Tebeos por los que merece la pena saber leer: Superlópez y La gran superproducciónPublicado por Pedro Torrijos

A veces la vida es una mierda.

El trabajo —cuando lo tienes— te asquea, tu equipo de fútbol no levanta cabeza, empiezas a buscar en los mostradores del supermercado alguna versión UltraMax de Grecian 2000, piensas en que lo más importante de la portada del periódico es el anuncio de Boston Medical Group y que lo tomarías en verdadera consideración si no fuera porque tu ex te ha dejado y ahora se dedica a llenar su muro de Facebook con fotos al lado de su nuevo novio. Tan guapos, tan felices, tan juntos.

En estos casos, algunas personas prefieren caminar por el borde de un acantilado mirando las olas, mientras meten las manos en los bolsillos de una gabardina imaginaria y tararean mentalmente canciones de Loquillo y los Trogloditas (en el caso de que sean mesetarios, se puede sustituir el acantilado por alguna decadente estación de tren de cercanías y las olas rompientes por yonquis rompientes, que también dan miedo). En definitiva, deciden hundirse desmedidamente en la más fecal de las miserias para luego resurgir cual refulgente —si bien olorosa— Ave Fénix.

Yo, que soy de natural pusilánime pero optimista, siempre recurro a mis amigos. A los nuevos y a los viejos. Porque los amigos son aquellos que te animan, que te dan la razón y también te la quitan; los que te aconsejan o te acollejan, mas siempre para ayudarte a tirar palante. Y sobre todo, los amigos son esos seres que te recuerdan una de las pocas condiciones verdaderamente humanas que nos quedan: la risa. Con ellos te ríes, a ellos les haces reír y ellos te hacen reír.

Y yo tengo un viejo amigo al que siempre vuelvo porque me garantiza echarme unas risas. Vamos, unas risas de las que te sacan lagrimones del tamaño y la forma de la campana gorda de la catedral de Toledo. Él no lo sabe, pero ya iba siendo hora de que le agradeciese tantas veces que ha impedido que me vaya a dar una vuelta por la estación de Villaverde Bajo, que no vean lo rompiente que se pone en ciertas épocas del año.

Ese amigo es Superlópez y dónde más me hace reír es en La gran superproducción.

¡Cachis la mar!

[SPOILERS: A partir de ahora, se incluirán algunos detalles de la trama y el argumento de La gran superproducción. Están avisados, aunque si les soy sincero, creo que da exactamente igual; ni se les ocurra desaprovechar la oportunidad de leerlo, les diga yo lo que les diga].

Creado en 1973 por Juan López Jan, Superlópez nace esencialmente como una parodia del cómic americano de superhéroes y en particular de su buque insignia, Superman. El personaje se concibe como un gris oficinista que toma el nombre de su creador, Juan López, pero que esconde la identidad oculta de un superhéroe, lo cual le permite desfacer entuertos titánicos, pero también terrenales.

En un principio, los guiones fueron realizados por escritores de la propia editorial —primero Euredit y luego Bruguera— y Jan se dedicó exclusivamente al dibujo, pues él mismo afirmaba no considerarse humorista. Normalmente en historietas cortas de no más de tres o cuatro páginas destinadas a la publicación en revistas periódicas, asistimos a una batería de gags que van desde la pura parodia superheroica hasta la sátira —siempre blanca, eso sí— de la situación española de la época. A esta etapa corresponde la colaboración estable con el guionista Francisco Pérez Efepé que daría lugar a narraciones más sólidas y a la creación, en 1979, de El supergrupo, caricatura patria de los grupos de superhéroes americanos como Los 4 fantásticos o la Liga de la justicia.

El Supergrupo.
En 1980, Jan se erige en guionista y, tal y como venía haciendo Francisco Ibáñez con Mortadelo y Filemón durante una década, comienza a escribir historias de larga duración con un eje argumental único y que se recogerían en tomos completos. Eso que aquellas personas con gafas de no-pasta y que pululan en hordas por los salones del cómic —parece ser la palabra “tebeo” no mola—, han dado en llamar novelas gráficas.

