quieren hacer algo son devastadores. Pero nadie se plantea quitar la obligatoriedad o dirigir a los “malos” alumnos hacia otras opciones. En España eso se considera “segregar”.

Yo invito a cualquier padre a que se pase una semana en las clases de 1º y 2º de la ESO de un instituto “normal” y se dará cuenta enseguida de cuál es el problema con la educación que tenemos en este país.

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