Quién teme a las reválidas

Unos alumnos realizan un examen de selectividad en Sevilla, en la última convocatoria antes de ser sustituida por las reválidas. CONCHITINA

Más de 700.000 alumnos inicial el curso sin saber si habrá reválidas

  • ÁNGEL GIL GAHETE

25/10/2016 08:21

Pues al parecer todo el mundo. O al menos eso se desprende de la información publicada en los medios. Se han manifestado en contra asociaciones de padres, sindicatos, comunidades autónomas y partidos políticos. Ni siquiera el propio Partido Popular, responsable de la ley, ha mostrado énfasis alguno en defensa de las denostadas reválidas. Especial repercusión ha tenido la iniciativa de un alumno de San Fernando (Cádiz), que ha entregado en el Ministerio de Educación 2.400 firmas contra ellas, siendo además recibido por el propio ministro. De vuelta a Andalucía ha sido recibido por la presidenta de la comunidad y la consejera de Educación. Todo un héroe mediático de 14 años.

Los argumentos más frecuentes contra las pruebas externas consisten en que son segregadoras, generan estrés en los alumnos, no miden aspectos del aprendizaje distintos a los contenidos, cuestionan la labor continua del profesorado, estigmatizan a los colegios de zonas pobres o invaden competencias autonómicas.

Claro que son segregadoras. Discriminan entre aquellos alumnos que han alcanzado el nivel básico de los objetivos de la etapa escolar y los que no; esa es una función de cualquier sistema de evaluación. La capacidad de medida dependerá de lo bien o mal diseñadas que estén; en cualquier caso, aunque existan supuestos intangibles no susceptibles de ser medidos, mejor será medir aquello que podamos que no medir nada. La oposición de las comunidades autónomas, celosas de sus competencias y resistentes a cualquier fiscalización, ha conducido a 17 sistemas educativos con escandalosas diferencias entre ellos.

En cuanto a la preocupación por la dignidad del profesorado, resulta sorprendente que lo argumente la misma administración que, sin embargo, no tiene empacho en regalar ‘aprobados de despacho’ en contra del criterio profesional de equipos docentes y profesores.

Incluso se han presentado como una anomalía de nuestro sistema educativo, propia de la malvada LOMCE. Un diario nacional mostraba en titulares que solo cinco países europeos tienen reválidas en secundaria; en el segundo párrafo aclaraba que en realidad son 23 los países de la UE que tienen pruebas externas. Claro que ¡quién lee el segundo párrafo!

Y es que la mayoría de los sistemas educativos avanzados tienen pruebas externas (24 de 34 países de la OCDE). Porque hay suficientes estudios y datos empíricos que muestran la importancia de las mismas para la mejora de los resultados escolares. Especialmente si los datos son públicos; además benefician en mayor medida a alumnos rezagados y centros de zonas desfavorecidas.

No parece difícil comprender el rechazo que las reválidas provocan en los alumnos, para los que supone un obstáculo. Pero sus familias, especialmente las de peor situación sociocultural y los partidos que dicen representarlas, deberían plantearse que unos títulos académicos devaluados significan simplemente una estafa. Sus hijos no tienen más armas que el esfuerzo y el mérito para mejorar su posición laboral y social; si estas armas no sirven, el origen, el dinero o los contactos serán aún más determinantes.

Creo que la verdadera razón del rechazo que provocan no tiene nada que ver con su carácter segregador o discriminatorio. Más bien se debe a que las reválidas levantan las enaguas de todo el sistema educativo y dejan al descubierto sus vergüenzas. Profesores, equipos directivos, inspección y administración educativa se ven reflejados en los resultados de las pruebas externas; todos son responsables y a todos preocupa la rendición de cuentas. Al mismo tiempo que permitirían comprobar las buenas prácticas educativas y difundirlas, también pueden mostrar la indolencia de algunos profesores, la ineptitud de ciertos equipos directivos y las políticas educativas erróneas que dilapidan recursos en alharacas mediáticas y propuestas pedagógicas descabelladas. Parece haber un consenso general en las enormes deficiencias del sistema educativo.

Pero no queremos utilizar el mejor método de diagnóstico; de hecho, ni siquiera queremos saber si el enfermo tiene fiebre. Preferimos romper el termómetro.

http://www.elmundo.es/andalucia/2016/10/25/580e52d4ca474128038b4584.html

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