El dibujo de Jan escapa del estilo prácticamente bidimensional de otros españoles coetáneos como el propio Ibáñez o Escobar, introduciendo un preciso control de la profundidad, el movimiento y la perspectiva, aunque aún alejado del paroxismo cinético del cómic americano y sus splash-pages. Sin embargo, los guiones de esta etapa, que se prolongaría hasta la desaparición de Bruguera en 1986, no solo están a la altura, sino que sobrepasan, y con mucho, casi cualquier aventura heroica que pudiese salir de las factorías de Marvel o DC.

Porque eso es lo que distingue estos tomos: un prodigioso sentido de la aventura. Conservan la habitual ametralladora de gags, e incluso contienen una crítica social levemente más acusada; pero sobre todo se conforman a través de las peripecias y las hazañas que el héroe —más héroe que nunca— debe realizar al enfrentarse a un enemigo, una amenaza o un plan maléfico que atenta contra prácticamente toda la humanidad.

Para ello, Jan toma referencias más o menos directas, como La invasión de los ultracuerpos para Los alienígenas (1980) o El señor de los anillos para El señor de los chupetes (1981); pero también algo más difusas, como en La semana más larga (1981), que es un homenaje al noir, o en Los cabecicubos (1983), divertidísima sátira contra los totalitarismos. Y además, siempre lleva a cabo una precisa labor de documentación que se ve reflejada en los muy cuidados fondos visuales y argumentales donde se desarrollan las andanzas de nuestro particular superhéroe y sus acompañantes. Acompañantes que terminarían siendo personajes recurrentes del universo Superlópez, como el autoritario pero resignado Jefe, el pelota Jaime González, el hierático Inspector Hólmez o la quisquillosa Luisa Lanas.

Oye ¿tú sabes lo que es una script-girl?

En 1984, en medio de la quiebra de Bruguera —lo cual se puede apreciar de alguna forma en el guión—, Jan escribe y dibuja La gran superproducción. Y La gran superproducción es un tebeo distinto.

La historia comienza con un derribo de la cuarta pared. En la primera página vemos a un relajado y postvacacional Juan López hablando directamente a los lectores. De igual manera, a lo largo del tebeo aparecen algunas técnicas de dibujo que contribuyen a la confirmación de esta autoconsciencia ficticia, como las viñetas que se “despegan” del papel. Este recurso, muy significativo en otros medios culturales y que sería enormemente celebrado dentro del propio mundo del cómic en ejemplos como el Animal Man de Grant Morrison o el personaje de Deadpool en Marvel, se trata aquí con ligereza y total conocimiento de su escasa relevancia para lo que le interesa contar a Jan: el cachondeo sin freno.

Viñeta “despegada”.
Porque esto es esencialmente lo que diferencia a La gran superproducción de los álbumes anteriores de Superlópez; ya no hay enemigos mortíferos, peligrosas amenazas contra la humanidad ni heroicas aventuras. El tebeo es una galopante sucesión de incidentes y acontecimientos de índole más mundana, narrados con pulso vertiginoso y puestos al servicio del puro descojone.

A grandes rasgos, la trama del álbum gira en torno a las vicisitudes que se encuentra Llauna Films S. A. —antigua oficina del protagonista, reconvertida en productora cinematográfica— para llevar a cabo la filmación y posterior estreno de su primer filme: Tronak el Kárbaro.

Lo cierto es que inicialmente la película debería ser el histórico biopic de Jaume I el Conquistador, pero merced a un vodevilesco error, el guión elegido finalmente corresponde al que ha escrito Juan López en un alarde de espantosa creatividad. De esta manera, nuestro gris oficinista, ahora ascendido a gris subdirector, asume la responsabilidad de conducir a buen término el remedo de Conan que ha pergeñado. Lleva este celo hasta tal punto que, en su álter ego superheroico, se hace cargo de contratar a la estrella de Hollywood Valerie Astro, de ocupar la silla del director a medio rodaje y de la totalidad de la postproducción. Todo ello sin experiencia alguna, sin fondos, sin ayuda y con la fecha de estreno pegada al culo. Peliaguda tesitura esta, que nuestro narigón y bigotudo protagonista acomete de forma similar a la de otros conocidos héroes (piensen en Indiana Jones): sin ningún plan preconcebido y resolviendo las situaciones según le vienen dadas. Normalmente mal dadas. Y cuando no hay otra solución, repartiendo puñetes en la icónica silueta que aparece en la portadilla de este artículo, y que es imagen de marca tanto del personaje como del dibujo de Jan.

