Iker Jiménez, alguien a quien merece la pena escuchar y leer

Nadie en España habla con la libertad con la que él lo hace. Rechaza ‘la mordaza que impone la incorrección política’ y se atreve con asuntos como los refugiados, el aborto o el mundialismo.‘La corrección política es el gran peligro de nuestra sociedad’ | La Gaceta

Su programa, que cierra estos días la undécima temporada, ya ocupa un lugar de honor en la historia de la televisión en España. Iker Jiménez trasladaba hace ahora once años su formula radiofónica a la televisión sin imaginar que su figura acabaría por formar parte del imaginario colectivo de un país. Sin sospechar que él mismo ayudaría a cincelar ese mismo imaginario. Lentamente. Año tras año ha ganado el respeto para su causa. Con enormes resistencias al principio, con la caricatura siempre como amenaza al que discrepa, al que rompe moldes. Iker Jiménez y sus ‘milenarios’, que así se hace llamar su legión de seguidores, no son sino revolucionarios en un mundo que entienden decadente y hostil a todo cuanto se aleje de la realidad material.
En diez años el relato de Cuarto Milenio ha evolucionado. De perseguir la verdad en los cielos o en las psicofonías han pasado a buscar respuestas en el propio ser humano. Quizá un repliegue, un proceso de introspección que sin abandonar los fenómenos poltergeist o las filmaciones de objetos que cruzan el cielo a velocidades imposibles, vuelve ahora la atención a la trascendencia del ser humano, a su “conexión cósmica” con lo superior.
Un quijote contra el ‘hombre lobotomizado’

Iker no está cómodo en la sociedad que le ha tocado en suerte. En lo geográfico, clama por los héroes de un país que entiende injustamente olvidados, y en lo moral hace una lectura de tintes apocalípticos que le turba y le genera picos de decepción y de rebelión. El periodista vitoriano se ha parapetado en su espacio nocturno y desde allí está empezando a revolverse, sabedor de que detrás de la cámara hay millones de españoles que quieren ver cómo, al menos durante tres horas a la semana, se rompe la espiral del silencio. De un tiempo a esta parte Iker Jiménez está tomando partido. Lo ha hecho como nadie se había atrevido a hacerlo en los medios. Ha escupido la mordaza que se le supone a todo comunicador y ha dicho que el rey está desnudo. Cosas tan incorrectas como que el niño de siete semanas en el vientre materno es eso, un niño, un ser humano, y no “un saco de células”. Dedicó un programa a denunciar la “aberración” de la pedofilia la semana en la que un importante periódico español publicaba un controvertido texto pidiendo su “aceptción social”. Se ha atrevido incluso a denunciar la dictadura de la incorrección politica que impide a la mayoría de sus compañeros de profesión denunciar al delincuente cuando éste es extranjero.
Se desmarca de cualquier posicionamiento político que quieran atribuirle -“ni la izquierda ni la derecha me han regalado nunca nada”- y se resigna, diríase que hasta con gusto, a que le llamen “el último loco de la azotea”, o “el de los misterios”. No ha perdido la mirada del niño ni su curiosidad y habla con su entrevistador tal y como habla en su programa. Con la misma emoción cuando explica su “experiencia de conciencia cósmica” en la cueva de Altamira, y con la misma indignación cuando denuncia el intento de despojar al hombre de su vocación espiritual para convertirlo en un ser lobotomizado, “sin ningún nexo familiar, entregado a los placeres de la vida, depauperado en su entusiasmo y por completo controlable”.
-Este invierno se produjeron agresiones sexuales masivas en Colonia o Estocolmo. Tú dijiste: “A mí me da igual de donde sean, pero si resulta que son refugiados hay que contarlo igual”.
