¡ÁNIMO WAPISIMA! O LA ESTUPIDEZ DE DAR SOLO MENSAJES POSITIVOS

Llevo ya unos cuántos años metido en esto de la enseñanza, en una época muy mala para dedicarse a la docencia, y cada año que pasa veo más y más estupideces e idioteces varias a mi alrededor. No son ya solo los alumnos, los padres o la administración los que hacen estupideces y van poniendo trabas y obstáculos uno detrás de otro en el camino del buen docente, sino también los profesores.

Cuando uno empieza en esta profesión lo suele hacer con muchas ganas de hacerlo bien pero se da cuenta de que le falta adquirir una serie de recursos para lidiar con los alumnos y con los padres.

Con lo que no cuenta es que con los años se dará cuenta de que también debe hacerlo con el profesorado. Hay profesores de todo tipo, pero los últimos años me voy dando cuenta que desgraciadamente un porcentaje bastante alto son profesores sin vocación alguna y/o profesores mediocres y/o profesores que se pasan la vida haciendo/diciendo estupideces.
Con esta entrada empiezo una serie de entradas en las que iré explicando algunas de las cosas estúpidas e increíbles que ocurren en los centros educativos. La que narro hoy es sobre la llamada “psicología positiva” enfocada a la educación.

Sinceramente, no tengo nada contra lo de dar mensajes positivos a los alumnos y realizar con ellos actividades que fomenten la alegría o que sean felices. El problema es cuando solo se hace eso porque entonces lo que creamos son o bien tiranos o bien chavales débiles mentalmente y que difícilmente podrán enfrentarse al mundo real, bastante más duro que el mundo en el que tenemos refugiados a los alumnos durante años, resguardados del frío que hay fuera.

Esta semana hemos tenido evaluación en mi centro. Durante dos días nos reunimos los profesores de cada uno de los grupos con las notas de la evaluación ya puestas anteriormente, y se supone que en dicha evaluación se habla de cada uno de alumnos y se presentan propuestas para mejorar los malos resultados o la disciplina en el aula.

En la práctica las evaluaciones se convierten en un jijijaja de anécdotas una detrás de otra y al profesor que realmente quiere aportar algo ni se le escucha. Y no digamos ya los profesores que presionan a otros profesores para que cambien sus notas. Y todo ello con la mayoría de profesores mirando el reloj continuamente con prisa para irse. Pero no voy a hablar de evaluaciones, eso lo dejo para otro día.

Pues como decía las notas se ponen previamente de forma telemática, y el sistema permite además poner comentarios a los alumnos. La mayoría de los profesores no ponen ninguno (demasiado trabajo), pero yo sí suelo hacerlo. El problema es que mis comentarios no suelen ser del tipo “¡Ánimo wapisima! ¡Tú puedes”, sino que buscan hacer recapacitar al alumno, comentarios del tipo “Muy bien pero puedes hacerlo mejor”. ¡Y con la iglesia hemos topado! Los profesores buenrollistas y de mensajes “positivos” no tragan con eso.

Pues la tutora de uno de los grupos a los que imparto clase ni corta ni perezosa convoca una reunión de urgencia en el recreo después de hablar con la directiva del centro y alarmada dice que ella “esas notas no las firma”. No he querido entrar en polémica y le he dado permiso para borrarlos ya que ya tengo bastantes problemas con los alumnos como para que profesores sin mucho trabajo y apijados me creen todavía más problemas. Pero es remarcable en lo que hemos convertido la educación y en lo que hemos convertido este país. Este tipo de profesores solo dan mensajes “positivos” y creen a pies juntillas que eso es la “verdad absoluta”. Ya he dicho antes que respeto que lo hagan, pero deberían respetar también que otros profesores no compartamos su ideología y respetar también nuestra forma de trabajar. Por mi parte seguiré haciendo lo mismo, escribiendo mensajes que busquen no solo animar al alumno sino también que intente superarse.

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