De igual manera, el tebeo explora y explota una de las condiciones que ya antes se había insinuado en otros tomos, pero que aquí adquiere condición de subtrama: la difícil cohabitación entre Superlópez, director de cine, héroe y guardaespaldas —que vale por cincuenta— de la protagonista femenina del filme, y Juan López, subdirector de la empresa, guionista y novio de la celosa Luisa Lanas a tiempo parcial.

Con todo, el clímax y la apoteosis de este tebeo es el estreno de la película en una sala abarrotada de público, entre el que se encuentran las personalidades más relevantes del filme y de la sociedad civil de la localidad fetiche del universo Superlópez: El Masnou. Empleando otro brillante recurso que, de similar forma a la rotura de la cuarta pared, pareciese querer pasar desapercibido, la historieta opera en hasta cuatro planos de profundidad narrativa yuxtapuesta. La práctica totalidad del último capítulo se desarrolla en páginas de seis viñetas en cuadro fijo, en las que vemos: el sonido y los diálogos del filme, la descoordinación de los mismos con la imagen en la pantalla, los ya mencionados problemas que debe afrontar el protagonista para ser simultáneamente el acompañante de Valerie Astro como superhéroe y el de Luisa Lanas como Juan López, y los comentarios del resto de la audiencia ante el despropósito del que están siendo espectadores.

Leído así suena tan apasionadamente pedante como la crítica que haría un chimpancé con monóculo de la última peli de Wong Kar-Wai, pero créanme, he despertado a vecinos con las carcajadas.

Así que si tienen la oportunidad —y si no la tienen, búsquenla— háganse amigos de este amigo que yo les presento. Busquen en librerías o en tiendas on-line y compren o adquieran La gran superproducción. Y cuando tengan un mal día, ábranlo y sonrían, rían, descojónense, retuérzanse en la silla y lloren con las desventuras de Brut Kanlaster, Cecilio Bemille, Valerie Astro, Miguelito Miguel Gómez, Marcelino Vinopán, Luisa Lanas, Juan López, Superlópez y el estreno de Tronak el Kárbaro.

Además descubrirán la que, para otro buen amigo, Ricardo J. G., “es la mejor frase de la historia del cómic. Español, europeo, mundial y de esta o cualquier dimensión”:

Tags: cómic fila1 jan la gran superproducción new reseñas cómic superlópez tebeosCompartir este artículo:

28 comentarios
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rbn 29/03/2013 12:06
Considero que la principal virtud de Jan (Aunque reconozco que en muchas ocasiones de tantas vueltas de tuerca que se pasa de rosca él solo) es su capacidad creativa y su genial habilidad de introducir una profunda crítica dentro de sus cómics, como bien se indica.

La Gran Superproducción no pasa de ser simple y llanamente una recopilación de gags sobre el mundo del cine. No aspira a más, te lo pasas bien y te ríes bastante (mención especial a la emisión de la película), pero cuando lo acabas das carpetazo y pasas a otro, sin más contemplaciones. Algo similar a lo que ocurre con “Viaje al centro de la Tierra”, por poner un ejemplo.

Yo destacaría otros cómics con mucha más sustancia, como el ya mencionado “Los cabecicubos”, “El país de los juegos” o “Tyranosaurus Sect” por poner algunos ejemplos. O la triología de “Lady Araña”. Historias igual de divertidas con un trasfondo mucho más serio, de los que te hacen reflexionar después de tanta risa.
Y eso por no hablar de algunos como “Las minas del rey Soplomón” y otros por el estilo, tan sumamente rebuscados que acaban por desesperarme.