-Al final soy un tipo que habla con cierta libertad y eso siempre es irritante. Hoy en día la censura de lo políticamente correcto es la mayor mordaza y el mayor peligro que tenemos en esta sociedad. Yo dije lo que pensaba, ¿a mí qué más me da que sean refugiados?, ¿qué pasa, que por ser refugiado eres mejor persona?, ¿quién lo dice?, ¿por qué?, ¿qué clase de victimismo es este? Había unos hechos delictivos y la policía, como hacemos en España, ojo, echó tierra para otro lado para no meterse en líos. Y sí, hubo una gran repercusión, pero yo no me arrepiento de nada. Es lo que pienso, lo que digo y lo que se seguiré diciendo.
-¿Cuál es la causa de que exista esa mordaza?, ¿quién ha inducido a esa mordaza y por qué?
-Es una pregunta súper interesante, y de hecho me acabas de dar una idea, quizá trate el asunto. Hay dos posibilidades, es como todo. Decía Orwell aquello del dictador global, el Gran Hermano y sus prohibiciones. Y no hace falta prohibir. No hace falta. Nadamos entre tanta idiocia, tanta información irrelevante, ahogados en tanta frivolidad, que no hace falta prohibir nada. Estamos inmersos en una sobreinformación frívola, banal, y sobre todo poco trascendente. Poco humana, poco espiritual, poco de valores. ¿Tú crees que hay personas que han muñido esto para que la situación sea así? No lo sé, tengo mis dudas. Quizá sea la propia naturaleza humana. Venimos de generaciones sin guerras, con bienestar y ha llegado un momento en el que se relajan los valores.
-Eso es otra incorrección.
-¡Total! Mira, yo me considero un hombre relativamente religioso en un sentido quizá no muy convencional, desde luego muy trascendente. ¿Y qué ocurre? Pues que hay insertos muchos conceptos increíbles que han tomado la realidad. Y si no estás en esa corriente eres como un hereje. A mí me da igual. La cultura judeocristiana nos dice que si eres pobre eres bueno por naturaleza, pero si eres rico, si te va bien, entonces eres malo.
-Bueno, estos son más los católicos que los protestantes.
-Exactamente. Si te va bien, como poco eres sospechoso. Mira, mis padres viven aquí al lado y cuando he venido he visto a un grupo de personas con todo tirado en mitad de la calle, todo hecho una mierda y nadie les decía nada. Pues mira, a mí eso me parece el ejemplo de la cobardía de esta sociedad, de esta Europa que ha dado la vuelta a lo que era. ¿A mí por qué me tienen que poner una multa y un individuo de estos va sin carné, sin ITV, y sin nada y no pasa nada? Les da miedo actuar porque sale toda una avalancha de gente, algunos creyéndolo con fundamento, pero otros muchos siendo marionetas de un sistema impuesto. Han establecido un sistema en el que es peligroso quedarse fuera.
-Luego crees que es un sistema impuesto de alguna manera.
-Sí, lo que no he logrado saber es por quién.
-Y por qué tampoco.
-No. Yo creo que es un camino apocalíptico.
-…
-Sí, de autodestrucción. Y en esto los medios tenemos mucho que decir. Es como Neil Postman, el famoso teórico de los medios, que decía “divertirse hasta morir”. Y en eso estamos. Vivimos en un show y en realidad ya nada tiene fundamento. Los valores que han sido importantes durante milenios para generaciones carecen hoy de sentido porque no resultan prácticos. De los valores, piensan, no saca uno nada.
-¿Cuándo se produce ese cambio, ese punto de inflexión?, ¿cuándo Europa, u Occidente, empieza a degenerar?
-Yo no creo que haya habido nunca una cultura cumbre donde todo fuera maravilloso. Roma pudo ser muy civilizada pero tiraban a los cristianos a las bestias y lo veían los niños. Yo alucino con el mundo que veo pero lo cierto es que siempre ha habido tremendos problemas. En los últimos treinta años ha habido una serie de resortes poderosísimos de la imagen que impone sus nuevas deidades, impone sus nuevos códigos de conducta. Conducen a la gente de una forma muy sutil, pastorean el rebaño. Sólo vale lo procaz, sólo lo frívolo, sólo lo banal, sólo lo primitivo, la ausencia de espiritualidad, la ausencia de trascendencia… y la familia ni te cuento. Estamos en todo lo que sea romper los lazos que han resultado fundamentales para la historia de la Humanidad.
