Bajo tus pies se está disputando una batalla épica entre hormigas: las catalanas contra el resto de Europa

31OCT 2016

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Hormigas argentinas dándole para el pelo a una rival californiana.

Omnipresentes, aunque la mayor parte del tiempo imperceptibles a nuestros ojos, las hormigas son la única especie del planeta capaz de disputar la hegemonía al homo sapiens: Edward O. Wilson calculó en su día que la biomasa de las hormigas de la Tierra era equivalente a la de todos los seres humanos, un cálculo muy discutible (como veremos a continuación) pero elocuente.

De las 13.700 especies de hormigas estudiadas hay una que está ganando la batalla a sus congéneres. Se trata de la hormiga argentina (Linepithema humile), una pequeña hormiga de apenas 3 milímetros de largo que sigue siempre los pasos (y los restos) del ser humano. La hormiga argentina es originaria de la cuenca del Río Paraná pero en el último siglo ha logrado implantarse en lugares tan variopintos como Sudáfrica, California, Nueva Zelanda, Japón o las costas del Mediterráneo. Allá donde haya agua, un clima agradable y una ración copiosa de restos de comida humana, acaba instalándose la hormiga argentina.

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Imagen: Biottec Fortaleny.

En los hormigueros de la hormiga argentina conviven varias reinas, a veces centenares de ellas, con lo que la población de la colonia aumenta vertiginosamente. Además, “una reina y un grupo de fieles obreras que se cuelen por ejemplo en el cesto de playa de un turista son suficientes para montar una nueva colonia en otro lugar”, me cuenta Sara Castro Cobo, ecóloga e investigadora adscrita a la Estación Biológica de Doñana, que actualmente estudia la expansión de esta especie invasora en Ibiza y Formentera.

Esa facilidad para fundar nuevas colonias es sólo uno de los “superpoderes” de la hormiga argentina. Sin embargo, lo que verdaderamente hace de esta especie un rival prácticamente imbatible para las hormigas locales con las que compite es otra característica más inaudita: “Normalmente, las hormigas de distintas colonias, aunque pertenezcan a la misma especie, luchan entre sí cuando se encuentran. En el caso de la hormiga argentina no es así: cuando dos hormigas de hormigueros distintos se “huelen” (tocándose las antenas) se reconocen como miembros de la misma especie y ya no combaten entre sí”, según la explicación del mayor experto español de la hormiga argentina, el investigador catalán Xavier Espadaler, del centro de investigación CREAF de Barcelona.

El resultado de este reconocimiento es que, a efectos, todas las hormigas argentinas del mundo forman una sola supercolonia, un inmenso ejército de billones de individuos capaces de imponer su poderío demográfico al resto de las hormigas. Los enteomólogos estiman que la supercolonia europea de hormiga argentina, que se extiende a lo largo de 6.000 kilómetros de costa, desde el Cantábrico hasta Italia, rodeando toda la Península Ibérica, es la mayor unidad cooperativa de la naturaleza conocida hasta el momento, no importa de qué especie animal hablemos.

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La expansión de la hormiga argentina, según Documentalium.

Pero todo “plan” de dominio del mundo que se precie exige un grupo de disidentes para añadir sal al relato. Ua irreductible ejército combate ferozmente a la supercolonia argentina en su propio terreno: se trata de la supercolonia argentino-catalana, que por una burlona coincidencia, “se extiende casi exactamente por el territorio de los Países Catalanes, desde Roses a Guardamar de Segura (Alicante), incluyendo el País Valenciano y las Islas Baleares”, me cuenta desde Barcelona Espadaler. 450 kilómetros de costa frente a 6.000.

La explicación al antagonismo de las dos supercolonias es que la hormiga argentina no ha venido una vez a Europa sino decenas de veces. “En muchas ocasiones no tuvieron éxito pero estas dos oleadas sí se asentaron, posiblemente en dos momentos diferentes”, explica Espadaler.

Aunque no existe nada parecido a un frente de batalla a orillas del Ebro, lo cierto es que los miembros de la colonia catalana y los de la europea no se pueden ni ver. ¿Cómo han averiguado esto los investigadores? Pues de la manera más sencilla: enfrentando en un “ring” a un ejemplar de filiación desconocida con uno conocido: si se huelen y cada uno sigue por su lado, son de la misma supercolonia (aunque uno tenga su hormiguero en Huelva y el otro en Florencia). Si luchan hasta despedazarse es que, evidentemente, pertenecen a bandos enemigos.

Este vídeo grabado por los investigadores del CREAF es un buen ejemplo de ambos comportamientos:

¿Cuántos miembros cuentan las huestes de ambas supercolonias? “Es incalculable -responde el investigador-. Te podría dar una cifra, pero podría estar equivocada en dos órdenes de magnitud [entre una centésima parte y cien veces más]. Ten en cuenta que los hormigueros pueden tener kilómetros de galerías subterráneas, así que es imposible conocer cuántas hormigas viven allí”. Le comento al investigador español el cálculo de Wilson que citaba en el primer párrafo y que aparece en su clásico ‘Viaje a las hormigas’ (6.500 billones de hormigas frente a 6.500 millones de humanos) pero se muestra escéptico respecto a los métodos utilizados por su ilustre colega.

La expansión de la hormiga argentina, al igual que la introducción de otras muchas especies invasoras en todo tipo de ecosistemas, son uno de los efectos colaterales de eso que se ha dado en llamar “Antropoceno”. ¿Será la hormiga argentina para el resto de las hormigas (e insectos) lo mismo que está siendo el ‘homo sapiens’ para la biota? “No lo creo: la hormiga argentina aguanta muy mal el frío -no soportan, por ejemplo, el invierno madrileño- y aunque son voraces, hay muchas hormigas locales que pueden hacerles frente. No, la argentina no va a dominar el mundo”.

http://blogs.publico.es/strambotic/2016/10/hormigas-argentinas/

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