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Gonzalo 29/03/2013 12:48
Memorable, las risas que he tenido con esa historia. Recomendaría y mucho la caja de pandora.
De todas formas, la forma de dibujar Jan, los detalles como los bolsillos de los uniformes, la suela de los zapatos,… logran unas viñetas soberbias. Su obra además ofrece muchas lecturas y es de agradecer la diversidad de asuntos que aparecen reflejados, ¡y de qué manera!
Jan es *muy* bueno.
Pd: ¿cuántos billetes ha perdido el inspector en todas las ocasiones que sacaba su placa? 🙂

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Pedro Torrijos 29/03/2013 13:34
Con los que ha perdido, podríamos reflotar la maltrecha economía española, creo yo.

Un saludo.

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Álvarez 29/03/2013 13:47
“La semana más larga” es mi favorito (el inspector Dan es el mejor).

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Jose Rojas 29/03/2013 13:48
Yo aprendí lo que es una Script-girl (o eso creo) gracias a este cómic.
Por cierto, todavía recuerdo el tomo tipo “elige tu propia aventura” de los Petisos Carambanales como uno de los que más me ha divertido en mi infancia.

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Dani Bonzo 29/03/2013 14:34
La Caja de Pandora, La Gran Superproducción y Los Cabecicubos forman una trilogía única para mi y que considero de lo mejor que he visto en toda mi vida.

Todavía los mantengo, con un mimo superlativo y me están dando ganas de volver a desempolvarlos después de leer este artículo.

Óscar honorífico para Marcelino Vinopán, YA!

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Pedro Torrijos 29/03/2013 17:08
Yo soy incapaz de no incluir La Semana Más Larga, Los Alienígenas y El Señor De Los Chupetes.

Es más, creo que el ‘mejor’ tebeo de Superlópez es El Señor De Los Chupetes, pero no es el que más me hace reir.

Un saludo.

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Rísquez 29/03/2013 18:37
Yo no sabría elegir cuál me parece el mejor entre “La caja de Pandora” (la escena final del bueno de Zeus, después de tantos dimes y diretes con las dichosas cajas, es sencillamente apoteósica) o “El señor de los chupetes” (donde sólo el conjuro “etev la onreuk” ya me parece mejor frase que la que destacas de “La superproducción), pero lo que sí que tengo claro es que Jan es un grande de esto del tebeo (o cómic o como quiera llamarse).

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Dani Bonzo 30/03/2013 12:39
Ahí me has pillado, Pedro. Esos tres que nombras son muy, muy grandes. Los Alienígenas es, sin duda, con el que más me he reído de todos… pero los tres que menciono tienen un algo más. La Caja de Pandora, además de toda la imaginación que trae, tiene un gran poder didáctico y Los Cabecicubos tiene una crítica social que, bajo la dictadura Bruguera y en un tebeo presumiblemente infantil, lo convierte en obra maestra nada más aterrizar en los kioskos. Sobre La Gran Producción ya viene bastante mejor explicado en el artículo.

Digamos que son esos 6 números, que son casi del tirón, auténticas piezas únicas. Luego ya entraría lo subjetivo de cada uno sobre cuál estaría un escalón más arriba. Aunque me sabe mal dejar de lado otros buenos tebeos como Viaje al Centro de la Tierra o el propio Hotel Pánico…

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egoitz 29/03/2013 17:12
tengo todos, pero cuando me mudé -de casa de mis padres- sólo me traje los diez primeros.

la frase del cilindrín es buena… pero me quedo con la de holmez en ‘la semana más larga’: el inspector dan es mejor’.

saludos,

e.

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iosu 01/04/2013 12:47
Yo me quedo con “zumbar tequis”

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El Rascador del Ojete de Lionel Richie 29/03/2013 17:54
El último cómic decente de Superlópez. Por cierto que yo me quedo antes con los guiones de FP Navarro que con los suyos. Bastante antes.