-¿Vamos a peor?
-Yo vengo de una familia donde a mí me han contado cuentos, ¿sabes? Vengo de una familia donde la tradición oral ha sido muy importante. La tecnología es maravillosa y para alguien como tú o como yo, para gente curiosa, es fantástica. Esto no lo pudo tener nunca ni Platón ni Aristóteles… ¿pero para qué se está empleando?, ¿para estimular el qué? Los instintos más bajos. Porque si tú no te enrollas con quince tías o con quince tíos, si tú no haces eso permanentemente, parece que pierdes un grado de modernidad. No estás en la ola. Y yo creo por supuesto en la tolerancia, hay que ser tolerantes, pero es que hemos pasado a la discriminación de las personas que creemos en una serie de valores como el esfuerzo. Incluso de los que creemos que existe una realidad superior a nosotros. Cuando se pierde el temor a la deidad, vale todo. Todo. Porque sólo está el “yo” y se vive en un territorio del ego desatado. Y siendo esto así es normal que esa Europa narcisista acabe convirtiéndose en un fenómeno extrañísimo. ¿Cómo es posible que alguna gente esté patrocinando a personas que son completamente machistas, intolerantes? Pues porque queda guay. Eso sí, al que me critican es a mi cuando digo que algunos refugiados delinquen.
-Las redes ardieron cuando abordaste ese asunto.
-¿Tú no te das cuenta que les hacen comulgar con ruedas de molino? ¿Quién establece el meme de lo moderno? Pues no sé cómo se hace, pero se hace. En las redes sociales existe una tendencia fortísima a establecer como arcaico, antiguo o demodé discursos como el mío. Dicen que ya no vale. E igual tienen razón. Lo que sé es que han valido a la Humanidad durante milenios. Y me niego. Porque al final es tu espíritu libre el que te lleva a decir: mira, es que yo creo en la familia, ¿sabes? Yo llevo toda la vida dedicada a observar el misterio y sé que hay cosas que son superiores a mí. Creo que hay un Cielo y un infierno. Y entonces te dirán (imposta la voz, interpreta): “Claro que sí, el cielo y el infierno, ja, ja”. Y no, mira, eso han sido metáforas. No sólo de la religión cristiana, sino de todas. ¿Qué quiero decir con esto? Que la vida está llena de desastres y nadie es ajeno a ellos, pero que si tú siembras, posiblemente, de mil formas, casualidades, sincronicidades como decía Jung, serás recompensado. Y si tú estás en el mal, en lo abyecto, en la oscuridad, y tienes interés en que ese mal llegue a las mentes jóvenes, en hacer desaparecer la infancia… ¿¡pero qué cojones es esto!? La infancia, la niñez mejor dicho, es un periodo fundamental. De los siete a los catorce años se genera la Humanidad futura y están machacándola muy sutilmente. Machacan a los niños para que sean objetos de consumo lo más depravados posible y sin ningún tipo de arraigo posible en muchos casos con la familia. ¿A quién le interesa? No lo sé muy bien, pero lo que está claro es que estamos en un proceso donde decir esto es ser facha, carca y no sé qué más. Y no, yo no estoy hablando de ideologías políticas, yo estoy hablando de un ser humano al que le gusta aprender, al que le gusta curiosear, que aprende de todo el mundo y que no creo que tenga filias y fobias muy concretas.
– “Nos quieren hacer creer que somos un saco de células, poco menos que cuerpos desechables. Hay una industria de millones y millones de fetos humanos que vive de eso y que recicla eso”. Esto lo dijiste tú y también te trajo muchas críticas.
