J. A. Marina y sus salarios

Siendo el único país de la UE que refuerza en los alumnos la falta de trabajo, permitiéndoseles, tras repetir un año por ciclo, pasar con todas las asignaturas suspendidas a los cursos siguientes; siendo el único país de la UE que aún apuesta por los ecuantes y epiciclos de la LO(gs)E o LOMCE; el mantenimiento de la ESO no hace más que aumentar la brecha social entre personas con conocimiento y personas con desconocimiento. Y es que esa casta universitaria integrada por pedagogos, tan necesitados de la caricia de sus amos, como dispuestos a mentir sobre las maravillas de un modelo educativo “made in PSOE”, ha sido causante de la deconstrucción de los centros de enseñanza, ladrillo a ladrillo.

En su viaje a Utopía, esos pedagogos repiten  la letanía de aquel Vladimir Ilich Ulianov Lenin, de que “no puede hacerse una tortilla sin romper los huevos”. Enfrentados al profesorado, al que acusan de los extravíos de la enseñanza -tú también, Marina-, ocurre que los pedagogos (que, vuelvo a decirlo, jamás han pisado un aula con adolescentes)  aseveran  que éstos son como un encerado en blanco, o sea, individuos en quienes palpita la curiosidad y el deseo puro, tierno, e inmaculado de aprender a aprender. Y concluyen, como si fuesen San Anselmo, que los jóvenes son el motor del conocimiento, no el profesor. Es más, a los futuros profesores que hacen los cursos de capacitación los pedagogos les iluminan con la afirmación de que en los jóvenes  “se opera el milagro del despertar a la necesidad ontológica del conocimiento, igual que el esclavo platónico sale, él solo, de la caverna para acceder a la luz de la sabiduría”.

Lo único que se consigue sin esfuerzo es el fracaso

Bajo esta logorrea los pedagogos han conferido a los contenidos de estudio un valor tangencial, de modo que el esfuerzo y la constancia  intelectual del alumnado son orillados por represivos. Yo simplemente sé que lo único que se consigue sin esfuerzo es el fracaso y que España, de segundo nombre “Utopía”, dobla los promedios de la OCDE exhibiendo más de un 28% de absentistas de 15 años y, ojo, un 20% de ninis. Cifras que nos colocan a la cabeza de la UE en tasa de repetidores y abandono escolar.

José Antonio Marina y sus marinadas

PSOE y PP han coincidido siempre en no rectificar los desvaríos que padece la educación universitaria y… no universitaria. ¿Por qué? Porque unos, los primeros, en su lucha contra el elitismo cultural defienden, como el padre de la pedagogía, J.J. Rousseau, que la sociedad nos corrompe, motivo por el que hay que proceder al desmantelamiento de los centros de enseñanza. Otros, los segundos, porque en su antiigualitarismo de tonos helvecianos, oh, l’homme supérieur!,  se detecta un miedo atroz a la chusma y gentecilla que se mueve en los centros no privados. En cualquier caso, y pese a que las motivaciones sean distintas, ambos partidos son, en materia de educación, lo mismo. Ergo no le extrañen los  vaivenes del tal Marina. No diré que a él le suceda lo que le pasó al filósofo español Manuel Sacristán quepasó del franquismo al internacionalismo marxista en un santiamén. Solo diré  que durante años sirvió de inspiración al moncloíta Rodríguez Zapatero, lo cual retrata las querencias de Marina (1939: Toledo), que ahora  pasea su donaire ideológico por los despachos del PP, como si nada.

En este, para él, nuevo y venturoso viaje a Siracusa, Marina acaba de ser erigido, gracias al gobierno de derechas, en alma mater del Ministerio de Educación.  Posando para la posteridad se ha subido al púlpito de la opinión pública con el propósito de enderezar los males de sus conciudadanos. De ahí ese consejo suyo, ofrecido nada menos que al propio ministro de Educación Méndez Vigo, de vincular el salario de los profesores con los resultados académicos del centro. Tal opinión, que ha despertado hasta a los muertos, ha sido aplaudida ene cientos de veces en TV, radio y prensa, haciendo de esta idea, peregrina e hipócrita, el plan Marshall de este país.

Si se acepta la lógica de nuestro Gran Timonel, a los médicos habría que reducirles sus honorarios por no rebajar los accidentes cardiovasculares

El Gran Timonel

Apunta Fernando Caro, traductor de obras de la cultura francesa, físico y profesor de instituto, que “Marina reúne, como poco, una doble condición: testigo en carne propia de la debacle tornado en “experto”, sabio oficial que actúa de placebo retórico-cultural de la plebe”. Es importante esta observación habida cuenta de que si se acepta la lógica de nuestroGran Timonel, a los médicos habría que reducirles sus honorarios por no rebajar los accidentes cardiovasculares procedentes de las elevadas tasas de obesidad que registra la población española, y a los bomberos les aplicaríamos, claro, la misma medicina, debido al número de incendios que devoran los bosques de este país. Y a los jueces, idem, eadem, idem, por dilatar en el tiempo la resolución de sentencias judiciales; y a los periodistas, otro tanto, ¿no?, tal es la alarmante caída de lectores.¿Y a los examinadores de tráfico?, pues a tajarles seriamente su renta de trabajo por llevar a cabo la osadía -“aristocrática”, catalogan muchos- de no aprobar a los examinados del carné de conducir. ¿Y a los gestores políticos causantes de las calamidades faraónicas administrativo-autonómicas que asolan cual plagas de termitas a los habitantes de esta nación? ¿Y a los organizadores de esa inmensa subcultura, basura, televisiva y cinematográfica?, ¿qué hacemos con ellos? ¿Y a los padres que no educan a sus hijos? Y así sucesivamente, pues el número de digresiones puede volverse, nos enseñó Aristóteles, infinito.

En fin, por el camino de crear cabezas de turco o, mejor dicho, por la vía de adjudicar castigos ejemplares en forma de adeudos pecuniarios, sinnúmero de necios cree haber redescubierto en la pócima de J.A. Marina las monedas de Abraxas, o sea, cómo enfilar por arte de magia el déficit galopante de este país y resolver los desastres que asfixian a la enseñanza IMPONIENDO al margen de los derechos laborales medidas de origen incierto, alejadas de cualquier marco legal garantista y, curioso, SOLO aplicables a los profesores no universitarios.

No es lo mismo un centro de enseñanza con alumnos conflictivos y muy conflictivos que un centro de enseñanza que escoge a la carta a sus discentes

Desconozco cómo se van a poner en marcha estas medidas, difíciles de implementar, puesto que España es reina en chapuzas, trapisondas, improvisación y sinfín de “ideas-cohete” que funcionan como estrellas mediáticas “fugaces”. Un ejemplo: no es lo mismo un centro de enseñanza con alumnos conflictivos y muy conflictivos que un centro de enseñanza que escoge a la carta a sus discentes. ¿Habrá coeficiente de corrección o quizás, mejor, reparto de alumnos conflictivos entre distintos centros?

Pero, bueno, de esto seguiremos hablando en el siguiente artículo dedicado anuestro prócer José Antonio Marina del que me comentan que como profesor de instituto de filosofía ha tenido alumnos que han suspendido. Y no una sola vez. Imagino que este candidato a Platón tendrá la honradez, yo no lo dudo,  de devolver a las arcas del Estado y con efecto retroactivo la parte alícuota que a él le ha correspondido por su fracaso.

http://vozpopuli.com/blogs/6671-teresa-g-cortes-j-a-marina-y-sus-salarios

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