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Cossack 30/03/2013 3:32
Lo leí con apenas siete u ocho años y aparte del descojone me quedó una sorda desconfianza hacia el cine pretencioso que solo con los años he logrado hallar el posible porqué.

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damià 30/03/2013 8:11
Nunca podré agradecerle lo suficiente a JAN los buenos ratos que me hizo pasar durante la década de los 80. Yo también pienso que este es el último de los grandes tomos de Superlópez.

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Quevedin 31/03/2013 0:13
El mejor artículo de la historia de JotDown. Menos hipsterismo, más petisos carambanales. Tintín es de fachas, y Mafalda quedó dañada por la pegata con la bandera y la mítica campaña a los consejos escolares (ahí entendí la trayectoria vital de Bibiana Aído o de hipatia de benidorm

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Al rico libro 31/03/2013 17:38
Ay, nos habéis dado unas ganas locas de releerlo (y, de paso, más de Súper López, Mortadelo y Filemón, Pulgarcito…). Qué pena que, con la excepción de Mortadelo, ya no haya tebeos como estos.

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Alejandro Valdezate 31/03/2013 21:58
No entiendo la frase de que La Semana más larga es un homenaje al noir. ¿A qué noir se refiere el artículo?

Yo aún sigo comprando los Superlópez modernos esperando lejanamente que vuelvan a surgir álbumes como los de la trilogía que se cita (Cabecicubos+La Gran Superproducción+Caja de Pandora) y aunque no lo consigo, espero que el propio Jan o algún admirador sepa llevar de nuevo a Superlópez a esa dimensión.

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Guirilandia 01/04/2013 11:36
Con los Petisos yo recuerdo incluso descifrar su lenguaje. El tío se creó un alfabeto completo para que dijesen chorradas.

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Jorge Ramos 01/04/2013 11:41
Sin duda el mejor número de JAN, es cogerlo y morirme de risa!!!

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Manuel Montero 01/04/2013 11:43
Holatodos:
Los cabecicubos, sin duda.
Casi dan ganas de basar una clase de ética en la lectura del mismo y comentario posterior.

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jordi 01/04/2013 11:58
me acuerdo haber ido un domingo por la mañana, quizás ya hace 20 años, al mercat de sant Antoni y encontrar un ejemplar de Super Lopez. Creo que fue mi inicio en los cómics, o uno de ellos.

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iosu 01/04/2013 12:51
Tengo cómics de SuperLópez, desde los mudos en los que estaba casado y los dibujos eran mucho más simples. Algún Pulgarcito he tenido también, dónde habrán quedado. Algún día los releeré si los encuentro.

LEE
NO FUMES.

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el lector 01/04/2013 13:43
Sin dudarlo, El Señor de los Chupetes. Por otra parte, Jan me descubrió que otro tebeo era posible.

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Angel 01/04/2013 13:55
¿Alguien consigo descifrar el lenguaje de los petissos? Yo me pase largas horas traduciendo sus bocadillos.

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El Nota 01/04/2013 13:56
Grandiosa la reseña sobre SuperLópez… Siempre me pareció que las historias de Jan eran mucho más divertidas y variadas que las de Ibáñez en Mortadelo (aunque reconozco que es un GENIO), donde el esquema de guión se repetía hasta la saciedad, terminando con esas locas carreras de los detectives perseguidos por el Superintendente Vicente. De hecho creo que, (al menos en mi caso), los “Mortadelos” son un tipo de tebeo infantil que sobrepasas intelectualmente a una determinada edad y luego es difícil que te vuelvan a hacer reír igual. Sin embargo por SúperLópez parece que no pase el tiempo, puedes releerlo y descubrir cosas que de pre-adolescente no entendiste… Y como tal, en ésa época prepúber pude ver mi primera teta en un cómic, creo que fue en “La Caja de Pandora”. Esas cosas marcan!

Me apunto al club de fans de El Inspector Dan y su dedo gordo en alto… Siempre triunfa!

http://www.jotdown.es/2013/03/tebeos-por-los-que-merece-la-pena-saber-leer-superlopez-y-la-gran-superproduccion/

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