-Sí. Y apoyos, ojo. Muchos. No te puedes imaginar. Mira, cuando los refugiados, y esto sería muy bueno que lo pusieras, Rafa, porque es la verdad, cuando los refugiados digo, y con esto del aborto también, claro que hay críticas, pero curiosamente me encontré con más apoyos. Porque la gente está hasta el gorro. Empleas la televisión, que sabes que llega a todo el mundo, aunque yo hable a la una y pico de la mañana, es igual, las redes ayudan mucho a multiplicar el mensaje. Y en foros donde lo lógico sería que a uno le dijeran carca, facha o antimoderno… resulta que a la gente, en el fondo, tú no la puedes engañar. Mira, hay una conducta humana, joder. Ya te pueden estar matrtilleando todo el día que llega un momento en que tienes que despertar. ¿Sabes cómo acabo yo esta temporada? Con las imágenes de un niño de siete semanas. Que vean cómo es un niño de siete semanas. Siete-semanas. La gente piensa que un niño de siete semanas es una cosa informe. Y no.
-El tema de la censura. Porque habrán querido ponerte también a ti la mordaza.
-Nunca en la cadena. Yo dejo la tele para el asombro, para la maravilla, para el miedo. Ojo, el miedo como herramienta para aprender algo. No por el impacto sin más. Yo tengo que decir una cosa y de corazón, y mira en qué medios he estado, Cadena Ser y Mediaset, nunca he recibido un “esto no lo toques”. Sólo hay una explicación: soy el de los misterios.
-A ti se te tolera.
-Sí, soy una burbuja. El último alquimista. Y además ahora hago un programa desde la buhardilla (ríe), o sea que más simbólico no puede ser. Sí, alguna vez me he metido en un lío con el Évola, que decían que había alarmado de más… pero no. En realidad nunca me han censurado nada. Y también te digo que he recibido muchas cartas a raíz de la luz (el fogonazo de luz que se produce en el momento de la concepción y que, según explicaba él mismo en Cuarto Milenio, supone el inicio del milagro de la vida) en las que alguna gente me dijo que sintió un estremecimiento y que ya no iba a hacer lo que tenía pensado hacer. ¿Cómo te quedas, Rafa (se emociona)? Claro, ¿entonces yo que digo?. Pues bueno, que para parte de la sociedad me pondrán el cliché. Que si ovnis, que si fantasmas, bien, bien… mira, Cuarto Milenio sólo sabe lo que es quien lo ve.

(Iker habla fogonazo que se produce en el momento exacto de la concepción)
-El tuyo empezó siendo un espacio de fenómenos paranormales y hoy su horizonte se ha ampliado de manera descomunal. Hoy abordas asuntos de arqueología, zoología y, sobre todo, antropología. ¿Por qué?, ¿es un proceso natural? Quiero decir, ¿es un proceso natural pasar de buscar la verdad en objetos que surcan los cielos o en realidades alternativas a buscarla también en la realidad más inmediata: el hombre y el mundo por él construido? Percibo que tu inquietud intelectual mira ahora más hacia dentro del hombre que hacia fuera.
-Lo has explicado tú mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. Así es. Vamos a ver, esto empieza en mi niñez, con once años. Yo iba con mi primo en bicicleta entrevistando a la gente. Y yo he tenido la oportunidad de volver a entrevistar a esas mismas personas treinta años después. Es una pasión irrefrenable. Primero son los temas que todos conocemos, pero luego persigues también otros temas. ¿El Brexit? Pues a mí me interesa. ¿Economía? Hemos hablado del Crack del 29. El mito de los economistas que se suicidaron en Wall Street, el cerebro y sus misterios, la arqueología, la geología… me interesa todo. El hombre curioso, si es curioso de verdad, si no está en esto por trincar o por ser famoso, siente curiosidad por todo. Yo soy el director de un programa pero sobre todo de mis inquietudes personales, que no han dejado de creceré exponencialmente. Y tenemos la oportunidad única de contar con las herramientas que ni los más importantes filósofos del mundo hubieran soñado. Yo le pido al público que se sumerja en el placer increíble de aprender, de descubrir.
-En tus programas dejas siempre el debate abierto.
-Menos cuando me subo y empiezo a contar mis cosas (se refiere al espacio final del programa, llamado ‘El cierre de Iker’, en el que ofrece su opinión personal de un asunto concreto).
-Buenos sí, esto ha ocurrido de un par de años a esta parte, pero en los debates que llevas once años celebrando planteas un escenario dicotómico con dos frentes: el racional-cartesiano y otro abierto a otras realidades. Concluye el debate, muchas veces muy intenso, y tú invitas a los telespectadores a que saquen sus propias conclusiones. Yo quiero, sin embargo, que me des tu opinión sobre algunos asuntos concretos. El primero, el gobierno mundial. El llamado mundialismo. El célebre grupo de poderosos que mueve los hilos del planeta, ¿crees en esto?
-Pues mira, cuando se produjo el asesinato de Jo Cox (diputada laborista británica contraria al Brexit), yo pensé que era obvio que se trataba de un intento de reconducir una situación mediante un asesinato a través de un tarado, que lo han tarado un poquito más, cosa que no es difícil… pero por otro lado pensamos, ¿quiénes son los muñidores de esto?, ¿Quiénes son los que se juntan a hacer esto? Pues no lo tengo tan claro. Es una virtud de la propia especia humana degradarse, ir por ciertos senderos, Club Bildelberg, Illuminati… no sé muy bien ¿Hay alguien que quiere imponer un nuevo orden mundial? No tengo pruebas concluyentes. Además te digo que es muy difícil poner de acuerdo a poderosos. Yo te digo, y eso lo he visto, que en cuanto juntas a cuatro poderosos no se aclaran entre ellos. Por eso hablar de una confabulación que tenga éxito… no lo sé. Otra cosas es que existan diferentes grupúsculos de poder, y en los medios esto ocurre, que quieren llevarnos hacia otra era. La era del homo digitalis. Un hombre hipercontrolado, lobotomizado, sin ningún nexo con cuestiones espirituales, trascendentes, sin ningún nexo familiar, entregado a los placeres de la vida, a lo más insano, depauperado en su entusiasmo y controlable. ¿Pero son unos individuos que se reúnen periódicamente? No lo sé. No sé si es una ficción que hemos creado nosotros, pero la tendencia existe.
-Crees en la trascendencia, ¿pero eres católico?, ¿un católico heterodoxo?
-Siendo sincero, dudo de todo y no sabría qué decirte. Por circunstancias diferentes no he tenido una educación religiosa,. No la he tenido. De modo que no sabría a qué adscribirme. Es cierto que tengo una gran estima por la figura de Jesús de Nazaret, a la que he dedicado muchos reportajes, de misterio y de su mensaje, que es lo más importante. Pero siendo honesto te diré que me he acercado al fenómeno del homo religiosus, del hombre que siente la trascendencia, no desde el dogma, no desde la educación paternal sino desde la investigación, y eso es muy diferente. Es decir, a través de mi investigación curiosa he llegado a la conclusión que algunas de las grandes religiones se reflejan muy bien en la realidad.
-Has recorrido el camino inverso al habitual.
-Totalmente.
-Es decir, desde el proceso de socialización o culturización la gente accede a una idea de trascendencia y en tu caso es al revés: desde pequeño tienes una inquietud trascendente y luego has comprobado que ya existía un relato en clave teológica.
-Así es. ¿Cómo me catalogo? Pues quizá como ‘hombre trascendente’ y quizá alejado de algunos dogmas. La historia de la Humanidad, vista desde la antropología, es una historia de intento de reconexión con esos creadores. Basta mirar las estrellas o ver muchas cosas como yo he visto en muchos lugares del mundo para darte cuenta de la armonía. 
Te voy a decir una cosa muy sincera: yo todas las noches intento dar las gracias a ese padre cósmico, vamos a llamarlo así, a ese que genera la armonía de las cosas. A ese o a eso. A ese que hace que un niño que nace tenga esa perfección y ese sentido, que es lo más misterioso. Yo suelo empezar mis conferencias con un niño naciendo, porque nos han lobotomizado hasta tal punto de no dar importancia a la importancia de la vida, al milagro que es eso. Yo creo en la armonía cósmica, yo creo en la armonía de la realidad.
-De modo que hay Dios.
-Claro, llamándole padre cósmico igual ya tienes una idea antropomorfizada, pero evidentemente creo que después de la muerte hay algo mejor para quien lo merezca. Lo creo, qué le voy a hacer. Lo creo. Y al revés. También existe la oscuridad y la profundidad. ¿Qué nos están diciendo ahora? “Oye, roba si no te pillan. Oye, viola si no te ven”. Es el ser animal. Todo va hoy dirigido hacia la estimulación de los instintos más primarios. Lo espiritual, lo trascendente, es mucho más difícil, mucho más complicado. La satisfacción inmediata es mucho más fácil. A mi me dijo alguna vez alguien en un lugar muy remoto: “todos los chamanes de esta tribu creemos que el ser humano tiene dos lobos dentro, el lobo negro y el lobo blanco… ganará al que alimentes”. Están en nosotros. Permanentemente. Luchando. Como las tentaciones de San Antonio. No es fácil la batalla. Porque el mundo en el que vives, Rafa, te va a poner todo para que no quieras a tu mujer, para que no quieras a tu hijo como debes quererlo, para que seas lo más moderno del mundo y para que te desligues de los nexos como el que tendrá tu mujer con tu hijo, que son nexos que no son un cordón umbilical, que son otra cosa, y que son in aeternum. Bueno, pues estamos empeñados en que eso no existe. La muerte de Dios es el interés de individualizar al hombre y hacerlo ajeno a cualquier tipo de ley más allá de el hombre mismo y convertirlo en una bestia que sólo quiera consumir.
-¿Hubo algún acontecimiento en tu vida que te acercara a la trascendencia?
-Yo me he hecho trascendente por una serie de experiencias vitales, una de las cuales me pasó en Altamira, donde curiosamente nace el concepto de religión, el concepto ‘alma’… mi hija se llama Alma, y no porque sea un nombre bonito sino porque es lo único que no se puede vender, lo esencial y lo fundamental. Esa experiencia fue muy importante en mi vida y me ha llegado, entiéndeme: en libertad. No impuesta.
-Nadie te ha socializado en la religión y tú has llegado a ese mundo por una experiencia.
-Sí, aunque te advierto que yo no debo ser un buen católico. Al menos en lo referido al dogma. O quizá sí. En cualquier caso yo he llegado a la conexión con lo trascendente a través de mi experiencia y mis investigaciones.
-Hablabas de Altamira. Muchísimas veces hablas de la España misteriosa, ¿crees que nuestro país es un país particularmente mágico?
-(Antes incluso de acabar de formular la pregunta y muy rotundo) Sí. Aunque somos una vergüenza, ¿sabes en qué? En no tener orgullo de nuestro patrimonio. El español es aquél que se da de varazos enterrado hasta la rodilla frente a otro español. Es el cuadro de Goya. Mira, la historia de Marcelino Sanz de Sautuola, descubridor del Arte Rupestre mundial, y esto ponlo, Rafa de verdad (señala el ordenador con el índice), de ser americano tendría la Quinta Avenida a su nombre, joder. El tío, que con un pálpito trascendente, ojo, tras-cen-dente, le dice al mundo que ha descubierto algo increíble. Me hace mucha gracia esos que dicen: “¡Se enfrentó a la Iglesia!”, y no, mira, se enfrentó a los científicos.

-Renuncio a hacerte la última pregunta (se acaba el tiempo y reclaman a Iker) a cambio de que me expliques exactamente qué te pasó allí dentro.
-En noviembre de 2008 yo atravesé Altamira y no sé por qué. Porque me dejó el director, que nunca me ha vuelto a dejar y he estado ocho años insistiendo. Este hombre se mató hace poco y tengo alguna sincronicidad tremenda con eso, ya sabes, esos guiños del destino. Y no sé por qué este hombre, muy escéptico y muy científico, aunque seguidor del programa, me dejó entrar en la cueva. Estuve tres horas a solas ahí dentro. Lo sagrado está antes que cualquier religión, es previo, y luego las religiones han ido adaptándolo a sus circunstancias. Bueno, pues la cueva de Altamira es un lugar sagrado. Yo entré completamente a oscuras, únicamente con una pequeña linterna. La gente no sabe que en Altamira hay monstruos, caras, figuras extrañísimas, más antiguas que los bisontes, hay un túnel en el que es necesario entrar en posición fetal y salir como el niño que sale de la vagina. Como si tu entraras en la madre tierra y salieras de la madre tierra. Un lugar donde el chamán iba rastreando con una lámpara de fuego… ahí no se vivía, se entraba para conectar con “lo otro”. Y llega un momento en el que yo veo manos de niños que llevan 21.000 años sin borrarse haciéndonos signos. Y llega un momento, curiosamente en la sala más celebre, la de los bisontes, que… te voy a contar una cosa Rafa, he hecho nueve novelas y las he tirado todas porque lo inefable es aquello que no se puede contar, que tú has vivido y has sentido. ¿Es una experiencia mística? Quizá, no lo sé. Desde luego yo no soy ningún santón ni me creo nada, eso te lo aseguro. Yo tuve la conciencia de la existencia de algo que llamaríamos ‘Luz’, a la que todos volvemos. El Padre. No lo sé. Algo que es bueno. Yo lo sentí. Yo no sé si lloré, pero me sentí acompañado por el pálpito de toda la Humanidad. Una conexión. Una sensación muy fuerte. Esto le ha ocurrido a otras personas y lo han llamado “experiencia de conciencia cósmica”.
-Sanchez Dragó cuenta una cosa muy parecida en el mismo sitio.
Sí, lo sé, yo soy muy amigo de él. Mira Rafa, tú esperas un niño, cuando veas a tu niño, cuando tú veas a tu niño (repite con más énfasis), y si eres mínimamente sensible, que es el problema hoy en día, con un poco de conciencia de lo que es dar otra vida, el legado a un mundo que seguramente ya no veremos, tú querrás darle lo mejor como ser humano. Cuando tú veas a tu niño, y si no te han comido mucho el tarro, tú verás que hay una conexión que trasciende lo lógico, que trasciende lo tangible, que trasciende todas las tonterías que nos han contado que es la vida. Es otra cosa. Y tu mujer estará ligada a él para siempre, no por el cordón que ha cortado el médico mecánicamente, sino por cosas muy misteriosas. Es la magia. Hay padres a los que les ha ocurrido que en ese momento han tenido una experiencia trascendente. Y a partir de ese momento entendieron. Y luego hay padres, que yo conozco a alguno, que no hacen ni puñetero caso a los hijos, a los que tienen casi como una molestia. Esos no han entendido. Yo lo único importante que he hecho en mi vida es ser padre. Lo único. De verdad. Lo único. Por eso me rebelo cuando intentan degradar el milagro de lo que somos. Mira, decía Teilhard de Chardin (religioso, paleontólogo y filósofo francés), que la gran desesperanza es que están haciéndonos olvidar la raíz y esencia divina que todo ser tiene. La conexión que tenemos con algo superior a nosotros y maravilloso. Bueno, pues con mucha paciencia la van cortando hasta convertirnos en un saco de células, un saco que nace y se muere, que es prescindible. ¿No te das cuenta que el nombre que yo le he puesto a mi hija es una acto revolucionario? En el siglo XXI estamos en el eclipse del alma. Todo lo que sea hablar de alma es contraproducente, pero hay que resistir, de verdad te lo digo.

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